7. Miradas
Brenda P.D.V
1 semana después …
¡Te he dicho que no! – grité - ¿Por qué insistes tanto?
Porque cuando uno quiere a su presa, no descansa hasta que no lo consigue – explicó Rhaskos
Pues para que lo sepas, no soy ningún animal
¿Eso crees? A mí si que me lo pareces. Eres una fierecilla que me la pone dura
Sabía que estabas enfermo – saltó Valeria mientras secaba los cuencos
Me gustan las mujeres con carácter, y vosotras tenéis mucho
Sigue soñando, nunca vas a conseguir nada de nosotras – dijo Valeria levantándose del suelo
¿Por qué no te buscas unas putas y nos dejas tranquilas? – le dije a la cara
Sois demasiado especiales como para dejaros
¿Ahora te has enamorado de nosotras Rhaskos? – dijo con un bufido Valeria – No te crees ni lo que has dicho
Solo buscas lo que buscas, y no lo vas a conseguir – dije dándole la espalda – Loco de mierda - dije en voz baja
Escúchame preciosa – dijo cogiéndome del brazo – ¡Nadie le dice que no a Rhaskos!
¡Eh! – escuché decir a alguien a las espaldas de Rhaskos. No le veía ya que el galo me lo tapaba.
Ese alguien era Duro, uno de los hermanos germanos.
A lo largo de estos siete días fui conociéndolo mejor, y era un buen hombre, de corazón gentil, en cambio, su hermano era más reservado.
Déjala en paz Rhaskos – dijo éste poniéndose delante de mí, protegiéndome del galo
¡Vaya! El cachorro sale al rescate ¿acaso te importa lo que le haga a esta puta tracia?
Más de lo que crees – no vi su rostro, pero me imaginaba que estaría muy serio.
Lo mejor será que te vayas – le dije a Rhaskos con la cabeza gacha
Escúchame zorra de mierda – dijo acercándose a mí, pero Duro se lo impidió poniéndose de nuevo delante – ¡esta me la pagas! ¡Y tú también! – dijo ahora mirando a Valeria
Después de que el galo se fuera, me quedé por unos segundos mirando el lugar por el que Rhaskos se fue. ¿Por qué se enfadó tanto? Siempre le hemos dicho que no y que nos dejara en paz, y después hemos tenido nuestras peleas, y se quedaban en eso, pero en cambio ahora parecía muy molesto. No sé que le pasa al galo, y la verdad es que me importa más bien poco. Cuanto más lejos de él, mejor.
¿Estás bien? – me preguntó Duro cogiéndome por los hombros. En sus ojos se veía preocupación.
Si, si, no te preocupes – le dije con una sonrisa tranquilizadora y mirándole a los ojos. Tenía unos preciosos ojos negros y no podía dejar de mirarlos, al igual que él, que no dejaba de mirar a mis verdes ojos
¿Por qué habéis aparecido por aquí? ¿Nos estabais espiando? – dijo Valeria interrumpiendo ese precioso momento.
Escuchamos voces y nos acercamos para ver que pasaba – le dijo Duro
Duro, debemos irnos – dijo secamente Agron
¿Seguro que estás bien? – dijo mirándome de nuevo y cogiéndome la mano. Creo que se me sonrojaron las mejillas, porque las notaba calientes.
Estoy perfectamente – dije después de tragar saliva
Acto seguido, el germano me soltó la mano y se fue con su hermano por donde habían venido. No podía dejar de mirarle, no solo por su físico, sino por lo que había hecho, nadie en su sano juicio hizo eso por mí nunca, significaba demasiado.
¡Duro! – el germano se dio la vuelta y me miró – Gratitud - El germano en respuesta me hizo un gesto con la cabeza y desapareció
Valeria P.D.V
Vi como los hermanos germanos desaparecieron por donde vinieron. Habían venido a ayudarnos, bueno, más bien había venido Duro ha ayudar a Brenda, la cual no dejaba de mirar por donde se habían ido los germanos.
Vaya, vaya, mis sospechas cada vez son más ciertas – dije con una sonrisa mientras recogía los cuencos secos
¿De qué hablas? – dijo mirándome
No te hagas la tonta Brenda, te he visto.
No sé que estás diciendo – dijo ésta poniéndose a hacer algo para distraerse
Sabes de lo que hablo, ¡te has sonrojado!
Será por los nervios del momento – dijo dándose la vuelta para que la dejara de mirar
¿Nervios? ¿tú precisamente? ¡No me hagas reír!
Déjame tranquila Valeria
Reconócelo hermana, a ti te gusta Duro – dije mientras guardaba los cuencos – Es normal que te guste alguien en una semana, y más si ese alguien se ha interpuesto en una pelea para defenderte
¿Se nota mucho? - dijo con preocupación
A ti y a él – dije acercándome a ella – Uno no le coge la mano a una mujer, sí ésta no es importante para él
¿Y cómo sabes eso?
Soy muy observadora – dije echándole el brazo por los hombros –No te preocupes Brenda, si él es el hombre que te ha sido asignado, pronto estaréis junto, ¡ya verás!
En otro lugar ...
Los hermanos germanos iban caminando rumbo hacía los baños con los demás gladiadores. Uno de ellos estaba extremadamente feliz, en cambio el otro seguía igual que siempre.
¿Sabes una cosa Agron? Creo que me gusta Brenda – dijo felizmente Duro
¿En serio? No me había dado cuenta – dijo con sarcasmo Agron
¿Tanto se nota?
Si, a ti y a ella. Y creo que Valeria se ha dado cuenta también, ya que no dejaba de reírse.
Creo que se lo voy a decir. Le voy a decir lo que siento – dijo sonriendo – Sé que la conozco desde hace una semana, más o menos. Pero es que es diferente a todas las mujeres que he conocido, ella es especial.
Pues buena suerte, Espartaco te va a cortar las pelotas
¿Por qué siempre haces que las cosas sean más difíciles de lo que son? – dijo Duro algo molesto
No lo hago, yo solo aviso de lo que se te puede avecinar
Ahora entiendo por qué no encuentres ninguna mujer
Brenda P.D.V
Al día siguiente…
Valeria y yo nos levantamos bien temprano para un nuevo día. Especialmente, yo estaba muy feliz, y no sabía por qué pero sabía que hoy iba a ser un gran día. Me fui directamente a prepararles la comida a los gladiadores, y Valeria se fue a ayudar a Medicus.
Mientras preparaba la comida para después del entrenamiento, los gladiadores salían hacia la arena para entrenar. Noté que alguien me miraba, y al levantar la vista vi que Duro me estaba mirando. Cuando nuestros ojos se cruzaron él me sonrió y me saludó con la mano, yo hice lo mismo. También pude ver como Agron nos miraba y se daba media vuelta dejándonos con nuestras miradas.
Estuvieron entrenando como dos horas sin descansar, excepto para beber agua.
Observé a mi hermano. Después de que trajeran a Sura muerta, éste estuvo muy distante, tanto conmigo como con Valeria y con Varro. Nosotras intentamos no ponernos tristes delante de él, pero algunas noches me pongo a llorar por la muerte de Sura, era una muy buena persona y no se mereció ese final.
Por otro lado estaba Varro, su mujer vino a visitarlo con su hijo, estuvo contento de que estuvieran ahí con él, hasta que Varro se enteró de que su mujer estaba en cinta. Éste se enfadó y se fue, dejándolos ahí, sin despedirse ni nada. Creo que ahora se arrepiente de lo que hizo, se le nota en la mirada.
¿Te pasa algo hermana? – escuché decir a mi hermano que estaba en frente mía
No, no, solo pensaba en mis cosas. Nada importante – dije quitándole importancia
Sabes que si te pasa algo nos lo puedes contar – dijo ahora Varro
No, en serio, estoy bien, no os preocupéis – les dije con una sonrisa
Me dispuse a darles la comida a los gladiadores, saqué los cuencos y empecé a echar la comida dentro.
En estos meses que habían pasado, me sentía muy cómoda, ahora todos los gladiadores me sonreían o me agradecían lo que hacía. Habían cambiado mucho, excepto los galos, los cuales seguían igual desde el primer día.
¿Tienes algo que hacer por la noche? – preguntó Duro
No, ¿por qué lo preguntas? – le dije mientras le echaba la comida
Me gustaría hablar contigo, tengo que decirte algo
Claro, como quieras – le dije tendiéndole el cuenco.
¿En tu alcoba? Parece un sitio tranquilo y en el que nadie nos puede molestar
Allí te esperaré – le dije con una sonrisa
No te fallaré, tranquila – dijo guiñándome un ojo mientras se iba.
Seguí echando la comida en los cuencos, entonces llegó Valeria y se lo conté. Ésta se alegró de oírlo, pero no le gustó la idea de tener que quedarse sola por la noche. Estaba muy nerviosa, quería que llegara el anochecer y verme con Duro.
Estaba impaciente por saber lo que me iba a decir.
