Si no fuera por ti.
Capítulo siete: Familia Rota.
Cuando sus dos mejores amigos llegaron buscándola con la preocupación escrita en los rostros, Shimo ni siquiera se molestó en mirarlos. Seguía parada en el mismo lugar en el que estaba cuando aquel niño se marchó. Ese niño llamado Kurosaki Kiui.
Kurosaki. El apellido de soltera de su madre. Y él era de la ciudad de Karakura, tenía ocho, estaba cerca de los nueve y parecía la mescla perfecta entre su padre y su madre con ojos turquesas de mirada desinteresada y cabello negro elegantemente despeinado.
No necesitaba ser la genia que era para saber que era para sumar dos más dos y darse cuenta de que ese niño tenía que ser su hermano menor. Le costó procesarlo y más aceptarlo, pero los hechos eran claros. No había otra explicación lógica a todo lo que vio y todo lo que dijo. Tenía un hermanito.
La revelación solo la hizo sentir más pasmada. Al verla en su estado de shock, Kimi y Hei la jalaron cuidadosamente de los brazos y la sacaron del estadio de futbol para que pudiera respirar más tranquila en una banca fuera en el parque frente a la entrada del estadio.
-Shimo-chan, por favor dinos qué te pasa.- su amiga pelirroja empezó a sacudirla desesperadamente.
-Vamos, chiquita. Estás comenzando a asustarme.- incluso el castaño de ojos dorados no podía ocultar su preocupación.
-¿Qué te ocurre, Copito? ¿Qué pasó?-
-… No me llames así, Kimi-chan.- finalmente reaccionó, reprendiendo distraídamente a su mejor amiga por el tonto apodo.
-¡Estás viva!- Kimi de inmediato la envolvió en un abrazo.
-¡Hasta que reaccionas, enana!- Hei de inmediato se ganó un golpe en el estómago por sus palabras. A veces podía soportar que la llamara chiquita, pero llamarla enana era simplemente inaceptable. -…Ugh… sí, definitivamente estás de vuelta.- gimió de dolor.
-¿Qué diablos fue lo que te pasó, Copito? Tardaste demasiado en ir al baño y el segundo tiempo estaba a punto de comenzar así que fuimos a buscarte y te encontramos en una especie de trance.- Kimi le colocó una mano en la frente como para asegurarse que no tuviera fiebre.
-Hablando de eso, deberíamos volver. Ya debimos habernos perdido como veinte minutos de juego.- se lamentó el mayor.
-No van a creer lo que acaba de pasar.- ni siquiera escuchó del todo lo que decían, seguía pensando en ese niño. –Me encontré con un niño y él… yo… Bueno, estaba volviendo a las gradas cuando de repente chocamos y tire algunos de sus bocadillos y él… era bastante gruñón pero muy adorable así que le dije que pagaría un reemplazo de lo que perdió y aceptó así que fuimos a comprar comida y…-
-¿Puedes contarnos la historia mientras volvemos al estadio?- Hei la interrumpió con impaciencia.
-¡Cállate, Hei!- le dedicó la más letal de sus miradas, haciéndolo retroceder con las manos en alto. –Nunca creí que diría esto, pero ahora mismo no tengo ganas de mirar el partido.- con todas las ideas que tenía atormentando su mente, aún no tenía idea de cómo había logrado salir del shock.
Sus amigos jadearon exageradamente.
-¡¿Quién eres tú y que hiciste con nuestra Shimo?!- Hei la señaló acusadoramente.
-¡Nunca creí que viviría para este día!- exclamó Kimi. -¡Amas el futbol! ¡Le rogaste por semanas a tu padre para que te dejara venir con nosotros a la final! ¡Y es la final entre tus equipos favoritos!- equipos favoritos… también eran los equipos favoritos de su madre.
Su madre… a la que hace nueve años no veía y que había pasado todo ese tiempo escondiéndole a su hermano. Hermano que estaba ahora mismo en el estadio y dijo que había venido con… su madre… Oh. Cielos. Santos.
¡Su madre estaba en Tokio, estaba en ese mismo estadio acompañando a su hermano! No la veía hace tanto tiempo… y ahora estaba a unos pocos metros de distancia. Casi se sentía surrealista, al igual que la idea de tener un hermanito, sin embargo era la realidad.
-El estadio… ¡Rápido, tenemos que volver!- sin pensarlo dos veces, tomó a los mayores de las muñecas y comenzó a arrastrarlos de vuelta hacia el recinto.
-¿Qué? ¡¿Y ahora por qué quieres ir?!- Hei casi se tropieza con sus propios pies. -¿Estás en tus días o algo?- ante sus palabras, Shimo soltó su muñeca y él cayó de cara al piso.
-Escuchen, estoy cien por ciento segura de que mi madre está en este estadio ahora mismo viendo el partido.- les dijo una vez entraron al estadio mientras se dirigían a las gradas.
-¡¿Qué?! ¿Tu madre, la hermosa morena de las fotos?- ambas golpearon en la cara a Hei, que seguía frotándose la nariz de su último encuentro con el piso.
-¿Cómo estás tan segura de eso, Copito? ¿La viste?-
-No exactamente.- tomó aire mientras entraban a la zona de los asientos. Ni siquiera prestó atención al partido. -¿Recuerdan a ese niño del que les estaba hablando? Él me dijo que su nombre era Kurosaki Kiui.- Kimi abrió los ojos sorprendida, Hei aún parecía no saber de qué estaba hablando. –Kurosaki es el apellido de soltera de mi madre. Él también me dijo que viene de la ciudad de Karakura y se parece a mí. Es mi hermano. ¡Tengo un hermano!- decirlo en voz alta de algún modo lo hizo más real. –Y él está aquí con mi madre. Necesito encontrarla para que responda mis preguntas. Necesitó saber por qué no nos lo dijo ni a mi padre ni a mí.-
El castaño y la pelirroja la miraron con los rostros desencajados por la sorpresa.
-¡¿QUÉ?!- chillaron ambos. Afortunadamente en ese momento uno de los equipos anotó un gol así que nadie pareció notarlos.
-¡¿De qué telenovela sacaste esa historia, Shimo?!-
-¿Cómo estás tan segura de lo que dices, Copito? ¡Es una completa locura que tengas un hermano del que no sabías nada!-
-Pues créanlo. Estoy muy segura.- se cruzó de brazos, ofendida por sus dudas. –Ese niño es mi hermano. Lo pensé mucho y todo apunta a que tengo razón. Es cuestión de lógica, sería estúpida si negará la verdad.- comenzó a mirar alrededor. –Ahora ayúdenme. Tengo que encontrar a mi mamá y a mi hermano. Tengo que saber la verdad.- se mordió el labio, sintiendo lágrimas en la comisura de sus ojos. –Tengo que saber por qué nos ocultó esto a mí y a mi padre.- apretó los puños.
-¿Y cómo estás tan segura de que es hijo de tu padre? Quiero decir, sin ofender pero dijiste que ellos se divorciaron porque tenía otro hombre así que…-
-Cállate, Hei.- frunció el ceño. –Sé que es mi hermano y sé que es hijo de mi padre. Es muy parecido, y no muchas personas tienen este color de ojos.- señaló sus propios ojos. –Aunque en realidad sus ojos se parecen más a los míos que a los de mi padre, pero tiene… cómo decirlo… ese cabello tipo anti-gravedad… o como que tiene mucho gel pero sigue siendo suave… En fin, la textura de su cabello es igual a la de mi padre, eso es lo que intento decir. Solo que es pelinegro.- volvió a mirar por los asientos. –Además, la edad concuerda. Tiene ocho años, aunque es un poco bajito para su edad. Solo búsquenlo usando esa descripción y también se darán cuenta de que lo que digo es verdad. Basta mirarlo para notar que es hijo de mi padre.- rodó los ojos. –Voy a buscar por la derecha, busquen por la izquierda por favor. Fue al puesto del pasillo así que tiene que estar cerca de la entrada. Si no lo ven a él tienen que poder reconocer a mi madre. Por favor, realmente quiero encontrarlos.- juntó las manos mirándolos suplicante.
Ellos intercambiaron miradas, antes de suspirar y sonreír amistosamente.
-Confía en nosotros, Copito. Los encontraremos.- Kimi le guiñó un ojo.
Desgraciadamente, no los encontraron.
Se reunieron en la entrada al final del partido, viendo a toda la gente salir con la esperanza de poder localizarlos en ese momento, pero tampoco fueron capaces de verlo. Se quedaron hasta que el estadio estuvo completamente vacío y solo entonces Shimo accedió a salir con los hombros hundidos.
-No puedo creer que no los haya encontrado.- se golpeó la frente con frustración. -¿Qué voy a hacer ahora?- se mordió el labio.
-Yo aún no puedo creer toda esta historia.- murmuró Hei mientras conducía para llevarla de regreso a su casa. -¿Quién diría que todo este tiempo no solo has estado lejos de tu madre, sino que también no conocías la existencia de tu hermano pequeño?-
-¡Calla, Hei! La estás haciendo sentir peor.- Kimi la tenía firmemente abrazada contra su pecho. –Ya, Copito. Verás que todo saldrá bien.- frotó círculos en su espalda reconfortantemente.
-No sé cómo se lo voy a decir a mi pobre padre…- susurró llorosa. -¿Cómo decirle que mamá todo este tiempo estuvo ocultándole a su hijo? ¿Cómo decirle que lo encontré y fui tan tonta como para perderlo de vista? Va a estar destrozado.- probablemente peor que eso.
Ya sabía que su padre odiaba mencionar a su madre, nunca quería hablar de ella, ni siquiera le gustaba hablar de Karakura, aunque tuviera esa foto probablemente estaría tan enojado con este nuevo descubrimiento que toda minúscula posibilidad de que ellos se reconcilien quedaría sepultada tres metros bajo tierra.
Estuvo hablando con Kimi posibles maneras de decirle a su padre el descubrimiento que todavía le costaba creer todo el camino hasta su casa hasta que decidió que sí esperaba más tiempo perdería el valor y le pidió a Hei que se desviara directo a la editorial para decírselo en ese mismo momento.
Ya esperó nueve años, no quería hacerlo esperar más tiempo. Tenía que saber de su hijo ahora mismo. Tenían que encontrar la forma de encontrar respuestas y encontrarlo a él para poder ser parte de su vida.
Siempre quiso un hermanito y resulta que desde hace ocho años que lo tenía. Ahora que era consciente de su existencia, debía encontrarlo pronto para recuperar el tiempo perdido. No quería nada más que abrazar muy fuerte a ese pequeño y algún día ganarse el privilegio de que la llamara hermana.
.
-Aquí tienes, pequeño.- uno de los jugadores estrella de los rojos ganadores de ese partido terminó de firmar el balón de futbol y lo depositó en las manos ansiosas de Kiui. –Lo que sea para el hijo de mi vieja amiga, Karin-chan.- le revolvió el cabello amistosamente.
-¡WOW, GRACIAS!- Kiui no dejaba de brincar mirando con estrellas en los ojos al jugador y luego a su balón y viceversa. -¡Este es el mejor día!- abrazó el balón con un brazo mientras con el otro seguía tomado de la mano de su madre.
-Muchas gracias por esto, Yoshio-kun. Es realmente importante para él.- miró con aprecio a su viejo amigo de la secundaria.
-Oye, lo que sea para mi vice-capitana favorita.- le guiñó un ojo. –Estoy seguro de que aún hoy en día puedes patearme el trasero, tal como cuando era otro de los jugadores llorones bajo tu mando que estaba secretamente enamorado de ti.- Karin rió de buena gana ante los recuerdos de su temprana adolescencia.
-Sabía que detrás de todos los mocos y lágrimas que soltabas escondías un gran potencial.- golpeó su brazo amistosamente, pero él aún se estremeció y se lo frotó con una mueca adolorida. –Pero tienes razón, aún podría patearte el trasero. Practicar con este pequeño demonio me mantiene en forma.- miró amorosamente a su hijo que seguía babeando sobre su nuevo balón firmado.
-No lo dudo.- le sonrió, luego volteó a ver al niño y se agachó a su altura. –Oye, hombrecito. ¿Por qué no vas alrededor del vestuario a conseguir más firmas en ese balón, quieres?- le guiñó un ojo.
-¡¿PUEDO?!- no tuvo que decírselo dos veces, rápidamente Kiui salió disparado con su pluma dispuesto a buscar más jugadores y tal vez a sus favoritos.
-¿Para qué fue eso?- alzó una ceja sospechosamente, sabiendo que se había deshecho de su pequeño por una razón.
-No quiero ser entrometido, recientemente nos hemos vuelto a encontrar en Karakura y me alegra que sigamos siendo amigos después de tanto tiempo. Hace tiempo el equipo vino de gira a Tokio para este campeonato y estuve hablando con unos antiguos amigos de la secundaria. Te mencioné de casualidad y ellos me dijeron que se enteraron que te habías divorciado del capitán Hitsugaya hace unos diez años.- tosió con incomodidad. –Lo vieron en una revista, aparentemente el tipo ha amasado una fortuna impresionante.- eso a Karin honestamente no la sorprendía. Su ex marido siempre fue un genio. –De verdad no quiero incomodarte, pero no puedo evitar preguntarme qué pasó entre ustedes. Más porque se divorciaron hace diez años y ese niño tiene ocho.- señaló.
-No me molesta, entiendo que estés confuso.- en realidad sí la incomodaba mucho, no obstante Yoshio la había ayudado a conseguir las entradas para ese partido y sentía que se lo debía de alguna manera. –Es complicado, pero empezaré diciéndote que me divorcie hace nueve años, no diez. Kiui sí es hijo de Toshiro, pero nos divorciamos antes de saber que estaba embarazada y luego él no quiso creer que era el padre.- se encogió de hombros luchando por mantener la compostura.
-Wow, no lo creería del capitán.- parpadeó confundido. –Sabía que Kiui-kun era su hijo, son muy parecidos.- sonrió levemente. –Lamento haber preguntado, es solo que aún no puedo creer que ustedes hayan terminado tan mal. Nadie en la secundaria se atrevía a invitarte a salir porque él siempre estaba detrás amenazándonos de muerte con la mirada.- rió un poco. –Bueno, nadie excepto ese rubio rico… pero todos sabíamos que eso no terminaría bien…-
-No tienes idea.- dijo sarcásticamente. En verdad su historia con Yukio no terminó nada bien para nadie.
-También quería preguntarte… ¿Por qué no le exigiste que se haga cargo del niño? Sé que te estás matando trabajando y el tipo ahora dirige una multimillonaria internacional. Sabes que estuve feliz de ayudarte con los boletos, pero con lo que gana el padre del chiquillo entradas para un simple partido debería ser lo de menos. La verdad no entiendo porque tienes que pasar momentos tan difíciles cuando él está en la cúspide.-
-Sabes que yo no soy así, Yoshio-kun.- se frotó las sienes. –Puedo cuidar de mi hijo.- bueno, más o menos. –Sí Toshiro no quiso ser parte de eso fue él quien salió perdiendo. No voy a rogarle.- no, no iba a rogarle otra vez. Le rogó varias veces que la escuche mas no quiso hacerlo. –No deberías preocuparte, estoy bien, en serio.-
-Todos fuimos a su boda, ya sabes. Es realmente triste que todo haya terminado así.- suspiró con tristeza. –Como sea… No dudes en pedirme ayuda en lo que sea. Sí quieres puedo conseguirles boletos a ti y al pequeño cuando sea. Es un niño muy bueno el que tienes, Karin-chan.- le palmeó el hombro antes de despedirse.
Justo a tiempo Kiui regresó con una gran sonrisa en el rostro y su balón de futbol repleto de firmas.
-¿Te divertiste, pequeño diablillo?- preguntó mientras salían del estadio ya más que desierto.
-Mamá, sé que todos los niños dicen que su madre es la mejor del mundo, pero sí hubiera un concurso de mamás tú ganarías, aplastantemente.- dijo mirándola con mucha seriedad.
Ella se derritió de ternura inevitablemente.
-Adulador.- envolvió sus brazos alrededor de su cabeza, pegándolo a su pecho para sofocarlo en un abrazo por unos segundos.
-No es adular, estoy diciendo la verdad.- también la abrazó. –Eres la mejor mamá. Muchas gracias por esto… Te amo mucho, mami.- escondió su rostro en su pecho, avergonzado de expresar cariño y decir cosas que desde los seis años usualmente no decía.
-También te amo, mi amor.- alzó su cabeza y apartó los mechones de su frente para darle un dulce beso allí. –Vamos a casa.- sería un largo viaje.
.
Para Toshiro ese día estaba siendo tan normal como el día anterior, sin embargo su tranquilidad se vio interrumpida cuando escucho gritos fuera de su oficina. Reconoció una de las voces como la de Matsumoto y otra supo identificarla como Momo, más tarde supo reconocer la voz de Mijow, pero la cuarta voz, la que hacia la mayor parte del escándalo, no lograba reconocerla por más que le parecía levemente familiar.
Suspiró con fastidio y se levantó de su escritorio para ver qué demonios pasaba fuera, no obstante sus intenciones se vieron frustradas cuando la puerta se abrió de golpe, dejando ver a una chica de estatura promedio ataviada en un elaborado kimono de buena calidad, con el cabello rizado color ocre y ojos de color verde.
-¡Oye, te dije que no puedes entrar!- Matsumoto estaba jaloneando el brazo de la chica en un intento de sacarla fuera de la habitación, pero ella se zafó del agarre y corrió hacia el albino arrojándose encima de él y envolviendo sus delgados brazos alrededor de su cuello. Pudo escuchar claramente como sollozaba en su cuello. –Capitán, lo siento mucho… Intente hacer que se fuera…-
-Está bien.- la interrumpió alzando una mano. Finalmente había reconocido a la chica y no era alguien con quien le gustara ser grosero. –Yo me haré cargo.- suspiró cansinamente aplicando un poco de fuerza para hacer que la muchacha lo liberara.
-¡Hitsugaya-sama, por favor no me eché! ¡Solo quiero hablar con usted!- sollozó con lágrimas corriendo por su rostro.
-No te echaré, pero sí quieres hablar entonces siéntate.- vio por el rabillo a Rangiku, Momo y Shiky entrar a la oficina a hurtadillas, mas decidió dejarlas permanecer. –Sabes que te apreció mucho, Mareyo-san.- la ayudó a sentarse en la silla frente a su escritorio y luego rodeó el mismo para sentarse en su sillón. –Bien entonces. Dime cuál es tu asunto aquí.-
-Hitsugaya-sama, solo quería pedirle que reconsideré nuestro compromiso.- suplicó juntando las manos con una mirada suplicante. –Prometo ser una buena esposa para usted y darle un heredero varón para su fortuna. Sé que mi madre fue grosera pero estoy segura de que podrán reconciliarse a la hora de comenzar a planear la boda.- se secó las lágrimas con dificultad. –Además la asociación de nuestros nombres nos beneficiara a todos.-
-Mareyo-san, necesitas quitarte esa idea de la cabeza.- se frotó las sienes. –No estoy interesado en la propuesta de tus padres, nunca dije estarlo. Y por sí no lo recuerdas, tengo una heredera, mi hija.- dijo esta vez con un poco de dureza extra en sus palabras.
-Es inapropiado que una mujer maneje una fortuna de tal magnitud, Hitsugaya-sama.- dijo ingenuamente Mareyo. Toshiro se recordó a sí mismo que no era su culpa haber tenido una educación que le enseñó a menospreciar a su propio sexo y le hizo una seña a Momo y Shiky de que siguieran conteniendo a Rangiku de saltarle encima a Mareyo probablemente para descuartizarla. –Sé que su último matrimonio solo le dio una hija, pero no tiene que hacerla su heredera, no cuando yo puedo darle todos los hijos varones que deseé.-
-Mi hija es académicamente impecable, sí sigue en la preparatoria y no ha pasado a la universidad es porque no ha querido.- decidió ignorar su último comentario. –Es mucho más inteligente de lo que yo fui a su edad y quiere la compañía en el futuro. No necesito nada más que a mi hija, muchas gracias.- quería gritarle que no se atreviera a dudar de su pequeña bebita, pero sabía que Mareyo era demasiado sensible y no quería que volviera a armar otro escándalo. –Y temó que debo insistir. No estoy interesado en casarme en un futuro cercano.- o nunca.
Mareyo era la hija menor de una familia con varios negocios multimillonarios en todo el país que buscaba extenderse al exterior. Hitsugaya hace unos años que había comenzado a poseer una fortuna de peso considerable en el país y más cuando firmó contratos en Europa, China y Taiwán. Como era soltero y en Japón los matrimonios arreglados entre compañías asquerosamente ricas estaban de moda no tardaron en llegar propuestas de muchas familias adineradas para casarlo con sus hijas solteras. Una de las familias más insistentes fue la de Mareyo, la diferencia con las otras familias fue que Mareyo en realidad sí le agradó. Era una chica muy dulce, a diferencia del resto de su familia.
Desafortunadamente, Mareyo malinterpretó su creciente afecto fraternal hacia ella y se enamoró de él, por lo que sus padres insistieron en que debía tomarla como esposa. Cuando rechazó la oferta, la madre de Mareyo insistió en que él se había aprovechado de su hijita y la ilusionó para al final desecharla. Esto podría haber arruinado su imagen de llegar a la prensa, pero Mareyo salió en su defensa hablando en contra de su madre y le impidió a su familia ensuciar su nombre. Aun así ella seguía enamorada de él y aparentemente quería lo del matrimonio arreglado para intentar quedarse con él.
Había tres razones por las cuales Hitsugaya se negaba rotundamente a aceptar a la chica por más que le agradará. Uno, nunca en la vida quería volver a casarse. Dos, no amaba a la chica y tampoco estaba interesado en volver a enamorarse jamás. Tres, ella era demasiado joven, estaba más cerca de la edad de su hija que de su edad, lo que a sus ojos era estar totalmente fuera de los limites.
-P-pero…- Mareyo sollozó con lágrimas deslizándose por sus mejillas. -¿No podría al menos darme una oportunidad? Puedo ser una buena esposa, hasta podría ser una buena madre para su hija.- dijo en otro intento de persuadirlo. –Una oportunidad, es todo lo que le pido.-
-Mareyo-san… Eres demasiado joven. No puedo ver a alguien tan cerca de la edad de mi hija como una esposa, lo siento mucho.- no es que él fuera un anciano ni nada. Se conservaba muy bien a sus treinta y cuatro, viéndose más como si ni siquiera hubiera llegado a los treinta, pero ella tenía apenas veintidós. –Te veo solo como una hermana menor. Debes sacarte esa idea de la cabeza y concentrarte en jóvenes de tu edad.- sabía que la estaba lastimando, pero era lo mejor.
-E-entiendo.- se secó las lágrimas y se puso en pie. –Lamento mucho haberlo molestado.- hizo una reverencia antes de huir corriendo.
Se dejó caer en su silla, emocionalmente agotado. Tal vez sí se estaba volviendo viejo después de todo…
-¡Hasta que al fin se fue!- despotricó Matsumoto pisoteando. –No puedo creer la forma en la que habla de Shimo-chan. ¡Nuestra niña algún día será la mujer más brillante del mundo!- las tres mujeres asintieron solemnemente.
-No tiene la culpa, en su familia son muy machistas.- rodó los ojos. –Ella es solo una niña confundida.-
-Una niña tonta, más bien.- murmuró Shiky por lo bajo a lo que Momo soltó una risita. –Apuesto que irá a llorarle a sus papis y esta vez sí que mancharan el apellido Hitsugaya en la prensa.-
-No digas eso, sería muy malo para la compañía.- Momo se tensó.
-No lo harían. Mareyo-san también quedaría en ridículo y ni yo ni sus padres queremos eso.- era lo único que tenía en común con esas horribles personas.
Las tres mujeres siguieron despotricando contra la familia de la joven que acababa de marcharse de la oficina mientras Hitsugaya se decidía a ignorarlas y por fin reanudar con su papeleo que había quedado pospuesto con la última interrupción.
Sus cadenas de editoriales en Europa estaban marchando a la perfección. Su brillante campaña publicitaria especialmente ideada por él y un grupo de los mejores especialistas habían puesto de moda la literatura japonesa en los países del pequeño continente. En China y Taiwán aun no sobresalían demasiado y tenían una fuerte competencia, pero tampoco estaban fracasando, tenían un buen número de ventas. En Japón todo marchaba bien pese a la rivalidad con otras grandes editoriales para conseguir los mejores escritores. Su apuesta por la literatura juvenil estaba vendiendo mucho, solo necesitaría descentralizarse un poco de Tokio y extenderse más a otras ciudades donde no hubiera tanta competencia.
Tal vez mover la sucursal principal lo ayudaría a buscar más talentos en otros lugares, aunque para eso tendría que mudarse y no creía que Shimo estuviera de acuerdo con eso, y si su hija no estaba de acuerdo entonces no lo haría. Aún podía sostenerse en Tokio cómodamente por otro par de años, ahora la prioridad era que su pequeña estuviera cómoda con sus amigos y estudios.
Lo primero para él siempre fue, es y sería su hija. El trabajo venía después.
Hablando de su hija, en ese momento ella irrumpió en la habitación con su amiga Kimi y la sabandija de Hikisaki detrás, viéndose bastante agitada por alguna razón. De inmediato se preocupó, dejó sus papeles a un lado y les hizo una seña a las tres mujeres para que guardaran silencio y por fin se percataron de la presencia de los tres adolescentes.
-Hola, papi.- Shimo agitó una mano tímidamente hacia él y se sentó en la silla frente a su escritorio. –Umm… tengo que hablar contigo.- tosió incómodamente. –En privado, preferiblemente.- miró disimuladamente a las tres mujeres. –Aunque supongo que Kimi-chan y Hei pueden quedarse, puesto que ya lo saben.-
-¿Qué?- Matsumoto se llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendida. -¿Dejaras a tus amiguitos que conoces hace ocho insignificantes años en vez de a la mujer que cambió tus pañales?- fingió sollozar.
-Sí Rangiku-san se queda yo también.- Momo sonrió inocentemente.
-Estos dos son mis hijos, tengo derecho a saber lo que ya saben.- Shiky pasó los brazos por los hombros de su hija y su hijo adoptivo.
-Bien.- frunció el ceño. –Pero más les vale estar callados. Esto es entre mi padre y yo.- todos asintieron alegremente, retirándose al fondo de la habitación pero en profundo silencio para no perderse ni una palabra de lo que dirían.
-¿Qué sucede, cariño? ¿Pasa algo malo?- se preocupó inmediatamente.
-No… no es malo… Solo es… un poco triste, diría yo.- mordió su labio. -¿Recuerdas que hoy fui a ver el juego de nuestros dos equipos favoritos en la final del campeonato?- él asintió, aun sintiéndose culpable de haber inventado una excusa para no acompañarla. Desde que se divorció, simplemente no soportaba el futbol. –V-verás… en el medio tiempo, fui al baño y cuando estaba regresando me choque con alguien que…-
-¿Te hiciste daño?- de inmediato se estiró sobre su escritorio para tomar sus brazos e inspeccionarlos, mas ella se apartó.
-¡No, papá, estoy bien!- suspiró irritada. –Escucha. Me choqué con un niño, un niño de muy mal carácter.- sonrió con ojos nostálgicos. –Accidentalmente lo hice perder alguna de las cosas que compró y se molestó mucho así que le dije que le compraría un reemplazo.- él frunció el ceño. Ese mocoso sonaba muy grosero, y su bebita era demasiado amable para su propio bien. –Lo acompañé hasta el puesto de comida y luego de regreso a las gradas, en ese momento me dijo de qué ciudad venía, y también su nombre.- tomó aire, mirándolo con ojos compasivos. –Papá… ese niño venía de la ciudad de Karakura… y su nombre era… Kurosaki Kiui.- soltó de golpe.
Un silencio sepulcral invadió la habitación.
Toshiro miró a su hija con los ojos muy abiertos.
¿Kurosaki? ¿Kiui? ¿Kurosaki Kiui? ¿Kurosaki Kiui de la ciudad de Karakura?
Solo quedaba una Kurosaki en Karakura, su ex esposa. Y Kiui… Kiui era el nombre que le habrían puesto a Shimo sí hubiera nacido niño. Toshiro y Karin habían elegido juntos ese nombre por sí tuvieran un hijo varón.
-¿Qué?...- susurró en voz apenas audible, incapaz de decir cualquier otra cosa.
-Papá.- esta vez ella se estiró para tomar su mano y apretarla entre sus pequeñas manos en un gesto reconfortante. –Por todo lo que me dijo… estoy muy segura de que ese niño es mi hermano.- pudo escuchar jadeos pero ni siquiera se molestó en mirar a nada más que no fuera su hija y sus ojos repletos de lágrimas. –Tengo un hermanito… y tú… tienes otro hijo.- le sonrió llorosamente.
Luego de un momento de shock, finalmente un destello de Karakura, Yukio y Karin con un bebé en brazos lo devolvió a la realidad.
Bruscamente, apartó su mano de las de su hija y se puso en pie. Caminó hasta el ventanal de su oficina y descorrió la cortina, mirando a la Torre de Tokio en la lejanía sin verla realmente. Su mente estaba en un frenesí de pensamientos, tratando de darle sentido a lo que su hija decía.
-Shimo…- tragó saliva cuando llegó a una única conclusión. –Creo que estás confundida.-
-¿Qué quieres decir?- lo miró sin comprender.
-¿Acaso ese niño te dijo que su madre era Kurosaki Karin? Kurosaki no es un apellido tan raro.- la miró con una ceja en alto.
-B-bueno, no lo dijo. ¡Pero es obvio que es hijo de mamá! Se parece mucho a ella y dijo que los de rojo eran su equipo favorito y los de azul el segundo, justo como mamá.-
-Eso puede ser otra coincidencia.- negó con la cabeza a la par que un poco de alivio lo inundaba.
Su hija solo debía estar imaginando cosas.
-¡Papá, sabes que odio cuando me tratan de tonta!- se levantó de la silla arrojándola al suelo y se acercó a él con el rostro retorcido por la furia. -¡No te estaría diciendo esto sí no estuviera segura! Y estoy muy segura. ¡Kurosaki Kiui es hijo de mamá! ¡Es tu hijo! ¡No puedo creer que seas tan obstinado!-
-Cuidado con tus palabras, jovencita. Te recuerdo que soy tu padre.- la regañó con frialdad. –Incluso sí fuera realmente hijo de tu madre, no sé qué te hace creer que es mi hijo.- sus facciones se endurecieron. -¿O acaso tengo que recordarte que tu madre me dejó por otro hombre? Tú bien lo sabes.- ambos apartaron la mirada dolorosamente.
Bien, tal vez había visto mal ese día y el bebé que Karin tenía en brazos era un niño, o tal vez por alguna razón lo vistieron de niña. Su hija tenía razón después de todo, ella tenía un medio hermano, solo que había creído que era una media hermana y decidió no decirle.
-Tal vez ella esté con otro…- murmuró con tristeza su hija. –Pero eso no impide que ese hijo sea tuyo. Es tuyo, papá. Tienes que creerme cuando te digo que era muy, muy parecido a ti.-
-Solo estás diciendo lo que quieres creer.- negó con la cabeza. -¿No lo entiendes, Shimo? Yo…- dudó, sintiendo un nudo en su garganta. –Yo… los vi… Vi a tu madre con su amante y el hijo de ambos.- escucho más jadeos. Shimo lo miró con los ojos muy abiertos.
-¿Qué?- preguntó en un susurro.
-Hace más de seis años quise buscar a tu madre para ti.- confesó apoyando su frente contra el ventanal. –Ella se mudó y cambió de empleo, pero pude encontrarla después de un rato paseando por la ciudad. Y no estaba sola.- tomó aire. Nunca creyó que estaría revelándole esto a su hija, y menos con su familia y amigos en la misma habitación. –La vi salir de un auto con su amante, que imaginó que ahora es su esposo. Ella tenía un bebé en brazos… un bebé que era demasiado pequeño como para coincidir con la última vez que…- suspiró. –Ese bebé no era mío, puedo jurarlo. Lo que sí, creí que era una niña pero parece que resultó ser un niño después de todo.- no podía creer que se atreviera a ponerle Kiui al hijo que tuvo con Vorarlberna. Eligieron ese nombre juntos, y se lo puso a su pequeño bastardo. ¡Era aún más descarada de lo que pensó!
-Pe-pero… pero…- Shimo comenzó a tartamudear, finalmente dudando de sus propias palabras. –N-no puede ser…- sus ojos se llenaron de confusión. –Yo… yo vi sus ojos… Eran como los nuestros… Eran tus ojos, papá.- ella siguió insistiendo con su locura.
-Lo siento, cariño, simplemente no es posible.- suspiró. –Viste mal.- afirmó tajante.
Su hija bajó la mirada y apretó los puños, entonces sus hombros se desplomaron por un segundo y pareció finalmente entenderlo, sin embargo, al segundo siguiente, sus puños empezaron a temblar y ella volvió a alzar la mirada con una mirada desafiante que le recordó demasiado a Karin cuando le gritó que iba a empezar la universidad aun estando embarazada le gustara o no.
-No, papá.- se cruzó de brazos, alzando la barbilla. –Sé bien lo que vi. ¿Sabes qué? Yo creo que TÚ viste mal.- lo señaló groseramente.
-¡Shimo!- sus ojos se abrieron mucho ante su increíble falta de respeto. -¡Esa no es forma de hablarle a tu padre!-
-¡Sí es forma de hablarle a mi padre cuando está siendo un… un… idiota!- él se quedó boquiabierto. ¿Su bebé acababa de insultarlo? -¡No soy estúpida, papá! Te lo dije y te lo repito, no estaría diciéndote esto si no estuviera segura. Él tiene tus ojos, aunque bueno… se parecen más a los míos que los tuyos, pero son del mismo color que tenemos. Y turquesa no es un color de ojos exactamente común en Japón. Él tiene prácticamente todos tus rasgos, incluso esta textura rara que tiene nuestro cabello.- agitó con una mano su cabello largo hasta la cintura que, justo como su cabello, también tenía una consistencia un poco puntiaguda y crispada aunque suavizada por el largo. –En lo poco que no se parece a ti, se parece a mamá. Es de Karakura y se apellida Kurosaki. ¡Eso no puede ser una coincidencia! ¡Es estúpido, irresponsable e ingenuo creer que es solo una coincidencia! Se supone que eres un genio ¿no es así? ¡Pues usa la lógica más básica y mira los hechos! Él me dijo que tenía ocho años, casi nueve. Tú y mamá hace nueve años estaban casados. ¿O ahora me vas a decir que no hicieron… ya sabes que, en todos los últimos meses de su matrimonio, o incluso las últimas semanas?- lo miró acusadoramente aunque con las mejillas rojas, obviamente avergonzada de tener que preguntarle eso. Él la miró con los labios apretados, sin poder negar su pregunta. –Eso pensé.- dijo triunfante, luego siguió despotricando. –Los hechos son inapelables. Sabes que tengo memoria fotográfica, no estoy imaginando nada. Sí sigues rehusándote a creer en los hechos solo estás siendo terco. Quieres creer lo más conveniente para ti ¡pero no pienso dejarte! Te estoy diciendo la verdad y la verdad es que tienes un hijo de ocho años que no conoces. No puedo creer que sigas rehusándote a creerlo. Sí solo pudieras ver a ese niño sabrías de inmediato que es tu hijo, sí solo…- de repente se congeló. -¡Eso es!- sonrió. -¡Hei! ¡¿Tienes mi mochila, verdad?!-
Finalmente padre e hija voltearon a ver a su público, que estaba congelado con la boca y los ojos muy abiertos, Momo incluso tenía lágrimas corriéndole por las mejillas.
-Ehh… ¿Sí?- después de tomarse un momento para salir de su aturdimiento, el mocoso delincuente se descolgó la mochila de Shimo del hombro y se la arrojó. -¿Pero para qué demonios quieres tu mochila en un momento como este, Shimo?- indagó al verla rebuscar dentro de la bolsa.
-Porque… Nunca salgó a ningún lado sin mi confiable bloc de dibujos.- sonrió mientras sacaba su libreta y unos cuantos lápices. –Tengo memoria fotográfica y también soy increíblemente buena dibujando. Ventajas de ser una genia superdotada.- presumió un poco volviéndose a sentar en la silla frente a su escritorio para apoyar allí la libreta y comenzar a dibujar. –Cuando vean a ese niño nadie podrá negar que es hijo de papá, puedo jurarlo.- aseguró antes de concentrarse totalmente en su tarea de dibujar.
Toshiro permaneció pegado al ventanal mientras veía a su hija dibujar, todavía pensando en todo lo que le había dicho. En circunstancias normales ya la estaría castigando quitándole sus tarjetas de crédito y demás privilegios por ser tan rebelde y hablarle de esa forma grosera e insultante, no obstante un miedo enfermizo y escalofriante había comenzado a instalarse en su pecho desde que vio su mirada tan segura. Una parte de él comenzó a temer seriamente que ella tuviera razón mientras que la otra negaba rotundamente esa posibilidad, recordándole lo que había visto hace seis años.
Los otros se acercaron a Shimo para intentar ver lo que dibujaba, mas ella les ordenó apartarse porque la ponían nerviosa y no podía equivocarse en ningún detalle. Luego de varios minutos, finalmente anunció que había terminado y de inmediato Momo y Rangiku tomaron la libreta, jadeando de inmediato ante lo que vieron.
-¡No puede ser!- Matsumoto se llevó una mano al pecho. –Capitán… ¡Este niño es idéntico a ti cuando eras pequeño!- ¿qué? No podía estar hablando en serio.
-Es verdad…- Momo volvió a llorar. –Shimo-chan decía la verdad… Tengo otro sobrinito…- sonrió entre lágrimas.
-Mira, papá.- Shimo volvió a tomar la libreta y se acercó a él, que no pudo evitar apartar la mirada. -¡Deja de ser un cobarde obstinado y mira! Enfréntate a la verdad.- colocó su dibujo justo frente a sus ojos. –Este es tu hijo. Este es el hijo que mamá te ocultó.-
Toshiro mantuvo los ojos cerrados por un momento, antes de abrirlos y finalmente mirar.
Se encontró con el dibujo a lápiz negro de un niño cargando un montón de bocadillos en sus brazos, mirando hacia arriba con grandes ojos suavemente coloreados con turquesa. Esos ojos… eran los ojos de Karin, ojos que tenía que ver todos los días cada vez que miraba a su hija. Su cabello estaba simbolizado como negro, coloreado por el mismo lápiz que había hecho los trazos. Ahí parecían acabar sus similitudes con Karin, todo lo demás era como si estuviera mirando una vieja fotografía de su niñez. La nariz, la curva de sus cejas, la línea de la mandíbula, la forma de su rostro… incluso tenía un peinado muy similar a cuando él tenía unos seis años, solo que su flequillo tenía un poco más de largo.
Se quedó sin aliento y tomó la libreta en sus manos, estudiando más de cerca el dibujo muy realista realizado por su hija. No dudaba que cada detalle estuviera impecable. Justo como él, su hija tenía memoria fotográfica, lo que les permitía recordar cada pequeño detalle de algo con solo haberlo visto una vez. Además, ambos eran dibujantes impecables, aunque él no le veía la gracia a dibujar muy a diferencia de ella que amaba tanto dibujar que era su pasatiempo favorito.
Le gustaría creer que ella estaba engañándolo de alguna forma, pero era demasiado consciente de sus habilidades y sabía que la había criado demasiado bien como para que fuera capaz de una mentira tan cruel.
Ya no podía negar los hechos… y todo apuntaba a que, efectivamente, tenía otro hijo.
"-Toshiro…- sollozó. –Por favor, necesito que me escuches.-"
"-No, tú escúchame, y escúchame bien porque te juró que esta es la última vez en la que tendrás la oportunidad de escucharme.-"
Sus manos comenzaron a temblar y la libreta cayó al suelo.
"–Estoy embarazada.-"
"–Te dije que ya no te creo nada, te dije que no quería volver a tener nada que ver contigo. Eres más estúpida de lo que creí si piensas que me voy a tragar que ese bebé, si es que en verdad estás embarazada para el caso, es mío.-"
¿Ella no estaba mintiendo? Ella de verdad estaba embarazada. Y él…
Oh, Dios…
"–Tenías derecho a saberlo, y hubiera buscado un mejor modo de decírtelo sí pudiera pero no puedo. Toshiro, necesito…-"
¿Qué? ¿Qué necesitaba? ¿Qué fue lo que no la dejó decir? ¿Qué fue lo que le negó a su hijo?
"–Ya no me llames, ya no me busques, ya no te metas en mi vida. Tengo una hija que criar, no estoy de humor para tratar con una histérica insoportable. Voy a cambiar mis números para que ya no me hagas perder el tiempo. Sí quieres recuperar a Shimo, espera a que tenga dieciocho años, ahí yo no podré decir nada. Mientras tanto, me aseguraré de mantenerte alejada de ella y te recomiendo estar lejos de mí también. Y habló en serio. ¡Mantente alejada, Kurosaki!- gritó, finalmente perdiendo la calma. –O no sé lo que soy capaz de hacer contigo.- prácticamente la amenazó antes de colgar con fuerza el teléfono."
¿Qué fue lo que hizo? ¿Qué tal si ella necesitaba dinero? ¿Qué tal si en algún momento lo buscó y no lo encontró porque cambió sus números? ¿Sufrieron necesidad? ¿Sufrieron hambre? ¿Le faltó algo? ¿Le faltó algo a su hijo cuando él se estaba ahogando en montañas de dinero?
Oh, Dios.
"–Estoy embarazada.-"
Ella se lo dijo. Ella no estaba mintiendo. Eso que vio hace seis años pudo haber sido cualquier cosa. Estaba a una distancia considerable, pudo haber visto mal. O simplemente de verdad era una niña y era la hija de otra persona que ella estaba cuidando en ese momento. Demonios, puede que de verdad estuviera casada con Vorarlberna, pero eso no cambiaba que ese niño era indudablemente su hijo.
Karin tuvo a su hijo y él se negó a reconocerlo cuando ella cumplió con su parte y lo informó debidamente. Acababa de perderse casi nueve años de la vida de su hijo y todo porque estaba demasiado herido como para siquiera darle el beneficio de la duda. ¡Todo porque fue tan estúpidamente obstinado e idiota!
"-Toshiro…- sollozó. –Por favor, necesito que me escuches.-"
¿Qué fue lo que hizo?
-Ella me lo dijo…- susurró, sintiendo las lágrimas acumularse en sus ojos. –Ella me lo dijo… y no quise creerle.- se llevó una mano a la frente. –No la escuche…-
-¿Qué quieres decir?- Shimo se tensó, mirándolo con los muy abiertos. -¿De qué estás hablando, papá?- todos lo miraron expectantes.
-Unas pocas semanas después de divorciarnos… Karin me llamó.- tragó, sintiendo la boca seca. –Ella me dijo que estaba embarazada.- todos jadearon, a excepción de Shimo, que se tensó aún más. –Yo… no le creí. No creí que fuera mío… Le dije...- la rechazó, la insultó, prácticamente la amenazó. –Le dije cosas horribles… y le ordené que no volviera a llamarme… Le dije que cambiaría mis números, yo…- cerró los ojos dolorosamente. –No la escuché. Estaba enfadado y…- calló abruptamente al verse interrumpido por otro sonido que retumbó como un trueno en la silenciosa habitación.
Ese sonido fue provocado por su hija, cuando le volteó el rostro de una bofetada.
Ella bajó la mano lentamente mientras todo su cuerpo temblaba y las lágrimas comenzaban a escaparse de sus ojos, pero su gesto no era triste ni decepcionado, ella estaba ardiendo en ira. Nunca la había visto así. Parecía capaz de asesinarlo en cualquier momento.
-Hitsugaya Toshiro…- su voz estaba recubierta de odio. -¿Cómo pudiste?...- susurró con voz entrecortada. -¿Sí te das cuenta de lo que hiciste, verdad? ¡¿Sí sabes lo que hiciste, VERDAD?!- saltó hacia él con los puños en alto, pero fue sujetada por Matsumoto y Hikisaki. -¡¿QUÉ MIERDA, PAPÁ?! ¡¿Cómo pudiste?!- chilló histéricamente tratando de zafarse del agarre de los dos que la sujetaban firmemente. -¡Todo este tiempo estuve pensando que mamá fue la que nos alejó de mi hermano, pero fuiste TÚ! ¡Todo esto es tu culpa! ¡TU CULPA! ¡¿En qué mierdas estabas pensando?! ¡¿Dónde está esa inteligencia por la que tantos te alaban, EH?! ¡Sí tenías dudas… ¿por qué demonios no pediste un examen de ADN?! ¡¿No pensaste que podrías estar tirando a la MIERDA la oportunidad de conocer a tu hijo?! ¡¿No pensaste que podrías estar tirando a la mierda MI OPORTUNIDAD de estar con mi hermano?! ¡¿No pensaste que la mera posibilidad era lo suficientemente importante como para darle a mamá aunque sea el beneficio de la duda?! ¡NO! ¡Solo pensaste en ti! ¡Mi hermano no sabe quién soy y es TU CULPA! ¡BASTARDO! ¡EGOÍSTA! ¡MALDITO IDIOTA! ¡TE ODIO! ¡TE ODIO, PAPÁ! ¡Tú… tú…!...- su voz se quebró y finalmente estalló en sollozos, abrazándose desesperadamente a Hikisaki. -¿Cómo pudiste?... ¿Cómo… pudiste?... ¿Cómo…?...- pareció quedarse sin voz mientras seguía llorando desgarradoramente.
Hikisaki cargó a Shimo y la acunó contra su pecho en lo que seguía llorando y sollozando. Lo miró con sus ojos dorados llenos de reproche y resentimiento, antes de retirarse del lugar llevándose en sus brazos a su hija. Kimi ni siquiera fue capaz de mirarlo a los ojos mientras se secaba sus propias lágrimas y seguía a sus dos mejores amigos.
Él se encontraba apoyado contra el ventanal, sujetando la mejilla que su hija había abofeteado. Habían impedido que Shimo le diera la paliza que quería darle, pero ciertamente no se sentía así. Una paliza probablemente habría dolido menos que todas esas palabras.
Su bebita siempre fue tan tranquila, educada y amorosa con él. Debía estar sufriendo mucho como para gritarle de ese modo, insultándolo y diciendo palabras que siempre había considerado vulgares. Ella verdaderamente lo odiaba. La había hecho llorar y la libró del hermanito que siempre había querido, la libró de la posibilidad de reconciliarse con su madre. Él destruyó su familia.
Su hija lo odiaba. Su hijo ni siquiera sabía quién era. Y Karin… ella ahora podría considerarse una santa en comparación a los terribles errores que él cometió contra su familia. Ella cometió el primer error, pero él… él terminó de arruinar todo.
Sintió una lágrima bajar por su mejilla y alzó la mirada, encontrándose a Rangiku y Momo mirándolo con absoluta decepción en sus rostros llorosos.
-No te diré nada.- dijo Matsumoto. –Sé que todo lo que dijo Shimo-chan fue suficiente para que entendieras lo que hiciste, pero no voy a consolarte.- negó con la cabeza. –La mera verdad, Toshiro, sí te sientes como una mierda, es lo que mereces. Y no te preocupes, cuidaremos de Shimo-chan. Será mejor que le des su espacio hasta que se calmé.- suspiró antes de dar vuelta para marcharse.
-Shiro-chan…- Momo hizo un intento para secar sus lágrimas, pero estas seguían corriendo. –Tampoco te diré nada… solo que la abuela estaría muy decepcionada de ti.- auch… justo cuando creía que no podría sentirse peor. -También… sé que Karin-chan estuvo muy mal… pero no puedo creer que la hayas dejado sola y embarazada… de verdad no puedo creerlo…- sollozó antes de correr para alcanzar a Rangiku y así ambas abandonar su oficina.
Solo quedó él con toda la culpa pensando en su consciencia… y Mijow Shiky parada incómodamente frente a él.
-Oye…- finalmente habló. –Sé que dijiste no más sake, pero… se ve como si realmente necesitaras un trago ahora.- sacó una botella de la nada. –Rangiku-san me dio esto, está molesta contigo pero aun así te quiere.- él se sentó en el piso y ella se sentó a su lado y le tendió la botella. Vaciló un momento, antes de tomar la botella y dar un largo sorbo.
-¿Y tú qué?- murmuró con amargura. -¿No me odias también?-
-Realmente no tengo motivos para odiarte, solo estoy un poco molesta por lo mucho que hiciste sufrir a tu hija. Esa niña es un terrón de azúcar, no merece tener que pasar por este tipo de cosas.- como toda respuesta, él dio otro largo sorbo. Odiaba el sake con pasión, pero ahora mismo se sentía bien. –A pesar de todo… te entiendo. También fui traicionada, ya sabes. Sé lo que es tener tanto rencor dentro que terminas haciendo cosas estúpidas.- sonrió dolorosamente. –Estabas lastimado, fuiste estúpido e irresponsable pero yo no soy quien para juzgarte.- lo miró con comprensivos ojos verdes. –Sé que probablemente quieras estar solo ahora… solo promete que no harás nada estúpido.-
-¿Más estúpido de lo que ya he hecho? Imposible.- suspiró. –Estaré bien, no voy a cortarme las venas sí es lo que temes, Shimo encontraría la forma de revivirme solo para que pueda matarme ella misma.- bufó. –Puedes irte. Ve a ayudar a calmarla, necesita el apoyo de todos, todos excepto yo.-
-Está bien.- se levantó lentamente. –Piensa en lo que vas a hacer ahora y…- se inclinó por un momento para recoger la libreta de su hija olvidada en el suelo. –Felicidades por tu hijo, es un niño muy lindo.- arrojó el cuaderno a su regazo, antes de salir también dejándolo completamente solo.
Miró el retrato una vez más y sintió un increíble sentimiento de anhelo.
Tenía un hijo. Otro hijo con Karin. El hermanito que Shimo tanto les pidió. Esa noche en su aniversario dio frutos.
Esa noche… Cerró los ojos mientras sentía el horrible sabor del sake bajando por su garganta.
Aún después de todos esos años, todavía recordaba la última vez que sintió la piel de Karin en sus labios, a menudo pensaba en eso por más que odiara admitirlo. En las noches, cuando sentía la falta de su cuerpo cálido junto al suyo, recordaba la última vez que la poseyó, recordaba la forma en la que temblaba bajo su toque, la forma en la que gritaba su nombre y se aferraba a su espalda como si su alma fuera a abandonar su cuerpo sí no lo abrazaba con suficiente fuerza. Solo en esos momentos se permitía olvidar su odio y se deleitaba con los recuerdos, deseando esos labios, ese cuerpo, esa voz que lo atormentaba.
Odiaba la idea de que otro la haya tenido de esa manera, en su mente ella siempre sería suya, por eso no quería volver a verla a la vez que lo mataba estar lejos de ella. Quería aferrarse a la fantasía de que siempre fue solo su mujer.
Por más cruel que sonara, a veces le gustaba pensar que Karin había muerto, le gustaba olvidar haberla visto debajo del cuerpo de su amante, le gustaba creer que su esposa siempre fue y sería solo suya. El problema con esa manera de pensar, es que por haberse mantenido tantos años odiándola, anhelándola y resintiéndola en la misma medida, una pequeña parte de él todavía la amaba.
Sin embargo… seguirla amando en cierta medida, lo hacía odiarla aún más.
Es verdad que él fue estúpido e irresponsable, pero esto no habría pasado si ella no lo hubiera engañado en primer lugar. Ahora serían una familia feliz ellos con sus dos hijos sí Karin no hubiera sido una perra infiel. Esto era su culpa. No iba a negar su parte de la culpa, pero ella seguía siendo la principal responsable. No se habría perdido casi nueve años de la vida de su hijo sí no fuera por ella.
Bebió más de su sake, sintiendo la amargura volver a llenarlo con más fuerza que nunca.
Seguro que ella se casó con Vorarlberna y ahora su hijo le decía papá a ese bastardo. Sí no reconoció a su propia hermana fue porque su madre no le dijo nada de ellos, ella debió haberle mentido toda su vida. Él se hizo muy famoso en los últimos años, sí realmente hubiera querido que formara parte de la vida de su hijo pudo haber buscado su editorial en cualquier momento, encontrarlo y mostrarle al niño.
El niño… Kiui… Él debería ser Hitsugaya Kiui, debería haber crecido con su padre y con su hermana. Era su hijo, su pequeño hijo de ocho años y no lo conocía. Se había perdido su nacimiento, se perdió sus primeras palabras, su primer paso, jamás pudo cargarlo en brazos, jamás pudo enseñarle nada, se perdió su primer día de clases, perdió la oportunidad de criarlo en su tierna infancia, no pudo ayudarlo con sus tareas ni salvarlo de los regaños de su madre…
Sí, era su culpa… sin embargo era más la culpa de Karin. Y se las pagaría.
Tenía que conseguir el perdón de su hija, pero más que nada debía preparar todo para ir a Karakura y conocer a su hijo. El teatro de Karin se caería sobre su cabeza, no iba a dejar que otro criara a SU HIJO. Iría allá y lucharía para ganarse un lugar en la vida del pequeño, incluso sí tenía que arrancarlo de las garras de su madre.
Terminando lo último que quedaba de sake, arrojó la botella lejos y miró atentamente el retrato del pequeño. Quería abrazarlo para nunca dejarlo ir, quería regresar el tiempo atrás y haber estado allí siempre para él, quería escuchar su voz infantil llamarlo papá, quería apoyarlo en lo que necesitará.
Desde que perdió a su esposa, Shimo había sido todo para él, su única razón para vivir. Ahora tenía dos razones para vivir, solo necesitaba encontrar a su pequeño hijo y juraba que nunca lo dejaría ir.
-Kiui…- susurró con su voz llena de tristeza. –Juró que lograré que algún día me llames papá.- así es como siempre debió ser.
Continuara...
Holaaaaaaaaaaa! :D
Y... esa es la razón por la cual no es buena idea hacer enojar a Shimo xD
En fin... Toshiro ya sabe q Kiui es su hijo! :'D Y sigue amando-odiando a Karin xP Y parece q alguien va a ir a Karakura a buscar a su hijito... ;D
Me pregunto... cómo resultara eso? Drama-chan seguira reinando en este fic, eso es lo unico q les dire uwu
Otra vez me pase con el largo del cap... Ñeh, espero q les haya gustado n.n
Decidí cambiar un detalle en la trama y tengo q re-organizar la estructura del fic que tenía hasta ahora, así que tal vez se alargue un poquititito más :P Todavía no creo que llegue a 30 capitulos, pero seguro q terminara rondando los 25? Tal vez?
Por favor dejenme su opinión en un review, no iba a actualizar esta semana pero sus comentarios fueron tan hermosos q decidí sacrificar un día de estudio y escribir este cap de corrido... Razón por la cual probablemente está lleno de errores, luego lo revisare, perdón XP
Gracias, realmente gracias por sus comentarios, no tienen idea de lo mucho q alegran mis días :') Sientanse en toda confianza de escribir testamentos enteros si quieren, no sé por q algunos lectores piensan q eso me molesta, les aseguro q leo todos sus comentarios con una GRAN sonrisa 8D Amaría leer lo q opinan del fic, lo q piensan q pasara, lo q les gusto y lo q no les gusto, creanme cuando les digo q me hace muy feliz :3
Como shea~ probablemente actualice la semana q viene si no hay contratiempos ;)
Los personajes de Tite Kubo! Las amo! *insertecorazónaquí* Ya me voy a hacer un poco de estudio madrugador! XD Me despido!
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
