Vio que su amigo despedía a la mujer de la noche y cruzó la calle cuando la vio doblar la esquina.
Veo que la pasaste bien anoche. – comentó con una pícara sonrisa ingresando a su casa que, con la llegada de Ric, ya no le parecía suya.
A mí me parece que vos tampoco lo pasaste mal porque ese humor lo vi muy pocas veces en toda mi vida. Y no quiero suponer que pasaste la noche con el vecino. – se sirvió un vaso de Bourbon.
Tiene una hermana, Alaric. Elena.
Entonces es ella la que te tiene así ¿vas a contarme o esperas que llame a Jenna para enterarme?
Primero voy a hablar yo y después me vas a contar sobre Jenna y tu nuevo amor por ella. – lo hizo sonrosar – Voy a simplificar las cosas y no voy a ir con vueltas. La quiero, ella me cambia. Desde que llegué que no dejo de pensar en un futuro a su lado. Me hace ser la persona que, en el fondo, soy. La quiero pero también tengo miedo de lastimarla por no saber cómo quererla.
Entiendo. Me imaginaba que algún día iba a pasarte. Después de todo nunca fuiste un experto en esto. – le extendió un vaso de vodka a lo que se negó. – Hay que dejar los miedos. Confiando. Es el único consejo que puedo darte en mi mejor momento.
¿Peor momento? ¿Tan mal?
Sí. La quiero. Ella tiene miedo. Lo contrario a lo que te pasa.
Yo sí puedo y es: si ganártela quieres, dejar de acostarte con cualquiera debes.
Estás viendo mucho guerra de las galaxias.
Es un buen consejo y dicho por Yoda sería mucho mejor. Hay que aceptarlo. – rió y se encaminó a la salida para tomar el auto e ir por ahí. – Vamos a dar una vuelta, necesito aire y alguien que limpie. Esto parece la casa de un narcotraficante.
Sí, tenes razón… Yo estuve en una. Se parece. – le dio un pequeño golpe en la cabeza y riendo salió tras él para subirse al auto. Durante el corto camino no paró de hablarle de Elena, estaba emocionado en querer contarle cómo era. - ¡Ya! Por diez segundos dejemos de lado todo tipo de problemas que podamos tener… ¡TENEMOS QUE CELEBRAR!
¿Qué queres hacer entonces? No podemos ir al Grill y básicamente porque a ésta hora no están las mujeres que necesitas. Digamos que la mañana no es lo suyo.
Tampoco lo mío… - contestó. - ¿Qué hacemos entonces?
Desayunemos. Siento como si no hubiera comido en días.
El amor…
¡EL ALCOHOL! – corrigió.
Como sea. – se sentó en una mesa y luego de ordenar siguió hablando con su amigo – Me encontré con Katherine en un bar antes de venir para acá. – lo hizo atragantarse con su propia saliva – Me preguntó por vos…
¿Le dijiste dónde vivía?
¡No soy mal amigo, Damon! – recriminó – Le dije que estabas en Australia… ¿Los koalas son tus animales favoritos no? En fin, me empezó a hablar que con vos había hecho cosas que nunca antes había hecho y que quería volver a verte… Cosas así.
No entiendo como no me emborrachó y me casó con ella. – rió con su amigo recordando a Katherine. Ella lo amaba – o eso creía – y él, sólo amaba lo que ella podía hacer en la cama. Algo que ninguna mujer le había mostrado antes. Y según él suponía, ella pensó que si seguía acostándose con él, algún día lograría amarla. Para Damon sólo fue un juguete sexual, uno más del montón. Pero notó que algo cambiaba en ella, que cuando estaban en la cama no era como al principio. Katherine se abrazaba a él y más de una vez escuchó que decía que lo amaba. – Pensándolo bien quizás ella pensaba que yo la amaba y por eso me usaba como juguete sexual. O pensó que diciendo que me amaba iba a alejarme.
No sé. Igual no deja de ser muy sensual.
Sí… - terminaron de desayunar en charlas que jamás habían contado. Jenna y el amor sorpresivo, poco oportuno y desafortunado de Ric hacia ella. Elena, los consejos de Ric iguales a los de Jenna. Jenna y Ric, Elena y él. Nunca se imaginó hablando de amor con Ric; jamás. – Volvamos, ya es tarde.
Eran las tres de la tarde cuando volvieron a casa; se hizo tan largo el desayuno que hasta almorzaron allí. Ric fue a acostarse un poco ya que su sueño de la noche anterior era nulo y necesitaba descansar para ésta. Él salió a caminar hacia el lago para pasar el tiempo… Ésta noche no volvería muy tarde y tendría que irse a dormir a lo de Elena casi obligado por Ric y su necesidad.
Se sentó en el muelle a pensar un poco… Si bien no había mucho para pensar algo iba a ocurrírsele. Mañana tendría que ver a Caroline Lockwood por el baile de la fundación; bailar. No quería hacerlo, pero lo requería. Su papá iba a ir también, no sabía por qué iba, pero lo haría. Y tendría que aguantarlo todo un fin de semana con él sin poder ver a Elena porque su papá iba a buscar la manera de abarcar todo su tiempo y no dejarlo hacer nada más.
Su papá. Una punzada en el pecho y no porque él le provocara ese sufrimiento, si no que lo sentía por todo lo que le hizo a su mamá y a él. Lo que se hizo. Lo que les hizo.
Abandonarlos de esa manera, de lo más cruel: estando, pero no.
Cuando estaba en la casa no hablaba con ella y de a poco su estado iba empeorando al suponer que su papá, ese hombre que tanto había dicho amar a su mamá, ya no demostraba amor. Ni siquiera una dulce mirada. Apenas la veía.
Le apretaba un poco la mano y se marchaba a su estudio para seguir trabajando, trabajar en algo que mataba a su mamá. Porque eso los consumía. No podía dejar el trabajo para estar con ellos… Su trabajo era primordial.
Y ver como ella se ilusionaba cada vez que la puerta se abría y pensaba que él entraría… No. Su decepción al ver que su hijo era el único que se preocupaba por ella. Pero sabía que él la amaba, que su marido la amaba. Pero sólo era una necesidad, un triste presentimiento el pensar que Giuseppe volvería a demostrar algo por ella, cuando lo único que podría sentir era pena… Una inmensa pena.
Pero tal vez su papá estaba en su misma posición: no saber cómo demostrar.
Descartó esa idea al recordar como sorprendía todo el tiempo a su mamá con rosas, dulces, abrazos, cenas inesperadas.
¿Por qué lo hizo? – se preguntó.
¿Hacer qué? – una desagradable voz en su espalda.- ¿Mentirte al decir que estaba enamorada de vos? ¿No pensabas que Elena era así, verdad?
¿Qué haces acá Stefan? ¿No te quedó claro la otra vez? – se paró en postura amenazante. Lo miraba fulminándolo.
Sí… Resulta que: no me quedan las cosas bien claras la primera vez. Necesito hacerme entender. – notó como algo se movía al costado de su pierna. Un bate.
No hagas cosas de las que vas a arrepentirte.
¡Créeme, no voy a arrepentirme de nada! – retrocedió aún con la misma mirada amenazante. Primer golpe: en la pierna para hacerlo caer y que se la llevara al pecho con mucho dolor. – Te quiero lejos de Elena. – otro golpe más, en la espalda. - ¿Vas a alejarte?
No. – devuelta en la espalda.
Después no digas que no te avisé. – otro más. Pierna, espalda, cintura, brazos, torso, hombros. Golpes por todos lados. Dolor. Molestia de saber que ese idiota le estaba pegando sin él poder hacer nada… Cuando se despistó porque sintió ruidos; lo más rápido que pudo se levantó, le tocó el hombro y le dio un golpe haciendo que caiga desmayado en el piso.
No digas que yo no te avisé. – caminó como pudo hasta alejarse lo suficiente de Stefan y poder descansar. Le dolía demasiado, pero no por eso iba a alejarse de Elena… De ella que le hacía tan bien. Volvió a caminar pero ésta vez por calles diferentes, su cuerpo no aguantaría volver a encontrarse a Stefan y que éste siguiera golpeándolo sin poder defenderse, y mucho menos con la ira que tenía.
Siguió caminando por distintas calles que no conocía, esperando llegar a su casa de alguna manera. Gente lo miraba caminar y parecía que estaba a punto de caer y quedar inconsciente allí mismo. Pero logró llegar a su casa y sentarse con montones de bolsas de hielo a su alrededor.
Ric entró, con compañía según lo que pudo oír y subió directo a la habitación. Sólo se escuchaban los golpes en las paredes; y como Damon intentaba aguantar los suspiros de dolor.
Iba a ahorrarse un mal gusto y se levantó del sillón y cruzó la calle; no iba a escuchar a su amigo porque no sería nada agradable. Tocó timbre y se sentó en el banco de la galería cerrando los ojos, sabiendo que Jeremy le había abierto y llamó a su hermana. Ésta se tomó su tiempo para salir, quien sabía, se había arreglado un poco. Aunque siempre le dijera que estaba perfecta, se empeñaba en peinarse, maquillarse y ver lo que tenía puesto.
Hola. – le dijo parándose frente de él. Seguía sin abrir los ojos; le pesaban los párpados. Era como si tuviera que aguantar el más pesado de los metales sobre ellos y no pudiera resistirlos. Se llevó una mano a los ojos para intentar despejarse un poco y pensar que Elena no notaría lo dolorido que estaba.
Hola… - gruñó.
¿Estás bien, Damon? – tocó su hombro y éste se corrió rápidamente.
Stefan… Hoy estaba en el lago, y vino con un bate y empezó a pegarme. – estiró su cintura hacia atrás y huesos que no sabía que tenía, sonaron por toda su espalda. – Ahora estoy mejor.
¡Qué! ¿Por qué?
Quería que me alejara de vos, Elena. – entre sus manos encunó su rostro, haciendo un esfuerzo sobrenatural para mirarla. Porque ella lo motivaba. Lo ayudaba a conseguir fuerzas de cualquier lado. – Y le dije que no y empezó a pegarme…
Damon… - susurró llenándose de ternura y de irritación. Stefan y Damon. Damon y luego Stefan. – No tendrías que haber dejado que te haga esto por mí.
No me arrepiento de nada, Elena… Me siento bien de haberlo echo. Porque valió la pena. No importa que tan mal esté, si estoy acá y vos a mi lado… Todo pasa.
Entrá Damon, vamos a ver si todo pasa… - sonrió y guiándolo cuidadosamente hacia adentro lo llevó hasta su habitación.
Se tumbó boca abajo y sintió un peso sobre su cintura; luego unas manos que masajeaban toda su espalda, cuello y hombros haciendo que todo estuviera mejor. Sacándole todo tipo de dolor del cuerpo y una sonrisa.
Tenía que ayudarlo, él había sufrido todo eso por su culpa y tenía que hacer algo para hacerlo sentir mejor… Sabía que le estaba sacando sonrisas y que en esa posición estaba ingresando como ingenua a la casa del lobo. Pero Damon la llevaba a hacer eso.
Porque Damon la hacía reaccionar de esas maneras, la hacía sentir feliz, viva, muerta, triste, contenta. La hacía emocionarse, querer llorar, reír, volver a querer llorar… La hacía una bola de emociones de las que no tenía control –y eso sólo eran unos pocos efectos de Damon en ella- Damon la ayudaba. Podría llegar a ser lo mejor que le pasó en la vida, o también todo lo contrario. La hacía sentir amada, sí, amada.
Y lo sabía; no porque alguien antes la hiciera sentir de esa forma, pero entendía cómo era el amor y estaba segura que Damon era su amor.
Pero no ese tipo de amor que se ven todo el tiempo en las películas en donde hay besos debajo de la lluvia, sonrisas estúpidas y enamoramientos imposibles. Su amor era diferente… Se había enamorado de él con tan sólo mirar sus ojos; sus ojos la atraparon diez años atrás y hoy seguían causando el mismo efecto, o quizás más.
Su sonrisa y todo el resto de Damon era un tema aparte. Un tema del que nunca encontraría solución, un tema sin causa, sin ideas.
También la dejaba sin ideas, sin pensamientos… Le borraba todo tipo de conocimiento que pudiera tener en la cabeza y la dejaba en un estado de amnesia en el que sólo recordaba a Damon. Sus ojos. Su olor. Su sonrisa. Damon.
Y ahora también eso, la hacía sentirse extraña… Nunca se había puesto a pensar en el olor de una persona como lo hacía con él. Todo el tiempo pensando a qué olía y cada vez más ejemplos se le venían a la mente… Cuando veía una bicicleta, papel, estantes, camperas de cuero, todo eso olía a Damon. ¿Por qué eso no podía tampoco oler a Stefan?
Porque él no era como Damon, como su Damon. Stefan era común, era el amor que toda chica pudo soñar alguna vez. Bueno, agradable, simpático, compañero. Stefan le caía bien a todo el mundo con tan sólo saludar y eso le importaba, le importaba todo lo que la gente pudiera opinar sobre él, todo lo que pudieran llegar a pensar y todo lo que hacía, lo hacía pensando en cómo puede afectar a la gente.
Y Damon, él cumplía sus caprichos según quería; lo que la gente pensara no le importaba para nada. Hacía lo que se le ocurría y usaba a la gente a sus antojos… Sin preocuparse en qué dirán. Eso la atraía. Pensar que Damon cuando la conoció no se fijó en ella, que fue difícil de atraer cuando Stefan no paraba de demostrarle todo lo que sentía. Recordar que a Damon le costó muchísimo decirle lo que sentía, pero fue sincero… Se alejó de ella porque no quería lastimarla, la quería y por eso no podía lastimarla.
Era egoísta intentando no ser egoísta.
Era difícil, fácil, simple y complicado.
Porque no era nada fácil de analizar y comprendía que si quería entenderlo un poco, iba a llevarle muchos años descubrir qué pasaba por su cabeza. ¿Qué pensaba Damon? Sabía que la quería porque él se lo había dicho y no le había mentido. Era sincero. Y la quería.
¿Pero qué pasaba? ¿Cómo alguien que sólo usaba a la gente para saciar sus necesidades había cambiado así por ella? Y no la usaba porque sino ya se hubiera acostado con ella las veces que quisiera y no hubiera recibido tantos golpes por ella. Tan sólo se hubiera echo a un lado y se evitaba tantos dolores.
La complicaba.
Se tendió a su lado y notó que se había dormido; parecía un niño. Un niño disfrazado de hombre.
Frunció el seño intentando entender porqué sonreía, por qué Damon sonreía mientras soñaba y apretaba más su mano entrelazada con la de ella. Por qué susurraba su nombre cuando dormía y sonreía cada vez más. ¿Por qué soñaba con ella?
Nadie sueña con alguna persona a no ser que la quiera de verdad, y él lo hacía. Él hubiera dejado su vida en esa pelea con Stefan si de Elena se tratara. Él hubiera hecho todo lo que Stefan le pidiera si Elena corría peligro.
Hubiera matado por ella.
Hasta hubiera ofrecido su propia vida a cambio de que a ella no le pase nada.
Porque ahora era egoísta, pero con ella.
Y la necesitaba. No quería aceptarlo porque no estaba acostumbrado a necesitar a la gente. Pero la necesitaba.
La quería, la necesitaba, era indispensable. Era Elena. Elena Gilbert… La pequeña niña de la que había sentido envidia al verla jugar como cualquier niño con su hermano cuando él no hacía más que preocuparse por su madre y madurar dejando de lado una infancia que nunca aprovechó y una adolescencia caótica producto de tantos problemas.
Porque no tuvo mamá cuando más la necesitó. Tampoco tuvo papá y él aún seguía allí.
Había caído a los peores de los infiernos decenas de veces y estaba allí, en la Tierra, listo para seguir gracias a ella… Gracias a ellas dos. Su mamá y Elena.
Su mamá lo había guiado toda su vida para que reaccionara cuando estuvo a punto de cometer las estupideces más grandes del mundo. Y Elena estaba ahora para enseñarle a sentirse querido después de tanto tiempo, a pensar por primera vez en alguien más. A ser ese Damon que nunca salió a luz porque no se lo permitió, porque tampoco se lo permitieron.
Siempre le dijeron que debía ser fuerte y nadie tenía que jugar con él, no tenían porqué lastimarlo o hacerlo sentir mal. Y así fue como lo hizo, él se ocupaba de hacer sentir mal a las personas y nadie lo hacía con él.
Nadie se merecía estar a su lado, pero Elena sí, Elena lo había cambiado… Lo había convertido en tan poco tiempo. Lo hizo pensar por primera vez en que si te lastiman… No importa, con amigos siempre se sale adelante.
Damon… - susurró pegada a su cuello. – Ya es de día y tengo que ir al colegio… Necesito que me sueltes. – la abrazaba a su cuerpo sin dejar espacio para nada. No supo cuándo ocurrió pero la tenía prácticamente soldada a él y pretendía no dejarla ir.
Un ratito más… - susurró con una sonrisa; pero se levantó y ayudó a que ella se levantara…
¿Estás de buen humor por lo que veo?
¿Por qué no estarlo?
Stefan te golpeó…
Pero estás a mi lado y no me importa el estúpido de Stefan. Con quien voy a tener que hablar apenas me lo cruce. – frunció el ceño y juntos bajaron a desayunar. No apareció esa mañana para llevarlos al colegio y lo bien que hacía porque si Damon llegaba a encontrárselo, su rostro no iba a quedar como todos lo veían. - ¿Los llevo al colegio?
Sip. – unió sus manos y salieron caminando para cruzar la calle y recoger el auto de Damon; mientras Jeremy cerraba con llave la puerta de la casa. No se llevaba de la mejor manera con Jeremy y sabía que podía hacerlo mejor… Pero para poder abrirse a Ric tardó cinco años, con él tampoco iba a ser así de fácil. Y no le importaba llevarse mal con el hermano de Elena, pensó, vagamente, que un amigo no le vendría mal para cuando se fuera Ric. Necesitaba hablar con alguien. Estacionó frente a la entrada principal y Jeremy casi corrió a su encuentro con Bonnie; Elena vio a Matt y a Caroline… Ni un rastro de Stefan. - ¿Nos vemos ésta tarde? – colocó una suave caricia en su rostro; congeló ese instante en el que su mejilla rozó con su mano y la dejó allí, inmovible.
Tengo que ver mi agenda, así que no sé. – bromeó. - ¿Te paso a buscar?
Nos vamos con Caroline… Pero cuando llegó te mando un mensaje.
Está bien. – capturó su cuello, apresó sus labios haciéndolos prisioneros de los suyos en un corto beso; una corta condena. – Nos vemos a la noche… El único momento en el que veo a Ric es a la tarde.
Adiós, cuídate… Te quiero Damon. – un beso más, condenas, cadenas, esclava.
Yo también y cuidado con Stefan. – se preocupó, pero ella sabía cuidarse. Era fuerte y sabía muy bien lo que hacía; Stefan no iba a acercarse a ella porque conocía cómo era. No iba a ser lo suficiente hombre como para hacerse cargo de lo que había hecho y mucho menos de enfrentar a Elena.
Lo vio en el pasillo, se cruzaron al entrar al salón de física y como sólo quedaban dos lugares disponibles. Tuvo que sentarse dos horas con Stefan a su lado que, cada vez que podía, la miraba con una sonrisa idiota en su cara pensando que ella no se había enterado de lo que hizo.
Todos salieron de la clase, todos menos Elena que demoró al guardar unas cosas y apenas levantó la mirada, se encontró a Stefan aún a su lado.
¿Necesitas algo? – preguntó.
A vos… - se acercaba a ella; con un rápido movimiento cerró su puño y le golpeó la cara haciéndolo ir para atrás.
La próxima vez que me reclames como tuya y golpees a Damon porque yo soy feliz con él, no va a ser un golpe sólo. – salió corriendo mientras Stefan se limpiaba la sangre en su camiseta blanca.
Se sintió bien por haberse defendido a ella misma, a Damon y a todo lo que sentía por él.
Aunque se defendiera así, golpeando – algo que no le gustaba hacer – pero se defendía… Y supo que Stefan no iba a volver a acercarse; porque ésta vez sí estaba segura de eso.
