Bleach
Ichigo - Rukia
Advertencia: escenas explícitas para adultos
Capítulo VII
(Ichigo)
En un comienzo fue extraño no encontrar ni a Renji ni a Tatsuki a esa hora, porque siempre estaban y aunque tenía mis sospechas de que quizás hacían como que no estaban para no abrirme, deseché la idea: estaba convirtiéndome en alguien que pensaba mal de la gente casi por deporte, pero tuve que comerme mis malos pensamientos cuando me estaba yendo y me encontré con ambos de frente.
—¡Tan tarde! ¿De dónde vienen? —pregunté curioso.
—Córrete —exclamó Renji.
Me empujó y rápidamente abrió la puerta y traspasó a través de ella ignorándome por completo, hasta que se sentó su sillón reclinable y literalmente se desparramó en este. Tatsuki pasó también y me invitó a entrar, aunque claramente ninguno de los dos parecía con demasiados ánimos de recibir gente. Averiguaría que pasó y me iría, de cualquier modo yo sólo venía a dejarles lo que Yuzu me había mandado para compartir con ellos.
—Yuzu les mandó esto —señalé la bolsa que traía conmigo.
Mi amiga en dos segundos pareció recuperar la energía y me la arrebató de las manos para llevársela a la cocina y se quedó allá; apostaba mis dientes a que comiéndose el contenido: Tatsuki era la más fanática de mi hermana.
—¿Qué te pasó? ¿Por qué estás tan cansado? —deseé saber.
—Rukia —contestó él.
La sola mención de su nombre mermaba considerablemente mi buen humor.
—¿Qué hay con ella? —pregunté indiferente.
Si ya había preguntado por lo que pasaba no podía quedarme con la duda.
—Adoro a Rukia, pero es una estúpida —empezó a hablar él.
Sentía mucha curiosidad de saber por qué quien más la idolatraba en la vida decía esas cosas, pero no podía permitirme a mí mismo escarbar. Sería retroceder…
—Ah, ya veo —acoté.
—¡En serio! Es una mujer que me dan ganas de estrangular… ¡de sólo pensar en que hubiese pasado de no haber estado con ella anoche me pone enfermo! —exclamó subiendo el volumen de su voz.
¿Por qué estaría Renji con Rukia de noche? Una pizca de injustificados celos se encendió sin que nadie la prendiera…
—Yo sé que no eres cercano a ella —comentó —. Pero de verdad me asustó…
La información que soltaba era muy vaga y no me animaba a pedir más ¿con qué excusa querría yo saber más de ella si se suponía que no éramos cercanos? Y eso sin contar en lo que me había prometido a mí mismo hacer en caso de que ella decidiera volver…
—¿Le pasó algo a Kuchiki? —consulté.
—Está en el hospital justo ahora —me informó.
La indiferencia que sentía hacia ella se fue menguando hasta convertirse en verdadera preocupación, porque una cosa era estar enojado con ella como no querer ni verla, pero otra muy distinta era alegrarme por saber que algo le hubiese pasado, de hecho era todo lo contrario. Me sentí mal y preocupado…
—¿Tuvo un accidente? —adiviné. Necesitaba hacerlo hablar.
—Eso hubiese sido más entendible que lo que pasó... La mordió un perro y la muy… ach! no sé qué más decir que no haya dicho ya, no fue por atención y se complicó; pudo haberse complicado hasta convertirse en daño hepático —relató —. En serio, tuvo demasiada suerte; ardía en fiebre.
¿Una mordida? No podía ser ¿o sí? ¿Kon? ¿Había sido él?
—No sé cómo ni dónde —continuó hablando él —. Pero tuvo dos días para ir a verse la herida y no lo hizo.
Mi temor se confirmó… Kon la había mordido. Sabía que había sido él.
En el minuto que tardé de procesar lo que Renji me acababa de decir, supe que las incontables horas que había pasado maldiciendo a Rukia iba a tener que metérmelas donde me cupieran. Esa mujer estúpida seguía sorprendiéndome a pesar de que imaginé que no era posible…
—¿Y cómo está ella? —consulté.
Era lo lógico a preguntar ¿no…?
—Ella está bien, ya mañana le dan el alta —reportó.
Su teléfono empezó a sonar y su cara de transformó de una de claro agotamiento, a una de verdadero desagrado. Me indicó que contestaría y yo asentí. No mucho después saqué mis propias conclusiones de quién era la otra persona al teléfono, y todo indicaba que era el hermano de Rukia y fue cuando obtuve información valiosa: ella estaba en el Hospital Ishida.
Miré la hora y ya era muy noche, no me dejarían pasar, pero rápidamente comencé a maquinar cómo entrar. Esperé a que Renji terminara de hablar por teléfono.
—Ese sujeto es exasperante, no puedo creer que en realidad él sea… —me miró y se calló.
Hubo algo que no dijo en esa frase. Algo se removió dentro y me di cuenta de que lo cierto es que quizás yo nunca llegaría a conocer de la vida de Rukia como Renji lo hacía…
—Creo que es hora de que me vaya —anuncié.
Renji asintió y se levantó, me dio una palmada en el hombro y se fue, me dirigí a la cocina donde me encontré con Tatsuki con la cara llena de crema.
—¿Una profesora de educación física que no cuida su físico? —comenté con gracia.
—Un hombre entrometido que opina sobre algo que no le incumbe… —refutó ella.
—Renji estaba rendido —comenté.
—No durmió mucho anoche… —se lamentó.
—¿Por Kuchiki? —consulté.
—Sí —dijo desanimada.
—Algo oí –agregué.
—Renji estaba enojado con ella por desaparecer dos semanas. Todos los días me hablaba de lo mucho que detestaba a Rukia —rió —. En el fondo yo sabía que lo único que quería era saber por qué, y si estaba bien.
Se quedó callada frente al pastel.
—Tatsuki… —la llamé.
—Dime —concedió ella.
—¿No te siente un poco celosa de su amistad? —interrogué curioso.
Ella pareció meditar una respuesta y finalmente negó con la cabeza.
—En un comienzo me parecía raro… pero ¿sabes? comprendí que ellos no van a alejarse nunca y jamás he visto nada extraño que me haga sospechar. Desde el principio me habló de su amiga y cuando iba a presentarnos él me dijo la verdad… Sabía que si no aceptaba a Rukia como parte de su vida no iba a poder estar con él, porque él la iba a elegir a ella… y es una buena mujer después de todo. No dudo ni siquiera un segundo de ellos —dijo con completa certeza.
Asentí ¿qué más me quedaba por hacer? Era una duda que tenía yo también, porque durante el tiempo que estuve con Rukia siempre tuve un poco de celos de Renji y su relación ¿por qué a él si lo había aceptado? ¿Por qué a mí no?
—Comprendo —respondí —. Es hora de marcharme… le diré a Yuzu que le das las gracias.
—¡Por favor! —solicitó.
.
Me fui caminando a paso apresurado, ni siquiera esperé el ascensor y bajé las escaleras corriendo. Salí del edificio y me subí a la moto. No tardé en llegar a mi destino. Llamé a mi amigo, el hijo del respetado dueño del hospital, Uryū Ishida y a regañadientes una enfermera me indicó dónde estaba Rukia después de recibir un llamado ¿tráfico de influencias? ¿Qué era eso?… Sonreí.
¿Qué iba a hacer con esa mujer? Nunca lo dijo claramente, pero ella no se sentía cómoda con los perros, y sin embargo se las había arreglado para devolverme a Kon, lo había llevado al veterinario incluso, donde se había presentado como mi novia. En ningún momento ella mencionó que él la había mordido y encima se descuidaba de tal modo que de algo simple pudo haberse transformado en algo crónico, en el mejor de los casos. Lo que había pasado esas dos semanas seguían siendo un misterio, pero a cada paso que daba dejaba de importarme y más ansioso me ponía, porque tenía ganas de verla y comprobar por mí mismo que estaba bien.
La encontré cubierta por completo por la sábana y fue inevitable el destaparla. No fue difícil descubrir que en realidad no estaba durmiendo, pero le seguí el juego y directamente le pregunté lo que yo ya daba como por verdad. Bajó un segundo su mirada a mis pies y me mintió. Kon había sido el causante. Me sentí mal por eso y decidí que debía pagar por todo lo que costara su tratamiento, era mi perro después de todo… aunque observé la habitación y sabía que una sola noche debía ser tan cara como el más exclusivo de los hoteles… su porfía me irritaba y de pronto exploté:
—No te entiendo ni siquiera un poco ¿sabes? me haces creer que todo está bien entre nosotros, que hay algo más que sexo y de pronto desapareces dos semanas sin decir una sola cosa; luego encuentras a mi perro, te muerde y tú no dices nada nuevamente y te despreocupas de ti misma al punto en que de no haber estado Renji contigo pudo haberte pasado algo muy malo ¿cómo crees que me siento? —expuse.
Sus ojos brillaban de un modo que hacían que mi corazón palpitara y desechara cada uno de los pensamientos negativos que tuve acerca de ella y su misteriosa desaparición; ya no me importaba… y le pedí que fuera mi novia. Era algo que no había planificado o siquiera sopesado de camino a ese lugar, fue algo que salió completamente de forma espontánea y aun así no me arrepentía de habérselo propuesto. Me había enamorado de esa mujer y la quería conmigo.
Su respuesta aparentemente positiva no me obnubiló y me percaté que aunque al parecer estaba de acuerdo y quería ser mi novia, había algo que la detenía y estaba aterrado de descubrir qué era.
Ella se acomodó en la cama y aunque me había estado mirando a los ojos todo el tiempo, dejó de hacerlo.
—Ichigo yo… —empezó.
Mi corazón latía apresuradamente, lo que quería decirme le estaba costando verbalizarlo… ¿qué podría ser? ¿Me diría que estuvo con alguien en todo ese tiempo que estuvo desaparecida?
—¿Qué es, Rukia? —pregunté con miedo.
—Me gusta cuando dices mi nombre —reveló.
Sonreí, porque a mí me gustaba su nombre, ella… toda; entera.
Volvió a enseriarse y mi estómago a endurecerse, pero antes de que pudiera decirme algo, la puerta se abrió y un imponente Byakuya Kuchiki apareció.
—Pensé que ya estabas durmiendo —comentó él.
Sentí que él estaba ocultando la evidente sorpresa que se llevó de vernos a ambos y especialmente a ella despierta. No sabía bien por qué, pero cada uno de los movimientos de Byakuya y esa careta de frialdad a mí no me convencían, lo había visto sólo una vez y sentía como si pudiera leerle la mente. Él derechamente me odiaba, pero era algo que sabía que nadie podría deducir además de mí, su fachada políticamente correcta, como había dicho Rukia en alguna oportunidad, era casi perfecta.
—Veo que estás con tu no-novio —señaló sarcástico.
—Eso ya no es así. Rukia y yo estamos juntos –rebatí.
Ella me miró interrogante, pero la ignoré; en lo que a mi concernía era para mí una realidad… no podía esperar a ver la cara de Renji y Tatsuki cuando se lo contáramos.
"El sujeto exasperante" como tan bien lo había descrito Renji, pasó de mí y se acercó a ella.
—No hubiese entrado de haber sabido… discúlpame, Rukia —habló él menos altivo de lo que esperé.
No, no me engañaba, definitivamente no lo hacía. Detrás de sus palabras había algo más, especialmente tras esa disculpa.
—Está bien… pensé que, no, no importa… ¿tuviste un buen viaje? —desvió el tema de forma muy evidente.
Él asintió.
—Mañana saldrás de alta ¿necesitas algo? —quiso saber.
—No, todo está bien…—respondió distante.
La conversación era extremadamente forzada entre ellos.
—Vendré por ti a mediodía —le informó.
—¡No es necesario! Ya lo arreglé todo, no tienes que molestarte —solicitó ella un poco desesperada.
Decidí intervenir.
—No te preocupes, yo me haré cargo de mi novia —recalqué.
—Está bien —aceptó.
—Cuídate, Rukia —acotó.
Creí que se despediría de ella con un beso, pero a cambio le dijo algo al oído que sólo ella pudo escuchar. Ella se sonrojó y asintió. Finalmente tan abruptamente como apareció se fue y volvimos a quedar solos.
—Oye… acerca de lo que le dijiste de nosotros a mí… a Byakuya — dijo ella insegura.
—¿Qué hay con eso? —me hice el desentendido.
—No soy tu novia, aún no he terminado de decirte lo que quería —dijo tímida.
—Ah, ¿sí? ¿Y qué debo decirle entonces a la veterinaria que me preguntó por una chica que calza coincidentemente con tus características físicas y que dijo sí que lo era? —refuté.
Si antes se había sonrojado con lo que haya sido lo que le dijo el estirado de su hermano, no se comparaba con el rubor adquirido tras mi comentario. Había sido descubierta en su propia mentira.
—Eso fue… —intentó justificar.
No me importaba lo que tuviera que decirme, no quería saberlo. Si era importante eventualmente lo sabría. No la dejé hablar, y obedeciendo a mis instintos la besé. Su lengua jugó con la mía un buen rato y nuestros labios se buscaban con anhelo. No me importaba su pelo enmarañado y por el contrario agradecía que no tuviera nada de maquillaje, porque la mujer que veía ante mí era perfecta al natural.
—Las cosas entre nosotros se vuelven rápidamente peligrosas —dijo ella —. Sería prudente que adquirieras distancia.
—¿Por qué lo dices? —dije con tono inocentón.
—Estamos en un hospital y cualquier persona puede entrar —contestó urgida.
—¿Y qué? Sólo estamos besándonos —contesté con simpleza.
Lo cierto es que mi mano ya se había infiltrado bajo la sábana y para cuando ella se percató ya era muy tarde...
—¡Ichigo! —se sobresaltó.
—¿Qué? —me hice el que no tenía idea de lo que la había complicado
Ella con su brazo sano intentó retirar mi mano de su entrepierna.
—Aquí no… —dijo él.
Ignoré su oposición, era tarde, porque traía puesta aquellas batas de hospital que facilitaban el acceso y no podía negarme a mí mismo a hacer eso.
—Déjate llevar —le susurré al oído.
—¿Por qué tienes que ser tan sexual? —preguntó medio molestas.
—¿Por qué tienes que excitarme tanto? —rebatí.
—Esa no es mi culpa —se excusó.
—Tampoco es la mía el que me ponga así cada vez que te veo —confesé.
Nunca había tocado a Rukia sin que estuviera lista para mí, por lo que hacerlo y contar los minutos en los que estuvo completamente mojada se podría convertir en mi nuevo y desafiante pasatiempo.
—No recordaba que tardaras tanto en lubricarte —recalqué.
—No me tardo –negó la acusación indignada —. Pero acá no me siento cómoda.
Sonreí por su actitud, ella decía no querer y sin embargo movía sus caderas al compás de mis movimientos con los dedos. Jugué con su zona sensible evitando deliberadamente el clítoris, pero lo rozaba, si ella no me decía con claridad lo que quería me iba a divertir viéndola frustrarse.
—Deja de jugar conmigo —exigió.
—Dime lo que quieres —demandé.
—Tú sabes lo que quiero —respondió —. Me obligaste a desearlo. Responsabilízate.
Una sonrisa genuina se apodero de mí. Ella era exigente y a mi me gustaban los retos.
—Dilo de forma sucia, de modo que crea que en realidad lo quieres —seguí jugando.
Sus ojos vidriosos por la excitación me miraron con furia.
—No te necesito para esto, ¿sabes? —desafió.
Era cierto, lo que estaba haciendo yo era algo que bien podía hacer ella por sí misma. Entonces cambié de táctica.
—¿Y lo hiciste mucho en el tiempo que no estuvimos juntos? —consulté.
—Lo normal —confesó.
—¿Qué es "normal" para ti? —anhelé saber.
—Una o dos veces al día —contestó.
Ya sabía yo que la libido de ella no era algo usual… y entonces antes de que se aburriera de mis tácticas, introduje un dedo y no dos como deseaba; ella gimió, y me detuve un instante a mirarla y nutrí mi ego con la visión de ella completamente estimulada y dispuesta. Con mi pulgar comencé a jugar con su clítoris mientras indagaba dentro de ella. Me había propuesto en un comienzo hacerme pedir por más, pero eso sería abusar de nuestra suerte, y ella tenía razón y en cualquier momento alguien podía venir. Introduje otro dedo y pareció sentirse más agradada con eso. Los sonidos de mis dedos invadiéndola ya habían hecho que a mí se me parara, con su expresión de gusto ya casi comenzaba a dolerme, y para cuando finalmente terminó, empecé a mirar el baño como un lugar de lo más apropiado para liberarme. Iba a retirar mi mano pero ella la atrapó entre sus piernas, no permitiéndome sacarla.
—No todavía —manifestó con un hilillo de voz.
Sentí con mi mano, ya completamente bañada por su orgasmo, como seguía contrayéndose y ella levantó un poco su cuerpo, apoyándose en sus tobillos y comenzó a temblar.
—No me digas que… —dije impactado.
Su expresión no dejaba lugar a dudas, ella se había corrido dos veces. Mi pene que estaba en completa erección, latió necesitado y envidioso.
La miré completamente embobado. Ella tenía sus mejillas sonrojadas y podía ver como el pelo detrás del cuello estaba un poco húmedo, por el esfuerzo. Besé sus mejillas sonrojadas y mientras ella jadeaba intentando recuperar su normal respiración. Tuve el impulso de oír qué tan rápido palpitaba su corazón y lo hice, pero ella aprovecho ese inocente movimiento para besarme.
—Te eché de menos, Ichigo. No hubo un solo día en el que no pensara en ti —reveló.
—Pide el alta. Ahora —exigí.
Ella se rio por mi comentario. De seguro creía que lo decía en broma, pero lo cierto es que yo lo decía en serio, pero como no lo captó, no iba a insistir… Nadie podía decirme que no lo intenté.
—Deberías irte a descansar. Mañana tienes que trabajar —sugirió ella.
—¿Me usas para correrte de esa forma y luego me mandas a dormir? —espeté con enfado disimulado.
—Para empezar yo no te lo pedí —se desentendió.
—Está bien, me iré. Volveré por ti a mediodía —respondí.
—No necesitas hacer eso, Renji puede venir y si no da igual… no es como si no pudiera hacerlo por mí misma. Es sólo una herida y en el brazo además... Puedo caminar —expuso
Por lo visto Rukia estaba demasiado acostumbrada a resolver las cosas por sí misma y se negaba a recibir ayuda. Demasiada independencia que no le hacía bien a mi masculinidad.
—Dije que vendré por ti mañana. Yo —recalqué enojado y enfaticé en el "yo".
Esperando que mi erección bajara pronto y guardándome las ganas de estar con Rukia, metérselo, acabar en el instante y con un solo movimiento, me fui a descansar; debía recordar temprano que tenía pedirle a Tatsuki que me cubriera en lo que me tardaba en ir al hospital; y esa misma noche les contaríamos a nuestros amigos.
Dormir después de recordar como Rukia se había ido dos veces sólo con mi mano fue todo un reto, sobre todo luego de que como desafío personal no me tocaría, esperando que llegara el momento para poder disfrutarlo todavía más.
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Tatsuki me miró de reojo cuando le pedí que me cubriera, pero asintió.
—Oye… hoy a la noche quiero que nos reunamos todos —anuncié.
—¿Por fin me la presentaras? —consultó dudosa.
—¿A quién? —inquirí.
—A la heroína que consiguió que pasaras menos tiempo en mi departamento —respondió —. Le construiré un altar.
Rezongué.
—¿Ya lo sospechabas? —dije sorprendido por la agudeza de su razonamiento.
—Te conozco desde que tenías cinco años. Sé hasta cuando tuviste sexo, y sé que no ha sido por un par de semanas, por lo menos —comentó triunfante y burlona.
La liviandad con la que lo dijo y lo certero de su comentario me amedrentó.
—Eres escalofriante —proferí.
Ella me mostró una sonrisa enorme y se fue diciéndome que esperaba conocer luego a esa mujer.
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—Espero que no te moleste –comencé —. Pero le dije a Tatsuki que le presentaría a la mujer con la que salgo. Hoy.
Vi el horror en sus ojos.
—Ichigo, antes de hacerlo oficial de verdad considero que deberías saber algo —insistió.
—Escúchame, Rukia —demandé su atención —. ¿Quieres estar conmigo?
—Sí —dijo segura.
—Eso es lo único que necesito saber, no sigas poniendo excusas —contesté.
Su insistencia acerca de lo que quería decirme era proporcional a mis ganas de no saberlo.
—¿De verdad quieres hacer esto? —me interrogó —. La cara de Renji va a ser histórica.
Moví mi cabeza afirmativamente; yo también estaba deseando verla.
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Volví a la escuela más pronto de lo planeado, pero como era esperado Tatsuki lo estaba llevando bien, los dos cursos estaban en enfrentados en un duelo y parecían demasiado entretenidos como para interrumpirlos. Mi amiga me giñó el ojo y me acerqué a ella.
—Tienes todo bien organizado —recalqué.
—Por supuesto ¿acaso lo dudabas?—dijo ella muy segura.
—Acerca de hoy… —dije dudoso.
—No te preocupes, no le hablaré mal de ti… no le diré que te gustaba mostrarte desnudo a las niñas, que tu fetiche es verte a ti mismo en un espejo… jamás le diré que antes de que llegara pasaste dos años sin sexo y no, no le hablaré de tu padre —agregó sabionda.
—Por favor… —le pedí.
No me quedaba otra.
—¿Vas en serio con ella? —dijo más seria.
—Sí… nunca te lo dije pero desde hace años que me gusta una chica —revelé tímido.
—¿Rukia? —adivinó.
—¿Pero qué…? ¿Pero cómo…? —estaba sin palabras.
—Ya te lo dije —se vanaglorió —. Sólo ella y el ciego de Renji no se daban cuenta de tus miradas lascivas. En serio… llegabas a ponerme nerviosa.
—¿Por qué nunca me hiciste el comentario? —deseé saber.
—Porque ese es asunto tuyo y si no me decías nada era porque no querías hablarlo —contestó.
—Estoy realmente asustado de ti —acoté intimidado.
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Estaba ansioso, había encontrado a alguien finalmente que no sólo me satisfacía sexualmente, sino que me interesaba en todos los aspectos, quería conocerla, quería darle lo que ella anhelara, quería protegerla, quería que me quisiera también. Estaba consciente de que era una mujer complicada y que era misteriosa en muchos sentidos, pero yo tampoco era fácil de llevar. Quizás la presionaba haciendo lo que tenía pensado, pero no estaba dañando a nadie.
Tatsuki me dijo que sería una buena idea que llevara a la chica a departamento de ella porque el mío olía a moho. No creo que en su vida haya sentido olor a moho… pero accedí, era cierto que el suyo era más grande y el impacto podía ser menos duro si estábamos en terreno conocido.
Cuando llegué Rukia ya se encontraba ahí y me abrió la puerta. Me sonrió y tomó mi mano unos segundos antes de volver a la cocina donde Renji estaba preparando "su menú especial" que consistía en tirar carne que ya venía cortada a una parrilla que tenía en la terraza.
Después de un rato Tatsuki llegó también, y nos vimos ahí en la cocina.
—¿Seguro que sabrá llegar? —titubeó —. Ha tardado ¿por qué no te viniste con ella? Quizás se perdió… tengo hambre.
Rukia me miró y negó con la cabeza, pero yo no le iba a seguir el juego.
—En realidad estamos todos ya —clarifiqué.
Renji me miró, pero siguió con su carne. Tatsuki se quedó pensando en lo que acababa de decir y pero no dijo nada. Rukia que estaba avergonzadísima, también trató de buscar una explicación a la carencia de respuesta por parte de ellos hasta que Tatsuki explotó.
—¡No me jodan! —exclamó explosivamente —. Es una puta broma.
Tatsuki no solía expresarse así por lo que Renji por fin prestó atención.
—¡Estos dos están saliendo! ¡Están juntos! —dijo chillando.
Renji soltó los utensilios que sujetaba y se acercó a Rukia en dos zancadas y la tomó de los brazos y la agitó.
—¿Es cierto lo que dijo Tatsuki? —preguntó serio.
No tenía claro el mensaje que se estaban dando mientras se miraban fijo, pero claramente se estaban comunicando.
—Suéltame, bruto —exigió.
Él la soltó y finalmente le contestó.
—Sí, es cierto. Ichigo y yo estamos saliendo —confirmó.
Tatsuki saltó feliz a abrazarnos, sin embargo Renji no fue así de efusivo. Mi amiga me invitó a que los dejáramos solos y así lo hicimos.
—¡Nunca imaginé esto! Rayos… bajo mi propia nariz ¡Me engañaron por completo! —decía ella divertida —. Sospecho por eso Renji no está muy contento, pero no te preocupes. Se alegrará pronto.
Eso esperaba, pero de lo contrario tampoco es que fuera a dejar de estar con ella porque a él le molestara. De ningún modo. El resto de la velada Renji se quedó más callado de lo acostumbrado. Tatsuki negaba con la cabeza, diciéndonos que no lo tomáramos en serio y finalmente nos fuimos. Había salido mejor de lo que esperaba.
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—¡Por fin solos! y en un lugar adecuado —expresé —. Anoche quedamos en dos a cero.
—No puedo creer que lleves la cuenta —dijo ella sorprendida.
—Es fácil para ti no llevar el marcador, porque tú no eres la que quedó en desventaja —se justificó.
—Exageras —espetó.
—¿Sí? –quise confirmar —. ¿Te parece esto una exageración?
Tomé su mano e hice que me tocara. Desde hacía un rato que yo no estaba precisamente pensando coherentemente.
—Debo admitir que sí —admitió.
No le dije nada, pero ella en medio de su salón me desabrochó el pantalón, me quitó todo y me dejó expuesto.
—¿No estás un poco efusiva hoy? —consulté sonriendo.
—¿Crees que sólo tú ayer te quedaste con las ganas? Yo siempre quiero más, siempre lo quiero todo —rebatió ella.
Se aproximó y supe que deseó besarme, pero si tenía totalmente en cuenta que si no estábamos en una superficie horizontal, o bien sentados, iba a ser difícil para ella, por lo que la levanté y ella cruzó sus piernas en mi cintura, más arriba de donde la quería, pero estábamos a la altura perfecta en esa posición para besarnos.
—Vamos a mi habitación —ordenó —. Deseo tenerte en mi cama.
No tenía que repetirlo, yo quería estar donde ella quisiera que estuviera.
Llegamos a la cama donde Rukia me indicó que no me acostara. Ella se sentó en el borde y se acercó peligrosamente a mi pene, logrando hacerme cosquillas con su flequillo, y mirándome rijosa se acercaba a mi pene y se alejaba sonriendo.
Puse una mano en su cabeza, jamás la obligaría, pero comencé a acercarla, queriendo apresurar un poco las cosas… estaba realmente impaciente.
—Antes de empezar tengo que decirte algo —habló con seriedad.
¿Iba a empezar con ese asunto justo en ese momento? ¿Pero cuál era su problema? ¿Por qué estando tan cerca de mi pene mejor no abria su boca entorno a él?
—No ahora… —manifesté sin poderlo creer.
—No… no es eso que tú piensas; es otra cosa —explicó.
—¿Qué es Rukia? —repliqué hastiado.
—Desde hace dos meses suspendí los anticonceptivos por orden del médico —relató ella —. No ha sido problema hasta ahora porque aún contaba con el efecto residual…
—¿Qué es lo que me quieres decir? —dije confundido.
—Que si no queremos que ocurran cosas inesperadas vamos a tener que usar profilácticos —soltó con claridad.
Y así, estando con una erección tremendamente dolorosa recibí una noticia que no estaba seguro de cómo debía recibir, mientras ella me miraba expectante por mi respuesta...
Continuará...
¡Hola! Saludos, espero que les agrade esta actualización y que por supuesto me dejen saber que opinan con un siempre bienvenido review.
