¡Hola! Volvi jeje. Este... no hay mucho ke decir sobre este capitulo, ¿alguno ya sabe ke va a pasar? jeje digan sus teorias! Por cierto, ¿se dieron cuenta de ke Danny Phantom regresó a Nick? ¡Si! Sabados y domingos a las 11:30 de la noche...un poco tarde, pero vale la pena ;)
Danny Phantom y todos sus personajes no me pertenecen, pero si lo hicieran (que se vale soñar), haría que regresara a la programación un poco más temprano.
7.- BUSQUEDA.
Daniela estaba recostada la cómoda cama de la habitación que Mary y Frank le habían prestado para pasar la noche. No podía conciliar el sueño…claro, como hacerlo cuando estaba a miles de kilómetros de Danny…
−Te traje un chocolate caliente, mi niña.
Mary, la dulce señora que había aceptado acogerla, había entrado a la habitación llevándole una taza humeante.
−Muchas gracias− dijo Daniela dándole un sorbo a la taza.
−Ahora dime, linda. ¿Cómo es que una niña pequeña como tu termino en medio del desierto?
− ¡No soy una niña pequeña!− se indigno ella. –Soy casi toda una adolescente.
−En ese caso, ¿Cómo es que una casi-adolescente terminó a la mitad de la carretera?
−Es una larga historia. En resumen… yo creí que todo estaba bien en Amity Park, pero un…hum…"acontecimiento" me hizo cambiar de idea. Tengo que advertirle a mi primo lo que está pasando.
−Pero, aun no entiendo cómo es que…
−Lo que pasa es que no he podido usar mis pode…es decir, ¡Wow, que rico chocolate!
− ¿Qué?
−Si, es mejor que el que preparan en la ciudad. Le ponen demasiada azúcar y se olvidan de los malvaviscos…
−No, no. Lo que dijiste antes.
− ¡Tengo tanto sueño!− exclamo Daniela fingiendo un bostezo. – ¿Seguimos platicando mañana? Buenas noches.
Todos los fantasmas que alguna vez había conocido estaban a su alrededor. Su cabello negro se había vuelto plateado, sus ojos verdes y su ropa era un uniforme negro con una letra D en el pecho…
− ¿Qué sucede?− preguntó Danny confundido.
−Debes descubrirlo…− murmuró Ember, la fantasma guitarrista.
− ¿Descubrirlo?
−Y destruirla…− dijo el fantasma de las cajas.
− ¿Destruir que? ¡Díganme que está pasando!
− ¡Reacciona, chico fantasma!− gruño Skullker, el fantasma que siempre había intentando cazarlo. –Todo puede parecer confuso, pero lo que piensas que es real, es una mentira.
−No los comprendo… ¡Díganme que pasa!
Los fantasmas guardaron silencio y le abrieron paso a Reloj, que avanzaba flotando hacia Danny.
−No podemos ayudarte, chico− dijo el fantasma del tiempo compasivamente. –Nosotros solo somos visiones de tu subconsciente. Los verdaderos fantasmas que conoces están atrapados igual que tu.
− ¿Atrapados?
−En el cambio de realidad. La realidad fue cambiada para que alguien lograra sus cometidos.
− ¿Qué debo hacer?
−Piensa que lo provoco, encuentra al culpable, destruye el "instrumento" y regresa todo a la normalidad o el mundo será un caos y la humanidad no tendrá salvación.
− ¿Sin presiones, eh?− dijo Danny sarcásticamente.
− ¡Danny! ¡Danny, despierta!
Una pequeña, pero firme mano lo sacudía para que despertara.
Danny abrió pesadamente los ojos mientras su madre le tocaba la frente para comprobar su estado de temperatura.
Estaban en el parque, al parecer se había quedado dormido en una banca mientras buscaba a Sam…
− ¡Sam!− exclamo Danny incorporándose de golpe.− ¿Dónde está? ¿Ya la encontraron? ¿Qué le paso?
−Cielo, no debes preocuparte por eso ahora− dijo su madre. − ¡Estas ardiendo en fiebre, Danny! Tengo que llevarte a casa…
− ¡Pero, tengo que buscar a…!
− ¡Tú, jovencito, te vas a ir a la casa aunque tenga que llevarte en la cámara de tortura Fenton! ¡Y sabes que no miento!
Danny suspiró resignado y siguió a su madre. Ya era de día y él había pasado toda la noche fuera de su casa… pero no era el único. Sam estaba perdido en algún lugar del mundo y él no podía hacer nada para encontrarla.
Cuando llegaron a la casa Fenton, vieron a Jazz sentada junto al teléfono, con gesto de preocupación. Al ver a Danny, una gran alegría cruzó por su rostro, pero luego seguramente recordó que estaba enfadada con él y se fue a su habitación sin decir palabra.
Maddie lo llevó hasta su cuarto, donde lo obligo a recostarse y a usar un trapo mojado en la cabeza para bajar la fiebre, diciéndole que si no lo hacía, usaría el nuevo invento de su padre con cuchillos filosos.
Danny intentó relajarse un poco, pues seguramente, Sam había salido a una de esas convenciones góticas sin decirles y él estaba exagerando el problema.
Encendió la televisión y se dispuso a verla cuando una voz odiada y familiar le llegó a los oídos.
−… de verdad, estamos muy preocupados por el asunto del congreso− decía Vlad Masters en una conferencia. − ¡No concibo como todos los miembros del congreso de Amity Park han desaparecido! Es algo horrible, en verdad. Pero les aseguro, que ya estamos tomando medidas para encontrarlos.
−Y eso declaro nuestro alcalde, después de decirle a la prensa que los miembros del congreso de la ciudad habían desaparecido. Según la policía no hay rastro de ellos− comentó un reportero.
−Confiamos en que la eficaz policía de la ciudad pueda resolverlo− seguía Vlad. –Mientras tanto, no quiero que se preocupen, yo como alcalde, les prometo que me encargare de que la ley sea cumplida. Es más, pronto daré a conocer unas nuevas leyes para mantener más segura la ciudad.
−Y en otras noticias de interés, un perro salchicha logro rescatar a un gatito de un incendio…
Danny apagó la televisión.
Sam había dicho que Vlad solo podía ejercer sus nuevas leyes si el congreso de la ciudad las apoyaba, pero ahora el congreso entero estaba desaparecido… Muy conveniente.
Se levanto y tomo el teléfono, marcando apresuradamente.
− ¿Tucker?
− ¡Danny! ¿Dónde demonios estabas? ¡Tus padres te buscaron por…!
−Si, si, si− dijo Danny con aburrimiento. – ¿Sabes algo de Sam?
−Fui a buscarla a todos los lugares en los que normalmente se escondería de sus padres y no la encontré− explico Tucker frustrado. –Aunque si conocí a una linda bibliotecaria gótica que…
− ¡Concéntrate!− gruño Danny. –Tenemos que buscar más. Te veo en diez minutos en la Hamburguesa Apestosa.
− ¿De incognito?
− ¿Con quién crees que hablas? ¡Claro que de incognito! No le digas a tus padres que vas conmigo o los míos me mataran.
−Te veo ahí.
Danny colgó, se quito el trapo de la frente y abrió la ventana de su cuarto.
−En estos momentos es cuando se desea poder volar− murmuro Danny mirando lo alto que estaba su ventana del suelo.
Se trepo en el umbral y se agarró firmemente de la tubería, deslizando por ella con todo el cuidado que pudo. Llegó al piso y cayó de espaldas con las manos llenas de raspones, pero se levanto de inmediato y comenzó a correr para la Hamburguesa Apestosa.
Cuando llegó, se encontró con Tucker que sin perder el tiempo ya estaba comiendo una hamburguesa y una soda.
− ¿Qué? ¡Aun no desayunaba!− se excuso el chico cuando vio que Danny lo miraba con las cejas arqueadas.
−Como sea. ¿Estás seguro de que ya buscaste en cualquier lugar en el que Sam se ocultaría de sus padres?
−La biblioteca, el club gótico, la convención de personas desadaptadas, la tienda de ropa oscura que le gusta, el restaurante vegetariano…
−Entonces ella no se fue− razonó Danny. –Debemos ir a lugares alejados…
− ¿Con alejados te refieres a esos espacios lindos y cómodos? ¿O los que son fríos y terroríficos?
Danny frunció el seño.
−Si, ya me lo suponía− murmuró Tucker dándole un mordisco a su hamburguesa.
Mientras tanto, la armadura de Valery se inclinaba ante una silueta oscura, solo iluminada por las luces de una especie de máquina que tenía detrás.
−Mi querido sirviente electrónico, ¿crees que con eso Phantom se haya tranquilizado?
−Señor, le recuerdo que soy solo un robot que no puede dar una opinión respecto a…
−Si, si− dijo la silueta con aburrimiento. –Tienes cerebro, pero no opinión. La próxima vez, tendré que construir uno mejor… ¿Qué hay sobre la otra HoFa? ¿Hay alguna señal de Daniela Phantom?
−Gran señor, no. La Hofa no ha utilizado su energía ectoplasmica, por lo cual no se puede localizar.
− ¡Mocosa malcriada!− gruño la silueta. –Pero no importa. Ya los utilizara… Esa niña no sabe vivir sin sus poderes. ¡Quiero que la sigas buscando!
−Si, señor.
Danny y Tucker caminaban por las afueras de la ciudad en silencio. Ninguno se sentía con demasiados ánimos para hablar.
− ¿Por qué te estás tomando esto tan enserio?− preguntó Tucker rompiendo el silencio.
− ¿Te parece que la desaparición de Sam no es algo serio?
−No hablo de eso. Luces como si te sintieras culpable…
−Se fue de mi casa por que discutimos. ¿No debería de sentirme así?
−No fue tu culpa, Danny. Haz estado muy raro desde…
−Desde que desperté del coma, ¿no? Disculpa si quiero averiguar qué es lo que está pasando.
Tucker guardo silencio porque no entendía lo que quería decir Danny y porque sabía que cuando se ponía así, era mejor dejarlo pensar.
− ¿Qué es eso?
Ambos estaban ya en el límite de la ciudad, cerca del bosque que separaba los edificios y las casas de la carretera. Había en el suelo, una piedra de color verde brillante. Danny se encaminó a tomarla… se le hacía bastante conocida….
Pero justo cuando la toco, sintió como si un fuerte calambre se apoderara de su mano, obligándolo a soltarla.
− ¡Au! Sea lo que sea, no es bueno.
Tucker se inclino para tomarla, pero a diferencia de su amigo, él no dio ninguna muestra de dolor.
− ¿Ves? ¡No pasa nada!
−Habla por ti− dijo Danny.
Los dos se quedaron callados de nuevo.
Unos ligeros golpeteos se escucharon desde dentro del bosque. Danny comenzó a caminar hacia esa dirección, seguido de su amigo (que iba un poco más asustado). Pasaron por el letrero que decía "¡Bienvenidos a Amity Park, el mejor lugar para vivir!" y se adentraron en el bosque.
Siguieron avanzando conforme los sonidos se hacían más fuertes hasta que llegaron a una pequeña cabaña con aspecto lúgubre. Estaba destruida y no era más grande que la habitación de Danny.
Pero, dentro de la cabaña era donde se escuchaba ese golpeteó insistente.
Danny se acerco rápidamente e intento abrir la puerta de la cabaña, pero está estaba cerrada con un candado oxidado.
−Danny…vámonos, esto no me gusta− murmuró Tucker mirando a su alrededor asustado.
− ¿Hay alguien ahí?− preguntó Danny.
En vez de que alguien respondiera, los golpes se hicieron más insistentes.
− ¡Tal vez son solo ratones!− exclamo Tucker. –Ratones grandes a los que les gusta golpear cosas.
Danny rodó los ojos e intento abrir la puerta. Tomó una roca que estaba tirada en el suelo y comenzó a golpear el oxidado candado hasta que este se rompió.
Tucker emitió un gritito casi inaudible cuando Danny abrió la puerta de la cabaña.
Estaba muy oscuro… no había ninguna ventana, pero si cientos de telarañas. En un rincón había un escritorio viejo y justo del otro lado, en una silla de madera, estaba sentada…
− ¡Sam!− grito Danny corriendo hacia ella.
La chica tenía el cabello revuelto y la ropa sucia, unas sogas las sujetaban con fuerza a la silla, una venda le cubría los ojos y otra más la boa.
− ¡Oh, por Dios!− exclamo Danny cuando llegó con ella seguido de Tucker. − ¿Estás bien? ¿Cómo llegaste aquí? ¿Quién fue? ¿Estás herida? ¡Di algo, por todos los cielos!
Sam gruño.
−Creo que primero debemos quitarle la venda− opinó Tucker.
Danny siguió la sugerencia de su amigo y le quito la venda de los ojos, luego la de la boca.
−Tan listos como siempre− espetó Sam mirándolos con el seño fruncido. − ¿Cómo diablos me encontraron?
−La pregunta del millón sería… ¿Cómo llegaste aquí?− preguntó Tucker mientras desataba las sogas que aprisionaban a la chica.
−Ni idea. Iba para mi casa cuando vi una sombra y aparecí aquí.
−Pero, ¿estas bien?− preguntó Danny ayudándola a levantarse con un aire sobreprotector digno de Jazz.
−Considerando que hace unos momentos creí que no saldría de aquí…si, estoy bien.
−Te buscábamos y oímos unos golpes… ¡Creímos que eran ratones malévolos!− exclamo Tucker con dramatismo.
− ¿Creímos?− preguntó Danny arqueando las cejas.
− ¡Era yo golpeando la silla contra la pared!− exclamo Sam enfadada.
−Te hirieron…−murmuró Danny.
Le tomo una mano a Sam en donde se podían ver unos pequeños rasguños. La chica aparto la mano rápidamente.
−No es nada…
−Déjame ver, yo…
−No, enserio…− dijo Sam preocupada. –Mis padres… ¡Oh, por Dios! ¡Deben de estar volviéndose locos! Tenemos que irnos y rápido.
Una carretera cerca del desierto era recorrida por una destartalada camioneta a una velocidad bastante razonable. En el asiento del conductor iba Frank, el hombre que había ayudado a Daniela y a su lado su esposa. Daniela estaba en la parte de atrás bastante emocionada.
− ¡Esperen a que mi primo me vea! ¡Se va a sorprender mucho!
− ¿Quieres mucho a ese chico, verdad?− preguntó Mary con curiosidad.
−Danny es la única persona que siempre me ha ayudado− explico Daniela.
−Un momento…tú te llamas Daniela y él se llama Danny− analizo Frank. – ¿Tu familia no tiene imaginación?
Daniela emitió una risita.
¿Cómo explicarles a esos dos ancianos que ella ni siquiera tenía familia? ¿Cómo decirles que ella no era más que una copia de Danny? ¿Cómo explicarles que ella era el clon casi perfecto de su "primo"?
Mientras tanto, en la casa Fenton…
− ¡Están en grandes problemas!
Cuando los padres hablan al mismo tiempo…no puede ser buena señal.
Danny, Tucker y Sam estaban en el sofá de la sala, como tres condenados a muerte mirando a sus respectivos padres, que por consecuencia parecían verdugos.
− ¡Pero salimos a buscar a Sam!− dijo Danny.
− ¡Si! ¡Sin permiso, jovencito!− exclamo Maddie muy enojada.
−Pero, la encontramos. Creo que en vez de castigo merecemos una recompensa− opinó Tucker.
−Tu recompensa serán dos meses limpiando la cochera− sentenció la madre de Tucker con los brazos cruzados.
− ¡Fueron a buscarme!− intervino Sam –De no ser por ellos, aun estaría encerrada en…
− ¡Nosotros estábamos a punto de encontrarte!− exclamo Jeremy Manson ofendido.
− ¿Si? ¿En qué planeta exactamente?− preguntó Sam arqueando las cejas.
− ¡Ustedes solo llamaron a la policía!− exclamo Danny. Odiaba cuando los padres de Sam actuaban como… como… los padres de Sam.
−Samantha− dijo Pamela Manson mirando a Danny con enojo. –Desde este momento tienes estrictamente prohibido hablarle a este mocoso.
−¡¿Qué?− gritaron Danny y Sam al mismo tiempo.
−Oh, vamos− dijo Jack Fenton alegremente. –Son solo chicos, creo que entenderán con algo menos…
− ¡Ni se te ocurra decirnos como criar a nuestra hija, fenómeno naranja!
Jack frunció el seño. Nadie se metía con el color naranja…
−Danny, desde ahora tienes prohibido acercarte a la chica lúgubre.
−Pero, papá…
− ¡Sin peros!− exclamo Maddie. –Desde ahora no sales de esta casa, excepto a la escuela.
−Señora Fenton, es un castigo muy…− comenzó a decir Tucker, pero se calló al ver la mirada de enfado de sus padres. –Cerrare mi boca.
Sam iba a replicar, pero su madre la tomó del brazo y salió de la casa Fenton seguida de su marido. La familia Foley hizo lo mismo y Jack cerró la puerta dando un portazo.
− ¡Ahora, Danny…!
−Si, si− suspiro Danny con resignación. –Iré a mi cuarto.
Se encaminó hacia las escaleras y vio a Jazz sentada en un escalón escuchando todo.
Sabía que no había estado en lo correcto al gritarle de esa manera, pero no podía disculparse… no en ese momento. Así que la ignoro y subió a su habitación.
Ya no podía aguantar más lo que estaba pasando… tenía que averiguar porque estaban pasando todas esas cosas y detener al culpable, lo antes posible.
Bueno, no duro nada la desaparición de Sam, ¿cierto? Jejeje pero es Importante. Bueno, no tengo mucho ke decir... adoro el despiste de Tucker jeje.
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