Con Timón y Pumba

Un rayito de sol golpeó con suavidad la cara de Kopa haciéndolo abrir los ojos y estirarse entre los brazos de su madre. Pudo darse cuenta de que había dormido más que de costumbre, debido a que su padre ya no se encontraba dentro de la cueva… ¿a dónde habría ido?

-¡Mami! –la llamó el pequeño mordiendo la oreja de su madre después de levantarse- ¡mami! ¡despierta, mami!

-¿Qué sucede, Kopa? –preguntó Nala abriendo los ojos y contemplando con ternura a su cachorro que parecía molesto.

-¿Dónde está papá?

-Se fue hace un rato, hijo…

-¿Sin mi? –Kopa parecía decepcionado- ¿por qué ha salido sin mi?

-Bueno, Kopa, tu padre tiene algunas cosas que hacer, todo rey debe vigilar a diario que las cosas en su reino vayan bien –explicó su madre, Kopa frunció el ceño.

-¿Pero por qué se ha ido sin mi? –insistió el pequeño.

-No todos los días podrás ir con él, hijo, tu padre en ocasiones tendrá que hacerse cargo de situaciones que podrían ser peligrosas para ti…

-Pero yo creí que…

-Yo sé que te divertiste mucho con él, Kopa, tal vez otro día vuelvan a salir juntos –Nala besó a su hijo, quien no parecía convencido.

-Entonces… ¿puedo ir contigo y las leonas?

Debido a que Kopa ya no era un cachorrito tan dependiente de su madre, Nala había vuelto a ser la cabeza de las leonas cazadoras.

-Kopa, también la cacería es peligrosa, si necesitamos huir no podrías seguirnos el paso –Kopa la volvió a ver con el gesto fruncido- ¿Por qué no vas a jugar con Timón y Pumba? –sugirió- A menos que quieras salir a explorar, Zazú puede acompañarte…

-¡No! ¡Zazú no! –soltó el pequeño- Iré con Timón y Pumba…

-Así me gusta, hijito, me sentiré más segura sabiendo que vas con ellos, y cuando regrese, te traeré un delicioso trozo de antílope, ¿qué te parece?...

-¿Cómo sabes que me gustará?

-Sólo lo sé –dijo Nala sonriente- ahora, ve a jugar.

-Sí, mami –dijo el pequeño Kopa dándole un beso de despedida a su madre y saliendo de la cueva.

Timón y Pumba siempre estaban bajo la roca del rey durmiendo en la sombra, eso cuando no estaban buscando gusanos, así que al pequeño Kopa no le costó nada encontrarlos.

-¡Ah, Pumba! ¡mira quién viene el día de hoy!

-¿Quién? –preguntó Pumba en tono despistado.

-¿Qué acaso no lo ves? El pequeño príncipe viene hacia acá…

-Oh…

-¿Qué lo trae por aquí esta mañana, su alteza? –preguntó Timón a Kopa cuando este llegó a su lado.

-¡Timón! Sabes que no me gusta que me llames así, mi nombre es Kopa –dijo el cachorro en tono de
cansancio.

-Eso ya lo sé, mi pequeño amiguito –aseguró Timón revolviendo con la mano el mechón en la cabeza de Kopa- ¡Me da gusto que hayas venido! ¡Ah! Parece que fue ayer cuando eras solamente una pequeña bola de pelos… pero, ¡mírate! Ya eres todo un león, listo para aprender todo lo que hay que saber de Hakuna Matata…

-¿Qué?

-Ay, estos leones que no saben nada –dijo Timón rodando los ojos- Hakuna Matata

-¿Hakuna Matata?

-Así es… -asintió Pumba.

-¿Y eso qué es?

-Significa sin preocupaciones –respondió Pumba.

-Así es, pequeño Kopa, hay que vivir sin preocupaciones –aseguró Timón- Tu padre sabía vivir perfectamente el Hakuna Matata hasta que llegó aquí, pero eso ya quedó en el pasado, ahora, es tu turno de aprenderlo.
Kopa los miraba confundido.

-¿Y cómo se aprende?

-¡Es muy fácil! Para aprender al Hakuna Matata no hay que hacer nada… -respondió Timón con tono "sabio".

-Eso no tiene sentido –comentó Kopa.

-¡Pumba! ¿Escuchaste eso? –preguntó Timón alarmado- ¡Dice que no tiene sentido! ¡El pequeño suena igual que su madre!

-Esto es aburrido…

-Espera, Kopa, no puedes irte tú solo, podría ser peligroso –comentó Pumba cuando el cachorro dio unos pasos tratando de alejarse- Podrías acompañarnos a buscar insectos.

-¿Insectos? ¿Y para qué?

-Se comen, mi querido príncipe –contestó Timón, Kopa le lanzó una mirada de asco.

Al no tener nada mejor que hacer, buscar insectos no sonaba tan mal después de todo, así que siguió a Timón y Pumba a las praderas.

Atrapar insectos no resultó tan aburrido como sonaba, y más cuando se trataba de aquellos que tenían alas que tanto le gustaban a Pumba. Kopa se divirtió persiguiendo a aquellas pequeñas criaturas y viendo la variedad de colores y diseños que tenían en sus cuerpos, aunque también resultaba muy gracioso el ruido que hacían cuando los pisaba; así como la cara de disgusto que Timón le dirigía cada que lo hacía, pues decía que ya aplastados en el suelo no se podían comer.

Kopa también pudo divertirse correteando detrás de un par de liebres que logró ver mientras estaban en los pastizales, hasta que, al igual que con la que había jugado cuando había salido con su padre, se habían escondido en sus madrigueras para no volver a salir.

Cuando comenzaba a hacerse tarde, y el cielo se teñía de tonos rosados y rojizos, los tres comenzaron su camino de regreso a la roca del rey. Kopa pudo ver delante de ellos a las leonas que regresaban también a casa después de un agotador día de caza. Corrió alejándose de Timón y Pumba para alcanzarlas. Las leonas que iban más atrás, llevaban cargando un par de antílopes que Kopa miró con asombro cuando pasó a su lado, su madre avanzaba en la cabeza del grupo.

-¡Mami! –gritó Kopa, Nala volvió la mirada hacia atrás y vio como su pequeño hijo trababa de alcanzarla, así que se detuvo un momento- ¡Hola, mami! –la saludó Kopa alegremente al llegar a su lado.

-Hola, hijito –respondió ella besándolo- ¿acaso vienes solo? –preguntó preocupada.

-No, mami, Timón y Pumba vienen más atrás –explicó Kopa.

-¿Te divertiste con ellos? –Nala comenzó a caminar nuevamente con su cachorro a su lado.

-¡Sí! Los insectos son muy bonitos, Timón y Pumba me han hablado mucho de cada uno de ellos, además, son muy graciosos cuando los aplastas…

Nala arrugó la nariz.

-Me alegra, hijo…

-¿A nosotras no nos vas a saludar? –inquirió una voz dulce desde atrás.

Kopa se volvió.

-Hola abuela Sarafina, hola abuela Sarabi –dijo el cachorrito con entusiasmo besando las mejillas de sus abuelas.

-¿Has visto los antílopes que hemos cazado? –le preguntó Sarabi sonriente. El pequeño Kopa le recordaba tanto a su Simba cuando era pequeño… a Mufasa le habría encantado jugar con su nieto.

-¡Sí! ¡Son enormes, abuela! –soltó Kopa que parecía sorprendido- Mamá me prometió que traería para mi un trozo de antílope.

-Lo sabemos –dijo Sarafina- por eso estaba empeñada en que debíamos atrapar aunque fuera un antílope, tu mami te consiente mucho –Nala se sonrojó con el comentario.