Diezmo de Sangre


Capítulo 7

Piedad… ¿qué es eso?


Año 859, verano.

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Se avecinaba una gran tormenta, por eso mismo debía terminar cuanto antes el asunto que tenía pendiente. Mikasa se colgó hábilmente su capa granate y se tapó la cabeza con la capucha. Quería volver lo antes posible a su escondrijo, estaba convencida de que al fin aquella noche podría descansar en paz.

Se quedó a varios metros del sujeto que perseguía: un hombre alto y canoso con una barba espesa. Lo observó a través de la ventana del tugurio. Parecía estar pasándolo genial jugando a cartas con sus amigos, fumando un buen puro y bebiendo como un cosaco. Pero de alguna forma, le alegraba pensar la sorpresa que se llevaría al no esperar lo que le sucedería en cuanto saliera a la calle.

Por fin, cuando el bar cerró y los echaron a todos el hombre se despidió con un gesto de mano de sus compañeros y puso rumbo a su casa absorto en sus pensamientos. Mikasa lo siguió con cuidado sin hacer ningún ruido, sin embargo, pareció notar que algo no iba bien porque se giraba constantemente para mirar a su alrededor. ¿quizás estaba asustado? Era prácticamente imposible que la pudiera sentir tras él.

Por si acaso, decidió dejar el suelo y subirse al tejado de la casa más cercana y con cuidado esperó hasta que se alejara lo suficiente de las zonas más pobladas y frecuentadas por la gente. Entonces, cuando estuvo a punto de introducir la llave en la cerradura de su casa aprovechó para situarse tras él y arrastrarlo hasta el callejón de al lado con suma rapidez.

El hombre la miró totalmente asombrado, sus ojos parecían estar a punto de salirse de sus órbitas y su cuerpo temblaba descontroladamente. Mikasa no comprendía su reacción, no cuando él mismo había provocado esa misma sensación a muchas otras personas. Parecía haber perdido toda su arrogancia, valentía e intimidación en segundos.

Cayó al suelo tropezándose con una losa mal colocada y se estremeció bajo la mirada desafiante de Mikasa, ya que sus ojos y su piel blanqucina eran lo único que lograba distinguir en la oscuridad.

Conocía cada detalle de él, sabía de todas y cada una de las personas a las que había extorsionado y obligado a seguir sus órdenes. Cada una de las victimas que habían muerto en sus manos y la cantidad de sangre que había derramado egoístamente. Después, únicamente le faltó conocer la información relacionada con su día a día: cuándo salía para quedarse tarde en el bar, quienes eran sus contactos, para quien trabajaba y cuáles eran sus quehaceres al margen de la ley. Cuando se hizo con todos esos datos tras un intensivo seguimiento, solo esperó el momento adecuado. Aquella noche ese hombre tan despreciable se estaba cagando de miedo en los pantalones.

-P-por favor… no me hagas daño- fueron sus primeras palabras al darse cuenta de que las intenciones de la joven ante él no eran para nada las de dejarle ileso. –yo… puedo darte todo lo que quieras. ¿Necesitas dinero? Lo que sea… dímelo y te lo daré. Olvidaré este encuentro desafortunado y… me olvidaré de ti- suplicó continuamente pero todo aquello solo le parecía palabrería sin sentido. Cualquier cosa que alguien a punto de ser herido diría. Mikasa ya había escuchado un montón de veces la misma cantinela. ¿Es que acaso todos se ponían de acuerdo para soltar lo mismo? No eran nada originales.

El sujeto pareció tranquilizarse un poco al ver que ella seguía de pie mirándolo fijamente. Así, comenzó a levantarse torpemente sujetándose a la pared a su espalda. Después, con cuidado comenzó a andar hasta ella para pasar por su lado despacio pero ella no se lo permitió. De un puñetazo en la cara volvió a tumbarlo en el suelo.

Las primeras gotas comenzaban a caer en aquel preciso momento, su muerte se estaba alargando demasiado. El hombre gritó llevándose las manos a la nariz rota que sangraba sin parar.

-¡Oh, dios! ¡Por favor, no me hagas daño!- siguió gimiendo en el suelo zarandeándose de un lado a otro. Mikasa sacó la navaja que siempre la acompañaba y se agachó para quedar a pocos centímetros de su cara.

El hombre alzó la vista perdiéndose en sus ojos y percibiendo qué era lo próximo que sucedería. –por favor… ten piedad- susurró como último recurso comenzando a llorar.

-¿Piedad? ¿Es eso lo que quieres?- habló ella por primera vez provocando que los oídos de él se agudizasen al escuchar su hilillo de voz penetrante y tan insensible como su rostro. Sin embargo, no lo tranquilizó en absoluto, aunque asintió con la cabeza pensando que así, quizás, podría zafarse de ella.

Mikasa no apartó en ningún momento la mirada de él para seguir hablando -¿tuviste tu piedad con las personas a las que mataste o hiciste daño?- preguntó fría y de forma severa. El hombre paró de temblar para sentir con fuerza su corazón latir, a menos que alguien lo ayudara, aquellos segundos serían los últimos que tendría. Trató de apartarse lo más rápido que pudo, no iba a rendirse ante la muchacha.

Mikasa se cansó de todo aquello, alargar su trabajo no traería ningún beneficio a nadie. Agarró con fuerza su cabeza y la sujetó contra el suelo mientras con su mano derecha introducía de forma rápida y certera el filo de su navaja en el corazón del sujeto. Instantáneamente el brillo en los ojos del hombre desapareció borrando todo indicio de vida en su ser. Aunque ella fue incapaz de sentir pena o lástima por él, escenas como aquella eran ya demasiado repetitivas y habituales para ella. Estaba acostumbrada.


Año 865, primavera

Distrito de Shiganshina, al sur del Muro María.

Eren esperó impaciente a que ella hiciera algún tipo de movimiento. Aunque había logrado llamar su atención y seguramente la había sorprendido, se mantuvo serena en todo momento con su cuerpo en tensión.

-No lo mates- repitió pero solo consiguió detenerla unos instantes amarrando con fuerza su brazo en el que sujetaba la navaja. Cuando se dieron cuenta, aquello solo había servido para que el delincuente se levantara y echara a correr con todas sus fuerzas tratando de alejarse de allí.

Sin embargo, para sorpresa de ambos, los diez segundos que la ausencia de ella le proporcionaron no fueron suficientes para salvarlo. Así, el último de ellos cayó al suelo estrepitosamente, formando un charco de sangre y dejando de respirar para siempre.

Eren se quedó atónito observando con sus propios ojos lo poco que le había costado arrebatarle la vida a otra persona. Aquello le pareció realmente bárbaro e imposible de digerir. Sintió como su cuerpo se llenaba de rabia mientras la figura de aquella chica se alzaba cerca del cuerpo dejando que la brisa nocturna meciera su capa.

Se levantó de golpe furioso y con intención de pedirle explicaciones después de haberla golpeado al menos una vez. Quería hacerla entrar en razón y que se cerciorara de que sus métodos no eran la solución.

Corrió con todas sus fuerzas tratando de alcanzar su figura antes de que desapareciera del escenario. Lanzó su propio cuerpo contra el de ella pero Mikasa se apartó en el último momento esquivándolo y provocando que Eren cayera al suelo con el hombro. Se levantó con un leve quejido por el golpe. Ahora se encontraba cara a cara con ella, sentado en el suelo.

Mikasa lo ignoró, no le aguantó la mirada durante más tiempo y se dispuso a irse de allí. Sin embargo, Eren no pretendía dejarla marchar fácilmente.

-¡Eh! ¿¡A dónde crees que vas!?- gritó enfadado llamando su atención de nuevo. Mikasa se volteó ofreciéndole otra de sus miradas que producía escalofríos. -¿No vas a matarme a mí también? ¿O es que acaso yo no te intereso?- siguió gritando lleno de frustración y sin pensar demasiado bien sus palabras. -¡Alguien que mata por placer como tú es despreciable!

Eren sintió que por algún motivo y aunque no lo demostrara a simple vista, aquellas últimas palabras podían haber removido algo en su interior. Le mostró un aspecto más fiero, pero él, por nada del mundo retiraría lo que había dicho, por mucho que temiera por su vida en aquel instante.

-Tú que has observado con tus propios ojos de lo que son capaces deberías entenderlo mejor que nadie- fue lo único que le dijo antes de dejarlo atrás en la oscura noche.

Eren se detuvo a darle vueltas a aquellas palabras mientras esperaba a que la ayuda llegara. Ni siquiera sabía si Christa e Ymir estarían bien, pero se le pasó por la cabeza la posibilidad de que aquella chica encapuchada también se hubiera ocupado de las personas que las retenían en contra de su voluntad.


Al día siguiente llegó temprano a la comisaría para dar toda la información sobre lo sucedido. Al ser él el último en ser atrapado tenía muchos más datos acerca de los delincuentes y estuvo alrededor de dos horas declarando. Le pareció extraño que en ningún momento le preguntaran por las muertes de los delincuentes, como si aquel tema fuera tabú o lo evitaran a toda costa.

Cuando entró a la enfermería se encontró con Ymir y Reiner cada uno en una de las camillas del fondo. Christa también había decidido visitarlos para asegurarse de que se encontraban bien y de que no era nada grave.

-¿Cómo estáis?- preguntó Eren con curiosidad. Su amigo rubio fue el primero en responder.

-Tengo una resaca horrible, ¡me duele la cabeza!- dijo juguetón pero sin ocultar el dolor que sentía. Al parecer le habían propinado un buen golpe y aquello había sido la razón de que se hubiera quedado inconsciente. Por lo demás solo tenía alguna que otra herida superficial –al menos uno de ellos no se libró de mis puñetazos- rió por lo bajo.

-Nosotras tuvimos más suerte, alguien vino a ayudarnos y escapamos fácilmente- contestó Ymir rascándose la parte de atrás de la cabeza.

-¡Aún así te hirieron por mi culpa!- se culpó Christa a sí misma. Se sentía responsable de que su compañera tuviera un brazo roto por intentar protegerla de ellos.

-¡Ah, esto no es nada! No te preocupes por mí. –sonrió contenta quitándole importancia y acariciándole la cabeza –Aunque si te vas a poner así de mona no podré evitar hacerlo otra vez- le declaró sin importarle la forma en la que todos los allí presentes pudieran interpretarlo.

-Bueno, al final todo salió bien…- dijo Reiner arrastrando las palabras. Aún así Eren sentía que no había sido así en absoluto. Habían causado grandes destrozos, la mercancía con la que querían traficar se había echado a perder durante la batalla, los delincuentes habían muerto con toda información que tuvieran y algunos de ellos estaban heridos. Unos resultados realmente malos si analizaban con cuidado todos los detalles.

-¡Eren, por fin te encuentro!- en la puerta de la enfermería Connie parecía alarmado, como si hubiera estado buscándolo durante horas. No tenía muy buen aspecto.

-¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?- preguntó preocupado dejándose arrastrar por él hacia el pasillo.

-Es porque acabo de volver de hacer guardia al norte del distrito y no he dormido nada esta noche- le explicó rápidamente. –tenemos que ir inmediatamente al despacho del capitán. Nos ha mandado llamar…

Se sorprendió al escuchar sus palabras, ¿qué podría querer de ellos? Seguro que no se trataba de algo bueno. Se dejó guiar por Connie, aunque acabó adelantándose a causa de uno de los soldados que retuvo a su compañero en el pasillo unos minutos. Se paró ante el despacho para esperarlo. La puerta estaba un poco abierta y dentro parecía cocerse una conversación algo subidita de todo.

-¿Estás completamente seguro de lo que dices?- dijo una voz que desconocía pero que seguramente no olvidaría. –ya sabes que cada vez todo es más complicado, nos pisan los talones- continuó diciendo.

Unos segundos después una segunda voz, perteneciente al capitán, contestó mostrando seguridad en sus palabras. –por supuesto que lo estoy. Es por eso que hay que aprovechar esta información.

-Entiendo, entonces ya sabes lo que tienes que hacer- concluyó con un tono más apagado y confiado. –por cierto, tengo entendido que varios soldados se han visto envueltos con ella, ¿hasta cuándo pretendes darle carta blanca?- entonces Eren sintió como el capitán se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta para cerrarla de un portazo. Sintió los nervios acumulados en su cuerpo, debían haberse percatado de que estaba ahí aunque no era su intención escuchar a escondidas ni nada por el estilo, solo se limitaba a esperar hasta que le diera permiso para entrar. Al fin y al cabo había sido él quien lo había mandado a llamar.

Unos cuantos minutos después el comandante Erwin Smith salió del despacho fijando sus ojos azules en él y haciéndole un pequeño gesto. El capitán se quedó de pie en la puerta esperando a que Connie también se acercara y después les permitió entrar en la sala.

Todo estaba perfectamente ordenado, tanto que ambos temieron hacer algo que alterara el perfecto estado del despacho. Ante ellos se encontraba una amplia mesa de madera brillante con un sillón a un lado y otras dos sillas en frente. Por supuesto, la pequeña y acogedora sala estaba repleta de libros, estanterías y muchas otras cosas que no se atrevieron a mirar con detenimiento, así que tomaron asiento lo más rápido posible.

-¿No te han enseñado que es de muy mala educación escuchar las conversaciones ajenas?- dijo refiriéndose claramente a él con un tono de reproche pero bastante calmado. Eren se sobresaltó ante aquello pero no se atrevió a contestar. Después Levi soltó un largo suspiro dejando el tema de lado y volviendo al grano con lo que quería contarles.

-Soy consciente de vuestras últimas misiones, soldados. –los miró a ambos deteniéndose primero en uno y luego en el otro al tiempo que los nombraba. –Eren Jaeger y Connie Springer, ambos reclutas recién graduados.- asintieron levemente esperando sus próximas palabras. –me siento en la obligación de disculparme por los hechos en los que os habéis visto envueltos. Sobre todo tú, Eren- continuó.

Él lo observó algo asombrado sin comprender del todo a qué se refería. Levi lo miró fijamente dedicándole una de sus miradas más serias, sus ojos se entrecerraron un poco prestándole suma atención y entrelazó sus manos ante él para apoyarse sobre la mesa.

-Pareces sorprendido. Sin embargo, estoy convencido de que sabes a qué me refiero- dijo firmemente. –las muertes que habéis tenido que presenciar no eran en absoluto algo que los recién graduados como vosotros debían presenciar. Quiero decir, me temo que hubo una equivocación en vuestras misiones y que no fueron evaluadas adecuadamente en base a su nivel de peligro.- entonces, los dos parecieron comprender lo que decía. No significaba que más adelante no pudieran encontrarse en situaciones similares, sino que los habían enviado a hacer obligaciones propias de soldados más experimentados que ellos.

-Comprendemos, capitán- asintió Connie con la cabeza gacha.

-Bien, entonces a partir de ahora se os asignarán misiones de menor rango y evaluadas minuciosamente.- Eren no sabía cómo asimilar aquello, en realidad no le preocupaba mucho lo que le mandaran a hacer mientras pudiera colaborar de alguna forma para detener las diversas injusticias en Shiganshina. Pero le daba la sensación de que todo aquello se alejaba bastante de sus verdaderas intenciones, estaba convencido de que podría tener que ver con la puesta en escena de aquella Mikasa y las interacciones que había tenido con ella–hay varios asuntos realmente importantes en los que para nada queremos que vosotros os involucréis, por eso mismo, quedaos al margen- ordenó esta vez con voz más firme.

Dando por terminada la charla se levantaron con intención de irse. Ninguno había sacado en claro si aquello había sido una disculpa o una petición para que no metieran las narices en los asuntos de los demás. Connie estuvo a punto de abrir la puerta cuando los detuvo por última vez.

-Tengo una última petición que haceros y espero que la cumpláis- el corazón de Eren palpitó mientras escuchaba sus palabras, por algún motivo, temía que al entrar en su despacho aquel tema saliera en la conversación. –quiero que olvidéis todo lo relacionado con esas muertes y por supuesto, con la persona que las provocó. Con eso me refiero a que os abstendréis de comentar cualquier tema relacionado con eso. Y si por algún casual obtuvierais información importante relacionada con ella vendréis directamente a mi- pidió tensando los músculos de la cara. Esas últimas palabras terminaron por afirmar sus sospechas, querían alejarlos de todo lo que tuviera que ver con ella. ¿Pero por qué? ¿Es que acaso la estaban protegiendo? No era capaz de encontrar una respuesta a aquello. ¿Por qué era tan importante?


Eren no había parado de darle vueltas a las palabras del capitán, ¿por qué era tan importante ocultar la información relacionada con aquella mujer? podía entender que no quisiera preocupar al resto de soldados pero tarde o temprano todos ellos tenían altas posibilidades de verse involucrados en situaciones como las que había vivido él. Y cuando eso ocurriera no podría pretender mantenerlos a todos en silencio ¿o quizás si?

Guardaría silencio tal y como les había pedido, no podía ignorar una orden directa del capitán y además le daba la sensación de que si trataba de buscar información acabaría enterándose. Connie le dio un codazo devolviéndolo a la realidad.

-Oye, Eren. Deja de soñar que nos están dejando atrás- se quejó comenzando a correr en dirección a los otros seis soldados ante ellos.

Repasó nuevamente el asunto que tenían entre manos, los habían escogido para que se encargaran de vigilar el tráfico en el pasadizo de la muralla María. Debían identificar a toda persona que entrara o saliera de allí y revisar con cuidado la mercancía que portaban. En un principio pareció un trabajo bastante aburrido pero agradecían que fuera de día y que además pudieran turnarse para ir a comer algo al mediodía.

-¡Esta noche dormiré de un tirón!- anunció Connie en voz alta llevándose las manos a la cabeza y disfrutando de los últimos rayos de sol antes de que éste se ocultara tras las montañas.

-Sí, la verdad es que no ha estado tan mal como pensaba.

-¿No me digas que preferías quedarte esperando durante la noche a que algo pasara mientras chupabas frío?- Eren soltó algunas carcajadas recordando la cara que tenía su amigo y el momento en el que se le iluminaron los ojos cuando sacó el cacho de bizcocho que su madre les preparó.

-Qué, ¿te hace una cervecita?- preguntó divertido. Sabía que Connie no se negaría a aquella propuesta y después de un día duro de trabajo entraba mucho mejor. Con esa idea en mente los dos fueron al bar de Hannes y tomaron asiento en una de sus mesas.

Extrañamente el lugar se encontraba bastante más vacío de lo normal y ambos parecieron darse cuenta al de un rato. Normalmente siempre se encontraban con algunos soldados de la Legión y varios superiores. Incluso, en ocasiones, algunos de la Policía Militar pero aquella tarde, a parte de ellos, solo se encontraban dos señores que se estaban pasando con el ron.

-¿Tu también te has dado cuenta?- preguntó Connie tranquilamente y en voz baja mientras se llevaba el último trago a la boca. Eren asintió de inmediato.

-Esto está demasiado tranquilo. Supongo que será una buena señal- trató de hacerse creer a sí mismo, pero su compañero negó con la cabeza con seguridad. ¿Acaso él sabía algo? Aunque no le sorprendería que así fuera, ya se había ganado la fama de ser un gran cotilla. Siempre acababa recolectando información no disponible y Eren no acababa de comprender cómo lo lograba. –ya que sabes tanto, adelante, ¿cuál es tu hipótesis?- lo incitó a hablar. Connie sonrió al escuchar sus palabras.

-Bueno… verás, creo que están preparando algo muy gordo- se acercó hasta él bajando tanto la voz que le costó entender sus palabras. –algo así como desenmascarar a algún jefe de los grandes.

Eren lo observó sorprendido. Si llevaban a cabo algo tan importante estaba seguro de que participarían la mayoría de soldados de la élite, aquellos mejor preparados para afrontar situaciones peligrosas. Y posiblemente habrían preparado un escuadrón que sería dirigido por el mismísimo capitán Levi.

Después, otra idea fugaz se le pasó por la cabeza. De pronto, el sabor amargo de la cerveza le devolvió algunos recuerdos que hacía tiempo había enterrado sin intención de olvidar. Y sin darse cuenta se encontraba repasando con cuidado el más mínimo detalle de la pesadilla que vivió junto a su madre hacía unos tres años.

Por aquel entonces sintió verdadero miedo de perder a Carla y temió que la persona culpable de apuñalar a los delincuentes hiciera lo mismo con ellos dos. Sin embargo, no fue así y tampoco volvió a saber nada de aquella persona… no hasta el día de su primera misión cuando pudo haber muerto a manos del delincuente o desangrado en medio de la calle. Sin embargo, a aquellas alturas ya se había percatado de que posiblemente habría sido ella quien los había ayudado en el pasado. Y por si no fuera poco, hacía dos o tres días nuevamente eliminó todo rastro de delincuentes ante sus propios ojos. El capitán les había dejado claro que aquellas misiones eran de un nivel demasiado alto para ellos, quizás de ahí que ella hubiera aparecido para controlar la situación, ¿y si solo tomaba parte en las misiones más peligrosas o con altos indicios de fracaso?. O nadie más a parte de ellos se había encontrado en la misma situación, o quizás el capitán también había exigido su silencio y temían hablar.

Por lo tanto, era probable y se atrevía a asegurar con certeza que fuera lo que fuese que estuvieran preparando, aquella mujer volvería a presentarse para acabar con los responsables que la Legión quería atrapar. Si así era, él también quería tomar su propia decisión.

-Eren, ¿estás bien? estás empezando a asustarme…- le dijo Connie tomándole un poco el pelo. Se había pasado más de cinco minutos callado y sumergido en su mundo como de costumbre.

-Connie, ¿sabes si Armin seguirá aún en su despacho?- preguntó con urgencia en su voz.

-Hmm, quizás. Los miércoles suele acabar tarde.- contestó viendo cómo Eren dejaba la parte que le correspondía de lo que habían tomado sobre la mesa.

-Bien, entonces me adelantaré. ¡Nos vemos mañana!- se despidió tan rápido como pudo dejando tras él a su compañero descolocado y sin saber qué era lo que ocurría para que de repente se largara de allí con tanta prisa.


Aún eran las ocho de la tarde y con un poco de suerte alcanzaría a Armin antes de que se fuera a casa. Corrió con todas sus fuerzas hasta el cuartel y se introdujo en él sin ser visto. No había casi nadie allí, la mayoría de soldados habrían regresado a sus casas o como le había informado Connie, quizás estuvieran reunidos planeando su próxima jugada. Aprovechó la oportunidad de colarse hasta el despacho de su amigo sin ser detenido por los guardias que solían vigilar, ni siquiera ellos se encontraban allí en aquellos momentos.

Pasó rápidamente sin tocar temiendo que le descubrieran si perdía valiosos segundos pidiendo permiso al otro lado. Al girarse, Armin lo observó sorprendido y curioso.

-¡Eren! ¡Me has asustado! ¿Qué haces aquí a estas horas? Vuestro turno de vigilancia en la muralla acabó por la tarde ¿no? ¿Ha ocurrido algo?- siguió preguntando sin parar. Eren ignoró todas sus preguntas haciéndole indicaciones para que se mantuviera en silencio y escuchara con mucha atención lo que tenía que decirle.

Armin no pudo evitar ponerse nervioso y peinar su pelo largo con la mano derecha, tenía la extraña sensación de que lo que fuera que tuviera que decirle no sería algo fácil de comprender.

-Armin, ¿estoy en lo cierto al creer que dentro de poco la Legión llevará a cabo una nueva jugada importante?- preguntó ante el asombro de su amigo. Su cuerpo se tensó de inmediato afirmándole a Eren sus sospechas, Connie tenía razón.

-¿D-de dónde has sacado esa información? Es confidencial, ¿Sabes?- se asustó. –ni siquiera yo sé todos los detalles, y es gracias a que me dejaron tomar parte en la planificación que me enteré un poco. El capitán solo se lo ha confiado a unos pocos.- a aquellas alturas no pretendía negárselo a Eren pero le pediría que se mantuviera en completo silencio.

Él no pudo ocultar una pequeña sonrisa mientras formulaba una nueva pregunta- ¿hay altas posibilidades de que ella aparezca por allí? –Armin esta vez mantuvo la compostura pero Eren siguió insistiendo. –vamos, Armin, estoy en lo cierto, ¿no?- este suspiró intranquilo. Seguía sin comprender cómo Eren había logrado reunir tantísima información. Y por otro lado temía que los encontraran allí conversando sobre algo tan delicado y que debía llevarse con extremo cuidado.

-Escúchame con atención. Esto es mucho más peligroso de lo que crees, así que por favor, olvida todo lo que sabes y mantente al margen- le suplicó mostrando preocupación pero tras observar como la mirada brillante y decidida no se borraba de su rostro supo que no acataría sus ruegos. Volvió a suspirar un par de veces rindiéndose. –eso es lo que me gustaría que hicieras pero algo me dice que harás lo que te dé la gana.- Eren asintió con fuerza. –vale, lo pillo, ¿qué es lo que quieres? Porque supongo que el propósito de esta visita no es el de asegurarte de que todo eso es cierto- Eren ensanchó su sonrisa al ver lo perspicaz que podía llegar a ser su amigo, lo conocía demasiado bien y seguramente ya se había hecho una idea de lo que quería al haber acudido a él.

-Necesito que me cuentes todo lo que sabes sobre la nueva misión.


Hasta aquí un nuevo capítulo, la verdad es que estoy deseando subir el siguiente ya que ocurrirán cosas realmente interesantes. También será un punto clave donde, me atrevo a decir, que conoceremos un poco mejor a Mikasa. Estoy segura de que les encantará a quienes adoran a Levi, Eren y Mikasa. A mi por lo menos me encantó escribirlo y ya solo debo hacer el último esfuerzo de retocarlo.

Quiero dar las gracias también a RenKouen por dedicar un poquito de su tiempo a comentar. Espero que este capítulo también te haya gustado jajaja en el próximo ¡más y mejor!. Gracias también a quienes le prestan un ratito de su tiempo a leer.

¡Hasta la próxima!