No me odien, necesitabamos antagonismo.


Todo se expande y se contrae. Las dudas, las ideas y los versos expresivos. Ya ni se en que quiero creer.

¿Cuántos minutos han pasado exactamente?
La concepción de las horas y los años se vuelve muy difusa cuando tu mente se esconde detrás de los ojos. ¿Qué es el tiempo siquiera? Solo percepción, la visión de los sentidos rotos.

Todo a mi alrededor se torna eufórico, nervioso, un espasmo apresurado de miradas y sonrisas. El humo es ahora más denso y sepulcral como el incienso de alguna iglesia de antaño, canticos Dionisiacos llenos de risa y pérdida.

-A veces me pregunto qué estado es más real, que se supone debo creer, que estoy atrapado aquí, mirando tu rostro definiendo una verdad de mil años mentales, o todo aquello de lo cual estoy escapando.
-Después de todo, la realidad la construyes tú Dip, no podemos estar seguros de esencialmente nada, y nadie te fuerza a elegir que quieres que sea verdad – Dijo la muchacha de pelo corto dando una calada larga volviendo a su cuaderno de dibujo.

Lucy resultó ser la chica más inteligente con la cual Dipper había logrado cruzar palabra desde que tenía memoria, era una gran lectora además le gustaba el arte y sus cuadernos de dibujo no carecían para nada de habilidad. Al verlos no evitó compararlos de inmediato con los de Mabel, no podían ser ni una decima parte de buenos, su hermana hacía retratos de gran perfección sin apenas realizar esfuerzo. Ya sea delineando en carbón o derechamente lanzando pinceladas de oleo. Además el estilo de Lucy parecía más oscuro y deprimido, muchos rostros felices que parecían tener un arma enfrente. Gran nerviosismo en la mirada y fuerza en los músculos de las mejillas.

Este apoyó la cabeza en una pared moviéndose entre las hojas con lentitud, tomando atención a los detalles a las líneas y los trazos, un pulso recto pero temeroso era lo que se hacía notar en cada rincón – eso habla mucho de la personalidad de alguien – o al menos eso le había dicho su gemela en alguna ocasión.

–Es muy bueno – Susurró liberando un largo suspiro, sintiendo una especie de sensación omnisciente recorrer su consciencia, podía escuchar cada sonido y respiración en el ambiente, sus sentidos estaban atiborrados en estímulos. Ya hace unos cuantos minutos que se habían alejado un poco del grupo, sentándose en un pequeño espacio de concreto antes de llegar al verde prado que formaba parte del patio trasero.

Mirando el cielo en donde solo unas pocas estrellas destacaban por sobre la contaminación lumínica que tenía la negrura azulada del cielo con un ligero tono amarillento. La luna, blanca como la leche no hacía más que ser un detalle gracioso en tan inmensa negrura, una sonrisa.
Lucille se sentó junto a Dipper pudiendo sentir el calor de sus cuerpos compartirse como una fogata sin luz en la noche que se sentía más y más fresca a medida que la noche se arrastraba sobre sus cabezas.

– ¿Y qué piensas ahora, todo esto te parece real? – Preguntó la chica de cabello negro girando la cabeza hacia Dipper el cuál bebía de su vaso con una mueca triste
–Definitivamente, no. Han pasado demasiadas cosas últimamente, ya no se qué creer, ni que pensar – Dijo pasando el vaso de vidrio frio por su frente, como intentando refrescar el flujo de pensamientos que le invadía, Lucille solo lo observaba con cierta comprensión
– Se que no sirve de nada decirlo, pero te entiendo.
– Claro que sirve de algo, al menos ya no me siento tan solo – El muchacho giró la mirada quedando a pocos centímetros de la chica de blancas mejillas, sintiendo el vapor de su aliento colarse por entre sus labios, tenía un sabor sutil a humo y cebada. Giró la cabeza nuevamente sintiendo un ligero calor subir por sus mejillas, rascó su frente con un poco de incomodidad antes de agregar – V-voy por más para beber ¿Quieres algo? –
– N-no, estoy bien – Respondió intentando ocultar el ligero temblor en su voz.

Dipper entró en la casa sintiendo el calor de sus mejillas crecer a medida que caminaba en dirección a la sala de estar donde todos seguían compartiendo palabras, vasos y cigarrillos miró por un momento antes de reconsiderar sus opciones, dio un giro rápido en dirección hacia el baño, cuando fue abordado por Paul sus ojos estaban rojos como dos pequeñas puertas al infierno, su cara se torcía en una sonrisa de músculos relajados.
–Que pasa Dip, ¿disfrutando?
–Si, solo… necesitaba el baño–
–Si, lo noté… – El rostro del muchacho le daba una mirada de desaprobación notoria a pesar de sus ojos hinchados y graciosos
– ¿Pasa algo? – Dijo Dipper mirando hacia los lados algo intimidado.
– Eso no lo sé, dímelo tú… ¿No tenías novia Dipper?
– ¿Novia? – Preguntó con incredulidad intentando procesar de que estaba hablando.
– Escucha, Lucy es mi amiga y sería injusto…
– ¿Qué estás diciendo Paul? – Dijo el muchacho castaño con cierta indignación
– No quiero que le hagas daño a mi amiga y tu novia tampoco se lo merece
– ¡Mierda Paul Mabel no es mi novia! – Exclamó sintiendo como las palabras le rasgaban el pecho, acompañadas de dolorosos pensamientos y recuerdos. El otro chico abrió los ojos con impresión torciendo el rostro en una mueca incrédula.
– ¿Terminaron o algo así? – Dipper lo miró apretando los labios como queriendo contener la verdad, solo atinó a mover la cabeza en forma positiva apoyando la espalda contra la pared, sus ojos se llenaron de lagrimas involuntarias, las cuales limpió con la manga de la sudadera haciendo un sonido rasposo con la nariz – Lo lamento, no quería hacerte sentir mal.
–No, tienes razón, solo que todo ha pasado muy rápido, honestamente vine hoy tratando de sacar todo eso de mi cabeza. – Los ojos del muchacho se llenaron de lágrimas sintiéndose algo avergonzado de este repentino ataque de sinceridad, su pecho estalló en un repentino sollozo desesperado, días de frustrantes pensamientos, planes absurdos, fantasías y autoengaños de pronto se vieron estallando por los ojos enrojecidos y cansados del joven Pines, Paul lo abrazó con fuerza dejando que este se desahogara un poco.
–Ya, está bien, un final nunca es simple a veces se nos olvida que las cosas terminan – Dipper no respondió, sus palabras eran dulces pero poco hacías para confortarlo, la verdad, eran completamente ajenas a lo que ahora pasaba por su mente en aquel momento.
–L-lo lamento… no quería.
–No te avergüences, todos lloramos, a veces tener a alguien que te escuche es bueno
– ¿Dipper? – La voz de Lucy alcanzó repentinamente al adolecente, la muchacha sonreía torpemente sosteniendo un blunt entre sus dedos – Vamos, ¿Qué hacen aquí? ¡Vamos a quemar de nuevo!

Paul sonrió dándole unas palmadas en el hombro a Dipper, haciéndole una señal con la mano para que caminara hacia la sala.

Unas pocas horas más pasaron, una dicotomía de tiempo expandido y flashes rápidos jugaban con los sentidos cargados de irrealidad, ojos rojos, risas y absurdos que se cuelan entre los dientes, haciendo pequeños anillos anestésicos en el aire saturado de aromas y sabores. Aquel llanto aunque corto hizo sentir a este protagonista un gran alivio, una sensación de compañía que jamás había experimentado. Silencios prolongados, contemplativos, de mentes incapaces de ligar palabras se repetía de tanto en tanto, el cuerpo delgado y pequeño de Lucy descansaba a su lado, su cabeza apoyada en el hombro y un brazo estirado a lo largo de su estomago escuchando un álbum de Acrtic Monkeys dando sorbos cortos a un vaso de soda, el sabor no era de lo mejor, ya que era una de estas imitaciones de nombre genérico, pero con los sentidos tan excitados cualquier cosa parecía cercana a la ambrosía.

Lentamente sus ojos fueron siendo alcanzados por el cansancio y la relajación excesiva, quedándose completamente dormidos sobre el sofá, compartiendo un poco el espacio en una calma casi glacial.