EL PRINCIPE QUE YO ELEGÍ

Capitulo 7

GRACIAS A TODOS POR SEGUIRME

Goza de mi lectura como yo goze escribiendo.


-Terry…

La agonía no puede ser mayor, ahora tu no estas aquí… estas sin estar, siempre estuviste en mi… de alguna u otra forma…

Seguiré la lección que me enseñaste, mirar adelante, siempre hacia adelante porque estoy viva, estoy viva y hoy mas que nunca… no se si volverás después de lo ocurrido pero aquí estaré luchando abriéndome camino, a pesar del dolor, a pesar de estas lagrimas que bañan mis recuerdos y me hacen sonreír….

Lo perdido, lo ganado, increíble es estar de nuevo aquí en este lugar, miro hacia atrás… los sucesos tan repentinos que cimbraron esa seguridad y estabilidad que tanto intente proteger, sabes, no quería perder lo que había logrado porque estaba tranquila, en un circulo de confort que me era difícil dejar mas aun sabiendo que hay gente que saldría dañada porque le quiero y no puedo verlos sufrir por mi causa nunca fue mi intención que las cosas sucedieran así.

Creí que podía, creí que había logrado dejar el pasado atrás, dejarte atrás… basto mirarte, escucharte una sola vez para darme cuenta que tu, jamás formarías parte de mi pasado, no tengo la seguridad de que algún día formes parte de mi futuro pero tengo claro que siempre has estado conmigo, tan presente como el aire que respiro como el sol que calienta mi piel, eres como la sangre que corre por mis venas dándome vida, casi imperceptible pero real; cuando hay un mundo de cosas que me distraen de respirar profundamente, aun así la función vital se cumple sin que ser consiente sigo respirando y así es como estuviste en mi todo este tiempo, como una función vital que sigue y sigue mientras este viva.

Cuando estoy sola y toco mi yugular, ahí estas, palpitante, vehemente, como la sangre que mana sin cesar, podre olvidarme a momentos de ti, sin embargo tu sigues fluyendo incansable dentro de mi bajo mi piel aun sin que yo me percate de ello.

Estas dentro… te siento tan intensamente que duelen las entrañas, una revolución en mi ser que no se como describir… pero estas, simplemente estas…

Aprieto la carta contra mi pecho y vibro de emoción al saber por fin su contenido, introduzco mi diario compruebo que cabe perfectamente como si la medida del joyero fuera exacta para resguardarlo, encima coloco tus cartas y todos las pistas de ti que reuní a lo largo de los años, migajas de pan cada una de ellas que me acercaron a ti.

Tomo tu epístola, la ultima, la que nunca me atreví a abrir, la beso y rompo el costado, temblando saco la misiva del sobre y desdoblo lentamente el papel imaginando como tus dedos fueron marcando perfectamente cada pliegue, odiándome por deshacer lo que tu hiciste, mi único consuelo es la recompensa de ver nuevamente tu caligrafía, leer la voz de tu alma que me reclama a gritos, ya lo sabia, tu me lo dijiste esa noche…

"En mi no ha cambiado nada"


-Candy hija ¿Qué sucede?

-Tanto señorita Pony… no se ni por donde comenzar.

-Por el inicio querida.

-Eso seria contarle prácticamente mi vida -dijo con una mueca semejante a una sonrisa.

-Toda tu vida la se, aunque no de tu boca; cuéntame lo que ignoro.

Candy miro a su madre, maravillada de su sabiduría, como siempre lo había pensado la señorita Pony la conocía mejor que ni ella misma.

-No me case con Albert.

-Si lo se, si estuvieras recién casada no habría esa sombra triste en tus ojos llenos de resolución. Ni tampoco estarías aquí nuevamente, estarías al lado de tu esposo como corresponde, La pregunta es Candy, ¿Por qué? Y no es lo obvio, que el Señor Johnson interrumpiera la ceremonia para comunicarles que la Señora Elroy esta delicada de salud.

-Anie se lo conto.

-Si, ella me lo conto y no como chisme, sino porque yo se lo pregunte, quería saber que tal había ido todo, me sentía muy inquieta desde hacia días, yo supuse que tu matrimonio era la causa… Candy quiero saber ¿Por qué?, sin minimizar el hecho de que la señora Andrew esta delicada, quiero saber por que ustedes dos no siguieron con la firma de las actas, no les hubiera llevado demasiado tiempo, por que prefirieron suspender todo y regresar en ese mismo instante.

No supe que contestar, yo… Albert… en el momento en que George interrumpió al juez a punto de estampar las firmas y comunico la gravedad del estado de la tía abuela, Albert dejo la pluma sobre el documento y me lo hizo saber alejándome hacia un costado.

Nos miramos a los ojos y creo que el entendimiento fue mutuo, me tomo de la mano y salimos de allí dejando a George que diera las explicaciones pertinentes a los otros miembros del clan que al instante salieron también del lugar, todos eran convocados por la tía abuela Elroy y así juntos regresamos a América.

Durante el viaje me pase la mayor parte del tiempo con Anie para mi sorpresa Albert no se molesto por esa situación el también parecía estar ocupado con George y Archie, creí que tal vez si se le hubiera propuesto al capitán del barco nos casaría, estábamos todos allí, estaba la convicción, los invitados, los testigos, nosotros… pero no fue así.

Cada vez que Anie intentaba decirme algo yo me disculpaba y me retiraba a mi habitación, William había pedido los camarotes separados lo cual agradecí mucho, no estaba segura que condición tomar después de todo lo ocurrido, si era su novia, prometida, su esposa como lo habíamos manejado desde que nos mudamos juntos o que "éramos" ahora, bajo que status nos regíamos, estaba muy confundida.

A cada paso se desprendía lentamente la nieve de las cúspides podía sentir mi piel erizar porque presentía que en cualquier momento una avalancha me sepultaría viva, tenia mucho en que pensar pero la mayor parte del tiempo transcurría en nada, en pensar y pensar en nada.

Los deja vu iban y venían una y otra vez, había una barrera entre Albert y yo como si algo en medio de nosotros nos separara, no había la intimidad de antes, no había confianza, no había esa tranquilidad flotando alrededor mas bien parecía una tensa y tirante calma.

Evitando tocar el tema de, "Que habíamos hecho en la semana que no estuvimos en contacto" Creí que querría saber porque corte mi cabellera pero el después de su cometario en la ceremonia no dijo nada mas, sin embargo ahora era yo quien lo sorprendía mirándome, observándome extrañamente como si no me conociera, como si tratara de convencerse que esta mujer de risos cortos y alborotados era yo, la Candy que conoció, la Candy de siempre.

Estoy segura, el sabia que yo ya no era la misma y que nunca, nunca lo seria. Lo veía auscultándome con cuidado, mirándome de lejos entre la gente, tenia ganas de echarme a sus brazos como antes, como siempre, pero simplemente no podía, mis pies estaban amarrados al suelo de madera del lujoso barco, solo nos sonreíamos a la distancia, cruzábamos miradas conciliadoras pero no había la intimidad de antes, no podía atribuírselo a que estábamos rodeados por gente que lo vería mal, ese cariño que siempre existió, esa complicidad y coquetería, ese sutil filtreo entre nosotros ya no se daba por parte de ninguno, tomábamos las alimentos juntos pero siempre en compañía de George, Anie y Archie en el salón comedor, incluso otros miembros del clan nos acompañaban.

Todo parecía normal, nadie hacia preguntas incomodas internamente lo agradecí, no hubiera sabido que contestar, hablaba poco, solo lo necesario, sonreía y bailaba por las noches con Albert pero parecíamos dos extraños, dos completos extraños que no confiaban en nada ni en nadie.

Era todo un mundo extraño estábamos claramente incomodos con aquella situación pero ninguno se atrevía a comenzar a hablar y esa no era buena señal puesto que ambos siempre fuimos sinceros, "fuimos" esa era la palabra clave, era mas que obvio que se quedo en el pasado.

La señorita Pony esperaba sentada y paciente en la banca de la capilla mi respuesta, esperaba en silencio a que yo me confesara pero las palabras se atoraban en mi garganta, las lágrimas fluían porque realmente mi mente era un nudo que no podía deshacer con lo sucedido en Inglaterra y con lo que sucedió al llegar a Chicago. Ella tomo mi mano y la apretó entre las suyas dándome confianza, le sonreí.

-A veces la vida nos pone encrucijadas, a veces nos pone pruebas para ver si realmente necesitamos lo que queremos, son dos cosas totalmente distintas; se nos sacude con fuerza para que reflexionemos si vamos por el camino correcto o si lo hemos errado, el tiempo es sabio Candy no desdeñes lo que venga, míralo sabiamente y acepta lo que no puedes cambiar, de nada sirve luchar contra lo imposible hay cosas que queremos pero no podemos hacer, hay sueños que deseamos pero a veces hay que dejarlos ir porque no es lo que esta escrito para nosotros, luchar contra la corriente cuando no se tiene el fin de "salvarte" es totalmente inútil y lo mas seguro es que esta termine ahogándote.

-¿Y como saberlo? -Dije sin pensarlo al recordar como fue que no pude retener a Terrence cuando el se fue de mi, cuanto por mas que le sostuve el se fue… arranco la prisión de mis brazos y se fue… no tuve el valor de ir tras el por muchos motivos, por las circunstancias, porque seria un infierno aquello, el me estaba dejando para que cumpliera con mi decisión sin ningún tipo de presión ni reproche y eso me dolió aun mas porque al fin supe en mi propia piel lo que el tuvo que hacer y soportar cuando…

-Candice

-Hola señor William -saludo mi madre al recién llegado con total normalidad.

Albert estaba parado en la puerta de la capilla, al fin había llegado el momento de hablar, después de lo sucedido en la mansión de Chicago hacia semanas atrás no pude quedarme ni un minuto mas en ese lugar, le dije que vendría aquí el solo asintió no me detuvo, había un solo lugar donde podíamos aclarar nuestra relación de una vez por todas. No sabía que resultaría de aquel encuentro pero ya no podíamos aplazarlo más. Salimos de la capilla en silencio enfilamos caminando despacio hacia la colina de Pony el lugar donde lo conocí, el lugar donde le reconocí.

-¿Cómo esta la tía abuela?

-Débil pero estable, no tan débil después de todo… -dijo el entre burlón y reflexivo- nunca dejara de ser la misma de siempre.

-Así es ella, nunca cambiara -dije con una sonrisa recordando como era exactamente Emilia Elroy aun postrada en la cama mas por mandato medico que por gusto propio jamás se desdecía de su palabra ni convicciones, tenia una voluntad de hierro, siempre hacia lo que para ella era lo correcto, pocas veces la vi flaquear pero solo por conseguir el mismo fin, dejar el nombre de los Andrew muy por lo alto. Tener que dejar Lakewood fue un golpe duro para ella, como lo fue la noticia de su venta para mí. Yo que no era de la familia y que solo había vivido allí una temporada, una de las mas bellas de mi vida aun lo añoraba, le extrañaba y era una lastima no poder caminar libremente por aquel lugar, estaba a punto de cumplir un mes desde que salimos del puerto de South Hampton y deseaba con toda mi alma visitarlo pero ya no era posible… eso me recordó las palabras firmes de la tía abuela y las palabras hirientes de Neil culpándome por todo.

-Candy -el llamado de Albert me saco de mis pensamientos- yo te quiero…

-Yo también Albert…

El silencio fue incomodo, estábamos sobre la colina mirando el valle, aunque era verdad que quería a ese hombre que se encontraba a unos pasos mis ojos miraban el pasto que empezaba a crecer y a vestir la colina, aunque le quería en mi mente solo había un hombre que había estado allí donde estaba parada ahora mismo exactamente bajo mis pies que podría jurarlo, su sola imagen me estrujaba el corazón.

Trate de espantar a Terrence de mi mente en ese momento porque necesitaba hablar con Albert con todos mis sentidos en total lucidez, ambos nos queríamos ¿por que estábamos así entonces? Tan lejos el uno del otro cuando siempre fuimos unidos otra vez esa barrera invisible pero dura y grande nos separaba no nos permitía acercarnos con la confianza de siempre.

-Eso que dijo Neil no es verdad -volvió a hablar pero no quise mirarle.

-¿A no? Entonces por qué razón vendiste Lakewood, Albert escuche… sin querer escuche lo que te dijo la tía abuela –su mirada no flaqueo pero pude ver un atisbo de resignación en su faz- Te sigue reprochando lo mismo, que no debiste venderlo, que era parte de la familia esa propiedad, que ahí están enterrados Anthony, Rose Mary, ahí esta el mausoleo de Stear, allí crecieron ustedes, ahí se criaron, ella no te disculpa que lo hayas hecho y cree que lo hiciste para… por mi. La misma razón que me echo en cara Neil.

Tu fuiste quien brindo ayuda a los Legan, es difícil creer que después de eso hayas tenido que vender Lakewood, no digo que las empresas no estuvieran comprometidas, que no tuvieran problemas pero si había forma de evitar vender esa propiedad que fue tu hogar, ¿por qué lo hiciste?

-Candy las cosas no son tan sencillas, Neil estaba tomado, se que quiere sinceramente a la tía abuela ella siempre los quiso mucho a el y a Eliza, -suspiro hondo- Lo que quiero decir es, no es tu culpa que la tía abuela este desmejorada en su salud, eso estuvo de mas, Neil no debió decir tal cosa, no debió culparte directamente a ti por ello.

-Entonces con eso admites que es verdad, que pudiste no vender Lakewood pero fue tu deseo hacerlo.

-Si, por otras razones también pero esa es la principal, quise vender.

-¿Por qué? ¿Lo hiciste por mí? Tal como lo dijo Neil, tal como lo dijo la tía abuela, ella también me culpa que te hayas ido a Europa.

-Candy, yo quiero hacer mi vida, la quiero hacer contigo, quería que comenzáramos solos tu y yo lejos de todo, empezar de cero en donde…

-Lejos de todo, ¿Qué quieres decir con eso? Que hagamos como que nunca existió el pasado, ¿que simplemente nos olvidáramos de el? si es así William esta bien… -el me miro sorprendido no supe si por mi respuesta o por llamarlo William a secas pro primera vez- ahora dime tu ¿pudiste?

-No comprendo.

-Quiero saber si pudiste vivir sin el pasado, quiero decir, ¿lograste tu cometido? ¿Lograste que el pasado se quedara atrás?

-Candy…

-Contéstame.

-Siempre hay un peaje que pagar, creí que podríamos cubrirlo sin el mayor problema, que merecía la pena hacerlo en pro de nuestra felicidad.

-Pero duele, no es así, nuestros pasados siguen allí, siendo parte de nosotros y el no aceptarlo duele…

-Si, en cierta forma, ese es el precio a pagar Candy, el desprendimiento, el estar dispuesto a comenzar de cero, ninguna felicidad es absoluta y creí, creo que la nuestra vale todo el esfuerzo.

Dijo con decisión, yo enmudecí, estaba de acuerdo con el, la felicidad el abrazarla, el aceptarla y decidir fincarla era una decisión que valía la pena, entonces que era lo que había pasado ¿Por qué la "felicidad" no era como la había imaginado en un principio? Por que no simplemente seguir hacia adelante, después de todo yo también deje mi hogar, el que consideraba mi hogar para ir con el, deje a mis madres mi vida tranquila y estable por iniciar una nueva aventura junto a Albert y el también dejo todo, a su familia, a la vida como la había vivido los últimos años, dejo a un lado ese mote de "el jefe de los Andrew, el patriarca" una responsabilidad muy pesada para cargarla solo, se esperaba tanto de el y lo primero que se esperaba era una esposa que estuviera a su altura, con abolengo, carisma y elegancia, no alguien como yo.

Entonces comprendí que Albert por mucho tiempo tuvo que planear y seguramente soportar reproches e insinuaciones de su familia, quizás ahora comprendía perfectamente por que había dejado pasar tanto tiempo, estaba preparando el terreno para poder unirse a mi sin el menor daño posible, si los dos habíamos hecho tales esfuerzos ¿donde estaba la recompensa? ¿Dónde?

-Candy hice lo que tenia que hacer, no fue un acto egoísta o tal vez si fue egoísmo de mi parte querer tenerte solo para mi, querer empezar contigo de cero lejos de todo aquello que te causo dolor una vez, quería que nuestras vidas al unirlas comenzaran una nueva historia llena de felicidad para los dos y…

-Y no sucedió como lo esperábamos ¿verdad?

-Si, no sucedió…

-¿Qué hicimos Albert? ¿Qué hicimos mal?

Nos miramos de frente, agitados, febriles, sabia que quería gritar, sabia que quería decir tanto al igual que yo por la impotencia de verse derrumbar lo que alguna vez quisimos los sueños prometedores que no se cumplieron, ya no había marcha atrás, habíamos hecho cosas que parecían no tener perdón, ahora un solo abrazo no era suficiente para sentirme confortada y segura, no podía echarme en sus brazos y buscar el refugio, el consuelo que siempre me brindaba para sentirme mejor ahora no podía el me miraba distinto no como antes, todo había cambiado definitivamente.

Y lo que dijo Neil… que yo era la culpable del desmejoramiento de la tía, desde que partimos a Inglaterra ella estuvo muy mal se sentía traicionada y herida, se sentía molesta por la venta de Lakewood, ella tan orgullosa por su estirpe aquel emblemático lugar era la gloria de los Andrew aquel lugar acogió a una camada entera de herederos, aquel lugar los vio crecer los perdió y acogió en sus entrañas, y según Neil la tía me culpaba a mi, me culpaba desde el mismo día en que entre en sus vidas, me culpaba de que William no llevara su responsabilidad de patriarca como debía de ser.

Aquel encuentro con Neil fue muy desagradable, a días de nuestra llegada el se encontraba allí en la mansión de Chicago, lo que transcurrió de la jornada lo vi con un vaso de Whisky en la mano. Por la noche los efectos del alcohol lo había desinhibido por completo y cometí el error de no marcharme de inmediato al coincidir con el en la biblioteca…

-Y volvieron, creímos que ya no volverían.

-¿Por que no habríamos de volver? La tía abuela nos ha llamado -dije, tonta de mi no debí seguirle el juego, la copa de Whisky en su mano y su voz un poco rasposa debió alertarme que no hiciera caso pero…

-Dime una cosa Candy, ¿Qué se siente destruir familias?

-¿Perdón?

-Desde que William se fue, la salud de la tía abuela desmejoro, no podía simplemente sobreponerse a la perdida de Lakewood y luego tener que ver como el patriarca se va, huyendo de sus responsabilidades

-Eso no es verdad, William trabaja mucho o más que antes en los asuntos de la familia.

-Querrás decir en los negocios pero en la familia… la muestra es que la tía no esta bien.

-Como te atreves a insinuar que William es el culpable -dije incrédula.

-Yo no eh dicho que el, sino tu.

-¿Yo?

-Vamos, no puedes ser tan ingenua, o tan tonta, ¿por que crees que vendió Lakewood? ¿Por que crees que te llevo lejos de todo?

-Nuestras decisiones no tengo por que discutirlas contigo

-Solo dime una cosa Candy -hizo una pausa, pero la voz amarga me decía que seria un reproche- ¿Por qué no se casaron? Todo se sabe en esta vida. No se han podido casar pero si viven juntos, ¿te parece que ese es el comportamiento correcto de un patriarca y de una dama que se las da de santurrona?

Me quede en silencio, nunca me había avergonzado ninguna de mis decisiones hasta ahora, la forma en como lo planteaba Neil se escuchaba atroz, ya no era una chiquilla para escudarme en mi juventud y rebeldía, era una mujer y el haber regresado en mi estado de "soltería" me pareció de pronto muy mal. Una cosa era ser la prometida de William y otra cosa era haber vivido con el y seguir siendo soltera. Podría alegar un sin fin de motivos pero a nadie le interesaría escuchar mucho menos entender, lo cierto era que yo seguía siendo Candice White ahora amante del patriarca de la familia Andrew, no era su prometida puesto que ya vivíamos juntos ni mucho menos su esposa, no lo era ante su familia, ni ante la sociedad.

De pronto me pregunte el por que ni el ni yo cambiamos esa situación, teniendo el tiempo para hacerlo ninguno de los dos lo habíamos hecho. Pocas veces me sentí insultada por Neil, por lo general me daba pena su estado, su enorme soledad ante la mezquindad y ligereza de su hermana pero esa noche me sentí muy por debajo, yo ahí no era nadie, era menos que nadie, me había convertido en la amante del patriarca ante los ojos de su familia y aunque tuviéramos Albert y yo las razones del mundo para seguir siendo solteros, nadie lo entendería, ni yo tampoco lo entendía.

-Ni siquiera te ha hecho digna Candice, seguramente tu "honorabilidad" no es su prioridad después de…

Mi pecho salto, nunca había escuchado algo como eso, ese tipo de sentimientos no eran los que compartía con Albert, entre el y yo no había ofensas, todo fue siempre tan natural, tan dejo de malicia, sin dobleces ni intenciones bajas, nunca le hubiera traicionado si no fuera porque Terry y yo… la culpabilidad me hizo su presa entonces Neil leyó mi corazón que deje al descubierto, había problemas en el paraíso y se lo deje saber, me di cuenta de mi error demasiado tarde.

-jajajajajajajajaja eres mas transparente de lo que crees

No pude disimular mi turbación, no estaba preparada para hacer frente a ese tipo de comentarios y la culpabilidad de mi traición no ayudaron en nada, en el pasado alegar que Albert a parte de ser mi amigo era un paciente que necesitaba mi amistad pero también mis cuidados como enfermera lo cual era verdad para mi era razón de peso para tenerlo viviendo a mi lado porque el estaba desamparado, ahora ¿Qué podía decir en mi defensa?

-Bien lo decía Eliza, te lo llevaste para atarlo a ti pero creo que el tío abuelo fue más inteligente aun…

-¡Basta, no sabes lo que dices! -dije a punto del llanto.

-Candy, Candy, si tan solo no me hubieras despreciado…

No lo podía creer, acaso Neil estaba insinuando que…

-Juro que hoy serias una mujer honorablemente casada, con hijos y feliz de ser una Legan.

En sus ojos no había tristeza sino rencor y resentimiento, seguramente alimentado por su hermana y madre.

-En lugar de eso, preferiste tirarte al patriarca y mira como te paga, no te salió la jugada ahora pagas el precio, nunca serás nadie, no lo fuiste ni siquiera cuando llevabas el apellido Andrew y a este paso mi querida Candice jamás lo volverás a ostentar.

Me quede muda, la cabeza me dio vueltas, Neil no gritaba, ni amenazaba como era su costumbre, era frio, su tono calculado estudiado perfectamente su lengua suelta por causa del alcohol sabia muy bien lo que decía creía firmemente en ello, sentí como si fuera una profecía de mi futuro y la sangre se me helo. Decidí salir de allí lo antes posible ya había sido suficiente con haber escuchado a la tía abuela reprocharle a Albert un montón de cosas entre ellas la principal y la mas grande, Yo.

-Espera Candy, ¿Acaso no lo habías pensado? ¿Por qué crees que realmente William vendió Lakewood? Te imaginas que hubiera sentido Anthony de saber que su tío, se casa y vive con la mujercita de la que el se enamoro. Seguramente no deja de retorcerse en su tumba -dijo con burla.

Me detuve en seco, no podía creer que estuviera diciendo esas perversidades, que manchara la memoria de Anthony de esa manera.

-Mejor aun, que diría la difunta y bella Rose Mary de saber que su querido hermano, se quedo con la chica de la que estuvo enamorado su hijo y sus otros sobrinos también. ¡Imagínatelo nada más! Todos los muertos de Lakewood estarán muy disgustados, como podría dormir William en esa casa, ¿como puedes dormir tú por las noches? ¿Por qué crees que te llevo lejos de todos nosotros? Nadie Candice, nadie ve con buenos ojos su "unión" y menos ahora.

Mis lágrimas rodaron, mi corazón se estrujo al escuchar tantas barbaridades, estaba segura que oía a Eliza a través de la voz de Neil.

-Si te hubieras casado conmigo todo seria diferente, no sabes como te hubiera hecho feliz.

-Yo nunca sentí amor por ti.

-Hubieras aprendido querida, acaso no lo hiciste así con William, mírame Candy, mira quien soy ahora, un gran y encumbrado magnate, serias una reina pero en cambio preferiste ser… no se, puedes decirme ¿que eres tu?

Me volví a encararlo, sentado en el fino sofá con aires de gran caballero, empujando el vaso contra sus labios y bebiendo lentamente el liquido ámbar, sus ojos destellaron con malevolencia, estaba desquitándose por haberlo despreciado y humillado frente a la familia, lo estaba haciendo de una forma muy fina, pero cruel. Solo el y yo y nuestra cuenta pendiente, desafortunadamente no tenia en ese momento ningún arma con la cual defenderme, mas que yo misma.

-Siempre me he regido por principios, por mis lealtades, en aquel momento yo no hubiera aceptado bajo ninguna circunstancia que me obligaran a hacer una vida que no quería, como esperabas que te aceptara así como así. Nunca fuiste bueno conmigo Neil lo tuyo solo era un capricho, siempre acostumbrado a tomar lo que te place y yo…

-Un capricho dices, no Candice, fuiste lo que yo desee con mas fuerza que ninguna otra cosa en el mundo pero me humillaste, entiendo que mi método de cortejo no fue el mejor pero mi sentimiento era genuino, despertaste en mi cosas que jamás había sentido, si me hubieras dado la oportunidad… en fin, -se levanto del sillón- lo pasado, pasado esta, el caso es que míranos, yo tengo lo que quiero, lo que me merezco y tu…

-Y yo soy feliz….

-¿En verdad? Lo dudo querida.

-Me tiene sin cuidado lo que pienses de mi Neil -dije dirigiéndome a la puerta dispuesta a salir de allí inmediatamente.

-A donde vas, aun no he terminado de hablar -Me tomo por el codo y me hizo girar- La tía abuela esta mal por tu culpa, desde que por tu causa separaste a William de esta familia la tía no hace otra cosa que sentirse cada vez peor, ella me importa mucho la quiero pero desde que William se fue contigo ella no tiene cabida en sus pensamientos para nadie mas…

-Entonces eso es lo que te molesta realmente Neil, que ya no tengas la atención de la tía abuela Elroy, tu problema no es conmigo ni siquiera con Albert, es contigo mismo y tu afán de tener siempre a tu disposición a las personas cada vez que se te antoje.

El me miro con furia por primera vez, le rete, no me amedrente ante el fuerte hombre en que se había convertido, nuevamente volví a sentir pena por el, Neil era un caballero elegante, de mucha galanura e increíblemente bien parecido, pero bajo toda esa finura de hombre de mundo había prepotencia, arrogancia, malicia disfrazada de exquisitez, estaba loco por amar, pero su forma de ser tan elegantemente déspota no le permitía intimar con alguien de corazón, estaba soltero aun, no se le sabia de algún compromiso formal, pude darme cuenta de cuanto estaba necesitando ser amado y amar de verdad pero el mundo en el que creció y en el que se movía el amor era una cosa secundaria, o quizás ni siquiera tenía parámetro en su escala de valores a menos que fuera de forma egoísta donde solo se quiere recibir, sin atreverse a dar.

-Tu eres la culpable de todo, -me zarandeo solo un poco- desde que apareciste en nuestras vidas lo arruinaste y aun estando lejos sigues causando estragos, tu crees que William es feliz teniendo que escoger entre su familia y tu, vendió Lakewood ¡cosa increíble!, conseguiste llevártelo y ahora no descansaras hasta enterrar a la tía abuela, ¡es tu culpa que ella no mejore!

-¡Neil! ¡Suéltala!

Albert no se contuvo y propino un fuerte puñetazo al moreno que solo se tambaleo hacia atrás mirándole con reto, Albert sobrepasaba a Neil en estatura pero ambos ya eran hombres sin ventajas fisicas, Neil había crecido y estaba en plenitud, hombre muy guapo y agradable a la vista pero toda el aura de galán desaparecía cuando mostraba su lado oscuro y amargo. Su cuerpo perfecto, su elegancia y belleza física masculina quedaban minimizados por ese cruel ego que poseía.

-Albert déjalo esta tomado.

-No tienes ningún derecho de tratar a Candice de esa manera.

Albert estaba fuera de si, lo toque para refrenarlo, estaba tan rígido que me asuste, su postura era amenazante, intimidante veía a Neil con rabia contenida, mientras el otro solo sonreía burlonamente, recordé que Albert vio a Terrence en la boda imposible no percatarse de su presencia en aquel salón con tan poca gente, creí que se desquitaría con Neil por tal atrevimiento de Terry al presentarse ese día, no estaba segura si Albert se entero que Terry estuvo en mi privado antes de... Temí que ellos se pelearan a golpes para sacar sus denuedos guardados, no se porque razón lo relacione pero podía jurar que así era.

-Márchate de mi casa, en estas condiciones no eres bienvenido.

Neil sin perder el aplomo se abrocho el saco lo aliso con lentitud y salió de la biblioteca sin decir nada mas, al pasar junto a mi pude ver el gesto de satisfacción en su rostro, no había nada mas que decir el daño estaba hecho ya. Incluso pude ver como lamia el golpe junto a la comisura de su labio con deleite como si saboreara una merecida recompensa, entonces lo entendí, cuando preguntaran quien lo golpeo, el gustosamente lo contaría, con su versión por supuesto y yo seria la culpable de ese enfrentamiento, lo había planeado todo, estúpidamente caí en su juego. Neil había superado a Eliza al fin, sin pleitos, ni rabietas, sin gritos, se había salido con la suya sin arrugar su fino traje siquiera.

Albert pidió que se retractara de lo dicho antes de que atravesara la puerta, Neil se negó simplemente ignorándole, como iba a retractarse si había verdad en sus palabras, el golpe fue en seco y certero.

Con la mayor dignidad posible le dije a Albert que no hiciéramos caso, que estaba tomado y que no seria bueno armar escandalo con la tía abuela postrada en cama, no se como me contuve amarre mis lagrimas y salí de la biblioteca, me dirigí a mi habitación por la que sentí tanta ilusión el día que entre en ella y la encontré remodelada para mi cumpleaños numero 18 por mandato de Albert, por instinto saque mi maleta y recogí lo indispensable, mientras lo hacia Albert llamo a la puerta con propiedad, le deje pasar se veía mas calmado, aquella casa me quedaba enorme, me di cuenta que yo nunca pertenecí ni pertenecería a ese lugar le dije a Albert que me marchaba, el no se opuso ni intento detenerme, dándole razón a Neil. Podía imaginar la sonrisa malvada en su bronceado rostro, el golpe embestido a William por mi salvoconducto fue demoledor onda expansiva que nos barrió a ambos, enormemente gratificante para Neil al vengarse de los dos.

Por mas esfuerzos que hiciera para remediarlo habíamos empezado con el pie izquierdo al regresar solteros, Neil no tardaría en contárselo a Eliza y entonces todo se volvería un caos, ella se encargaría de hacernos la vida imposible, aunque aparentáramos indiferencia la verdad es que era cierto y eso no podíamos cambiarlo, al menos yo no podría casarme en ese momento, eran tantas cosas y ahora esto, casarme solo para acallar rumores, ¿que clase de vida matrimonial comienza de esta manera?. Éramos adultos, distábamos mucho de ser los adolescentes del pasado, ahora el daño seria irreparable sabia que Eliza no se detendría hallaría la forma de poner en jaque a William por mi causa de alguna u otra forma tal como lo logro Neil.

Caí en la cuenta que ese tipo de situaciones serian recurrentes de habernos quedado en Chicago o en cualquier parte de norte América, seriamos familia y socios de un momento a otro por ese motivo o por negocios nos veríamos con frecuencia, comprendí las razones de William para irnos, ahora lo entendía bien, el precio que sobre todo el tenia que pagar era muy alto y eso solo hizo sentirme aun peor.

William distante, yo confundida, las circunstancias en nuestra contra y todavía faltaba aclarar mucho mas, la gran maleta negra y pesada que veníamos arrastrando desde Inglaterra aun no estaba desempacada, esperaba ansiosa y aterradoramente a que nos decidiéramos a abrirla.

-Albert, la familia Andrew nunca va a aceptarme… lo sabes bien…

Dije después de recordar el penoso incidente con Neil y de que la tía abuela se opusiera terminantemente al enlace de Archie con Anie, al final cedió por intervención de William ya que el lo aprobó desde un inicio, se sometió pero solo porque no tenia otra opción y con mi carta, quizás menos que nunca querría tenerme cerca quizás pensó que fui una atrevida por haberle hablado de aquella manera…

-Candy no digas eso.

-Escuche lo que te dijo la tía abuela, me culpa de que te hayas alejado, me culpa de que hayas vendido tus raíces y tiene algo de razón en ello, no tiene ninguna comprensión hacia ti, mucho menos la tendría hacia a mi. Yo ni siquiera sabía que venderías hasta que estaba hecho.

-Ella lo sabe Candy, se lo dije. Le dije que tú no tenías nada que ver con la decisión.

-A lo cual ella estuvo de acuerdo porque cree que lo hiciste no porque yo te lo pidiera sino porque… sabía que nadie aceptaría que yo fuera tu espo…

No pude seguir, las lagrimas se atoraban en mi garganta, Lakewood era uno de los recuerdos mas invaluables de mi vida, pensar que Albert quiso alejarme de todo esto para que el y yo pudiéramos vivir en paz para que el pasado se quedara aquí, me causo una profunda conmoción, la verdad era que el pasado siempre vuelve, nunca se va realmente forma parte de nosotros huir de el no sirve de nada, aquí estamos discutiendo por el pasado, quizás yo podría comprenderlo pero las otras personas no.

Sabia que aunque Albert no lo admitiera le dolía que la tía abuela no lo apoyara en su decisión, ella quizás se sometía a su voluntad pero siempre mostro rechazo a sus decisiones, yo fui testigo de ello y me dolió en el alma que siendo un hombre con la facultad de elegir sobre su vida, Albert todavía tenia que dar gusto a las cabezas mayores del clan, eso lo pude corroborar el día de mi suspendida boda, estaban las cabezas de los Andrew que vivían en Inglaterra solo para atestiguar que el enlace fuera legitimo y real. La vida de Albert era muy difícil de por si y yo venia a complicárselo todo aun mas. ¿Por qué tuvimos que enamorarnos? ¿Por que fue que Albert se enamoro de mi? ¿Por qué nunca pensé en todo esto que estaba sucediendo? Por qué me ilusione de esta manera creyendo que nuestra sola voluntad bastaba para ser feliz, que lo demás no importaba en absoluto pero me equivoque, creí que podría manejar mis sentimientos tan bien como lo había hecho antes nunca imagine que tendría que enfrentarme con mi amor… y que ese hecho derrumbara de una sola vez todo mi mundo rosa pastel.

En el pasado siendo joven no cometí ese error con Terrence y Susana, fui mas dura y critica con mis procederes y renuncie a el, ahora como adulta lo estaba cometiendo con Albert, volviéndome necia en querer cuadrar un circulo, encaprichada en ir contra corriente sabiendo que…

¿A quien culpar? simplemente se dio, no puedo culparlo por amarme, no puedo culparme a mi misma por querer ser feliz, mi error no fue ese, mi error fue encerrarme en mi mundo lejos de todo, en esa burbuja rosa donde aparentemente todo iba de maravilla por años todo fue tranquilidad, Albert iba y venia y yo le esperaba con ilusión, no me daba cuenta de lo que el tenia que enfrentar en su casa con los suyos me bastaba estar bien, tranquila y verlo feliz, siempre con ese optimismo que lo caracteriza, fui egoísta y me engañe al no aceptar mis verdaderos sentimientos por Terrence queriéndolos tapar con mis sentimientos por Albert fraguando una mezcla peligrosa que aumentaba mas y mas hasta que me exploto en la cara, dañándome y dañándolos.

Las arenas del tiempo engañan fácilmente a la memoria, tapando con sus partículas las ruinas de lo vivido; no se van siguen ahí, a veces destruyéndose lentamente, otras conservándose intactas por no ventilarlas por añorarlas continuamente, construiste esos castillos y nunca los habitaste llenándote de frustración, de amargura, de soledad y desesperanza. Pero ahí siguen incólumes porque uno es quien no se atreve a derribarlos de una buena vez. Como destruirlos si están hechos con todo el corazón, edificados de amor puro que nunca se entrego, que no esta gastado ni un ápice, son parte de mi, seria matarme a mi misma…

Ahora que el viento sopla tambaleando mis pasos ante sus fuertes ráfagas, las ruinas poco a poco van descubriéndose ante la cantidad de arena que las cubría, mientras mis ojos son ciegos por el feroz viento cargado de pequeños guijarros mis manos pueden palpar, mi corazón puede sentir, y mi mente abierta sabe exactamente lo que mis dedos tocan. Y yo preferí seguir ciega…

-Candy, no soporto verte llorar, me siento impotente y quiero salvarte, quiero evitarte el dolor, quiero cuidarte pero eh fallado en mi intento.

-Albert no puedes evitar que sufra.

-Pero es mi deseo, es mi obligación, yo soy quien debe cuidar de ti siempre, me lo propuse desde el día en que te adopte, desde que uní tu destino al mío.

-¿Obligación? -dije incrédula, lo mire y el también a mi, se quedo en silencio- Albert no puedes salvarme siempre, aunque tu lo quieras o aunque yo lo desee, no podemos evitar el sufrimiento del otro, hemos cometido un grave error…

-Candy… yo te quiero…

-Y yo a ti también pero creo que no es la clase de amor que debe unir en matrimonio a dos personas…

-No, estas equivocada.

-Albert yo también te quiero pero… -TG… no me atreví a pronunciar su nombre en este momento aunque mi garganta clamaba por gritarlo- Quiero salvarte de tu dolor, no puedo ver que sufras por mi causa, quise que cuando vinieras de tus viajes estuvieras feliz, intente hacerte feliz, fue sencillo en realidad y sin mayor complicación, charlábamos horas infinitas no había motivos para desacuerdos todo era maravilloso confió ciegamente en ti aun ahora, pero… nos olvidamos del mundo; nos seguimos de largo, yo me seguí de largo, creí que nuestra vida siempre seria así, pero no, eso era solo una ilusión tonta; como pude ser tan ciega… -dije sollozando ya no podía callar mas- llevamos tanto tiempo juntos que…

-Se nos hizo costumbre ser solo felices…

-Si…

-Y desde que nos enfrentamos a la realidad, aun con todos nuestros esfuerzos nada fue como lo creímos…

-Si… Te quiero, te quiero mucho pero…

-Pero no me amas…

Calle, con el corazón en vilo, no quería hacerle mas daño.

-Tranquila se que no me mientes, te creo, has amado antes por eso conoces la diferencia entre amar y querer.

-Perdóname, yo…

-No digas nada Candy, se… desde hace semanas se que tengo que dejarte ir… pero confieso que, quise hacer un ultimo intento por enamorarte de nuevo pero no pude, es difícil enfrentar la realidad y se que también a sido difícil para ti, y mas para el tener que cargar con nuestra necedad, no es justo para ninguno de los tres… quise hacer el esfuerzo, después de tanto tiempo juntos pequeña pensé que algo se podía salvar, que quizás descubriríamos que en realidad si somos el uno para el otro.

-Almas gemelas. Tu eres mi alma gemela, yo lo se.

-Siento lo mismo Candy por eso me cuesta tanto desprenderme de ti pero a veces las almas gemelas no están destinadas a amarse de la forma en que nosotros queremos hacerlo, forzándonos a mantenernos juntos cuando nuestros caminos solo van paralelos pero no se han logrado fundir para formar uno solo, creo que nuestros destinos están unidos por algún motivo pero el vivir como pareja no es, tu siempre serás parte de mi vida y cuando me necesites ahí estaré… siempre serás mi pequeña princesa a la cual defender, esa es mi obligación mi encomienda divina Candy y mi deseo…

-Albert… ¿Por qué nos confundimos? ¿Por qué?

-Quizás porque así tenia que ser simplemente, hay cosas que no tienen explicación que no las puedes evitar, que suceden porque esta pre destinado… Me enamore de ti sin saber quien eras en mi vida, cuando recupere la memoria y recordé fue un shock terrible, difícil de asimilar; irremediablemente enamorado de la novia del que fuera mi amigo, de mi hija adoptiva, de una mujer maravillosa que se desvivió por mi por encima de todos incluso de su apasionado amor, que hermoso suena eso ¿verdad? Volviste a mi dejándolo cuando mas te necesitaba y te confieso que internamente sentí una mezcla de dolor y vana satisfacción por ser yo quien estaba a tu lado y no el… aunque me dolía su dolor… fue una mezcla de sentimientos difícil de asimilar.

No me reproches por amarte, créeme que intente luchar contra ese sentimiento pero no pude, después de ver lo que sucedió, de verte tan triste, tan frágil, golpeada por la vida, me jure a mi mismo que no permitiría que volvieran a dañarte que haría lo que fuera por darte la felicidad que te mereces pero me eh dado cuenta que no esta en mis manos, quise ser tu héroe y salvarte pero… me hace daño el saber que por tus fuertes convicciones quieres quedarte a mi lado cumpliendo con tu promesa pero tu corazón ya no esta, Candy de quedarte te quiero completa no a la mitad, me lastima tenerte y ver que ante mis esfuerzos por cobijarte sigues teniendo frio, intentas con mucho esfuerzo rescatar lo nuestro, si hubiera el amor necesario entre nosotros no debería ser esto una agonía sino una convicción que aunque difícil estaríamos sonriendo pero juntos y mas unidos que antes, fui yo quien te convirtió en mujer haciéndome inmensamente feliz pero no eres mía, no eres para mi. Solo espero que no te arrepientas de haberme tenido todo este tiempo a tu lado, hice todo lo que pude para verte feliz, créeme…

-Te creo, yo… también lo intente con todo mi corazón…

Me lance a sus brazos como antes, la barrera había desaparecido, el me recibió con aquella ternura y protección de siempre, nos besamos en los labios pero no fue un beso de amantes, sino un beso casto de amor, de comprensión, de perdón, no había en nuestro dulce beso algún sentimiento que no fuera amor puro, de ese que esta por encima de sentimientos mundanos, de tiempos y distancias, conexión ancestral o divina, era como abrazar a un ángel.

-Voy a trabajar en un nuevo proyecto, tendré que viajar pronto y…

-¿Nueva Zelanda? -Albert me miro.

-¿Cómo lo sabes? Hasta ahora solo George… –Callo al instante. Vi algo en sus ojos y la conexión fue inmediata en ambos.

-Albert…

El me soltó y se alejo de mí un poco. Creí que lo hacia porque se daba cuenta que me lo dijo Terrence y si el lo sabia no fue por el discretísimo George, mucho menos por Albert, su respuesta y confirmación a mi aventurada y reciente sospecha nunca me la espere.

-Te lo dijo Terry ¿no es así?

-Si -no mentí, no tenia caso.

-Albert, tu…

-No digas nada, deja que yo hable tengo que decírtelo.

Escuche atentamente mientras relataba como conoció a Elizabeth Scott hacia como 6 años atrás precisamente en un proyecto realizado en Brasil, a partir de ese momento tuvieron comunicación y cuando ella elaboraba una nueva encomienda recurría a Albert y a su acero o simplemente recurría a el por alguna recomendación, el mundo en el que ella se movía era exclusivo de los hombres Albert siempre la respaldo en ese aspecto, luego coincidiendo con ella en un viaje a Nueva York después de la cena de negocios ellos tomaron algo y se ofreció a escoltarla a su suite y… sucedió, ellos enredaron sus destinos.

Mientras me lo contaba, me senté sobre la yerba y el a mi lado como en antaño, me sorprendí de lo que Albert me contaba, nunca me había hablado de otra mujer, nunca supe que el haya tenido relación con alguien mas aunque siempre sospeche de la enfermera que trabajo en la clínica donde el presto sus servicios cuando visito África de ahí en mas nunca supe que Albert hubiera tenido otro amor o a alguna chica importante en su vida, ahora que lo pensaba era tonto el era un varón impresionante, guapo, millonario, inteligente un verdadero caballero, como pude siquiera pensar que el siempre fue fiel a una chica tonta e inmadura en los temas del amor como yo.

El era un hombre hecho y derecho, y como hombre tuvo necesidades que yo no podía cubrir, por mucho tiempo esos sentimientos, esas mariposas en el estomago se quedaron en eso, en maravillosas sensaciones en la ilusión de la conquista, en la ferviente ilusión de un por venir, el era demasiado caballero y yo demasiado inexperta para exteriorizar mis sentimientos confundidos hambrientos de compañía de estabilidad y pertenencia, de no saber que hacer con ese amor que me quemaba por dentro. Nuestra primera vez fue en el viaje hacia Inglaterra, esa noche la primera en que zarpamos lo vi tan diferente, había un brillo especial en sus ojos y todo el exudaba sensualidad, difícil de pasar desapercibida aun para mi; se comporto mas encantador que de costumbre de hecho me intimido con su actitud de casanova, estaba seduciéndome de una manera que jamás pude imaginar, me hizo suya y por primera vez me sentí embriagada.

Fue hermoso, el se comporto conmigo paciente dulce y gentil, mareada por la champaña y por su presencia tan abrumadora me le entregue y no me arrepiento de ello, tuve algunos problemas para asimilarlo después cuando amanecimos juntos, me asuste al verlo allí junto a mi con esa cara de niño que duerme ajeno a todo con la felicidad pintada en el rostro, me mordí los labios y sacudí mis demonios, quería una aventura de vida con el, sentí que en ese momento comenzaba.

Albert siguió tratándome como una reina, no me abrumo mas de la cuenta me llevo con sutileza durante el viaje, veía que el ansiaba ese intimo contacto pero yo aun estaba renuente, no me fue fácil sobrellevar nuestra nueva condición pero el se comporto a la altura. Después nuestras caricias se hicieron mas atrevidas pero no teníamos demasiada intimidad, al ser su prometida y el conocido las miradas estaban sobre nosotros siempre, por eso le urgía que tuviéramos nuestro hogar, por eso me cumplió mi deseo de comprar aquella casa fuera de Londres en un pueblo pequeño donde nadie nos conocía no quería que yo me sintiera incomoda, se que el quería amarme con libertad pero la fecha de nuestro enlace se complico un poco, ya no podíamos esperar ya no quise aplazarlo mas, vivimos juntos y mantuvimos intimidad en pocas ocasiones mas por refrenarnos que por otra cosa, Albert era cuidadoso en ese aspecto el deseaba poder amarme por completo pero para eso debíamos estar casados por si algo sucedía producto de mi recién estrenada sexualidad activa.

Nunca se lo dije por pena pero se que el lo sabia, creí que las cosas serian diferentes después, que podría sentir ese ardor que el descaradamente mostraba por mi sin ninguna pena, me hacia feliz saber que lo hacia feliz pero algo faltaba… Albert era como rozar nubes de algodón una paz y dulzura infinitas pero no sentí nunca lo que el me hacia saber con sus gestos, con su boca, con sus jadeos extasiados.

En una sola noche Terrence me mostro que para el amor no hay condición o régimen que valga, el amor se da sin reservas, experto o inexperto el amor se manifiesta a si mismo… una vez desatado nunca se contiene.

Estaba sumida en mis pensamientos cuando Albert volvió a mencionar a Elizabeth, lo mire perpleja porque no escuche el resto de la historia, en mi mente resonó "Estuve con Elizabeth el lunes" parpadee incrédula ¿Acaso había escuchado bien? ¡Albert estaba confesando que se acostó con Elizabeth Scott mientras yo luchaba para alejarme de Terrence! Mi asombro creció hasta las nubes y sentí un cierto alivio, nunca creí a William capaz de la infidelidad entonces un fuerte dolor retorció mi corazón, ¿acaso yo le había sido fiel? No sabia como sentirme al respecto estaba en shock.

-Candy te juro que no fue premeditado, simplemente se dio… no tengo disculpa lo se, sabia que tarde o temprano debía decírtelo, perdóname no…

-Estuve con Terrence.

-¿Qué?

-Estuve con Terrence

El silencio reino por minutos entre nosotros, ninguno de los dos nos atrevimos a mirarnos, la brisa atravesaba el valle acariciando nuestros cuerpos, cerré mis ojos apreté los parpados con fuerza, quizás no debí decirlo, pero era absolutamente necesario. El suspiro hondamente.

-No me sorprende nada pequeña, era algo que ya sabia pero me negaba a creer, desde la gala del teatro todo cambio, esa noche no estuve contigo… La tormenta afuera parecía un presagio, no podía concentrarme en la junta tenia pavor e intente volver a casa pero no me lo permitieron, hubiera intentado cruzar el canal desbordado a nado si no fuera porque me amenazaron los policías de arrestarme si lo intentaba, la corriente era muy fuerte y no iban a arriesgar la vida de nadie por un loco como yo que pretendía cruzar una fuerte corriente a como diera lugar, estaba tan cerca de casa y a la vez te sentí tan lejos de mi, fue una experiencia aterradora quería estar a tu lado pero no se me permitió de ninguna manera, tuve que volver a la reunión completamente empapado, ahí Elizabeth se encargo de mi, quizás por eso fui débil aquella noche en su casa, no es disculpa lo se…

-Simplemente sucedió.

-Si así es… simplemente paso, nada fue planeado ni alevoso.

-Albert no se como decirtel…

-Estas de encargo.

-¿Cómo lo sabes?

-Toda tú me rechaza, al menos lo hacías hasta que te deje libre. El reino animal no es tan distinto al nuestro Candy, solo basta con observar para darse cuenta que no somos tan distintos y si ese bebé que esta creciendo en tu vientre fuera mío, créeme lo sabría.

-No estoy del todo segura aun pero…

-Lo estas pequeña, has cambiado, eres otra Candy,

-Perdóname.

-¿Qué tengo que perdonarte?

-Te falle.

-No, ninguno de los dos ha fallado aun, estamos a tiempo de remediar el grave error que estuvimos a punto de cometer, Terrence no puede culparnos por habernos enamorado, por haberme enamorado de ti e intentar enamorarte, no puede culparte por intentar ser feliz, y se que no nos culpa por ello porque de ser así, no estaríamos en esta situación. No hubiera ido a despedirse sin escándalos el día de nuestra boda de ti.

Elizabeth y Terrence son amigos, buenos amigos -note cierto celo en sus palabras y hasta ese momento fui consiente que yo no tuve celos por su infidelidad, recordé como Terry logro arrancármelos cuando menciono sus aventuras con mujeres que ni siquiera tienen rostro para mi, me sorprendí de nuevo- seguro ella le conto que pensaba llevarte a Nueva Zelanda, eso era lo que iba a hacer Candy, nos mudaríamos de ese lugar, eso si hubiéramos firmado… se lo conté a ella aquella noche que estuvimos juntos antes de… que nos mudaríamos a Nueva Zelanda, George sabe que iré por cuestiones de trabajo pero yo esperaba que te agradara el lugar y fincar ahí nuestra residencia definitiva.

Hizo una larga pausa mientras lo escuchaba tomar aire profundamente y soltarlo despacio como tratando de calmarse, no supe que mas decir.

- Ahora dime pequeña ¿como puedo ayudarte? Nuestro compromiso esta disuelto.

-Quiero comprarte la casa de Stratford.

-Es tuya.

-No, quiero pagar por ella, aunque me tarde toda la vida.

-Candy…

-Albert… sabes que no la aceptare de otra forma.

-Entonces la pondré a nombre de tu hijo.

-Entonces tendrá que esperar a ser mayor para poder habitarla.

El me sonrió, y yo también.

-El no aceptaría vivir así ¿verdad?

-No, no acepta nada que no sea ganado con su propio esfuerzo -sonreí sin poder evitarlo- ni siquiera se si el… le hice mucho daño igual que a ti. –las lagrimas rodaron nuevamente, pensar que quizás Terry nunca volvería, nunca mas querría saber de mi, era como revivir el pasado de nuevo cuando lo creí perdido para siempre.

-Ya basta de auto compadecernos, ya no quiero verte llorar mas o iré por el y…

-¡No! Por favor no lo hagas, por favor…

-Tienes razón ya no debo inmiscuirme, pero cualquier cosa que necesites sabes donde puedes buscarme, será difícil no verte todos los días, te extrañare pequeña…

-Y yo a ti, Albert…

-¿Si? -me ayudo a levantarme.

-Te devuelvo el joyero que me regalaste.

-Es tuyo, yo te lo obsequie.

-Pertenece a tu familia, debe estar contigo.

-Candy, no pertenece a mi familia.

-Pero tú me dijiste que pasaba de generación en generación que era muy antiguo y valioso

-Si eso es verdad, ese es el origen del joyero paso de generación en generación pero no pertenece ni perteneció a los Andrew, ese joyero lo compre en una subasta en Nueva York, cuando estuve con…

-Elizabeth

-Si, cuando coincidimos en ese proyecto, la acompañe a una subasta de antigüedades me encanto la historia del joyero de Damasco, mientras narraban la historia de Faghira pensé en ti, lo adquirí pensando en ti, es tuyo Candy, no te atrevas a devolvérmelo, ¿entendido?

-Gracias Albert, -Mi corazón latió agitado, sentí inmensas ganas de llorar y no entendía por que, juntos llegamos al hogar de Pony, nos despedimos prometiendo jamás romper nuestro contacto, cuando lo vi alejarse mi pecho no dejaba de brincar aun, tenia un presentimiento algo me inquietaba, la señorita Pony salió a mi encuentro.

-Arreglaron sus asuntos por lo que veo.

-Si, mamá.

-Me alegro mucho por ustedes Candy, son buenas personas ambos. Por que tienes esa cara, ¿Qué sucede?

-No lo se, siento algo en mi pecho, no estoy del todo segura de haber dejado ir a Albert, no se que me pasa, me duele dejarlo ir…

-Candy, mírame, recuerdas la historia que te conté del hilo rojo del destino, recuerdas que el hilo rojo del soberano llegaba a una pobre y humilde mujer con un bebé en brazos que el soberano rechazo como su destino.

-Si lo recuerdo, uno no puede escapar a su destino.

-Así es Candy, pero esa no es toda la moraleja de la historia cariño. El soberano estaba atado a esa mujer para siempre porque ella era la cohesión con su futuro, con su destino; ¿me entiendes Candy? Ella era su destino era parte de el, pero el hilo rojo no terminaba ahí, iba mas allá aun…

Mire a mi madre intentando entender y me volví a mirar el automóvil de Albert desapareciendo en la vereda,

Albert, mi príncipe de la colina, Albert salvo mi vida, me adopto, me envió a Londres, Terry, conocí a Terrence gracias a Albert, Terry entro en mi habitación por causa de el, el Blue River… nuestro punto de encuentro era la cabaña de Albert en el zoológico , los disfraces en el festival fue lo que permitió nuestro primer beso aquel día, las vacaciones en Escocia que Albert pago me permitieron vivir el verano mas bello de mi vida al lado de Terry, Albert me envió a Rockstown para que me encontrara con Terry, el me llevo de nuevo a Londres y compro la casa que Terry ideo para… en el joyero que el me obsequio guardo las cartas de… ¡Albert es quien me acerca a Terry! Concluí asombrada, Mi madre pareció leer mis pensamientos.

-Ahora lo entiendes.

-¿Por qué nunca me lo dijo?

-Tenias que descubrirlo por ti misma cariño, si te lo hubiera dicho sin pasar por todo lo que has pasado nunca lo hubieras creído. Las cosas no suceden porque si, siempre hay una razón de ser y puedo jurar que, esta separación definitiva entre el Señor William y tu es por…

-Terrece… el joyero, Anie dijo que había una carta, ella pensó que por ese motivo yo…

-¿Qué carta?


Febril y eufórica, mientras empacaba sin detenerme le conté a mi madre que me iba a Londres, le dije mi sospecha de embarazo con profunda alegría e ilusión, cuando recapacite creí que ella me reprocharía el haber sido desleal a mi compromiso con Albert, pero no fue así. Me despedí de mis dos madres y por primera vez después de muchos años me sentí libre, me sentí la Candy de siempre que no huye sino que va a encarar su destino, que va corriendo a encontrarlo, sentía el corazón tan ligero y temeroso por lo desconocido, clara señal de que hacia lo correcto. No sabia que me esperaba allá, mis recursos eran bastante limitados solo me permitirían comenzar, no estaba segura si volvería a ver a Terrence pero sabia que mi hogar era aquel, el hogar de Pony que tanto adore dejo de ser ese refugio al que siempre desee volver pero ahora tenia urgencia por forjar mi propio hogar y ese estaba en Inglaterra.


-¡Candy! Por dios que te sucede, respira mujer, respira,

Me dijo Anie al ver mi agitación al entrar en su casa como un huracán, Archie venia saliendo del estudio, asombrado de verme ahí en su casa sin previo aviso, se acerco a recibirme.

-Anie, Anie, -dije recuperando el aliento- dime que decía la carta.

-¿Qué carta?

-La carta que venia con el joyero, esa que leíste, esa de la que me hablaste, dime por favor que decía la carta…

-Pero… no entiendo, ¿Qué sucede?

-Dímelo, ya se que ese joyero no pertenece a los Andrew, Albert lo compro para mi, no se por que confundí la versión y creí que era una herencia familiar de los Andrew.

-En efecto Candy no pertenece a la casa Andrew.

-Hola Candy, que sorpresa -dijo Archie divertido al ver que ni siquiera lo había saludado- pero siéntate o te caerás, estas blanca como un papel.

Me deje llevar por Archie hacia la sala pero por mas que intento no pude sentarme, no podía detenerme ahora. El seguía hablando pero no escuchaba sus palabras.

-¿En la carta dice a quien perteneció ese joyero?

-Si

-¡Dímelo! -urgí.

-A eso has venido solamente, ni siquiera has saludado, ni a tus sobrinos.

Anie pidió a la mucama que llamara a los niños y yo a punto del colapso nervioso sabia que lo hacia a propósito.

-De que hablan, ¿Cuál joyero? ¿Qué carta? No entiendo nada -decía Archie desconcertado pero ninguna de las dos atendíamos a sus dudas.

-Anie me voy a Inglaterra.

-¿¡QUE! -dijeron los dos al unísono.

-Fijare mi residencia allá, voy sola.

-En ese caso hermana no te lo diré, dejare que lo descubras tu misma, es tu derecho.

-¿Por qué te vas? ¿Y Albert? -Archie estaba confundido pero no podía detenerme a explicarle.

-Esta bien lo entiendo Anie, entonces me voy -me dirigí a la puerta encontrándome en el camino a mis dos adorados sobrinos, los abrace y bese en las mejillas, los acaricie con ternura y con ese solo gesto Anie lo supo todo, me sonrió en aceptación y complicidad.

-¿Tienes que irte ahora?, así, ya, ¿tan de golpe? –dijo ella con calma aunque sus ojos ya brillaban de humedad.

-Si, no puedo esperar más. Me voy Archie, cuida bien de mi hermana y de tus hijos sean muy felices los amo a ambos… -dije abrazándolos con cariño las lagrimas no se hicieron esperar, no sabia cuando volvería a verlos ni bajo que condiciones, quizás algún día pudieran comprender que tenia que buscar mi felicidad, esperaba que algún día lo hicieran- Explícale a Archie, tengo que irme.

El matrimonio Cornwell abrazados en el umbral de su casa vio a Candice White salir como viento fresco, como una ráfaga buscando la salida del cañón profundo oscuro y empedrado hacia campo abierto.


Ya no tenia mas dudas estaba embarazada, iban a cumplirse según sus cuentas 4 meses de gestación, 4 meses desde que se entregara a Terrence allí en esa casa que el compro con toda la ilusión del mundo, el hogar que proyecto pensando en un futuro juntos. Su vientre no mostraba ningún cambio aun, pero ella se sentía completamente distinta, el trabajo no era muy pesado pero en su estado de gravidez llegaba muy cansada a casa, por la prensa escrita se entero que Terrence Graham estaba en Francia, suspiro, le extrañaba tanto y extrañaba la compañía de Albert.

Aun así se sentía contenta por volver a trabajar como enfermera en la clínica del pueblito, había pocas emergencias mas que nada mujeres a punto de parir y chiquillos lesionados pero nada de gravedad, con la paga se mantenía a si misma volvía a experimentar le estrechez económica, no podía olvidar que tenia una cuenta pendiente con Albert, ahorraba todo lo posible para juntar una buena cantidad y entregársela para sentirse mas segura y dueña de esa casa.

Había limpiado por completo la biblioteca y ahora lucia desierta solo con los muebles pero sin vida, se sentía apenada de haberla destruido de aquella manera tan bárbara, decidió perdonarse por ello y no pensar mas en el asunto, tenia otra deuda mas con Albert y con Terry.

Al quinto mes, su vientre era una sutil línea redonda, al fin podía atestiguar que sí había un bebé allí, con el vientre desnudo y frente al espejo pasaba largos momentos mirándolo y acariciándolo, estaba feliz pero a la vez melancólica, el sonido de un auto en la acera la hizo bajar para atender la puerta.

-¡Albert!

-Hola pequeña, ¿Cómo estas? ¡Te vez preciosa!

La llegada de Albert la lleno de alegría y todo volvió a ser como en el pasado, charlaron bastante de sus proyectos, de como llevaban sus vidas, Albert pudo notar el gran cansancio de ella y que su vida no era nada parecida a la que llevo con el, su corazón se encogió al ver la raquítica despensa, Candy lo sorprendió husmeando su cocina.

-Estoy bien no te preocupes, no me vez desnutrida ¿o si? Tengo lo necesario para vivir, tengo el fruto de mi trabajo y eso es suficiente.

Albert se trago su impotencia pero sabia que ella tenía razón, ya habían vivido juntos en esas condiciones antes y habían sido muy felices aun más que cuando lo tenían todo a manos llenas.

Albert sustrajo de la casa todas sus pertenencias y el viejo piano de su abuelo, se asombro al ver la biblioteca desmontada, Candy tuvo que decirle porque estaba así. Albert movió la cabeza dándose cuenta que se habían hecho daño ambos sin proponérselo, todo por empeñarse en cumplir con un deber, con seguir firmes en vivir un sueño que no les pertenecía.

Candy lo invito a quedarse en la casa por los días que el estuviera en Londres, el acepto encantado, le conto que seguía trabajando con Elizabeth y que quizás habría algo en el futuro para ellos dos, Candy se alegro mucho por el, merecía ser feliz con una mujer que lo amara por todo lo que el era, tenia que reconocer que desde que conoció a Elizabeth vio algo extraño en ella, era amor, estaba enamorada de William, ellos mantenían cierta amistad desde hacia años pero nunca nada serio, Elizabeth sabia que el amor de William perteneció a ella pero ya no.

El ultimo día de su estancia se sentaron en la terraza a tomar el té viendo el atardecer veraniego, se despidieron con nostalgia Albert entro en la casa y tomo sus maletas, regreso para encontrar a Candy tendida sobre una manta entre los narcisos que rodeaban la casa, la miro a lo lejos suspiro hondamente se debatía entre dejarle el dinero que ella había logrado reunir por el pago de la casa en la mesa de la cocina o no hacerlo.

No quería aceptarlo pero sabia como era Candy, de no hacerlo era capaz de buscar otro lugar donde vivir. Se dio la media vuelta y por la ventana vio la silueta de un hombre alejarse a toda velocidad por la acera. Salió a toda prisa detrás de el.

-¡Espera! No puedes mantenerte alejado ¿verdad?

-Escuche que, pondrías en venta la casa de nuevo y quise venir a… quería saber si ya estaba ocupada, eso es todo, no vine a…

-Los nuevos dueños están allá atrás, quizás lleguen a algún arreglo. –giro sin decir nada mas dirigiéndose a la cochera.

-¿Te vas? -dijo Terry desconcertado de la tranquilidad del rubio.

-Si, la casa ya no es mía.

-Entonces volví a perder mi oportunidad, la casa esta vendida.

- Yo pensé que Terrence Graham Grandchester no es de los que se rinden tan fácilmente.

Sin esperar respuesta, se monto en el auto y se marcho dejando a un Terry confundido, se escucho un tango en la consola inundo por completo el aire con sus notas musicales, el viento soplo suavemente llevando entre sus brazos el aroma de los narcisos, el cerro los ojos y aspiro profundamente llenando su pecho de nostalgias, el tango lo conocía bien el corazón le salto en el pecho, como hipnotizado camino lentamente rodeando la propiedad llego al filo de la terraza, miro alrededor, el lugar se veía desierto, solo el tocadiscos seguía interpretando bajo la fina aguja el tanto una y otra vez, se giro, había en la mesa dos servicios de té, uno era de Albert y ¿el otro?

Entonces reconoció el pañuelo bordado olvidado en la mesa, lo tomo y aspiro su perfume a rosas, levanto la vista y entre los narcisos una imagen estaba sentada entre ellos mirando con dirección al rio, apoyada hacia atrás con sus brazos la cabeza recargada en su hombro, sus cabellos habían creció un poco mas, su corazón salto embravecido, era ella.

De pronto se levanto con cuidado, muy despacio se encamino hacia los arboles del fondo, Terry la siguió en silencio, extrañado, Albert dijo que los dueños de la casa estaban aquí, pero solo había una persona, Candy; Albert dijo que la casa ya no era suya no entendía nada.

Como lo dijo su rival de amores claramente, "no podía vivir apartado de ella" aunque se lo propusiera no podía. Supo que la casa estaba en venta, cuando fue a pedir los informes le notificaron que ya estaba ocupada nuevamente, su sorpresa fue enorme al ver a Albert salir en dos ocasiones de la casa, se le veía feliz, creyó entonces que ellos habían tomado la decisión correcta, eran dichosos, el ya no debía interferir, ni importunar a Candice.

Pero ¡maldita sea su suerte! Quería verla, el saber que ella estaba ahí lo desquiciaba, quería verla aunque fuera de lejos, no podía apartarse, quizás no podría hablarle pero quería mirarla, la cabeza le dio vueltas, miro en todas direcciones, no había nadie cerca; el tango seguía y seguía el mismo que fue el marco de su primer encuentro, eso solo lo sabian el y… Candy.

Candy era la dueña de la casa pero…

-¡Pecosa!

Vio como ella se detuvo en seco, y su postura erguida disminuyo ante sus ojos, vio su figura ensanchada, la cintura mas estrecha las caderas rebosantes le pareció tan hermosa, aun mas que antes a sabiendas que el cambio de su cuerpo se debía a que ella estaba siendo amada vigorosamente por…

Los celos se encendieron como hoguera, sus ojos llamearon de envidia, ella giro muy lentamente frente a sus ojos, su cara dura se suavizo de inmediato al ver como su vestido se apretaba en su vientre apenas muy suavemente, muy sutilmente en línea curva, ella estaba en silencio mirándolo con los ojos llenos de lagrimas, por un momento no supo como reaccionar entonces las palabras de Albert resonaron en su cabeza:

"Los dueños están ahí atrás"

"La casa no es mía"

"No eres de los que dejan de luchar"

Abrió la boca con asombro y se encamino hacia ella con prontitud, Candy no lo pensó dos veces y salió a su encuentro con los brazos abiertos el la recibió con desesperación tocándola toda, apretándola contra su cuerpo enredando sus dedos en su cabello, quiso fundirse con ella en ese preciso momento, Candy lloraba a mares anclada a su cuello con fuerza.

Desde la distancia Albert los miro por la ventanilla de su auto, se besaban desesperadamente, Terry la tocaban sin pudor por todo el cuerpo, ella no se separaba de el, se decían cosas mientras se devoraban los labios, seguramente los muy tontos no se cansaban de pedirse perdón, ¿Cómo se puede pedir perdón por tener el privilegio de amar de esa manera? cuanto amor desbordado apasionadamente exhibían ante sus ojos, Candy nunca se comporto así con el, sintió un pequeño dolor en el pecho pero sabia que desaparecería algún día.

Elizabeth y su embarazo de 5 meses lo tenían loco de felicidad. Se había casado con ella hacia dos meses atrás en el mismo momento en que se entero, no pidió documentos ni presencia de nadie, el simplemente la tomo y la llevo ante el juez. Elizabeth no podía creerlo, quiso refrenarlo muchas veces pero el no lo permitió. Enlazo su vida a ella porque sabia en el fondo de su ser que la felicidad que tanto deseaba ella podría ser su coparticipe, por alguna extraña razón estaba seguro y no se equivoco, se llevaron muy bien desde el inicio, ella acostumbrada a ser autosuficiente tuvo que doblar las manos ante un esposo cariñoso sin miedo al trabajo domestico, no conocía de Albert esa faceta y la agradecía profundamente, ambos se complementaban, cuando hacían el amor Albert se sentía cada vez mas lleno y feliz, la imagen de Candy había desaparecido para dar paso a esa felicidad que siempre deseo sentir y que ahora era una realidad, era cierto siempre serian especiales en la vida del otro, eran almas gemelas.

Albert se sintió satisfecho de ver a ese par al fin juntos, su pequeño amor estaba al fin en los brazos correctos, sabia que cuando Terry viera a Candy nunca mas se separaría de ella bajo ningún motivo, ni siquiera lo hizo creyendo que ella estaba casada ahora sabiendo que seria padre seguramente la llevaría directo al juez tal como lo hizo el con Elizabeth, no como una decisión razonada sino como una decisión hecha con el corazón, sabia que Terry nunca se alejaría de Candy, así como ella nunca se alejo de el.


Sound Track:

Yo vivo por ti,

Litzy.

Litac

Que puedo decirte para que dejes de llorar… solo que espero que te haya gustado¡

Sasyta

Jejeje pues hasta ahí le había dejado porque hasta ahí se seco la neurona jajajaja espero que este capitulo haya remediado la tristeza anterior =)

La neni

Siempre eh creído que el buen Albert pues por ahí tenia sus quereres bien escondiditos jejeje porque el es todo un tipazo¡ eso si bastante discreto el muchachón jejeje espero haber cumplido con tu expectativa de "emocionante" Saludos¡

Kary Kary

No sabes como eh traido tu frase de "Se muerde uno y la mitad del otro" jajajajjajajajajaja me a encantado¡ pero definitivamente ese es mi Terry sabe fajarse los pantalones cuando debe¡ pues ahora si, el epilogo ya esta, que lo disfrutes.

Princes Grandchester

Jejejejeje la historia no se acaba hasta que leas FIN jejeje y esta aun no termina¡ =)

Tamy White

Jejejeje Tamy espero que te haya gustado la arreglada del capitulo =)

Galaxylam

Holaaaa¡ jejeje pues no contabas con la astucia de la tía abuela y George Galaxy jejeje espero que te haya gustado =).

Akane

Holaa te deje un msj privado, solo me resta decirte que muchas gracias por todo lo que me dices respecto a la historia y respecto a mi forma de escribir, aprecio en el alma tu interés, espero que me hayas hecho caso y vinieras a leer el capitulo final y el epilogo, ya me cuentas que te parecio.

A todos los que han seguido mi historia muchas GRACIAS¡ Animense a dejar un mensajito sus opiniones son mi paga aunque estoy feliz porque esta historia tiene casi 1100 hits¡ y eso me pone muy feliz porque no recuerdo que haya pasado del 1000 antes .

Pues ahora lo ultimo el Epilogo que lo disfruten¡

CRECI MADURE SIGO SIENDO ORGULLOSAMENTE TERRYTANA¡