-¡Eureka! – Grito alegremente el pingüinito, que fue callado por la bibliotecaria al mandarle una mirada dura, Kowalski sonrió nervioso y se tapo la punta del pico con su aleta, la bibliotecaria se fue esperando no volver escuchar un grito como ese, cuando estuvo solo otra vez, Kowalski de volvió su vista al libro que tenía entre sus aletas, ese libro hablaba de la vida marina, las plantas acuáticas, la barrera de coral, entre muchas cosas mas pero lo que llamo la atención del joven científico fue una extraña planta que según el libro, se encontraba no muy lejos de su ubicación actual, el compuesto de aquella planta era perfecta para un nuevo experimento que Kowalski tenía en mente.
Este día terminó temprano el entrenamiento, así que tenía el resto del día libre, como cualquier niño de su edad, se emociono mucho con la idea de tener un día de descanso y al enterarse que esa planta tan rara estaba en estas aguas, se decidió en ir por ella.
Se bajó de la silla en la que estaba sentado de un solo salto, corrió hacia el estante más cercano y dejo allí el libro, lleno de júbilo, salió corriendo afuera de la biblioteca, corrió por los pasillos lo más rápido que podía, esquivaba a algunos pingüinos que caminaban por allí, algunos tenían que saltar a otra dirección para esquivar al mismo pingüinito, los mayores le regañaban pero Kowalski se fue tan rápidamente que solo escucho una pequeña parte de esos gritos, cuando vio la puerta principal apresuro el paso, abrió las puertas de par en par y de un movimiento rápido se fue deslizando por la nieve.
Al lado de la puerta principal, una pingüina de flequillo detuvo una de las puertas antes que le diera en la cara, ella miro al pequeño pingüino que se deslizaba a toda velocidad hacia el sur, sonrió al notar la emoción del niño, no sabía que le ocurría pero sea lo que fuese, tenía que ser algo maravilloso para emocionar al pequeño así.
-¿Ese pequeño no es el estudiante de Ace? – Se cuestiono a ella misma cuando el pingüino más pequeño se perdía de vista.
-¡Hey! ¡Kanna! – La voz de un de los soldados que estaba dentro de la base llamo su atención, era un amigo que la saludaba sacudiendo la aleta, devolvió el saludo y fue con su amigo.
En otra parte, Kowalski se deslizaba por un camino casi completamente lleno de hielo, eso le ayudo a ir más rápido pero también le dificultaba en tomar el control de sus propios movimientos, pero aun así mantenía el curso, el conocía perfectamente esta zona y según el libro que vio, por esas aguas, encontraría la planta acuática que necesitaba, siguió deslizándose por al menos una media hora, hasta que llegó a la costa, obviamente allí no había arena como cualquier playa, todo estaba cubierto de nieve y la orilla del agua estaba congelada pero después de la orilla, solo estaba el vasto y hermoso océano, dejo de deslizarse cuando vio la orilla, se puso de pie y camino tranquilamente hacia el borde del hielo, se agacho para ver el agua, pequeños pedazos de hielo flotaban en la superficie, demostrando la muy baja temperatura que reinaba en el agua pero eso no era un problema alguno para el niño, después de todo, era un ave acuática, el frio era perfecto para él.
Sin pensarlo mucho, dio unos cinco pasos hacia atrás y luego, fue corriendo lo más rápido que le permitieron sus piernas cuando sus dedos tocaron la orilla, se lanzó al agua, una gran cantidad de espuma le rodeo una vez que se zambulló debajo del agua, en la superficie, una buena cantidad de agua salpicó, por un leve momento se pudo ver un arcoíris de las gotas de agua que caían, iluminadas por el sol, lástima que no había nadie para verlo.
Kowalski no perdió el tiempo, fue nadando directamente al fondo a buscar esa planta, sería algo difícil de encontrar, ya que tenía un gran parecido con las algas marinas, le tomaría algo de tiempo encontrarla pero si algo se destacaba Kowalski era nunca darse por vencido cuando se trataba de un experimento o algo relacionado con el, fue nadando cerca de la tierra, su pecho casi tocaba la arena, de vez en cuando, algo de arena se levantaba, dejando ver unas extrañas nubes marrones detrás del niño, agudizó lo mejor que pudo su vista para encontrar aquella planta, de vez en cuando salía a la superficie para respirar, solamente para volver a sumergirse, estaba decidido en no irse de ese lugar hasta encontrar la planta.
En esos momentos, en la base central de la milicia, Ace va caminando por los dormitorios de los cadetes, buscando a su pequeño alumno.
-¡Kowalski!, ¡Kowalski!, ¿En donde estas? – El a veces era detenido por algún niño que le preguntaba que hacia allí o que le decía que lo admiraba por las impresionantes técnicas que sabe y por las misiones exitosas que tiene pero Ace hablaba muy poco con ellos, decía unas pocas palabras y volvía a buscar, no estaba en su habitación, se fue de las habitaciones y se dirigió a la biblioteca pero tampoco estaba allí - ¿Dónde se habrá metido ese chico?
-¿Busca a alguien señor? – Pregunto la bibliotecaria acercándose a él.
-Sí, busco a un niño, ojos azules, bajo, muy delgado, me llega casi por encima de mi cintura – Puso su aleta en su cintura para dejar clara la altura del niño.
-Ah, creo que se quien se refiere, hace como un par de horas hubo un niño aquí con esa descripción, estaba ojeando uno de los libros, en algún momento dio un fuerte grito de alegría, imagino que estaba buscando algo en ese libro y simplemente celebró al encontrarlo – Explico la pingüina al mismo tiempo que dejaba unos libros en la estantería de forma horizontal.
El oji-café se quedo pensando un momento.
Podría ser el.
¿Qué estaría planeando ahora ese chiquillo? Solo esperaba que no estuviera en un problema o ocupado en otra máquina o experimento complicado. Su pequeño pupilo había demostrado en diversas ocasiones que se olvidaba de su propio bienestar cuando metía demasiado con algún experimento, los robots que hizo eran la prueba perfecta, el se olvido por completo del cansancio y del sueño que tenia para crear esas maquinas, era cierto que les ayudo mucho esos robots de combate pero Ace le preocupaba mucho Kowalski, uno de estos días ese niño se causaría autentico daño si se descuidaba a si mismo tanto.
-¿Sabe a donde fue? – Pregunto finalmente el capitán
-Lo siento señor pero como estaba leyendo un libro sobre la vegetación marina, lo más seguro es que este en el mar – La pingüina tomo algunos libros que estaban en una mesa cercana – Lo siento señor pero aun tengo trabajo que hacer, suerte con encontrar al niño – Dio una pequeña reverencia a su superior y se fue por un pasillo.
Ahora tenía una idea de dónde buscarlo pero no entendía para que quisiera ir al mar, se supone que él estaba leyendo un libro sobre plantas que crecían en el océano, se pregunto fugazmente para que él quería una planta submarina, pero dedujo rápidamente que era por un experimento nuevo, suspiro hondamente ante ese pensamiento pero tenía una sonrisa en el pico, pareciera que ese niño jamás descansa pero solo por curiosidad, decidió buscar el libro que el leía para saber que planta él buscaba.
Ya estaba bastante cansado, recorrió ya varias veces las profundidades del mar pero no encontraba la planta, Kowalski se recostó en el hielo para descansar por un momento, sus pensamientos normalmente estaban repletos de cálculos, inventos, maquinaria y planos pero no era así esta vez, en esos momentos estaba pensando en su capitán, era la primera vez que conocía a alguien como él, nunca antes alguien le había ayudado con algún invento, ninguno de los cadetes entendía o le gustaba algo de la ciencia, por eso siempre tenía que hacer todo solo, se sentía muy feliz que su capitán le ayudara y más importante, que lo apoyaba con sus ideas, aun que a veces le regañaba por desvelarse mucho o cuando causaba una explosión accidental con algún experimento, se sentía muy feliz de que Ace fuera su capitán, a aprendido mucho de él, maniobras de combate, estrategias de batalla, defenderse y más cosas, siempre fue complicado para el aprender esa clase de cosas en la base anterior pero con Ace todo era diferente, lo que más quería era que se sintiera orgulloso de él.
Abrió sus ojos, lo primero que vio fue unas nueves moviéndose lentamente por el cielo azul, tenía una sonrisa suave en su pico, desde hace tiempo él se dio cuenta cuando pensaba en su maestro, sentía un extraño sentimiento de alegría, se pregunto dónde estaría él, puede que este entrenando o este en alguna junta con otros capitanes o algo así, volteo su cabeza para ver el camino que tomo para llegar aquí y seria el mismo que usaría para volver, del otro lado de ese sendero estaba la base y también Ace, una vez que encontrara la planta iría a verlo, quizás el lo ayudase con su nuevo experimento.
Se puso de pie y sin dejar que pasara un segundo mas, se lanzo de nueva cuenta al agua, esta vez decidió ir un poco mas apartado, por allá encontró cientos de rocas submarinas, unas encima de otras, casi parecían montañas, tenían algunas algas encima, fue nadando por varios minutos, cuando pensaba en mejor regresar por la gran distancia que había tomado, logro ver algo cerca de un acantilado, parecía ser solamente unas algas pero de un extraño color verde azulado, estaban rasgadas de unas hojas, quizás algún animal intento comérsela, a cualquiera no le hubiera dado importancia esa extraña alga pero Kowalski había memorizado perfectamente la imagen de la planta que buscaba.
Sonrió ampliamente al darse cuenta que era la planta que tanto estaba buscando, nadó lo más rápido que pudo hacia ella y la arranco del suelo atrapándolo con el pico, después de nadar solo un metro de ese acantilado, se detuvo, tomo la planta que tenía en el pico y la admiro unos minutos, estaba feliz y emocionado de al fin tener el ultimo ingrediente que necesitaba para su experimento, sin embargo, no se había dado cuenta que no era el único que estaba nadando por esas aguas en ese momento, una gran sombra lo cubrió por completo, indicando que algo o alguien estaba arriba de él en esos momentos, pronto la emoción de Kowalski se fue, dejando espacio para el nerviosismo y el miedo, sentimientos que aumentaron cuando levanto la cabeza y vio quien era el dueño de esa sombra.
No muy lejos de allí, Ace iba deslizándose lo más rápido que podía, estaba siguiendo las huellas que Kowalski dejo en la nieve para encontrarlo, en la biblioteca encontró el libro que tanto estaba viendo Kowalski, esa planta que él estaba buscando la conocía perfectamente, se usa para medicinas especiales, normalmente utilizadas para daños físicos de gravedad pero el problema de conseguirlas era que esa rara alga crecía en el territorio de los leopardos marinos, únicamente iban los equipos elegidos especialmente por los generales para conseguir aquella alga medicinal.
-Maldición… por favor, que el este bien – No tenía idea de cuánto le tomaría llegar, le rogaba a los espíritus que Kowalski estuviera a salvo pero...
Trágicamente, sus temores eran correctos, Kowalski fue encontrado por un leopardo marino, era un animal muy joven, probablemente era una de sus primeras caserías, pero casar a un niño seria tarea sencilla para un depredador, el pequeño pingüino nadaba desesperadamente hacia cualquier dirección, en una de sus aletas, seguía sosteniendo firmemente la alga marina, varias veces miraba atrás para verificar que él seguía persiguiéndolo, cuando estaba lo suficientemente cerca intentaba morderlo pero el joven ave lograba esquivarlo.
El corazón bombeaba con mucha fuerza, tanto que sentía un terrible dolor en el pecho, no tenía idea de a dónde iba pero lo único que le interesaba era apartarse de esa cosa que lo perseguía, pronto el aire se le fue agotando, los pulmones le dolían y fue perdiendo sus fuerzas, no tuvo más remedio que subir a la superficie, solo fue por un solo momento para tomar un rápido bocado de aire pero logro distinguir la orilla, pero por su desenfrenada carrera se había apartado demasiado, volvió a sumergirse esquivando nuevamente las fauces del leopardo, se obligo a sí mismo a usar toda su fuerza, sin importar el agotamiento que tenia, no solo por la persecución, sino por todo el tiempo que estuvo nadando para encontrar esa alga medicinal, mantenía la mirada hacia el frente, si se volteaba y miraba nuevamente a ese animal, el pánico lo controlaba sin remedio, hizo lo posible para apurar el paso, cerró los ojos con fuerza mientras aumentaba lo mas que podía la velocidad, pero de la nada sintió un poderoso golpe en un costado de su cuerpo y luego otro del otro lado de su cuerpo.
Ese leopardo lo golpeo con su propia cabeza en el costado derecho de su cuerpo y lo envistió con todas sus fuerzas contra una de esas pilas de rocas que estaban en el fondo, unas pequeñas grietas aparecieron en las rocas al recibir el fuerte impacto del cuerpo del joven pingüino, por el golpe, Kowalski perdió el conocimiento, fue flotando muy lentamente hacia la superficie sin que él lo notara siquiera.
La bestia aprovecho esta oportunidad, volvió a nadar velozmente hacia el ave y de un solo mordisco iba a comérselo…. Recibió una tremenda patada en si mejilla derecha, sintió como un par de dientes cedían por el golpe, no salieron de su hocico pero unos hilos de sangre si, quedo aturdido por unos momentos por el golpe, levanto un poco la cabeza para ver quien le ataco.
Ante él, un pingüino adulto estaba viéndolo enfurecido, tenía un cinturón de cuero y en sus costados, sujetaba un par de dagas, con una de sus aletas abrazaba al niño inconsciente, lleno de ira, fue directamente hacia ese sujeto para atacarlo pero ese nuevo pingüino era mucho más rápido que el más joven, de un simple movimiento lo esquivo y le dio otra patada pero esta vez en su cuello, el leopardo se le fue mucho de su aire por ese golpe pero hizo un esfuerzo para corresponder el ataque pero la velocidad de ese pingüino adulto era mucha, fue nadando a su alrededor y fue plantando en todo su cuerpo golpes, a pesar que el leopardo fue retorciéndose para impedir esos golpes, Ace consiguió darle muchos en diferentes partes de su cuerpo.
En poco tiempo, ese joven leopardo marino estaba magullado por los golpes, uno de sus ojos quedo muy herido y no podía abrirlo, le dolían sus aletas, su cabeza y sus pulmones estaban vacios, hacía un esfuerzo para mantenerse firme y derrotar a ese pingüino pero no resistió, sin poder aguantar la batalla y el dolor, dio una fallida pirueta en el agua y salió de allí, detrás de él, ambos pingüinos también se fueron, más bien dicho, el adulto saco al más pequeño de allí.
Una vez que llegó a la orilla, salió de un salto del agua y colocó muy cuidadosamente a Kowalski en el suelo, puso su oído en su pecho para escuchar su corazón, suspiró aliviado al escuchar sus latidos, dio una revisión rápida para ver si estaba muy herido, no encontró heridas externas pero cuando llego al agua, vio muy bien que ese animalejo lo había golpeado contra unas rocas, lo más seguro es que algunos de sus huesos deben de estar heridos, iba a tomarlo entre sus brazos para llevarlo de vuelta a la base pero cuando lo movió, vio como su aleta soltaba la planta que describía el libro…
-Kowalski… - Decidió llevarse esa planta, estaba preocupado por Kowalski pero también muy enojado porque él no le dijo nada de esto, de haberle dicho, el hubiera impedido que Kowalski estuviera en peligro… Cargó al niño y se lo llevó de vuelta a la base.
Era tarde, la noche recién había llegado, Ace estaba en el hospital del ejercito, estaba sentado en la sala de espera, aguardando que alguien le dijera alguna noticia de su muchacho, cuando llegó a la base, no se detuvo a ver a nadie o escuchar a alguien que le preguntaba qué había ocurrido, el solo se concentro en llevar al chico a curarse, llevaba un par de horas esperando, miraba por la ventana, observando la poca luz que daba el sol antes que todo fuera oscuridad, apoyó su frente contra el vidrio, sintió la presencia de alguien más con él, escucho unos pasos que se acercaban y cuando estuvo a su lado se detuvieron y eso fue porque esa persona se sentó junto a él.
-¿Han dicho algo?
-No… Estoy preocupado Kanna…
-… Lo siento Ace, yo vi a tu discípulo salir de la base, si lo hubiera detenido no hubiera ido con el…
-No fue tu culpa Kanna, el es mi responsabilidad… Todo lo que espero es que el este bien – Hubo unos minutos de silencio, ninguno de los dos sabia con certeza que decir, Kanna jamás vio a Ace tan angustiado, ese pequeño le importaba mucho pero la chica notaba algo más grande que solo una relación alumno a maestro, era casi como la amistad, un sentimiento, un lazo que unía al adulto y al niño.
-El estará bien, todo soldado que has entrenado a sido muy fuerte y sé que él no será la excepción – Le sonrió dulcemente a su amigo para animarlo
-Sabes Kanna, cuando vi a ese niño de inmediato pensé que el tenia un gran potencial… que era alguien especial, por eso me ofrecí a ser su maestro – Sonrió también, aun estaba impresionado que el General le dejara entrenar al chico él solo – Es un buen cadete… aprende rápidamente, para ser tan pequeño es muy inteligente pero siempre me preocupa mucho, al parecer no le puedo quitar la vista de encima sin que él se meta en líos – Se aparto de la ventana, se agacho un poco y sostuvo su cabeza con una de sus aletas mientras esta se apoyaba en su rodilla.
Ella rio un poco, esos dos se complementaban perfectamente, uno era la fuerza y el otro la inteligencia, él quería proteger a su estudiante y el pequeño quería que estuviera orgulloso de él, de que él fuera su cadete, que todo lo que él había a prendido de él no lo olvidaría, realmente le parecía tierno lo que tenían esos dos.
-Así que tu chico es básicamente "Un adorable sabe lo todo"
El oji café rio por el comentario, decir que esa sería la frase perfecta para describir al chico, para él, eso sería un "Si".
-El es un buen niño, sé que cuando crezca el será un maravilloso soldado.
-Señor – La voz de una de las enfermeras interrumpió la conversación de los dos, ellos se voltearon a ver a una pingüina emperador, que salía del cuarto donde atendían a Kowalski – Terminamos, el pequeño está bien, solo tiene su aleta rota, sus costillas se lastimaron un poco pero no se preocupe, no necesita ninguna operación, solo unos vendajes y mucho cuidado – Explico la enfermera sonriendo
Ace suspiró con calma, estaba muy feliz por esas noticias, preguntó si podía verlo y ella solo movió la cabeza afirmativamente, por su parte Kanna se fue de allí junto con las enfermeras y el doctor que cuidaron a Kowalski en todo ese tiempo, ella quería dejar a ese par solos, tenían cosas de que hablar.
Allí dentro, el mayor estaba sentado en la cama, viendo a su pequeño soldado que tenía el rostro tapado por su almohada, esperando el regaño que obviamente le darían, Ace le reclamo por hacer esto sin darse cuenta que esa planta estaba en una zona tan peligrosa, también por no haberle dicho nada de este nuevo proyecto y le prohibió que volviera a ese lugar y que nunca hiciera algo como eso de nuevo, en especial si es a sus espaldas, se asusto mucho cuando se entero que Kowalski se fue a esa parte del mar, cuando lo vio en peligro no se detuvo a pensar o planear algo, fue directamente a salvarlo, sin importarle otra cosa.
El oji azul quito la almohada de su rostro y se sentó en la cama, en un frasco lleno de agua, junto a su cama, ahí dentro estaba la planta que tantos problemas le había causado, Kowalski se encogió en su lugar, se sentía muy mal por causar todo esto, sentía que en vez de orgullo, Ace se sentía avergonzado de él, sus ojos se humedecieron y estuvo por llorar pero una aleta acaricio tiernamente su cabeza, levantó la cabeza y vio que su capitán le sonreía y le daba una mirada suave.
-¿Señor?…
-No quiero que te pongas en peligro de nuevo, aun que sea por un experimento o algo así – Tomó la manta y tapó lo mejor que pudo al niño, acomodó la almohada detrás de su cabeza y se agacho para verle directamente a los ojos – No te castigare pero no quiero que te apartes de la base, ¿De acuerdo?
-Si señor… lo lamento
- Descuida, ahora descansa, te veré mañana – Le acaricio una vez más la cabeza antes de irse.
Kowalski llevó una de sus aletas a su cabeza, en el punto donde le acaricio su capitán, sonrió al mismo tiempo que sus mejillas tenían un ligero tono rojizo, se acomodo en la cama para dormir, en su mente apareció Ace nuevamente como en esa tarde, se sentía afortunado que Ace fuera tan comprensivo con él pero tendría más cuidado, no quería preocuparlo otra vez, nuevamente lo había angustiado por un experimento suyo, no quería volverlo hacer, amaba la ciencia pero no quería causar otra vez problemas a su superior, se aseguraría de eso.
Fue quedándose dormido, pensando en Ace.
