—¿Por qué? — cuestionó. —. Kevin no te ha hecho nada para que lo trates de esa manera.
Cierto, nada me había hecho, pero también era cierto ese sentimiento homicida que albergaba en contra suya desde que le conocí, simplemente su presencia hacía hervir cada célula en mi cuerpo, sobre todo desde aquella mañana en la sala, cuando sus ojos habían recorrido a Alice de manera lujuriosa, tan así que tuve que cubrirla de su escudriño. Y eso era algo de lo cual no tenía intención alguna de discutir con ella.
Me cruce de brazos y entrecerré los ojos
—¿Tu lo llamaste? — Captó la intención que tenía, ambos sabíamos que estaba enterado de ese detalle. Cruzo sus brazos bajo los senos y marcó las caderas.
—Sí. — respondió desafiante. —. Es mi amigo y quería verlo
—El no piensa lo mismo. — se encogió de hombros. — . ¡Es el colmo del descaro! ¿Lo sabías?
Sentí su indignación mientras se acercaba a zancadas vociferando:
—¿¡Del descaro! ¡Pero si tu …— clavo el índice en mi pecho. —…dijiste que yo no era más que tu hermana! ¡Kevin tiene derecho a tomar lo que tú no!
—¿QUÉ? — bramé
—¡Eso! — chillo. Yo respiraba con dificultad, como ella. Tenía que hacer un esfuerzo tremendo por no tomarla de los hombros y zarandearla. El vaivén de su respiración iba cediendo cuando su ira amainaba. —. Eso…eso significa que no pienso…— trago con dificultad. —. No…pienso seguirte más…— su voz se corto en medio de un sollozo. —…No te seguiré más si no quieres, si no me quieres. — Me quede helado y todo el ruido del mundo se esfumo tras aquellas palabras. Alice acuno mi cara y suspiro resignada mientras sus dedos perfilaban mis facciones. —. De todas las cosas que he visto esta es la que más deseaba se hiciera realidad. Te amo Jasper, pero no eres mío.
Mi corazón se astillo dolorosamente ante su desolación y su confesión palpitaba en mi cabeza a la rapidez del aleteo de un colibrí, mi mente zumbaba y sentí el dolor más terrible al escucharla sollozar. Aquel sonido gutural pareció amplificarse mil veces.
Me sentí rodearla con mis brazos y desesperado bese sus labios ahogando sus lamentos. El mundo debió desaparecer, o todo mi alrededor concentrarse en ella, pues en cuanto su sabor embriagante me inundó no hubo más que su aroma adictivo y la alucinante sensación de su cálido cuerpo apretarse al mío, sus lechosos y suaves senos presionados contra mi pecho junto con su boca insistente moviéndose con necesidad. Rodeo mi cuello con los brazos y yo la levanté del suelo para besarla con más profundidad.
Era una suerte que la falda de Alice fuera tan amplia, pues ella trepo hasta rodear mi cintura con las piernas. Gemí al sentirla alineada con mi cuerpo, ingle con ingle. La erección de mi miembro nos tomo desprevenidos, ella ronroneo y se restregó contra el bulto del pantalón, enviando descargas de placer a ambos. Temí perder el equilibrio de un momento a otro cuando ella aparto los pliegues de la tela atorada entre nuestros cuerpos, rompió las bragas que la cubrían y yo baje la cinturilla del pantalón para sentirla más cerca, su piel era tan cálida, resbaladiza y suave.
Sondeé lentamente su entrada y ella lloriqueó de necesidad mientras se arqueaba en mis brazos y me ofrecía sus pechos, cuyos pezones pujaban contra la tela duros como guijarros. Deslice el escote sobre sus hombros y enterré la cara en el valle de sus senos para dejarla caer sobre la erección.
Gruñí roncamente cuando ella grito mi nombre y estuvo totalmente empalada, la bese continuamente por todas partes mientras sus caricias ávidas rompían mi camisa y yo no hacía más que embestirla dura y profundamente. Era tan estrecha y cálida, suspiraba mi nombre y mi pecho se henchía de orgullo, deseo y amor.
Mis movimientos se volvieron más frenéticos haciendo que ella se quedará sin respiración con los ojos fuertemente cerrados, sus manos aferradas a mis hombros y su dulce boca hinchada, entreabierta profiriendo gemidos más descontrolados. La sentí tensarse y con un beso hambriento ahogo el grito causado por un explosivo orgasmo.
—Joder. — Juré. Alice recargo su mejilla en mi frente, aún me encontraba en su interior, ella estaba cansada pero la fiebre se apoderaba de mí de nuevo. La lleve a la cama, quite el corpiño del vestido y comencé a moverme en su interior de nuevo.
—Jazz. — susurraba ella con cada embiste, el ritmo que tomamos era más lento aunque no menos potente, a cada embestida me introducía hasta la empuñadura y ella se aferraba a mí, levantando la pelvis al encuentro de la próxima arremetida, la sentí correrse debajo de mi cuerpo con más intensidad y no tardé mucho en seguirla empuje contra ella tres veces más y rodé a su lado, laxo como un fideo pasado de cocción.
En la habitación no se oía más que el agitado respirar de nuestros pulmones, pronto ni eso, yo estaba más confundido. Esperaba que ella girara hacía a mí para que yo la rodeara con los brazos y todo habría sido dicho, pero no lo hizo y conforme los segundos pasaban, la sensación de arrepentimiento iba aumentando, en ella o en mí, no sabía, pero no lo soportaba, me incorporé y vestí para salir de allí como alma que lleva el diablo. Necesitaba pensar y mucho, algo estaba sucediendo dentro de mí, una batalla de la cual mi sentido común llevaba casi todo el terreno perdido.
