Título: ¡Cuidado con los ojos!
Sumary: AU- Un experimento ilegal basto para que la humanidad fuera expuesta a una gran plaga que tan solo existía en la ficción. Las esperanzas se pierden al igual que las vidas cada día, pero un grupo de jóvenes se levanta a pesar de los terribles pasados de sus miembros. —¿Enomoto? —¿Kisaragi?—Él está muerto— Recuerda, mentir es mi especialidad.—¡Detente!
Propiedad: Kagerou Project no me pertenece, si no a su creador. Oh sexy Jin. Tampoco me pertenece la canción ocupada, si no a Ray Charles.
Si quieren, pueden escuchar al principio Hit the road Jack para más emoción (?)
Capítulo 6
Viejos conocidos
(Hit the road Jack and don't you come back no more, no more, no more, no more.
Hit the road Jack and don't you come back no more.)
What you say?
Y ahí estaba Kisaragi Shintaro, en una situación bastante extraña y eso era mucho decir, pues los últimos minutos de su vida habían sido los más poco coherentes que habría podido imaginar.
(Hit the road Jack and don't you come back no more, no more, no more, no more.
Hit the road Jack and don't you come back no more.)
Maldijo al autobús, maldijo la puerta atascada, maldijo la radio que no paraba de repetir la misma canción y maldijo con todo su ser al chico que escapaba de él dentro del mismo vehículo. Llevaban media hora en vuelta y vuelta, donde el albino semi-desnudo saltaba por los asientos con pasajeros que ya habían pasado a mejor vida y evitando charlar como dos personas normales.
Nunca, NUNCA, había hecho tanto ejercicio. Entre saltar, correr e intentar no ser mordido por los oportunos caminantes que se levantaban cuando se les antojaba, ya había perdido algunos kilos en sudor. No quería ni saber cómo era su hedor.
Woah Woman, oh woman, don't treat me so mean,
You're the meanest old woman that I've ever seen.
I guess if you say so
I'm gonna have to pack my things and go.
(That's right)
Enomoto Takane observaba con tranquilidad, sentada desde el asiento del co-piloto. De vez en cuando desviaba la mirada con un rubor en sus mejillas, pues era…bueno, incómodo ver al muchacho desnudo.
¿Cómo se le había ocurrido tal insensatez de ayudar a Kisaragi?
Quizás fue nostalgia, o solo su curiosidad, pero al final ya estaba encerrada con ellos. Su armamento consistía en un par de pistolas, unas 10 balas y el cuchillo que portaba Kisaragi en su cinturón, todo inútil ante los casi 20 caminantes que intentaban romper la puerta delantera y los 5 en la trasera. Las ventanas eran demasiado resistentes para romperlas a golpes y una bala gastada equivalía a traer a más visitantes no deseados.
(Hit the road Jack and don't you come back no more, no more, no more, no more.
Hit the road Jack and don't you come back no more.)
¿Qué hacer?
Ahora eran dos.
¿Por qué querían robar SU comida?
Now baby, listen baby, don't ya treat me this-a way
Cause I'll be back on my feet some day.
(Don't care if you do 'cause it's understood)
(you ain't got no money you just ain't no good.)
Su estómago rugía de solo imaginar que tendría para comer y claro, donde lo tenía. Ya había revisado en su cabello y demás, pero nada de nada.
¿Y si ellos sabían dónde estaba? ¿Debería compartir su comida? ¿Ellos estarían tan hambrientos como él?
Well, I guess if you say so
I'd have to pack my things and go.
—Yo…—habló él con suavidad, mirando al piso— Les compartiré.
Sí, eso debía hacer. Compartiría con todos y así todos serían felices para luego jugar y tomar una siesta.
El chico de rojo se abalanzó hacía él, antes de que pudiera tocarlo se agachó. Un golpe tras su espalda indicó el feo golpe que habría tenido éste.
Lo sabía, era malvado. Ese chico quería robar todo para sí. No lo dejaría. Jamás.
Por el bien de la comida y todos los hambrientos.
(That's right)
(don't you come back no more.)
Uh, what you say?
Diez minutos más de persecución inútil para Shintaro.
— Kisaragi—le llamó Takane. Su molestia era percibida en sus palabras secas. —. La puerta no durará mucho, así que, ¿puedes dejar de acosar como psicópata a ese tipo y ayudarme a pensar en algo?
¿Psicópata? ¡¿Acosar?!
(don't you come back no more.)
I didn't understand you
—Nadie te dijo que vinieras—contra-atacó Shintaro. Takane frunció el ceño y con su puño rompió la radio antes de que siguiera con la melodía, pues ya le estaba alterando los nervios al igual que a él.
—Vine a ayudar.
— Me las podía arreglar solo.
— ¿De verdad? No lo parecía antes, cuando estabas a punto de llorar a causa del miedo.
Auch, eso dolió al orgullo.
—De todas formas, ¿qué haces todavía en la ciudad? Todos se fueron a refugios con tal de estar lejos de aquí. —dijo Shintaro apoyando su mano en un asiento algo sucio. — ¿Acaso quieres morir?
—Lo mismo te pregunto a ti. —con un suspiró ambos se sentaron a lados contrarios.
No podían con esto, ninguno de los dos.
El vidrio se trizó dejando caer algunos pedazos sobre el piso, con fervor las desagradables manos buscaban algo que sostener y llevarse a la boca. Ahora estaban jodidos, eso pensaban los dos jóvenes.
Ambos, amigos—o si se podía llamar así— que pasaban discutiendo en sus vidas escolares y que solo eran unidos por dos personas. Dos personas que ya no estaban, dos personas que hicieron que terminaran odiando al otro por traer tantos recuerdos. Pero no se podían engañar, seguían siendo amigos y lo indicaba aquella pelea verbal que ya habían iniciado.
— ¿No que eras un genio? ¿Dónde están tus neuronas ahora?
— ¿Aún estás resentida? ¡Vamos! Era solo un videojuego.
— Fue pura suerte, Kisaragi.
—Solo debes admitir tu derrota, Enomoto, no te comportes como una niña.
— ¡Lo debiste trucar!
—Pelear es malo—una voz suave y sin mucha emoción los sacó de todo. —, yo compartiré mi comida, así que no peleen.
La voz de la razón, con un tono tan convincente que casi hace creer que las palabras eran reales… Se miraron un segundo y volvieron a suspirar resignados. Algo cierto tenía, el pelear era un lujo inútil y el comunicarse con claridad ya era algo.
Shintaro se levantó y hurgó entre los pasajeros sacando algunas ropas sin tantas manchas y cortes, al final solo consiguiendo una camisa floreada y un par de sandalias que parecían tener el tamaño correcto. Volvió y lanzó a los brazos pálidos del muchacho.
—Toma, póntelos—dijo Shintaro sin ánimo— ¿Qué le paso a tu ropa?
Hubo un silencio bastante largo entre ver como el albino intentaba colocarse la camisa y los vidrios seguían sonando tortuosamente. Cansado de ver como los botones le eran labor imposible al chico y la cara de Takane tapándose los ojos más roja que su chaqueta, tomó botón por botón encajándolos y colocando la prenda con facilidad.
— ¿Quieres que te coloque los zapatos también?
El silencio otorga, se dice. Sin más le indicó que se sentará para proseguir con las "complicadas" correas que tenían las sandalias. Shintaro lo observó de reojo: a pesar de su gran tamaño, en su mirada sin expresión se podía ver un brillo infantil que contrastaba todo lo demás. Su piel era demasiado clara, llena de lodo y algunos rasguños leves y su cabello blanco hasta los hombros con algo de tierra y sangre debido a las carreras que daba en escape marcaban lo inusual y peculiar que éste era.
¿No podía encontrar a alguien común y corriente o acaso él era el único que quedaba?
Como deseaba una soda, burbujeante y helada.
—Escotilla. —susurró Takane para sí. Por acto, miró al techo. — ¡Kisaragi, hay una escotilla!
Era cierto, estaba entre-abierta casi sacándoles la lengua por no haberla notado.
Ella sería la primera en subir y la vida le jugaba una broma. Su altura no la dejaba ni tocar el techo. Saltó con los brazos extendidos sintiendo la risa de Shintaro siendo contenida.
Sus ganas de matar a Shintaro desaparecieron cuando unas manos sostuvieron su cintura y la elevaron con una jodida facilidad. Sus mejillas se tornaron rojas al ver al muchacho de cabellos blancos sosteniéndola. Sacudió sus piernas nerviosa y avergonzada, sintiéndose pequeña y vulnerable, pero se quedó quieta al contemplar su rostro.
Algo familiar, demasiado familiar y triste…
Sacudió su cabeza para subir y quedar sentada en el techo del autobús.
— ¿Necesitas que te suba también? —escuchó decir al chico.
—No, yo puedo subirme… ¡AH!
Segundos después Kisaragi apareció desorientado sentado en el otro extremo abrazando sus rodillas en posición fetal.
El chico no necesitó ayuda, cosa que los desconcertó. Era estúpidamente fuerte. Como una mala broma, él pudo haber roto una ventana con su puño si hubiera querido.
—Hay que huir — tanto ella, como Kisaragi no pudieron reaccionar, pues el albino los llevaba a uno en cada brazo y se lanzaba a la calle casi a la vida.
Era ágil, demasiado para ser cierto, pasaba entre los caminantes sin ninguna complicación.
¿Qué era él?
Toda su vista era lo que estaba a la espalda del chico y el piso, pero podía sentir cada salto y tropiezo que padecía en el camino. Entraron— o mejor dicho entró, pues aún los cargaba— a una tienda vacía y subieron por las escaleras hasta llegar a un tejado amplio y seguro.
Al bajarse del tan inusual "transporte", Shintaro se veía casi muerto y verdoso, de verdad era tan débil de estómago que daba lástima.
Aparte de las náuseas, el insistente palpitar de su garganta y la deliciosa comida que Kido había hecho que trataba de escapar, podía decir que, sí, estaban vivos…o al menos los otros dos, pues él dejaba mucho que desear y lo admitía.
—Vamos…debemos…Mekakushi-dan—balbuceó Shintaro para dirigirse a un rincón y devolver todo. El albino le daba suaves palmadas de consuelo.
—Kisaragi,… ¿estás bien? —Takane se acercó.
—Si—respondió él limpiando su labio inferior —.Debemos ir al grupo, ellos deben haber vuelto.
—Ustedes, yo volveré a casa.
El albino retrocedió, el ambiento se estaba poniendo tenso.
— ¿A casa? Enemoto, todo está mal y estar sola te matará—exclamó Shintaro con toda su dignidad luego de vomitar.
—Kisaragi, todos vamos a morir tarde o temprano. —la voz de Takane sonó gélida. Esa fría verdad que causo que todo su cuerpo se debilitará. —Ayano está muerta… ¡Haruka está muerto!
Cayó sentado. Era algo difícil de captar y creer, no quería entenderlo.
¿De verdad la muerte estaba tan cerca? Él, Haruka. Ese tipo que sonreía y mantenía la calma, cuyas habilidades en el dibujo eran tan grandes como su paciencia.
— ¿Entendiste? —dijo Takane. Le lanzó una pistola y algunas balas, lo mitad de su armamento y les dio la espalda, con frialdad siempre. — Solo cuídense.
Shintaro no notó cuando se marchó, pero si cuando el sol se puso. Su mirada estaba perdida hacía el cielo, intentando recordar aquellas sonrisas que en su adolescencia tan poco apreció.
Alzó la mirada solo para ver al albino, que ni se había movido de su sitio.
— ¿No te vas también? —preguntó Shintaro.
Él negó con la cabeza. Su estómago sonó.
— ¿Quieres venir conmigo? —volvió a interrogar, casi como un adulto a un niño. —Hay comida.
Asintió otra vez.
—Bajemos de aquí he iremos, ¿Si?
Con cuidado guardo el arma que Takane le había dado, deseando no tener que ocuparla y se dirigió hacía el chico extendiendo su mano. Sonrió.
—Shintaro.
El albino ladeó su cabeza mirando la mano.
—Tu nombre. Debes tener uno, ¿No?
—Konoha, así me llamo.
A parte de que Konoha lo dejó con la mano extendida como un tonto, había sido una presentación normal.
—Prepárate, Shintaro-kun—le dijo Konoha antes de tomarlo a lo princesa y saltar como un demente por la terraza.
Ni sus pobres gritos salieron de su pobre garganta.
La perseguían otra vez, la habían encontrado, pero ¿cómo?
Se aseguró de no dejar rastro de su antigua refugio y no ser vista al salir de casa, era imposible.
Sintió como algo se clavaba en su cuello, un líquido que se extendía por su sangre con gran dolor, pronto se le hizo imposible seguir corriendo pues como un saco cayó al piso. Apretó los dientes con ira mientras que sus puños perdían fuerza.
Una rodilla se enterró en su espalda y brazo fue inmovilizado. No tenía salida.
—Tenemos al proyecto.
Ahora lo comprendía.
Era un experimento, ella y Haruka lo eran. La razón de porque perdía la conciencia en momentos extraños y su mente se olvidaba de su forma física.
Ahora entendía todo.
Sus ojos se cerraron, pero una sonrisa irónica quedó en su rostro, pues se aseguraría de no despertar.
Momo lo abrazó efusivamente mientras que Mary le extendía una taza de té. Konoha dormía, pues luego de comer algo el sueño llegó, tal como a un bebé. Ene no estaba en su celular, al parecer había desaparecido todo el día. Seto tomaba una y otra vez su teléfono con ansiedad, lo miraba y apretaba teclas, volvía a intentar una y otra vez.
Kido y Kano no habían llegado.
Fin del capítulo
