Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece.
7/22
¡Hola a todos! ¿Cómo va? Espero que bien. ¡Yo muy muy feliz! De verdad, cuando me conecté había pasado de 18 a 25 reviews y me emocionó mucho. No se dan una idea cuanto, y me alegra de verdad saber que de alguna forma -aunque sea mínima- la historia les atrae. ¡Gracias! No saben lo mucho que me animan, y de verdad me animan a seguir escribiendo y a mejorar. Quisiera que nunca dudasen en hacerme llegar sus dudas o comentarios, ya saben que yo los valoro mucho. Y me dan una idea de su opinión o crítica sobre la historia. Pienso que es realmente valioso, a mi me sirve al menos. Aunque saben me contento con que simplemente se tomen la molestia de leer mi humilde historia, créanlo o no para mí es muchísimo. ¡Gracias! ¡¡¡Mil mil gracias!!! Espero que el capítulo les guste... ¡Nos vemos y besitos!
Hasta que la muerte nos separe
VI
"0,08 %"
Aún, en la oscuridad de su habitación, su mente divagaba en aquella cifra garabateada... 0.08 %. Siempre le había parecido increíble esa capacidad de Shikamaru de trazar en pocas líneas sus futuras probabilidades de vida, y es que le parecía simplemente imposible que alguien pudiera escribir con tanta naturalidad, y mente fría, las posibilidades de su propia muerte. Reduciendo en un pequeño número desalentador, su futuro en aquel mundo. Aunque considerando en general las características de la personalidad de él no resultaba tan extraño, Shikamaru siempre había sido un hombre primeramente racional antes que emocional. Siempre había sido capaz de mantener la compostura en las situaciones más acaloradas, siempre impasible y calculador. Su mente solía trabajar en velocidades no registradas para las demás personas, en cuanto lógica el moreno estaba por encima de todos. Era su campo, allí nadie podía superarlo.
Sin embargo, de allí a trazar en unas líneas su propia muerte había un trecho muy largo e Ino no podía dejar de pensar en el estúpido número anotado al margen de aquella página que más que una carta parecía ahora un acta de defunción. No sólo de Shikamaru, sino suya. Su propia vida, su propia felicidad estaba atada a él. Y ahora la vida quería arrebatárselo. No podía soportarlo, la sola idea la enfermaba y hacía que ese nudo en su estómago volviera a formársele. Por momentos se sentía sofocar, la oscuridad no ayudaba por supuesto, sin embargo ocultaba sus ojos lagrimosos.
Forzándose a contener las lágrimas al borde de sus ojos, sin permitirles caer, se giró en la cama. Shikamaru permanecía a su lado dormido. Hacía ya dos horas desde que ambos se habían acostado y el moreno había caído rendido al instante. Cerrando los ojos para no volver a abrirlos. Contemplándolo dormir lo tomó desde detrás por la cintura, aferrándose con todas sus fuerzas a él y enterrando su rostro en la espalda intentando apagar los leves sollozos e imperceptibles espasmos que recorrían su cuerpo.
Entonces Shikamaru se removió en la oscuridad, sin poder voltearse debido al firme agarre de ella.
—Ino ¿Qué sucede? —susurró, la voz de él disparó su corazón desenfrenado.
—...
—¿Ino?
—Na... nada —suspiró, intentando apagar la angustia que la consumía en su interior y que se apoderaba poco a poco de su cuerpo.
—Ino, dímelo por favor —en la penumbra pudo vislumbrar la silueta de él y las líneas que dibujaban sus facciones. Shikamaru se veía claramente preocupado.
—Nada, sólo fue un sueño... uno horrible —mintió. Quisiera que fuera un sueño, Shikamaru.
Entonces, liberándose del firme agarre de las manos de ella, se volteó para enfrentarla, tomándola por la cintura mientras la joven se acurrucaba contra su pecho. Dejando reposar Shikamaru su mentón sobre la cabeza de ella.
—¿Qué fue? —Ino tembló ante la aspereza de la voz de él.
—Soñé que te perdía... —ante las palabras de ella lo sintió tensarse contra su cuerpo, contuvo el aire, aquello era demasiado doloroso y las reacciones de él seguían confirmándole que aquello era cierto. Que sucedería y que sólo tenía un 0,08 % de volver a verlo.
—Ino...
—No quiero perderte, Shikamaru. No quiero tener que ver otro Asuma, otra pérdida —suspiró, la sola idea la aterrorizaba y aún el recuerdo de su sensei muriendo la atormentaba. No era así como quería recordarlo, tampoco a Shikamaru. No quería tener que enterrar a nadie más.
—Es problemático, pero es la vida que elegimos y son cosas que pasan. La muerte es inevitable —sin embargo esta vez algo en su propia voz vaciló e Ino lo notó al instante.
—Pero... —los labios de él rozaron cautamente su frente, por primera vez los sintió fríos.
—Shhh... tú misma lo dijiste. Fue un sueño.
—¿Pero y si fuera verdad? ¿Y si tuvieras que marcharte y dejarme atrás? ¿Y si mañana no volviera a verte? ¿Me lo dirías? —por tercera vez el cuerpo del moreno se tensó, y un leve escalofrío lo recorrió. Ante la reacción de él Ino sintió otra vez el nudo en su estómago constreñirse y un nuevo peso tomó lugar en su corazón.
—Ino —No me hagas decirlo.
—Por favor... —suplicó. Sin embargo él no se movió, no dijo nada. Sus labios unidos en una delgada línea. Sus ojos un misterio en la oscuridad.
—Duérmete, mañana hablamos —susurró dándole un nuevo beso en la frente mientras se aferraba aún con más fuerzas al cuerpo tembloroso de ella. Dando por terminada la conversación, Ino se acurrucó aún más contra él y cerrando los ojos intentó conciliar el sueño.
Sin embargo, por el momento aquello parecía imposible. Su mente exaltada deambulaba entre las palabras de él, lo dicho en la carta y aquella cifra maldita. Lo cierto era que no quería cerrar los ojos, temía que al despertar Shikamaru hubiera desaparecido. Que se hubiera marchado ya sin despedirse, pero sabía que él nunca haría algo así. Jamás la dejaría sin decirle adiós. Adiós. Aquella palabra la aterraba tanto. No quería dejarlo ir, no sabía si había algo en su poder para detenerlo. Sabía que no debía sin embargo la idea de una vida sin él la destrozaba por dentro. No sabía si podría siquiera llamar vida a aquello.
Lo ojos empezaban a cerrársele, el cansancio la abatía haciendo luchar a su cuerpo por mantenerse despierto y alerta. No quería olvidar aquella sensación de estar junto a él, quería permanecer de aquella forma para siempre. Pero para siempre duraba hasta mañana ¡Qué corta podía ser la eternidad! La vida, y el felices para siempre. Todo se desvanecía frente a ella, se le escapaba de las manos ¿Era tan inocente al creer en esas cosas? Jamás hubiera pensado que el "hasta que la muerte los separe" llegara tan pronto, ni siquiera se había contemplado a pensar en las palabras al momento de la ceremonia. Aquella vez le habían parecido tan triviales, tan cliché, ahora eran quizá la verdad más dolorosa. La realidad más poderosa, y la estaba devorando, poco a poco consumiendo. La sola posibilidad de que algo así ocurriera la carcomía por dentro, la angustia, el dolor, el miedo ¿Por qué no? El terror.
El sueño finalmente la estaba alcanzando, ya casi no sentía las extremidades, sabía que se estaba dejando ir. No podía evitarlo, no tenía las fuerzas para luchar. Sólo un último pensamiento ocupó su mente, un último recuerdo de aquella ceremonia de unión hacía casi ya dos años atrás "¡Ni se te ocurra volver a dejarme, o juro que te...!". Suspiró. Shikamaru, no me dejes.
------ o ------
Abrió los ojos cuidadosamente, temiendo mirar a su lado. Sabía que Shikamaru ya no la abrazaba como lo había hecho la noche anterior pero ¿seguiría en la cama junto a ella?
Sentía la cabeza dolorida, como si los cientos de pensamientos se arremolinaran en su interior y la saturaran. Le parecía que iba a estallarle, y con ella todo autocontrol. Se había prometido no llorar, no derrumbarse. Ser comprensiva, sabía que no debía decir nada que le hiciera las cosas más difíciles a él. Sabía que era su trabajo, que debía ir. Era la vida que había elegido, ambos lo habían hecho e Ino había sido conciente de las consecuencias de enamorarse de alguien que ponía su vida en riesgo cada día. Ella misma había considerado la posibilidad de que aquello le sucediera, morir. Sin embargo de la teoría a la práctica había un largo camino y el hecho de pensarlo no lo hacía más fácil a la hora de enfrentar la situación.
Finalmente decidida se giró, temerosa.
—¿Shika? —nada, la cama junto a ella estaba vacía. Comenzó a desesperarse, se incorporó y asustada rebuscó entre los cajones de él. Allí estaban sus cosas, el papel, aquella fatídica hoja que anunciaba que quizá ese día fuera el último con su esposo, con aquel que amaba y que era su vida misma. Que cargaba con su mundo, aquel del que se había vuelto sentimentalmente dependiente.
—¡Shikamaru! —gritó, saliendo de la habitación. Corriendo escaleras abajo con intenciones de ver si el moreno se encontraba haciendo el desayuno. Efectivamente, el desayuno estaba hecho pero él no estaba. Por ningún lado.
Sólo una nota encontró sobre la mesa, un pequeña nota con la misma letra que había garabateado aquel 0,08 %.
Ino:
Tuve que hacer cosas de último momento... Cosas que no pude evitar. Lo siento. Regresaré por la noche.
Shikamaru
—¡¿Qué?! —chilló enfuriada, comenzando a perder el control de sus propias emociones. Se había jurado a sí misma no vacilar pero Shikamaru no le estaba haciendo las cosas fáciles.
Se suponía que aquel sería su último día antes de la partida a la misión, se suponía que estaría con ella. Que permanecerían juntos ¿Acaso pensaba marcharse sin decirle? Le había prometido que hablarían, Ino quería que Shikamaru le explicara de la misión. Necesitaba oírlo de sus labios para creerlo cierto. Pero el moreno no parecía querer hablar del asunto con ella, a pesar de que había quedado implícito la noche anterior que Ino lo sabía era de cobarde no hablar del asunto con ella ¡Era su esposa, por Dios! No podía simplemente dejarla de aquella forma y marcharse.
Rápidamente tomó el papel que se encontraba pegado al refrigerador y abollándolo lo arrojó con todas sus fuerzas al cesto de basura, contempló unos segundos el pequeño bollito y salió de la habitación. Apretando los puños contra su cuerpo, intentando diferenciar la ira de la angustia y el dolor. Todo era tan confuso, no sabía si quería llorar o gritar. Tenía tanto miedo.
—No puedo creer que se haya ido de esa forma ¿Qué demonios puede haber tenido que hacer? —entonces recordó las exactas palabras de la nota: Tuve que hacer cosas de último momento... Cosas que no pude evitar.
Cosas de último momento... suspiró, comprendiendo por fin el doble sentido que el moreno les había impartido deliberadamente, pudiendo referirse a algo surgido en el instante o quizá, literalmente, de último momento. Seguramente estaría visitando a sus padres, recordó que el día anterior había dicho que lo haría. Aquello que había dicho antes de que ella descubriera aquel papel. También recordaba haber dicho que vería a Chouji, posiblemente visitaría la tumba de Asuma. La sola idea dolía, desgarraba poco a poco su corazón, abriendo cada vez más y más un agujero en ella, una herida que probablemente nunca fuera a sanar.
Cosas que no había podido evitar... pos supuesto, si ella estuviera en la misma situación haría lo mismo. Visitaría a todos los que amaba, aquellos que eran algo en su vida, en su mundo. ¿Pero acaso ella no pertenecía a ese mundo? ¿Por qué había decidido deliberadamente dejarla a ella para el final, como si fuera de todas las personas la menos relevante o valiosa? Posiblemente fuera lo opuesto, sin embargo no podía evitar sentirse herida y decepcionada.
Pero debía ser positiva ¿Verdad? Ella siempre lo había sido, no podía permitirse ahora flaquear. A pesar del bajo porcentaje había probabilidades. Y Shikamaru se había equivocado en otras ocasiones, a pesar de ser extremadamente inteligente, había cometido errores. Quizá esta vez sucedía lo mismo, quizá la cifra garabateada era inclusive mayor de lo que él había considerado. Quizá volviera a ella.
Aún así no sabía como mantenerse en pié, entre la furia de haber sido dejada y la angustia de la expectativa. El dolor por el futuro y el temor a perderlo. Todo aquello pesaba en sus hombros, la hacía flaquear. Intentaba tranquilizarse una y otra vez, corrió a su dormitorio y sacó la hoja. La releyó hasta el cansancio, no decía nada más. No había encontrado nada nuevo, las mismas palabras, la misma cifra. Nada había cambiado, nada había mejorado.
Y no supo cuando pasó que el cielo se había vuelto negro y la calidez del día había desaparecido por completo, ahora se sentía fría y sola. Shikamaru aún no había regresado e Ino empezaba a impacientarse permaneciendo en la cocina, a oscuras, aferrando el papel en sus manos.
Entonces la puerta de entrada crujió y la misma figura habitual de siempre se deslizó al interior de la casa.
—¿Ino?
—Aquí estoy... —susurró desde la penumbra de la cocina, Shikamaru guiado por la voz llegó hasta dicha habitación y con un leve movimiento de muñeca encendió el interruptor de la luz.
—¿Qué haces a oscuras? —fue entonces en que Ino lo vio plenamente, el moreno tenía los ojos cansados y debajo de éstos ojeras negras como el mismísimo abismo. En un día parecía haber envejecido diez años, sin embargo la compasión no la embargó, sino la bronca.
—¡¿Qué demonios estabas haciendo?! —chilló, temblando, aferrando con todas sus fuerzas aquel papel que sacudía delante de los ojos de él—. ¡¿Cuándo demonios pensabas decírmelo?! ¡¿Eh, Shikamaru?!
Entonces arrojó la arrugada hoja contra él y salió de la habitación a pasos agigantados, maldiciéndolo a él, maldiciéndose por su falta de autocontrol (aunque verdaderamente no se culpaba, nunca había sido realmente capaz de contener aquello que sentía, menos aún cuando se trataba de ira), maldiciéndolo todo.
Subió las escaleras, pisando fuerte con cada paso, haciendo resonar cada escalón. Podía oír un segundo par de pasos, Shikamaru la seguía sin embargo no se quería detener. Por lo que siguió, hasta llegar a su habitación en la cual se atrincheró.
—¡Ino, ábreme!
—¡No, vete! —chilló, temblando de pies a cabeza.
—¡Ino, por favor! —suplicó el Nara desde afuera, largos minutos pasaron en silencio hasta que finalmente se oyó un giro de picaporte y la puerta abriéndose, sin embargo Ino no se encontraba allí sino en la cama—. Ino, Ino... —rápidamente se acercó, sin embargo ella se alejó de su toque.
—Vete, Shikamaru... De todas formas pensabas marcharte sin decirme nada, ni despedirte.
—No, no es así.
—¡Cállate! No mientas... —una vez más el moreno volvió a intentar acercarse a ella, finalmente logrando sentarse a su lado. Aún sin poder tocarla, Ino simplemente seguía apartándolo.
—Sabes que no te mentiría jamás, menos con algo así... —suspiró, intentando acariciarle el rostro. Esta vez ella lo permitió.
—¿Entonces porque no me dijiste algo así? —él suspiró.
—Anoche supe que lo sabías y-
Sin embargo Ino no le permitió continuar, no quería oír sus razones. Sabía que sólo había querido protegerla ¿Si había sido lo mejor? No lo sabía ni ella misma. Pero a pesar de su promesa a sí misma no pudo evitar decirlo.
—¡No te vayas! —el chico cerró los ojos.
—Ino, sabes que no puedo hacer eso. Si leíste el papel sabes lo importante que es esta misión.
—¡Pero no puedes irte! —chilló—. En un mes es nuestro segundo aniversario...
—Ino, por favor. Sabes que eso... no se siquiera si volveré. Realmente lo dudo mucho —la herida en su corazón se desgarró aún más y pudo ver por la expresión del chico que él se sentía igual.
—Pero...
—Escucha —se acercó y lentamente rozó sus labios con los de ella—, esta misión protegerá a la aldea de ataques futuros. Si leíste bien el papel, no necesitan que nosotros regresemos, simplemente que detengamos el avance.
—¡¿Y por qué no mandan a otros?! —lo cuestionó, alzando la voz una vez más entre sollozos. Las lágrimas comenzaban a escurrir de sus orbes opalinas sin piedad alguna.
—Sabes porque... necesitan los shinobi más fuertes por si fallamos —su expresión se tornó en una de dolor y ansiedad—, para defender la aldea. Y me necesitan a mi para idear una estrategia capaz de detenerlos.
—¡No quiero que te vayas!
—Ino, no quiero que ataquen la aldea... aquí estarás tú, Chouji también y mis padres. No quiero que te pase nada —besó cuidadosamente su frente, respirando agitado mientras con sus labios recorría la pálida piel de ella—. Con la paga de esta misión, no importa si regreso o no la recibirás tú, tendrás para vivir el resto de tu vida como quieras.
—¡No me importa eso! —él negó con la cabeza.
—No seas problemática, debes pensar en tu futuro —entonces la boca de él se detuvo en la frente de ella y allí continuó hablando sin separarse—. Quiero que estés bien...
—¡No lo estaré si te vas, idiota! —chilló, apartándose de él. Rompiendo todo contacto físico.
—Ino... por favor —suspiró, cerrando los ojos, pellizcando el puente de su nariz con los dedos pulgar e índice.
—¡No me digas Ino, por favor! Sabes que tengo razón... podrías no ir.
—No, sabes que no. Es problemático pero alguien debe hacerlo —replicó, por primera vez alzando la voz. Ino sabía que él tenía razón, si la situación se hubiera dado al revés ella haría lo mismo que estaba haciendo él. Aún así dolía, con cada segundo la herida en su pecho se desgarraba más y más.
—Pero lo prometiste... —susurró entonces la rubia, intentando limpiar las lágrimas de su rostro, sin embargo al momento que apartaba una volvían a caer dos más—. Prometiste que estarías conmigo siempre. Dijiste que no me dejarías...
Él cerró los ojos, tomando las manos de ella entre las suyas —Hasta que la muerte nos separe, Ino. Quizá... llegó más pronto de lo que esperábamos.
