¡Hola! Primero quería disculparme con todos los que leen esta historia, es que tuve problemas de conexión y no pude entrar al internet. Como sea, ahora por recompensa, subiré hoy y mañana prometido. Estos personajes no me pertenecen, sino a Miss Collins y obviamente la historia a Est Cullen, la verdadera autora, yo solo estoy modificando los personajes(?) Nos leemos abajo.


KPOV

La fiesta de compromiso había sido todo un éxito y no lo digo yo, si no que salió en todos los periódicos y revista de sociedad, mi compromiso y mi próxima boda era el acontecimiento del año, habían empezado a especular sobre un posible embarazo, y que esa era la razón por la que nos casábamos tan rápido, me reí ante semejante tontería, pronto se mostraría que eso era mentira, solo era cuestión de tiempo que ese rumor quedara desmentido.

Un asunto que me preocupaba era Cato, no le conocía y no sabía que tan peligrosa podría ser su amenaza, pero después de pensar en ello durante el resto del fin de semana, decidí no darle mayor importancia, seguramente me quería asustar para que anulara todo y así él pudiera tener la oportunidad de conseguir la compañía, aunque si volviera a amenazarme esta vez si que se lo diría a Peeta, por el momento era no mejor no preocuparle. El teléfono de mi despecho empezó a sonar haciendo que volviera a la realidad.

- Señorita Everdeen, esta aquí el Señor Hawthorne, quiere verla - dijo mi secretaria.

- Dile que puede pasar - contesté y colgué.

La puerta se abrió, y por ella apareció mi amigo, su cara era una mascara de frialdad, había estado fuera la semana pasada por asuntos de trabajo por lo que no pudo acudir a la fiesta, y apenas habíamos hablado, ambos estábamos muy ocupados con nuestros trabajos.

- Buenos días Gale, ¿que te trae por aquí? - me levanté para irle a saludar pero hizo un gesto para que me detuviera.

- ¿Qué es eso que te casas?, no me puedo creer que te cases con Mellark, ¡por favor! ese hombre no sabe serle fiel a nadie, te está utilizando - su voz salió dolida.

- Gale, eres mi amigo, y te quiero, pero no te metas en algo en lo que no tienes ni idea, Peeta no me esta utilizando.

- No me digas que eres una más de las tontas que caen rendida a sus pies cada vez que él las mira - espetó con furia.

- No te consiento que me hables de esa forma, si me quiero casar es asunto mio y de nadie más - mi voz se elevó, yo también estaba empezando a enfadarme, quien se creía que era para reclamarme de esa forma.

Vi a Gale avanzar hasta situarse en frente de mí, me sacaba una cabeza, pero no me amedrenté y no iba a dejar que me intimidara.

- Si todo esto es por que tu padre me dio la vicepresidencia, te la cedo y deja toda esta locura, es imposible que estés enamorada de Mellark - Gale tenía su mirada fija en la mía.

- ¿Que es imposible Gale, que yo este enamorada o que Peeta Mellark quiera casarse conmigo? - sus palabras dolían, no esperaba esto de él - Gale es mejor que te marches, y tranquilo no tiene nada que ver con tu puesto, Peeta me ofreció esto porque necesitaba ayuda y yo acepté encantada - la última parte era mentira pero quería que viera que nadie me estaba utilizando.

- Kat, no me voy a quedar con los brazos cruzados viendo como te vas con otro - su brazo rodeó mi cintura y me estrechó contra él, abrí los ojos al ver lo que pretendía hacer.

- Jake no... - pero no pude decir más porque sus labios se posaron sobre los míos, se movían de forma suave, puse mis manos en su pecho para alejarlo, pero él era más fuerte que yo, y no conseguí separarnos, así que me quedé inmóvil.

Gale se alejó y me miró a los ojos, en los suyos había dolor y rabia, me dolía verle así pero no podía corresponder sus sentimientos, y ahora que él me había besado podía decir que no sentía nada, no me quitaba el aliento o me hacia olvidar mi nombre como si lo hacía Peeta, ese descubrimiento me asustó un poco porque mis sentimientos hacia Peeta iban en aumento, y debería pararlos antes de que terminara dolida, porque el día que tuviéramos que decir adiós iba a doler mucho.

- Se reconocer la derrota - susurró y antes de que pudiera decir nada se marchó. Me quedé mirando la puerta por donde había salido, no era justo que se sintiera así ,yo nunca le di esperanza de corresponder a sus sentimientos, él era mi mejor amigo casi un hermano.

Pasé casi toda la tarde intentando hablar con Gale, pero su teléfono estaba apagado, le odiaba por hacerme sentirme mal, así que cuando llegué a casa me puse mi ropa deportiva y salí a correr necesitaba expulsar todo la rabia que tenía dentro de mí. Estaba furiosa, yo no había hecho nada para que me ignorara de esa forma, él debía aceptar mis sentimientos, me dolía que estuviera dispuesto a tirar tantos años de amistad de esa forma, no sabía cuanto tiempo llevaba corriendo, pero alguien me sujeto del brazo haciendo que casi me cayera al suelo.

- ¡Joder casi me tiras! - grité a quien sea que me hubiera sujetado, al volver la cara vi que era Peeta.

- Lo siento, pero llevo más de 10 minutos detrás tuya gritándote e intentando seguirte, pero hoy llevas un ritmo infernal ¿qué te pasa? - Ambos nos miramos y fue en ese momento en que me derrumbé y me arrojé a los brazos de Peeta.

- He discutido con Gale y ahora no me coge el teléfono - dije mientras Peeta me devolvía el abrazo, pero enseguida me separé ya que me acordé que estaba sudada y no debía oler muy bien - lo siento estoy sudada-. Peeta me miró y me dedicó una sonrisa.

- Vamos a mi apartamento, te duchas y me cuentas que es lo que ha pasado - Peeta no me dio tiempo a responder ya que cogió mi mano y me guió fuera del parque.

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Peeta había pedido pizza, yo me había duchado y me había puesto una camiseta suya que me quedaba por mitad de mis muslos y unos pantalones de chandal que eran un poco grandes pero por lo menos no se caían. Le había contado toda la historia de Gale, Peeta se enfadó diciendo que hablaría con él pero le disuadí, no quería que empeorara las cosas, yo había sido suficientemente clara y ahora le tocaba a Gale comportarse como un adulto.

Tras la cena decidimos ver una película y pasar tiempo juntos, ya que rara vez teníamos una ocasión como esta, pues casi siempre mi presencia era exigida para decidir algo relacionado con la boda, lo cual me consumía bastante tiempo y apenas teníamos tiempo para conocernos, cosa que me gustaría hacer ya que tenía que convivir con Peeta durante un año. No se exactamente en que parte de la película me quedé dormida, lo único que se es que cuando abrí los parpados mi cabeza descansaba en el pecho de Peeta, y sentía su brazo alrededor de mi cintura, eso fue suficiente para sentir los colores subir a mi cara, tenía miedo de despegar mi cara de su pecho, intenté mirar sin apenas moverme y vi que su respiración era tranquila por lo que supuse que él también se había quedado dormido, intenté separarme sin despertarlo, pero cuando intenté quitar su brazo me apretó más contra su costado, resoplé frustrada, no había manera de escapar sin despertarle.

Cuando levanté la cabeza me encontré con los penetrantes ojos verdes de Edward, eso me dejó sin aliento, nuestros labios estaban a escasos centímetros, al final todos mis esfuerzos por no despertarle habían resultado inútiles, su aliento chocó contra mis labios y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, lo siguiente que sentí fueron sus labios reclamando los míos, un gemido de placer se escapó de mi boca, momento que aprovechó Peeta para introducir su lengua, mis manos fueron hacia su cuello, y poco a poco nos fuimos recostando en el sofá, quedando Peeta encima mía.

Cuando el aire empezó a escasear, Peeta dirigió sus labios por mi cuello, empezaba a sentir que la ropa era un estorbo, así que sin saber muy bien donde vino ese arranque de valentía cogí la camiseta de Peeta y se la quité, me quedé embobada mirando su esculpido pecho y no pude evitar pasar mis dedos por sus definidos abdominales, eso hizo que Peeta siseara de placer y atacará de nuevo mi boca.

Sus manos tampoco se quedaron atrás y pronto solo estaba con mi sujetador negro, no era el más sexy que tenía, pero en mi defensa diré que había salido a correr, ni el lo más profundo de mis pensamientos iba a imaginar que acabaría semidesnuda con Peeta encima mía a punto de tener sexo.

Sus labios una vez más fueron a mi cuello y esta vez bajaron hasta mis pechos, se deshizo del sujetador hábilmente y atrapó entre sus dientes uno de mis pezones que estaban duros, el otro fue atendido por una de sus habilidosas manos, yo no podía hacer otra cosa que gemir y arquear mi espalda, aparte de refregarme contra su pierna en busca de fricción que aliviara la tensión que había entre mis piernas. Busqué rápidamente el botón de sus pantalones para quitárselo, colé mi mano dentro de los boxer y acaricié su erección, que estaba dura, eso hizo que Peeta gimiera de placer, soltó mi pezón y nos miramos a los ojos, los suyos estaban negros de puro deseo y me imaginé que los míos debían estar igual.

Él mismo se quitó los pantalones y los boxer a la vez, haciendo que su miembro saltará libre, era grande y no pude evitar relamer mis labios ante aquella visión de Peeta desnudo, Peeta no esperó mucho y me quitó los pantalones del chándal y las bragas, dejándonos en las mismas condiciones.

Se volvió a posicionar otra vez encima de mi, y volvió a besarme, esta vez de forma salvaje, sentía su erección en la entrada de mi sexo, y ese roce me estaba llevando al límite.

- Pee..ta- chillé cuando uno de sus dedos me penetró sin aviso.

- Solo comprobaba que estabas lista para recibirme - susurro Peeta sobre mis labios.

Retiró sus dedos, y de una sola estacada me penetró, ambos siseamos por el placer, Peeta se quedo quieto unos segundos para que me acostumbrara, cuando estuve lista él empezó penetrarme de forma lenta, sin prisas, eso me estaba llevando al límite, yo necesitaba más, enganché mis piernas a su cintura, consiguiendo que la penetración fuera más profunda, y como si me leyera la mente Peeta empezó a embestir más rápido y fuerte, los sonidos de nuestros gemidos eran lo único que se oía, yo podía sentir mi orgasmo crecer, estaba muy cerca.

- Pee...taaa más, estoy cerca - chillé y segundos después exploté alcanzando la cima y volviendo a gritar sus nombre, Peeta siguió embistiéndome y poco después él encontraba también su liberación a la vez que gritaba mi nombre, Peeta se derrumbó sobre mí agotado.

No se cuanto tiempo estuvimos así, quietos, Peeta encima mía, todavía dentro de mí, y yo acariciando su pelo, pero de pronto Peeta se incorporó llevándome con él y dejándome sentada a horcajadas.

- Rodéame con tus piernas, te voy a llevar a la habitación, todavía no he terminado contigo - susurro en mi oído, dándome un mordisco, sentí como comenzaba a crecer en mi interior, yo lo único que hice es suspirar de puro placer y dejarme hacer.

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Me desperté enredada entre las sábanas, estaba un poco desorientada, cuando me moví para ver la hora que era, sentí un pequeño dolor en sitios donde hacia tiempo no me dolía, eso hizo que a mi mente acudieran imágenes de la noche anterior y la maratón de sexo que tuve con Peeta, pasamos casi toda la noche despiertos y solo paramos cuando ya estábamos agotados, ahora no estaba segura como iba a manejar todo esto, el sexo con Peeta fue increíble, nadie nunca me había hecho sentirme así, y eso me asustaba, no sabía hasta que punto mi corazón iba a resistir todo esto, y que pasaba si llegaba a enamorarme de Peeta, eso no entraba dentro de nuestro pacto, tendría que ir con cuidado para no salir escaldada de esta relación tan atípica en la que nos habíamos embarcado.

Me incorporé de la cama llevando las sábanas conmigo para cubrir mi desnudez, estaba sola en la cama, y las cortinas estaban cerradas por lo que no dejaba entrar luz en la habitación, me fijé en el despertador que Peeta tenía en la mesilla de noche y vi que eran las 3 de la tarde, al momento salté de la cama e intenté buscar mi ropa por el cuarto, pero no la encontraba, entonces recordé que me había cambiado y que Peeta me había prestado algo de ropa, que seguramente debía estar en el salón junto con mi ropa interior, me dirigí hacia el armario de Peeta y le cogí una camisa, se estaba haciendo una costumbre que me pusiera su ropa.

Una vez terminé en el cuarto de baño, me dirigí al salón, en el fondo me daba vergüenza encontrarme a Peeta, y rezaba por que se hubiera tenido que ir, y así no enfrentarme con él en este momento, pero como siempre la suerte no estaba de mi lado.

- Buenas tardes, estaba a punto de irte a buscar para comer algo- saludó Peeta cuando ambos nos cruzamos en el pasillo.

- Hola - sentí mi cara arder, cuando sentí su mirada mirarme de arriba a abajo - muero de hambre - no sabía más que decir, así que me dirigí a la cocina.

Pero al pasar por su lado, tomó mi brazo y pegó mi espalda contra la pared, lo siguiente que sentí fueron sus labios sobre los míos, suaves, sin prisas, esto me había cogido de improvisto, gustosa le devolví el beso, antes de lo deseado se separó de mí y me regaló la sonrisa más sexy y encantadora que hubiera visto en mi vida, esto hizo que mis piernas se debilitaran y que mi estómago se llenara de estúpidas mariposas, Peeta estaba haciendo muy difícil que mis sentimientos se quedaran al margen.

Cuando nos separamos mi respiración era agitada y podía sentir mis mejillas arder, como me pude me escabullí a la cocina, y sentí a mi espalda la risa de Peeta, le ignoré lo mejor que pude, pero en mi mente no había otra imagen que la de nosotros dos desnudos, ¡lo sé! era una tonta por comportarme así, pero nunca había tenido una noche de sexo casual, como lo hacían Glimmer y Annie, tendría que haberlas preguntado, sacudí mi cabeza por mis absurdos pensamientos.

- Anoche no eras tan tímida - susurro Peeta detrás de mí, posando sus manos en mi cintura y dejando un beso húmedo en mi cuello.

Sentí mis piernas debilitarse, y tuve que agarrarme a la encimera para no caerme, como podía tener este efecto en mi en tan poco tiempo, ahora sabía porque las mujeres se arrastraban para conseguir una cita con él, era un depredador nato y sabía muy bien como doblegar a las mujeres a su voluntad. Le di un pequeño codazo para que se apartara y así poder coger un vaso y beber un poco de agua.

- Vamos Bella, solo estoy bromeando, ¿no se por qué me ignoras de esta manera? - se quejo Peeta a mis espalda.

- Lo siento - suspiré - yo tampoco se porque estoy actuando de esta manera, de hecho no se como comportarme, yo no soy así Peeta, no me acuesto con un hombre que apenas conozco - susurre la última parte, sentí mis ojos picar.

- Shss...tranquila - Peeta me abrazo - vamos por parte, primero se que no eres como las demás, se como eres o por lo menos creo saberlo, ¿por qué crees que te rogué para que te casaras conmigo? sabía perfectamente que no te acuestas con el primero hombre que se te cruce por la calle, segundo, somos adultos y esto que ha pasado entre nosotros es completamente normal, y para serte sincero espero que ocurra más veces, porque ya me estaba empezando agobiar el hecho de pasarme un año sin sexo - miré a los ojos de Peeta en ellos había sinceridad y diversión.

- ¿De verdad ibas a pasar un año entero sin sexo? - pregunté incrédula.

- Claro, por quien me tomas, voy a serte fiel, y como no había hablado sobre tener relaciones, empezaba a sumir que iba a ser un largo año de abstinencia - ambos sonreímos - Aunque tenía las esperazas puesta en la noche de bodas, incluso tenía un plan.

- ¿Un plan?, y se puede saber que ibas a hacer para caer rendida a tus pies - le seguí la broma.

- Bueno, la idea era seducirte, iba a hacer una especie de streptease, se que soy irresistible desnudo, no hubieras tenido escapatoria - le miré alucinada, sin duda no hubiera tenido nada que hacer, pero no era necesario que Peeta supiera ese detalle.

- Idiota, algún día tu ego y tú no vais a caber en la misma habitación - salí de sus brazos, para buscar algo de comer en la nevera, ahora que estaba más tranquila me había dado cuenta de que en verdad estaba muerta de hambre.

- Anda, siéntate, he hecho pasta - dijo Peeta mientras me apartaba de la nevera y me sentaba en unos de los taburetes que había en la cocina, pero al sentarme hice una mueca de dolor que no paso desapercibida para Peeta.

- ¿Estás bien? - yo volví a tornarme de color carmesí.

- Sí, demasiada actividad - susurre, pero Peeta lo oyó perfectamente y soltó una carcajada, yo solo me limité a sacarle la lengua.

La comida transcurrió entre miradas cómplices y cómodos silencios, creo que nunca había estado tan cómoda con un hombre, cuando terminamos yo me ofrecí para lavar los platos, al principio Peeta no estuvo de acuerdo, pero finalmente terminó aceptando, cuando vio que no había manera que cambiara de idea.

- ¿Te he dicho lo hermosa que estas con mi camisa? - susurro detrás de mi, mientras sentí sus manos ascender por mis muslos, solté un suspiro, ¡dios! este hombre me hacia temblar como una colegiala. De pronto sentí las manos de Peeta quedarse congeladas en mi trasero. - Eres una chica traviesa Katniss Everdeen - murmuró contra mi cuello y yo no pude evitar soltar unas risitas al a ver sido pillada sin usar ropa interior.

- En mi defensa diré que no encontraba mi ropa, que por cierto ¿me podrías decir donde esta? - Peeta ignoró mi pregunta y siguió besándome.

Pero nuestra burbuja fue interrumpida, por el sonido de su móvil, se apartó lentamente de mí y fue a contestar, suspiré cuando me vi liberada de su embrujo, no es que no quisiera repetir otra buena sesión de sexo como la de noche, pero dudaba que mi cuerpo aguantara ni siquiera una ronda, ¡este hombre iba acabar conmigo!.

Una vez que terminé en la cocina, fui en busca de mi ropa, miré en el salón y efectivamente allí estaba mi ropa interior, colocada en el sillón, rápidamente me dirigí a cogerla, no me gustaba estar solo con una camisa, mi próximo objetivo fue buscar la ropa que me había puesto para correr el día anterior y que Peeta había puesto a lavar cuando me duché. Una vez lista volví al salón para revisar mi móvil.

- ¡Cobarde! - exclamó Peeta detrás de mí, haciéndome saltar del susto.

- Si quieres la próxima vez, te espero desnuda en la habitación - dije irónicamente, aunque por el brillo que se instaló en los ojos de Peeta, le pareció buena idea - estaba de broma, tengo que irme, tengo que ver unos informes este fin de semana, para terminar de ponerme al día con la empresa - expliqué mientras cogía mis cosas.

- Sabes que si necesitas ayuda, yo te hecho una mano - dijo Peeta con sinceridad.

- Gracias, pero tengo todo bajo control - él asintió y le di un beso en los labios a modo de despedida, esta era una de las pocas veces que yo tomaba la iniciativa, al principio le tomó de sorpresa pero en seguida una sonrisa brillante se dibujó en su cara.

Me despedí de Peeta con la promesa de que nos volveríamos a ver pronto, al salir a la calle el sol de mediodía dio de lleno en mi cara, decidí caminar un poco, aunque sabía que mi casa estaba un poco alejada, pero no me apetecía llegar aún a ella, sabía que iba a ser expuesta a un interrogatorio exhaustivo por parte de Effie Everdeen, esa mujer era peor que el FBI, si quería saber algo, ella lo descubría, era temible.

Al pasar por delante de una cafetería el olor a café me golpeó, así que decidí entrar, no llevaba mucho dinero, pero si el suficiente para tomar un café, siempre que salía a correr tenía que llevar algo de dinero y el móvil, eran las condiciones de mi padre para que él pudiera estar tranquilo. Me puse a la cola para esperar a mi café cuando una voz masculina me llamó.

- ¡Katniss! - gritó Marvel, que estaba sentado en una mesa con Finnick, y hacía movimientos con sus manos para que me acercara.

- Hola chicos, no esperaba encontraros aquí - no sabía muy bien como actuar con ellos, no los había vuelto a ver desde la cena de compromiso, sabía que Peeta había hablado con ellos, aunque todavía no estaban muy contentos por la boda, habían prometido respetarme.

- ¿Por que no te sientas y te tomas un café con nosotros? - preguntó Marvel, no me apetecía mucho, pero sabía lo importante que era para Peeta que sus amigos me vieran con buenos ojos, así que me senté con ellos y pedí mi café.

- Peeta me ha dicho que os quedáis en Nueva York hasta la boda - intenté sacar un tema de conversación.

- Si, ambos hemos decido coger vacaciones y pasar más tiempo con nuestro amigo, además creo que hablo por los dos, cuando digo que ya necesitábamos un cambio de aire - explicó Marvel mientras Finnick asentía.

- Eso quiere decir que ¿os estáis pensando en mudar a Nueva York? - pregunté con curiosidad.

- ¿Por que pareces tan sorprendida?, no te hace gracia que estemos a tu alrededor ¿no?, tienes miedo que hagamos ver a Peeta que eres una arpía que solo se ha aprovechado de él en un momento de debilidad para sacarle lo máximo posible - espetó Finnick con todo su odio hacía mí.

Parpadeé perpleja por todo lo que me había dicho, después de todo lo que les había dicho Peeta seguían pensando que era una cazafortuna que se aprovechaba de su amigo, yo había puesto todos los medios para llevarme bien con ellos, pero por lo visto ellos no tenía intención de cooperar.

- Veo que seguís atacándome, pero no me voy a rebajar a vuestro nivel, creo que el tiempo podrán las cosas en su lugar y espero estar allí cuando me pidáis perdón - me levanté dejando el dinero para pagar mi café, que apenas había tocado, no estaba dispuesta a oír más tonterías y salí de la cafetería.

- ¡Kaaatniss! espera, por favor - oí como gritaba Marvel, me giré para ver que venía corriendo, ¿tan rápido me había alejado de la cafetería?

- ¿Vas a seguir insultándome? - pregunté con rabia.

- No, lo siento, quiero disculparme por el comportamiento de Finnick - le miré incrédula - mira no es nada personal contra tí, lo que pasa es que ha salido de una relación tormentosa y para no entretenerte te diré que ella le usó para sacarle todo lo que podía.

- Pero yo no tengo la culpa de que él eligiera mal - dije cruzando mis brazos.

- Lo sé, y Peeta le ha dicho desde que hemos llegado que tu no eres igual a ella, y yo le creo, por eso quiero que sepas que yo no estoy en contra tuya y seguramente Finnick se arrepentirá de lo que ha dicho en cuanto Peeta se entere.

- Yo no le voy a contar nada a Peeta, no soy una niña pequeña para que libren mi batallas, si me atacan me defiendo - Marvel sonrió y sus dos hoyuelos se le marcaron en su mejilla.

- Pero yo sí, Finnick tiene que madurar y dejar de pensar que todas las mujeres son unas arpías que te quieren chupar hasta la última gota de sangre - sonreí, cada vez me caía mejor Marvel, mi móvil empezó a sonar, vi que era mi madre, un suspiro me salió de lo más profundo, ya decía yo que estaba tardando mucho en llamar.

- Tengo que irme, seguramente, mi madre me necesita para algo de la boda - dije sin contestar, ya hablaría con ella en casa.

- No te preocupes, no te entretengo más, nos vemos chica guerrera - dijo soltando una gran carcajada al final. Parecía que no iba a ser tan fácil llevarse bien con los amigos de Peeta, por lo menos con uno de ellos.


Espero les haya gustado. Quiero agradecer los lindos reviews de:

Erendy, .16,Edwardita,torposoplo12, Riley92,Zae,anairamellark18,PeetaLoveeeeeeee, narbig100,Adrix Mellark.

Y gracias también a los lectores invisibles(?) a los que han puesto alerta y favoritos. Nos leemos mañana (: