Capítulo Siete
Tipos de movimientos
Ninguno tenía idea del tiempo que llevaban en aquel muelle besándose. Lo cierto era que, desde que cerraron la distancia entre sus cuerpo, no se habían vuelto a separar. Al menos que, alguien quisiera tener en cuenta los escasos y fugaces segundo en los que tomaban aire.
Sakura tenía el cerebro embotado. Como resultado del sutil pero sustancial cambio en la intensidad del roce de labios. Hacía minutos que la fase de reconocimiento había dado el paso a una muy sensual. Él era un hombre muy sensual. Y sus labios, su boca y su lengua le estaban proporcionando todo el material necesario para no quererse moverse de allí. Para no querer librarse del agarre posesivo y controlado que rodeaba su cintura. Del paseo que aquella mano por su cuello.
La idea de proponerle irse o moverse a otro lugar, estaba tomando forma. Para seguir con lo mismo, contando con más comodidad y con más confianza y es que sin duda, esos meses que había sumado sin tener sexo, se le habían acumulado de golpe y querían como saldo de deuda a Sasuke Uchiha.
De repente dejó de sentir la calidez de su boca sobre la suya. Y eso le obligó abrir los ojos. Él no se había ido a ningún lado, de hecho apenas había movido la cabeza para contemplarla. Una mirada negra con un brillo singular le hizo tragar con pesadez. Aquellos ojos paseaban de sus labios a su campo de visión tratando de interpretarla.
– ¿Tienes frío? –le preguntó llevando las manos a su rostro, para acariciarle las mejillas con los pulgares.
–No. –respondió. –Puedo estar pensando en cualquier cosa en éste momento, pero ninguna tiene que ver con clima.
Lo vio esbozar una sonrisa torcida.
–Tienes las mejillas sonrosadas y calientes –agregó.
–Sí, pero no tiene nada que ver con el frío. –aseguró.
La sonrisa se amplió aún más.
– ¿Quieres hacer algo más? Tomar unas copas, bailar, quizás.
–La verdad es que no gustaría poner un pie en una discoteca por un tiempo –ironizó.
–Qué idiota. –soltó insultándose. –Lo siento –agregó. –Pero, en realidad, me distraje bastante con lo que estábamos haciendo.
–No hay problema. –aclaró, sonrojándose. –En cuanto a las copas, tengo un juego muy bonito y una botella de vino decente en mi apartamento.
– ¿Estás proponiendo que, nos emborrachemos en tu apartamento?
–Sí. Te estoy invitando a que nos emborrachemos en mi apartamento.
Con aquella confirmación ella tomó la iniciativa de dejar el lugar. Así pues, volvieron al restaurant para poder abordar el auto y marcharse al lugar acordado.
Él no quería hacerse ninguna idea sobre la propuesta que le habían hecho hacia unos minutos. Se encontraba manejando, dividiendo su atención entre las luces, señales de tránsito y el tema de conversación que estaban sosteniendo. Sin embargo, otra parte de su mente se encontraba procesando la información sobre lo que había compartido con ella. Sakura es una mujer transparente. Se le nota que, a pesar de lo que podría considerarse una corta edad, era una mujer cómoda consigo misma, rasgo personal que le permitía hacer que los demás se sintieran cómodos con ella. Y lo sabía porque justo se encontraba experimentándolo.
Era singular y hasta fascinante. Ella le había invitado a su apartamento a tomarse unas copas y no había razón o motivo para pensar otra cosa, aunque existiesen las opciones.
Ambos descendieron del vehículo en el estacionamiento del apartamento, retomando el tema de los momentos y las penurias de un estudiante de la universidad. Al entrar en el apartamento, ella se quitó su chaqueta y le pidió que hiciera lo mismo con la chaqueta de su traje, quedando ambas en el ganchillo de la cara posterior de la puerta principal. Sin muchos rodeos, la vio extraer la botella de vino de la nevera y tomar dos copas. Le hizo seña de que la siguiera al salón de estar. Estando ubicados en el cómodo sofá, la pelirrosa sirvió las dos copas generosamente y luego le extendió una.
–Salud –deseó el pelinegro.
–Salud –repitió, rozando ligeramente su copa con la de él. –He de disculparme que la botella estuviese abierta. –excusó. –De seguro mi mamá o mi tía degustaron el martes a mis espaldas.
–No hay problema –admitió él, dando el primer sorbo. –Está bueno. –aprobó.
–Sí que lo está. –apuntó saboreando el líquido. – ¿Algo en particular de lo que quieras hablar?
–Veo que te gusta mucho conversar –bromeó.
–Me ha traído muchos más inconvenientes de los que me gustaría, pero sí, me gusta conversar. Dicen que es un gesto poco común en los hijos únicos.
–Hija única. –atajó. – ¿No quisiste tener hermanos o hermanas?
–Sí, pero no dependía de mí. –se rió. –Acosé mucho tiempo a mis padres por un hermano o hermana. Pero con el tiempo, tanto mamá, papá y yo descubrimos que mamá tenía un tipo de impedimento. Según los doctores, fui prácticamente un "bebé milagro" –enfatizó haciendo comilla con los dedos. –Así que, la respuesta real es que no dependió de nosotros. –concluyó. – ¿Qué tal es tener un hermano? –le preguntó viéndole de frente.
–Es un lío. Un lío muy divertido. –acotó. –En mi mente, Itachi siempre estuvo preparado para tenerme cómo hermano, siempre estuvo allí, nunca tuvo celos de mí, jamás ha sido egoísta conmigo. En cambio, yo si sentí todas esas cosas, porqué quería parecerme lo más que pudiera a mi hermano, pero, por alguna razón, siempre me animó y me empujó a ser diferente. –hizo una pausa. –Creo que comprendí de que iba el asunto de tener hermanos cuando estaba por entrar en la universidad. Luego, todo encajó cuando se convirtió en padre porqué me hizo tío en el proceso y todas las cosas que no que parecían tontas o absurdas, ahora tienen todo el sentido del mundo. –agregó.
Y sí, ella le estaba mirando con una ternura desbordante.
– ¿Puedo hacerte una pregunta justo ahora? –soltó ella.
–Puedes –accedió.
– ¿Esta será la primera y última vez que estaremos así?
Hubo una pausa.
–No, no quiero que sea la primera y última vez. Porqué…– susurró acercándose lentamente.
– ¿Por qué?
–Porque, me gustas. –admitió.
–Y tú a mí. –correspondió. –Pero no podemos hacernos la vista gorda con la universidad. –atajó.
–Es verdad. –coincidió. –Sin embargo, y después de todo, creo que no es problema de nadie lo que hagamos fuera de la universidad.
–Entonces, solo nos comportamos como profesor y alumna dentro de la universidad. –reiteró.
–En efecto. –sentenció. –Solo espero que no te hayas hecho ilusiones con tener mejores calificaciones o beneficios, en eso si soy bastante imparcial. –se mofó con un fingido tono serio pero sin dejar de ser honesto.
–No dudo que seas imparcial –aceptó ella riéndose muy cerca de sus labios. –Pero también espero que no dudes de que soy muy capaz de obtener y mantener mis calificaciones yo solita ¿de acuerdo? –insistió.
–De acuerdo –susurró volviendo a besarla. Llegando a la conclusión de que podía acostumbrarse muy rápido y sin aburrirse a todo lo que ella quisiese darle. Porqué ella tenía a flor de piel todas ésas cosas que él se reservaba. Ella podía ser dulce aun y mientras le mordía el labio incitándolo, llevándole por el camino donde la tentación cobra su forma.
Cómo hombre que había decantado y comprobado su preferencia por el sexo opuesto, Sasuke sabía que el plano del placer a una mujer había que darle mucho en qué pensar. Cómo médico era como prescribir de distintas maneras el alivio para las dolencias.
Por ello, dirigió su mano al cuello de ella y la atrajo hacía su cuerpo, sin dejar de besarla. Reparando en cómo ella dejaba las manos abiertas sobre su pecho para darse apoyo, arrugando el material de su camisa con los dedos en el proceso, a medida que el contacto se iba intensificando.
Al cabo de unos minutos ambos respiraban pesado. Y ante la vibra que se palpaba en el ambiente, el Uchiha quiso estar seguro de algo.
– ¿En qué piensas? –le preguntó, apartándole unos mechones rosa del rostro. Lo que le permitió ver cómo ella se mordía el labio antes de responderle.
–Pienso en que… Me gustaría tener sexo contigo, pero creo que es demasiado pronto.
Él sonrió con ganas.
–Ése es el detalle del sexo –acotó. –No es demasiado tarde o demasiado temprano. Es lo que es.
Ésta vez fue ella quien sonrío.
–Ésa es la respuesta de alguien que estaba sorteando sus posibilidades. Pero, es caballero y le reserva a la dama el peso de la decisión. –atajó.
–Cierto. –concedió. –Igual, creo que debes tener en cuenta que así quieras o no, voy a quedarme, hasta que me pidas lo contrario –hizo una pausa. –O por lo menos hasta que me llamen por alguna emergencia. –bromeó.
Por un par de minutos ambos se sostuvieron la mirada.
–Bien –soltó ella. Y la vio incorporarse, para pasar la pierna derecha hacia el otro extremo del sofá, quedando así sobre su regazo.
–Bien –resopló. Tomando lugar hasta quedar sentado, dirigiendo una mano a su cuello y la otra hacia su cintura.
Sakura podía estar totalmente de acuerdo en que le escatimaran a ella toda la responsabilidad de haber iniciado aquella sesión de faje cadencioso sobre el cuerpo de la persona que toda su faz clamaba. Estaba muy segura de ello.
Pero, también estaba segura de que ése pensamiento de tener sexo con él justo ése día le parecía muy precipitado. Y sí ése razonamiento, no la dejaba seguir.
–Sasuke –le llamó invitándole a tomar una pausa y el aceptó. –Sé qué haces unos minutos estuve de acuerdo con que todo pasara, pero…–
–Pero ¿No lo estoy haciendo bien? –inquirió mirándola muy de cerca.
–No es eso. –se apresuró atajar. –Soy yo. Sigo pensando que es muy pronto.
–Está bien nena –susurró. –Si no quieres, no quieres.
–Es que el detalle no es que no quiera, sino que…– trató de argumenta.
– ¿Te sientes conflictuada? – intentó adivinar.
–Sí, ésa palabra se acerca bastante. –admitió sonrojándose.
–No tienes que sentirte apenada –agregó tomándole el rostro con ambas manos. –Ya te dije que no pienso irme. Además, creo que ambos podemos manejar el poder dormir juntos sin que eso se traduzca en tener sexo. –concluyó.
–Entonces… ¿No estás molesto? –ella quería estar segura.
–No lo estoy –asevero. –Pero, creo que si sería prudente que tomáramos otra posición –señalo paseando la mirada desde su rostro hasta el lugar dónde su cuerpo y el de él se encontraban.
–Oh, claro –advirtió situándose a su lado.
Estando plenamente consciente de que ambos debían relajarse, la pelirrosa recurrió a una de sus mejores habilidades: hablar, comunicarse.
Así pues, se sumergieron en una extensa y sustancial conversación sobre gustos, intereses, pasiones y placeres. El tiempo parecía no escurrirse y los temas de conversación no escaseaban. Fue hasta que el móvil de Sasuke timbró sobre algún recoveco del mueble. Fue ella quien lo ubicó y se lo pasó. El Uchiha se dio cuenta de que el dispositivo había timbrado en aviso de poca batería. También, reparó en que eran entradas las tres de la mañana.
–Son las tres y dieciocho de la mañana –indicó, soltando un bostezo apagado.
–Bien ¿Quieres dormir sin tener sexo? –preguntó divertida.
–Sí, quiero –aceptó.
–Ven conmigo –le pidió tomándole la mano.
Ella le condujo por el pasillo hasta su habitación, hasta que dieron con la puerta y el interruptor de la luz. Fue allí, donde él pudo reconocer que en efecto ella tenía muy buen gusto para diseñar. La habitación era blanca, con una gran ventana situada en el extremo derecho, estaba llena de estantes, libros, esculturas y artesanías. Una mezcla entre bohemia, minimalista y un tanto lujosa.
–Voy a buscarte algo cómodo –comentó moviéndose hacía el otro extremo dónde había una especie de vestier o closet. En unos segundo ella volvió con un pantalón largo y una camiseta. –Son de mi papá –le dijo, refiriéndose a la ropa. –Puedes usar el baño si gustas. Del gabinete puedes tomar un cepillo de dientes nuevo.
Él asintió descalzándose. Y sí había un baño dentro de la habitación.
Ella también procedió. Se enfundó en una pijama con corte de hombre hecha para damas, se cepilló los dientes e hizo pis en el baño del pasillo. Volvió a la habitación, justo cuando él salía del baño.
Ambos procuraron poner a cargar sus teléfonos y con mucha tranquilidad se metieron en la cama, él quedo en el extremo derecho y ella en el izquierdo, fundiéndose en una posición y abrazo caluroso necesario en una de esas última noches frías de la primavera.
Tras una noche muy larga y de poco sueño conciliado, Naruto Uzumaki era un hombre con un debate existencial muy grande, tan grande que con el asomo de un nuevo día, tuvo la certeza que no podría atravesar otro con el mismo grado de incertidumbre. Por ello, necesitaba hablar con alguien y necesitaba hablar con alguien ya.
Buscó entre el registro de llamadas de su móvil uno de sus contactos más frecuentes y marcó. Lo que el rubio no sabía era que, la persona que debía contestar del otro lado de la línea estaba sumido en una especie de sueño fantasía.
Sería el tercer o cuarto intento de llamada, cuando el profundo sueño del Uchiha se vio perturbado por un ligero zumbido. Intentó incorporarse para coger el objeto recién identificado pero, el peso de otro cuerpo no se lo permitía, dejando que la llamada se perdiera, reparó en la identidad de aquella figura, que respiraba muy cerca de su pecho, reposando sobre su propio costado.
Atrapado en una especie de trance, se dejó sumir en la contemplación muda de su acompañantes, determinando que, hasta ahora, la tentación no se le había presentado de manera tan dulce. Sin embargo, el teléfono volvió a vibrar, obligándole a separarse de ella para tomarlo, tenía 4 llamadas pérdidas y 3 mensaje de texto de su rubio colega.
A las 8:38 a.m.
–Estaba durmiendo ¿Qué sucede?
Naruto Uzumaki a las 8:39 a.m.
–Necesito hablar con alguien, es urgente.
A las 8:39 a.m.
–¿Pasó algo grave?
Naruto Uzumaki
–Una inquietud que no me deja vivir.
A las 8:40 a.m.
–Qué oportuno. Nos vemos a las 10:30 en el café de Gemma.
A las 8:40 a.m.
Naruto Uzumaki
– ¿No puedes justo ahora?
A las 8:41 a.m.
–No, no puedo justo ahora. Y de seguro que estás exagerando.
A las 8:41
Naruto Uzumaki
– ¡No estoy exagerando!
A las 8:42 a.m.
–Te dije a las 10:30.
Inhalando profundamente, el Uchiha puso de nuevo el móvil en la mesa de noche y volvió su atención su compañía, la cual se removía en sus brazos.
En cuestión de segundos aquellas cejas rosas se plegaron indecisas para develar dar a luz a una tonalidad de verde sin igual, al punto de le provocó una sacudida en el estómago. Ella parpadeó varias veces, como tratando de situarse en tiempo y espacio, su sonrisa le saludó antes que sus palabras.
–Hola –susurró.
–Hola –respondió acomodándose sobre su costado, igual que ella. –Te desperté.
–Creo que sí. Aunque no es como si quisiera seguir durmiendo –admitió.
–Ha de ser las copas de vino que tomaste anoche –enfatizó.
–Tampoco es que fueron muchas –trató de defenderse.
Él se echó a reír.
En respuesta la pelirrosa fingió empujarlo. Rápidamente, el bloqueó todo intentó, cobijándola en un abrazo casi asfixiante, buscando con los labios un espacio en su cuello. Provocando que ella suspirara en señal de derrota.
Y así dio inicio a una pequeña sesión de caricias y besos de reconocimiento matutino, el cual progresó sin mucho esfuerzo, él fue aflojando el agarre casi sin darse cuenta y ella aprovechó para apretarlo y estrujarlo a su antojo.
–Creo que tengo hambre –susurró la pelirrosa haciendo una pausa en la cadena de besos que dejaba caer sobre el rostro del pelinegro.
–Creo que tienes frío –atajó, aun saboreando la sensación y las cosquillas de tus besos.
–No tengo frío –quiso reiterar.
–Yo creo que sí –Y con toda la intención de dejarle en claro de qué estaba hablando, la abrazo de nuevo, juntando pecho con pecho. Justo, entonces ella cayó en cuenta… sus pezones.
–Muy sutil –le reprochó. –Bien sabes que se trata de una respuesta involuntaria del cuerpo.
–Involuntaria, claro.
Ella buscó una almohada a tientas para estampársela en la cara y él no hizo resistencia.
– ¿Y qué pasa si la respuesta no es del todo voluntaria?
–Que me sentiría muy halado. –admitió.
– ¿Nada más? –insistió.
–Lo demás depende de ti.
La pelirrosa se tomó unos segundos para verlo de cerca, para detallarlo y convencerse de que podía proponerle aquello en lo que estaba pensando.
–Tengo una propuesta.
–Escucho atento.
–Justo ayer o mejor dicho hoy en la madrugada te mencione que quiero esperar a tener sexo contigo. Pero, tengo mucha curiosidad y por ello, me gustaría explorar. Mejor dicho, que nos exploremos el uno al otro. –expresó.
–Todo lo que tu libido quiera, nena. –esbozó, encantado con la manera en la que ella proponía las cosas. –Solo quiero aclarar, ¿Podemos hacer cualquier cosa exceptuando de momento la penetración?
–Sí, eso en resumen. –aceptó ella.
–Puedo vivir con eso. –aclaró, tomando posición sobre ella, buscando su oído. –Hasta que estés lista, claro. –Y aquellas palabras tuvieron el efecto que él buscaba, le convulsionaron los sentidos.
Sakura no había salido del letargo de aquellas palabras cuando el espacio entre sus labios se cerró y aquel beso le propinó un cortocircuito. Le respondió como pudo y tratando a su vez de provocarle la mismas sensaciones, asimilando que tenía un espléndido arquetipo de hombre sobre ella. Y sin más, se aferró a él por la espalda y poco a poco le fue haciendo espacio entre sus piernas.
Los roces de su carne con la de él aún sobre la ropa, le hacían suspirar y gemir consecutivamente. Y a diferencia de sus experiencias pasadas, éste hombre no buscaba acelerar, si no, profundizar. El espacio, el agarre y los besos.
Sus manos de dieron a la tarea de reconocer la superficie de aquellos brazos, sus hombros, cuello y espalda. Fue ella quien se deshizo de la primera prenda de ropa y fue la camiseta de él.
Mientras, él se adentraba en los pliegues de aquella pijama. Y cuando su mano se cerró sobre la cumbre de uno de sus senos, el resuello de placer rebotó en la boca de cada uno.
Él se entretuvo bastante, dibujando en su mente el color y las formas de aquel par, regocijado en el hecho de sus caricias le provocan a ella el mismo placer que el sentía por estar tocándola. Sin embargo, al poco tiempo, fue el quien tuvo que suspirar, pues ella había finalizado el recorrido entre su pecho y abdomen para dirigirse y aferrarse al sitio dónde se concentraba todo su deseo.
Aquel vaivén sobre su carne, era seguro, determinado y definitivamente no le estaban dejando ser persona. Fue allí cuando tomó el borde de la camiseta de su pijama y preguntó con la última reserva de decencia.
– ¿Puedo?
Ella asintió frenéticamente.
Sin mirar y sin apartarse de sus labios corrió los botones y la prenda, arrojándola algún punto bajo sus pies. Entonces, se deleitó con la vista. Eran cremosos, pequeños y respingones, se le hizo agua la boca. Y con la ceremonia que ameritaba, hizo el recorrido de su boca a sus pechos, cerrando el paso en la cumbre. Con todo y que aquello resultaba un trato placentero para ambos, en algún punto, ella tomó la mano que paseaba se paseaba entre su abdomen y vientre y la condujo al interior de sus muslos, cuando el captó el llamado, la pelirrosa se dio a la tarea de deshacerse del resto de su ropa, recibiendo ayuda de él para despojarlo de la suya.
Así entonces, estuvieron ambos desnudos, ella acostada y él reposando sobre su costado, pegado a ella, acariciándole y dejándose al mismo tiempo. Sus dedos fueron recibidos por la calidez y humedad más deseable del mundo. También, estaba la sensación de poder hacerla sentir, arquearse y gemir de acuerdo a su voluntad y agilidad. Sin embargo, ella seguía haciendo su magia en él, no le daba tregua. Y aunque, estaba seguro de que aquellas caricias le estaban minando las fuerzas, no iba a permitírselo, no antes que ella.
Bastó un par de idas y venidas de sus dedos sobre aquel monte para encontrar la maravilla y ella lo reconoció con un gemido estrangulado.
–Oh sí, justo allí.
Con esa certeza, el Uchiha reunió toda su sapiencia profesional y humana en la punta de sus dedos, para llevarla a la cúspide. Para asegurarse no apartó la mirada del rostro de su acompañante, embelesado por la manera en la que aquellas cejas se juntaban, como los párpados se cerraban con fuerza, como su boca se abría, los dientes se cerraban sobre los labios, como el agite de sus caderas y la curva de su espalda coincidía con el ritmo que marcaban sus dedos. Hasta que, ella liberó el agarré sobre su carne y las piernas comenzaron a temblarle.
–Me voy a… –le susurró. Justo entonces, él volvió a buscar sus labios y ella pudo corresponderle hasta que tuvo se vio en la necesidad de gritar. Solo cuando el estremecimiento empezó a ceder, el pelinegro dio descanso a sus dedos, pero no apartó la mano de allí.
Se deleitó al ver la lucha de ella por recobrar la compostura. Poco después de regularizar la respiración, volvió a mirarlo.
–Todo lo que mi libido quiera ¿eh? –inquirió.
–Así es.
Ella se acercó y le dio un beso suave y relajado.
– ¿Qué hay del tuyo? –atajó refiriéndose a la dureza que le rozaba la cadera.
–Está a la expectativa –susurró.
–Veamos qué tal le sienta una ducha caliente.
Ella se levantó primero de la cama y lo invitó cogiéndole de la mano lo condujo al baño privado, dónde como conocedora por defecto del lugar, puso andar todo con facilidad. Pronto, lo colocó debajo de la lluvia de agua tibia, le masajeó y enjabonó todo el cuerpo. Y llegado al punto de sentencia, ella volvió a tomarlo y acariciarlo como podría gustarle.
– ¿Te gusta? –le preguntó.
–Mucho –respondió en un gesto casi orgásmico.
Al cabo de unos minutos ella le vio llevarse ambas manos a la cara en señal de deleite, para luego llevar una a su cuello, atrayéndola para besarla con hambre.
–Ya. –le avisó, entonces el gruñó con la boca abierta sobre sus labios, viendo apenas como su orgasmo se escurría por el vientre de ella y desaparecía con el agua.
–Y pensar que este es solo primer el día –comentó la pelirrosa.
–No tienes una idea –aseveró él. Dándose ambos la tarea de ducharse debidamente.
Una hora y tanto después, la recién formada y secreta pareja, terminaba de compartir el desayuno en el que ambos habían participado efusivamente.
– ¿Qué planes tienes para hoy? –le preguntó apartándole un poco el cabello húmedo de la cara.
–He de ver a Naruto a las diez y media –comentó.
–Faltan menos de diez minuto para eso –puntualizó ella, viendo la hora en su teléfono.
–Puede esperar –soltó encogiéndose de hombros.
–Sasuke –le reprochó.
– ¿Qué? –lanzó. –Tú eres mucho más interesante que él. –concluyó.
Ella sonrío.
–Es tu amigo desde hace mucho tiempo –razonó.
El pelinegro se dio a la tarea de beber el jugo servido.
–Ve con él. Al terminar, me escribes. Voy a estar aquí, estudiando.
–De acuerdo –accedió.
Sin darle derecho a réplica, Sakura despacho al pelinegro en la entrada de su apartamento, éste se dejó, en parte refunfuñando alguna cosa.
Así sin más, fue al estacionamiento y se encaminó al punto de encuentro con el rubio. Al llegar a éste, un joven mesero le dirigió a la mesa en la ya se encontraba su amigo.
–Llegas tarde, pedazo de idiota –masticó el rubio.
El cual reparó en que su compañero ni siquiera se inmutó, lucía demasiado relajado y despreocupado.
- Notas:
Hola de nuevo, espero se encuentren muy bien.
Nos leemos de nuevo y con el capítulo 7. Y honestamente, me cuesta creer qué ésta historia ya vaya por éste número de capítulo, cuando, originalmente en un two-shot y también era un pequeño desastre a nivel de desarrollo de historia. Si se fijan, la primera vez que subí esta historia era el 1 de Febrero de 2009, eso significa que van pronto serán 10 años escribiendo o por lo menos intentándolo. Y para mí eso significa muchísimo, porqué hace poco o más de 10 años decidí aventurarme por el universo de la escritura, sin tener idea y sin esperar nada a cambio de nadie, pero, sin duda he aprendido muchísimo sobre mí misma, teniendo al mismo tiempo, la oportunidad de conocer y vincular con diferentes personas en el proceso.
No les conté, pero en diciembre del 2016, conocí en persona a una chica que seguía mis historia desde que estaba en los últimos años de bachillerato, que fue el período en el que decidí escribir historias sobre los personajes de Naruto. Ella es colombiana y yo venezolana y vinimos a encontrarnos en Bogotá, cuando ella estaba realizando sus pasantías de medicina y yo estaba haciendo mi primer intercambio. Lo curioso del encuentro es que aparte de ambas sentimos que nos conocíamos desde hacía un montón de tiempo, poco hablamos sobre el origen de nuestra amistad, pero si caímos en cuenta de que nos teníamos una confianza desbarrancada. Por alguna razón, ella conectó con lo que escribía, que al momento, no tenía idea de que eran mis emociones y frustraciones canalizadas de otra manera. Como si mis emociones y sentimientos no correspondidos hubiesen encontrado un final feliz real en mi imaginación y eso me ayudó a sanar y a procesar muchísimo.
Lo que creo que en resumen trato de decir es que, estoy sumamente agradecida por la respuesta que tienen las cosas que escribo y que es conmovedor que alguno de ustedes pueda comparar detalles con cosas de su vida. Antes, me preocupaba mucho el detalle de los reviews, favs y demás, pero créanme que soy feliz con sea lo que sea que ponga aquí les pueda generar algo y que además soy feliz con sea lo que sea que pongo aquí.
Al punto, de que estoy por llevarlo o aplicarlo a otros niveles de mi vida. Sepan que, estas historias son casi un completo anonimato, si bien, mi mamá y algunos amigos saben que escribo, no saben sobre qué, ni dónde, pero, creo que llegado el punto, revelaré un poco más sobre eso. Mientras, se queda con ustedes.
Ahora bien, dejando de lado la filosofía, les quiero comentar sobre el capítulo. He de decirles que, todo iba bien hasta que decidí llevarme a Sasuke y a Sakura al apartamento de ésta última. Justo cuando creí que los iba a llevar a la cama de una, decidí que no, que iba a madurar el encuentro de una manera muy sensual, la mejor que pudiera ocurrírseme. Paralelamente, me sumí en una especie de lapso en el que vi muchas series y películas para poder conectar con otras influencias, ya que, es su concepción original ésta historia terminaba con el lemmon y estaba segura de que no era el momento de que la pareja tuviera sexo, pero sí quería dar un preview de la clase de química que podrían tener en las sábanas, así que allí tienen.
En ésta oportunidad, me gustaría interactuar un poco más con ustedes, así que les agradecería muchísimo si a través de sus reviews pueden entrar en detalles sobre lo que les gustó y lo que no. Teniendo esto en cuenta, recuerden que, les respondo vía PM, así que estén atentos-as.
Les quiero un montón y les deseo una bonita semana.
Un abrazo.
–R. Yellow.
