¡¡Volví! Si! Bueno, perdón por el retraso pero creo que podre actualizar solo los fines de semana… Maldito estúpido cerdo cochino inmundo tal por cual de ese condenado que tengo de profe de biología. Debe morir! (esa tarea de tres páginas… nah, en verdad ese tipo esta medio tocado, no?) Bien… Espero que le guste este capítulo, lo pensé mucho nn (asi pasó las interminables horas de historia, pensando fics xD). Y pues, bueno, que lo disfruten y eso.
Naruto no es de mi propiedad, solo tomo prestado sus personajes nn y eso.
Perdón por faltas de ortografía y gramática y esas cosas…
Este capítulo esta dedicado especialmente.

Mi casa

Sakura había insistido en que la fuéramos a buscar al finalizar su turno. No quise ir pero Naruto me sacó de mi casa y me arrastró al Hospital de Konoha.

- Ay, Sasuke, ¡si no fuera por nosotros serías un antisocial! ¡Te pondrías una máscara y una capa negra y andarías caminando así por tu casa! Como… como este… como se llamaba… Este… Espera, yo sé… Este… este tipo loco…, mmm, ¿cómo se llamaba? – decía mientras llegábamos al hospital, puso su dedo en su mentón y una de esas caras pensativas que mas bien que trasmitir seriedad daban risa.
- El Fantasma de la Opera, Narut – dijo Sakura que acaba de aparecer detrás de la puerta de un consultorio pero antes que pudiese terminar la frase Naruto ya había hablado de nuevo.
- ¡Si! ¡Eso! ¡Vas a aparecer el Fantasma de la Opera, Sasuke! Mmm, tal vez haya que hacerle un par de cambios al nombre, ¿no? – me dijo mirándome con una de esas sonrisas burlonas – Mejor Sakura-chan y yo empezamos a ahorrar para comprarte un órgano – añadió mientras su cara sonrojada le sonreía a Sakura. Ella se limitó a verle con esas caras de divertida resignación.
- No lo molestes más, Naruto. De seguro ha sido terrible todo el camino, ¿no, Sasuke-kun? – dijo mirándome a los ojos. Mi enojo era evidente.
- Hmph… - fue todo lo que salió por mi boca.

Sakura nos dijo que la esperáramos un poco. Tenía que guardar su bata y un par de cosas en su casillero. Naruto esperaba pacientemente a Sakura, la sonrisa de tonto enamorado no abandonaba su rostro. Yo lo veía con fastidio, miraba a mí alrededor y me daban ganas de vomitar. El olor de médico y estar en los hospitales nunca me ha gustado. Siempre he tratado de evadirlos.

- Lo siento por la espera, chicos – dijo Sakura caminando hacia nosotros. Tenía un bolso de mano y se le notaba cansada. Naruto debió notarlo porque su sonrisa decayó un poco. Nos disponíamos a ir cuando una enfermera rubia y regordeta nos detuvo.
- Sakura-chan, cariño, Tsunade-sama quería verte antes de que te fueras – nos regaló una cálida sonrisa. Me recordó a mi madre. Mi madre siempre me sonría con ese tipo de calidez.
- ¿Si? Bueno, gracias Tomoe-san – luego se volvió a dar vuelta hacía nosotros - ¿Me acompañan un momento a la oficina de Tsunade? Tiene una oficina especial aquí en el hospital así que no tendremos que ir a la oficina oficial del Hokage – Naruto asintió feliz como siempre. Al parecer tenía alguna relación con esa vieja de Tsunade.
- ¿Qué querrá la vieja esta vez? – dijo Naruto despreocupadamente mientras caminábamos a su oficina. Naruto no vio venir un golpe.
- ¡Más respecto, Naruto! – gritó Sakura indignada. Apresuró el paso dejando a un adolorido Naruto detrás.

Sakura tomó la manilla de la puerta pero no avanzó más. Tenía una extraña expresión y cuando Naruto abrió la boca para gritarle de que qué pasaba ella lo silenció tapándole la boca. Su completa atención en lo que había detrás de la puerta.

- ¡Sakura! – se escuchó un fuerte gritó. Sakura se tensó y pegándose con la mano en la frente se maldijo por lo estúpida que era - ¡Siempre te he dicho que es mala educación escuchar conversaciones ajenas! – Sakura abrió la puerta y asomó su cabeza - ¡Sobre todo si andas con ese baka de Naruto!
Ahí Naruto entró en acción entrando de golpe en la oficina del Hokage. Luego de Sakura entré yo. Naruto estaba apuntó de chillar algo cuando se detuvo en seco.
- ¿Shi-shikamaru…? ¿Qué estás haciendo aquí? – fue lo único que oí decir de Naruto. Al notar su presencia fruncí el seño. Shikamaru suspiró fastidiando y evitando a Naruto se volvió de nuevo hacía Tsunade.
- Entonces, Hokage-sama… Podría traer el libro pero necesitaría un per --
- ¡Hey, Shikamaru! ¡Te estoy hablando! – le cortó Naruto. Shikamaru puso sus manos en sus oídos.
- ¿Podrías no gritar tanto? – dijo de un tono perezoso.
- ¡Baka! ¡No ves que Shikamaru me está explicando algo importante! – dijo Tsunade mientras sus puños casi rompen la mesa.
- No tienes porque enojarte tanto… - dijo Naruto cruzándose de brazos. Sakura suspiró resignada – Vieja loca… - agregó por lo bajo y Sakura casi entra en shock.
- ¡Naruto! ¡Más respeto! – gritó Sakura. Shikamaru tenía los ojos cerrados y sacudía su cabeza levemente mientras murmuraba algo de lo problemático que era todo esto.
- ¡Tu! – gritó Tsunade y un chakra asesino se hizo presente - ¡Eres un baka! ¡¿No ves que estoy en algo imprortante, aquí! ¡Y espían mi conversación además! – se fijo en Sakura que retrocedió aterrada – Yo deb --
- ¡Tsunade-sama! – interrumpió abriendo la puerta de golpe la ayudante personal de Tsunade. Toda la furia que experimentaba esa vieja se fijó en ella. Pero ella pareció ignorarlo - ¡Tsunade-sama, la condición de Hyuuga Hinata ha empeorado! ¡Está en situación crítica!
- ¿¡Qué! ¿¡Hinata-chan! ¿¡Qué le ha pasado! – dijo como histérico Naruto. La cara de Tsunade se volvió seria y salió corriendo de la oficina seguida por su ayudante.

Naruto no dudó ni un segundo en correr detrás de Tsunade. La expresión que tenía esa chica cuando entró en la oficina hubiera preocupado a cualquiera. Está en situación crítica. La frase se repitió en mi cabeza varias veces. Detrás de Naruto fue Sakura, sin más remedio fui yo también y sentí como Shikamaru suspiraba y se unía a la pequeña caravana.

Situación crítica… Hinata había salido del hospital un par de días después que habíamos vuelto de la misión. Era un veneno muy común y solo fatal si no se le trataba. Además nos habían dado libre luego de esa misión. Entonces, ¿por qué? ¿Por qué en situación crítica?
- ¡Hey, Hinata-chan! ¡Kiba! ¡Shino!
- Ah… Ho-hola, Na-naruto-kun… Sakura, U-uchiha-san…
- Hola, Kiba, Shino-san.
- Hola, ¿cómo están?
- Bien, ¿y ustedes?
- ¡Hey! ¡Hey! ¡Hinata-chan, ¿te encuentras mejor! Ese kunai te dejó bastante mal, ¿eh?
- Ah… eum… no… no fue na-nada, Naruto-kun…
- ¡Pero, Hinata-chan! ¡Debiste ver tu cara! ¡Parecía que ya estabas muerta!
- ¡Naruto!
- Es-estoy bi-bien… No se preo-preocupen…
- Fue solo un veneno común y corriente. Solo era peligroso si no era tratado.
- Le estaba preguntando a Hinata-chan no a ti, aliento de perro. ¡Ña!
Los habíamos encontrado en la salida del hospital. Ella sonreía alegre mientras Kiba le contaba alguna de las estupideces que cuenta siempre. Su perro ladraba entre sus pies y el viento revolvía juguetonamente su pelo. Shino se veía más calmado ahora que salían del hospital con Kiba y, esta vez, con Hinata.

Tsunade entró a la sala número cuatro. Luego entró su ayudante dejando la puerta abierta. Dejando ver a Hinata tirada en una cama retorciéndose de dolor. Sus brazos rodeaban su estomago con fuerza y su cuerpo tenía aquel sudor enfermizo. Tenía los ojos cerrados y respiraba entrecortadamente, entre jadeos y gemidos de dolor. Me fijé en su boca, me fijé en las sabanas… Estaba escupiendo sangre, y mucha. No. No era que escupiera sangre sino que salía de su boca, fluía de boca… Y mucha… ¿Qué le pasa? ¿Qué le pasa? Mi vista no se despega de ella que se doblaba de dolor. ¿Qué le pasa? Díganme. ¿Qué le pasa?

- ¿¡Qué le pasa! – gritó entrando a la habitación Naruto. Volvió a repetir la pregunta al lado de Tsunade que no le hacía caso.
- ¡No tengo tiempo para tus estupideces! – gritó ella y empujó a Naruto que llegó volando a la pared rompiéndola un poco. Naruto quedó medio noqueado.

Tsunade obligó a Hinata a ponerse boca arriba y haciendo una aureola verde en sus manos las puso su pecho. Ella soltó un fuerte jadeo de dolor y haciendo un poco de fuerza se volvió a encoger en una pequeña bolita.
- ¡Shizune! – dijo Tsunade y Shizune tomó con fuerza los hombros de Hinata y la obligó a ponerse boca arriba. Hinata movía sus piernas pero Shizune se mantenía firme. Tsunade hizo un par de sellos y creando de nuevo esa aureola verde en su manos puso una en el cuello de Hinata y otra en su estomago.
- ¡Shizune, ahora! – ella asintió con la cabeza y formando los mismos sellos puso sus manos en el pecho de Hinata.

Ambas se veían muy concentradas en una muy difícil situación. Por el rostro de Tsunade corrió una gota de sudor. ¿Qué le pasaba? ¿Era tan grave que hasta la misma Tsunade tenía que intervenir? Me fijé en Hinata que parecía sufrir aún más con las manos de Tsunade y Shizune sobre ella. Hinata tenía moretones. Millones de ellos. Millones manchando su blanca piel.

- ¡Sakura! – gritó Tsunade. Sakura también estaba impresionada por el estado de Hinata pero al oír a su maestra volvió en sí.
- ¿S-si…? – dijo luego de que Tsunade la llamara por segunda vez.
- Corre a buscar a la Segunda División Médica – dijo mientras desviaba su vista de Hinata a Sakura.
- ¿A la… a la Se-se… segunda División…? – dijo incrédula Sakura.
- ¿¡Qué no me has escuchado bien! – le gritó con violencia. Sakura asintió torpemente y salió corriendo de la sala perdiéndose entre los pasillos.

Hinata, Hinata, Hinata, Hinata… Su nombre no podía salir de mi cabeza. Hinata… Que alguien me diga que te pasa. Quería salir de esa sala. Lo que le pasara a una niña débil y mimada por todos no era mi incumbencia. Completamente fuera de mis asuntos. De mi importancia… Pero mis pies se negaban a avanzar y mis ojos se negaban a dejar su cuerpo.

Sentí como algunas personas me empujaron al entrar violentamente a la sala. Era el equipo médico ese. Alrededor de cinco hombres de blanco se pusieron alrededor de Hinata. No la pude ver más pero escuchaba sus quejidos y a veces pequeños gritos de dolor.

- ¡Shikamaru! – se escuchó la voz de Tsunade entre todo ese gentío - ¡Ve y busca ese libro! ¡Tienes mi permiso!
- Pero, Hokage-sama… Necesito un permiso firmado por --
- ¡Que vayas a buscar ese libro, ahora! ¡Y todos fuera de aquí, estorban!

Shikamaru salio de la sala. Sakura arrastró a un semi-inconciente Naruto que hablaba incoherencias fuera de la sala y yo me quedé ahí. No podía moverme. Por alguna razón tenía que escuchar sus quejidos, sus gemidos… Tenía que saber que bien o mal ella estaba con vida.

- Eh, Sasuke – oí decir a Shikamaru – Vamos.
- Pe-pero… Shi-shikamru… - decía Naruto.
- ¿Tienes algo que ver en esto, Shikamaru? – preguntó Sakura.
- Mmm… Se puede decir – dijo mientras perezosamente empezaba a caminar.

Vi a Hinata entre un hueco que dejaron los médicos. Apreté los puños y seguí a Shikamaru. Salimos del hospital pero él no mostraba signos de querer decir algo.

- Y bien, Shikamaru… ¿No vas a contar…? – dijo Naruto mientras se tambaleaba.
- Ahm… Bueno, Hinata esta envenenada.
- ¿¡Qué! – explotaron Sakura y Naruto. Shikamaru suspiró y empezó a saltar entre los techos.
- ¿Cómo es eso? – chilló Naruto alcanzándolo.
- Yo no sé como se envenenó. Ustedes estuvieron en la misión, ¿no? – dijo mientras saltaba frente a una puerta y buscaba algo en su bolsillo.
- Si, pero… Pero Hinata no tenía un veneno muy fuerte… Salió casi el día después que volvimos de la misión – dijo Sakura mientras bajaba la vista pensando otras posibilidades para ese problema.
- Shikamaru, explic --
- Naruto, trata de no gritar… - suspiró resignado – Estén quietos, vamos a tener que robar un libro que hay aquí…
- ¿¡Robar! ¡Yo no robo! – gritó Naruto ofendido. Sakura no dijo nada pero concordaba con él.
- Entonces no vayas – dijo simplemente Shikamaru mientras abría la puerta. Verificó los alrededores y empezó a caminar por lo innumerables pasillos. Yo lo seguí. Naruto pareció fastidiado pero nos siguió. Sakura también.
- Mmm… Shikamaru… ¿Por qué ten --
- Luego les explico – respondió cortando a Sakura. Por suerte Naruto mantuvo la boca cerrada.

Llegamos frente unas enormes puertas de acero. Shikamaru puso su oído en la puerta y luego de unos minutos retrocedió. Hizo un par de sellos y posó ambas manos en las puertas. Estas, poco a poco, se fueron abriendo. Shikamaru se dio vuelta y nos susurro que cuando el dijera corramos teníamos que salir disparados por donde habíamos venido. Todos asentimos aunque estaba más que seguro que Naruto no recordaba por donde habíamos venido. Shikamaru inspeccionó los alrededores luego se dio vuelta a las grandes puertas ahora completamente abiertas.

- Por hacer esto me van a matar después, en fin… Esto es tan problemático…

Shikamaru levantó su vista a un gordo libro viejo y roñoso que había detrás de esas puertas. Estaba en una especie de altar. Me llamó la atención que en esa sala solo estuviera ese libro. Shikamaru tomó aire y corrió hacia el libro y en cuanto lo sacó una ruidosa alarma empezó a sonar.

- ¡Corran! – gritó mientras nos alcanzaba.

Corrimos y Shikamaru nos guiaba. Tenía el libro bajo el brazo. Chocamos contra la puerta por donde habíamos entrado. Sentíamos pasos correr a gran velocidad hacia nosotros. Un terror inmenso iba aumentando en la cara de Shikamaru. Buscaba como frenético algo en su bolsillo.

- Las llaves, las llaves… - se decía mientras buscaba. Las encontró pero se tardaba mucho en encontrar la correcta.
- Shikamaru, ¿qué pasa? – preguntó nerviosa Sakura mientras los violentos pasos se iban acercando más y más.
- Mierda, mierda – decía Shikamaru mientras con el temblor de sus manos las llaves se le refalaron. Se agachó a recogerlas.
- ¿¡Qué mierda hemos venido a robar, eh, Shikamaru! – gritaba como histérico Naruto. La tensión, terror y nerviosismo crecían a medida que los pasos se acercaban.
- Mierda, tenemos que salir o sino Hinata se muere… - dijo Shikamaru en un murmullo que pasó desapercibidos por los otros. En ese momento la presión en mi pecho se hizo notoria. Los pasos se acercaban y con eso las voces.
- ¡Ya está! – Shikamaru gritó mientras la puerta se abría y los rayos del sol nos pegaban en el rostro - ¡Salgan, ahora! – Shikamaru tomó el libro que estaba en el suelo y pasamos corriendo por la puerta. Nos paramos a descansar un rato frente a la puerta para pasar un poco el susto - ¡No se queden ahí! ¡Van a salir! ¡Tenemos que volver al hospital! – nos gritó Shikamaru que estaba ya encima de un techo.

La ida al hospital fue silenciosa. Shikamaru iba a la delantera con el libro firme bajo el brazo. Estaba nervioso, lo pude notar. Miraba cada tanto en tanto a todos lados como buscando un posible ataque. Llegamos al hospital y Shikamaru preguntó donde estaba Tsunade y corrió hacía allá.

- Ho-hokage-sama… Te-tengo el libro y … - decía Shikamaru entrecortadamente. La puerta se abrió con brusquedad.
- Buen trabajo, Shikamaru – dijo Tsunade y le sacó el libro de los brazos.
- S-si… Pe-pero Hokage-sama… El permiso o sino yo --
- Hablaremos de eso después – dijo mientras cerraba la puerta en nuestras narices.

Levanté mi vista a un letrero que decía urgencias. Urgencia… Hinata… Su nombre se hizo omnipresente en mi cabeza.

- ¡Eh, eh, Shikamaru! ¡Nos debes una explicación, eh! – gritó Naruto deteniendo la marcha de Shikamaru.
- Si, está bien… - dijo él.
- Deberíamos quedarnos… Para ver si todo va bien con Hinata… - decía Sakura mientras sus manos subían a su pecho y posaba su vista nerviosa en el letrero de urgencias.
- No hay nada que podamos hacer ahora, Sakura. Ponerse nervioso no vale la pena ahora. Hinata está al cuidado de Tsunade y ahora ella tiene el libro. No hay de que preocuparse. Solo esperemos que… - Shikamaru cortó su frase ahí. Los tres nos fijamos en él.
- ¿Esperar qué? – preguntó intrigado Naruto.
- Que salga pronto de urgencia – dijo con una sonrisa. Su cara mostraba más. Había algo más, lo sé. Nos estaba mintiendo. La tensión entre nosotros volvió a crecer.
- ¿Qué tal si vamos a la cafetería, chicos? Ahí Shikamaru nos explica todo mejor – dijo Sakura en un intento de mejorar las cosas. Todos asentimos.

Es tarde. Estoy en mi casa. En mi cama. Mirando el techo.
Los hechos de hoy día recorren mi cabeza. Me doy vuelta en mi cama y me fijo en la ventana. Es tarde. Es muy tarde. Ya han pasado tres días. Tres días con dos misiones. Tres días con entrenamiento. Tres días con ir a Ichiraku. Tres días con Sakura, Naruto y a veces Kakashi. Tres días donde Sakura y Naruto han ido a verla. Tres días desde que Shikamaru habló con nosotros.

Un veneno doble efecto… Doble efecto…
- ¿Qué? ¿Cómo eso de doble efecto?
- Pobre Hinata… He oído hablar de ese tipo de venenos pero… pero pensé que estaban extintos…
- Si. Los venenos doble efecto son una técnica especial de un antiguo clan de La Aldea de la Lluvia.
- ¿Qué…?
- El primer efecto se ve casi inmediatamente. Por eso Hinata estaba tan mal en la misión pero cuando este tipo de venenos es tratado no se corre peligro fatal.
- ¿¡Entonces por qué está así!
- Porque esta sufriendo el segundo efecto que está hecho para respaldar el primero porque el creador sabe que el primero puede ser exterminado rápidamente. El segundo se queda en el cuerpo por una o dos semanas y empieza a destruir células haciendo grandes heridas. Luego, súbitamente, todo estalla.
- Ya veo… Las heridas internas provocan hemorragias que hacen que Hinata tenga tantos moretones…
- Si. El veneno contiene también una alta dosis de anticoagulante lo que provoca que la victima además de morir por los daños de fiebre y cosas así que da el veneno muera también por desangramiento.
- ¿Qué…? ¿¡Por qué no lo notaron antes!
- No se puede notar fácilmente. Además esa opción siempre está descartada. Los venenos efecto doble ya no se ven porque el clan que los hacía fue aniquilado en una guerra.
- ¿Entonces…?
- Supongo que quedaron supervivientes… Por suerte el clan Nara tenía muy buenas relaciones con este clan antes de la guerra y por eso nos dejaron hacer una investigación sobre sus venenos. En el libro sale eso, espero.
- ¿Qué? ¿O sea que no estas seguro?
- Tal vez no nos hayan dejado investigarlo porque era su mejor veneno y que pudiera caer en manos ajenas era peligroso. Mi padre me había hablado de ese libro. En fin, es muy viejo y es una importante reliquia familiar así que cuando sepan que fui yo… Uf, me van a colgar… Necesito ese permiso de Tsunade.
- ¡Eres un baka, Shikamaru! ¡Hinata-chan está muriéndose y tu pensando en lo que te van a decir en tu casa!
- Shikamaru… ¿Por qué hiciste todo eso por Hinata?
- Hinata es un ninja igual que todos nosotros. Es una compañera de Konoha.
- Ah…
- Además es tranquila y es muy buena jugando Ajedrez y Go.
- ¡Baka! ¡¿Solo la salvas para tener a alguien con quien jugar?
- Mmm, si. Se puede decir que somos amigos.

El recuerdo de esa conversación con Shikamaru volvía a mi mente cada diez minutos. Naruto y Sakura fueron a encontrarse conmigo en el campo de entrenamiento con las caras largas y preocupadas luego de ir a visitar a Hinata cada uno de esos tres días. Estaba estabilizada pero no del todo bien. La imagen de Hinata retorciéndose de dolor… me dolía. Sakura me dijo que tenía como alucinaciones. A veces abría sus ojos al vacío y levantaba los brazos y murmuraba incoherencias. Imaginarme eso me dolía aún más.

Está amaneciendo ya. Puedo ver los rayos del sol traspasar la noche. Cierro mis ojos. Creo que no pasan ni diez minutos cuando oigo alguien tocar la puerta. Me desenvuelvo de las sabanas blancas con pesadez. Miré mi cama un momento. ¿Cómo podía seguir viviendo en esa pieza? ¿Cómo podía seguir durmiendo en esa cama? Hacía días que no limpiaba mi pieza o hacia mi cama. Era raro. El resto de mi casa lo limpiaba continuamente pero mi pieza era una catástrofe… Saqué las sabanas y puse unas limpias. Oí de nuevo el golpe en mi puerta y con las sabanas en los brazos fui a abrir la puerta.

- ¡Hola, Sasuke! ¿Haciendo aseo? – me sonrió Naruto con alegría.
- Buenos días, Sasuke-kun – dijo Sakura saliendo detrás de Naruto.
- Hmph…
- Vamos a ver a Hinata, ¿vienes?
Levanté mi vista y me fijé en Naruto. Todos estos días me había rehusado a ir al hospital a visitarla, no podía, simplemente no podía. No podía ni imaginar entrar en su habitación y verla así de nuevo. No quería verla así de nuevo y que un grupo de médicos corriera a ayudarla. No. No de nuevo.
- Es… está bien.

No me di cuenta como Naruto me tomó del brazo y me sacó de mi casa dejando mis sabanas tiradas en el patio. Salimos casi corriendo hacia el hospital mientras Naruto me contaba que Hinata ya estaba mejor. Kiba lo había llamado y le había dicho que ya se había levantado y estaba volviendo de vuelta a la normalidad. Sonreí un poco.
- ¿No es genial, Sasuke? – me dijo Naruto y se me miró por sobre su hombro. Lo encaré, el me vio incrédulo un momento y luego volvió a sonreír plenamente.
- ¡Vamos, chicos! ¡La hora de visita va a comenzar pronto!

Entramos al hospital y había un gran alboroto. Personas corriendo entre los pasillos, mujeres hablando y hombres con mirada de preocupación.
- Que extraño. Hay mucha más gente de lo usual… - dijo Sakura tratando de abrirse paso entre la muchedumbre.
Noté que habían muchos Hyuugas.
- Arg, háganse a un lado, por favor. Con permiso – decía Naruto que trataba de llegar a la habitación de Hinata. Entramos luego de chocar y recibir una mala mirada de más de un Hyuuga.
- ¿Quién se creen estos? – decía Naruto mientras le sacaba la lengua a algunos y cerraba la puerta.

- ¡Hinata-chan! ¿Qué haces? – el grito de Sakura hizo que Hinata levantara su vista hacia ella.
- Sa-sakura… Yo… yo qui-quiero ir… irme a casa… - dijo entrecortadamente mientras respiraba con dificultad. Estaba firmemente agarrada a los pies de su cama.
- No puedes aún, Hinata-chan. Debes reposar un poco aquí en el hospital – le dijo Sakura con suavidad mientras iba hacia ella para ayudarla.
- ¡N-no! ¡Qui-quiero irme! – Hinata apartó de un movimiento torpe y brusco las manos de Sakura – Además, mira… Ha venido gente de tu familia a verte, Hinata-chan…

Hinata bajó su vista dolida y se mordió el labio inferior con furia y tristeza. Luego recolectando toda la energía que a su pequeño cuerpo le quedaba salio corriendo de la habitación empujándome a Naruto y a mí en el proceso. Sakura corrió tras de ella, Naruto y yo las seguimos. Seguimos a Hinata por un pasillo casi vacío, parecía que no se iba a detener nunca. ¿De donde había sacado tanta energía? De la nada Hinata casi se cae y se apoya en la pared. Respirando con dificultad se fija en un hombre que venía en la dirección contraria. Él se para un instante cerca de Hinata, se fija en ella y el odio y la vergüenza se veían sus ojos. Su rostro mostraba asco y tenía ese toque de prepotencia y arrogancia. Lo odié. Lo odié por esa cara, lo odié por mirarla así. Él dijo algo que no pude oír, parecía que le escupiese las palabras a Hinata. Ella se tensó ante su comentario, él siguió su camino. Pude ver a Sakura muy sorprendida pero Naruto lo miraba con odio y apretaba sus puños. Hiashi, lo oí decir con ira. Iba a decirle algo a ese hombre pero Sakura lo detuvo. Me volví a fijar en Hinata quien me daba su espalda. Vi como su espalda temblaba un poco, sus manos se refalaron de la pared y cayó de rodillas en el suelo. Con la cabeza entre sus manos empezó a llorar. Sus hombros se movían violentamente. Luego se cabeza fue cayendo hasta que su frente tocó el suelo. Algunas lágrimas mojaron el suelo.

Sakura y Naruto corrieron hasta ella y la llevaron hasta su habitación. Tenía la cabeza baja pero pude ver las lágrimas recorrer sus mejillas. Cuando estuvimos todos en la pieza Hinata estaba sentada en su cama viendo fijamente la muralla. Me fijé en su fino y blanco cuello y en su cara húmeda y roja. Los moretones estaban empezando a desaparecer.

- Está usando su Byakugan – dije luego de ver su cara un momento. Las venas alrededor de sus ojos eran evidentes.
- ¿¡Qué! – dijo Sakura dándose vuelta - ¡No, no, Hinata! ¡Te hace mal usarlo! ¡No!
Sakura corrió hasta ella y la abrazó con fuerza. Los ojos de Hinata se abrieron con sorpresa luego volvieron a su estado de triste serenidad de siempre.
- Lo… si-siento, Sakura… - dijo con suavidad. Su voz sonaba tan sin vida...
- Hinata-chan – dijo Sakura apartándose un poco – Si quieres algo puedes llamarme, ¿está bien? – Hinata asintió desviando su mirada.
- Pero, me refiero… Que si quieres hablar o… necesitas ayuda, yo estaría feliz de ayudarte, Hinata. Somos amigas y si tienes algún problema, bueno, tú sabes… - dijo Sakura y le apartó un par de mechones traviesos de la cara.
- Gracias, Sakura – dijo Hinata mientras la miraba y le sonreía. Le sonreía abierta y plenamente. No podía dejar de hundirme en esa tierna sonrisa. No mostraba sus blancos dientes pero era una sonrisa, una sonrisa que daba mucho más allá.
- Cuando quieras, Hinata. Ahora necesitas descansar. Mejor nos vamos – dijo Sakura, le limpio las últimas lágrimas con suavidad y le besó la frente – Nos vemos mañana.

Naruto iba a protestar pero Sakura le tapó la boca y lo arrastró fuera de la pieza. Me quedé ahí un tiempo. Me quedé viéndola como sonreía divertida ante la escena de Naruto y Sakura. Luego de ver la puerta por donde habían salido Hinata se fijo en mí.
- Bu-buenos días, U-uchiha-san… - me dijo sonriéndome – Gra-gracias por… por mo-molestarte y… y ve-venir a visitarme… - sus ojos se fijaron en mí. Solo en mí. Me miraban solo a mí. Solo asentí y salí de la habitación a encontrarme con Sakura y Naruto.

- ¿Qué fuiste a hacer, Sakura? – preguntó Naruto cuando Sakura salió del hospital.
- Nada… Bueno, solo fui a preguntarle a Tomoe porque habían tantos Hyuugas. ¿Lo notaron no? – Naruto y yo asentimos – Es que Hanabi, la hermana de Hinata, tuvo un accidente en una misión y esta un poco mal. Obviamente al estar la heredera así cundió el pánico entre los Hyuuga. ¡Qué rabia! Hinata está mucho peor que ella y ellos ni siquiera asomaron su cabeza en su pieza. Son unos imbéciles.

Naruto asintió con energía y Sakura y él se embarcaron en una larga conversación de lo estúpido que eran los Hyuuga. Íbamos recién saliendo por las rejas de afuera del hospital cuando alguien chocó con Sakura.

- Hola, Sakura. Uchiha, Naruto.
- Eh… Ho-hola, Neji – dijo Sakura a duras penas saliendo de su asombro. No era muy normal que Neji saludara a la gente, sobretodo a uno de nosotros.
- ¿Cómo han estado?
- ¿Te pasa algo, Neji? – preguntó Naruto un tanto incrédulo, un tanto preocupado – Raro de ti chocar con gente o saludar a Sakura.
Neji sonrío levemente. Miradas de preocupación y dudas se cruzaron entre nosotros.
- ¡Neji! ¡Neji! – gritó un Hyuuga de las puertas del hospital - ¡Hiashi-sama quiere hablar contigo!
Neji se volvió a fijar en nosotros.
- Bueno, me tengo que ir – y dejando a todos en shock Neji se acercó más y abrazó a Sakura – Nos vemos después, que estén bien – y se adentró en el hospital.
- ¡Kya…! – fue lo único que dijo Sakura.
- ¡Ese Neji! ¡¿Quién se cree! ¿No, Sakura-chan?
- ¡Kya…! – volvió a repetir Sakura.

Fuimos a comer en lo de Ichiraku. Sakura y Naruto iban un poco más adelante discutiendo sobre lo pasado con Neji. De repente vi como un papel salía del bolsillo de Sakura. Ella pareció no darse cuenta. Tomé el papel y me di cuenta que tenía algo pegado, era una cadena con una pequeña águila, con las alas desplegadas, como colgante. Parecía como si volara orgullosa por los aires. Di vuelta el papel y noté que era una foto. Una de Neji y Hinata. La foto era bastante actual. En la foto sus mejillas estaban juntas y Neji pasaba un brazo por los hombros de Hinata. Ella tenía sus manos juntas y ambos sonreían contentos. Claramente esas cosas no eran de Sakura. Concluí que Neji debió habérselas puesto en el bolsillo a Sakura cuando la abrazó. De ahí venía ese repentino abrazo. Quería que Sakura, como doctora de Konoha que ve a sus pacientes como Hinata, se lo entregara a su prima. Tenía sentido. ¿Pero por qué no se las podía dar él mismo? Me quedé pensando eso.

- ¡Apurate, Sasuke-baka! – me gritó Naruto.
- ¡Que no lo digas así! – oí decir a Sakura. Me dije que le pasaría después la foto y la cadena por mientras las guardaría yo.

Estaba sentando en la pequeña mesita circular de la cocina de mi casa mientras observaba la foto y jugaba con la cadenita. Me maldije, se me había olvidado dársela a Sakura aunque si se la hubiera dado las hubiera botado con lo borracha que estaba. Me dio un poco de risa recordarla media borracha. Era tarde y me dolía la cabeza. Estaba medio mareado así que decidí salir a caminar. El aire fresco de la noche me golpeó la cara, mire el cielo nublado. Va llover, me dije y me acomodé el abrigo. Paseaba entre las calles del pueblo, estuve un rato sentado en el campo de entrenamiento. Me sentí mal. Estaba perdiendo el tiempo. ¿Qué estaría haciendo ese infame de Itachi ahora? Tal vez matando a más familias inocentes… Sentí una punzada en mi pecho. Matando a más familias inocentes… Sacudí mi cabeza y decidí ir a mi casa.

Entre las calles vi a alguien tambaleándose. Apoyándose en la pared para luego tratar de volver a caminar. Tal vez sea Naruto medio borracho y medio perdido, me dije. Caminé un poco más deprisa y me encontré con la enferma y débil figura de Hinata.

- ¿Hi-hinata…? – dije sorprendido.
Ella levantó su vista hacia mí. Estaba ojerosa y al verme trató de huir. Me adelanté y le tomé la muñeca con fuerza. Ella ahogó un grito.
- ¿Qué haces aquí afuera? – pregunté agresivo.
- U-uchiha-san… Yo… yo so-solo quie-quiero ir a mi ca-casa…
- Tienes que ir al hospital – le dije mientras la arrastraba al dicho lugar. Ella, horrorizada, trató de hacer resistencia. Sentí su mano sobre la mía y luego un dolor punzante. Había cerrado algunos de mis puntos de chakra.
- Como quieras – dije enfurecido – Dudo que puedas llegar a tu casa así. Así que muérete aquí… ¡Sola y por estúpida! – la vi un momento. Le hirió mi comentario pero sonrió y me dijo "gracias" lo cual me dio más ira aún. Apreté los puños y seguí mi camino. Me detuve en seco al sentir un golpe sordo.
- ¡Hinata! – dije al ver su cuerpo en el suelo. Me acerqué a ella y la tomé entre mis brazos. Su pecho subía y bajaba a una velocidad poco normal.
- Hinata… - dije más suave. Ella abrió sus ojos despacio y se fijó en mí. Sus mejillas se tiñeron de rojo y trató de levantarse. No pudo. No tenía fuerzas y yo la sostenía con firmeza. La apretaba contra mí.
- U-uchiha-san… Por… por favor… no… no me lle-lleves al hos-hospital… - la escuché decir. Tenía que llevarla al hospital, bastaba verla como estaba. Negué un poco con la cabeza. Ella me miró con ojos suplicantes y puso una de sus manos en mi brazo.
- Por favor… - fue lo último que me dijo antes de cerrar sus ojos.

Estaba sin fuerza, concluí. ¿Qué hacer? Tenía que llevarla al hospital. Llevarla ahí fue la primera opción que apareció en mi mente. Pero… pero ella no quería ir ahí. ¿Tendría algo que ver con su hermana? No sabía. Pero no podía dejarla ahí ni llevarla al hospital. No quería ver esos ojos tristes y engañados que mostraría mañana cuando se despertara y viera que estaba en esa aburrida habitación. De seguro quería ir a su casa pero yo no tenía idea donde estaba la residencia de los Hyuuga. Suspiré. Mi vista bajó a su cara y le aparté el pelo que tapaba su rostro. Volví a suspirar. En fin…, me dije.

Ella estaba en mi cama. Suerte que la había limpiado un poco en la mañana. Yo estaba sentado en una silla al lado de ella. A veces la miraba sumergida en un sueño intranquilo y a veces veía la ventana. Decidí ir a tomar una ducha. Luego de quince minutos salí del baño en mi pijama que consistía en un pantalón negro y una polera vieja del mismo color. Salí y ella estaba sentada en la silla que yo había ocupado antes. Tenía la vista fija en la ventana y sus manos apoyadas en su regazo. Cuando salí movió con lentitud su cabeza hacia mí. Sus ojos blancos y serenos pero siempre tristes se fijaron en mí. Me quedé detenido en el tiempo. Pude haberme quedado así un buen rato. Más de un buen rato.

- U-uchiha-san… Lo s-siento por mo-molestarte… Yo… yo so-solo… - trató de explicarme.
- ¿Por qué te fugaste del hospital? – pregunté con violencia.
Hinata abrió sus ojos con sorpresa. Luego, jugando un poco con sus manos, se mordió el labio inferior.
- No quiero estar ahí – me dijo y me sorprendió que no tartamudeara.
- Estás muy enferma, puedes empeorar si no estás en el hospital. No quiero lidiar con eso y--
- No te estoy pidiendo que lo hagas, U-uchiha-san… - me cortó y miró a los ojos – Solo quiero ir… irme a casa…
- Pero mírate, estas que te mueres – le dije. Unos ojos blancos, ofendidos y enojados se abalanzaron sobre mí.
- No es de tu incumbencia – me dijo con una frialdad que desconocía en ella. Me quedó mirando un momento y luego, como dándose cuenta de cómo me había hablado, bajó su vista al suelo – Lo… lo s-siento, U-uchiha-san…

Estuvimos así un momento. Luego ella empezó a toser y se cayó de la silla. Estaba de rodillas con una mano en el suelo y la otra en su boca. Vi como temblaba y tosía. Ya no podía fingir que estaba bien. Me agaché a su lado. Trató de apartarse. Pasé mis brazos por su pequeña cintura, la levanté y la acosté en mi cama. Estaba encima de ella. Tenía sus mejillas fuertemente sonrojadas. Tenía un poco de miedo, al parecer. ¿Acaso pensaba que me iba aprovechar de ella? Me aparté. Inmediatamente ella trató de levantarse. La tomé por los hombros y la empujé con suavidad hasta recostarla completamente en la cama.

- U-uchiha-san… - me dijo y yo suspiré con pesadez.
- Calma, Hinata. Así, con este frío y con posible lluvia no puedes ir a tu casa. No vas a llegar a ninguna parte. Y está bien, no te llevaré al hospital… Así que mejor descansa, ¿ok? Descansa y mañana veré que voy a hacer contigo.
- Uchiha-san…
Al escuchar su tenue voz me detuve cerca de la puerta.
- Gracias.
Me tensé un poco ante su comentario y seguí avanzando. Tomé un par de frazadas que había en un armario en el pasillo y decidí irme a dormir en el sillón. Vi un poco tele pero nada parecía interesarme mucho. Al poco rato el sueño me fue venciendo y mis ojos se fueron cerrando.

Me desperté como a las tres y media o cuatro de la mañana. En una película había habido una gran explosión y el ruido me despertó. Me fregué torpemente los ojos y apagué la tele disgustado. Me acosté de nuevo y miraba el techo distraídamente. Fui a la cocina a buscar algo de agua cuando escuché a Hinata toser. Sin pensarlo dos veces me dirigí a la habitación. Ahí estaba ella, echa una pequeña bolita temblorosa en la mitad de mi cama. Me acerqué a ella.

- ¿Hinata…? – dije sentándome en la cama al lado suyo. Ella abrió sus ojos hacia mí.
- Ten-tengo… mu-mucho frío… - dijo, luego volvió a cerrar sus ojos. Fruncí el seño. Lo que sea, fui al sillón y recogí las frazadas y luego las puse sobre ella.
- Gracias… - me dijo pero seguía temblando de todas maneras. Debería llevarla al hospital, me dije. Pero afuera había empezado a llover ferozmente. Me la quedé mirando preguntándome que hacer.

Me desperté con el aliento de Hinata en mi cuello. Era un suave cosquilleo. Un suave cosquilleo que me gustaba y al cual podría acostumbrarme muy bien. Su frente tocaba mi mejilla y ella estaba acurrucada al lado mío. Uno de mis brazos pasaba por encima de ella y mi mano se posaba en su hombro, atrayéndola más hacia mí. La estaba abrazando. Noté que temblaba menos. Al verme en esa situación retrocedí. Ella murmuró algo que no entendí. Seguía dormida. Vi su cara y levantando mi mano la acaricie levemente. Entre más le acariciaba sus tiernas facciones más sentía esa estúpida sonrisa crecer en mi cara.

Un impulso. Un estúpido impulso. Solo hacía podría definirlo. Un impulso… Avancé un poco y besé su frente.

- Hinata… - le dije al oído.
Una tierna sonrisa dormida y juguetona apareció en su rostro.
- Hinata… - le dije. Ella fue abriendo sus ojos ojerosos y cansados. Al verse en esa situación su sonrisa desapareció y sus mejillas se llenaron de color.

- Hinata… - volví a decir. Ella asintió. Que ella me viese así, en esa situación, me ponía nervioso. Me quebraba la voz – …Ho-hola…
- Ho-ho-hola…, Uchi-uchiha-ha-san… - me respondió.

Este es mi cap mas largo y el que menos me gusta. Esta muy malo. Ya no sigo mi idea de que sea lento, en fin… tengo que ir a hacer tareas. Espero que les haya gustado…
Este fic esta dedicado a mi gato que murio este lunes por leucemia y tenia los mismo síntomas que hinata…
gracias por leer dejen reviews plis nn