Buenos dias! :D
Espero que os guste este nuevo capítulo... ;)
Los personajes pertenecen a la señora SM, la ida de olla es sólo mía...
Muchas gracias a todos por leer y añadir a favoritos.
Y mil gracias por sus reviews a Dra Swan (mil gracias nena por recomendar la historia ;)), anouscha, Anaidam y Gatita Swan.
Hasta la semana que viene!
Capítulo 7:
Tras hablar con su madre Edward se dirigió a su casa. El curso estaba por terminar, tenía un montón de exámenes pendientes pero no tenía fuerzas para sentarse a estudiar; menos mal que la especialización que había elegido le gustaba. Desde que vio "Indiana Jones en Busca del Arca Perdida" siempre se imaginó ser Harrison Ford. Tres años estudiando Historia; el año siguiente haría los cursos de restauración dentro de la rama de arqueología.
Quizá si hiciera las prácticas fuera de allí, si se olvidara de todo, si empezara de cero... Al entrar en su cuarto vio los libros apilados en su escritorio y le entro tanta pereza que bufó sin darse cuenta. Pasó de largo y se tumbó en la cama pensando en lo que había pasado; en la conversación con su madre; en ella… ¿cómo era posible que hubiese pasado esto? El fin de semana había sido perfecto, de hecho ni siquiera había ido a ver a Victoria… bueno vale que Tania le dio un buen magreo el Domingo. Todavía veía botar sus pechos mientras le cabalgaba sin compasión…
Ni siquiera esos pensamientos le estimularon… ya no. Su madre había sido muy clara con él. Siempre lo era. Por eso la gustaba hablar con ella y por eso no lo hacía desde que pasó todo. No podía mirarla a los ojos; se avergonzaba. Pero una sola conversación había bastado para romper la coraza que llevaba construyendo durante dos años.
— Esperaba que en algún momento pasara algo así, ahora tranquilízate y cuéntame todo lo que ha pasado – habló Esme mientras acariciaba el despeinado pelo de su hijo. Siempre le había hecho gracia que no necesitara gomina para dar ese efecto de pelo revuelto.
— He hecho daño a una chica mamá. A una chica que me importaba realmente, pero no me he dado cuenta hasta ahora. Y ya es tarde.
— ¿Y eso por qué? Nunca es tarde… — Esme se perdió en sus pensamientos y dolió la comparación que le estaba haciendo su subconsciente. – Si te arrepientes delante de ella, le explicas lo que sea que haya pasado…
— Me vio besando a otra – Edward la miró esperando no ver dolor en los ojos de su madre; su corazón ya había sufrido suficiente. Pero no lo logró.
— Edward… — dijo la mujer en un susurró. Dejó caer la mano sobre su regazo y miró a su hijo con cierta decepción. Después de todo lo que había pasado no se creía que él repitiera sus pasos. Pensó que esto estaba llegando demasiado lejos… Carlisle tenía que tomar cartas en el asunto, tenía que implicarse de nuevo con sus hijos… la familia que tanto había querido vagaba a la deriva.
— Yo… mamá… lo siento tanto – agachó la cabeza y cogió el pelo entre sus manos apretando los puños en una claro signo de desesperación.
Él no quería que Bella sufriera, era buena, lo había visto en estos meses. Era muy madura para su edad, preocupada por los suyos; además en ningún momento descuidó sus estudios a pesar de cuidar de su padre. La encantaba la naturaleza. En muchas ocasiones le había hablado de las prácticas que hizo el verano pasado en el parque natural de Olimpic; le hablaba de sus inquietudes, de un tal Harry, de su padre, de un amigo de éste que se llamaba Billy. Ella había confiado en él y la había cagado de mala manera. Se había visto con Victoria en contadas ocasiones, menos que lo normal. Se desfogó con Tania el fin de semana por que le pilló por banda y él había salido de esa cita muy perjudicado. Pero cuando el Lunes se disponía a buscarla pensaba dejarlo todo, quería hacer las cosas bien con ella.
— Todo se complicó mamá, la vi con otro; perdí el control. Lugo me enteré que el chico se la había echado encima… sólo actúe por celos, unos celos estúpidos. Salió corriendo y no la he vuelto a ver – hablaba rápido y bajito, casi en un susurro.
— ¿La buscaste?
Edward la miró a los ojos.
— Edward, ¿fuiste a buscarla? ¿La explicaste lo que pasaba? A lo mejor lo único que ella necesitaba era una explicación; algo que la hiciera pensar que ella no era la tonta que se había enamorado, si no que tú eras el tonto que la había dejado escapar – dijo con dureza en el tono; se sorprendió así misma de la veracidad de sus palabras.
— Mamá… — Edward vio una mirada decidida en su madre y no pudo evitar sentir amor hacia esa mujer. — Mamá, yo... – bajó la mirada – siento mucho no haberte apoyado y haberme desentendido de todo. Cuando papá se fue yo tenía que haber estado ahí para ti… soy un cobarde mamá lo siento tanto… de verdad que lo siento, lo siento…. – Edward lloraba sin control. Por todo. Era un desgraciado; había engañado a Bella en más de una ocasión. Se había separado de su madre, de su hermanita…. Alice; ella sí era valiente y fuerte… su hermanita.
Esme volvió a levantar la mano pero en esta ocasión le abrazó; le atrajo a su regazo esperando que soltara todo lo que tenía que soltar. Se quedó callada, esperando que pusiera todas sus ideas en orden mientras tomaba una decisión muy importante. El teléfono era demasiado frío; iría a verle al hospital. Pensar en él dolía, pero tendrían que mantener las apariencias por sus hijos. Ellos eran lo más importante de su vida y los recuperaría a toda costa.
Alguien llamó a la puerta sacándole de sus ensoñaciones; no era una llamada delicada sino más bien todo lo contrario. Aporreaban la puerta.
— ¡Está abierto! – gritó el chico.
Dicho y hecho. Un pequeño torbellino entró en el cuarto soltando de todo por la boca; provocando que se levantara de un salto por el susto.
— Eres un desgraciado, mal nacido, no sé cómo no se te cae la cara de vergüenza – Alice elevaba cada vez más el tono mientras se acercaba a Edward con un dedo amenazante – se te va a caer la picha a cachos; ya verás ya, alguien te hará budú o algo. ¡Y luego no me vengas con lamentaciones!
Los ojos de Alice brillaban de indignación, no quería llorar. Era su pequeño defecto, lloraba cada vez que se enfadada con alguien y estaba más que enfadada con Edward.
— Ali… – Edward la miraba sorprendido. Se quería acercar de nuevo a ella pero no veía por donde entrarle, estaba que echaba humo por las orejas. Decidió esperar a que se le pasara para poder hablar.
— Ni Ali ni leches. Me has hartado. ¿Sabes con cuantas de mis amigas te has acostado? ¿Con cuantas Ed? ¡Dime! No, mejor te lo digo yo… con TODAS, todas y cada una de las chicas que se han acercado a mi han acabado en tus brazos. Y para una amiga que encuentro… ¡una amiga de verdad! ¿Sabes lo que eso significa? No que vas a saber si a tu mejor amigo también lo traicionaste.
— Ali, por favor, relájate, te va a dar algo…
— ¿¡Que me relaje!? Que me relaje dice el picha brava… — Alice estaba roja por el acaloramiento de la discusión – No tienes ni idea de lo que has hecho tío, ¡ni-i-de-a!
— Bueno Alice, ¿me vas a decir que es lo que he hecho ahora para que me hables así? ¿No sé supone que soy tu hermano mayor y me tienes que respetar o algo?
Alice casi se atraganta con su propia saliva. Se carcajeó delante de él con todas las ganas del mundo. De hecho se llevó teatralmente las manos al estómago, como si le doliera de tanto reírse.
— Mira chaval, para que te respeten tendrás que aprender a respetar primero. Y lo que has hecho con la pobre Bella no es ni me dio normal… respeto dice… JA – Alice seguía con su "speech".
— ¿Qué has dicho? – Edward se había quedado blanco.
— Que has jodido la vida a una chica encantadora porque eres un ser vomitivo, repugnante, todo fachada pero rascas un poco y no hay nada – Alice fue bajando el tono en la medida que veía cómo la cara de Edward pasaba por todas las tonalidades hasta llegar al verde.
— …
— ¿Estás bien? – "A lo mejor me he pasado" pensó la morena un poco preocupada.
Edward salió disparado al baño y vomitó. Del esfuerzo los ojos se le pusieron rojos y aprovechó para seguir desahogándose. "La he destrozado la vida", pensaba una y otra vez "y qué esperabas estúpido". Alice apareció tras él y le acarició la espalda.
— Ed… yo lo siento. No quería ponerme así… ya me conoces. Me pinchan y salto en el momento. ¿Necesitas algo? ¿Te preparo una manzanilla? — La congoja se apoderaba de las facciones de la pequeña.
— No Ali; está bien. – se sentó en el suelo al lado del váter; todavía no estaba muy seguro de no volver a vomitar. Mientras se sonaba y limpiaba con un trozo de papel higiénico cayó en la cuenta. – Pero… ¿Cómo sabes lo de Bella? Ha pasado esta misma mañana.
Alice vio algo en el rostro de Edward, en sus ojos que la recordó a su hermano. La persona que estaba con ella no era el tío despreciable que usaba a las chicas a su antojo. Se sentó a su lado y le cogió la mano mientras hacía caricias en su dorso con el dedo pulgar.
Le contó todo. El encuentro con la chica en el baño, la conversación en la cafetería, todo lo que ella le había dicho.
— Edward… ella estaba tan ilusionada; se la veía desecha y cuando se enteró de que yo era tu hermana…
— ¿Lo sabe? Entonces quizá si intercedes por mí… a lo mejor me escucha. Alice por favor; sólo sabes una parte de la historia. No actué del modo correcto, pero lo hice por despecho – Edward le contó la escenita que presencia cuando la estaba esperando a la salida de sus clases.
— ¡Pero tío!… ¿me vas a decir que la has sido fiel? ¿Qué no has vuelto a ver a ninguna chica mientras estabas con ella? – Alice le miraba levantando las cejas. – Y no se te ocurra mentirme.
Los dos hermanos se sinceraron. Se sentían bien de nuevo, el uno con el otro.
Él le contó su conversación con Esme; ella le contó su visita al hospital. Ambos lloraron amargamente al verse en esa situación… habían perdido dos años peleándose en lugar de buscar apoyo el uno en el otro. En lugar de ayudar a sus padres a sobrellevar la situación.
— ¿Sabes enana? Te he echado de menos – la dijo mientras la revolvía el pelo.
— Ed…. – primero puso ojos de "Candy Candy" y luego se abalanzó en sus brazos. – pero no te pienses que te voy a ayudar con Bella; has sido un capullo hermanito, y lo sabes. Tú la has cagado, apechuga – Sentenció la hermana mirándole apoyada en su pecho.
Edward la miró con ojos dulces, tomando la decisión en ese mismo momento de volver a hacer las cosas bien. Cuando te equivocas de camino, basta con desandar lo andado y rectificar en el punto exacto en el que metiste la pata. Pidiendo perdón de paso a todos los que molestaste en el trayecto.
— Creo que debo hablar con Emm… ¿le llamo?
— Mmmmm, Edward, no te cogerá el teléfono – Alice miró a su hermano con pena, recordando lo que había pasado hace dos años.
— Tienes razón… ¿será muy tarde para plantarme en su casa? – dijo mirando el reloj; eran las 10 de la noche. Pero sabía que Emmet se acostaba a las mil jugando a la play. Aunque hacía dos años que no le veía no creía que hubiera cambiado en sus hábitos.
— ¿Estás seguro? – Alice miró a su hermano con miedo.
— Si – se levantó – de hecho no he estado tan seguro de algo en mi vida. Se lavó la cara mientras Alice le miraba hacer.
Tenía tanto que agradecer a Bella; había sido aire fresco tanto en ella como en su hermano… de hecho pensó que su hermano y la chica hacían buena pareja. "Algo tendré que hacer para juntarles de nuevo… aunque no creo que quiera oír hablar de Edward en mucho tiempo; esperaré a que pase el verano. Mientras dejaré que las aguas vuelvan a su cauce" pensaba Alice.
— ¿Si hablas con Bella la dirás la verdad? ¿Qué estoy destrozado? ¿Qué me arrepiento? – preguntó el chico mientras entraba a su cuarto para cambiarse de ropa.
— Si lo haré – Alice sonrió.
— ¿De veras? – La mueca que se formó en sus labios resultó ser una sonrisa de verdad, salida del corazón, que a más de una hubiera derretido en ese instante – ¡Gracias sister!
Esme entró en el cuarto de Edward en ese mismo instante y ahogó un gemido. Había deseado tanto que llegara ese momento; esperó a que los hermanos se separaran y se limpiaran las lágrimas y carraspeó.
Su madre los miraba con ojos empañados esperando que fueran ellos los que dieran el paso. Y no tardaron mucho, ambos se abalanzaron sobre su madre haciendo que ésta ya no pudiera más y se desbordara. Las lágrimas caían silenciosas, resbalando por las mejillas hasta perderse en su cuello. Demasiadas emociones en un solo día.
No sabía si el corazón la aguantaría… los médicos habían sido claros al respecto. Se separó de los chicos y les calmó.
— Chicos; no sabéis lo feliz que me hacéis – acarició a cada uno en la mejilla. – Además tengo una sorpresa para vosotros… Carlisle termina la guardia en una hora y le he dicho que venga a cenar a casa.
Edward tensó la mandíbula; y Alice sonrió pensando que se lo iban a poner fácil al fin y al cabo.
— Tranquilo cariño. – quiso relajar a su hijo. — He estado hoy en el hospital y hemos estado hablando sobre vosotros. Creo que le necesitáis en casa, por eso vendrá de vez en cuando a cenar. Necesitamos recuperar esa monotonía Ed, por vosotros…
— Yo… mamá; me he aprovechado de papá todo este tiempo. Le he estado viendo… y le he pedido dinero a tus espaldas – Edward agachó la cabeza.
— Lo sé; y también sé que hoy ha ido Alice a verle – sonrió a su pequeña. – Pero todo esto después. Ahora ayudarme a preparar la cena… algo rápido ¿sí?
— Te ayudo yo mamá; Edward tiene que hacer una cosa muy importante… ¿verdad? Ahora te lo explico – dijo a su madre fingiendo indiferencia.
— ¡No tardo nada! – corrió escopetado hacia la escalera y salió a la calle. La fría noche le golpeó en la cara y se arrepintió de no llevar la cazadora… "da igual… no voy lejos" pensó.
Tras caminar dos manzanas, llegó a su destino. Se inclinó apoyando las manos en sus rodillas para tomar aire antes de llamar a la puerta "y ahora qué hago, sonrío, hablo sin más, le abrazo antes de que me eche…". Con mano temblorosa alcanzó el dichoso aparatito y presionó el botón. Unos rápidos pasos se oyeron tras la puerta.
Cuando Emmet abrió la puerta y vio al cabrón de Edward plantado como un pasmarote frente a él, no se lo pensó dos veces y con "casi" todas sus fuerzas, le pegó un derechazo que hizo que su cara girara 90º.
