Capítulo 7

Tauriel se alejaba cada vez más, y hacia su castigo lo mejor que podía.

Conforme pasaba el tiempo, Legolas sufría más y más, al pasar alrededor de un año y medio, Legolas empezó a pensar en dejar el reino por un tiempo para dejar de sufrir al ver a Tauriel a diario.

Legolas decidió decirle a Tauriel sobre su partida, pero antes de llegar a la sala de entrenamientos el príncipe vio algo que provocó su atención, vio a Tauriel salir de la sala con una sonrisa tan hermosa, acompañada de algunos elfos, que reían con ella.

Al ver esa imagen Legolas dio media vuelta, al ver a un elfo de la guardia le dijo.

-Necesito un caballo que este bien comido y descansado.

-Claro, alteza, ¿por cuantos días estará fuera?

-Los necesarios. -dijo el sin mirarlo.

Antes de que el sol se pusiera, Legolas salió de la sala de trono muy irritado, le había dicho a si padre que se iría, a lo que él le respondió que era una estupideces y que se debía quedar en su reino. Legolas respondió que era su decisión y que no lo podría impedir.

Cuando el sol se había puesto Legolas fue a la entrada del reino. Miro una vez más su hogar, dejando mucha de su vida por un tiempo y lo más importante dejando a Tauriel que era lo único bueno que tenía, pero si no se iba no podría continuar con su promesa, no podría seguir viéndola y no poder decirle nada.

La partida del príncipe Legolas no fue extraña para nadie, pero al pasar las semanas muchos se preguntaban qué había sucedido, algunos decían que había sido desterrado, otros que había ido a conocer a su prometida, y lo que más se rumoraba era que se había peleado con el rey. Aunque todo as las ideas podrían ser ciertas, Tauriel sabía que el motivo era algo muy alejado a todo lo que se decía, sabía que ella tendría que ver en eso pero no quiso averiguar por qué se había ido.

Conforme pasaba el tiempo Tauriel pensó que el príncipe le mandaría alguna carta o algo para decirle por que se había ido o cuando volvería pero jamás llegó nada, ninguna noticia o carta, algo que le dijera si estaba bien o si había pasado algo.

Tauriel empezó a perder la esperanza de que el príncipe volviera o por lo menos a recibir una noticia de él. Al darse cuenta de que Legolas la había olvidado por completo ella decidió enfocarse totalmente en su entrenamiento y no pensar más en él.

Noventa y tres años después...

Había pasado más de medio siglo de la última vez que se había visto al príncipe Legolas, muy pocos se preguntaban por el, los más jóvenes no sabían cómo era su rostro, el rey jamás lo mencionaba. Para Tauriel se convirtió en una sombra del pasado que la invadía en los momentos más difíciles.

Tauriel llegó a convertirse en capitana de la guardia real y gracias a eso tenía la libertad de salir al bosque las veces que ella quisiera, la mayoría de su tiempo la pasaba en terreno alto donde había encontrado, unos años atrás, un claro que a la llegada de la primavera se coloreaba de una gama de verdes impresionantes, se encontraba totalmente escondido por un arbolado que resplandecía en el la obscuridad del bosque, en ese lugar el tiempo se detenía, podrían pasar un siglo y para Tauriel solo serían unas pocas horas.

La mañana seguía su curso, las guardias salían a limpiar los lindes del reino y vigilar que nada oscuro creciera en lo más escondido del bosque.

Antes de que el ocaso llegara entre la obscuridad siniestra del bosque se escuchó un ruido de ramas caídas, un guardia miró atento el lugar de donde provenía el ruido, antes de que pudiera reaccionar una flecha rozo por su brazo.

-Creí que los guardias que salían al bosque estarían más atentos al sonido de una flecha a punto de darles en el corazón. -dijo una voz entre la obscuridad.

-¿Quién te crees? Estás pisando tierra de elfos, serás apresado.

-Nadie, simplemente doy mi opinión.

De entre las sombras salió el príncipe del bosque negro.

-Príncipe Legolas?

-Creo que aún hay algunos que me recuerdan.

El elfo lo miró por un largo rato, sin poder creer lo que veían sus ojos grises.

Legolas le dijo que lo llevara al reino inmediatamente, y dijo que anunciara a su padre que había llegado.

Cuando llegaron al reino Legolas miró por largo rato la entrada, recordando la última vez que había vista tan majestuosa vista, se fue directamente a su antigua habitación y miró como el tiempo no había pasado en ese lugar, todo estaba exactamente como lo había dejado, pensó qué tal vez nadie había entrado ahí desde que se había ido.

Antes de que pudiera relajarse o pensar otra cosa, el ruido de la puerta chocando contra la fría roca lo sacó de sus pensamientos.

-Tú crees que ser príncipe heredero es solo un juego, veo que a pesar de que tienes más de tres siglos de vida no has madurado ni un poco. -Se escuchó la voz del rey con un tono frío.

-Hola padre, a mí también me da gusto verte. -contestó él, sin ninguna expresión.

-Como te atreviste si quiera a irte por ochenta años, y por si fuera poco sin ninguna explicación lógica, simplemente te largaste abandonando todas tus responsabilidades.

-Desde cuando te empezó a importar algo de lo que yo hiciera, recuerdo que me llamabas un príncipe consentido, y que tu no necesitabas de nadie para gobernar. -dijo Legolas que lo miraba con cierto rencor.

-No sirve de nada hablarte, tú mismo lo dijiste simplemente eres un príncipe consentido.

Solo te diré una cosa Legolas y quiero que la escuches muy bien. Vuelve a irte y tu bienvenida no será muy grata.

El rey salió del mismo modo en que entró, como si fuera una sombra imponente e imposible de disuadir.

-¿Creo que ya es hora de volver?

-Solo unos minutos más. -dijo con una voz dulce.

-Tauriel si no volvemos tendremos problemas, esta vez no me convencerás.

-Nadie notara que no hemos llegado.

Tauriel miraba a Rowan con cierta picardía.

-Muy bien solo unos minutos más.

Tauriel le sonrió y él le devolvió el gesto.

-Relájate un poco, disfruta de aquellos ecos que el bosque canta suavemente en tus oídos.

-Acaso eso es lo qué haces aquí, cuando te pierdes por horas en el bosque.

-Claro que sí, y me gusta recordar los buenos y malos momentos.

-Espero que solo recuerdes las buenas cosas que he hecho y no todo el pasado donde era un verdadero tonto que no te conocía realmente.

-Tranquiló. -dijo ella tomando sus manos entre las suyas. -el pasado siempre se queda atrás.

-Eres única, que te parece si al terminar de dar las órdenes a nuestras guardias nos vemos en la sala de armas, sé que amas estar sola practicando.

-Es una gran idea. -dijo ella sonriendo.

Rowan la miró a los ojos, algo que hacía muy a menudo, y siento el anhelo por besar sus labios color carmín, pero sabía qué tal vez Tauriel no correspondería a ese gesto.

Simplemente le sonrió y le dijo que se debían de ir

Al llegar al reino notaron que algo sucedía, algunos corrían por los pasillos, otros simplemente platicaban en grupos y unos cuantos más miraban a Tauriel y susurraban algo.

Caminaron hacia la sala de armas y al llegar no había nadie para recibirlas. Tauriel y Rowan salieron de la sala cuando un elfo chocaba contra ellos.

-Perdón... yo. -al mirar a Tauriel y Rowan el elfo tomó postura rígida.

-Que sucede, donde están los guardias de las armas. -dijo Tauriel con tono de autoridad.

-¿Que acaso no se enteraron? -dijo un elfo joven detrás de ellos. -El príncipe Legolas ha vuelto.

-Volvió.-dijo Tauriel para sí misma.

-¿Tauriel? -menciono Rowan tomando su mano...

Tauriel se quedó sin palabras unos instantes, mirando a la nada, cuando sintió que Rowan y los otros elfos la miraban decidió volver a la realidad.

-Tú -dijo Tauriel al elfo que había chocado contra ellos. -Espera a que llegue el encargado de las armas y le entregas esto.

Ambos le dieron sus arcos y se fueron de ahí, Tauriel no sabía cómo sentirse, hacía años que no pensaba en Legolas, pero la noticia de su llegada provocaba que estuviera nerviosa.

Mientras caminaban Rowan miraba a Tauriel intentando descifrar lo que pensaba, ellos nunca hablaban del pasado, él sabía que entre Tauriel y el príncipe solo había una gran amistad, ella le había explicado eso hace mucho tiempo, pero algo en el rostro de Tauriel le decía lo contrario.

-Tauriel.-dijo deteniéndose en seco. -¿Está todo bien?, parece que la noticia del príncipe Legolas te afectó.

-Por supuesto que no. -contestó ella. -Te lo dije solo éramos…

-Amigos, lo sé, pero cuando recibiste la noticia te quedaste muda por algunos minutos. Nunca te había visto así ni siquiera frente al peligro.

-Yo…

-No me debes ninguna explicación, pero sabes que yo haría cualquier cosa por ti. ¿Verdad?

-Gracias Rowan, pero ahora solo necesito estar sola.

Rowan obedeció y la dejó seguir sola su camino, Tauriel estaba pensando en por qué Legolas había vuelto, pero entes de contestarse a sí misma, una voz llamándola hizo que se parara en seco y que se helara un momento.

-A pesar de los años sigues escondiéndote de mí.

Tauriel dio la vuelta y frente a ella los ojos azules del príncipe Legolas la miraban con intensidad.

-Legolas.- fue lo único que sus labios pronunciaron.

-Te ves hermosa, los años te sentaron bien, no sé pero creo que te vez distinta, aparte el uniforme de capitana te queda a la perfección.

Tauriel lo miró unos segundos hasta que finalmente pronunció.

-Recuerda que con los años tal vez no cambiemos nuestro físico pero si cambiamos en nuestro interior.

-Veo que ya no eres la misma.

-Sigo siendo la misma.

Tauriel no sabía cómo sentirse, no sabía si sentir alegría por verlo de nuevo o enojo, cuando se fue jamás le dio una razón o siquiera fue a decir adiós, simplemente se enteró como todos los demás, Tauriel creía que conforme los días se acumulaban iba a recibir noticias pero jamás llegó alguna carta durante esos ochenta años.

Tauriel iba a seguir su camino pero Legolas le detuvo su andar.

-Espera, necesito decirte algo importante. -le dijo Legolas dulcemente.

-Ahora no puedo, las guardias esperan mis órdenes no puedo simplemente dejarlas. -Sentenció Tauriel.

-Te veré a la media noche, donde antes nos encontrábamos.

Tauriel se fue sin decir más y Legolas la miró irse hasta que la perdió de su vista.

A la media noche Legolas espera con ansias la llegada de Tauriel al lago, donde ellos siempre compartían sus secretos y sentimientos.

Al dar justamente la media noche Tauriel seguía en su habitación pensando si ir o no, no tenía nada que decirle, pero sus sentimientos estaban muy revueltos. Cuando se decido a ir al lugar pactado unos golpes pequeños en su puerta atrajo su atención.

-Tauriel soy Rowan.

-Rowan. -Dijo para su misma.

Tauriel abrió la puerta y ahí está él, el único que los ochenta años que se fue Legolas la apoyaba y escuchaba.

-Creía que necesitarías hablar con alguien.

-Ya te lo he dicho estoy bien, el príncipe y yo no tenemos nada de qué hablar.

-Tauriel no quiero ninguna explicación, no vengo a interrogarte del pasado, o a preguntarte de lo que sientes o de lo qué pasó entre ustedes.

Tauriel guardó silencio sin saber que decir.

-Quiero que comprendas que aunque nunca te trate de la mejor manera, eres la única que me ha entendido, que conoce mi forma de ser y entiende lo que siento, y además se perfectamente que sabes lo que siento desde hace mucho por ti.

-Rowan.

Fue lo único que dijo, Rowan dio un paso al frente y se acercó a los labios de ella, la beso en un movimiento rápido, Tauriel se sorprendió pero no lo rechazo.

Al terminar el beso se fue con Rowan a la entrada del reino olvidando totalmente a Legolas.