‒ ¿estuviste cómodo? ¿Seguro no quieres algo de risotto? ‒ decía la mujer que los acomodo en la habitación.
Romano había pasado la noche sentado al lado de la cama, sin dormir ni moverse, tenía hambre y muchísima pero no se atrevía a salir de la habitación por el espectáculo que podría ver, y no quería hacerlo.
‒ no quería importunarlas ‒ fue lo único que pudo decir Romano, ni siquiera mirándola los ojos
‒ jajaja... no veo porque no saliste, no es nada del otro mundo solo un pasillo lleno de cuartos... él despertará pronto, iré a preparar... ‒
‒ espera, ¿por qué lo ayudas? ¿Cómo lo conociste? ‒
‒ Yo... bueno... lo conozco desde que éramos niños, claro que yo estaba en secundaria y él era una cosa preciosa chiquita... cuando su madre lo dejó deambulo solito y yo lo metía a mi casa a escondidas por las noches, durante el día el permanecía solo en las calles... cuando mi hermana se casó y se embarazó de Margarita... ‒
‒ Un segundo tú eres cuñada de ese hombre tosco, padre de la niña sordomuda‒
‒ Gracias, al fin que alguien me entiende, pero no pude convencer a la babosa de mi hermana; pero continuando... los convencí de que lo adoptaran, para ese entonces Dante tenía unos 11 años, luego vino el incidente... y fue ahí que Dante comenzó con esas malas compañías‒
‒ ¿malas compañías? ‒
‒ lo lamento pero no puedo decirte más, él no me cuenta nada sobre eso, pero lo que sí puedo decirte es que es un gran chico, viene todos los días para protegernos de los abusivos que no nos respetan; *suspiro* voy a preparar el desayuno, ¿quieres un emparedado con café? ‒
‒ me encantaría gracias ‒
Luciana salió de la habitación y Romano se quedó pensando que debía hacer que lo perdone cueste lo que cueste, ya le quedaba poquísimo tiempo. De pronto Dante empezó a despertar, y se topó aún con unos ojos furiosos pero los suyos estaban algo perdidos.
‒ te dejé solo 15 minutos, regresó y te encuentro en un viaje a la Luna‒
‒ ¿sigues aquí? ‒
‒ ¡recuerda el trato! ‒
‒ ya creo que hice suficiente para que te convencieras de que no soy tu hermano‒
‒ te equivocas, cada vez que te veo, veo a mi pequeño hermanito y lo peor de todo es que tus estupideces me hacen caer en cuenta... ‒ Romano calló y luego se giró para ver por la ventana, y no se atrevió a volver hablar.
‒ Que eres un pésimo hermano mayor, era eso lo que ibas a decir ¿verdad? ‒
‒ Toda su vida... yo le había rehuido... tratándolo de inútil y culpándolo de todos mis problemas, desde el afecto que nos daba nuestro abuelo hasta lo pésimo que soy para las artes, y... ‒
‒ entiendo, eras un celoso... irónico... mis hermanos hacían lo mismo... ‒
‒ ¿hermanos? ‒ Al fin una pista más personal de su pasado. Algo que Romano sentía que ayudaría mucho más a su meta del perdón.
‒ sí era el menor de cuatro, no me gusta hablar de eso, te pediría que no lo mencionaras ‒
‒ maldizinone, ¿tú si fueras mi hermano me perdonarías? ‒ Romano no esperaba lanzar la pregunta tan directamente pero ya no sabía qué hacer.
‒ ¿por lo que mencionaste? ‒ Dante se quedó pensativo ‒ corrígeme si me equivoco tú quieres que te perdone por insultar, evitar, y culpar de todo a tu hermano pequeño, que sí creo que interpreto bien tu cuadro familiar era más hábil en el arte, pintando me imagino, y haciendo toda clase de trabajos, y llegó a pensar que también era un excelente cocinero. Seguramente todas las personas eran amables con él y tenía un millar de amigos, pero tú no y lo culpabas por eso, y si vuelvo adivinar el no objetaba nada de lo que decías, te miraba con una sonrisa estúpida en el rostro, esperando que tú termines de gritar... ‒
Romano se quedó sin aire, y solo asintió esperando la respuesta.
‒ ¿te das cuenta lo malo que suena todo eso? Y es por eso que yo no te disculparía, de ser él, seguramente tendría un límite, todo el mundo tiene uno, y al alcanzarlo me daría cuenta que no me conviene estar cerca de ti... me iría y no te dirigiera la palabra por mucho tiempo... ‒
Romano para este punto ya había perdido todas las esperanzas, y lo peor de todo es que se dio cuenta de que habían sido esperanzas falsas, Dante tenía toda la razón, si su hermano tenía un poco de amor propio haría exactamente eso, y para colmo Romano por unos segundos se puso en los zapatos de Veneziano, el no cambiaría de opinión; era realmente obvio que no recuperaría a su hermano menor.
‒ Dante, ¿qué le hiciste a tu amigo? ‒ dijo Luciana entrando con una bandeja de emparedados y tres tazas de café.
‒ en primer lugar no es mi amigo, segundo solo le dije la verdad ‒
‒ discúlpate, él pobre chico te cuido toda la noche así que merece una compensación‒
‒ ni lo sueñes, ya sufrí con su dichosa compañía‒
‒ ¿conque esas tenemos? Muy bien, no hay emparedado napolitano para ti‒
‒ ¿eh? No es justo Lucy, es el único que me gusta ‒
‒ Entonces, compénsalo ‒
‒ de acuerdo, haré lo que él quiera... espero que no haya más problemas ‒
‒ ¿oíste Lovino? ‒ dijo Luciana colocando el emparedado enfrente de Romano
‒ ¿eh? ‒
‒ Dante pasará todo el día contigo haciendo todo lo que tú quieras, él te lo debe, así que aprovecha, si se portan bien les tendré preparado un rico tiramisú‒
‒ No lo hagas por lástima‒
‒ Solo lo hago por el tiramisú ‒
Después de una hora Dante y Romano salieron del burdel, y como Dante estaba a disposición de Romano haría todo lo que él quisiera por ese motivo Romano lo llevó a un parque que tenía una fuente de agua, muy hermosa, antigua y delicada, llevo los materiales de pintura que había comprado el día anterior y colocó los caballetes en una zona alta para observar todo el lugar.
‒ Bien, ahora tú y yo vamos a pintar ‒
‒ no sé pintar ‒
‒ no te creo, el dueño de ese bar dijo todo lo contrario ‒
‒ es la última vez que le cuento a Giorgo mis problemas ‒
‒ Para que lo sepas el que no sabe pintar soy yo, así que no te burles al final‒
Romano le pasó unos pinceles y una paleta de pinturas, y ambos empezaron a decorar los lienzos. Sin darse cuenta había pasado toda la mañana. Cuando llegó el medio día Romano decidió parar y mostrar su arte.
‒ ¿y bien? ‒ dijo romano mostrando su pintura, la cual consistía en la pileta y aunque Romano decía que no era un buen pintor, se notaba la delicadeza de los trazos y lo bien proporcionadas de las figuras, en pocas palabras una pintura hermosa.
‒ ¿y tú dices que no sabes pintar? ‒ dijo Dante sonriendo, a Romano le gustó verlo sonreír, desde que se encontró con él no había visto ninguna sonrisa, extraño porque Veneziano sonreía todo el tiempo ‒ está muy bien, podrías venderla o ponerla en un museo, no estoy seguro de la mía ‒
Dante solo había pintado la pileta, pero Romano se asombró, el talento de Veneziano seguía intacto, por más que la persona en frente no era exactamente igual a su hermano la firma de Veneziano con respecto al arte era legitima. La pileta era casi real, parecía como sí el agua cayera y salpicara a sus alrededores.
‒ ¡wow! Si yo debo colgarla en un museo, la tuya será codiciada por todos a escala mundial ‒
‒ no seas tonto, nadie admira algo de un don nadie ‒
‒ ¿por qué lo dices? Tú arte debe ser admirado, eres muy talentoso ‒
‒ ¿talentoso? ¡Soy un asco! Si fuera talentoso hubiera podido... ‒
‒ ¿hubiera podido? ‒
‒ nada, olvídalo ‒ dijo Dante mirando extrañado al cielo ‒ ya qué estamos atados todo el día ¿quieres ir a mi casa a cenar? ‒
‒ ¿a cenar? ‒
‒ sí, antes pasamos a ver cómo está Margarita, luego vamos por el tiramisú, alquilamos unos videos, pedimos una botella de vino del Bar de Giorgo, y te quedas en mi casa, todo en distinto orden ‒
‒ suena bien ‒ dijo Romano guardando todo los materiales de pintura y tomando ambos lienzos llevándolos con mucho cuidado.
Llegaron al Burdel donde Luciana tenía un Tiramisú listo y muy grande para ellos solos, hizo también uno más pequeño para Margarita, el de ella era de chocolate. Antes de despedirse Luciana les dio un beso a ambos en la mejilla, Romano escuchó claramente como ella le susurraba en el oído "Gracias por ser su amigo". Emprendieron camino hacia el bar donde Giorgo al ver a Romano con lienzos en la mano se emocionó y se los arrebató de inmediato.
‒ ¡Me los quedo! ‒
‒ ¿eh? ‒ preguntó Dante confundido
‒ son maravillosos, siempre te lo he dicho, eres muy bueno, siempre quise darle vida a este lugar, y comenzare con un Dante original, las chicas que marcas quedaran admiradas ‒
‒ tenemos que hablar sobre eso después ‒ susurró Romano
‒ bien, no tengo mucho para pagarles, pero les ofrezco mis mejores vinos, los que he guardado celosamente... ‒ sin decir ni pío Giorgo sacó una caja de cuatro vinos todos ellos sellados, y se las dio. ‒ para ustedes exclusivamente, no las beban de un solo tirón, son muy especiales, vienen de la parte más norte del país ‒
‒ Lo intentaremos ‒ dijo Dante cargando la caja.
Luego pasaron por el restaurante de Luigi, donde él susodicho estaba ebrio en la entrada, eso hizo enojar a Dante, el cual le tiró de la silla donde estaba sentado.
‒ Desgraciado infeliz, ¿no se supone que manejas un restaurante? ‒
‒ ¡cállate! Te lo advertí, si te veía te disparo ‒
‒ pues por mí hazlo imbécil, solo te digo una cosa le pones un solo dedo a la niña y te fulmino ‒
‒ Hijo de la grandísima... ‒
‒ ¡oye! A Dante no le gusta que insulten en su presencia ‒ gritó Romano en un impulso que no sabía de donde vino pero bueno lo hecho, hecho estaba.
‒ vas a vértelas conmigo muchacho ‒ dijo el hombre parándose torpemente y sujetando a Dante del cuello.
Dante giró la cabeza para evitar percibir el aliento asqueroso que emanaba Luigi, sin soltar la caja que contenía los vinos le dio una patada en el estómago lo cual le dejaría inconsciente varios minutos. ‒ El imbécil eres tú, siempre creyendo que intimidas a la gente cuando en realidad das lástima ‒
La niña que estaba cerca a la puerta corrió al ver a Dante y le abrazó fuertemente, la niña apenas le llegaba a la cintura. Dante se agachó dejó la caja a un lado, y examino su rostro, brazos y piernas, no encontró nada de golpes. En lenguaje de señas Dante le explicó que su tía Luciana le había hecho un rico Tiramisú de chocolate. La niña sonrió y volvió a abrazarlo, recibió el tiramisú y se volvió dentro. Dante recogió su carga y siguió caminando sin antes volverle a dar una patada a Luigi en el brazo.
Romano no había dicho nada en todo el trayecto, suponía que luego podría sacarle la información.
Llegaron al edificio que Romano conocía pero jamás vio a Dante permanecer ahí más de 10 minutos. Era un edificio viejo, faltaba poco para que se cayera; su habitación se encontraba en el tercer piso, y para la sorpresa de Romano, era un poco desordenada, no como lo era Veneziano.
‒ lamento el desorden casi no paso dentro ‒
‒ no me digas, bueno mi hermanito también era un poco desordenado ‒
‒ *suspiro* siéntate por aquí... ‒ dijo mientras dejaba la caja en una mesa y quitaba unos papeles de una silla los cuales puso sobre la mesa ‒ traeré los vídeos para escoger... ‒
Romano se sentó y su curiosidad lo llevó a revisar los papeles, en ellos vio a Venecia, tal como lo recordaba, eran bocetos muy bien hechos de cómo era la ciudad en sus recuerdos; Romano reprimió lágrimas, al ver dibujados en esas hojas las góndolas atravesar los canales de esa hermosa ciudad. En ese instante Dante salió de la habitación sin camisa, y con un montón de vídeos, los cuales depositó en la mesa.
‒ ¿cuál quieres ver? ‒
‒ ¿qué tienes en tú espalada? ‒ preguntó Romano viendo una mancha en uno de los costados de la espalda de Dante
‒ Un tatuaje ‒ dijo dándose la vuelta
‒ es... ‒ Romano estaba sin poder articular palabra, en la espalda de Dante estaba imponente el León que adornaba los escudos de Venecia, desde que él tenía memoria, El famoso León alado, el León de San Marcos; Veneziano lo tenía siempre presente y era su símbolo desde siempre.
‒ no te burles, lo diseñe yo mismo, hasta le puse un nombre ‒
‒ ¿no será Marcos? ‒
‒ Sí, ¿cómo lo supiste? ‒
‒ Eh... no lo sé... tiene cara de Marcos... ‒
Dante no le prestó atención y puso el vídeo, sirvió el tiramisú, y abrió la primera botella de vino, la cual se la acabaron a la mitad de la cinta; Dante era un gran bebedor, pero Romano no se quedaba atrás, después de todo ambos eran nietos del Gran Imperio Romano. Pusieron otro vídeo, y Dante seguía acabando la siguiente botella.
‒ Por cierto Dante es un nombre muy peculiar... ‒
‒*hic* pues sí, porque sé de buena fuente, que es el nombre de alguien que bajo al infierno, luego al purgatorio y después al cielo... ‒
Romano se congelo al oír esa respuesta, esa era exactamente la temática del libro de Dante Alligheri ‒ ¿quién te lo dijo? ‒
‒ Me lo dijo él mismo hombre en un sueño... no creas porque te lo digo mientras bebo... porque esa es la verdad ‒
‒ *hic* te creo... ‒
Ya era muy tarde, pasada la media noche, y ya estaban acabándose la sexta botella, que Dante había salido a comprar, después de que las especiales de Giorgo se acabaran.
‒ ¿Dante? ¿Cómo era tu familia? ‒ preguntó Romano, el cual sabía que Dante estaba lo suficientemente ebrio para responder cualquier cosa.
‒ ¿Mmmhh? Bueno... *hic*... mi madre era una mujer muy linda, pero mala para amar... tuvo problemas con todos sus novios, incluyendo a mi padre... ‒
‒ ¿ósea que tú y tus hermanos eran solo medios hermanos? ‒
‒ solo con los dos mayores, de ahí tenía un hermano mayor que sí era mi hermano de sangre ‒ Dante empezaba a arrastrar las palabras y perder la consciencia, pero seguía con la botella en la mano.
‒ ¿y se llevaban bien? ‒
‒ Sí, *hic* éramos muy felices, incluso mi padre quería a mis hermanos mayores como si fueran suyos propios... pero yo era diferente... ‒
Dante recordó y explicó a Romano que solía dibujar cosas que a todos fascinaban pero que a su madre horrorizaban.
‒ ¿una ciudad en medio del mar? ‒ decía la mujer indignada mientras observaba horrorizada el dibujo de su hijo.
‒ sí, ¿no está linda? ‒ decía su esposo mientras se despedía de los demás y salía a trabajar
‒ Cariño creo que debemos hablar... ‒ condujo al más pequeño hacia la cocina. ‒ No quiero que dibujes más estas tonterías‒
‒ ¿tonterías? ‒ dijo el pequeño sin entender.
‒ Una ciudad en el mar, un león con alas, y tus extraños inventos como ese helicóptero cónico‒
‒ Pero mamá, el sr. Leonardo...‒
‒ ya no tienes edad para tener amigos imaginarios, si sigues con eso me da la impresión de que estoy criando a un loco‒
‒ mamá no estoy loco, solo que ellos me lo dicen en sueños... ‒
‒ ¡ya basta! ‒ gritó ‒ suficiente... no sirves para nada, Bastardo, desde ahora te dedicas a otra cosa o te las verás conmigo‒
Dante tenía los ojos con lágrimas que enseguida reprimió y de un tirón se acabó una botella él solo.
‒ Mi padre se molestó por eso... ‒
‒ Y yo la hubiera mandado a paseo... ¿quién le dice eso a un niño? ‒
‒ Mi madre, prohibió a mis hermanos mostrarme una palabra de aliento y con eso poco a poco empezaron a odiarme, y para colmo mi padre por algún motivo me prestaba mucha más atención‒
Dante recordó los insultos de sus hermanos, y los golpes y patadas que solía recibir cuando lo encontraban dibujando. También recordó que al ver tanto caos, su padre discutía cada vez más con su madre por su causa hasta que estalló la bomba.
‒ ¡Tú no sales de esta casa!‒
‒ Mírame como lo hago... regresaré en varios días por los niños... ‒
‒ No te los puedes llevar‒
‒ hablaré con el juez, si es necesario me los llevó a todos, y si no puedo porque no son míos, llamare a sus padres para que los vengan a buscar, y por lo que he escuchado estarán gustosos de venir por ellos‒
‒ te juro que jamás vas a poderte llevar a mis hijos, ¿oíste? Jamás‒
Dante ya no podía más y buscaba con desesperación esa cajita que solía tener en el bolsillo, pero Romano sabía que no la encontraría porque la había tirado en el desagüe, a falta de la caja Dante tomó otra botella y se desplomó en el sillón, a punto de perder la consciencia, pero antes dijo lo último que debía decir.
‒ Dos días después, mi madre nos llevó al parque y como nunca jugamos fútbol juntos, para el final de la tarde me enviaron a ver el balón que mi hermano mayor había pateado al otro lado del parque, me tarde a penas 5 minutos... y ya no estaban, los busque... no había nadie... regresé solo a casa y me topé con la sorpresa que... la casa estaba vacía... solo quedaban mis cosas y un emparedado en la mesa... los espere pero jamás volvieron... tenía 5 años... Luciana me encontró una tarde deambulando por los basureros y me llevó a su casa... sin ella... yo no... ‒
‒ Todo está bien ahora... perdón por hacerte hablar... ‒
Al final, Dante terminó inconsciente en el sillón, con una mano en la copa, y la otra en la botella, Romano que, estaba sentado a su lado y seguía despierto lentamente le quitó esos objetos de las manos y los colocó en la mesa, sin previo aviso Dante se acomodó usando a Romano como almohada. Romano sonrió, Veneziano lo hacía de la misma forma cuando él lo dejaba dormir en su cama. Extrañaba esos momentos con su hermanito pero Dante no diría las palabras mágicas, así que por lo menos disfrutaría de su hermano aunque este no cepa quien era.
¿Les gustó? Espero que sí, y que tal, Romano merecía sufrir un poco, y bueno Dante no tenía la culpa de nada. A veces nos cortan las alas sin darnos la oportunidad. Y hablando de Alas, el León de San Marcos es el escudo de lo que antes era la República de Venecia, su historia me pareció muy linda, así que tal vez vean que en los siguientes fics, haga relación a eso. Como siempre espero sus comentarios y/o sugerencias y/o críticas. Nos vemos
