Finjo interés en las indicaciones que dice el profesor acerca de un trabajo de investigación para la otra semana y miro al otro lado del salón, a él, al que será por siempre el amor de mi vida. Lo veo morder el bolígrafo, anotar algo en su libreta y fruncir el ceño cuando mira a Sasuke.

Suspiro.

Todavía no puedo creer que durmiéramos juntos el otro día en su piso, que amaneciera rodeada en sus brazos, en su olor, su calor. Habíamos quedado en no dormir juntos y sin embargo, lo hicimos sin importarnos una de las cláusulas de nuestro trato, bueno, yo rompí también otra regla, solo que él no lo sabe y espero que no lo sepa. Aun así, lo más sorprendente fue haberme pedido que me quedara en lugar de exigirme que me fuera. Eso... hizo a mi corazón nadar en nubes y mariposas que revoloteaban mientras nos miraban follando. Porque sí, follamos muchas veces más a lo largo de ese día en toda la extensión de su apartamento.

Había soñado tanto con eso que todavía no podía creérmelo. O sea, no fue la gran cosa, algunos dirán: ¡pero solamente durmieron! No obstante, para mí fue mucho más de lo que alguna vez imaginé que llegaría a pasarme, y la constante sonrisa estúpida en mi cara era la prueba; tanto que hasta Ino lo había descubierto.


―Naruto debe de ser tremendo polvazo para que tengas esa cara ―dijo mirándome, sonriendo y mordiendo su labio cuando vio que llevaba más de una hora sin pasar la página del libro que estaba leyendo, pero que en realidad no leía.

Me ruboricé.

―No digas tonterías ―Acomodé mis lentes y pasé la hoja, intentando concentrarme en mi libro de Anatomía Descriptiva.

La escuché suspirar.

―Hinata, los vi ―Levanté la cabeza con los ojos abiertos de par en par. Al verme tan asustada, Ino se carcajeó―. No pongas esa cara, estaba cerca y vi como te metía la lengua hasta la garganta y después te arrastraba hasta el baño. Debo decir que me puse cachonda, la atracción sexual que hay entre ustedes llegó hasta nuestro lugar.

―Ino ―susurré arrojando el libro al otro sofá―. No puedes decirle a nadie, por favor. No se lo digas a nadie.

Ella arrugó la frente.

― ¿Por qué?

Se lo expliqué, contándole nuestro extraño acuerdo y las reglas que nos impusimos, sus labios formaron una enorme o cuando le conté algunos detalles jugosos que pidió a cambio de su discreción.

― ¿Te digo lo que opino? ―Asentí―. Quitarse la ropa junto con los sentimientos es lo que menos han hecho.

Un suspiro salió de mis labios.

―Lo sé y me cuesta contenerlo, Ino. Él es tan increíble.

―No lo digo solo por ti, lo digo también por él.

Mis cejas se dispararon hacia arriba cuando ella mencionó eso.

―Él siente por ti, Hina. Tal vez no lo sepa, tal vez no es consciente, pero es así.

Negué, riendo de mi desgracia. Hemos estado juntos por años y nunca dio señales de que sintiera algo por mí, quiero decir, es cierto que nos estamos acostando, pero eso no quiere decir que su corazón vaya incluido en el paquete.

―Ya lo verás, nena ―musitó poniéndose de pie y guiñándome el ojo―. Cuando esta cosa de follamigos les estalle en la cara lo sabrán.

Entonces me dejó sola con interrogantes más profundas de las que ya tenía en ese momento.


Regreso de mis recuerdos cuando veo a todos los demás recoger para irse. Hago lo mismo y miro en su dirección nuevamente, pero él está hablando y riéndose con Sasuke y Sakura. ¿Sería posible que él...? Ni siquiera me mira cuando sale por la puerta, mucho menos está esperándome cuando yo también lo hago. Lo que si está haciendo es hablar con su ex, metido en un rincón mientras ella acaricia su brazo y lo mira con ojos brillantes.

Oh mierda, mi pecho se estrujó.

Ignoro esa maldita escena que rompe mi corazón y levanto la frente.

Yo me metí en esto así que debo soportar, algún día tendré a alguien que me ame, que me vea como su todo.

Un chico de cabello plateado recostado a la pared me mira y se ubica frente a mí sonriendo de manera amable. Me detengo, arrugando la frente y preguntándome qué demonios puede querer este tipo de mí. En estos instantes lo que más quiero es irme a lamer mis heridas y tal vez llorar un poco.

Dios, qué patética soy, en serio.

― ¿Necesitas algo?

Él arquea las cejas.

―Soy Toneri Otsutsuki ―dice.

Ladeo la cabeza y él se ríe.

―El profesor Hatake asignó los grupos de trabajo y me tocó contigo.

―Ah ―murmuro, sintiéndome estúpida―. Lo siento, no estaba prestando atención.

El chico sacude la cabeza, riéndose todavía. Es bastante guapo, cabe decir. Tiene este pelo plateado, revuelto y brillante que combinan con sus ojos celestes y los fascinantes hoyuelos de sus mejillas. Es alto también, tan alto como Naruto; un metro con ochenta y cinco si mis cálculos no van mal.

Definitivamente este chico debe tener ligues por montón.

―Eres adorable ―Sonríe―. entonces ¿podemos quedar de una vez para hacer el trabajo? Soy nuevo por aquí.

Me echo a andar y él se ubica a mi lado, siguiendo mi ritmo con sus largas piernas revestidas de vaqueros. Huele bien también, usa una colonia masculina bastante atrayente.

―Claro, puedes darme tu número y así podríamos ponernos de acuerdo cuándo sería más cómodo para los dos.

Intercambiamos números de teléfono y entonces se despide, dedicándome esta sonrisa amable que usó a la hora de presentarse, veo como varias chicas lo devoran con los ojos mientras se aleja, pero él ni siquiera las mira ¿tendrá novia?

―Hinata ―dice esa magnífica voz tras de mí. Giro sobre mi eje y me quedo prendada de esos ojos incomparablemente azules que me miran con el ceño fruncido. Me pierdo en sus cejas pobladas, pómulos fuertes, labios rellenos, mandíbula cuadrada y nariz recta. Este chico frente a mí es tan hermoso, tanto que siempre será el dueño de mi corazón y mis fantasías, y sé muy bien que todos los que vengan después de él serán comparados no solo con su físico, también con su extraordinaria forma de ser.

― ¿Sucede algo? ―digo cuando noto que el silencio se extiende. Lo veo rascarse la nuca, observando a nuestro alrededor con cautela―. ¿Naruto?

―Sígueme ―indica tomando mi mano y arrastrándome por los pasillos, ignorando a los demás estudiantes que nos lanzan miradas de desconcierto.

Atraviesa otro pasillo lleno de gente y gira en una esquina, abriendo una puerta oculta tras unas escaleras; empujándome dentro. Es un pequeño cuarto de aseo, lo sé por el diminuto espacio y los artículos de limpieza que nos rodean.

Huele a moho y está oscuro ¿él de verdad quiere hacerlo aquí?

― ¿Qué pasa? ―Mi voz se extingue cuando sus manos toman mi rostro y me atrae al suyo, metiéndome la lengua hasta la garganta. Gimo rindiéndome a su arrebato, derritiéndome de deseo, sintiendo como mete la pierna entre mis muslos para frotar su polla dura en mi coño cubierto de mezclilla.

Sus manos se pasean por mi cuello y mi pecho hasta encontrar la cremallera de mi sudadera, tirando de ella hasta que mis pechos cubiertos por mi sostén quedan al descubierto.

No demora más de dos segundos alejar la tela y dejarlos desnudos mientras sus dedos hacen cosas deliciosas en mis pezones, que al parecer poseen conexión directa con mi coño porque me estoy mojando, y mucho.

Aparto la boca cuando está desabrochando mis vaqueros.

― ¿Qué sucede? ―No responde, mordiendo mi cuello y chupando. Tomo su pelo y lo aparto―. ¿Naruto?

―Te necesito.

Y sí, esas dos palabras me doblegaron.

Porque sea lo que sea que suceda con él, mi corazón lo adora y siempre estará disponible cuando me necesite. Cierro mis ojos y hago lo mismo con su chaqueta, metiendo las manos bajo su camisa para acariciar esos abdominales esculpidos que me vuelven loca.

Seguimos tocándonos, acariciándonos sin importar los minutos que pasen, él chupando mis pechos dentro de su boca, succionando y lamiendo, mamándolos como bebé recién nacido y hambriento, mientras que yo lo masturbo deliciosamente, mordiendo mis labios y disfrutando de sus atenciones en mis pesados pechos. Chupo su polla dentro de mi boca, arremolinando la lengua y relajando la garganta para que llegue lo más hondo posible. Falacia debido a su increíble tamaño. Y cuando está por correrse; me levanta, me acuesta en una mesa, tira los productos de aseo al piso, arrastra mis vaqueros hasta que quedan enredados en mis rodillas y mi culo en el borde, colocando mis pies en su hombro y luego; hundiéndose tan deliciosamente en mi coño que mi cabeza cae hacia atrás en un largo gemido placentero.

―Joder, Hinata ―gruñe jadeando, penetrándome en lentas, pero poderosas embestidas que hacen a mi coño mojarse más―. Siempre tan apretada, tan mojada y tan perfecta y mierda, esto es tan adictivo

Gimo retorciéndome, acariciando y pellizcando mis pezones, las sensaciones esta vez se amplificadas por mil. No es posible sentir tanto calor, tanto placer que hasta estoy sudando

―Ah, mierda ―gimotea, mi coño avisa el orgasmo en contracciones que retuercen su polla desnuda dentro de mí. Totalmente desnuda y desprotegida mientras alcanzo el clímax... y lo hago, con su lengua en mi boca acallando mis gritos cuando él se sale de mí y se corre en el piso, masturbándose con poderosos golpes de su puño mientras su semen mancha el suelo sucio de este pequeño cuarto.

Tomo aire cuando él se mete la polla en los pantalones y los abrocha mientras yo hago lo mismo. Nos acomodamos la ropa y abrimos la puerta, todo sin decir una sola palabra, tan frío que la calentura se me pasa y ahora estoy confundida por sus reacciones.

¿Qué es lo que le pasa?

Un hombre alto y maduro, que al parecer estaba a punto de ingresar al cuarto de aseo nos ve con el ceño fruncido, pero al reconocer a Naruto, sonríe.

―Asuma ―susurra él, sorprendido.

Okey, mi cara está ardiendo y mi corazón late desbocado. ¡Nos han descubierto, maldita sea! Me quitarán la beca, me expulsarán, seré camarera toda mi vida, nunca...

―Oh, Naruto eras tú ―Miro con ojos sorprendidos al hombre frente a nosotros que sonríe como si encontrarse dos chicos ruborizados y despeinados en un pequeño cuarto es lo más normal del mundo―. Pensé que sería alguien más.

Naruto mira hacia ambos lados, alarmado.

―No se lo digas a nadie, por favor.

―Claro, no te preocupes ―responde el hombre sin dejar de sonreír―. ¿Cuántas veces te he pillado en estas y nunca he dicho nada?

BAM

Balazo directo a mi pecho.

Me congelo, sintiendo mis manos frías y el corazón a punto de un colapso. Muerdo tan poderosamente el interior de mi labio inferior que me saco sangre, tan aturdida por el dolor en mi pecho que ni siquiera noto el tinte metálico que inunda mi boca. Naruto no dice nada, ni siquiera me mira. Palmea la espalda del hombre y ríe con él, sin saber que lo que ha dicho acaba de hacer añicos las pocas esperanzas que tenía de que me correspondiera.

Oh Ino... estabas tan equivocada, amiga.

―Yo... ―tartamudeo, intentando recobrar la compostura―, debo irme nos vemos después.

Él no dice nada y yo solo me marcho, aguantando las lágrimas que tanto desean emerger y trazar un camino en mis mejillas, sin embargo, no voy muy lejos cuando me topo a Sara, que tiene la misma cara que yo, supongo. Ojos llenos de lágrimas, rabia contenida y dolor... mucho dolor.

Ella nos ha visto entrar y luego salir del cuarto de aseo.

Naruto lo hizo a propósito y mierda, es un hecho: soy una estúpida.

Una estúpida que jugó con fuego y se terminó quemando.


―Creo que en estas bases de datos podríamos encontrar la información que estamos buscando para los antecedentes investigativos ¿qué opinas? ―Parpadeo volviendo al presente cuando Toneri toca mi pierna―. ¿Hinata?

―Lo siento ―susurro forzando una sonrisa―. Estaba pensando en otra cosa, disculpa.

―No es nada ―Sonríe. Quedamos que hoy en la noche iniciaríamos el trabajo de investigación. Mi turno esta semana es en la tarde, por lo tanto, solamente tenía la noche disponible para realizar mis deberes. Toneri se podría decir que es un niño rico, por esa razón no puso objeciones cuando le pedí que nos reuniéramos a estas horas. A pesar de eso, es un chico agradable y simpático, algo tímido sí, pero bastante humilde y responsable, o por lo menos, es lo que he notado desde hace dos días ―dos días sin ver a Naruto, por cierto―. No obstante, su compañía, el trabajo y mis estudios han sido perfectas distracciones... hasta que estoy sola en mi cama sintiendo lástima de mí misma.

― ¿Tienes hambre? ―pregunta―. Podríamos encargar una pizza.

Sonrío.

―Genial sí, Ino es la cocinera y no está, disculpa por no ofrecerte algo mejor.

―Tranquila ―Saca su iPhone y marca un número. Encarga la pizza y da mi dirección―. Listo, llegará en media hora, continuemos con esto mientras tanto.

Transcurren otros veinte minutos buscando en la web. Tenemos hambre y solo hemos encontrado una tesis que pueda servirnos cuando tocan la puerta de mi piso. Toneri está sumergido en la laptop, así que voy por nuestra pizza con dinero en mano. Llevo puestos una enorme camiseta que oculta mis shorts. Mi pelo desordenado, atado en un moño alto y descalza; como siempre que estoy en casa.

Vuelven a golpear la puerta un poco más insistentemente y gritando un «¡Ya voy!» la abro.

Pero no es la pizza lo que tengo frente a mí, sino unos penetrantes ojos azules que atraviesan mi mirada de lado a lado para luego deslizarse por todo mi cuerpo, oscureciéndose mientras me inspecciona.

―H-Hola... ―balbuceo.

Hey ―dice sonriendo tímidamente, con los ojos todavía pegados a mis piernas desnudas―. Traje algo de comer ¿ya cenaste?

Tiene un par de bolsas en su mano y yo me quedo sin palabras. Muevo la boca, pero no sale nada, todavía aturdida.

― ¿Hina? ―susurra esta vez mirándome a la cara.

―En realidad...

― ¿Es la pizza? ―grita la voz de Toneri tras de mí.

Naruto eleva la mirada y arruga la cara cuando lo ve, pero cuando yo me giro; quiero darme de golpes con la pared porque mi compañero luce igual de desaliñado que yo; sin zapatos, pantalones de chándal, camisa sencilla y el pelo revuelto.

―Ya veo ―murmura Naruto de vuelta. Desvío mis ojos a él otra vez, algo extraño se refleja en los suyos―. Nos vemos.

―Naruto, esp...

La puerta se cierra de un fuerte golpe cuando él se va y yo me quedo aquí preguntándome qué demonios acaba de pasar.


estos celos me hacen daño me enloqueceeeeen

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA