Intercambio

Capítulo 7

La Espada Maldita


Harry POV

Thalía y Annabeth me llevaron hasta la sala de juegos por medio de empujones y llamaron otra reunión de emergencia. «La tercera en dos días, ¡la tercera desde que se perdió Percy!», murmuró Annabeth bajo su aliento.

La primera en llegar fue Lou Ellen.

—Harry, no me importa si no eres un bendecido de Hécate, si no eres su hijo. Te considero mi hermano, no importa lo que seas. Incluso si fueses un hijo de Hades, que aunque Nico no me cae mal, es un poco espeluznante…

Levanté la mano en la que tenía la espada para callarla. Sus balbuceos eran algo tranquilizadores para mí, pero ella no parecía estar disfrutándolo.

—¡Ah! —jadeó Lou Ellen al ver mi mano en la espada, luego me miró con reproche—. Intentaste la espada, Harry, eso no se hace, ahora no podremos sacar tu mano.

El resto de los líderes de cabaña ya había llegado ahí, y aunque varios podían no llevar más de un mes aquí, todos parecían conocer la historia de la espada.

Todos parecían preocupados, excepto unos pocos. Matthew, y Gaspard reían, mientras que a Clarisse solo no le importaba.

—¡Cogiste a Mageía-Rávdos! —exclamó una sorprendida Miranda.

—Tal vez podríamos sacársela untando mantequilla derretida —sugirió Aurora.

Esta vez no fue Mady quien la contradijo, pues ella también estaba preocupada.

—O con aceite hirviendo —se burló Matthew.

—¿Cómo se les ocurrió darle a Mageía-Rávdos? —reprochó Chiron, quién acababa de llegar.

—O cualquier arma —agregó Gaspard.

Todos comenzaron a discutir sobre cómo me debían separar la mano de la espada. Gaspard y Matthew hacían sugerencias inútiles como la anterior, «Untarla con aceite hirviendo» o la otra «Cortarle la mano». Otros, como Aurora y Clovis (quien estaba despierto) sugerían entrenarme con la espada y dejarla donde estaba, sin dolor. Miranda decía que los de la cabaña de Hécate deberían hacer un hechizo para sacarla, la apoyaban Butch, Thalía, Silena y los Stoll, pero Chiron les dijo que los de Hécate ya lo habían intentado.

—¿A alguien se le ha pasado la idea por la cabeza de que tal vez Harry sea el bendecido del que cuenta la leyenda? —preguntó suavemente Annabeth.

—¡Yo estaba esperando el momento para decirlo, pero nadie se callaba! —la apoyó Lou Ellen.

Todos se quedaron callados, meditando la posibilidad.

—Solo hay una manera de saberlo —dijo Thalía, rompiendo el silencio—. Harry, susurra una palabra al pomo de la espada.

Con cuidado de no cortar a nadie, levanta la espada hasta que el pomo quedó cerca de mi boca, y susurré—: Suéltame.

Si una espada pudiera vacilar, esta lo hizo. Mageía-Rávdos soltó mi mano, ante la mirada de los sorprendidos líderes de las cabañas. Lou Ellen me sonreía, mientras que Annabeth solo me miraba.

Annabeth y Thalía me llevaron a la Casa Grande después de eso.

—¿Harry? ¿Sabes lo que significa Mageía-Rávdos? —preguntó Annabeth.

—No —admití avergonzado. Los semidioses entendían griego, e incluso unas frases en latín, algunos hablaban con fluidez ambos idiomas (después de ligero trabajo en latín).

—Mageía-Rávdos significa varita mágica en griego. —Annabeth me miró con curiosidad—. Tienes una espada especial, tan especial como la de Percy. Quiero creer que es por una razón.

Tenía la sensación que, Annabeth, al decir especial, se refería a «maldita». Annabeth se dio la vuelta y se fue a su cabaña. Thalía me dijo unas palabras e hizo lo mismo. Yo no pude conciliar el sueño fácilmente ese día, pero tuve que hacerlo, porque la despedida amenazante de Thalía lo requería.

Fue algo así como «Aprenderás a usar la espada».

—Vamos, Potter, usa la técnica que te enseñé —urgía Thalía, pero no era fácil concentrarse con su escudo frente a mí. Daban ganas de correr. Égida, el nombre de su escudo, era un escudo con el grabado de la cara de Medusa. Espeluznante.

—Tú no tienes escudo, todavía, y eso puede ser tanto una ventaja como una desventaja. Sin escudo estás más ligero, pero desprotegido. Los movimientos que alguien con escudo son más lentos, pero seguros. En estos momentos eso no te servirá de mucho, porque ambos llevamos armadura, y tú no estás acostumbrada a ella, así que te va a pesar. Cada momento es un momento de vida o muerte en nuestro mundo, recuérdalo. —Fue la alentadora introducción de Thalía, antes de que comenzáramos a usar la espada y sacara su terrorífico escudo.

Thalía lanzaba estocadas tan rápidamente que yo solamente tenía tiempo de detenerlas si me hacía para atrás. Lenta pero constantemente, Thalía ganaba terreno.

—Potter, Clarisse tiene una lanza eléctrica. Se llama Cojo, bueno, en realidad no, su nombre es Maimer, pero le decimos Cojo, y no querrás pelear con una lanza eléctrica. Te lo digo yo, hija de Zeus, el dios con el rayo. Te lo puedo mostrar. —Thalía llamó mi atención.

—No, gracias —dije al tiempo que paraba una de sus estocadas, con dificultad. Yo tenía que entrenar más duro porque no tenía TDAH (que descubrí ayer, era Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad)—. Oye, si tu padre es el rey de los dioses, ¿no eres tú la reina de los semidioses?

Thalía río, pero eso no hizo que me presionara menos.

—No, pero eso sería fabuloso. Mi padre en realidad no es más poderoso que Poseidón o Hades. Por algo son los Tres Grandes. Yo no soy más poderosa que Percy o Nico.

—Primero, ¿Quién es Nico? Lo mencionó Lou Ellen. Segundo, ¿Quiénes son los Tres Grandes? Y tercero, ¿Cómo sabes si Percy y Nico ellos son tan poderosos como tú?

Thalía pensó un momento.

—Nico es el hijo de Hades. Es muy poderoso, y muy joven. Vive prácticamente solo, pero es la vida de los hijos de Hades, nunca son completamente aceptados… ¡Oye, quieres distraerme! —acusó.

—¡No, no!

Bueno, en parte sí, pero también estaba curioso. Thalía presionó con más fuerza.

—Los Tres Grandes son Zeus, Poseidón y Hades, los dioses más poderosos —explicó Annabeth desde las gradas, donde observaba.

Yo intentaba comprender la información que me daba Annabeth al tiempo que evitaba ser ensartado por la espada de Thalía.

—Estoy completamente segura de que Nico es igual de poderoso que Percy porque, la primera vez que hizo una grieta en el piso, ni siquiera sabía que era un hijo de Hades. Percy cuando tenía doce años, y estaba completamente sin entrenar, derrotó al Minotauro. Aún tiene el cuerno, en la cabaña de Poseidón, creo. Y Thalía y Percy son igual de poderosos. Cuando Percy tenía catorce años, y Thalía quince, tuvieron una pelea en medio de un juego de captura la bandera…

—¿Sabías eso? —preguntó Thalía avergonzada.

Annabeth continuó como si no la hubiera oído—: Thalía, más temperamental que Percy, y en el calor del momento, le dio un empujón al mismo tiempo que lo electrocutaba, lo que lo lanzó tres metros en el aire. —Annabeth le lanzó una mirada de reproche a Thalía, y ella se retorció. Habíamos dejado de pelear con la espada—. Según Malcolm, Percy parecía furioso cuando lanzó una ola desde el arroyo hasta la cara de Thalía. Entonces Thalía le lanzó un rayo usando su lanza para apuntar hacia Percy. Malcolm dice que Percy, "más enfadado de lo que te puedas imaginar", levantó el arroyo entero con su fuerza de voluntad, solamente.

—Fue algo intimidante —reconoció Thalía a regañadientes—. No parecía difícil para Percy hacer eso. No sé qué hubiera hecho yo si él no hubiera dejado caer el arroyo en lugar de lanzármelo.

—Pero no lo hizo apropósito —dijo Annabeth.

—No, solo lo dejó caer por la sorpresa que supuso que el Oráculo (en ese entonces no una chica, sino una momia) caminó un kilómetro para hablar con Zoë.

—Muy bien, así que Percy, Nico y Thalía son igual de poderosos… ¿Quién es Zoë? —pregunté.

Annabeth me miró. Sus tormentosos ojos grises aún eran intensos, usualmente me miraban con frustración por no poder encontrar a Percy, o instándome a que me convirtiera en héroe aquí y lo buscara. En este momento me miraban con curiosidad, tratando de encajar las piezas.

—Zoë era una cazadora. Según Percy, ella se parecía mucho a Thalía. Recuerdo su imagen cuando la conocí alrededor de hace diez años, pero no recuerdo su carácter.

—Era la lugarteniente de Artemisa. Dirigía la Cacería con ella. Pero murió. Ahora es una constelación —añadió Thalía.

Después de eso, seguimos el entrenamiento.

La caracola sonó, anunciando la cena. Annabeth y Thalía me acompañaron al Pabellón del Comedor. Thalía se desvió rápidamente a la mesa de Artemisa, mientras que Annabeth esperó, como si supiera que tenía algo que decir.

—Quiero saber cuál es el dominio de cada dios —confesé.

Annabeth asintió, complacida.

—Mi cabaña es la seis —informó—. Pasa por ahí después de la cena, te pasaré un libro resumido. Desde el punto de vista del semidiós.

Entonces, como Thalía, se alejó a su mesa.

Al ser el bendecido de Hécate, yo comería con la cabaña de Hécate. No sabía cómo reaccionarían, pero definitivamente no esperaba que lo hicieran tan calurosamente. Creo que ya había sentido esto antes.

—Hola —me saludó Lou Ellen con una sonrisa, luego se volvió al resto—. Harry es el dueño legítimo de Mageía-Rávdos. —Todos los de la mesa, unas cinco personas en total, tres chicas y dos chicos, sin contarme a mí, jadearon—. ¡Si, de verdad! —Se volvió hacia mí—. ¿Te importaría mostrárnosla? —preguntó emocionada.

Me removí incómodo.

—La dejé en mi habitación —contesté honestamente.

—¿Y qué? La espada te seguirá a todas partes, hecha humo, no importa qué. No te perderá de su "vista".

—Llámala —animó una chica, a la que miré con cara «¿Quién eres?»—. ¡Oh, perdón! Yo soy Mina Beckelheimer.

—Kyle DuGray —dijo uno de los chicos.

—Lorelai Clermont —se presentó una de las chicas—, y este es mi hermano —dijo moviendo la mano hacia el otro de los chicos, un par de años mayor que ella.

—Jordan. —Todos se quedaron mirando, como esperando su apellido—. Clermont. ¿Es necesario decirlo? —preguntó con una sonrisa.

—Lindsey Vanderwoude —dijo la otra chica, tendiéndome la mano con una sonrisa inocente. Hizo que desconfiara.

Le iba a dar la mano, pero Lou Ellen me detuvo.

—¡No! —Lou Ellen le mandó una mirada de reproche divertido a Lindsey, quien solo rodó los ojos—. Lindsey tiene un poder. Puede sentir tus emociones por el tacto. Cada muchos años, un hijo de Hécate tiene algún poder, y este es el de Lindsey. Harry, ¿podrías por favor aparecer la espada? —suplicó.

—¿Cómo? —pregunté.

—Llámala. Algo como: Mageía-Rávdos, ¡aparece! Pero más amablemente, porque la espada tiene carácter.

—Mageía-Rávdos, ven —susurré, levantando la mano ligeramente. De repente, sentí un peso en la mano, el peso de la espada. La correas atraparon mis dedos, y el guardamano se amoldó a al dorso de mi mano.

—Se dice que la espada se volverá humo si, mientras el dueño está vivo, alguien la toca, a menos que el dueño ordene expresamente lo contrario —murmuró Jordan.

—Nadie lo sabe seguro —agregó Lorelai.

Los miré, y me di cuenta de que aunque esos dos eran hermanos, también se parecían al resto. Todos tenían cabello color chocolate y ojos azul oscuro.

Les iba a preguntar si todos los hijos de Hécate eran así cuando oí un jadeo proveniente de la mesa de Nix, que estaba prácticamente en la sombra.

De las sombras, salían tres chicos. Dos chicos y una chica. Todos parecían de la misma edad.

—Encontré dos, ¿mi premio? —preguntó uno de ellos. Tenía cabello negro, y ojos igual de oscuros. Supuse que su piel debió haber sido olivácea alguna vez, pero ahora era increíblemente pálida.

—¿Nico? —preguntó Michael Yew—. ¡Me asustaste!

Nico soltó una risa.

—¿De quién son? —preguntó Silena—. Los semidioses.

—No lo sé —suspiró Nico, el hijo de Hades—. Esperaba que cuando llegáramos aquí los marcara su padre.

—Él es Nico —me dijo Lou Ellen—. Nos salvó en la segunda Titanomaquia, así que nadie lo evita como la peste como antes. Estoy feliz por él, no es malo. Pero sigue teniendo ese aire de muerte…

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Annabeth que se había acercado a la chica. La chica parecía tener trece años, su cabello era negro y ondulado, con un mecho rojo en su fleco de lado. Sus ojos eran negros. Se parecía al otro chico, pero el otro chico tenía el cabello parado como por estática y sin el mechón de otro color.

—Heather —dijo—. Heather McElhannon.

—¿Y tú? —le preguntó al chico.

—Hadrien McElhannon —contestó.

—¿Cuántos años tienen? —preguntó Annabeth.

—Hoy cumplimos trece, somos mellizos —dijo Heather tímida.

En ese momento, como si lo que dijo Heather hubiera sido una señal, detrás de Heather y Hadrien se formaron, como anuncios de neón, con la menor cantidad de líneas, dos antorchas invertidas.

La mesa de Atenea jadeó, mientras que otros cuantos de otras mesas también lo hicieron, y Lou Ellen, a mi lado, también lo hizo. Chiron, que hasta ese momento había permanecido en su lugar, luciendo desconcertado, intervino.

—Heather y Hadrien McElhannon, hijos de Tánatos, la Muerte —dijo reverente.

Iain POV

Estaba inmensamente cansado. Todo el día de ayer Ginger Fadelen y Miranda Gardiner, hijas de la diosa de la victoria y la diosa del cultivo, respectivamente, me habían estado llevando a través de cada deporte del campamento mestizo. Destaqué en arco, no lo suficiente como pare ser un hijo de Apolo, pero bastante bien, de cualquier forma. Entrenamos medio día de hoy en arquería, pero decidieron que me entrenarían en espada, para un contacto más directo en la batalla.

Ese día me habían llevado al bosque para entrenar.

Al mismo tiempo, me informaron sobre el célebre Percy Jackson, sobre la intensa Annabeth Chase, y la anterior Titanomaquia. Aparentemente, Percy luchó contra dos titanes, y venció.

—Hay dos versiones en el campamento sobre como Percy venció a Cronos. Se dice que sus cuchilladas sobre Cronos eran tan rápidas y en diferentes puntos, que encontró el Talón de Aquiles en el cuerpo de Luke (el contenedor de Cronos).

»La otra versión, la de Annabeth, la real, es, de alguna manera, más heroica. ¿Pasar el cuchillo a quien te traicionó para que pueda encajar el cuchillo en su Talón de Aquiles? ¿Confiar en tu enemigo? Percy lo hizo cuando se dio cuenta de que no podría encajar el cuchillo el mismo, a petición de Luke, animado por Annabeth —contaba Miranda.

Me pregunté qué es lo que habría hecho Harry para poder reemplazar a alguien que venció a dos titanes y a un dios. Porque Harry debía reemplazarlo por lo que me dijo Ginger.

—El día en que vencimos a los titanes y a sus hordas de monstruos, hubo otra profecía. Esperábamos que, como la primera, faltaran setenta años para que se cumpliera, pero se está cumpliendo ahora.

»La profecía habla sobre como dos mundos intercambian héroes, uno debe ser Harry, y el otro es Percy. Percy hizo cosas grandes en este mundo, así que partimos desde la conclusión de que también lo hizo Harry.

»Hasta ahora, nos hemos dado cuenta de que tienes una estrecha relación con Hécate, y de que no recuerdas nada.

»La otra parte de la profecía habla sobre como los dos mundos se deben juntar para derrotar a un villano. Y creemos que Chiron sabe más de lo que cuenta, pues se ha mantenido callado en las discusiones, como si supiera la respuesta pero no debiera decirla —soltó Ginger.

—Estábamos perdidos desde antes, pero ahora Rachel tiene esta profecía que insiste es de Percy… Harry debe hacernos confiar en él, algo que nos haga saber que vale la pena, es la misma tarea de Percy en el otro mundo.

»No recuerdan nada, y creo que quien los haya cambiado, quiso que fuera así. De otra forma, sabiendo de que mundo tienen, podrían sentir la necesidad de pelear —expuso Miranda.

Ahora estaba sentado en mi mesa, la mesa de Momo, solo. Nadie me habló. Digo, yo nunca tengo la atención, pero esta constantemente llega a mí, de modo que puedo hacer una broma o dos.

No estoy seguro de si la falta de atención es buena o mala.

Se escucha un chillido proveniente de la mesa de Apolo.

De repente, de entre las sombras, aparecen tres chicos, una chica con cabello negro y un mechón rojo enfrente, un chico con cabello negro también, y el otro chico también con cabello negro y además una chaqueta de aviador.

—Encontré dos, ¿mi premio? —saludó el chico de la chaqueta de aviador.

—¿Nico? —preguntó Michael Yew, líder de la cabaña de Apolo—. ¡Me asustaste!

Nico farfulló una risa.

—¿De quién son? —preguntó Silena, líder de la cabaña de Afrodita—. Los semidioses.

—No lo sé —exhaló Nico, el hijo de Hades, por lo que me habían dicho Ginger y Miranda—. Esperaba que cuando llegáramos aquí los marcara su padre.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Annabeth, que era la líder de Atenea.

—Heather —dijo la chica del mechón rojo—. Heather McElhannon.

—¿Y tú? —le preguntó al chico.

—Hadrien McElhannon —contestó.

—¿Cuántos años tienen? —preguntó Annabeth.

—Hoy cumplimos trece, somos mellizos —dijo Heather tímidamente.

Y entonces una antorcha al revés apareció sobre Heather y Hadrien. Hubo varios chillidos asustados alrededor de las mesas. Chiron, hasta entonces callado, dijo asombrado y con tono reverencial—: Heather y Hadrien McElhannon, hijos de Tánatos, la Muerte.

Annabeth POV

Algo desconcertada, procesé la información. Había reconocido la antorcha invertida cuando la vi, al igual que el resto de mi cabaña, y unos cuantos líderes de otras.

Era el símbolo de Tánatos, el dios de la Muerte.

Jamás se había sabido que ese dios tuviera hijos. Y no hubo ninguna profecía que anunciara algo tan grande como que el terrateniente de Hades fuera a tener hijos.

Aunque tampoco anunciaron a Momo.

También hay que tener en cuenta que Momo decididamente no es lo mismo que Tánatos.

Rápidamente, después de la cena, Chiron llamó al líder de cada cabaña, llamando la cuarta junta desde que se perdió Percy. Había que averiguar qué hacer con los hijos de Tánatos, o, también llamado, la Muerte.

Los campistas ignoraron el hecho de que Percy seguía perdido y la aparición de los hijos de la Muerte lo mejor que pudieron, y se fueron a sus camas.

Intenté ignorar esos hechos mientras caminaba a la sala común.


N/A: ¡A que eso no se lo esperaban! Bueno, hoy no tengo mucho que decir, pero les dejo este mensaje: ¿Ven la cajita debajo de este capitulo? Ahí se hacen reviews [*indirecta, indirecta*]. Muy bien... ¡Nos leemos!