- ¡Bienvenidos a Transformaciones de séptimo año! – Saludó Remus Lupin mientras entraba a la clase donde todos sus alumnos lo esperaban ya. – Soy vuestro profesor y, aunque ya me conozcáis, me presentaré. Mi nombre es Remus Harry Lupin, pero debéis llamarme profesor Lupin, que suena más respetuoso.
La mayoría de chicas de la clase lanzaron risitas tontas y él sonrió sin poder evitarlo. Remus era joven, tenía solo 20 años – cumpliría en octubre los 21 –, pero ese era ya su segundo curso como profesor. Todos decían que el 90% de sus alumnas estaban locas por él.
- Bueno, abrid vuestros manuales por el primer capítulo, supongo que tendremos que empezar por el principio, ¿no?
Una nueva oleada de risitas. Lyra y Leah – a la que ya se le había pasado el enfado y se había tranquilizado al saber que Rose Malfoy estaba bien – pusieron los ojos en blanco. Remus había sido así de chulo desde pequeño, pero desde que era profesor parecía que su ego se había disparado y se le había subido el "éxito" a la cabeza.
- Señorita Potter.
- ¿Sí, Remus? – Leah sonrió. Ellas dos eran las únicas que se negaban a llamarle profesor, cosa que lo ponía de los nervios.
- Profesor Lupin. – La corrigió él, fulminando un poco a la hija de su padrino con la mirada.
- Lo que sea, Remus, ¿qué decías? – Varias personas rieron. Jamás conseguiría controlar a Leah y Lyra y todos lo sabían (eran familia y, además, las encubría demasiadas veces), las dos chicas no le tenían ningún respeto. A su padre, el padrino de Leah para más inri, le resultaba muy divertido que su hijo no pudiera con dos chicas de 17 años.
- ¿Podría empezar a leer y dejarse de tonterías?
La morena sonrió mientras abría su libro y empezaba con aquel capítulo. Cuando terminó se dio cuenta de que el chico había escrito varios conceptos en la pizarra y los apuntó rápidamente. Aunque pareciera mentira, era una buena alumna y procuraba sacar buenas notas, especialmente desde que había decidido su futuro. Necesitaba una nota alta para entrar en la Academia.
- Este capítulo es muy importante aunque sea el primero, suele caer como pregunta teórica en los ÉXTASIS que haréis a final de curso. – Explicó. – Antes de empezar con la lección propiamente dicha, me gustaría recomendaros que no lo dejéis todo para el último día y… - Se interrumpió al ver una mano levantada que se agitaba en el aire de forma ansiosa. - ¿Sí, señorita Shacklebolt?
- ¿Le resultaron muy difíciles los exámenes, profesor? – Preguntó aquella chica de Slytherin con voz melosa.
- Bueno, depende mucho de la asignatura, para mí la peor fue probablemente Herbología, se me daba fatal, todavía no sé por qué me la cogí, de hecho, suspendí el examen. Los demás me fueron bien, especialmente el de Transformaciones, razón por la que estoy aquí.
- ¿Sacó un Extraordinario? – Insistió la misma chica.
- Por supuesto y voy a conseguir que todos vosotros lo consigáis también. – Le guiñó un ojo y volvieron las risitas y cuchicheos. A Remus le encantaba ser el centro de atención.
- ¿Sacó Extraordinario en alguna otra asignatura?
- Pues sí, en Pociones y en Defensa contra las Artes Oscuras, la verdad es que los exámenes no son tan difíciles como cuentan los profesores, pero tampoco quiero que os confiéis.
- Remus, - Lyra, cansada de aquello, lo interrumpió. – ¿podemos, por favor, volver a la clase? He venido a aprender, si quisiera saber tus notas, le escribiría a tu madre.
Todos los chicos de la clase empezaron a reír debido al comentario de la rubia mientras las chicas se quejaban por lo bajo. Odiaban que Leah y Lyra les fastidiaran sus "conversaciones" con el profesor Lupin.
- Señorita Malfoy, le diré lo mismo que acabo de decirle a la señorita Potter, debe llamarme profesor Lupin y creo que a todos los presentes les interesarán mis experiencias en los ÉXTASIS, ¿no cree?
- La verdad es que no. – Se encogió de hombros. – Me gustaría escuchar algunos consejos, desde luego, pero no me interesa saber tus notas.
- Justo ahora iba a dar esos consejos, no se preocupe, señorita Malfoy. – Negó con la cabeza.- Bueno, tal y como iba a deciros antes de esta interrupción, lo mejor es empezar a estudiar desde ya y mantener la calma el día del examen. Ya superasteis vuestros TIMOS, no creo que esto os resulte mucho más complicado. El truco está en el esfuerzo y la perseverancia. Os mandaré muchos trabajos y redacciones, pero serán por vuestro propio bien, para que repaséis un poco todos los días. Sé que lo haréis muy bien, confío plenamente en mis alumnos. – Sonrió. – Bueno y ahora, comencemos con esto.
Cuando la clase terminó, todos comenzaron a recoger rápidamente. Ya tenían un trabajo que hacer y muchos querían llegar a la biblioteca cuanto antes para poder coger los libros necesarios.
- Señorita Potter, señorita Malfoy, ¿les importaría esperar un momento?
Las dos bufaron y la morena maldijo por lo bajo. Ambas sabían que aquello era una orden, no una sugerencia. Dejaron sus bolsas ya recogidas sobre la mesa y se acercaron al escritorio del profesor, sobre el que Remus estaba sentado. Cuando el último de los alumnos salió, el suspiró y empezó a hablar.
- ¿Qué os he hecho para que queráis hundir mi carrera?
- Nada, es solo que no podemos tomarte en serio, lo siento. – Leah sonrió. – Además, eres un chulo, deberías dejar de usar tus clases para ligar con alumnas, te recuerdo que ese tipo de relaciones están prohibidas.
- ¿Lo sabes por experiencia, Leah? – Preguntó de forma mordaz, aunque le dedicó una media sonrisa, para que supiera que solo bromeaba.
- No hay ningún profesor lo suficientemente joven y guapo para mí. – Replicó ella, también sonriendo. – Pero cállate, Lupin.
- Ahora en serio chicas, ¿qué me va a costar que me llaméis profesor durante las clases?
- ¿Nos estás intentando sobornar? – Preguntó Lyra, divertida.
- Sí. – Remus suspiró. – Bueno, vosotras diréis.
- Tienes que dejar de flirtear con las chicas de nuestra clase. – Pidió la rubia.
- Especialmente con Shacklebolt. – Añadió Leah. – No la soporto, es odiosa y se cree mejor que todas las demás.
- Nunca se me olvidará cuando en cuarto intentó ligarse a Dan y tú le dijiste que ni se acercara a tu hermano mientras la apuntabas con la varita. – La rubia suspiró. - ¡Qué tiempos aquellos!
- Está bien, seré un profesor serio y distante con las chicas de vuestra clase. – Accedió él, interrumpiendo su conversación. - ¿Algo más?
- Yo creo que no.
- Coincido con ella. – Lyra sonrió. – Mándale un saludo a mi madrina cuando le escribas.
- Y a mi padrino también, por favor.
- Sois imposibles. – Remus sonrió. – Anda, salid de aquí ya, los de quinto deben estar esperando en la puerta.
- Solo te recuerdo que esas niñas tienen 15 años, espero que te comportes. – Dijo Leah mientras cogía su bolso.
- Oh, cállate Potter.
Las dos chicas rieron y salieron del aula. Lyra señaló el pasillo que conducía a la biblioteca.
- Supongo que ya habrán cogido todos los libros buenos pero, ¿vamos?
- Ve tú, yo tengo otros planes. – La morena se mordió el labio.
- Leah Anne Potter, ¿qué planes?
- He quedado con Chad. – Contestó, quitándole importancia. – Te veo luego en Encantamientos.
- Tengo Runas.
- Pues en el comedor.
Lyra negó con la cabeza mientras su amiga echaba a correr hacia la Torre de Gryffindor. No pudo evitar suspirar al verla alejarse. Ojalá ella pudiera ser correspondida de la misma forma, pero aquello, en aquel momento, era imposible porque el corazón del chico ya pertenecía a otra.
Jane entró rápidamente al aula de Pociones y ocupó la mesa de delante de Orion – nunca se sentaban juntos en esa asignatura para evitar pelear –. Se dejó caer en la silla y suspiró. Odiaba llegar tarde a clase, por suerte el profesor Carraway todavía no había llegado.
- ¿Qué tal tu clase de Historia de la Magia? – Le preguntó el rubio con una media sonrisa. Jane se volvió y pudo ver que él estaba sentado con una de sus compañeras de dormitorio. - ¿Había alguien además de ti?
- Pues sí. – Replicó. – Somos cinco alumnos y el profesor Binns está encantado con nosotros. Dice que prefiere las clases reducidas, que son más personales.
- Y tan personales. – Orion rió. – Lo que me sorprende es que haya tanta gente.
- Pues la verdad es que a mí me sorprende lo contrario. El temario a partir de ahora es mucho más interesante, a lo mejor viene mi abuelo a darnos una charla y todo.
- ¿El grandísimo Harry Potter vendrá a contaros su batalla contra Voldemort? – Él negó con la cabeza. – Ambos sabemos que no lo hará, no le gusta llamar la atención y le encantaría que todo el mundo pudiera olvidarse de eso.
- Bueno, quizás yo pueda convencerle. – La rubia se cruzó de brazos. – No lo des todo por perdido tan pronto.
El chico iba a contestar justo cuando una voz los interrumpió. Jane se volvió y Orion guardó silencio, un poco confundido.
- ¡Hombre, Potter! – Matthew Zabini la miraba con una amplia sonrisa y la mano apoyada en la mesa. - ¿Estás sola? ¿Puedo sentarme contigo?
- ¿No se supone que tú estás en último curso? – Ella arrugó la frente.
- Sí, pero suspendí Pociones el año pasado así que el profesor Carraway me ha dicho que, si quería dar las clases de séptimo, tendría que volver a las de sexto. – Explicó. – Y necesito ese ÉXTASIS.
- Bueno, verás, es que yo soy muy perfeccionista y no sé si te irá bien conmigo. – Intentó excusarse ella rápidamente. No quería cargar con alguien que era pésimo en aquella asignatura, necesitaba mantener su media.
- Mejor todavía, así aprenderé más. – El chico se encogió de hombros y se sentó en la silla vacía ante la atónita mirada de la rubia. – Seremos un equipo genial.
- ¡Qué Merlín me asista!
- Por cierto, puedes llamarme Matt. Creo que después de todo el tiempo que vamos a pasar juntos, es lo mínimo. – Sonrió. – Yo te llamaré Jane.
- No recuerdo haberte dado permiso para que lo hagas.
- Ya, bueno, me da igual, es que lo de llamar a la gente por su apellido me parece una tontería. ¡Cómo si no hubiera personas que lo compartieran! Potter, por ejemplo, sois cuatro. Imagínate que tengo algo urgente que decirte y estáis los cuatro en el mismo pasillo. Gritar Potter, no me serviría de nada, pero gritar Jane…
- ¿Siempre eres así? – Lo interrumpió.
- ¿Así cómo?
- Pues como ahora, tan charlatán y todo eso. – Contestó la chica, un poco molesta.
- Sí, más o menos, no lo sé, ¿por qué?
- Yo vengo aquí a aprender así que durante las clases te quiero calladito o tendré que decirle al profesor que necesito un cambio de compañero. – Sonrió lentamente. – Soy una de sus alumnas favoritas, ¿crees que me lo negará?
- ¿Esto es genético o algo? Por Merlín, me acabas de recordar a tu prima. – Murmuró por lo bajo. – Y a Dan en sus días malos.
- Las cosas aquí funcionan así, Zabini, tú eliges.
- Está bien, me comportaré. – Accedió finalmente. No quería ponerse a mal con la chica y perder sus escasas probabilidades de ligársela. – Pero tienes que llamarme Matt y dejar que yo te llame Jane.
- De acuerdo, Matt. – Se relajó por fin y él suspiro. Estaba un poco más cerca de conseguirla.
