Goloso y Armonía


Capítulo 7: Con sabor a dulce


La cita de Armonía y Goloso comenzó en la tarde poco antes de que anocheciera, después de que los dos terminaran con sus deberes, celebraban su aniversario pero no por ello debían desatender sus responsabilidades. Para ambos pitufos aquella cita era muy importante. Ambos comenzaron a trabajar durante varios días para hacer de esa cita algo especial. Siempre solían tomarse muy enserio sus citas, especialmente las fechas importantes pero en esa ocasión tenían un motivo especial.

Armonía fue el primero en visitar a Sastre. Lo hizo unas semanas antes para asegurarse de tener un traje adecuado para la ocasión y no dejarle mucho trabajo a fue el segundo, lo hizo pocos minutos después que su novio. Ninguno de los dos se había puesto de acuerdo pero ambos compartían el mismo deseo.

A pesar de que Sastre tenía mucho trabajo pendiente le parecía tierno y divertido ver a dos pitufos tan enamorados. Él también quería un romance como el que ambos tenían pero no había contado con tanta suerte, cuando se enamoraba no era correspondido y cuando alguien se enamoraba de él no podía corresponderle, era toda una ironía.

Goloso y Armonía no se encontraron cuando recogieron el traje que Sastre les había hecho, unos minutos fueron los que marcaron la diferencia. No se habían puesto de acuerdo pero parecía que lo habían hecho, muchas de sus decisiones coincidían sin que se lo hubieran propuesto. Este hecho le pareció a Sastre de lo más divertido.

Goloso comenzó a preparar los postres favoritos de Armonía el día anterior. Se esforzó por hacer que los pastelillos tuvieron forma de instrumento musical, sabía lo mucho que amaba su novio la música. Incluso estaba dispuesto a escucharlo tocar aunque eso implicara tener un dolor de cabeza que no lo dejara dormir.

También preparó sus bocadillos favoritos. Quería hacer algo especial para su novio pero no podía olvidarse de su propio estómago, en especial cuando este no dejaba de gruñir. Armonía era el único que podía hacerlo ponerse a dieta pero en esa ocasión era algo que no consideró. Esa noche se desveló. Los hubiera preferido antes pero prefería los pastelillos frescos y el día siguiente no tendría tiempo. Debía cumplir con sus deberes antes de poder asistir a su cita con Armonía. No tenía a otro pitufo que lo reemplazara y Papa Pitufo no estaría de acuerdo en que no cumpliera con sus responsabilidades, especialmente porque las había descuidado en los últimos días.

Armonía trabajó en crear una canción para su novio. Normalmente trabajaba mucho en sus canciones y se esforzaba por hacer una buena melodía pero en esa ocasión fue diferente, estaba el deseo de mostrarle a Goloso lo mucho que le importaba y lo feliz que era de estar a su lado. Muchas de sus composiciones eran buenas pero por lo general fallaba cuando las ejecutaba.

Para Armonía esa melodía era importante, quería usarla para hacerle una pregunta especial que cambiaría la vida de ambos. Después de pensarlo por un largo tiempo y de cinco años de relación consideraba que había llegado el momento de que su relación tomara ese paso. Decidir el instrumento que usaría no fue sencillo pero al final eligió su trompeta. Era uno de sus instrumentos favoritos y con el que más cómodo se sentí ía compartir todo con Goloso.

Para muchos el que ambos comenzaran a salir fue una sorpresa, incluso hubieron quienes apostaron que no durarían mucho tiempo. No tenían nada en común, eso era cierto, a Armonía le gustaba la música, a Goloso la comida, sus mundos eran diferentes pero estaban conectados por un sentimiento: el amor.

La cita fue cerca del río Pitufo. Ese lugar era significativo para ambos, no solo fue el lugar en que compartieron su primer beso, también fue el lugar donde inició su noviazgo. Fue un día caluroso y Papá Pitufo propuso ir para refrescarse durante un rato. La mayoría de los pitufos prefirieron nadar, incluso ellos lo hacían pero habían comido y lo consideraban arriesgado para la salud.

Pitufina propuso jugar a la botella, Goloso aceptó solo para continuar comiendo y Armonía por curiosidad. Ambos se querían pero hasta ese momento ninguno lo había dicho en voz alta y no lo hicieron hasta que la botella los impulsó a hacerlo. Pitufina fue quien giró la botella cuando Armonía fue elegido, él pidió reto después de dudar por unos instantes. Aquella pequeña vacilación fue la que hizo a Pitufina tener una idea de lo que le pediría al Pitufo.

—Debes besar al pitufo que más te guste —fueron las palabras de Pitufina y las que marcaron un punto importante en la vida de Armonía y Goloso.

Después de dudarlo por unos minutos Armonía tomó el valor necesario para declararse. Se puso en pie y, para sorpresa de los pitufos que estaban jugando, se dirigió al lado de Goloso y lo besó. No comenzaron a salir ese día, les tomó varios días aceptar lo que sentían. El día en que Armonía le pidió a Goloso salir habían salido a recoger pitufresas pero la aparición de Azrael los hizo desviarse.

Se besaron al sentirse a salvo. Armonía le hizo saber a Goloso que el besarlo no era solo un juego y que realmente lo quería. Ver a Azrael los había asustado pero esa no fue la razón por la que se declaró. Después del beso para los dos le resultó imposible no dejar de pensar en el otro. Las diferencias desaparecieron, sentían que encajaban como dos piezas de un mismo rompecabezas.

Goloso fue el primero en llegar al lugar de la cita. Preparó el lugar para el picnic y probó algunos de los bocadillos que había llevado. Se dijo que no quería que el ruido de su estómago interrumpiera la cita pero eso solo era una excusa para comer primero. Todo lo que había preparado era tan delicioso que le resultaba imposible ignorarlo y esperar.

Goloso se aseguró de colocar el pastelillo decorado con una trompeta de crema pastelera. Era el postre en el que más había trabajado y por más apetitoso que le parecía no estaba dispuesto a comerlo pues era un regalo para Armonía. Tomó algunas zanahorias para acallar su estómago, en ese momento se felicitaba por haber sido prevenido. No le preocupaba llenarse antes de una cita, se conocía y sabía que siempre tenía hambre.

En cuanto llegó Armonía, Goloso lo recibió con un beso. Lo extraña con locura, el trabajar tanto en aquella cita les había impedido verse. Varias veces estuvieron a punto de encontrarse pero en todas ellas siempre había algo pequeño que los hacía tomar un camino diferente.

—Compuse una canción para ti —le dijo Armonía mientras le mostraba su trompeta.

—Me encantaría escucharla —respondió Goloso algo inseguro.

En cuanto Armonía comenzó a tocar sus dudas desaparecieron. Su novio desafinó en varias ocasiones pero no lo hizo tan mal como en otras ocasiones e incluso se podría decir que lo había hecho bien. Goloso disfrutó el regalo de Armonía e incluso le pidió que le tocara otra canción, aquello hizo feliz al pitufo músico.

—¿Un pastelillo? —sugirió Goloso inseguro, no dudaba de su decisión pero sí de la respuesta de Armonía, incluso llegó a pensar que se estaba apresurando.

Armonía no tardó encontrar lo que Goloso había puesto dentro del pasillo. No se rompió el diente pero llegó a lastimarse un poco. Aquello le extrañó, sabía que su novio era un gran cocinero y que no solía equivocarse a la hora de preparar algún bocadillo pero cuando vio su interior lo entendió todo. En ese momento se sintió el pitufo más feliz del mundo.

—Sí, acepto —respondió Armonía feliz, él quería proponerle matrimonio a Goloso pero no le molestaba que se le hubieran adelantado. Lo que más deseaba era compartir su vida con el pitufo que más amaba.