Después de una larga espera, de un camión de mudanza que me hizo esperar tres semanas y de que al fin llegara mi escritorio, aquí está la rosa terminada, luego la subo con los comentarios contestados. Fue un placer escribir este FanFic, no tienen idea de cuánto disfrutaba hacer esto, es simplemente indescriptible. También quiero agradecer sus comentarios y su apoyo con este proyecto que pensé no saldría bien, pues la mayor parte del Jelsa (FanFics) tiene más romance que otros temas, y pues, pensé que esto no sería leído. En serio, gracias. Después subiré un apartado contestando los comentarios de la rosa anterior y de ésta.

₪ Rosas de cristal. ₪

Rosa siete: Libre soy.

Miré a conejo con un semblante duro, no era tiempo de debilidades; lo vi sonreír y mover la orejeas. «La fiesta comienza», pensé. Me volví, empecé a caminar en dirección de la puerta, a mi paso, dejaba todo congelado, como si en mis botas hubiese nitrógeno congelado, bueno, mi ropa estaba hecha prácticamente de hielo. Miré la perilla, posé mi mano en ella y, al instante, la congelé con todo y su sistema de cerrojo. Alcé la pierna y pateé la cerradura provocando que ésta fallase, quebrando el sistema de seguridad y dando como resultado el abrir de la puerta. No sabía que eso era posible, pero si una rosa se podía congelar dando como resultado una rosa de cristal tan frágil como la misma porcelana, ¿por qué no yo he de aplicar el mismo concepto con una simple cerradura? La puerta se abrió con un rechinar realmente frustrante y lastimero, si mis oídos fueran personas, ellos hubiesen llorando amargamente con aquel ruido tan frustrante que arrojó la puerta oxidada de aquel centro psicológico. Viré mi cabeza para contemplar por última vez la obra que había pintado mi difunta madre y otros dementes que habían encerrado ahí, giré sobre mis talones y caminé en su dirección; puse una mano en la gran obra de arte y, tras susurrar un juramento para con ella, me volteé y eché a correr afuera del cuarto. Ya no había vuelta atrás.

El pasillo estaba técnicamente oscuro, unas cuantas lámparas eran las únicas fuentes de luz que habían en todo ese extenso pasillo, podía escuchar algunas gotas que de seguro eran de las cañerías, traté de saber si era de noche o de día, pero no divisaba ninguna ventana, el olor a humedad, viejo y alguna cosa pútrida se podía sentir en el aire junto con la sensación ser observado por alguien. Pero ese era Conejo quien me cuidaba la espalda, o bien, eso quería creer yo para no entrar en un estado más nervioso del que ya estaba. ¿Qué? Tenía miedo, nervios y mi estómago estaba amenazando con devolver comida inexistente en mi estómago, podía tener súper poderes pero eso no me hacía Superman, Mujer Maravilla, Batman, Raven o cualquier otro súper héroe de los cómics. Pensándolo bien... ¿ellos estarán igual de nerviosos que yo y apunto de hacerse en lo pantalones como yo? Quien sabe, pero he de suponer que no, son súper humanos después de todo y yo, una simple chica que al fin tiene un objetivo en mente por el cual luchar y dar lo mejor de sí a pesar de estarse pudriendo de miedo. Eso es la valentía para mí.

Caminé unos cuantos pasos, al parecer mi habitación era la única con dos entradas, la mía que carecía de ventanas y la otra donde se podía acceder a ese pequeño espacio donde estaba el viejo. Las puertas estaban oxidadas, manchas que quería creer que eran del desgaste o por el paso del tiempo imparcial, mi jaula era al parecer la última cosa que algún enfermo veía antes de morir. En mi andar, sentí algo frío en mi cuello. Una especie de gargantilla con púas y un adorno de copo de nieve se materializaron en mi cuello a partir de una niebla azulina. Realmente genial. Más adelante habían más puertas y, con aquellas puertas, demasiadas inhumanidades. Lo que vi ahí adentro sólo sería producto de una historia de terror, de un psiquiatra de los años cincuenta, una historia de terror, algún libro sobre el tema o de la autoría de cierta escritora loca que alguna vez llegué a leer en los bajos mundos del FanFiction. Sólo a una demente como ella, no, esto estaba a otro nivel. Esto sólo podría haber salido de "The Holders", o alguna especie de recreación del infierno de Dante aquí en la tierra, creo que después de lo que vi, supe que mis ideas sobre las personas eran más que certeras. Algunas personas perdían noción de lo que es humanamente correcto, dejando de lado la sociedad, algunas ideas las compartimos todos a excepción de alguno cuantos. Y ese anciano es uno de ellos.

En la primera puerta había una joven pelirroja con una camisa de fuerza, todo normal, hasta que vi que estaba atada de manos y un chorro de agua constante le era rociado en la cara. Pataleo a su puerta, otra con una ventana en ella se erguía con el óxido adornándola, está vez una chica de pelo negro se daba tumbos con los paredes, pues el piso de su habitación era disparejo por el material blando que lo cubría; aquella joven parecía un alma en pena, sus ojos estaban vacíos, su piel era pálida, quizá por el encarcelamiento, pero lo que más me perturbó de aquella muchacha que notablemente era menor que yo, fue que a pesar de tener cubierta la mitad de su rostro con aquel rebelde cabello rizado; en su frente, o lo que podía apreciar de ella, había una cicatriz enorme; había oído hablar de ese tratamiento, pero lo prohibieron después de un tiempo; sólo le causaba dolor a los pacientes o los dejaba más desquiciados de lo que ya estaba previamente; aquella chica me se quedó viendo fijamente, sentí miedo al verla tan vacía y me llegué a preguntar si así sería yo si me hubiese quedado ahí para hacer cumplir los caprichos del maldito viejo. No debía pensar en ello en un momento como ese. Metí mis manos en las mangas de mi chaqueta y seguí de largo ignorando gritos de agonía e histeria. Un manicomio así no era el mejor lugar para estar antes de hacer lo que yo tenía en mente ejecutar.

Del pasillo de internos y salas quirúrgicas de donde me encontraba pasé a la sala de espera. Todo estaba oscuro y abandonado. ¿A caso me habían llevado a un centro de rehabilitación mental cerrado? Quise creer que no. Caminé hasta las enormes puertas de la entrada y las intenté abrir. Pero nada. Congelé la cerradura como lo hice con mi puerta, pero al parecer estaba cerrado por afuera con una cadena o algo por el estilo. «¡Joder! ¡Esta mierda no se abrirá ni formando una maldita avalancha!», me quejé dándole una patada a la puerta provocando un fuerte y breve sonido. Empecé a escuchar voces y pasos, pasos muy veloces que venían en mi dirección. «¡Mierda!» pensé antes de salir corriendo, vi el mostrador y, haciendo alarde de mi condición física: lo salté apoyando mi mano en la barra de recepción, deslicé mi cuerpo por éste y aterricé -de una manera no muy agraciada- en el piso. Alcé mi cabeza uno cuantos centímetros para ver quiénes eran mis oponentes, por extraño que parezca, llegué a pensar que me toparía con el doctor demente de *Outlas. Pero no. Eran sólo dos doctores enclenques que miraban a todos lados. «Espera, si hay doctores aquí... ¿por dónde entran? ¿Por dónde entré yo y por donde salió el viejo? Algo me dice que tendré que averiguarlo de una manera que no no estoy acostumbrara a usar...», reflexioné mientras me paraba y seguía a los hombres de batas blancas.

De estar en un edifico médico abandonado, pasé a estar a unas instalaciones más que nuevas. El viejo sí que era un bastardo, tener a los enfermos en tan pésimas habitaciones y a los doctores casi como si estuviera en el cielo. El olor a hospital, alcohol, vendas y desinfectante impregnó el ambiente; algunas plantas adornaban el pasillo con cuadros de la anatomía humana y del cerebro; todo era demasiado blanco, en exceso para un simple hospital promedio; las paredes parecían de cristal; tenía que admitir, era impresionante esa parte. Llegamos hasta una clase de habitación, me alejé unos cuantos metros de aquellos doctores mientras los veía entrar a un cuarto. Me acerqué a la puesta y pegué mi oreja a la puerta, sólo rogaba que pudiese escuchar algo, o por lo menos, que dijeran algo útil que me pudiese servir para salir de ese lugar. Miré a conejo y le pregunté mudamente si podía entrar y escuchar algo, pero él me respondió que no podía mientras se alzaba de hombros, su deber era con los niños, con Jack y, hasta ahora, conmigo. Suspiré mientras agudizaba mi oído, los doctores estaban hablando y era momento de que todo lo demás fuera ignorado.

— ¿Crees que la chica haya escapado? — Interrogó uno de ellos.

— No lo creo, estaba en "la habitación de la muerte", si no estás mentalmente inestable, ese cuarto hace puré tu lógica. — Habló otro con tono ligero. — Pero vale, ¿y qué piensas de la pelirroja? Es bastante bella, pero no tango como su hermana... Aunque si fuera por mí, a las dos las volvería mis perras. ¡De seguro la mayor es más rebelde, pero ha de ser una diosa en la cama! ¡Y ni hablar de la menor, a que por dentro es más que estrecha!

Como siempre he dicho: Pueden hablar de mil pestes sobre mí, echarme cuanta mierda se les antoje. Pero eso sí. Jamás, y repito, ¡jamás han de hablar mal de mí hermosa Anna y menos denigrarla a una jodida prostituta! Me puse más que furiosa. Cogí el picaporte y, como había hecho con mi prisión, la congelé y, dando una patada, abrí la puerta permitiéndome ver la cara de esos doctores. Ambos eran tan ancianos como el viejo y, apenas me vieron, casi se hacen en los pantalones. ¿Saben otra que tenemos en común Jack y yo? Somos impulsivos, no pesamos y no consideramos muchas cosas antes de actuar.

— Oh, tranquilos, no se orinen encima. Ahora... ¿quién dijo que mi hermosa hermanita era estrecha por dentro? — Pregunté con tono rudo mientras me ajustaba los guantes. — Sólo digo, para saber quién tiene el honor de morir congelado primero.

— ¿C-C-Como has escapado? — Cuestionó el que usó vocabulario despectivo.

— ¿Y a ti que mierda te importa? — Cerré mi puño y, de inmediato, se formó en ésta una daga de hielo. «Wow, así que es esto lo que hace Jack», pensé al instante.

— ¡No te vamos a decir nada! — Dijo el primero con tono desafiante.

— ¿Así? — Me abalancé al que nos había denigrado a mi hermana y a mí y le acerqué la cuchilla.

— ¡Estás helada! — Se quejó.

— Sorpresa, esta hermosa ropa está hecha de hielo. A menos que no quieras que tu compañero se vuelva una paleta helada, habla. — Amenacé sin intenciones de cumplirlas.

— ¡Yo hablaré, pero aléjate de mí! — Imploró mi "rehén".

— ¡No seas...! — Pero muy tarde, alcé mi mano y lo encerré en un cubo de hielo.

— ¡Está en industrias Arendelle, la cuida Hans! ¡El viejo planea tenerla encerrada, luego sacarla del país, cuando cumpla la mayoría de edad casarla con Hans, luego declararla loca y así apoderarse de ambas empresas! ¡Ahora, sólo aléjate de mí! ¡Estás jodidamente fría! — Lo apegué más a mí para hacerle hablar.

— ¿Cuándo la planea sacar del país? — Interrogué.

— Hoy a las doce de la media noche. — Confesó tintinando del frío.

— ¿Dónde están mis cosas?

— En el cajón, a la derecha. — Me señaló un escritorio que estaba al fondo de la habitación.

Me alejé de éste y lo encerré en una cárcel de hielo como a su compañero. Ahora que estaba más tranquila con esos dos encerrados pude ver la habitación con más detalle: Me encaminé a paso lento hasta el bonito escritorio de metal, abrí el cajón que me había indicado y, ahí, estaba mi adorado celular negro con su manzanita. Lo prendí y lo primero que vi fue la hora; "13:19 PM", aún tenía algo de tiempo antes de que mi hermanita me dijera "adiós" para siempre. Antes de irme, escuché el sonido de una clase de alarma y la risa de los dos tipos esos me alteró. «¡Joder!», pensé al reaccionar que pasaba. Los dos ancianos esos habían activado alguna especie de alarma y ahora estaba en problemas. Escuché con horror miles de pasos, derretía rápidamente las jaulas y, sin pensarlo micho, me arrojé por la ventana. Recuerdo que Conejo gritó mi nombre, y en ese momento me percaté de algo, ¿cómo demonios me iba a mover rápido con sólo mis dos piernas? Me estaba alterando y en serio deseé mi moto. Y, en ese momento, ante mi, apareció una hermosos motocicleta hecha de hielo apareció y, de mis manos, salía una especie de humo blanco.

«¿Yo... hice eso?», pensé por un instante. Claro, que después de que a mis oídos llegaran los gritos interrogantes de dónde demonios estaba y un "¡no le digan al jefe!" supe que tenía que correr. O, mejor dicho, montar. Alcé mis manos como sosteniendo un casco y, con aquella misma niebla azulina, formé un casco cristalino de hielo, me lo puse y monté la moto. Era hora de salir de ahí. Aceleré a fondo y, para mi sorpresa ¡funcionaba! Quité mi mano del freno y subí mi pie para salir tan de ese sitio, fue tan rápido que no me di cuenta si me seguían o no. Ahora tenía que ingeniar que hacer, primero que nada: ¿Tendrían a Jack? ¿Por qué no les pregunté? Oh, cierto, estaba en modo "hermana mayor". «Mierda, tengo que pensar las cosas antes de hacer algo...», suspiré mentalmente. «Veamos, Elsa, ordena tus prioridades». Primero que nada, debía huir. ¿A dónde ir? ¿A casa? No. Sería muy obvio. Piensa, Elsa, piensa. En ese momento me acordé de algo, era trece, los trece de cada mes nos reuníamos en el salón de billar donde había ido con Jack al concierto; jamás había podido ir a la reunión porque esos días usualmente me los dejaban para hacerme cargo de las notas de Anna, ya que en su escuela las repartían el mismo día. ¡Brillante! Lo malo, es que estaba al otro lado de la ciudad y llegar hasta allí me tomaría como mínimo cuarenta y cinco minutos de viaje sin tráfico. A menos que mi moto volara, llegaría al lugar pasado de las tres o a veinte minutos para dar dicha hora.

¿Les he contado que odio el tráfico? ¡Pues sí! ¡Lo odio! ¡Había estado parada por casi diez minutos en el mismo lugar por culpa de un estúpido que no se sabe estacionar! Estrello mi cabeza contra el manubrio de la moto en varias ocasiones sacando afuera mi frustración, no sabía dónde estaba mi novio y en menos de cinco horas mi hermana se alejará de mi por completo y un estúpido que no sabe ni siquiera como dar reversa me lo va a impedir. La vida es una mierda. Cuando estaba a punto de resignarme de que quedaría ahí atrapada, un agujero gigante se abrió debajo de mí, dando un grito de asombro, caí en ese hoyo y, de inmediato, se cerró la entrada de donde había venido. «Conduce, rápido, mis túneles te llevarán hasta donde desees», habló Conejo en mi cabeza. Empecé a ver a todos lados, pero lo único fuera de lo normal fue un huevo de pascua en mi hombro derecho, tenía pintado figuras invernales, era realmente bonito, pero aquel pensamiento pasó a segundo plano, tenía que darme prisa si quería ir donde estaban mis amigos y, con chance, ahí estuviese Jack. Ahora que sabía dónde estaba Anna, él era lo único que me venía a la mente. ¿Cómo estaría? ¿Lo habrían capturado? No lo sabía y prefería no pensar en ello. Aceleré la motocicleta y empecé a avanzar en los túneles de Conejo. En mi paso, podía ver de reojo pequeños huevos de pascua corriendo, algunos saltaban y terminaban entre mis piernas, en el manubrio o, inclusive, en mi cabeza.

Avancé unos metros antes de poder ver una rampa ascendente, aceleré y me preparé para saltar. Cuando mis padres estaban vivos, ambos me llevaban a carreras de motocicletas privadas como recompensa de mi encierro. Creo que ahora veo su utilidad -aparte de hacer que Jack llore de miedo-, salté y apenas toqué el pavimento, frené para evitar atropellar a algún peatón. Cuando salí del túnel en un brinco, donde ante había estado el agujero ahora estaba una pequeña florecita, la miré extrañada, al parecer ya sabía porque crecían esas plantas en las calles. Miré a mi alrededor y lo primero que vi fue el gran anuncio de billar de un edifico rojo. «No ha cambiado...», pensé. Estacioné mi moto y me quité el casco, lo puse sobre el aviento con la confianza de que el casco estuviese tan frío que nadie quisiera tocarlo. Entré al edifico y, en la mesa delantera, estaban mis amigos con cara de angustia. Punzie tomaba la mano de Eugene con ojos sombríos, Merida cogía su cabeza dejando caer sus rizos, Hiccup estaba mirando su caso como si el le diera alguna respuesta que en serio quisiera. Al acercarme a la mesa, todos se regocijaron y juro que Punzie casi se ponía a llorar de alegría. Alcé mi ceja al ver tanta felicidad, tengo una especie de apatía a ver tantas cosas felices.

— ¡Elsa, estás bien! — Habló mi amiga rubia.

— Eh... Si... Estoy en una pieza. — Dije entre dientes.

— ¡Sabía que era imposible que Elsa fuese declarada mentalmente inestable! Si fuera así, todos estuviésemos en un loquero. — Comentó Merida con una sonrisa.

— Claro, Merida. ¿Alguien ha visto a Jack? — Interrogué sentándome con ellos.

— Tu novio no ha aparecido por aquí... Ni siquiera nos ha llamado... — Susurró Hiccup con aires de preocupación.

— Vale. Gracias. — Me paré y estaba decidida a irme. Pero Merida me detuvo. — ¿Qué pasa?

— Eso mismo te pregunto yo. ¿Qué pasa? — La mirada impasible de mi amiga me llegó, pero no quería preocuparla.

— Nada. Cosas sin importancia. — Contesté soltándome de su agarre.

— Elsa... — Escuché a Rapunzel.

— ¿Si, Punzie?

— Somos tus amigos. No sólo tuyos. De Jack y Anna también. Hemos escuchando rumores donde ella ha sido aislada por una extraña enfermedad. — Cerré mis ojos y empuñé mis manos. — ¿Es cierto?

— Claro que no... — Escupí con rabia.

— ¿Entonces? — Interrogó.

— Es una larga historia y no tengo tanto tiempo. — Me excusé.

— Resúmelo y luego vemos que hacemos. — Me sugirió Merida.

Miré a mis amigos, ahora veía que ellos si lo eran. Amigos. Me volví a sentar u expliqué a grandes rasgos la historia que había vivido. Nadie sintió lástima o algo parecido, sólo preguntaron cosas necesarias para comprender la historia. Sólo eso. Asentían cuando entendían y me incitaban a continuar con un "ajá". Obviamente, suprimí la presencia de conejo, creo que eso era algo demasiado loco.

— Y eso es todo. — Finalicé.

— ¿Y qué vamos a hacer? — Cuestionó Merida.

— ¿Vamos? — Interrogué al aire.

— Si. — Afirmó Punzie.

— ¡No! ¡Esto es algo que debo hacer sola! ¡No quiero poner a nadie en riesgo! — Grité.

— ¡Claro que no, niña fría, somos tus amigos y estaremos contigo en estos momentos! ¡No tienes que estar sola! — Se defendió mi amiga pelirroja.

— ¿¡Es que no entienden!? ¡No quiero perderlos! — Chillé mientras fruncía el ceño.

— ¡Deja de ser tan pesimista! ¡Vamos a ir a patearle el culo a ese viejo de mierda todos juntos!

— ¡He dicho que se quedarán aquí!

— ¡No, no lo has dicho! ¡Nosotros estaremos a tu lado quieras o no!

En ese momento la puerta del billar se abrió de par a par, un aire helado inundó el lugar haciendo estornudar a más de uno, ante mi un copo nevando bailó por enfrente de mis ojos. Aquel objeto a base de agua no era como los míos, los copos que yo hacía eran más rectos, puntiagudos, herméticos -como yo-, pero una belleza que sólo pocos comprendían. En cambio, este tenía adornos, formas infinitas, como si de una enredadera de copos se tratase. Reconocería aquel copo donde sea. Era uno de los de Jack.

— Yo concuerdo con la chica oso. No vas a estar sola en lo que esa desquiciada mente tuya imagina. — Esa voz.

Viré y, ante mis ojos, casi como si fuera un sueño, estaba Jack. Mis ojos se abrieron de par en par. Jack estaba igual que siempre, sólo que ahora tenía su báculo apoyado en su hombro, había cambiado su chaqueta de mangas cortas por una de mangas largas con escarcha donde sea, unos pantalones cortos -le llegaban a la mitad de la pantorrilla-. Me miró fijamente y, o dios, no pude más. Me paré de mi silla y corrí hacía el, lo tomé entre mis brazos y uní nuestros labios. Como lo había extrañado, había temido por él, sentirlo así de cerca me hacía estar más tranquila. Esa tranquilidad que sólo él me transmitía.

— Me alegra que estés bien, Elsa... — Me susurró. — Tenía miedo de que ese viejo te hiciera algo. No te hizo nada, ¿verdad?

— Hace falta más que un vejestorio para que la vida me sea arrebatada. Eso solamente yo lo puedo decidir. — Le contesté con una sonrisa liviana.

— Me alegra que todo esto no te haya quitado tu extraño sentido del humor. — Me comentó mientras me tomaba de la mano. — Vamos, tenemos que hablar con todos. Por cierto, me encanta tu nuevo estilo.

Jack y yo caminamos hasta la mesa donde todos estaban, nuestros compañeros simplemente nos miraron como siempre y seguimos en nuestra discusión.

— Bien, ¿qué haremos? — Interrogó Eugene.

— Como he dicho, yo lo haré sola. — Volví a reafirmar.

— Ajá, claro. Tenemos que pensar en algo. Hiccup, tus eres el que planea, haz un plan. — Demandó Jack.

— Ah, claro, déjenle todo al mayordomo. — Se quejó mi pequeño amigo. — Por lo que Elsa nos ha contado, los objetivos de "El viejo" son varios: Quitar del camino a tu padre, sacar a Anna del país y hacerse dueño de Industrias Arendelle. Tenemos hasta las 12, así que lo más factible es ir cuando la empresa cierre.

— La oficina cierra a las ocho, pero algunos empleados se quedan trabajando tiempo extra, también hay alta seguridad y cámaras de vigilancia. — Comenté con la idea formada de que no me dejarían entrar ahí sola.

— Jack, ¿qué tan bueno eres cortando la energía? — Cuestionó mi amigo.

— Un poco de hielo jamás ha hecho nada malo. — Contestó entre risas mi novio.

— Perfecto. Jack, debes ir a alertar a tu padre. — Ordenó Hiccup.

— No, iré con Elsa. Punzie y Eugene que lo hagan. De todas formas, nuestros padres están en el mismo viaje. — Dijo Jack poniendo su brazo en mis hombros.

— De acuerdo, nosotros iremos. — Acató Rapunzel parándose. — Vamos, Eugene, no tenemos tiempo.

— Como usted ordene, mi castaña sexy.

La joven pareja abandonó el lugar dejándonos a Merida, Hiccup, Jack y a mí en la mesa.

— Ahora, este es el plan.

Hiccup nos explicó cuidadosamente como íbamos a actuar: Jack cortaba la electricidad dejando inactivas las cámaras de vigilancia, yo entraba junto con Merida y Jack mientras él esperaba nuestra salida, cuando tuviéramos a Anna, saldríamos y él nos sacaría de ahí rápidamente. Así de práctico era el plan. Sinceramente, todo eso era una locura. Pero bueno, después de todo lo que acababa de vivir, era una locura bastante bien planeada. Antes de realizar nuestro plan, fuimos a la casa de Hiccup, para nuestra sorpresa, vivía con su padre, el cual era un vikingo de corazón -por el decorado de su casa-, al parecer tenía algo conque Hiccup trabajase como mayordomo de Merida, pues apenas nos mostró atención. Pobre de mi pequeño amigo. Nos subió hasta su habitación, era pequeño y lleno de pequeños inventos. Hiccup era un genio. Después de asegurar la puerta, nos pidió que nos sentáramos, Merida parecía emocionada y Jack algo nervios. ¿Era la única que no entendía que pasaba? Al parecer si cuando sentí la mano de Jack en la mía de modo nervioso.

Vi a Hiccup abrir su ventana y silbar al aire, de seguro estaba llamando a su mascota o algo así. Pasaron unos minutos antes de que escuchara un aletear a la distancia, pensé que era un pájaro. Jamás imaginé lo que iba a venir. Jack se aferró más a mí, Merida se emocionó y mi pequeño amigo apretó un interruptor para que prácticamente ¡toda su pared se abriera! ¡Dios, joder! ¡Cuando vi por la inexistente pared, podía apreciar un maldito bichón negro, alado, de cuanto patas y cola venir en nuestra dirección! Mi corazón empezó a palpitar como loco, mi quijada se zafó de su sitio para quedar en el suelo. Ante nosotros, volando sin disminuir la velocidad, ¡un dragón -si, he descrito bien-, un dragón de esos que sólo había visto en algunos libros, ilustraciones o videojuegos venía! Cuando se pasó en el piso de la alcoba de Hiccup, casi me da un paro cardíaco. Era grande, negro, escamoso, lo más parecido que tenía para compararle era a una salamandra súper-desarrollada con unos hermosos ojos verdes felinos, alas que doblaban su tamaño y una cola potente. «¡¿Pero qué mierda?!», fue lo único que atiné a pensar al ver la forma tan juguetona con la que se acercaba a Hicupp y Merida. Jack sólo se acurrucó más a mi, y yo hice lo mismo al sentir el calor que el dragón emanaba, con razón mi novio estaba tan nervioso, ambos odiamos el calor.

Después de haberle dado cariño al dragón, cuyo nombre era Chimuelo, Hiccup nos explicó más a detalle el plan. Jack congelaría los circuitos de electricidad dejándolos inservibles, así se cortaría la corriente y, cuando los generadores de emergencia se accionasen, mi querido peliblanco los fundiría al instante; cuando viéramos el doble apagaron entraríamos Hiccup, Merida y yo, los tres descenderíamos con Chimuelo en la entrada donde nos abriríamos campo hasta llegar donde Anna se estuviera, para nuestra suerte, Hiccup había hackeado las cámaras de vigilancia de la compañía por unos segundos, así que sabíamos dónde estaba exactamente Anna -luego le tendría que decir que me ayudara a reforzar la seguridad-. Mientras dábamos los toques finales al plan, mencioné que el bastardo que tenía prisionera a mi hermana era dueño de la policía -dato que había recordado de puro milagro, pues hace años mi padre lo comentó en una de la cenas familiares- eso nos ponía aún más difíciles las cosas, así que mi pequeño amigo sólo miró a Merida y le dijo que autorizaba la fuerza bruta, cosa que me sacó de mis ideas, pues pensaba que para ese descabellado plan a fuerzas debíamos usar la fuerza.

Llegó la hora acordada, yo estaba sobre volando la oficia desde la espada de Chimuelo, el dragón a pesar de despedir un calor descomunal, daba su mayor esfuerzo para permanecer fresco por mi, y yo en serio lo agradecía. Mientras miraba fijamente el gran edificio reflexioné a fondo la situación: Si tan sólo hubiese hablado, si tan sólo no le hubiese tenido tanto miedo a las reprimendas que el viejo me ponía esto no hubiese pasado. Si tan sólo no hubiera huido, si hubiera seguido igual de sumisa y sin alzarme, quizá Anna estuviera en casa ahora mismo. «¿Es qué estás idiota? ¡Por dios, Elsa! ¡Hiciste lo que considerabas correcto! ¡Ya estabas harta de tu vida falsa! ¡No seas estúpida! ¡Es hora de desligarte para siempre de sus cadenas, no seas más una muñeca, se libre! ¡Libre!», me dije a mi misma dándome cuenta de la situación. En el transcurso de mi monólogo mental, Jack hizo su trabajo y las luces se esfumaron de la construcción metálica. Era hora de actuar. Vacié mi mete de cualquier otro pensamiento que no fueran los del momento, cosas del pasado, futuro, a la mierda todo, lo importante era rescatar a Anna y terminar con las ataduras del viejo. El plan original era "entrar y salir", pero aquel anciano me debía muchas cosas, y pensaba cobrármelas esa noche.

Chimuelo aterrizó en la entrada principal donde bastó con un pequeño aliento del dragón para que la puerta se fundiera. Hiccup nos dijo que estaría esperado por nosotras en la ventana del piso donde estaba Anna, pues ella se encontraba en una habitación cerrada. Ambas conformamos, nos deseó suerte y entramos. Era hora de la acción. Subimos por las escaleras, por tres pisos no hubo inconvenientes, Anna estaba en el décimo quinto piso, casi la mitad de las plantas del edificio. Los problemas empezaron en el sexto piso, estábamos subiendo por la escalera de emergencia, así que el espacio era reducido, gracias a Merida y su súper oído, ella percibió a unos guardias, así que nos vimos en la necesidad de entrar al piso. Como deseamos jamás haberlo hecho. De esquivar a dos guardias, pasamos a jugárnosla con siete, ¡siete! «Por un demonios, ¡Merida!», pensé antes de ver de manera acusadora a mi amiga pelirroja, ella simplemente sonrió algo nerviosa y seguimos adelante. Los demás pisos fueron fáciles, principalmente porque todos estaban buscando la fuente del frío que sentían, frío que era provocado por nada más que mi novio. Es extraño decirle "novio" a Jack.

Cuando estábamos en el piso donde Anna estaba, cuando estaba sintiendo la esperanza al fin de vuelta, todo se derrumbó. Merida abrió la puerta correspondiente y, ahí, armados hasta donde no más, había más de quince guardias de seguridad. «Joder», pensé al verlos a todos. Mi corazón empezó a latir desenfrenadamente, afuera una tormenta se desató gracia a los nervios que tenía a flor de piel. Al fondo de la recámara, un hombre alto de pelo rojo salió de entre las sombras con una sonrisa triunfal. Hans. Ese maldito me miró de reojo, se abrió pasó entre los guardias empujandolos bruscamente, la soberbia se veía claramente en sus ojos, recordé el pequeño incidente que tuvimos hace meses con Anna, y en ese instante me preocupé, más le valía a ese maldito hijo de perra que no le hubiese tocado ni un pelito a mi hermosa Anna, porque ahora si, morirá de hipotermia aunque después me arrepintiese, no me importaba, pero si me enteraba de que le había hecho algo moriría congelado por mi propio hielo. Se acercó hasta estar a pocos metros de mi, me miró de arriba para abajo y se relamió los labios, eso no me daba buena espina; vi como Merida se preparaba para luchar, pero le pedí que se esperara alzando mi mano, algo que había aprendido es que los sujetos como Hans siempre querían algo mejor de lo que ya tenían, y si yo podía mejorar ese "algo" que el viejo le había prometido, lo haría.

— Elsa, ¿sabes qué tienes al viejo dando órdenes como loco a la policía para encontrarte? — Habló Hans de modo arrogante.

— ¿Qué te ofreció ese bastardo mal nacido para que te unieras a él? — Interrogué sin rodeos.

— Oh, no sabía que la ex-cabeza de las industrias Arendelle tenía tan obsceno vocabulario. — Comentó con cierto tono que me irritaba.

— No tengo tiempo para que me entretengas con tus estupideces, joder. Ahora dime: Qué te prometió y quizá yo pueda mejorar la apuesta. — Ofrecí ya molesta.

— ¿Qué que me prometió? Pues, ya que vamos sin rodeos. — Se acercó a mi y yo me alejé a su vez. — Me prometió que cuando salieras de ese manicomio, serias mi esposa y podría acostarme contigo todo lo que me apeteciera mientras estuvieras ahí metida.

Me quedé helada, más de lo habitual, ¿lo que el bastardo de mierda que me "cuidaba" le había prometido al otro estúpido era yo? ¡Ahora si me las iba a pagar! ¡Yo no soy ni seré propiedad de nadie! ¡Los únicos que tenían un poder similar a eso eran Jack -por obvias razones y eso, casi siempre le deba negativas- y Anna! ¡Esas eran las únicas personas que se podrían proclamar "mis dueños".

— ¿Qué dices? Te hago mía aquí mismo, frente a todos y dejo a tu estúpida hermana libre, ¿te parece? — Mi ceño se frunció e hice una espada de hielo. — Creo que no. Acaben con ellas, pero mantengan viva a su ex-jefa, la quiero en mi cama está noche.

Y así, mientras Hans me daba la espalda, los que alguna vez trabajaron para mi atacaron. Me preparé para la batalla, pero enseguida sentí como una mano se posaba en mi hombro, era Merida quien me miraba con una sonrisa en el rostro.

— Anda, ve a perseguir a ese hijo de perra, yo me encargaré de estos enclenques. — Me ordenó mi amiga.

— ¿¡Tú estás loca!? ¡¿Ya viste cuantos son!? ¡Te harán puré! ¡O malteada en el peor de lo casos! ¡No te dejaré! — Fulminé segura.

— Soy fuerte, quizá no tengo poderes de hielo... Pero soy "la chica oso".

— Merida, no es tiempo para que me recuerdes como te dice Ja...

Ni siquiera terminé de decir la oración completa, delante de mis ojos a mi amiga pelirroja le empezó a crecer pelo, ¡colmillos y arpas! Creció por lo menos dos metros más, aún tenía forma humana, pero era claro que no lo era. ¡Mi amiga era una chica oso! ¡Literalmente! Podía apreciar el tatuaje de su espalda cubierto de pelo, su pelo parecía más rojo en contraste a su negro pelaje.

— Tú correr, yo pelear. — Se mofó Merida, admiraba su sentido de humor.

— Vaya, si que eres una chica oso. Bien, te dejó el resto a ti. — Dije mientras salía corriendo detrás de Hans y en busca de Anna.

— Adiós, ¡y dale una buena patada en el culo a ese imbécil de mierda! — Escuché a lo lejos decir a mi amiga antes de que los gritos deja guardias inundaran mis oídos.

Corrí por la gran sala, todo estaba oscuro y sólo contaba con mi conocimiento de edificio, escuché en algún momento una pisadas, me detuve para escuchar de dónde venían y, después de haber asegurado la dirección del sonido, corrí siguiendo aquel ruido. Llegué hasta una especie de recibidor, si mis conocimientos no me fallaban, estaba en la sala de juntas, ahí tenía haber una especie de bodega donde debía estar Anna. Y no fallé, a pocos metros de mi estaba la puerta metálica. «Voy por ti, Anna», me dije a mi misma con la esperanza de que le llegara el mensaje, me acerqué al umbral y, justo antes de que mis dedos entraran en contacto con el frío metal del picaporte, una mano masculina me tomó de la chaqueta y me tiró para atrás. Hans de nuevo. En su mano derecha había un cuchillo de cazaría que sólo Dios sabe de dónde lo sacó, tenía el pelo despeinado y el ceño fruncido, al parecer no le daba mucha gracia que hubiese llegado hasta ahí. Contuve el alimento al ver como alzaba su mano e intentaba clavarme tremendo filo, ¡este tío si que estaba dispuesto a matarme! «¿Es que eres idiota, Elsa? ¡Por supuesto que va en serio con matarte! Eso, o sólo quiere herirte lo suficiente como para que no te muevas y después sólo él sabrá que perversiones te hará», si salía viva de esta estupidez en la que me metí, juro que iré a ver a un psicólogo. A veces las voces en la cabeza de uno sólo sirven para preocuparte más.

Esquivé el primer ataque echando mi cuerpo para atrás, tomé la espada que tenía en las manos y, con los conocimientos adquiridos en varios videojuegos, libros y animes vistos, empecé a contraatacar. Primero debía poner algo de distancia para que pudiera pensar y ver mi entorno, no sólo lanzar manoplas a lo idiota. Después de dar algunas cuantas vueltas mirándonos, él decidió atacarme primero, con el cuchillo quiso alcanzar alguna zona blanda, pero se notaba que era un niño rico mimando porque no sabía ni como tomarlo, bastó con moverme de lado, dar vuelta sobre mi eje y ya tenía mi filo sobre su nuca. ¿Estando en el maldito siglo XXI y estúpido esté sólo se le ocurría usar un cuchillo de cazador? ¡El maldito tabaco la jodida las neuronas! Aunque decía agradecerlo, si hubiese sido un poco más listo y en vez de tener un cuchillo tuviese un arma de fuego, ni mi hielo más fuete podría haberme salvado de esto. Mientras Hans permanecía bajo mi espada, tomé un cenicero de metal que había cerca y de lo estrellé en la nuca, no lo mataría -por desgracia-, pero al menos lo dejaría noqueado un buen tiempo, tiempo que necesitaría para sacar a Anna de ese lugar y llevara a un lugar seguro, o mejor dicho, Hiccup la llevaría a un lugar seguro, yo tenía asuntos pendientes con cierto fósil viviente que se encontraba en el piso más alto.

Después de asegurarme de que el "principito del tabaco" estaba plenamente durmiendo, me acerqué de nuevo a la puerta que, gracias al cielo, no tenía cerrojo, giré la manija y, con un chillido oxidado la puerta se abrió. Lo que vi me hizo hervir la sangre, casi me hizo darme vuelta y clavar mi espada en la cabeza de Hans. Mi hermosa Anna, mi sol, estaba amordazada sentada en una silla de las que se usaba en las conferencias, sus bellos ojos estaban cubierto por una venda, sus labios callados con cinta adhesiva, en su rostro pálido, podía ver rastros de sus lágrimas y, cuando escuchó la puerta abrirse, la vi estremecerse y tratar de balbucear mí nombre. Dice que cuando una persona está en peligro lo primero que hace es llamar a la persona que más quiere en el mundo sin importar el tipo de amor que le tenga. Me acerqué con la suficiente rapidez que mis piernas me permitieron, con la espada que tenía corté los amarres de mi hermana, sus muñecas estaban rojas e inflamadas, coloqué mi mano sobre éstas y dejé fluir el frío. Sentí como Anna dejaba de estar tensa, me había reconocido, pasé a desatarle los ojos y a quitarle la cinta de los labios. Nos miramos y, lo primero que hizo fue abrazarme. Me abrazó con tanta intensidad que sentí que esa Anna podría ser una ilusión, pero no, era real, la estaba tocando y la había rescatado antes de que la alejaran de mí. A mi mente miles pensamientos llegaron, ¿qué haría sin mi hermana? Ella era mi única familia, ella era mi sol, el motivo por el cual vivía día a día, sin Anna, una parte de mi moriría.

— ¡Elsa, viniste por mí! — Sollozaba Anna en mi hombro.

— ¿Creías que te dejaría? Si tú siempre ibas por mi cuando yo te alejaba, era lógico que yo viniera cuando alguien me alejara de ti. — Le traté de consolar. — ¿Cómo estás?

— Elsa, tuve tanto miedo... Llegaron a la casa preguntado por ti, fueron a tu alcoba y la pusieron patas arriba, no quise decirles donde estabas por miedo a lo que te hicieran, pero un tal Gay les comentó sobre Jack y fueron hasta su departamento. Luego de un tiempo regresaron, golpearon a Kristoff -pues no quería estar sola después de eso- y me llevaron con ellos diciéndome que sería su rehén para que no te negaras a sus caprichos. Fue horrible. — La cólera que sentí era indescriptible en ese momento.

— Tranquila, Anna, todo está bien ahora... Vamos, Hiccup nos espera con Chimuelo. — Le dije mientras secaba sus lágrimas.

— ¿Quién es Chimuelo? — Interrogó curiosa.

— ¿Te gustan las alturas? — Fue lo único que pude comentar acerca de eso.

La vi arquear una ceja, le pedí que sólo me ignorara; le tomé de la mano y la saqué ese lugar, cuando pasamos junto a Hans, sentí como su agarre se hizo mayor; la sujete con fuerza -sin dañarla- y salimos del lugar. Corrimos lo más rápido que pudimos, no queríamos pasar más tiempo de lo necesario en ese lugar. Al llegar donde me había separado de Merida, encontré a mi amiga **fumando un pequeño cigarrillo sentada sobre una montaña de guardias noqueados, a mis fosas nasales llegó un aroma de cierto líquido fisiológico que los humanos expulsan cuando sienten demasiado miedo; pobres, no sabían con quien se estaban metiendo, aunque ahora que lo pensaba bien, yo igual mojaría mis pantalones si mi enemiga fuera aquella muchacha de cabello rojo fuego, y más si tan sólo fuese un simple humano. La vi exhalar el humo que contenía en sus pulmones, se notaba que Hiccup no estaba en las cercanías, pues al tan sólo sentir aquel característico olor a cigarro, hubiese llegado corriendo con una reprimenda hacía su dueña. «Lo más irónico es que me metí en todo este asunto por un cigarro ahora que recuerdo, ¿quién diría que una de las chicas que me estaban ayudando a salir de esto también lo consumía? Pero bueno, ella sabe los riesgos y aun así le viene valiendo», medité mientras llamaba la atención de Merida, era hora de irnos.

Las tres ya juntas empezamos a subir escalera tras escalera, escalón tras escalón, la fuerza de Merida y la mía eran suficientes para aguantar la exigencia física, ambas teníamos cierta condición para superar esto. Pero Anna no. Por los últimos tres pisos la tuve que caerá en mi espada, a mi mente vino una pequeña escena de cuando ella tenía dos años y yo cinco: Anna y yo jugábamos en le jardín de la casa, pero por accidente ella cayó y se raspó la rodilla, ya saben, heridas de la infancia. Mi pequeña hermanita apenas vio la sangre fluir empezó a llorar, ambas estábamos solas en casa -no era novedad- así que lo primero que se me ocurrió fue ponerle mi mano y hacer una plancha de hielo sobre la herida, pero no fue suficiente. Anna, aun llorando, gritaba que no podía moverse, que le dolía mucho, así que terminé cargándola en mi espalda -como estaba haciendo en esos mismos momentos- hasta mi cama donde la dejé acostarse y, entre llanto, se durmió. «¡Elsa, centrate! ¡No es tiempo para recodar el pasado! Tendrás mucho tiempo para eso si logras sacar a Anna de este lugar!» me recordé a mí misma mientras sacudía la cabeza, no debía distraerme con cosas tan insignificantes como recuerdos. Lo importante ahora era salir, llevar a Anna donde Hiccup y yo, por mi parte, ir a donde el viejo se escondía para tener una charla muy sería con él. Cuando se metió con Anna, el miedo que sentía de él desapareció.

Llegamos hasta una de las ventanas que tenían los descansos de las escaleras, estábamos a ya una gran distancia del suelo. Que bien que nadie le tenía miedo a las alturas. Merida se puso los dedos entre los labios y emitió un chiflido que hasta el día de hoy no me explico cómo demonios lo hace en cuestión de minutos ya teníamos a un Hiccup preparado para llevar pasajeros y... una Anna desmayada... ¿qué? Mi hermana jamás ha sido muy "fan" de los reptiles o anfibios. Después de que logré despertarla y hacer que subiera de mala gana en Chimuelo, les pedí que la llevarán a ella primero a un lugar seguro, yo les "esperaría" ahí mismo. Anna me miró dudosa, sabía perfectamente que estaba mintiendo, pero creo que quería creer que no era verdad, que en serio no me movería de allí y que volvería con ella. «Perdón, Anna, pero lo que ese maldito te hizo es imperdonable para mí. Te quiero, hermana» me disculpé mentalmente con la esperanza de que pudiese escuchar mis pensamientos, pero sabía que era inútil. Cuando vi cómo se alejaban, giré sobre mis talones y seguí subiendo las escaleras, si en algún lugar estaba el vejestorio prehistórico sería en mi oficina, siempre estaba ahí cuando yo no miraba. La codiciaba, pero yo era tan temerosa que siempre ignoraba aquella evidente cosa. A veces no es bueno guardarte todo lo que ves.

Llegué hasta la última planta, no había seguridad ni nada, o bien el viejo ya me estaba esperando o jamás pensó que llegaría tan lejos. Seguí caminando por el pasillo que conectaba a mi oficina, en las paredes que estaba cubiertas por terciopelo rojo, habían fotos de mi padre y algunas doce estaba con mi madre, todas en referencia sobre los grandes acuerdos que hicieron de "Industrias Arendelle" una de las más enriquecedoras del mundo. Luego, hasta casi al final, había una foto mía rota, era la que se colgaría cuando tuviese veinte años, la edad suficiente para presentarme en público como la dueña absoluta de la compañía. Seguí de largo y me topé con la puerta que solía abrir todos los días, podía escuchar gritos e insultos provenir de su interior, el viejo no estaba nada feliz con mi fuga y menos con la de Anna cuando se enterase. Le oí exigirle a la policía que me encontrara, que me matara si era necesario, pero que no debía tener acceso al edificio si es que querían conservar sus empleos. «***Joder, con un jefe así prefiero vivir debajo de un puente robando señal de internet», pensé antes de decidirme a tocar a la puerta que, para mi sorpresa, estaba abierta. La abrí y, apenas el viejo me miró, sus ojos estallaron en cólera y rabia, colgó el teléfono y posó toda su atención en mí.

— ¿Cómo llegaste hasta aquí? — Interrogó claramente enojado.

— Volando. — Mi tono sonó más a una broma, pero era la verdad. — Tenemos que hablar, viejo. — Sentencié mientras me cruzaba de brazos.

— ¿De qué desea hablar una enferma mental como tú? — Interrogó de manera déspota.

— ¿Por qué le prometiste a Hans mi cuerpo como recompensa?, ¿Por qué maltrataste a Anna? — Cuestioné frunciendo el ceño.

— Al parecer tu coeficiente intelectual sólo pudo conjugar esas dos interrogantes. — Se burló, pero ya me tenía sin cuidado.

— Sólo contesta.

Vi como el anciano se movía de estar detrás de mi escritorio hasta enfrente, se apoyó en la plancha de madera y sonrió cínicamente. Eso me estaba dando bastante temor y, a su vez, ira.

— Porque me encantaría ver sufrir a la estúpida que hizo que ****Raymond Arendelle dejara de ser un negociante hábil, sólo quería pasar tiempo contigo y tu hermana en vez de prestarle atención a su empresa. ¡Se volvió un imbécil desde que naciste! — Al escucharlo arqueé una ceja, ¿este tipo estaba loco? ¡Primero me dice una versión en el manicomio y ahora me sale con eso! ¡Él es jodido demente aquí!

— Eso no me importa, ahora mismo vas a salir de aquí, renunciarás a las Industrias Arendelle y jamás te quiero volver a ver cerca de Anna o de alguna persona que sea importante para mí. — Amenacé seriamente.

— ¡Esa es otra cosa! ¡El amor es una estupidez! ¡No te hacen ver las oportunidades! — «Si, a este anciano le falta un tornillo», pensé al instante.

— *****No me importa, quiero que te vayas, ¡ya! ¡Esta es mi jodida oficina! ¡Yo soy la jodida jefa y tú eres un hijo de perra! ¡Así que lárgate! — Grité exasperada, la paciencia hasta a mi se me acababa.

— ¿¡Quién te crees para hablarme así!? — Inició una pelea de gritos.

— ¡Elsa Arendelle, hija de Raymond Arendelle y Regina Arendelle, hermana mayor de Anna Arendelle y la persona que es libre de tu yugo al fin! — Vociferé segura de mi misma.

— ¡Veremos si me hablas así estando mil metros bajos tierra! — «¿Mil metros? ¿Hablaba en serio? ¡Elsa! ¡Este no es momento para encontrar agujeros argumentales! ¡Te ha amenazado de muerte!», pensé aterrorizada al ver como sacaba un arma calibre nueve milímetros.

«Bueno, al menos este sí pensó un poco. Espera. ¡No es momento para admirar su capacidad mental! ¡Haz algo!» apenas vi que sacó el arma, golpeé el piso con mi pie y, ante mi y él surgió un muro de hielo más que grueso y resplandeciente, segundos después de que el muro tuviera mi altura, se escuchó el disparar del arma y, para mi sorpresa, vi como la bala se había quedado parada apenas entró en contacto con mi hielo. «¿Esto será hielo mágico? Tengo que probarlo, sólo espero no estar equivocada», miré mi ropa que estaba hecha parcialmente de hielo, empezó a despedir un brillo que me daba la pauta que estaba funcionando, miré la piel expuesta y la congelé también, ya preparada, tomé la espada y salí corriendo del lado derecho de la pared fría. «Corre, corre, corre, corre, ¡corre, mierda!», me decía mentalmente mientras hacía la acción pensada, en segundos -que para mí fueron eternos- ya estaba chocando armas con el anciano, podía parecer débil, pero tenía una excelente condición física. Me miró, en esos ojos no vi nada, sólo maldad y ambición en su más puro estado. Me aterré, pero aun así me mantuve firme, dicen que el orgullo esa causa de muchos males, pero en ese momento, el orgullo era lo que me mantenía ahí, mirándole frente a frente, no iba a dejar me que viera humillada, si perdía eso, igual de lo quitaría a Anna, mis amigos y a Jack. No sé, pensamientos estúpidos que se te ocurren en momentos malos.

Nos separamos de manera brusca cuando él me empujó, en ese instante el sonido de las sirenas policíacas llamó nuestra atención, el viejo sonrió y yo quería morirme en ese preciso segundo. La policía era suya. «¡Joder! ¿¡Ahora que mierda hago!?», pasó por mi cabeza antes de que la voz de uno de los oficiales resonara en todo el lugar diciendo: "¡Señor Amshel Goldsmit, queda bajo arresto por lavado de dinero, asesinato, falsificación de documentos, intento de asesinato y otros cargos. Los oficiales ya no trabajan para usted, ahora somos financiados por la señorita Elsa Arendelle, North Frost y Jackson Overland Frost". La cara de incredulidad del viejo fue un deleite para mis ojos, aunque yo también me quedé así al saber que el señor North había dado más dinero que lo que el viejo pagaba... Debía retribuirle ese gasto de alguna forma, pero luego pensaría en ello. Cuando mi atención volvió a la cara de incredulidad de viejo era demasiado tarde, se había abalanzado sobre mi e inmovilizado. «Sigue de idiota, Els, sigue de idiota», escuché claramente la voz de Jack en mi cabeza, pero no me presté mucha atención porque ese bastado me estaba jalando hasta la ventana donde salimos. Subimos hasta la parte más alta del edificio, él le gritaba a la policía que yo era su rehén y más tonterías que no podía entender, ¡estaba forcejeando para liberarme, joder! ¡Maldito anciano con músculos de ******Roshi!

Al llegar hasta el helipuerto de la oficinas, pude liberarme de él haciendo palanca con mi cuerpo hacía adelante tirándole para que yo pudiera respirar como era demandado por mis células, un poco más y mis pobres glóbulos rojos se quedaban sin trabajo. Dando grandes bocanadas de aire me erguí, ambos nos miramos de nuevo e inició de la disputa. Él disparaba su pistola y yo como podía la esquivaba, recibí tres disparos, pero gracias a mi hielo mágico -eso sonó súper drogado, lo admito, pero era verdad- no me hizo ningún daño grave, a lo mucho un moretón. Aproveché un momento cuando él tuvo que cambiar de cartucho y me abalancé hacía él, pero no esperaba que tuviera una navaja, navaja que atravesó mi ropa, pues, al parecer, sólo la chaqueta y los pantalones eran "antibalas", así que la ligera blusa que tenía abajo de está fue atravesada con gran facilidad por la hoja de la cuchilla. «Mierda, esto requerirá o bien pintadas, o un jodido trasplante de quien sabe qué órgano», sentí como un líquido caliente bajaba por mi abdomen, sólo rogaba a que no le hubiese acertado a un órgano vital, podría vivir sin apéndice o, inclusive, vesícula, pero si le había dado a lo hígado, páncreas o colon, estaba en problemas. Me alejé de él cubriendo mi herida que estaba en la parte inferior izquierda, sentí como algo surgía de mi garganta, me dio arcadas así que contraje involuntariamente los músculos de mi garganta y, ¡oh, sorpresa! era sangre.

Aguantando el dolor agudo y jodidamente crónico que tenía, alcé la vista para ver una cara de espanto venir del viejo; enseguida escuché pasos venir de abajo, la policía venía en camino. El anciano sonrió y si algo sabía bien, es que si él sonreía es que tenía algo planeado. Poco a poco lo vi dar pasos atrás, me quedé pensando un poco en lo que trataba de hacer, pero luego capté la idea que tenía ese bastardo. No sería capturado para pagar por sus crímenes. Oh no, eso si no se lo iba a permitir, tenía que pagar por todo lo que le hizo a mi familia y a quien sabe cuántas personas más. Con mi mano en el costado, traté de correr para darle alcance, el mundo se detuvo para mí, parecía como si todo estuviese en cámara lenta, mis movimientos, mis latinos cardiacos, los pasos del viejo hasta el límite de suelo firme, como se dejaba caer de espaldas con esa sonrisa de victoria por la herida que me había hecho, pero no le iba a dejar irse así sin más. Como pude me aventé al suelo barriéndome y, por puro milagro, logré cogerle la mano. Estaba pesado, podría jugar que me iría a romper el hombro o la clavícula, todo mi ser ardía y él tenía esa estúpida sonrisa en la cara. Estaba furiosa, furiosa porque no pude atacarle en ningún momento, enojada por saber que acabaría él mismo con su vida sin afrontar sus consecuencias, por saber que todo esto pasó por algo tan estúpido.

— No vas a morir, bastardo, debes pagar por lo que has hecho. — Le susurré con sequedad.

— ¿Yo? ¿Pagar? Creo que estás muy equivocada. — Vi que en su mano tenía aún la navaja con la que me había cortado. — Es una lástima que no me quede a tu funeral. La daga estaba envenenada, nos vemos en el infierno.

Sonrió ampliamente antes de que usara el mismo objeto punzo cortante en mi mano para provocar que lo dejara caer al vacío, cogí mi mano en una reacción primitiva y lo vi caer, pero cuando estaba a la mitad del edificio vi como uno de los guardaespaldas que me cuidaban apareció por la ventana sujetando una daga parecida a la que tenía. La había cambiado.

— ¿¡Qué!? ¡No! — Fueron las últimas palabras del viejo antes de impactarse contra el suelo.

— Debiste pagar por todo lo que habías hecho... — Musité mientras me levantaba tomándome la herida más grande. — Pero creo que él saber que seguiré viva será suficiente para atormentarte en el infierno...

Bajé del edificio a duras penas, el primero en recibirme fue Jack, en sus ojos podía apreciar la preocupación y, apenas vio el tremendo rajón que tenía en un costado, practicante me prohibió hacer algún movimiento. Jack, siempre exagerando todo. Después de que la policía me viese, enseguida fui trasladada a un hospital, al cual me negué a ir pues yo sólo confiaba en Bella para mis heridas, ahora que lo pensaba, ¡no me había roto ni una costilla! Apenas llegar donde Bella, me hizo saber que al parecer había tenido una suerte nivel cien porque el filo de la navaja no había tocado nada importante, bastaba con unas cuantas puntadas y quenas lista. Pero por si acaso, me quedé en su casa esa noche, Bella era una excelente anfitriona, cosa que era carente en Adam, pero su humor no era tan malo como alguna vez llegué a pensar. Anna se quedó conmigo esa noche, la doctora me informó que no debía hacer nada por dos semanas si quería que esa herida sanara por completo, ahora que no tenía al bastado para dirigir Arendelle, el congreso de los viejos amargados -más no peligrosos- que quedaban dieron luz verde para que Anna fuera mi remplazo. A mi hermana no le gustó para nada ser la "jefa" por ese tiempo, pero si accedió a ser mi ayudante volviéndose la subjefe de la empresa. Mientras yo estaba en cama, ella era la que se cargaba de todo, era divertido escuchar sus quejas al final de cada día.

Con respecto a Jack, debo informar la lamentable noticia que ya no somos novios. No, Jackson Overland Frost dejó de ser mi novio para convertirse en nada más y nada menos que en mi prometido. Si, al parecer Punzie y Eugene dijeron datos de más cuando fueron por el señor North, el miedo que tuve sobre lo que pensarán los otros pilares sobre nuestra relación resultó ser totalmente lo contrario, al parecer la atracción y relación que ambos compartíamos era muy evidente, además de que de dentro de algunos años las columnas pasarían a ser las nuevas generaciones (Eugene, Punzie, Merida y Jack), por lo que no hicieron tanto alboroto y nada por el estilo. Eso si, la prensa hizo de las suyas diciendo que con nuestro compromiso ambas empresas se juntarías y todos eso, cosa que estaba mal, pues Jack y yo podríamos tener un compromiso (y yo un lindo anillo con un adorno en forma de copo de nieve en el dedo anular), pero nuestras empresas estaban más que separadas, cuestión que aclaré en una junta que tuve con algunos socios y un escrito que mandé a la misma prensa. Al fin de cuentas dejaron de molestar con eso y yo pude seguir haciéndome cargo de mis cosas laborales y aparte las personales. Aún recordaba cómo me había pedido Jack ser su prometida, fue un día cualquiera, no se inclinó ni nada por el estilo, solamente dijo: "Mi padre cree que debo darte esto" y diciendo eso me entregó en anillo que ahora cargo en el dedo. Ambos concordábamos en algo: Éramos muy jóvenes aún para estás cosas.

Después de aquel accidente con el viejo, aprendí a usar mis poderes con ayuda de Jack, ahora podía convivir con ellos sin hacer nada de lo que me arrepintiese después. Oh, por cierto, de ese suceso ya han pasado tres años, ahora yo tengo veintidós y Jack veinte, estoy a punto de graduarme de la escuela de bellas artes y, a su vez, de la de administración de empresas. Se preguntarán la razón por la cual me graduaré de la Escuela de Bellas Artes, pues bien, decidí seguir mi camón y estudiar música y pintura. No era fácil estudiar dos cosas a la vez, pero para eso tenía a Jack y a mis amigos quienes me apoyaban. Punzie seguía estudiando artes, Eugene continuó con su café (donde aún tocamos, decidimos no hacer "famosa" a la banda, nos divertíamos más tocando ahí en nuestro tiempo libre), ¡Merida al fin se le declaró a Hiccup! Así que ahora esos dos están más que apegados, la mamá de mi amiga se sorprendió bastante al saber que su "princesa" había elegido a alguien del servicio, pero bah, al final terminó adorando a nuestro pequeño amigo, ¿y quién no? ¡Es una gran persona! Anna está empezado a estudiar administración al igual que yo, pero no le está llamado nada bien... Así que me he propuesto a ayudarle en todo lo que sea posible, Kristoff -el novio de Anna- está estudiando veterinaria y ahora vive literalmente con nosotras, cosa que no me ha molestado porque es más estúpido que Jack, y Anna no es muy "activa" que digamos, así que no me preocupo por ese par. Creo que yo soy la que me debería de preocupar porque Anna me amenazó con que quería que estuviese con ella en su primera vez, no sé, a mi hermana le falta un tornillo al igual que yo. Bella y Adam ahora dirigen un hospital de mi propiedad y su pequeña bebé, Kayla, tiene tres añitos, ¡me dice tía! ¡Es tan linda!

Mi vida ha sido pacífica después de todo el rollo de lo del viejo. Hans fue encontrado culpable de secuestro, posesión ilegal de sustancias prohibidas -cosa que no me sorprendió en lo más mínimo-, lavado de dinero y otras cosas que no me interesaban. "Weseltonio" fue demandado y metido preso por fraude, por levantar falsos cargos, etc... La cuestión en sí es que fue expulsado del mundo laboral y del país en general. Los pacientes encerrados del manicomio fueron liberados de su cautiverio, llevan una vida cotidiana como cualquiera, pero siguen recibiendo ayuda psicología, no estaban locos, al parecer eran persona que sabían de más sobre el viejo y eso no le convenía a él, así que se le hizo fácil hacerse de un asilo y meterlas ahí. Los doctores de ese lugar están libres bajo fianza, pues sólo les dieron dos años de prisión más una ¡gran! Multa. El manicomio ahora es un cementerio donde descansan mis padres al fin, Anna y yo vamos de vez en cuando a visitarles, pero siempre acabamos deprimidas en la barra de Eugene. Sinceramente, la vida no me ha tratado tan mal. Me encontraba en mi oficina leyendo el último reporte que me había pasado Anna, ahora llevaba lentes por culpa del trabajo, así que apena terminé de leer, dejé todo por la tranquilidad de mis ojos. Me paré de mi escritorio, me dirigí a la ventana y vi mi reflejo. Tenía el cabello despeinado y todo hacía atrás, mi trenza caía graciosamente por mi hombro y llevaba un traje de vestir negro. Realmente había cambiado, me veía más madura. Tres años de te dejan marcas, y en mis manos más de las que quisiera.

Antes de volver al trabajo algo llamó mi atención, había algo en mi ventana. Una rosa de cristal y, abajo de esta, una nota. Sin pensarlo dos veces, abrí la ventana y cogí la extraña flor. Fría. Sonreí, sabía quien la había dejado ahí. Tomé la hoja que estaba doblada celosamente y la abrí. Cuando mis ojos vieron las palabras que estaban escritas ahí salí corriendo, debía verlo, debía comunicarle la respuesta. Tanta fue mi prisa que dejé tirado aquella carta, no me importaba que alguien la leyese, de seguro sabrían el desenlace de aquello rápidamente. Apenas llegué al piso de abajo, tomé mi moto y más veloz que nunca llegué a la universidad de Jack, lo busqué desesperadamente hasta que lo encontré parado junto a otras chicas, no me importó aquello, salí corriendo, lo abracé y besé. Escuché una queja de parte de la joven que estaba con mi prometido, pero sólo me limité a alzar mi dedo medio en su cara, mal hábito que había adquirido desde el encuentro con Hans en el billar. Cuando al fin nos separamos vi la cara de asombro de Jack, al parecer creo que él esperaba otra reacción más acorde a la "yo" laboral, pues él sabía bien que no iba a salir corriendo como lo había hecho con algo así, ¡pero dios! ¡No todos los días te dicen -escriben- eso! Como toda buena mujer, iba a salir directo a donde estaba él y le haría saber mi respuesta cuanto antes.

— ¿Y bien? — Preguntó más atontado que nunca.

— ¿Crees que vine hasta acá, te abracé, besé e hice todo esto para nada? — Lo vi parpadear, el pobre estaba tan nervioso que no entendió mi sarcasmo. — La respuesta es si, Jack.

En ese lugar me tono por la cintura y me alzó dándome vueltas, nos volvimos a dar un beso y, enseguida, Jack tomó la hermosa rosa de hielo y con su poderes la convirtió en una hermosos gargantilla con un dije de rosa, en los pétalos de ésta estaba la inicial de su nombre y el mío, a mi mente vino el contenido de la carta que había dejado abandonada a su suerte en el piso de mi oficina, ya después me arrepentiría de haberla dejado en un lugar tan visible, pero no me importó, lo que la carta decía era digno de que en mi mente volviera a sonar, y así hasta la eternidad:

"Sé que estamos muy jóvenes para esto, Conejo ya me dijo que lo que te voy a proponer es una completa estupidez y algo infantil, ¡pero hey! ¡Soy yo! Así que sin más rodeos, te lo preguntaré -o más bien, te lo redactaré-.

Els, te preguntarás porque demonios dejé una rosa de cristal fuera de tu ventana de la oficial, pues bien, sabes que no soy muy detallista ni nada así, sé que no te gusta lo cliché y, desde mi punto de vista, creo que no hay mejor representación de nuestro amor que está rosa, hermosa como tú y a la vez igual de frágil. Quiero ser el chico que te cuide, que evité que ese cristal de ropa y, si así sucede, te vuelva a pegar, quiere ser quien te mantenga a esa temperatura fría que tango te gusta, Elsa Arendelle, ¿quieres casarte conmigo?

Atentamente: Jackson Overland Frost, Jack Frost."

..::~ Fin ~::..

NOTAS DE LA AUTORA:
Primer*: Juego de terror que transcurre en un asilo.
Segundo**: Ironías de la vida(?
Tercer***: Plan de emergencia de la escritora si no funciona la Uni(?
Cuarto****: Sé que tienen sus nombres, pero me gustan más estos.
Quinto*****: Juro que escuché a todos gritar "SI"
Sexto******: Sí, es el maestro Roshi de DBZ.

ANUNCIOS:
Ahora me dedicaré a "Una vida en Hogwarts", así que esto e es todo, espero les haya gustado el final.
Aprovecho para hacerle publicidad a mi nuevo FanFic (lo subiré en la noche) llamado "Darkness", será un AU!Moderno de vampiros y hombres lobos. VAMPIROS RELES, DE ESOS QUE NO SALEN A LA LUZ ETC.