CAPITULO 7

El maratón de pelis fue una pasada, solo se arreglaban las cosas a puñetazos, o sea, a mi manera. Me hinché a palomitas y encima tenía a mi dios ruso al lado rodeándome con su gran brazo.

Al salir del cine era ya bastante tarde y Dimitri me llevó por una calle muy iluminada.

-¿Tienes hambre? - me peguntó estrechándome la mano.

-Sí, las palomitas no me han llenado – le dije bromeando.

Rió.

-No te preocupes eso se soluciona rápido.

Dimitri me llevó a un restaurante, pero, no era un restaurante normal, era el restaurante mas refinado del mundo. La gente iba de gala y pensé que una sola copa de agua ya costaba 100 pavos en ese lugar.

Dimitri habló con el mêtre y él nos encaminó hasta una mesa con mantel de terciopelo, nos sentamos y al poco nos empezaron a traer comida, la comida era riquísima, había de todo. Dimitri disfrutaba mas mirándome como yo disfrutaba que comiendo, que comiendo.

Después de la gran comida fuimos a un local de donde salía una música a todo volumen.

-¿Vamos a ir a bailar?- pregunté extrañada, nunca había ido a una discoteca de verdad, solo locales con música.

-¿A los dieciocho años en América no vais a la discoteca?

-Sí, tengo diecinueve...

-Ya, pero como el año pasado no te pude llevar te llevo ahora.

Entramos y el ambiente era de fiesta fiesta, habían humanos, dhampirs y moroii. Me adentré de entre la gente estirando a Dimitri del brazo para que me siguiera. Ya en el centro de la pista me puse a bailar. Dimitri estaba de pie mirando a la gente solo moviendo un poco la pierna.

-Baila un poco, ¿no?- le pregunté cogiéndole las manos y meneandolas.

-¿eeh? - lo pillé desprevenido – ¡yo, no se bailar!

-Sólo hay que moverse un poco.

Conseguí que Dimitri bailara un poco.

-Hago el ridículo - me dijo riéndose.

-Lo haces muy bien.

-No es verdad... - me dijo agarrándome la cara con cariño y rozando nuestras narices.

La música cambió y se puso lenta. Toda la gente se dividió en parejas y se puso a bailar muy agarraditos. Dimitri mi estrechó contra sí, y me agarró bien fuerte.

-Así ya no puedes escapar de mi trampa y te estás quietecita un rato. - me reí.

-Te amo Dimitri, este es el mejor cumpleaños del mundo.

-Yo también te amo. Y tranquila, solo acaba de empezar. Puede que te estés despierta algunas horas, pero no todos los días son tu cumpleaños.

La música paró al rato y nosotros nos dirigimos hacía la barra del bar.

-Como cansa bailar – murmuró Dimitri a mi oído abrazándome por detrás.

Me reí y al girar la cabeza vi una sala donde entraba un hombre moroi con rastas rojas y una chica humana, el hombre la sujetaba muy fuerte como si no quisiera que se escapara y la chica iba medio borracha y no le molestó. Se cerró la puerta.

-Dimitri, - me giré hacia él – no me gusta nada que los moroii avariciosos se lleven a las chicas humanas para aprovecharse de ellas.

-A mi tampoco , hermosa, pero no podemos hacer nada. Tampoco podemos montar un espectáculo aquí en medio de la gente humana...

No estaba muy convencida, ya que quería enfrentarme a ese moroi sin vergüenza. La puerta se abrió y salió el moroi lamiéndose los labios.

Me acerqué a la puerta de la habitación y abrí la puerta.

Me estremecí al ver el panorama, había dos chicas con vestidos muy cortos recostadas en un sofá inconscientes, con el cuello ensangrentado. Corrí hacia ellas y me quedé inmobil al ver el cuello entero, estaba desgarrado. Le tomé el pulso rápidamente y no tenia, la otra chica tampoco.

Dimitri entró por la puerta un poco conmocionado.

-¿Esto lo ha hecho el moroi de antes? - preguntó examinando el cuello de las chicas.

-No lo sé, pero no las podemos dejar aquí para que las vea todo el mundo.

Dimitri asintió mirando tristemente los cuerpos de las dos chicas que tendrían poco más de quince años. Avisamos al camarero que casualmente era un dhampir y el se encargó de ellas.

Cuando estuvimos fuera del restaurante hablé.

-Creo que ese hombre no era moroi...

-Insinúas que... - se paró y se puso tenso - ...era un strigoi.

-No lo sé, tenía ojos... - pensé – creo que marrones. Pero si hubiera sido un strigoi lo hubiera sentido.

-Puede que el alcohol haya frenado tus ''detectores'' además con la musca tan alta y ese calor cualquiera tenía nauseas.

-Ya se fue, no podemos hacer nada – mentí en mi despreocupación, ya que tenia ganas de agarrarlo por las rastas y matarlo, pero era mi cumpleaños..

Y como si Dimitri leyera mi mente dijo:

-Siento que haya pasado esto, ha sido desagradable verlo en tu cumpleaños.

-No te preocupes – dije intentando olvidarme de los ocurrido – ¿ya se ha acabado mi cumpleaños?

Dimitri cambió de expresión.

-No, solo acaba de empezar el día y yo te prometí una cosa cuando vinimos. - dijo con cara de intriga.

-mmm... no me acuerdo.

-Ahora lo verás!

Era mañana, no habíamos dormido y íbamos con los vestidos de gala. Nos pusimos a andar a algún sitio que yo desconocía.

Me adentré en la cabeza de Lissa sin querer.

Estaba en su habitación maquillándose, hermosa como siempre. Alguien la sorprendió llamando a la puerta.

Era Christian.

-Lissa tenemos que hablar. - dijo mientras entraba en la habitación.

Lissa sorprendida cerró la puerta. Y se sentó delante de Christian a los pies de la cama.

-Lissa...- dijo Christian preocupado – pasa algo con nosotros. Noto que cuando estamos juntos tienes la cabeza en otro lado.

-¿A sí? - preguntó ella haciéndose la ingenua, aunque sabía perfectamente que era verdad.

-Pff... - exageró Christian agitando la cabeza- será que me estoy volviendo loco.

Lissa no sabía que decir y se quedó immobil. Christian estiró los brazos para abrazarla y la besó.

Quería salir de allí, pero algo me detuvo, Lissa tenía un sentimiento raro, no notaba esa sensación que sentía cuando lo besaba, cuando él la rodeaba con sus brazos para darle mimos, cuando hacían el amor...

Christian la amaba y la empujó hacia la cama, ella le seguía el rollo. Mientras se besaban a Lissa le crecía una preocupación en su interior, una pequeña sensación que como más se calentaba el ambiente más le preocupaba. Al final caí, ella se sentía como cuando yo estuve de novia con Mason. Le besaba a él y pensaba en Dimitri, Lissa besaba a Christian y pensaba en... Adrian! Su imagen penetró en mi mente, bueno en la suya, solo con esa imagen Lissa se tensó al ver que quien la besaba era Christian y paró el beso.

Se apartó de él, se arregló la ropa y el pelo y cerró los ojos inspirando.

-¿Qué te pasa? - peguntó Christian molesto.

-Chritian... - Lissa le miró a los ojos, unos bonitos ojos azules – no podemos seguir juntos.

Christian se quedó blanco, sabía que algo pasaba, pero confiaba en que no fuera nada importante.

-Lo siento mucho pero la verdad es que ya no siento lo que sentía, nada es lo mismo – dijo Lissa agarrándose el pelo.

-A ti te gusta Adrian.

-Nop...-Christian la miró muy serio – bueno, no lo sé, puede...

Christian se levantó muy enfadado y se giró un momento para mirarla a los ojos. Esa mirada era hielo, me hizo temblar y a Lissa aún más.

Él se marchó con un gran portazo y Lissa se quedó unos segundos pensado que no sabía que le pasaba. ¿A quién amaba? ¿Quería a Christian? ¿O a Adrian? La respuesta le llegó alto y claro y todos los momentos que ella pasó con Adrian le pasaron por la mente como una película.

Se levantó desesperada y salió de la habitación dirigiéndose directamente a la de Adrian.

Lissa llamó a la puerta y Adrian con su siempre perfecto rostro se sorprendió al verla tan temprano.

-¿Que hac-

Antes de que Adrian pudiera decir nada Lissa se lanzó a sus brazos y lo besó desesperadamente, con furia y placer. Esta vez su cuerpo se revolucionó como nuca lo había sentido.

En el momento en que Adrian respondió al beso tímidamente, le posó una mano en la espalda y Lissa notó como una corriente eléctrica le atravesaba la columna, a su simple roce.

Adrian se separó un poco .

-Lissa...- dijo entre fuertes jadeos- ¿que te pasa? ¿ y Christian?

-Te amo Adrian, no lo puedo aguantar más, te necesito. Y Christian ya lo sabe, no lo amo más el no es mi verdadero amor.

Adrian sonrió y con poder la besó un largo rato.

-Lissa... a mi siempre me has gustado y desde que Rose volvió con Dimitri cada vez me fui enamorando de ti... no podía demostrarlo ya que Christian es mi amigo.

Lissa lo calló con otro de sus besos. Yo también los sentía y los recordaba y me daba un poco de envidia saber que eran para Lissa, cuando era a mi a quien amaba. Pero tenía que dejarlo ir, hacían muy buena pareja y aunque no me gustara como había tratado a Christian, la nueva pareja no me pareció mal.

Adrian guió a Lissa a la cama y la cosa empezaba a calentarse y mucho.

Quise salir y con todas mis fuerzas desee estar con Dimitri de nuevo.

Salí de su mente de repente. Los ojos de Dimitri miraban al frente y su mano era cálida sobre la mía, me miró de golpe tranquilamente.

-¿Como está Lissa? - preguntó sabiendo obviamente que había estado con ella.

-Bien, bueno mal con Christian y bien con Adrian.

-¿Qué pasó?

-Qué lo dejó con Christian y se fue con Adrian al minuto – dije aún asimilando todo.

Dimitri puso los ojos en blanco y suspiró.

-Bueno, ya hemos llegado a nuestro destino.

Con tanto lío me había olvidado que estábamos de camino a algún sitio misterioso, y delante tenía un gran almacén con muchos escaparates y una ropa magnifica y cara.

-¿Qué vamos a hacer aquí? - pregunté señalando el gran almacén.

-Comprar, ¿No te lo dije? - entonces recordé que al salir de la gasolinera en el viaje, Dimitri me dijo que me compraría algo.

-Pero aquí la ropa es muy cara...

-Tu eres digna de eso.

Sonreí y entramos en el centro comercial.

Eso si que fueron unas compras locas, me compré un par de pantalones, tres vestidos hermosos, bastantes camisetas, un par de zapatos cómodos y bonitos y una abrigo negro hasta las rodillas agarrado a la cintura.

Pero Dimitri también compró, bueno le obligué a comprarse un par de conjuntos y el aftershave que usa el, porque ya se le estaba acabando.

Con muchas bolsas en las manos nos dirigimos hacía una calle donde Dimitri me guió y allí vimos un hermoso hotel de lujo, muy urbanizado para estar en medio de Novosibirsk. Alto como un rascacielos, de un color rojizo.

-Allí vamos – dijo Dimitri señalando el hotel de lujo.

-No puede ser...

-Sip – dijo él, feliz de haberme sorprendido.

Entramos, la recepción era mas grande que toda la casa de Dimitri entera. Decorada con colores blancos y rojos, muchas butacas y gente amable satisfaciendo las necesidades avariciosas de los clientes.

Yo estaba allí parada mirando el techó que era muy alto, estaba hipnotizada con tanto lujo mientas Dimitri se registraba.

Un chico apareció detrás mío, era el botones. Con una sonrisa de oreja a oreja cogió mis bolsas y las de Dimitri y se dirigió al ascensor. Yo volví a mirar arriba y me junté con Dimitri en la entrada del ascensor.

Subimos los tres en silencio, en un ascensor que cabían 40 personas y todo de vidrio, se veía la calle y como más subíamos mas bonito era el paisaje.

Dimitri me agarró por detrás besándome el cuello.

-¿Te gusta?

No tuve palabras para responder le, solo quería que el botones se fuera.

El ascensor se paró en un pasillo largo pero con pocas puertas. Nos dirigimos hacia la del final.

Al entrar el botones dejó las bolsa y habló con Dimitri sobre algo que no entendía.

Yo me magnifiqué con esa hermosa habitación, era espaciosa con una alfombra roja en medio, una

sofá de terciopelo blanco delante de una televisión de plasma, una enorme mesa de estudio con una silla y una neverita debajo, al otro lado de la habitación había una enorme cama, pero si digo enorme, es enorme; era roja con los cojines blancos como la nieve. Detrás de la cama habían dos ventanas que proyectaban una preciosa vista de la ciudad.

Todo era perfecto, de lujo, un sueño.

La puerta se cerró y yo fui directa a los brazos de Dimitri que sonreía en la entrada.

Le besé con amor, con todo el amor de mi corazón. No había nada que me gustara más que estar con él y besarlo y ...

-Te amo Dimitri, – le susurre al oído – te amo mas que nada en este mundo.

Dimitri no me dijo nada pero fue como si le invadiera la lujuria y empezó a besarme sonriendo feliz, me estrechaba fuertemente con sus brazos como si no quisiera que nada me separara de su lado, como si quisiera protegerme de todos los males del mundo, como si quisiera que me fundiera en él.

El calor nos sofocó a los pocos minutos y lentamente empecé a levantarle la camiseta hasta sacarsela por la cabeza, eso nos separó un instante que nos fue eterno y volvimos a fundir nuestros labios.

Él empezó a desabrocharme la camisa por el último botón. El roce de sus dedos en mi piel desnuda me producía escalofríos a la vez de sofocos. Cuando llegó al botón de mis pechos rozó mi sujetador negro de encaje y se me puso la piel de gallina y con la camisa desabrochada recorrió mi dorso hasta llegar a la columna, mis piernas tiritaban como las de una adolescente con su primer beso, fue ascendiendo hasta mi cuello, que con una mano enroscó sus dedos en mi melena y con la otra retiró mi camisa. Me cogió en brazos sin perder el beso y me llevó a la cama lentamente como si cada minuto fuera mágico, realmente lo era.

Nuestras ropas no tardaron mucho en desaparecer repartidas por la habitación. Las sabanas eran

suaves como la seda, puede que lo fueran en un hotel tan lujoso no era extraño, pero eran poco importantes ya que nos dábamos calor mutuamente.

Siempre pensé que como mas veces tuviera sexo mas veces lo ansiaría, como decía todo el mundo, pero la verdad es que estar en la cama con Dimitri besandome era igual de placentero. Sus besos me producían un subidón de energía que nadie me podía proporcionar. Lo nuestro era puro amor, no podía ser real que dos guardianes se amaran y que tuvieran ese amor tan fuerte, pero nosotros lo teníamos y algo en mi interior me decía que lo aprovechara, había tenido suerte.

Al final tuvimos sexo y cada vez que lo hacíamos era mejor o diferente, aunque la primera vez fue especial, siempre me acordaba de aquella noche y la del hechizo de lujuria, fueron especiales.

Aunque cada momento que estábamos juntos me sentía como si el mundo fuera justo y perfecto, como si no hubiera desigualdades, como si nadie muriera sufriendo.

Nunca pensé que dos personas por nacer tan lejos pudieran llevarse así y compenetrarse tan bien, eso es que Dios hizo mal el mundo pero el destino siempre acaba haciendo que las personas se encuentren.

Cuando nuestra lujuria se tranquilizó y nuestro amor crecía hasta romper las barreras permitidas, apoyé mi cabeza en su pecho cansada de no dormir en toda la noche.

-Gracias por todo – no supe que mas decirle.

Dimitri se rió y me besó en la frente.

-De nada, Roza. Solo lo hice por que te amo y por que aun no me perdono por todo lo que te hice.. – dijo él con cara de amargura.

-No empecemos camarada – le dije mientra le acariciaba sus trabajados abdominales, sabía que tenía cosquillas.

Dimitri se empezó a reír de las cosquillas y me apartó la mano de su vientre.

-Es que tu graduación... me entran ganas de pegar a alguien cuando recuerdo que no asistí – dijo dejando la sonrisa atrás y poniéndose serio.

-No pasa nada, tu fuiste el mejor mentor del mundo, si no, no sería como soy.

Él se sintió feliz al haberme hecho una gran guardiana, pero, ahora mismo no sabía si me devolverían el título o no. Había olvidado que era una perseguida.

-¿Mañana vamos a ver a Sydney? - pregunté.

-Sip, y viajaremos donde esté el hermano de Lissa. Ahora duerme, que debes estar cansada Roza.

Bostecé y asentí. Me acurruqué a su lado y él me subió las sabanas para que no pasara frío. Al poco rato que me acariciaran el pelo me quedé dormida.


Espero que os guste, podeis opinar sobre la historia con vuestros comentarios.

Todo esto es gracias a Richelle Mead yo solo adapto una proxima novela a mi manera.

Doy gracias a una persona muy importante que me inspira y me da ideas (espero que se sienta identificada con 1 pequeño parrafo de 2 linias por el final del capitulo) y a todos los que leeis esto!

Gracias =)