Peeta POV.
Tengo que conducir con demasiado cuidado entre tanta nieve, además de que el camino esta repleto de la masilla blanca inmaculada, no puedo ver si aun sigo conduciendo por el sendero o ya me eh salido, solo me guio por los arboles a ambos lados del coche.
Hay un punto en donde es imposible seguir conduciendo así que apago la camioneta y bajo de ella.
La nieve me llega hasta las rodillas y agradezco haber rentado un par de pantalones y unas botas para la nieve.
Tomo la pequeña caja entre mis manos y la sujeto con fuerza mientras me adentro en el nevado bosque.
Cada que inhalo, el aire frio raspa mi nariz y mi garganta y cuando exhalo dejo un resto de aliento blanco.
Llevo la pequeña caja dorada pegada al pecho, sintiendo la dureza del material presionándose en mi cuerpo.
Mientras mas me adentro en el bosque menos nieve hay en el suelo debido a los altos pinos que me cubren de la nevada glacial.
Llevo puesto dos pantalones, unas botas, un montón de sweaters y una gabardina negra, también llevo guantes y bufanda. Además de un gorro que me cubre la cabeza. Todo este bien, excepto mis mejillas y mi nariz, que arden por el aire helado.
Cuando creo que estoy lo suficientemente dentro del nevado bosque me detengo y miro hacia el cielo.
Lo poco que los pinos me dejan ver es blanco, parece como si además de haber nieve en el suelo también hubiera en el cielo.
Suspiro un par de veces antes de atreverme a dejarlo ir de una vez por todas.
Despego la caja dorada de mi pecho y la sujeto con una mano mientras con la otra abro la fina y elegante tapa. Aquí es donde yacen los restos de Chace Crawford, la persona que me enseño a amar la vida, aunque esta siempre te haya tratado de lo peor.
-Aquí estamos, Chace –murmuro mientras sonrío.
El viento comienza a mover las ramas de los arboles, que arrojan nieve blanca al suelo.
-Se que estas aquí, se que este es el lugar que mas te gusta.
Miro una vez mas al cielo para tomar un poco mas de valor.
Suspiro y arrojo las cenizas al aire, en donde una ráfaga de viento se las lleva en una hermosa espiral. Podría jurar que las cenizas tuvieran vida.
Y se que la tienen. Por que aunque su alma ah dejado su cuerpo para convertirse en un polvo grisáceo, el sigue aquí.
El lugar que el quería, el bosque de Canadá en donde el deseaba pasar el resto de su vida. Ahora vivirá aquí por toda la eternidad.
Es imposible que mis ojos no se llenen de lágrimas. Se que jamás logre amarlo, y eso me hizo sentir culpable al principio, pero al menos se que fue… fuimos felices los últimos días de su vida, y que aun en sus últimos momentos fue una persona maravillosa.
Me quedo parado con el viento azotando mi cuerpo.
Las lágrimas que han salido de mis ojos parece que se congelan en mis mejillas irritadas.
-Adiós Chace. Te quiero –murmuro con mis labios entumidos.
Comienzo a caminar por el mismo camino de nieve aplastada que eh dejado.
Tomé un vuelo hasta Canadá con las cenizas de Chace en mi maleta. Se supone que es ilegal transportarlas en avión o como sea, pero yo iba a cumplir la voluntad de Chace y no me importaba nada de la legalidad de la vida; Renté ropa abrigadora y una camioneta de excursión y aquí estoy, tratando de ser fuerte para dejar ir una parte importante de mi vida.
La caja dorada donde descansaban los restos de Chace reposa en el asiento del copiloto, fui incapaz de dejarla en el bosque, es lo único que me queda de el.
No regresé a la casa que me habían conseguido mis padres, ahora acababa de rentar un departamento en la ciudad. No era tan fuerte para vivir en un lugar que me recordara tanto a aquel chico de cabellos cobrizos y hermosa sonrisa.
Cuando llego al aeropuerto escondo la caja en mi mochila y después de pasar por seguridad me la entregan.
"Es una caja común y corriente, ábrala" había dicho a los guardias cuando el detector de metales sonó.
Me aferro a la mochila el resto del viaje y cierro mis ojos tratando de quedar dormido.
Ahora ya no me duele tanto, pero los primeros días fueron horribles.
Después de que el autobús explotara dos hombres fueron a pedir ayuda, yo no podía despegarme del cuerpo inerte de Chace; la ayuda llegó dos horas después.
A pesar del dolor, me sentía feliz por que esas personas no dejaban de agradecerme el haberlas ayudado.
Salí en las noticias varias veces pero no me importaba, solo había hecho lo correcto.
La niña que se quedó huérfana esta en el transcurso de adopción por los padres del pequeño "superman", Diana no era de la ciudad, solo estaba de paseo. Aun así, ella fue la única que se quedo al velorio de Chace.
A todos los fallecidos en el accidente se les rindió un tributo y una misa. Pero eso no era lo que yo quería para Chace, el se merecía algo mejor. Así que mis padres y yo nos encargamos del resto de los gastos. Una misa para el solo, la cremación de su cuerpo, por que no lo iba a encerrar en una caja eternamente, el merecía ser libre. A pesar de que la mayoría de las personas quería asistir al velorio de Chace, no lo permití. Se que Chace no hubiera querido. "Hipócritas" los hubiera llamado.
Solo entró mi familia, Rebecca, Diana y sus padres, yo y al final llegó Gale. No pude hablar con el, de hecho, no pude hablar con nadie.
Me encerré en una burbuja de dolor en donde nadie podía entrar.
Gale fue acompañado por Chris, y hasta ahora tuve tiempo de preguntarme por ellos. No se si están juntos o no, pero creo que Gale merece ser feliz. Yo no lo hice feliz, espero que Chris lo haga. Aunque siento que me eh quedado solo. No tengo a Chace y no tengo a Gale. Es estúpido de mi parte preocuparme por eso, pero me gustaría tener a los dos al mismo tiempo.
Cuando me entregaron las cenizas de Chace me pase todo un día llorando. Después de una semana supe que era lo que tenia que hacer. Dejarlo ir. Dejarlo ir en un lugar que el amaba.
Su casa no era una opción, tenia que ser un lugar en donde el fuera de verdad feliz. Solo se me ocurría un solo lugar: Los bosques de Canadá.
Después de bajar del avión y subir a mi coche, saco la pequeña caja y la coloco en el asiento del copiloto.
Se que esta mal aferrarme a algo físico, pero por lo menos intentare conservarla como un recuerdo lindo de el, y no como algo que me ciegue ante el mundo real y me prive de la felicidad.
Antes de bajar del coche e ir a mi departamento, me prometo, y le prometo a Chace, que cada que vea la caja dorada me sentiré feliz, que intentare ser feliz y recordarlo como el chico maravilloso que era.
El siempre fue feliz aun cuando la vida lo trataba de lo peor, tratare de ser feliz también.
Bajo del coche con la caja en mis brazos, aquí no hace tanto frio como en Canadá, pero también esta nevando y como esta obscureciendo ya, la temperatura esta descendiendo.
Subo hasta el tercer piso del edificio, en donde esta mi departamento, entro en el y trato de buscar algún lugar en donde colocar la caja.
Hay una mesita, en donde esta el teléfono inalámbrico y la libreta de direcciones, entre los sofás de piel café nuevos.
Quito el teléfono y la libreta y limpio la mesa para colocar en el centro la caja dorada.
Queda muy bonita ahí. Debería perturbarme tenerla en mi sala, por que ahí descansaban las cenizas de una persona, pero no me perturba, incluso me hace sentir feliz por que ah quedado a la perfección en mi sala.
Coloco a un lado un florero elegante que me regaló mi madre, en donde apenas cabe una rosa de lo delgado que es, pero también queda a la perfección con los diseños rústicos de la caja.
Me prometo mantener ese florero pequeño siempre con una flor fresca.
Tomo el teléfono y me voy hasta la mesa del comedor para llamar a mis padres.
La silla dura de madera se siente cómoda después de tantas horas en asientos acolchonados.
-¿Peeta? –me pregunta mi madre con alivio en su voz.
-Estoy bien, mamá. –contesto.
-¿Cómo te fue, hijo?
-Muy bien, hice todo lo que tenia que hacer.
-Que bueno cielo. ¿Quieres venir a casa? Aquí esta tu hermana y Finnick… O podemos ir contigo y…
-No te preocupes, mamá –la interrumpo-. Prefiero estar solo, si no te importa.
-Como tú desees, hijo.
-Bien, quisiera dormir un poco, hablamos luego.
-Cuídate, Peeta. Tu hermana te manda abrazos.
-Igual de mi parte, nos vemos mamá.
Y cuelgo.
Me quedo sentado en la silla con la cabeza entre las manos.
Después de un rato me voy a mi habitación y me tiro en la cama.
No logro dormir ni un momento, eh dormido tanto en el avión que ahora no tengo sueño.
En el reloj son las nueve de la noche.
Decido pararme y beber un poco de chocolate, por que el café solo me provocara más insomnio.
Preparo chocolate y me sirvo en una taza antes de sentarme en la silla.
Por la ventana puedo ver la nieve blanca cayendo.
-Esto es deprimente –murmuro mirando el chocolate espumoso en mi taza.
Me pongo de pie y decido que quiero dar una vuelta. De hecho, si quiero tomar chocolate, pero se me ocurre un mejor lugar.
Tampoco quiero conducir así que tomo un taxi.
No recuerdo la dirección exacta, así que me limito a ir guiando al chofer.
Afuera la noche es muy bonita. Las luces de la ciudad están encendidas, todas las casas y edificios están decorados por la navidad. Hay personas afuera disfrutando de la nieve que sigue cayendo.
Suspiro y recargo mi cabeza en el vidrio.
-Es aquí –me dice el taxista.
-Gracias –respondo y entrego el dinero.
Bajo del taxi y camino hacia el café.
Desde aquí puedo ver un letrero en la puerta, las luces interiores están apagadas y hay una persona frente al café, supongo que se acaba de dar cuenta que esta cerrado y ahora no tiene otro lugar a donde ir a tomar chocolate caliente. Como yo.
El chico de la gabardina negra se voltea y al instante reconozco esos ojos grises.
Mi corazón da un salto agitado mientras se extiende una sonrisa en los labios carnosos de el.
-Hola –me saluda con una voz cálida.
-Hola –respondo tratando de sonreír también.
-Espero que no hayas venido hasta la ciudad solo por un café –señala hacia el letrero de "Cerrado".
-Me mude para acá –respondo-. Regrese al instituto de arte.
-¿Enserio? –se sorprende-. ¡Eso es fantástico!
-Si, bueno. De repente las leyes no me interesaban y comencé a dibujar… Entre al instituto como alumno y ahora soy maestro… de nuevo. –sonrío.
-Felicidades, Peeta. –me mira a los ojos y puedo descubrir algo en ellos. Adoración. Me mira como si un cazador de tesoros acabara de descubrir una mina de diamantes-. Supe que tú hermana esta embarazada.
-Si, supongo que el próximo mes tendré mi primer sobrino.
-Me alegro mucho –sonríe.
-¿No había un lugar cubano al que solíamos ir cuando este estaba cerrado? –le pregunto.
-Si –responde y sus ojos se abren como platos-. ¡¿Te acordaste?!
-No, no –suelto una risita-. Estuve hablando con Annie… hace mucho tiempo. Quería saber sobre tú y yo… Me dijo que no estabas saliendo con nadie –al instante me arrepentí. Hable con Annie hace meses, incluso antes de ver a Chris y a Gale juntos. Pero supongo que quiero saberlo y no encontré una mejor forma de preguntarlo.
-No. No salgo con nadie –responde sonrojándose y me toma por sorpresa. Ya me había preparado para otra respuesta. Mi corazón pega un salto de emoción, pero no logro entender por que-. ¿Y tú?
Niego con la cabeza.
-Siento mucho lo de Chace –murmura-. Ese día no tuve la oportunidad de hablar contigo.
-Supongo que me porte como un ogro. No quería ver a nadie. Lo siento.
-Te entiendo –agacha la mirada y sonríe.
-Entonces… ¿Te gustaría salir conmigo?
-¿Cómo una cita? –pregunta divertido.
-Algo así –respondo bajando la mirada y sintiendo un calor en mis mejillas.
-¿Cómo una primera cita?
Asiento.
-Pues vamos al café cubano –me dice.
-¿Qué te parece si vamos a un lugar nuevo? Un lugar que ninguno de los dos conozca…
-Me parece magnifico –responde-. ¿Nos vamos en mi coche?
-Me parece bien, de todas formas, me vine en taxi.
Sonríe.
-Pues vamos –alarga su brazo para colocar su mano en mi espalda y comienza a caminar, guiándome con su mano.
Me parece mal de mi parte estar con el cuando lo de Chace acaba de ocurrir, pero no quiero estar solo. Además, mi corazón sigue recordando a Gale, aunque mi mente no.
Quizá mi error antes fue querer empezar todo desde donde lo había dejado. Quizá si empezamos desde el principio… quizá pueda funcionar.
La diferencia ahora, es que yo estoy deseando que funcione.
Fuimos a cenar a un restaurant de comida Mexicana a las afueras de la ciudad.
Lo agradable es que fue como si realmente fuera una primera cita.
Gale era una persona nueva para mi, y este nuevo Peeta era una persona nueva para el, así que ambos teníamos que aprender cosas nuevas uno del otro.
No quería regresar a mi casa, no quería regresar a ese lugar. Pensaba que la culpabilidad me llegaría y volvería a caer en una burbuja de dolor y lagrimas. Pero no fue así, cuando fue demasiado tarde para estar en la calle y Gale me dejo en mi casa, lo primero que vi fue la caja dorada con la flor abierta y hermosa, y supe que no debería sentirme culpable. Supe que esto estaba bien, fue como si el me hablara y me dijera que fuera feliz. Me sentí tranquilo y cómodo. Cuando llegue a mi cama me quede profundamente dormido, como hacia tantos días que no sucedía.
En mi interior sentía que algo bueno se acercaba, que la vida me tenía preparado algo grande.
Solo espero saber recibirlo con los brazos abiertos.
Mientras tanto, solo tengo que abrirme a las posibilidades. Tratar de ser feliz. Por el.
Gale POV.
Llego a mi casa con una sonrisa estúpida en mis labios.
Chris esta en el sofá, con un libro en las manos.
-Pensé que no regresarías nunca –me dice sonriendo.
Su torso esta desnudo y solo lleva un short ligero color verde.
-¿Estas esperándome despierto?- inquiero.
-Por supuesto que no –suelta una risita-. ¿En donde estabas? –pregunta curioso.
-Me encontré con Peeta –le digo.
Sus ojos se abren y sus cejas se arquean.
-¿Es enserio? –se pone de pie y camina hasta mi.
-Si, pasé el resto de la noche con el –sonrío.
-¿Lo fuiste a buscar… o…?
-No, no, no. Nada de eso, te dije que iba al café, pero estaba cerrado, y ahí llegó Peeta unos segundos antes de que me marchara. Entonces platicamos un poco y me invito a salir –sonríe ampliamente y me toma de la mano.
-Es el destino, Gale. Te lo dije.
-Comienzo a creer que tienes razón.
-Por supuesto que la tengo –me jala hasta el sofá para sentarnos-. ¿Y después que pasó? ¿Cómo te sentiste?
-Todo estuvo muy bien, Peeta es diferente a como lo recuerdo, pero ahora tiene un toque mas… mío –sonríe-. Es mas como el Peeta que se casó conmigo. Aun así, hay cosas nuevas que descubrí de el.
-Gale, no trates de empezar como cuando estaban casados. Recuerda que el no sabe quien eres. Trata de que todo sea tal y como cuando lo conociste.
-Eso es lo que voy hacer. Siento que todo es diferente… Antes sentía una barrera entre el y yo… ahora no. El mismo me metió en su burbuja.
Mi teléfono suena y lo reviso al instante.
Cuando veo el mensaje de texto mis labios se curvean en una sonrisa.
Le muestro el mensaje a Chris y suelta una risa de felicidad y un poco de burla.
"Muchas gracias por la cena. Espero vernos de nuevo pronto. Peeta."
-Está enamorado –me dice.
-No lo creo, pero ¿Sabes algo? Cuando lo conocí, me envió un mensaje muy parecido a este.
-¿Estas seguro que no recuerda nada?
-Pues ahora comienzo a dudarlo.
Chris extiende sus brazos y me abraza durante mucho tiempo.
-Te deseo que todo salga muy bien. Y se que así será.
-Gracias, Chris. Muchas gracias.
-Ve y duerme, te vez cansado –me dice mientras toma el libro que había dejado.
-Hasta mañana, Chris –me despido de el antes de irme a mi habitación.
Después de ducharme me acuesto en mi cama e intento dormir, pero no puedo. No logro quedarme dormido, no puedo sacarme a Peeta de la cabeza.
Estoy emocionado, emocionado de verdad.
Hubo un momento en la noche en que leí el mensaje una y otra vez, al final el sueño me vence y no logro saber a que hora me dormí.
Cuando despierto el sol entra por la ventana, lo que es raro por que estoy seguro que deje cerradas las cortinas antes de dormirme.
Me despierto por que la luz me da en la cara y voy al baño a asearme.
Chris está en la cocina, con unos jeans de mezclilla y un sweater verde.
-Buenos días –dice con la boca llena de cereal-. Te puse el despertador.
-¿El despertador? –pregunto adormilado aun.
-Sip, corrí las cortinas para que te despertaras.
-Fuiste tú –me quejo.
-Yep, parecía como si no fueras a despertar nunca y necesitaba que me llevaras a algunos lados.
-¿Ahora?
-Desayuna y después me llevas.
Me sonríe y su hermosa curva me hace sonreír también.
-Deberías buscar rehacer tu vida, Chris.
-Algún día… Por ahora esta es mi vida y tengo que hacerlo bien, o abra consecuencias.
Asiento, de todas formas ya tuvimos la misma conversación antes.
Por un lado no quiero salir de casa, tengo la esperanza de que Peeta me llame para salir o solo para hablar, pero, de todas formas, si me llama me llamaría al celular y lo traeré conmigo en todo momento.
Mientras yo termino de comer mis Waffle Chris se esta cambiando.
Entra en la habitación con un par de maletas negras en ambas manos.
-A trabajar –murmuro dándole un último mordisco a mi Waffle.
Peeta POV.
Paso toda la mañana tratando de no llamar a Gale. Tres veces me obligo a dejar el teléfono en la base asegurándome que lo mejor es esperar a que el llame.
Tengo tanto tiempo libre que me pongo a recoger mi departamento y desempacar las ultimas cosas con una lentitud exagerada.
Reviso las cosas dos veces para asegurarme de que todo esta justo y como lo deje.
Hay un par de cuadros de colores colgados en la pared frente a mí.
-Ustedes no me convencen –les murmuro.
Me acerco a ellos y los quito.
Trato de acomodarlos para que combinen, pero no logro entender por que no me gustan.
Uno tiene colores verdes y azules, el otro amarillos y verdes y el último rojos y anaranjados. Se supone que deben de combinar, pero no lo hacen. No logro verlos bien juntos.
Cuelgo el verde y el rojo, dejando a un lado el amarillo, pero la pared se ve muy sola.
-¿Qué les pasa? –les pregunto-. ¿Por qué antes me gustaban y ahora no?
Trato de acomodarlos de diferentes formas.
Rojo, amarillo, verde.
Verde, amarillo, rojo.
Amarillo, verde, rojo.
Amarillo, rojo, verde.
Verde, rojo, amarillo.
¡Si! ¡Así me gustan!
-No era tan difícil de todas formas –susurro.
Les doy la espalda y examino la pared frente a mí.
Entonces giro hacia atrás y veo los cuadros acomodados.
-Ustedes ganaron.
Los deje justo como estaban antes de que me pusiera a moverlos.
Resoplo y me doy media vuelta para golpear mi cabeza contra la pared.
-Necesito salir.
Y necesito hacerlo ahora.
Malo es hablarle a los objetos inanimados, prefiero irme antes de que ellos comiencen a hablarme a mí.
Tomo las llaves de mi coche y me marcho.
Veo el reloj, lentamente, sin querer mirar en realidad.
5:40pm.
¿Tan temprano?
Bien me rindo.
Tecleo el número y golpeo mi cabeza contra el volante mientras espero a que la luz roja cambie.
-Hola
-Gale…
-Soy Gale, por el momento no puedo contestar, deja tu mensaje y me comunico contigo.
Estúpida grabadora.
Sonrío por lo idiota que fui y me sobresalto cuando comienzan a pitarme para que avance.
-Mierda.
Comienzo a conducir sin rumbo fijo.
Por más que me muevo el reloj sigue avanzando de una manera muy lenta.
Termino entrando en un McDonald's y pidiendo la hamburguesa del día.
Mientras espero sentando en una mesa junto a los juegos infantiles comienzo a pensar en cosas que posiblemente tengo que hacer en casa para matar el tiempo.
Lo peor es que ya eh hecho todo en la mañana, y no solo una vez, si no dos o tres veces seguidas.
Mi teléfono comienza a vibrar y mi corazón da un salto.
No es Gale, pude ser cualquier otra persona, Peeta. No te emociones.
-¡Gale! –contesto al instante después de ver el numero, demasiado contento.
-Hola Peeta –me saluda-. ¿Me llamaste?
-Si, perdón, es que intentaba llamarle a mi hermana con la tecla rápida y te marque a ti, perdón -¿Por qué el logra ponerme tan nervioso? ¿No soy yo el que siempre sabe que decir y como controlar las situaciones?
-Está bien, no te preocupes. ¿Qué harás?
-Nada –contesto al instante-. ¿Y tú?
-Nada desde ahora… ¿Por qué no nos vemos?
-Si, me parece bien –contesto de nuevo medio segundo después de que el terminó de hablar-. Voy para tu casa, estoy en McDonald's, pero ya voy para haya…
-No, no. –me dice un poco exaltado-. ¿Te parece mejor que llegue a McDonald's también? Te invito a cenar.
-Claro, me parece perfecto.
-Entonces ya llego en un momento.
-Te espero aquí.
Después de varios minutos me entregan mi hamburguesa y la guardo en el papel para esperar a Gale.
Hay un montón de niños pequeños jugando en la alberca de pelotas y otros mas deslizándose por los toboganes.
Trato de mirarlos y dejarme entretener por ellos para que el tiempo pase rápido, y lo logro.
-Peeta –me saluda mientras se sienta frente a mí en la pequeña mesa.
-Te pedí una hamburguesa con queso ¿Esta bien? –pregunto.
-No me gusta el queso, Peeta. Soy alérgico, no puedo creer que no lo recuerdes.
Abro la boca y la cierro. Siento que mi rostro ah adquirido un tono morado.
Entonces Gale comienza a reírse.
-Es broma, con queso está bien.
-Horrible –escupo.
-Ya, mejor dime, ¿Qué hiciste en tu día?
Evito todos los detalles sobre hablar con las pinturas y lo mal que me sentía por mi debate entre hablarle o no.
-¿Y tu? –pregunto.
-Estuve un poco ocupado con el trabajo, en realidad no hice nada emocionante.
-Que mal…
-Si… fue un día bastante aburrido, por lo que se me ocurre que quizá mañana pueda ser mejor, ¿Qué tal si salimos?
-¿A dónde? –pregunto tratando de parecer desinteresado.
-No lo se, a dar una vuelta, a comer o al cine. ¿Qué te parece?
-Pues tengo que dar clases en el instituto así que…
-Bueno, lo dejamos para otro día…
-No, no. Puedes pasar por mí terminando mis clases o nos vemos en algún lugar. ¿Cómo ves?
-Muy muy bien –sonríe.
Seguimos platicando el resto de la tarde.
Después de la hamburguesa ambos pedimos un helado, después un pie de manzana y después unos nugets de pollo.
Dos horas después tengo que despedirme de el por que es demasiado tarde para estar en un McDonald's, además no quiero que se note mi desesperación espontanea por estar con el.
-Hasta mañana –se despide de mí estrechando nuestras manos.
-Hasta mañana, Gale –doy un ligero apretón.
Cuando llego a mi casa me siento en el sofá de piel mientras veo la pequeña caja dorada.
Me pregunto si no estaré saliendo con Gale para remplazar a Chace.
Por que, después de todo, ¿Por qué siento esto tan repentinamente por Gale?
No se en realidad que es, pero me gusta. Quizá este mal que lo haga dada la tan pronta partida de Chace, pero no logro estar solo por mucho tiempo.
Hoy es la segunda noche que duermo completamente sin despertar. La noche que también dormí seguido fue ayer. Y también esta involucrado Gale.
Por la mañana despierto con muy buen animo.
Tengo un mensaje de mi jefa que mi clase se ah suspendido, eso me hace desanimarme un poco por que quería que el tiempo se pasara mas rápido, pero a la vez se me ocurre otra cosa.
Llevare un poco de pan y crema de avellanas para desayunar en casa de Gale. Como una sorpresa. El clima sigue helado, mas frio que ayer, aunque dentro de la casa esta encendida la calefacción sigue haciendo frio.
Así que me pongo un pantalón de mezclilla, unas botas de gamuza color café, una sudadera beige y una chaqueta color chocolate.
Me coloco la bufanda y me dirijo al coche.
Afuera ya no esta nevando, pero el camino sigue lleno de la pelusilla.
Conduzco hasta casa de Gale, son pocas las veces que eh ido a ella, pero se me el camino como de memoria.
Bajo del coche y toco la puerta.
-¿Si? –Pregunta Gale-. ¡Peeta! –abre la puerta por completo y me hace pasar-. De prisa, afuera esta helando.
Dentro de la casa se siente cálido, casi caliente.
-Me cancelaron la clase y no quería desayunar solo, espero no llegar en mal…
En ese momento sale un chico de la cocina, lleva solo su pijama puesta, que le queda muy ajustada a su musculoso cuerpo.
El cabello lo tiene anudado en una coleta pequeña. Lo identifico de inmediato.
-¡Pan! –Dice Chris acercándose a nosotros. Si le calculo bien debe de tener más de treinta años, pero sigue viéndose muy joven, y es realmente guapo. Mucho mejor que como Gale lo había descrito-. Le estaba diciendo a Gale que debería comprar, espero no te moleste compartirlo –recarga su brazo en el hombro de Gale.
-Oh, no, por supuesto que no –sonrío incómodamente y Gale sonríe con felicidad-. Solo que no eh comprado el pan, lo eh horneado.
-¿Enserio? –las cejas de ambos se elevan.
Asiento y sonrío.
-Oh, disculpen –dice Gale-. No los eh presentado. Chris, el es Peeta. Peeta, el es Chris.
-Gale me ah hablado mucho de ti. –Extiende su gran mano para estrecharla con la mía.
-A mi también me ah hablado mucho de ti –le digo tratando de parecer normal.
Si esta vestido así quiere decir que ah dormido aquí. Quizá con Gale…
-Lo tienes loco –Dice mientras golpea el hombro de Gale delicadamente-. No hace más que hablar de ti.
-Ya, ve a comerte el pan –Gale me quita la bolsa y se la entrega a Chris.
-Por un momento llegue a pensar que yo también me estaba enamorando de ti –murmura mientras abre la bolsa con cuidado-. ¡Esta caliente! ¿Lo acabas de hacer?
-Si, recién salido del horno –logro articular.
Gale ah pasado del color rosa al color rojo brillante.
Me hace una seña para que lo siga mientras caminamos detrás de Chris.
-Huele delicioso –dice este colocando el pan en un recipiente de vidrio y tapándolo con una manta roja.
-Así que, ¿Qué te parece? –me pregunta Gale haciendo que me siente en una silla y señalando a Chris con la cabeza. El sonríe y me guiña un ojo.
-Me cae bien. –contesto sonriendo.
Ambos sonríen. Chris sigue tratando de elegir un pan para comer.
De repente algo suena, sonó como un montón de pitidos.
-Disculpen –el semblante de Chris cambia por completo mientras toma un artefacto negro y sale de la habitación.
Me quedo sentado en mi silla asintiendo lentamente y frunciendo los labios. Un poco incomodo.
-No sabia que el y tu…
-No. No. Para nada –contesta Gale al instante-. No tenía en donde quedarse y le ofrecí mi casa.
-Ya, eso esta bien, de todas formas, no tiene por que importarme.
-Peeta… -Sus manos sujetan mi rostro y se acerca lentamente.
Poco a poco voy sintiendo sus labios suaves y carnosos entre los míos.
Primero es solo un rose, después acopla nuestros labios hasta hacer que se saboreen.
Ahora se mueve lentamente entre mis labios, siento la punta de su lengua tocando la mía. Sus manos sujetan con fuerza mi rostro y mis dos manos se detienen en su amplio pecho.
-Pensé que ya jamás volvería a estar contigo –murmura recargando su frente en la mía.
-Para serte sincero, nunca me lo plantee de verdad.
Sus ojos grises me penetran intensamente.
-¿Qué piensas ahora, Peeta? ¿Qué te dice tu corazón?
-Pienso que soy una mala persona por estar contigo ahora que no tengo a nadie. Y mi corazón dice que no te deje. Que no podre soportarlo.
-Es lo único que me importa.
Junta nuestros labios nuevamente y después se despega de mí para estrecharme entre sus grandes brazos.
Envuelvo los míos en su cuerpo y coloco mi rostro en su pecho acolchonado.
Quizá lo único que tengo que hacer es escuchar a mi corazón, y por ahora, me dice que nunca se había sentido tan feliz como en este momento.
Próximo capitulo.
Cuando despierto no está Gale en la casa.
Después de tomar una ducha me voy a la cocina para desayunar y mientras cocino unos huevos fritos se escuchan varios golpes en la puerta.
Camino rápidamente hasta ella y la abro.
Veo un grupo de personas vestidas de negro.
-Peeta Mellark -murmura la chica de apariencia ruda frente a mi-. FBI -muestra la placa dorada-. Tranquilo, estando con nosotros estarás protegido, es nuestro trabajo. -Todos comienzan a entrar en la casa y yo no se que decir-. Vas a estar seguro, te vamos a proteger.
-¿Protegerme? ¿De que? -pregunto mientras miro a todos con coraje por haber entrado en la casa de Gale sin autorización.
-De Chris Hemsworth y su cómplice, Gale Hawtorne.
Hola chicos! Espero que los haya dejado con ganas de saber que es lo que seguira! Si es asi, entonces dejen un review:3 Me gustaria conocer su opinion sobre mi historia.
Se que muchos estan leyendo esto, pero pocos se atreven a escribir unas pocas palabras, por favor, no les cuesta nada :3 Espero sus comentarios para poder seguir escribiendo con animos, no saben lo bien que se siente leer sus criticas.
Gracias, nos leemos pronto!
Review?:3
