VI

Felicidades teniente

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Aunque el ambiente de la cena mejoraba en ánimo y la comida era digna del mejor banquete Ranma no parecía enterarse de ello, ni siquiera su gran apetito hacía acto de presencia ese día. Belenus observándolo desde su puesto, del otro lado de la dama Freya, sonrió, ya era hora de darle la sorpresa que le tuviera preparada.

Rashell le dio un suave codazo a Méril para que esta prestara atención y dejara de luchar contra la carne. Belenus hizo unas rápidas señas a una de las doncellas valquirias que mandaban sobre el servicio de la mesa, ésta entendiendo el mensaje lo transmitió a una de las hadas con un rápido gesto, la que corrió hacia la cocina. Segundos después la hada regresó cargando entre las manos con mucho cuidado una botella de vino. Entregándosela en manos de la valquiria fue la encargada de caminar con solemnidad detrás de la mesa principal a espaldas de los comensales.

El capitán que esperaba atento se levantó para recibir la botella respondiendo con una formalidad a la reverencia con que la valquiria lo saludó. Ya con la botella entre las manos se la mostró un segundo a la dama para que ésta asintiera como dando su aprobación. El licor era una extraña mezcla creada con viñedos de un valle que ya no existía en ese tiempo, una cosecha que rememoraba a los días dorados del mundo divino antes de la guerra con Hel, un néctar guardado únicamente para los que podían darse el gusto de conseguir una de esas escasas botellas, normalmente dioses y reyes, y ésta pertenecía a la colección particular del anterior señor del escuadrón, el dios Yngvi Freyr.

El capitán caminando por detrás de la dama continuó hasta quedar al lado de Ranma. Los soldados al darse cuenta fijaron las miradas en la mesa central dejando de lado el servicio seguido el sonido de copas siendo depositadas sobre la mesa, Rashell y Méril en el mismo centro de la acción se sonreían con complicidad. Ranma estaba tan distraído que no se percató de nada de esto, con los ojos en el plato que no había tocado siquiera suspiraba cabizbajo hasta que el extraño silencio lo hizo levantar la mirada para darse cuenta de que todos lo observaban con gran atención.

Se sintió repentinamente avergonzado, se miró el uniforme por si tenía algo extraño, pasó la mano por el rostro para ver si no tenía alguna mancha, o resto de comida, luego recordó que no había probado nada por lo que sería improbable, recién entonces miró hacia donde se encontraba la dama a su lado y ella le devolvió la mirada atentamente con una dulce sonrisa, la dama se enderezó lentamente parándose. Giró un poco el cuerpo y se sorprendió de ver a Belenus de pie detrás de él con la botella en las manos. Del otro lado sus amigos también se encontraban de pie; uno a uno los soldados fueron levantándose de una manera extraña, con solemnidad y lentitud, algunos con igual sorpresa imitando a los más veteranos como si tampoco estuvieran seguros de lo que estaba sucediendo.

— ¿Capitán?— preguntó confundido el joven, al instante quiso levantarse también, pero Rashell rápidamente apoyó las manos en los hombros de Ranma y lo obligó a regresar a su asiento—. Pero, ¿qué está pasando?

Méril le hizo un gesto con el dedo sobre los labios para indicarle que guardara silencio. Belenus sonreía con una extraña mezcla de orgullo y satisfacción, un orgullo que traspasaba los ojos oscuros irradiándose en cada gesto del estricto rostro, cuando volvió la mirada hacia el resto del escuadrón.

—Yo, Belenus Saotome, primer capitán del cuerpo de élite fundado por nuestro señor Lord Yngvi Freyr, y ahora dirigidos por su eminencia nuestra amada señora Yngvi Freya, es que me dispongo a cumplir con la más antigua y sagrada tradición de nuestro escuadrón.

Su noble voz hizo eco en toda sala, Ranma sólo se limitaba a mirar confundido queriendo saber que estaba sucediendo y porqué todos parecían saberlo a excepción de él. Belenus continuó.

—Siglos atrás se llevó a cabo la primera guerra entre las fuerzas de Hel y las de Asgard sobre el suelo de Midgard; Lucharon por las almas de los mortales pero no así por sus vidas. Los señores del cielo protegieron la heredad que les pertenecía, su orgullo, pero cuando hubo que defender los muros de la capital de Asgard retrocedieron abandonando a Midgard a su suerte. Todo era un plan concebido por la señora del infierno para hacerse con la posesión del mundo mortal y de la fuente de todas las almas que engruesan los ejércitos divinos. Pero hubo algunos dioses, que con el respeto que ahora les tenemos y honramos, que siguieron verdaderos ideales que nosotros consideraríamos como los más nobles de entre todos los humanos. Con valor dejaron Asgard, solos y sin los ejércitos que Odín reclamó para la protección de su ciudad, enlistaron con su propia fuerza de voluntad a los pocos valientes que se atrevieron a luchar por el mundo más pequeño. Einjergars y mortales, reyes de Midgard que no cayeron bajo el influjo de Hel, liderados por humanos como nunca se volverán a ver caminando sobre la faz del universo consiguieron lo impensable al derrotar y desterrar de una vez y para siempre a la señora de Nilfhel del mundo mortal.

Belenus habló con tal denuedo como si en sus ojos se reflejaran los estandartes de Hel sobre las llamas de la destrucción que arrasaron el mundo de los humanos. Mientras hablaba Ranma podía recordar e imaginar la historia de Narami, la miko antecesora de Akane, y de Kyoshiro Saotome, dos nombres más de los muchos héroes que desafiaron a la señora infernal por la libertad de Midgard.

—Pero la victoria fue cara, Midgard quedó devastada después de una guerra larga y cruel. Lord Freyr, desde aquel día, juró como cuentan los anales de nuestro escuadrón, que no volvería a faltar quien defendiera a los seres más pequeños de los mundos. Por eso nacimos los Dragones Rojos, una fuerza especial que a pesar de la ira del resto del Valhalla no luchamos por los dioses de Asgard sino para apoyar a las demás razas de los mundos en su defensa contra la injusticia y la oscuridad.

El capitán volvió entonces la atención a Ranma como si lo que siguiera fuera sólo para él.

—Desde ese primer día glorioso es que celebramos la más grande de las tradiciones para nuestro escuadrón. Una ceremonia en la que representamos todos nuestros ideales que nos forjaron en un simple gesto; el superior servirá al subalterno, el señor a su súbdito, el líder a su seguidor, el escogido para este honor deberá ser servido por el más grande del escuadrón como un símbolo no de inferioridad, sino un ejemplo de lo que él mismo ya ha hecho al arriesgar la vida por seguir nuestros ideales. Honor que de haberse encontrado nuestro señor Freyr lo habría otorgado en persona; pero que considero un honor también para mí poder reemplazarle y ser yo quién honre al más valiente de nuestros soldados como no hemos tenido en años. Porque en trescientos años no ha habido otro tan grande o merecedor de este galardón que nuestro teniente Ranma Saotome. Con sus actos nos ha honrado, con su sacrificio nos ha dado ejemplo y con su espada nos ha puesto por encima de Hel y su maledicencia que quiso otra vez ensuciar el mundo de Midgard, donde nuestros hijos, hijos de nuestros hijos y así toda nuestra descendencia continúa con sus vidas gracias a nuestras constantes batallas.

Belenus entonces con la mano destapó la botella, todos en la sala guardaron un respetuoso silencio de pie, tomando cada uno una copa en alto, las doncellas también formadas al otro extremo de las mesas aparecieron con copas en sus manos y miradas de emoción, todos participarían de ese momento. Ranma miró confundido y nervioso, no sabía cómo responder. ¿Él honrado?, Jamás en toda su vida había recibido un reconocimiento público, aún recordaba como en la escuela debía su popularidad más que nada por llamar desastres o por sus malas calificaciones, un extraño sentimiento nació dentro de él. Muy nervioso miró a sus amigos que ya de pie le murmuraban que se levantase, haciendo caso de ellos se paró lentamente, tomando la copa de cristal que una hada rápidamente había dispuesto ante él.

—Como capitán con orgullo yo, Belenus Saotome, sirvo la copa del servicio, luz y justicia, a mi teniente Ranma Saotome, el más insigne de los Dragones Rojos.

Pero cuando Belenus acercó la botella apunto de servir el rojo néctar de la vid en la copa que Ranma sostenía nerviosamente, murmuró unas palabras que sólo Ranma pudo escuchar.

—Pero además de este honor bien merecido, tengo que decirte que me siento orgulloso del descendiente que tengo, más ahora que ya eres todo un hombre... ¡Bebe como uno, con orgullo!

Ranma abrió los ojos sorprendido, no era sólo este gran honor, también era porque se habían acordado de ese día. Rashell y Méril le miraban con complicidad, también lo sabían. Al observar hacia su otro lado la dama Freya le obsequió una sensual pero a la vez cómplice sonrisa, ¿ella también?. Entonces Belenus comenzó a llenar la copa lentamente ante la atenta y nerviosa mirada del sonrojado Ranma que apenas podía mantener quieta la copa por el temblor de la mano. Pero sucedió lo inesperado, cuando ya iba casi por la mitad, la mano de Freya detuvo el brazo del capitán.

—Si usted me permite, capitán —dijo la dama con solemnidad—, yo deseo continuar. Soy la señora del escuadrón, seré yo quien sirva por hoy con dedicación a nuestro teniente.

Belenus levantó una ceja pensativo, para ceder su lugar pasándole la botella con suma delicadeza, el silencio se rompió por unos segundos al sentirse las exclamaciones de sorpresas y celos de los soldados. Ranma ya no entendía nada, ahora era la mismísima dama Freya que tomaba la botella y se acercaba para servirle.

—Yo, Freya, señora de la magia en Asgard —dijo la dama—, como señora del escuadrón y diosa de Asgard me enorgullezco de tener einjergars como nuestro teniente guardando ideales que van más allá de mi servicio. Me corresponde, cómo lo iniciara mi amado hermano, servir como ejemplo de que nuestros ideales siempre vivirán.

Inclinando la botella terminó de llenar la copa de Ranma, pero cuando hubo finalizado en vez de alejarse se acercó dándole un suave beso en la mejilla que dejó a todo el escuadrón congelado por la sorpresa.

—Feliz cumpleaños, mi querido teniente, y que sean muchos más con mis bendiciones como regalo —murmuró en su oído muy dulcemente antes de separarse.

Ranma, con la emoción reflejada en la mirada y viendo que todos lo estaban esperando, levantó la copa hacia el escuadrón y todos respondieron el gesto incluyendo a las doncellas que servían, sus amigos, Belenus y aún la dama Freya. Dándose un gran brindis en honor al joven teniente Saotome, y también la mayoría sin saberlo felicitándolo por su cumpleaños número dieciocho. Ya no era un niño, ahora era un hombre digno de su puesto y que comenzaba a sentirse como tal.

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Akane caminó en silencio hasta llegar a la puerta de la que fuera la habitación de su prometido Ranma, pero ahora en la entrada había un simpático patito de madera que decía "Akane" al lado de un conejo también de madera que decía "Iris", ella no podía dejar de sonreírse por el detalle cada vez que lo veía. Al entrar vio dos futones juntos en el suelo, uno era el suyo y en el otro dormía tranquilamente Iris con una sonrisa en los labios. Ella no podía dejar de emocionarse al recordar lo bella que era la pequeña niña y lo feliz que se veía hoy cuando la cena había resultado perfecta. No podía negar que también ella se sentía en las nubes cuando lo que preparó se veía y sabía como nunca, pero más feliz la tenía el agradable momento que vivió con su hija adoptiva al querer cocinar juntas ¡hasta una guerra de harina tuvieron! Acarició a la pequeña antes de cambiarse de ropa a su pijama amarillo de invierno, cerrando los últimos botones caminó hacia el escritorio frente a la ventana.

Hurgó en el cajón hasta que encontró un pequeño paquete envuelto en papel de regalo, lo abrazó contra su pecho en un arrebato de encontrados sentimientos. Recordó entonces el día en que Ranma se fue otra vez a esa extraña tierra llamada Asgard, le parecía todo tan irreal como un sueño al pensar que él ya no se encontraba en este mundo. Poco después de eso ella había decidido mudarse al cuarto de su prometido con la excusa de que era más espacioso y podría dormir cómodamente con Iris. Pero ella sabía que la realidad era otra, el estar allí la hacía sentirse más cerca de Ranma, por las noches ella podía recordar sus aventuras, sus momentos juntos tan escasos como queridos y aquellos pocos pero preciosos días de felicidad que gozaron después de su retorno. Las porfiadas lágrimas regresaron al recordar nuevamente su partida. Akane buscó entonces bajo el cuello del pijama hasta sacar una piedra púrpura que colgaba de una hermosa y delgada cadena. Nunca se separaba de ella, esa hermosa gema de extraño y mágico resplandor le recordaba constantemente que su nueva relación con Ranma no era sólo un sueño, sino algo real. Con dulzura acarició sus labios con los dedos recordando la suave sensación de sus besos, con sus brazos rodeó su propio cuerpo queriendo buscar algún vestigio del calor de Ranma cuando la estrechaba con fuerza.

Mirando nuevamente el paquete sobre el escritorio se le ocurrió una extraña idea. Levantándose nuevamente, se abrigó con una pesada chaqueta y dejó la habitación.

La escalera quedó apoyada contra el borde del tejado, con algo de dificultad y bastante frío Akane trepó hasta el techo. Ya arriba caminó hasta llegar a aquel sitio donde tantas veces subiera Ranma para estar a solas. La vista era hermosa, se podía ver el mar de luces en que se había convertido el centro del distrito de Nerima, ¿por eso es que le gustaba tanto ese sitio? Miró hacia el cielo y murmuró algunas palabras que apenas podían ser escuchadas por el viento.

—Por favor te ruego, mamá, que alguien se acuerde de Ranma en este día, el no tiene a nadie con él ahora, no es justo, ¡yo quería estar con él!

Dejó escapar una lágrima solitaria, mientras estrechó fuerza entre los dedos el paquete de regalo y la brillante gema púrpura.

—Pero yo no puedo. Mamá, te pido que lo acompañes, ¡qué alguien se acuerde de él, que no esté solo! Que donde quiera que esté sienta hoy cariño, que no se sienta lejos de casa, que piense en mí… como yo en él.

Con la mano limpió su mejilla sin dejar de pedir en su silenciosa plegaría con toda la fuerza que existe en su corazón por aquél al que deseaba ver con tanto anhelo.

—Un día —prometió—, un día, lo juro, te daré mi regalo en persona, Ranma. Espera un poco más, sólo un poco.

Las lágrimas la traicionaron de nuevo, pero estaba sonriendo, porque Ranma le dijo una vez que le gustaba verla sonreír, que así se veía más linda. Era su cumpleaños, así que le daría el gusto en todo, sonreiría como nunca antes lo había hecho mirando las estrellas esperando que en una de ellas su amado pudiera verla y sentirse dichoso con ella.

— ¡Feliz Cumpleaños, Ranma! —Akane gritó con todo el corazón—. ¡Te amo, te amo, nunca lo olvides!

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Ranma entró en su habitación, como el resto de los soldados él tenía un pequeño cuarto con una ventana que daba a una espléndida vista a la ciudad y al hermoso tronco de Yggdrasil, con un pequeño escritorio al lado de la cama de líneas simples y un ropero para los distintos tipos de uniformes que tenía, más unos soportes en la pared para colgar las correas con las armas y equipos. Suspiraba cansado, tantas emociones en un día lo tenían completamente agotado. Jamás en su vida había sentido cosas así, pero trataba de mostrase tranquilo controlando lo mejor que podía sus propias emociones.

— ¡Feliz cumpleaños!

El joven teniente dio un salto atrás al ver a Rashell y Méril apareciendo en la oscuridad para sorprenderlo, por poco desenfundó la katana.

— ¡Geez! ¿Ranma, qué pasó, qué no eras tan hábil, señor teniente? —Rashell dijo al verlo tan pálido todavía con los ojos abiertos como si no comprendiera todavía lo que había sucedido.

Méril rió con la broma mientras que Ranma reaccionando le propinó un fuerte coscorrón a Rashell que hizo eco en el pequeño cuarto.

— ¡Ah, ay, ay, ay, ay, pero qué carácter!, geez —con ambas manos en la cabeza y algo agachado se quejó—. Vaya manera de agradecernos nuestra preocupación.

Ranma ya más centrado los observó con notoria sorpresa.

— ¿Se puede saber qué demonios están haciendo aquí?

—Pues ya te lo dijimos, hemos venido a felicitarte por tu cumpleaños —dijo Méril.

—Y a traerte personalmente nuestro regalo —agregó Rashell—. Aunque ya me estoy arrepintiendo de ello.

Los tres rieron con la broma, Ranma se veía nuevamente emocionado por el gesto de sus amigos, era la primera vez que sentía un vínculo de amistad tan fuerte como no lo tuvo jamás en su vida anterior en Nerima, ¿qué significaba eso de amigos que se preocupaban por él, que no lo amenazaban cada dos por tres ni trataban de hacerle alguna jugarreta? Se sentía relajado con ellos, confiado, eso también era nuevo para él.

Rashell sin decir más tomó del escritorio un par de copas de cristal que tenía preparadas con anterioridad, Ranma al notarlo se sintió algo tonto por no haber reparado en ellas antes, tal era el cansancio que tenía que ni siquiera se había percatado de eso. Méril traía consigo una extraña botella que destapó al instante.

— ¿Qué demonios es eso? —Ranma preguntó algo temeroso—, ¡por favor, no más licor, que si sigo así dentro de poco andaré peor que Sergus!

—Pero este es especial, amigo Ranma —contestó Méril.

— ¡Geez! Sólo limítate a probarlo, no te arrepentirás —agregó Rashell risueño.

Ranma no se pudo negar, acercando lentamente la copa a sus labios dio un pequeño sorbo. Al reconocer un familiar sabor y aroma miró a sus amigos sorprendido.

— ¿Sake?

—Sí, sake, auténticamente originario de Midgard —dijo Méril—. Rashell pensó que tú cumpleaños deberías celebrarlo como en tu tierra, para que te sintieras en casa, o casi.

Sin poder responder Ranma se quedó en absoluto silencio, pero sus ojos lo hicieron por él. Era tan difícil controlar sus emociones al pensar en los amigos que ahora él tenía, podría sentirlos casi hermanos de sangre, compañeros de batalla jugándose siempre la vida, lugar donde los hombres forjan vínculos que difícilmente el destino puede deshacer.

— Espera, geez, ¿creías que eso era todo?, no me subestimes —Rashell sirvió una segunda copa, que con todo respeto la dejó en el escritorio abriendo la ventana para ver el frío y estrellado cielo de Asgard. Frente a la copa estaba la foto de Akane.

—Si nos disculpas, Ranma —dijo Méril.

—Nosotros nos retiraremos —continuó Rashell—. Feliz cumpleaños de nuevo, espero disfrutes de nuestro regalo.

— ¿Pero a qué te refieres? —Ranma preguntó confundido.

Méril ya había salido, pero Rashell se quedó atrás dejando la botella de sake en la habitación.

—Muy simple, Ranma, ya te lo dijimos, el mejor regalo que podemos ofrecerte es hacerte sentir en casa. A pesar de que lo único que pudimos hacer fue conseguir un poco de Sake, pero también creo que ayudaría un poco que esa linda señorita te haga compañía. ¡Geez!, ¿qué más puedes necesitar?

Sin más decir desapareció cerrando la puerta a sus espaldas. Ranma se quedó unos minutos en absoluto silencio, con la copa de sake en la mano miró las estrellas. Se acercó al escritorio y con un ágil movimiento se sentó en el borde de la ventana. Después de un rato de mirar el cielo se fijó en la fotografía de Akane sobre el escritorio, con la copa que su amigo dejara a su lado.

—Como me gustaría que en verdad estuvieras aquí.

Con un suave movimiento bajó la mano y con su copa golpeó suavemente la otra delante de la fotografía haciendo un brindis imaginario con la única persona con qué deseaba celebrar ese momento.

—Gracias por todo, Akane, el sólo pensar en ti, saber que me amas y que me esperas es el mejor regalo que puedo tener.

Ranma alzó la copa bebiendo un poco antes de seguir mirando las estrellas y la oscura silueta de Yggdrasil adornada por pequeñas esferas de luz como si fueran cientos de luciérnagas de colores distintos. En aquel momento todas las emociones acumuladas durante el día al fin hicieron mella en su joven alma y una lágrima solitaria cayó sobre el contenido de la copa, endulzando el sake con felices recuerdos.

—Qué extraño, acabo de recordar ahora cuanto te gustaban las luciérnagas. Si estuvieras aquí para ver esto conmigo, Akane.

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Continuará