Furia

Un jarrón con más de trescientos años de antigüedad se estrelló contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos.

Rabia.

Una bella morena se dirigió a buscar algo más que romper, en medio de un tornado que podría haber pasado perfectamente por un extraño y atrayente fuego negro como el carbón.

Frustración.

¿Por qué? Era una de las mujeres más poderosas del Sistema Solar. Protectora de la Reina y la Princesa. La sailor del fuego. Por todos los dioses¿por qué no podía hacer nada?

Impotencia.

Tenía un mal presentimiento. Un horrible presentimiento, para ser más exactos. Era habitual en ella percibir cosas que para los demás, incluso para la Reina, eran imperceptibles. Había consultado el fuego y solo le había mostrado oscuridad y dolor; un dolor mucho más profundo que el que sufría en los duros entrenamientos a los que Venus las sometía.

No, no tenía nada que ver. Este era un dolor mucho más intenso y duro. Y el fuego no le mostraba a que se debía. Cada vez que lo consultaba, con la bendición de su protector Marte, siempre le mostraba lo mismo: una oscuridad profunda, dolor y, si tenía suerte, una figura que se le hacía muy familiar y no podía reconocer, envuelta por un hielo que esa horrible oscuridad iba consumiendo.

Tristeza.

Sabía que se acercaba algo. Algo oscuro, peligroso y que no podría evitar. Su fuego interno intentaba avisarla, decirle que disfrutara del presente, pues podría ser el último. Pero¿de dónde provenía ese peligro? Nadie había dicho nada de un enemigo próximo a atacar el Milenio. ¿Qué se suponía que debía hacer?

Duda.

Jamás había dudado de sus instintos. Nunca. Siempre, desde que era una niña, le habían guiado y le había ido bien. Cuando llegó al palacio para ser entrenada como sailor, al conocer a sus compañeras, estuvo segura de que estarían unidas por mucho más que el simple cargo de protectoras. Cuando Serenity empezó a hablar continuamente del Príncipe de la Tierra, sabía que aquello no era simplemente algo pasajero, un capricho de la heredera. Y cuando lo vio…sabía que, por muchos gritos, insultos, sarcasmos o miradas afiladas que intercambiaran, aquel rubio tan creído sería algo más que su homónimo en el cargo.

Y nunca, nunca, le habían fallado sus instintos, aunque jamás los hubiera compartido con nadie. Quería a sus compañeras como si la sangre que les corría por las venas fuera la misma; Serenity y Endimión habían arriesgado la integridad y el delicado equilibrio entre ambos reinos por verse, por estar juntos y amarse, aunque fuera en secreto. Y, por supuesto, aunque jamás lo admitiría ante nadie, había terminado enamorándose del sarcástico general terrestre. ¿Significaba eso que debía contar su mal presentimiento a alguien?

Miedo.

Siempre, siempre, había vivido con el terror de que sus premoniciones más oscuras se hicieran realidad. La muerte de su padre fue la más dura. No quería que lo que le mostraba el fuego se hiciera realidad. Eso significaría perder a todos los que quería.

Resignación.

Eran jóvenes y, sin embargo, las cinco habían tenido que soportar duras pruebas. No sabía si las imágenes que el fuego le mostraba llegarían a hacerse realidad, si llegaría a materializarse el terror que la invadía. Sin embargo, era consciente de que, aunque sus amigas y compañeras confiaban en ella, no creerían ni una palabra de lo que les diría. Ni ellas, ni la Reina ni el consejo.

Era mejor intentar tranquilizarse y esperar, rezar y suplicar que su instinto se hubiera equivocado, que esa maldición de ver el futuro a través de su protector hubiese fallado.

Olvidar sus temores y disfrutar del que, seguramente, serían sus últimos días de felicidad, con sus amigas y con él.

Aguantar, para siempre en su corazón, esa maldición que había caído sobre ella. Soportar la rabia, la impotencia, la ira y el miedo.

Sufrir en silencio, su tortura.

¡Hola!He vuelto después de un tiempo.La verdad es que juraría que había terminado con todas las sailors(si,porque no voy a hacer de Urano,Neptuno y Saturno),pero me equivoqué.Además,entre las fiestas navideñas y un proyecto que quiero terminar de una maldita vez,no me había acordado de esto.Bueno,vamos a lo que nos interesa:el capítulo.

La verdad es que no tenía la más mínima idea de como tratar el personaje de Ray.Puede ser porque es uno de los personajes a los que más me parezco,o yo que sé por qué,pero no sabía como tratarla.Y,de repente,esta mañana,mi amada mitología vino de nuevo en mi ayuda para darme una idea.La verdad,no me voy a poner a explicarlo aquí porque la historia es MUCHO más larga que lo de Talento oculto,pero si alguien quiere saberlo para entender mejor el sufrimiento de Ray,que me lo diga y yo contesto encantada.Creo que este es,junto al anterior,uno de los que más me ha gustado escribir,no se por qué.Lo que he intentado es transmitir a una Ray atormentada,triste e iracunda por no poder hacer nada,y me gusta como me ha quedado.Y,antes de que me pase lo mismo que en Conocimientos,aclaro:ese chico es Jedite,unos de los generales de Endimión.Y no creo que haga falta aclarar a que terrible presentimiento se refiere,¿no?Bueno,no me enrrollo más,me despido hasta la próxima vez.Espero que os haya gustado y que hayáis disfrutado leyendo tanto como yo escribiéndolo,y ya sabéis,si quereis saber algo,decídmelo y yo contestaré.

¡Besos y cuidaos mucho!