CAPÍTULO 6

Todas la posesiones de Candy cabían en un baúl pequeño. Conforme acomodaba su velo amarillo encima de su mejor vestido, protestó:

-Aún no entiendo por qué tengo que ir.

-Candy, cuando un barón invita a los vasallos para un viaje, ellos aceptan- declaró Annie, sentada sobre su propio baúl. Al lado, había otro, tan grande y repleto como el primero. Ella aprovecharía la oportunidad para viajar con el grupo que estaba listo para dejar Lenvil.

- El barón Terrence invitó a nuestro padre. La idea de ir yo para cuidar de él solo surgió después.

- Bien, yo la verdad, no sabria lidiar con nuestro padre. Él no me escucharia. Además, estoy contenta que tu también vengas. Podemos hacernos compañía la una a la otra durante el viaje. Oh, nosotras tendremos momentos tan felices en la corte!

-Estás segura que Archie no se preocupará con nuestra visita inesperada?

En lo absoluto. La posición de Archie como consejero del rey le da derecho a habitaciones en el palacio de Westminster. Hay espacio bastante para todos nosotros. Por favor, para de intentar encontrar pretextos para no ir. Esta todo listo. Tú iras.

Todo estaba listo porque Candy pasara la mayor parte de la noche reuniendo provisiones, con la ayuda de John, a quien Terrence designara para cuidar de Lenvil en ausencia de ella.

Aun no conseguia entender por que Elroy se había negado a encargarse del feudo. Creia que su tía adoraría el mandato, lo minimo para disfrutar el lujo de dormir en la cama de estrado.

Candy se sentía en un dilema en cuanto a la jornada.

Aceptaba que su padre no estubiera en la corte durante años para prestar homenaje al rey. Pero George no estaba bien, como el propio Terrence sabía. Por qué ahora?. Y cual era la razón de tanta prisa?. No podrían haber tenido más tiempo que apenas una noche para prepararse?. E iniciar una jornada bajo la amenaza de mal tiempo era insensato.

Por otro lado, ella nunca había visto Londres, ni habia viajado más alla del mercado en Bury Saint Edmunds, a meras dos horas de cabalgata al oeste. Annie hacía sonar la corte interesante, repleta de personas interesantes y bellos ambientes.

- Vas a necesitar varios vestidos nuevos- observó su hermana.- tengo algunos que tal vez te sirvan con unos pequeños ajustes. Si no te gustan, tengo montones de cortes de tejido para coserte tus propios vestidos.

- Seguro que no necesitaré tantos así.

- Oh unos tes o cuatro, como minimo... ah, ellos estan viniendo a buscar nuestros baúles!- Annie se levantó de la orilla del baúl para dejar que los hombres de su escolta lo cargasen y salieran del cuarto con sus intrucciones.

Candy miró alrededor. Durante toda su vida, había domido entre las paredes de Lenvil, en aquel aposento.

-Candy? estas lista?- preguntó Anthony, apareciendo junto a la puerta.

Ella intentó devolver su sonrisa, pero descubrió que no podía.

-Por qué pareces tan triste? Ah, ya entiendo. Es siempre más dificil la primera vez que salimos de casa.

- Tu corazón se estrechó la primera vez que dejaste Lenvil?

Su hermano sacudió la cabeza.

- Creía una gran aventura, ir con el barón Grandchester para Wilmont. Y claro, estaba Stear para hacerme compañía. Nosotros dos nos hicimos pronto amigos a lo largo de aquella jornada. Donde esta tu manto?

Anthony se adelantó por el cuarto, ayudandola a colocarse el manto más caliente que poseía, revestido de piel de conejo. Ella enrolló un ancho pedazo de lana en torno a la cabeza y cuello.

Él la tomo de la mano y la sacó del cuarto.

- Vamos, Annie está a tu espera en su litera. Ustedes dos pueden ir conversando durante toda la jornada hasta Westminster.

- Pensé en ir montada en mi yegua

- Ella cargará provisiones

Su hermano no le dió tiempo para una última mirada alrededor de la casa, la llevó de alli rápidamente.

- Que gran caravana seremos!-declaró, haciendo un gesto en dirección a la larga fila de hombres, animales y carrozas.

En el inico de la fila, se encontraba Thomás, asegurando las riendas de los caballos de Terrence y de George. Atrás de ambos, marcharían varios de los soldados de Wilmont, seguidos de la litera de Annie y su escolta. Los soldados restantes, las carrozas y los animales de carga completaban la caravana.

Candy examinó el extraño medio de locomoción de su hermana. Asemejandose más al fondo de una gran caja de madera cortada al medio, la litera era sustentada por dos varas largas, entre los cuales estaban entrelazados los caballos. Tenía dos asientos, uno enfrente del otro, además de una cubierta que protegia de la lluvia y de la nieve. Meditó que debía ser segura, pues Annie no viajaba de otra manera.

- Venga, Candy. O entras, o te dejaremos hacía atras!- se quejó Anthony extendiendole la mano para ayudarla a sentarse en la litera.

Ella esbozó una sonrisa.

- Promete?

- Promete que? – preguntó Terrence, aproximandose.

-Candy está siendo difícil -suspiró Anthony.- parece, milord, que ella preferiría no viajar con tanto confort. Le gustaría ir montada en su yegua, la cual cargamos con provisiones.

Terrence lanzó una mirada peculiar a Candy por un momento

- Bien, tal vez podamos acomodarla de otra manera más tarde- dijo, finalmente.- si todos estamos listos; vamos a partir.

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En la mitad del día, Candy ya deseaba poder ir caminando hasta Londres. De algún modo, Annie consiguió dormirse. Ciertamente esa no era manera de hacerse compañía la una a la otra. No era que a candy le importase tanto el abandono de la hermana. Dormida ella no notaría su aire preocupado, ni comentaría al respecto.

Tenía el estómago un tanto indispuesto con las sacudidas de la litera. La extraña sensación de viajar de espalda viendo lo que dejaba atrás y no para donde esta yendo aumentaba su incomodidad. El frió era cortante, y nubes grises cubrían el cielo, prometiendo lluvia.

Su espalda dolía del trayecto en el asiento duro, y las manos estaban heladas, por asegurarse con fuerza a las esquinas de la litera. Anthony pasó a caballo varias veces a su lado, gesticulándole. Ella se negaba a soltarse para devolverle el gesto.

Finalmente, al oír al hermano anunciando que la caravana debía parar, fue tomada por un inmenso alivio, dirigiendo una plegaria silenciosa al cielo.

Annie despertó en el instante en que la caravana paró.

- Pues -dijo estirándose delicadamente-, yo dormí la mayor parte de la mañana. Veo que aún ha llovido. Esto es bueno. Si el tiempo se aguanta, podemos viajar por una buena distancia antes de buscarnos abrigo. Ah, lord Terrence, que gentileza de su parte ayudarnos!

Terrence mantenía la portezuela abierta. Annie descendió fácilmente de la litera, posando las manos apenas levemente en el brazo de él.

- Cómo están las damas?

- Oh, muy bien, mi lord. Pero yo estoy hambrienta. Te puedo traer un poco de pan y queso Candy?

- N-no quiero nada, Annie. Comeré más tarde.

La hermana la estudió atentamente

- Te sientes bien? Pareces un tanto pálida

Candy respiró hondo para relajarse

- Estoy bien. Ve hacer tu comida.

Encogiéndose de hombros ligeramente, Annie se alejó. Terrence permaneció junto a la portezuela, esperando.

- Ya viajó en una cosa de estas, mi lord?

- No - le respondió, examinando la litera de punta a punta.- de la manera como se mueve, imagino que la sensación es la misma que estar en un navío en mar tranquilo.

- Mar tranquilo?

- Sí

- Viajó en muchos navíos?

- Crucé varias veces el canal entre Inglaterra y Normandía.-

- Y cual es su opinión al respecto, mi lord?

candy le agradeció la tentativa de él de esconder la sonrisa. Sabía que ella estaba ganando tiempo, incapaz de moverse de allí.

- Yo diría que prefiero tener tierra firme bajo los pies, o al menos estar montado en un caballo bueno y estable.

Terrence, entonces, extendió los brazos hasta la litera, le aparto el manto y la aseguro por la cintura. Sus manos eran calientes y reconfortables.

- Venga. Caminaremos un poco, y te sentirás mejor. Ahora, coloca tus manos en mis hombros. Ambas. Muy bien. Acércate un poco más a mí. Un poco más.

- Me siento tan tonta

- Confías en mi?

- Sí, claro

- Entonces, apóyate en mis hombros, y yo te sacaré de ahí- candy confiaba en él, pero, cuando comenzó a levantarla, lo abrazó con fuerza por el cuello. Terrence estuvo inmóvil por un momento, luego sus brazos fuertes la sacaron fácilmente de la litera.

La mantuvo junto a él por algunos instantes antes de depositarla en el suelo con gentileza. Sintiéndose segura ella, finalmente, le soltó el cuello, dejándolo levantarse. Creyendo que lo encontraría riéndose de su cobardía, se arriesgo a levantar los ojos.

Él tenia una sonrisa, más no había señal de burla en su expresión

- Vamos-dijo, ofreciéndole el brazo.- veamos si consigues caminar.

Caminaron en silencio por la carretera de tierra, traspasando hombres y caballos, hasta que las piernas de ella no se estremecieron más.

- Espero no necesitar embarcar en un navío- declaró vehementemente.

- No es tan malo después que una persona se acostumbra al movimiento de la embarcación.

Con el cuerpo y la mente una vez más en armonía, se le ocurrió a Candy preguntar:

- Cómo está mi padre?

- Razonablemente bien.- terrence dejó de caminar- Te preocupas demasiado

- No fue por eso por lo que vine, para cuidar de mi padre?

-En parte.- él se dio cuenta de su error, después que pronunció las palabras. Candy le soltó el brazo y lo miró a los ojos.

- Entonces debe aclararme la situación, mi lord. No fui informada de ninguna otra razón para tener que salir de Lenvil.

terrence sabía que aquel no era el momento para contarle sobre sus planes. Primero quería hablar con el rey Enrique, asegurarse de que no habría ninguna objeción real antes de pedir la mano de candy en matrimonio a George y convertirla en su esposa.

Pero ella era tan adorable, su mentón delicado erguido en desafío, los grandes ojos verdes chispeando de rabia. No seria aquella una buena hora para al menos insinuar las alegrías que estarían por venir?

No pretendía besarla, ni tampoco apartarse tanto del resto de la caravana. Pero estaban solos junto a un árbol, y la tentación era más grande.

Aseguró su rostro entre las manos.

- Yo quería que vinieras.- entonces se inclinó rozándole los labios con los suyos.

Sintió su sorpresa en el ligero temblor que la recorrió. Intentó vencerle la duda con un toque persuasivo de sus labios. Finalmente, lentamente, Candy comenzó a besarlo.

Él maldijo su armadura, destinada a defenderlo de los golpes de espada. No podía sentir las pequeñas manos en la altura de su pecho, posadas sobre la cota de malla, ni el calor de su cuerpo cuando la envolvió en su abrazo.

El hecho de poder vislumbrar la naturaleza apasionada de Candy oculta tras un velo de inocencia, casi quebró su determinación de conformarse con apenas un beso. Con riguroso control, se contuvo para no deslizar su mano hasta el seno de ella, para no apretarlo gentilmente contra el calor de su palma, como ansiaba.

Conociendo sus limites, Terrence interrumpió el beso. Le observó los labios húmedos y rosados aun entreabiertos, como si estuviera jadeando y los ojos cerrados.

Cuando, finalmente, la vio abrirlos, fue su oportunidad de quedar sorprendido. Había una profunda tristeza en aquellos ojos verdes, una lágrima centelleando entre las pestañas.

-Oh, Terrence- susurró ella.- a veces, no podemos tener lo que queremos.

No, no en este momento, pero dentro de poco- Él conocía bien los métodos de seducción... un beso aquí, un toque y palabras dulces allí. Cuando estuviera listo para poder hacerla suya, Candy no lo rechazaría. La manera como le devolvió el beso era la prueba de aquello. Pero por que el beso evocó tanta tristeza?

Antes que pudiera preguntarle, ella ya se había apartado de sus brazos. Mirando en dirección de la caravana, atraída por el galope de un caballo que se aproximaba.

- Tenemos un problema, mi lord.- dijo Anthony, empujando las riendas del animal, su expresión, risueña.- estamos siendo seguidos.

Terrence frunció el ceño.

- Por quien?

-Elroy

- Por qué?- exclamó Candy

- Eso mismo. Yo mandé que regresase a Lenvil, pero ella se niega. Dice que cuando nuestro padre la desterró para la aldea, se convirtió en una campesina. Por lo tanto, afirma que es libre para ir a donde quiera.

- Y para donde esta yendo?

Anthony desmontó

- Está siguiéndote a ti -dijo a la hermana.- insiste que vas a necesitar consejos de ella en la corte.

Candy cruzó los brazos, con expresión severa.

- Apuesto que Elroy anduvo leyendo la suerte en aquellos malditos huesos otra vez. Cada vez que los juega, ve una tragedia.

- Son supersticiones tontas- murmuró Terrence y comenzó a apartarse en dirección de la caravana.

- Si - concordó Candy, acompañándolo.- pero mi tía cree en los antiguos rituales.

- Vamos a dejar que se una a nosotros? -indagó Anthony.- ella es más vieja que mi padre, y la caminata será ardua.

Terrence alzó los hombros, como si no le importase. Tener una persona más en la caravana haría poca diferencia.

-Candy?

- Si Annie esta de acuerdo, coloca a Elroy en la litera. Yo caminaré.

Terrence hizo un gesto a Anthony para que fuese ayudar a su tía.

- Y por qué renunciar a su lugar?

- Abriría la mano para cualquier persona que lo quisiese. Yo me niego a continuar viajando en ese instrumento de tortura.

La rabia de Terrence se extendió. La futura señora de Wilmont no iría caminando por el camino como una plebeya.

-Thomas!-gritó.- trae mi manto.

El paje soltó las riendas del caballo de Terrence y caminó deprisa hasta la carroza que transportaba su tienda y sus pertenencias.

Del medio de la caravana se elevaban voces de una discusión. george reprendía a su hermana por la insolencia. Parada el lado de la litera de Annie, Elroy gritaba en respuesta.

- Oh, cielos!- suspiró Candy, con la intención de aproximarse a ellos.

Terrence la agarró por él brazo, deteniéndola.

- Deja que resuelvan la cuestión entre ellos. Los dos se saben defender solos.

Thomas regreso deprisa, el manto de piel en las manos. Terrence lo colocó sobre los hombros, prendiéndolo con un cierre de oro. Agarró las riendas de su caballo y montó, acomodándose en la silla. Bajo la mirada, frunciendo el ceño para Candy.

- Aún estas decidida a caminar?

- Sí, mi lord.

Él le lanzó una mirada resignada, y entonces extendió las manos.

- Ven. Cabalga conmigo.

La idea de montar un caballo de guerra la hizo dudar. Negro como el carbón, lustroso hecho seda, era varios palmos más alto que la yegua en que ella acostumbraba cabalgar. Los Caballos de guerra eran conocidos como luchadores feroces, crueles, además de seres bastante protectores con relación a sus dueños.

- Creí que era de mala suerte que un caballo de guerra cargara a una mujer- argumentó

- Otra superstición tonta.

Candy miró hacia atrás. Todos esperaban. Viajar en aquel caballo seria apenas un poco mejor que la litera. Pero si rechazaba la invitación, todos considerarían la negativa como un insulto al barón.

Elevó las manos, y Terrence la agarró con firmeza por debajo de los brazos, comenzando a levantarla. Esperando sentarse detrás de él, le pidió:

- Debe mover su manto, mi lord, para que yo no...

Terrence la levantó con facilidad, sentándola de lado en su frente.

-...me siente en él.

Candy lanzó una mirada contrariada.

- Estas así tan insatisfecha como el lugar donde estaban viajando?

La verdad, ella no lo estaba, pero se negaba a admitir en voz alta la comodidad del asiento. Si, se sentía inquieta. Por más de una semana, mantuvo su distanciamiento del barón. Ahora estaba sentada así, próxima a él después de un beso inesperado y desconcertante.

Sintió el calor del manto, cuando Terrence le cubrió las piernas. Colocó entonces la capucha, ocultando los cabellos rubios con el revestimiento de pieles oscuras. Finalmente los envolvió a ambos con el manto. Sin mirar para atrás, hizo presión con las rodillas y el caballo comenzó a andar.

En medio de la confortable comodidad, ella sintió el sopor que evitara la mañana entera. Al frente, el camino se extendía interminablemente a través del campo. Podía oír la caravana atrás, la marcha de los soldados, el ruido de la litera empujada a caballo. Intentó enderezarse a fin de espiar por encima del hombro de él hacía los demás atrás.

- Por qué estas tan curiosa? Tienes que estar siempre preocupada por todos?

- Está seguro de que todos estaban listos? ¿Cómo sabe que alguien no se quedó atrás, o que no hubo algún contratiempo, como una rueda de carroza que se haya partido, o algo así?

- Si algo hubiese ocurrido, Anthony me lo diría. Es su deber asegurar que la caravana prosiga sin ningún incidente, e informarme de algún problema. Si yo estuviera mirando atrás a cada instante para asegurarme que todo va bien, cual seria la necesidad de Anthony de cumplir su deber?

- Usted confía en él?

- Sí. Así como confío en muchos hombres que me sirven.

-John?

- Tengo la seguridad que dejé Lenvil en manos competentes.

Candy asintió, de acuerdo.

- En quien más?

- Confié en ti, no fue, para guardar un secreto?

- Usted da su confianza muy fácilmente, mi lord.

- No. Pero una vez conquistada, es raro perderla. Tantas preguntas. Parece cansada. Debería dormir.

En aquella posición extraña?. Anidada junto a Terrence?, en un caballo de guerra?

- Creo que no, mi lord.

- Milady es obstinada, una característica que la colocará en apuros algún día. Usted no tiene ningún trabajo que hacer, ninguna orden, ningún magullado necesitando su atención. En casi tres horas, llegaremos a la abadía donde comeremos y dormiremos. No voy a pasar por el desagrado de que un miembro de mi caravana se quede dormido sobre el plato o durante las plegarias.

- No haré eso!

- Está segura?

Enojada, Candy decidió que no hablaría más con Terrence. No le diría nada al respecto, cabalgarían por el resto del camino en silencio.

Los movimientos suaves del caballo y el calor reconfortante que la envolvía le hicieron cerrar los ojos. A través de todas las capas de ropa, podía oír los latidos del corazón de él.

Lista para dormir, se abrigo más junto al cuerpo fuerte.

Ah, mi dulce doncella! Tienes mucho que aprender-le susurró Terrence.-vas a acabar comprendiendo que yo siempre consigo lo que quiero.

*********************************TyC******************************

Candy despertó con el roce de los labios de Terrence en su frente, el aliento caliente en el rostro, despertandola del sueño gentilmente.

- Llegamos -anunció.

Con una mirada soñolienta, ella giró para observar la estructura que surgía delante. La torre cuadrada del campanario se elevaba en dirección del cielo, destacando una gran construcción de piedra. Monjes en hábitos negros se adelantaron deprisa en dirección a los viajantes recién llegados.

Candy enderezó la espalda.

- Ya estuvo en el interior de una abadía?-le preguntó él

-Nunca, aunque había visto la de Bury Saint Edmunds. Todas las propiedades de la iglesia son tan imponentes?

- Varias lo son. Y muchos de los abades controlan tanta tierra como algunos barones. Es común que altos miembros del clero reciban dominios feudales, convirtiéndose en señores feudales De todas maneras, un obispo que controla varias abadías supervisa casi tanta riqueza como hay en el tesoro real.

Ella, finalmente entendió la renuencia del rey en permitir que la iglesia nombrase obispos.

Terrence tiró de las riendas de su caballo al pie de las escaleras que conducían a la maciza doble puerta de roble. La puerta se abrió, y un hombre delgado salió de la abadía. Vestía con la misma simplicidad que los otros monjes, pero su aire de autoridad era evidente.

- Abad Cottingham- le saludó Terrence.- venimos en busca de su hospitalidad.

- Y será dada de buen grado, Terrence de Wilmont. Sea bienvenido a nuestra humilde abadía. Que encuentre reposo entre nuestras paredes.

- Un lugar para extender mi colchón de paja y un pedazo del mejor queso de toda Inglaterra es lo que ansío.

Una sonrisa iluminó el rostro arrugado del abad.

- Quisiera yo que todos nuestros huéspedes nobles fueran tan fáciles de agradar.- la sonrisa entonces, se disipó.- su padre, que su alma repose en el cielo con el Señor, también era fácil de agradar. Sentiré la falta de la buena compañía de Grandchester. Pero entren. Esta frío. Hay un fuego acogedor en la espera allá adentro.

candy, sintió su estómago manifestarse ante la mención del queso, recordando que no había comido en la mitad del día. Terrence partió deprisa, sin darle tiempo para comer después que la indisposición de su estómago pasara.

Terrence tiró las riendas de su caballo a Thomas, y entonces, tomó a Candy por la cintura.

- Estas lista?

Ella miró desde aquella altura hacía el suelo con un aire de preocupación

- No deberíamos esperar que alguien ayudase? Tal vez Anthony,...

- Yo te levanté hasta aquí sin ayuda, no fue así?

- Bien, sí, más...

- Entonces, también puedo bajarte.

Y él lo hizo, tan fácilmente que su rostro no demostró el menor signo de esfuerzo. Candy no debería estar sorprendida. Lo vio derrumbando hombres durante el juego y, más tarde, le admiró los músculos del torso y los brazos.

Pensamientos tan íntimos, pensó ella, censurándose a sí misma. Y aun en presencia de un abad! Se giró en dirección del clérigo. Él miraba hacia Terrence, la mano extendida indicando un monje parado a su lado.

- Fray Zachary conducirá a las mujeres al ala de los aposentos de las damas. Recibirán agua caliente y comida.

- Muchas gracias, señor abad- dijo Candy

El abad Cottingham no respondió. Fue como si no la hubiese oído.

- Ellas han tenido un día exhausto- declaro Terrence. - Tengo la seguridad que apreciaran la gentileza.

El abad asintió.

- Entonces, también concederé dispensa de las vísperas para que puedan descansar.

Terrence desmontó, y durante esos pocos momentos en que estuvo de espaldas, el abad miro en dirección de Candy. Sus ojos castaños la miraron con puro desprecio, y extrema condena.

C ON T I N U A R A …

GRACIAS POR LEER A :

Anngel

Cayita Andrew

Mery Grandchester

Tarzan con pecas

Dayanna

Rosaura

Kary Grandchester