HEAVENLY BLUE
Disclaimer.- One Piece no me pertenece, es la obra maestra del genial Eiichirou Oda.
SÉPTIMO CAPÍTULO
Law examinó lentamente a los hombres, mientras dejaba que estos colocaran esposas de metal sobre sus muñecas. El doctor no perdió de vista ni un detalle de las acciones de sus captores, como la forma errónea en la que muchos sostenían sus armas, el sudor que recorría sus sienes, el temblor de sus manos al asegurar las esposas y el nerviosismo de sus voces mientras hablaban entre ellos. Estaba seguro. Aquellos no eran hombres entrenados, sino simples almas desdichadas arrastradas hacia un indeseado destino por las circunstancias, y Law estaba ansioso por conocer dichas circunstancias. Si sus sospechas iban por el lado correcto, estaba a punto de hacer un interesante descubrimiento. Tan absorto estaba el doctor en sus propias cavilaciones que no advirtió la mirada llena de sospecha que le lanzó Anna, o quizás simplemente decidió restarle importancia. La de ojos azules frunció los labios en cuanto escuchó el clic del seguro de las esposas que en ese momento restringían sus movimientos. Ahora ambos se habían convertido en prisioneros de esos misteriosos hombres. Anna no entendía. ¿En qué pensaba Law para dejarse atrapar de esa manera? ¿Cuáles eran sus intenciones?
- Vamos. – uno de los hombres hizo una seña para que Anna y Law los siguieran. Los piratas obedecieron sin protestar y se adentraron en lo profundo de la isla. La muchacha se percató que uno de los hombres había cogido al niño, que al parecer había perdido la conciencia.
- Espero que tengas buenas razones para esto. – susurró Anna, colocándose al lado de Law.
- ¿Tienes miedo? – preguntó el doctor, con un tono de burla en su voz.
- Ya quisieras.
-N-no hablen. – uno de los hombres apuntó a los dos piratas.
- Ten cuidado con eso. – habló su líder. – Es posible que los quieran más vivos que muertos.
- Es verdad. – el hombre bajó su arma.
A partir de entonces, los piratas y sus captores continuaron su rumbo sin decir palabra alguna. Mientras más caminaban, los árboles y arbustos empezaban a hacerse más escasos. Ya se podían distinguir amplios terrenos arenosos, en los que se encontraban construcciones de arcilla abandonadas. Finalmente, después de casi una hora de caminata, Law y los demás llegaron hasta una pequeña aldea, llena de casas de arcilla similares a las que habían visto en el camino. Sin embargo, en cuanto llegaron al centro de la pequeña aldea, Law y Anna se dieron con la extraña sorpresa de que el lugar parecía estar habitado sólo por ancianos, los cuales observaban a los jóvenes a través de las ventanas de sus casas. Las calles lucían desiertas. Sin embargo, lo más resaltante era una construcción alta de piedra que se erigía en el centro de la aldea. Se trataba de una edificación muy distinta a las demás, y que además tenía un aire siniestro.
- ¡Llamen al señor Yusuf! – exclamó el líder de los hombres que habían capturado a Law y Anna.
- Eso no será necesario. – la puerta de madera del gran edificio de piedra se abrió, revelando la figura de un hombre alto de cabellera negra y una prominente panza. Un largo bigote ondeado del mismo color de su cabello lo distinguía. – Ya estoy aquí.
-Yusuf-sama. – el líder inclinó su cabeza, en señal de respeto. Sus compañeros lo imitaron. – Encontramos a estos dos merodeando por las costas. Y también atrapamos al niño que se había escapado.
- Bien, lleven al niño adentro. – ordenó. Luego, fijó su mirada en Law y Anna. – Pero que sorpresa encontrar visitantes, me pregunto cómo llegaron aquí.
- Por accidente, fuimos víctimas de una tormenta. – explicó Law, con total serenidad.
- Entonces es cosa del destino que ustedes, niños, llegaran hasta esta isla que ningún Log Pose ordinario es capaz de señalar. Que buena fortuna… y lo digo especialmente por ti. – el regordete pirata se acercó a Anna y la tomó por el mentón. – No estás nada mal, niña, seguro te convertirás en una hermosa mujer.
La muchacha no dijo nada, pero ganas no le faltaron de golpear al hombre que se atrevía a tocarla y mirarla con ojos llenos de lujuria. Si de ella dependiera, ya habría utilizado los poderes de su fruta en él.
-¿Revisaron la zona? - cuestionó Yusuf a sus hombres, sin dejar de observar a Law y Anna. - ¿Encontraron la embarcación en la que estos llegaron?
-No… señor.
-¿Y qué esperan para hacerlo? ¡Busquen en la costa! - exclamó el hombre. De inmediato, dos de sus hombres se separaron del grupo y empezaron a correr en dirección a la costa.
- Señor, les confiscamos esto… - dijo otro de los subordinados de Yusuf, mientras le alcanzaba a su jefe las espadas que le habían arrebatado a Law y a Anna.
- Pero qué tenemos aquí.- Yusuf desenvainó a medias la espada de Law para examinar su hoja. - Está limpia… demasiado para mi gusto. Parece que no saben usar estos juguetes.
- Las robamos. - habló Law. - Necesitábamos armas para defendernos.
-¿Para defenderse?
- Si, de los ladrones y los traficantes de esclavos - inventó el de ojos grises.
- Oh, ya veo, han pasado por momentos muy difíciles- soltó Yusuf, aunque, en contradicción con sus palabras, el hombre regordete parecía no sentir ningún tipo de simpatía por los jóvenes y sus trágicas historias. - De todos modos, me quedaré con sus juguetes un rato. Después de todo, aquí no los necesitarán. Estarán a salvo.
- ¿Qué es este lugar? - inquirió Anna.
Law le dirigió una mirada seria. Yusuf ignoró su pregunta y se dirigió a sus hombres:
- Llévenlos con el doctor. Es necesario conocer la condición en la que se encuentran.
Los hombres obligaron a Law y Anna a entrar al enorme edificio de piedra. La de ojos azules vio por el rabillo del ojo su espada, la cual se encontraba en posesión del hombre de nombre Yusuf.
Law y Anna fueron conducidos por un pasillo subterráneo que dirigía hacia una suerte de pasillo, con varias puertas hechas de acero. Aunque ninguno de los dos podía ver a través de las puertas, eran capaces de escuchar murmullos y gemidos que al parecer provenían del otro lado de estas. De pronto, los hombres que vigilaban a Law y Anna se detuvieron.
- Sigan de frente. - uno de los hombres señaló una puerta que se encontraba al fondo del pasillo. - Si se detienen, les disparamos.
Los jóvenes piratas intercambiaron miradas antes de finalmente, seguir las indicaciones del hombre y continuar su rumbo hacia el final del pasillo.
- ¿Por qué han dejado de guiarnos? - preguntó Anna, en voz baja, para que sólo Law pudiera escucharla.
- Seguramente porque lo que se encuentra tras esa puerta es tan importante que ni siquiera ellos tienen permitido verlo.
-¿No pueden ver lo que ellos mismos protegen?
- Debe ser un gran secreto. Muero de curiosidad por verlo.
- ¿Armaste toda esta farsa para poder ver lo que escondían? Estamos desarmados y en poder del enemigo.
- No te desesperes, lo tengo todo controlado. Además, creo que a tí también te podría interesar lo que se encuentra detrás de esa puerta.
- Acaso tú… - Anna abrió los ojos de par en par. ¿Acaso Law sabía lo que encontrarían en ese lugar? No, eso no podía ser. Si lo supiera, no habría arriesgado tanto para llegar hasta ahí. Sin embargo, el de ojos grises debía de tener alguna sospecha. - Trafalgar, ¿qué es lo que pretendes encontrar aquí?
- Pronto lo verás. - Law se detuvo frente a la puerta. De pronto, como si alguien los estuviera esperando, la puerta se abrió. Sin una pizca de duda, el pirata se adentró en la misteriosa habitación. Aunque albergaba ciertas dudas, la muchacha decidió seguir sus pasos.
La habitación era amplia y se encontraba apenas iluminada por una tenue luz verdosa. Arrinconadas contra las paredes, se hallaban varias repisas, que contenían frascos llenos de distintos líquidos. Un viejo escritorio de metal yacía empotrado contra la pared del fondo. Decenas de hojas, plumas y tinteros vacíos desperdigados en el suelo completaban el panorama.
- Vaya… ustedes lucen bastante mayores que mis anteriores pacientes. - habló un hombre, que se encontraba al centro de la habitación. La luz apenas dejaba ver su rostro. - Acérquense, quiero verlos bien.
Law hizo lo que dijo el hombre y dio tres pasos hacia el frente. Anna, dubitativa, siguió a Law. Estando más cerca, el joven doctor pudo distinguir mejor el rostro del hombre mayor. Este se encontraba lleno de arrugas, pero sin duda lo que más resaltaba era una gran cicatriz que atravesaba la mitad de su rostro de forma vertical. La mitad izquierda parecía haber sufrido graves quemaduras, al punto que su ojo izquierdo había sido reemplazado por un sensor robótico que emitía una pequeña luz roja. Pese a su rostro envejecido, parecía conservar el estado físico de un hombre de no más de cincuenta años. Era alto y se mantenía erguido. Una larga y copiosa cabellera gris enmarcaba su ovalado rostro.
- Finalmente lo encuentro, doctor. - habló Law, torciendo sus labios en una sonrisa llena de satisfacción. Sin embargo, esta no le duraría mucho, al darse cuenta que los ojos del hombre en frente suyo no lo apuntaban a él, sino a la mujer que se hallaba a sus espaldas.
- No puede ser… - musitó el hombre, sin dejar de ver a Anna. - ¿Estás viva…Vivianne?
Continuará...
Nuevamente, lamento la tardanza en actualizar, pero no creo que pueda mantener un ritmo más acelerado para escribir. Estoy en una parte bastante complicada. Ya me gustaría llegar a lo bueno, cuando avance la relación entre Law y Anna. Muchas gracias a todos por seguir este fic y por enviar sus reviews. Este capítulo fue corto, pero el próximo será más largo y tendrá más información. He empezado contando la historia de Anna, pero pronto habrán más noticias del pasado de Law… bueno, el pasado que imagino, que seguro será muy distinto al que nos mostrará Oda… espero que dentro de poco tiempo. El manga se está poniendo muy intenso, ¿no? Bueno, nos leemos en el sgt. Capítulo. Saludos a todos .
