Nota de la autora: Estoy de exámenes de máster y puede que vaya un poquito más lenta pero seguiré escribiendo seguro. Espero que las fiestas hayan ido genial y que os guste el capítulo.
Para sorpresa de Richard, Isobel llamó antes de entrar en su despacho. La señora Crawley había subido las escaleras del hospital con paso firme y decidido pero cuando entró en su despacho y volvió a ver su cara se puso nerviosa.
La señora Crawley cerró la puerta tras ella. El doctor Clarkson se levantó al verla. Ambos tenían algo que decirse.
Richard: Señora Crawley…
Isobel: Déjeme hablar a mí primero. Por favor.
Richard asintió caballerosamente y le ofreció una silla. Isobel la rechazó. El doctor Clarkson empezaba a temerse lo peor. La notaba distante y fría. No lucía la sonrisa que él estaba acostumbrado a ver en su rostro.
Isobel: Sólo será un momento.
La señora Crawley tragó saliva antes de empezar.
Isobel: Lo que pasó ayer…
Richard pensó: lo que pasó ayer me hizo el hombre más feliz del mundo. Isobel no iba a decir precisamente nada parecido.
Isobel: Lo que pasó ayer fue un error.
El doctor Clarkson lo había visto venir desde que ella le había detenido la noche anterior.
Isobel: No sé que me pasó. Bebí demasiado, era muy tarde, me dejé llevar por el momento… Pero estoy muy arrepentida.
Isobel estaba mintiendo muchísimo pero tenía que hacerlo. No podía ilusionar a Richard cuando sabía perfectamente que en un mes se iba a casar con Dickie.
Richard: Entiendo… Pero ¿me permite decirle algo?
Isobel: Claro.
Durante el rato que la señora Crawley había estado en su despacho, el doctor Clarkson había dudado mucho si decirle lo que sentía por ella o no. ¿Serviría de algo? Richard tanteó el terreno, tampoco quería que Isobel le destrozara el corazón otra vez.
Richard: ¿Está completamente segura que lo de ayer no significó nada para usted?
Isobel miró al suelo.
Isobel: Lo estoy. Completamente.
El doctor Clarkson decidió que no valía la pena revelarle sus sentimientos hacia ella. Su corazón no soportaría otro rechazo suyo.
Richard: Entonces debo disculparme por mi comportamiento de ayer por la noche. No debí besarla.
Isobel: No tiene que disculparse.
El silencio reinó en el despacho del doctor durante unos segundos. Era un silencio incómodo que Isobel tenía que romper a la fuerza para decir lo que realmente había venido a decir.
Isobel: He decidido que no voy a trabajar más en el hospital.
El doctor Clarkson se acercó a ella sobresaltado, eso sí que no se lo esperaba.
Richard: ¿Pero qué está diciendo? No, no, no puede ser.
Isobel: Lo siento, ya he tomado la decisión.
Richard: Pero no puede dejar que lo que pasó ayer por la noche afecte a su trabajo aquí. Los pacientes la necesitan, el hospital la necesita…
Isobel: Entienda que, después de lo que pasó, no me siento cómoda.
La señora Crawley sí que se sentía cómoda con Richard. Ese era el problema… Que se sentía demasiado cómoda y necesitaba alejarse de él para estar segura de no volver a traicionar a Dickie de nuevo.
Richard: Lo entiendo pero le prometo que si se queda, yo me retiraré. No tenemos por qué trabajar juntos.
Isobel lo miró, dubitativa.
Richard: Aunque le prometo que yo no la volveré a besar bajo ninguna circunstancia. Las cosas han quedado claras, no tiene por qué preocuparse por eso.
Isobel: Está bien.
El doctor Clarkson sonrió, aliviado.
Richard: Créame que hace mucha falta aquí.
La mañana transcurrió con normalidad. Mientras Isobel atendía a los pacientes de la última planta, el doctor Clarkson estaba gestionando la llegada de un nuevo generador eléctrico para el hospital. En un momento dado, la señora Crawley tuvo que entrar al despacho del doctor Clarkson. Dio gracias a Dios al ver que él no estaba allí y se dispuso a coger las vendas que necesitaba del armario de emergencia del despacho del doctor Clarkson, pues ya no quedaban en el del pasillo.
Mientras las estaba cogiendo, Richard entró. Isobel lo miró al entrar. Los dos estaban incómodos por la conversación que habían mantenido esa mañana.
Isobel: Ya me iba…
Richard: No hace falta, ya me espero.
Isobel: ¿Necesita usar este armario?
Richard: Es para guardar estos papeles. Ya ha llegado el nuevo generador.
La señora Crawley sonrió. Ese generador les hacía mucha falta. Siguió cogiendo las vendas que necesitaba pero se dio cuenta que no podía cargar con todas cuando se le cayó una al levantarse. El doctor Clarkson acudió en su ayuda.
Richard: Déjeme que la ayude. ¿Dónde las necesita?
Isobel: En la segunda planta.
Richard asintió y se acercó a ella para cogerle unas cuantas. Sus manos se rozaron mientras el doctor la liberaba de una parte de su carga. Sus miradas se encontraron y ninguno de los dos desvió la suya. Parecían hipnotizados.
El doctor Clarkson no pudo evitar acercar sus labios a los de ella. Parecían dos imanes. Richard sentía una gran fuerza interior que la empujaba hacia ella. Logró controlarla y se apartó antes de rozar sus labios.
Richard: Perdón, perdón. No volverá a pasar…
Isobel tardó unos segundos en decir algo.
Isobel: Por esta razón no quería seguir en el hospital.
Richard: Pero no ha pasado nada. Olvide este extraño momento. A partir de este momento la evitaré y no haré nada más que pueda incomodarla.
Isobel: Es mejor que no vuelva.
Richard: Pero si le he dicho que me retiro. Se lo prometo, se lo prometo, Isobel. No se vaya.
Isobel: ¡Es que el problema no es usted!
El doctor Clarkson frunció el ceño.
Richard: ¿A qué se refiere?
Isobel alzó la mirada y volvió a explorar los ojos del doctor Clarkson. Ambos aún estaban muy cerca.
Isobel: El problema soy yo.
La cara del doctor Clarkson revelaba que no estaba entendiendo nada de lo que ella quería decirle. Como Isobel bien sabía, a veces a los hombres hay que ayudarles un poco…
Isobel: No me fío de mi misma.
A Richard se le iluminó la cara al oír eso. ¿Quería decir Isobel que tenía ganas de besarlo?
Richard: ¿Por qué dice eso?
Isobel: Porque… estoy empezando a sentirme atraída por usted.
Al oír eso, Richard no pudo evitar besarla. Necesitaba besarla. Acababa de conocer su atracción por él y eso le daba una nueva seguridad que antes no tenía. Justo antes de besarla, el doctor Clarkson había colocado sus manos en su cintura empujándola hacia él. Durante el beso, la señora Crawley puso las manos en su pelo, acariciándolo. Todas las vendas cayeron al suelo pero a nadie le importó.
A la mañana siguiente, Isobel se levantó temprano para elegir su vestido de novia. Había quedado con la condesa viuda para tener otra opinión.
Elegir un vestido de boda para una mujer joven podía parecer relativamente fácil pero la señora Crawley tenía ciertas dudas acerca del estilo de su vestido. Sin duda, tenía que ser algo menos alegre que el vestido de una mujer joven, pero Isobel quería que fuera blanco y no renunciaría a que le sentara bien.
Por ese motivo, Mary había hablado con el diseñador que había confeccionado su vestido para pedirle que le mostrara algunos modelos de vestido para una mujer madura que se casara una segunda vez.
Y allí se encontraban los tres, la condesa viuda, el diseñador e Isobel, en casa de Violet mirando dibujos de vestidos que parecían adecuados para una mujer de la edad de la señora Crawley.
Violet: Creía que era usted una mujer más…
Isobel: ¿Más qué?
Violet arrugó los labios.
Violet: Con más personalidad. Que no elegiría vestidos tan tradicionales.
Isobel: ¿No le gustan éstos, verdad?
Violet: Están bien si lo que quiere es parecer una anciana.
La señora Crawley la miró con exasperación. Isobel se dirigió al diseñador.
Isobel: No tendría algo menos…
Violet: Menos difícil de mirar.
Isobel miró a Violet reprobándola.
Diseñador: Pero la señora Mary me dijo que estaban buscando algo para una mujer madura y esto es lo que les suele gustar más a las mujeres…
Violet: Sí, bueno… Dígamos que la señora Crawley no es una mujer convencional.
Isobel la volvió a mirar entrecerrando los ojos.
Isobel: Prima Violet. ¿Quién se casa aquí? Déjeme hablar a mí.
Violet cerró la boca pero sus ojos chispeaban denotando lo bien que se lo estaba pasando con la situación.
Isobel: Es solo que me gustaría ver vestidos un poco más modernos, si tiene.
El diseñador pareció haberse indignado un poco ante la expresión "si tiene" utilizada por la señora Crawley.
Diseñador: Claro que tengo. De hecho, he traído conmigo otro libro de modelos. Éstos son los modelos que eligen más las jóvenes para sus bodas.
Isobel: ¿Me permitiría verlo?
El diseñador se lo enseñó. Isobel volvió a situar sus pequeñas lentes delante de sus ojos para ver mejor los diseños. Violet acercó la silla a la de la señora Crawley para ver los diseños también.
Violet: A mí me gusta ese.
Violet señaló un vestido corto con un gran escote. Era un vestido muy atrevido, de hecho Isobel no había visto nunca a ninguna novia casarse con un vestido corto.
Isobel: No sea ridícula. No me pondré eso.
Violet: Veo que no es tan moderna como parecía.
Isobel: Habló la modernidad en persona.
Isobel no dijo nada más porque sabía que Violet lo estaba haciendo para provocarla. El diseñador las miraba atónito, nunca había visto a dos personas picarse tanto la una a la otra. La señora Crawley fue pasando las páginas de aquel álbum de dibujos hasta que encontró un vestido que la cautivó. Se quedó mirándolo un rato.
Isobel: ¿Qué le parece éste?
Violet: Es el más bonito que he visto de momento.
Isobel: Por una vez coincido con usted.
Violet: Aunque si elige éste no sé si Dickie podrá aguantar hasta la noche de bodas.
Isobel la miró, sorprendida. Bueno, en realidad ya nada de lo que dijera Violet la sorprendía pero en ese caso estaban delante de una tercera persona.
La señora Crawley se quedó un buen rato mirando el vestido. Era un vestido color blanco roto, largo hasta los pies con poco escote pero con una parte de la espalda al aire. Las mangas del vestido llegaban hasta el codo y en la cintura el vestido tenía un cinturón estrecho de tela roja con una pequeña flor rojiza que quedaba situado en la parte izquierda de las costillas.
La señora Crawley levantó la cabeza y miró al diseñador.
Isobel: Creo que este modelo es mi favorito.
Diseñador: Justamente, tengo este modelo aquí. Lo llevaba para enseñárselo a una clienta con la que tengo cita por la tarde. También era de sus favoritos.
Violet: ¿Podría enseñárnoslo?
Diseñador: Claro.
El diseñador sacó el vestido de la caja que había traído y lo puso sobre las manos de Isobel. La señora Crawley se acabó de enamorar de ese vestido nada más tocar su tela.
Violet: Estaría bien que se lo probase.
Isobel: Sí, aunque me temo que no me quedará bien.
Diseñador: Éste está arreglado según las medidas de la señorita que iré a ver después pero si le gustara, le haría uno a medida, por supuesto. Pruébeselo.
Violet no pudo evitar abrir la boca al ver a la señora Crawley con el vestido puesto. Le quedaba increíblemente bien. Se le ceñía a la figura un poco demasiado quizás, habría que holgarlo un poco. Pero el descubierto de una gran parte de la espalda y el dibujo de sus redondeces que creaba el vestido, hacían que Isobel estuviera realmente sensual.
Aunque fuera algo atrevido, Isobel Crawley acabó eligiendo definitivamente el modelo.
No habían pasado ni tres días desde esa tarde de elecciones que Isobel ya se encontraba en Downton para cenar con la familia Crawley y algunos amigos más. Entre ellos el doctor Clarkson. Isobel y él habían pasado los últimos dos días juntos en el hospital trabajando como siempre, pero además habían añadido otra tarea más a su rutina diaria. Se andaban besando por todo el hospital, a todas horas. Siempre y cuando estuvieran lejos de miradas curiosas, claro. Se besaban en el despacho del doctor Clarkson, en el cuarto de las toallas y sábanas, detrás de alguna cortina que separara camas, en las escaleras que llevaban de un piso a otro, etc. Que su pasión estuviera condenada a ser secreta, todavía encendía más sus deseos. Los besos que compartían eran tan apasionados que les dejaban sin aliento.
Como había llegado pronto a la cena, Isobel decidió pasar un tiempo con su nieto, George. Subió a la habitación del pequeño y lo cogió en brazos nada más verlo. George se abrazó a ella.
Isobel: Hola cariño. Cada día estás más guapo, eh.
La señora Crawley sentó al niño encima de sus rodillas y lo envolvió con sus brazos desde atrás.
Isobel: Ai, George… Ojalá tú me pudieras ayudar.
El niño la miró sin entenderla.
Isobel: Tengo un compromiso con un hombre maravilloso: es apuesto, atento, amable, sincero, generoso, culto… Y me ama. Yo también lo quiero pero estoy enamorada de otro hombre.
La señora Crawley permaneció unos segundos en silencio, mirando hacia la pared que tenía delante, absorta.
Isobel: Siento una gran pasión por mi mejor amigo. Ese hombre me hace sentir de una manera muy especial. Hacía muchos años que no me sentía así. La pasión que él despierta en mí es tan fuerte…
Isobel besó la cabeza de George, pensativa.
Isobel: Tan fuerte…
En ese momento, Mary abrió la puerta del cuarto de los niños y vio a Isobel con George.
Mary: Prima Isobel, ya están llegando los demás invitados. Es mejor que acostemos a George y bajemos.
La señora Crawley asintió.
Durante la cena y el baile posterior, el doctor Clarkson y la señora Crawley no hablaron mucho pero no podían dejar de mirarse. Isobel estaba sentada en uno de los sofás, hablando con Tom, mientras el doctor charlaba con un amigo de la familia Crawley. Isobel sorbió un poco de la copa de champagne que tenía entre las manos. El doctor Clarkson observó cómo los labios de Isobel se posaban en la copa y bebían. Luego en como ella tragaba. Richard tenía la boca seca a pesar de que él también estaba disfrutando de su bebida. La señora Crawley lo miró de reojo para fijarse en si él la seguía observando. Richard seguía con su mirada fija en ella a pesar de estar hablando con uno de los amigos de la familia Crawley.
Disimuladamente, el doctor Clarkson posó su mirada en los pechos de Isobel, luego en su estómago y finalmente en sus piernas. Esas piernas que permanecían ocultas bajo sus largas faldas pero que él intuía que eran preciosas. Se moría por verlas, por acariciarlas, por besarlas…
Tom percibió un ligero sonrojo en las mejillas de Isobel. No le dio importancia pero se preguntó por qué se sonrojaría, ya que la conversación que estaban teniendo era sobre la posible llegada de Marygold a Downton. Lo que le pasaba a la señora Crawley era que había percibido la mirada intensa y lasciva de Richard y se moría de ganas por besarlo.
En un momento dado, Isobel se disculpó con Tom y se dirigió hacia el doctor Clarkson. Quería estar cerca de él. Hablar con él. El doctor Clarkson estaba bebiendo un poco de champagne y la observó mientras se acercaba a él. Sólo pensaba en besarla. Era como una obsesión.
Isobel: ¿Qué tal la velada?
Richard: Usted la acaba de mejorar.
La señora Crawley se sonrojó. Algo poco habitual en ella.
Isobel: Estoy un poco apenada.
Richard: ¿Por qué?
Isobel: Tom se está planteando irse a vivir a Estados Unidos con Sibbie. Me daría mucha pena que se marchara, a veces siento que es mi único aliado en Downton.
Richard: Bueno… Las cosas cambian.
Isobel: Sí, lo sé. Y seguramente empezar una nueva vida sea lo mejor para él.
El doctor Clarkson la miró a los ojos, fijamente.
Richard: Señora Crawley…
Isobel: ¿Qué?
Richard: La necesito.
Isobel se sobresaltó al oír esas palabras en público.
Isobel: Hable más bajo…
Richard bajó un poco más el tono de voz.
Richard: Necesito besarla. Es lo único que he deseado hacer en toda la noche.
Isobel miró a su alrededor antes de contestar.
Isobel: Yo también me muero de ganas de besarlo.
El doctor Clarkson notó como sus cinco sentidos se ponían en alerta al oír eso. Una pasión incontenible parecía no poder apagarse dentro de él. La señora Crawley lo encendía en segundos.
Isobel avanzó hacia la puerta de la estancia que daba al gran hall de Downton. Antes de salir del salón, lanzó una mirada al doctor Clarkson, quien enseguida la entendió y con mucha precaución, después de unos minutos, salió por la misma puerta. La encontró allí, cerca de las escaleras, esperándolo y le guió hacia la biblioteca, donde no había nadie. Isobel cerró la puerta tras ellos.
Isobel lo miró a los ojos antes de lanzarse a besarlo.
Isobel: No podía aguantar más.
Los labios de ella estaban murmurando contra los de él.
Richard: Yo tampoco.
El doctor Clarkson la llevó cerca del piano para apoyarla contra éste. Siguieron besándose un buen rato. Primero en los labios, abriendo la boca para que sus lenguas juguetearan. Luego la señora Crawley empezó a besar a Richard en el lóbulo de las orejas, en el cuello, en las sienes, en la barbilla… Richard se derretía con aquellos besos y solo podía pensar en hacerle el amor en el sofá que había en la biblioteca. Pero sabía que no podía hacerlo.
Isobel agarró con fuerza la cara del doctor Clarkson y volvió a sus labios. Los besos eran tan apasionados que la señora Crawley empezaba a notar saliva alrededor de sus labios. Poco a poco, ambos se fueron calmando. Sus labios quedaron a escasos centímetros el uno del otro e Isobel pareció recobrar su respiración normal.
Isobel: Hacía muchos años que no sentía tanta pasión.
Richard la tomó entre sus brazos, tocándole la cintura.
Richard: Yo nunca había sentido tanta pasión.
El doctor Clarkson le acarició el pelo con los dedos. Isobel cogió su mano y se llevó los dedos a sus labios, besando sus yemas suavemente. Richard se estremeció pero Isobel siguió, resiguiendo cada uno de sus dedos con su labio inferior, muy lentamente.
Las manos del doctor desprendían un aroma agradable. Era una mezcla de su colonia y antiséptico del hospital. Olía parecido a Reginald y eso proporcionaba a la señora Crawley una tranquilidad mayor.
En unos momentos, sus bocas se volvieron a encontrar.
Mientras, en el salón, Tom se dio cuenta de que a Isobel se le había caído una de sus pulseras en el sofá donde había estado sentada con él hacia unos minutos. La cogió y buscó a la señora Crawley entre la gente. No la veía. Se dirigió al sitio donde la había visto por última vez: junto a la puerta que daba al hall de Downton, hablando con el doctor Clarkson. El señor Branson tampoco la vio allí. Preguntó a Barrow, quien acababa de pasar con una bandeja, ofreciendo más champagne.
Tom: ¿Ha visto a la señora Crawley?
Barrow: La he visto hace unos minutos en el hall.
Tom: ¿Se ha marchado?
Barrow: No lo sé. Pero no lo creo porque no llevaba el abrigo puesto.
Tom asintió y se dirigió al hall. No había ni rastro de la señora Crawley. De repente, oyó unas voces susurrantes que provenían de la biblioteca. Quizá la señora Crawley estaba allí hablando con alguien. Tom avanzó unos pasos hasta la puerta que daba a la biblioteca. Estaba cerrada. La empujó con cuidado, abriéndola un poco.
Lo que vio le sorprendió muchísimo. La señora Crawley y el doctor Clarkson estaban besándose apasionadamente en el sofá. Parecía que en cualquier momento fueran a descontrolarse por completo allí mismo, en la biblioteca de Downton…
Tom cerró la puerta, impresionado.
