N/A: En el capítulo anterior, Bulma rechaza a Lord Ouji; van a una fiesta de Goku y ella decide quedarse allí por la tormenta, Vegeta y Tarble vuelven a la mansión. Ella regresa 3 días después y él la humilla en la escalera, para luego ir a disculparse por la noche e intentar seducirla, aunque esta vez ella se lo permite y tienen relaciones.

Advertencia: Escena para mayores de edad :v


"Estaba sedienta y sola con el demonio, quien le ofrecía un vaso de agua sin dejar de sonreírle"

7

Cada vez que terminaban de hacerlo, la joven institutriz quería alejarse varios metros de él. Era como si al separarse, recordara quien era él y lo mucho que le desagradaba, podía soportarlo solo cuando se besaban y tocaban, no lo toleraba de otra forma. Pero le costaba expresárselo, siempre se excusaba con que debía irse para que nadie sospechara, cuando en realidad ya no quería compartir las sábanas con él. Lord Ouji la había visitado todas las noches, llevaban casi un mes relacionándose sexualmente y no se arrepentía de nada.

Al principio sintió mucha culpa, después que la lujuria dejaba su cuerpo y solo quedaba agitada respirando junto a él, se lamentaba por su actuar y se prometía no volver a hacerlo. Sin embargo, cada vez que él entraba a su cuarto, y se subía a su colchoneta, la besaba y desnudaba, lo olvidaba por completo. A medida que pasaban las noches, fue dándose cuenta de que no tenía porque arrepentirse de lo que estaba haciendo, y menos sentirse avergonzada. Tenía el mismo derecho que el señor del Tridente de disfrutar del sexo, no estaba haciendo nada malo y lo entendió al reflexionar sobre el actuar del señor. Verlo tan resuelto con el tema, le hizo darse cuenta de lo limitada que estaba sobre sí misma, él era un hombre desinhibido y era así porque podía serlo sin ser juzgado ¿Por qué ella no podría? Sabía que no podía exponer su postura delante de todos, pero podía hacerlo en las cuatro paredes de su dormitorio, al decidir si recibía o no a Lord Vegeta entre sus piernas y cuando hacerlo.

― ¿Ha pensado… mi propuesta? ― Sabía a qué se refería, pero prefirió fingir ignorancia. Sin mirarlo, susurró con la voz entrecortada por el esfuerzo reciente. Después de casi un mes de relaciones sexuales, empezaba a acostumbrarse a las consecuencias de esos encuentros, pero no podía evitar agitarse cada vez que lo hacían. Ella era igual de participativa que él, no lo dejaba tomar el mando.

― ¿Qué cosa? ―Preguntó, girando hacia él. Lord Vegeta tenía la sien perlada de sudor, la luz amarilla que iluminaba desde su velador, hacía que su piel se viera anaranjada, su cabello con toques luminosos y en sus ojos había un pequeño destello. Tragó saliva en seco, no podía negar lo que ese hombre le provocaba. Desde que había llegado al Tridente, que se había encontrado con un gran número de ejemplares masculinos como el señor Goku y su hermano, pero no los deseaba como lo hacía con su patrón. Él le seducía, la tenía a su merced y lo sabía.

―Ser mi mujer―dijo el señor, sin un ápice de duda o vergüenza, pero era así su seguridad, era un hombre que sabía lo que quería y se movía según sus deseos, y ella era algo que él deseaba, lo sabía. Pero contribuir a sus deseos no significaba que ella quisiera el mismo futuro, la joven solo quería su cuerpo por las noches, satisfacer su necesidad de lo prohibido y en el día olvidarse que había cedido a sus instintos, para nuevamente caer en su red por la noche.

―No está en mis planes ser su esposa―respondió mirándolo a los ojos―ni la de nadie.

―Pensé que… después de todas estas noches, la había convencido―soltó sonriéndole, la comisura derecha de sus labios se curvó hacia arriba, Bulma podía notar que no estaba molesto por su negativa, parecía incluso estar provocándola. Como si no lo dijera en serio, en ese momento la joven se percató que, en el fondo, no sabía si lo que aquel hombre le decía era cierto, pero la duda se disipaba rápidamente, si lo que quisiera fuera sexo, después de obtenerlo no seguiría visitándola o proponiéndosele.

―Necesitará más que eso para convencerme―respondió desviando la mirada, el señor siguió manteniendo su sonrisa burlona, pero en el fondo empezaba a impacientarle la actitud de la institutriz. Se sentía seguro sobre sus sentimientos por ella, la joven le gustaba y empezaba a aceptar su libertad para hablar y expresarse sin temor a lo que diría u opinara, pero no lograba entenderla del todo. Cualquier mujer estaría feliz en su posición, todas buscaban un marido y sobre todo si era un lord, y ella era la excepción a la regla. ―Creo, que debería irse. Alguien podría verlo.

Vegeta alzó ambas cejas al escucharla, empezaba a sentirse usado y no le gustaba ¿Así se sintieron tantas mujeres en su vida? Se puso de pie con movimientos perezosos y buscó sus pantalones, alcanzó a ver la desnudez de su compañera al mover las sábanas y fue tentado en quedarse un momento más, pero el rostro serio y cansado de la joven le advirtió que no era una buena idea en ese momento. Tomó su bata y la vistió en silencio, pensó en besarla antes de salir, sin embargo, descartó la idea apenas giró hacia ella, estaba dándole la espalda, la ropa la cubría hasta el cuello y solo podía ver su cabello suelto esparcido en la almohada, era una clara declaración, la noche apasionante había terminado. Sintió su pecho pesado, sus latidos lo golpeaban fuertemente y entendía por qué, la humillación por su rechazo era inevitable. Salió de su habitación en silencio, dando pasos sigilosos y escondiéndose en su propia mansión ¿Cuánto más bajo había caído? Medio sonrió, lo hacía por ella. Estaba convencido que de una u otra forma, ella sería suya para toda la vida y esperaría lo que fuera necesario para persuadirla.


(…)


El día estaba soleado, la joven institutriz usaba un vestido ligero de tela, dobló un chal de lana fina de color blanco, en caso de que se le hiciera tarde en el pueblo y corriera mucho viento, lo acomodó sobre su antebrazo, tomó su bolsito, su sombrilla y salió de su habitación. Era su día libre de la semana, y como cada día libre, prefería pasarlo en el pueblo que, en la mansión, a pesar de su relación peculiar con su patrón, y de lo cómoda que se sentía con Tarble, evitaba seguir relacionándose con ambos. Ya había sobrepasado el límite con Lord Vegeta, no quería seguir actuando de forma imprudente, al menos durante el día, debía comportarse y seguir trabajando para ellos de forma profesional.

Además, sus días libres se habían vuelto una rutina agradable, donde recorría el pueblo, comía en alguna tienda y se reunía con el señor Goku y pasaban la tarde paseando y platicando. Hace semanas que su rutina se había visto interrumpida por la presencia del señor, sabía que no era accidental, la mirada atenta del hombre lo delataba, a esas alturas ya sabía detectar el interés de pareja en sus opuestos, y el amigo de su patrón era uno más que había caído en sus encantos y que a ella no le interesaba, pero a diferencia del resto, no le incomodaba mantener una relación de amistad con el hombre de cabello alborotado. Podía detectar deseo en sus ojos, sin embargo, no era molesto y tampoco perversión, casi admiración, lo que fuese que el hombre sentía, a ella no le molestaba. A veces comparaba sus ojos con los del Lord del Tridente, ambos estaban interesados en ella y a la vez eran tan diferentes.

El hombre de melena alborotada era gentil, risueño y divertido, sabía que, si lo hubiera conocido antes, podía asegurar que lo habría considerado un muy buen amigo. En cambio, Lord Vegeta era fuego vivo al mismo tiempo podía ser un témpano frío y distante, tenía un magnetismo tal que con solo poner un dedo encima de su piel, ella caía rendida a sus encantos varoniles y cedía una y otra vez a dormir con él. A Goku no lo miraba de esa forma, ni a ningún hombre, solo le pasaba con su patrón y quería convencerse que se debía a la relación casi prohibida que los rodeaba, que hacía que fuera atractivo el tener sexo con él.

Salió de la mansión rápidamente, no quería que la señora Baba le encargara algo o que Tarble o su hermano le interrogaran. Era medio día cuando tomó un caballo y galopó hacia el pueblo, no tardó más de una hora en llegar forzando al animal a ir veloz. Dejó al caballo atado a un establo pequeño, por el que debía dejar un par de monedas a cambio, le entregó el dinero a un hombre humilde que vestía como campesino, quien amablemente recibió las riendas del animal y lo ató junto a los demás.

No tuvo que caminar demasiado para encontrarse con el amigo de su patrón. Estaba apoyado en una tienda que ella acostumbraba a visitar, donde bebía un poco de té y comía algún panecillo dulce. Vestía una camisa de color marfil, llevaba los primeros botones abiertos y se podía ver sus pectorales, intentó obviar eso. Sentía que desde que había empezado a relacionarse con Lord Vegeta, incluso antes de tener sexo, que había desperado su libido en todos los ámbitos. Cada hombre que conocía lo imaginaba en el plano sexual, pero ninguno le provocaba, a excepción de su jefe. A veces se comparaba con un animal en celo y la idea le avergonzaba y a la vez, le gustaba, su deseo era un instinto animal natural, que la sociedad obligaba a las mujeres a esconder, pero allí estaba y si se le alimentaba, aunque fuese un poco, este se desataba. Le pasó desde que vio al señor con esa criada, y ahora no podía apagar el fuego que él había despertado en ella.

― ¿Nuevamente por aquí? ―preguntó sonriéndole. El hombre al verla, se reincorporó en un movimiento brusco que lo hizo tambalearse un poco, se acarició la nuca, nervioso y le sonrió en respuesta.

―Venía por… unos encargos de mi hermano―Bulma sabía que mentía, pero no le molestaba su compañía por lo que no dijo nada.

―Iba a pasar un rato a la tienda… ¿Quiere acompañarme? ―Preguntó, lo vio asentir entusiasta y no dudó en acompañarla al interior de la tienda, donde abrió la puerta para ella y esperó a que entrara para seguirla. Ninguno se percató de los ojos negros del al otro lado de la calle, que presenciaron su encuentro.


(…)


Sacó la canasta del carruaje con movimientos bruscos, al hacerlo, algunas provisiones cayeron al suelo. Se quejó por lo bajo y soltó la caja de mala gana, un criado se acercó a ayudarlo en el proceso y de paso, se llevó la canasta. Respiró profundamente, tratando de encontrar la calma que no sentía, pero no hubo mejora en su ánimo. Ver a su institutriz con el amigo de su medio hermano lo había molestado, hace meses que se había dado cuenta que a la joven la veía como una mujer y que cada hombre que se le acercaba, le provocaba celos.

Se sentía inquieto sabiendo que su institutriz estaba a solas con ese hombre, quizás lo veía a menudo y no lo sabía, el pensarlo hacía que su humor empeorara y paranoia aumentara. Entró a la mansión con el ceño fruncido, tenía la ropa sucia por el esfuerzo en el pueblo acompañando a la dama de llaves, y el calor no había ayudado, estaba sudado y lleno de polvo, pero no estaba en condiciones de pensar en tomar un baño, no quería moverse de la sala de estar hasta asegurarse que la joven volviera. Se sentó junto a la ventana y esperó, la señora Baba pasó cerca suyo con algunas canastas, pero no le dijo nada, siguió su camino hacia la despensa y el adolescente se quedó amurrado en el sillón, mirando hacia afuera.

No pudo quedarse mucho tiempo allí, a la media hora bajó su hermano y lo vio sentado con cara de pocos amigos, normalmente al mayor no le importaría lo que hacía, pero le fue curioso ver al chiquillo con esa expresión, se acercó al chico con pasos firmes, haciendo notar su presencia. El joven volteó hacia él al oírlo, pero no dijo nada y siguió mirando hacia el exterior.

― ¿Qué es lo que te pasa? ―preguntó el señor del Tridente, imitándolo. Afuera no había nada atractivo, casi atardecía y el viento sacudía con fuerza los árboles del boscaje que rodeaba la mansión, volvió su atención hacia el chico y notó su ropa empolvada y su piel sudada, lo que le causó más curiosidad. El menor era prolijo y siempre estaba limpio y bien vestido.

―Nada―se apresuró en responder, sin mirarlo.

―Entonces ve a cambiarte y lavarte―ordenó serio. El chico se puso de pie apenas lo oyó y antes de seguir de largo, echó una última mirada hacia afuera.

El mayor lo vio alejarse sin decir una palabra, y volvió a mirar hacia afuera, pudo ver esta vez a lo lejos, un caballo con su jinete, no tenía que mirar de cerca para saber que se trataba de la institutriz. Se acercó hacia el bar en la sala de estar y se sirvió una copa de whisky, pensó en esperarla para molestarla con alguna cosa, pero no quería incomodarla a plena luz del día. Habían pasado unas tres semanas desde que lo había rechazado otra vez, y su relación seguía igual de estancada, solo viéndose por las noches para tener sexo. La única interrupción fue cuando la joven se indispuso y no quiso recibirlo, aun así, la visitó cada noche, como si le hiciera guardia hasta que estuviera disponible y sucedió al quinto día de su menstruación, que la joven permitió que la tocara.

Se quedó en la sala sentado en el sofá, hasta que terminó su vaso de alcohol, en ese lapsus escuchó a la joven llegar. No salió a recibirla, pero minutos después quiso seguirla. Se puso de pie y dejó la copa sucia sobre la mesita esquinera, y salió de la sala a paso lento, como si quisiera darle tiempo para huir de él. No iba a molestarla, quizás ver como lucía ese día, pues la joven había salido temprano y no tuvo la oportunidad de apreciarla por la mañana. Sin embargo, antes de llegar al segundo piso, alcanzó a oír la voz de su medio hermano y no siguió avanzando, escondiéndose en la inclinación de la escalera para no ser visto, pero si poder oír la plática.

― ¿Hace cuanto que lo ves? ―la voz de su hermano sonaba a reproche, frunció el ceño, nadie podía reprocharle nada a su mujer, solo él, su pecho ardió al ser testigo de ello y tuvo que controlarse para no interrumpir, algo le hacía intuir que el humor de su hermano tenía que ver con la señorita Bulma.

―No sé porque es importante…―respondió la joven, el señor rodó los ojos al oírla. Siempre con sus evasivas, era difícil mantener una conversación con la astuta mujer.

― ¿Tienes algo con él? Lo ves siempre, y él… te mira distinto ¿Te gusta el señor Goku? ―Y el pulso de Lord Vegeta se detuvo. Si lo que su hermano decía era cierto, Su mujer, se estaba viendo a solas con Su amigo, su sangre empezó a hervir y sintió como su cabeza palpitaba, apretó sus manos en puños y esperó por la respuesta.

―Que lo vea en mis días libres, no significa que tengamos algún tipo de relación―la voz femenina se oía calmada, Vegeta frunció el ceño, la joven no parecía alterarse con ningún reproche y no le parecía justo. Entendía la reacción de su hermano, sabía que se sentía atraído por su institutriz y no lo culpaba, pero la joven era suya y era él quien merecía explicaciones o un compromiso de fidelidad. Imaginarla a solas con su amigo lo descompensaba, pensaba inevitablemente en que si cedió a tener sexo con él cuando se llevaban relativamente mal, también cedería con su amigo ya que tenían otro tipo de relación, más cercana.

―Responda a mi pregunta, por favor―la voz de su hermano estaba afectada, podía percibir su angustia o quizás vergüenza de estar interrogando a la joven cuando no tenían mayor relación que maestro-alumno.

―No tengo que darle explicaciones, joven Tarble―cada palabra que soltó la institutriz, fue modulada sutilmente, fue tajante, pero su elegancia y educación no se perdió en ningún momento.

No oyó ninguna palabra después de eso, pudo distinguir los pasos de la joven hacia su habitación y los de Tarble a la suya. Subió hasta la segunda planta y se quedó de pie en medio de ésta, pensando. La actitud de Bulma para con su medio hermano era igual a como lo trataba a él, cuando no estaban teniendo sexo al menos, eso le hizo percatarse que a pesar de sentirse el más aventajado de los tres hombres que al parecer la pretendía, por haber tomado su primera vez y seguir haciéndoselo todas las noches, no significaba nada para ella y que, a la larga, no tenía ninguna ventaja sobre nadie. Él seguía siendo su patrón y nada más, Tarble su alumno, no sabía que significaba su amigo para ella, pero tenía la leve sensación de que no era más que ellos, sentía en buena parte que estaba a la deriva, que al no tener compromiso de por medio, la joven podía irse en cualquier momento y sería un rechazo definitivo, pero no lo permitiría, debía actuar.


(…)


Estaba cansada, sus ojos ardían, los restregaba de vez en cuando con el dorso de su mano, y continuaba con su lectura. Miró la hora en su reloj de velador, ya eran veinte minutos después de media noche y Lord Vegeta no se apareció por su alcoba. Lo estaba esperando, si fuera por ella se dormiría a las diez a más tardar, no tenía interés en seguir desvelándose si él no vendría, terminó rindiéndose al agotamiento. Cada vez que visitaba el pueblo quedaba más cansada de lo habitual, al recordar su visita, pensó en Tarble. El joven la había visto junto a Goku y lo tomó bastante mal, no sabía qué pasaba con los hombres de esa región, pero todos los de su círculo cercano parecían interesados en ella, empezaba a creer que era su culpa, quizás había dicho o hecho algo que les alentó a pensar que buscaba una relación. No importaba cuantos hombres quisieran estar con ella, no tenía intenciones de establecerse y tener una familia, ni con Goku ni con nadie. Tarble aun era un adolescente, era normal fijarse en el modelo femenino más cercano, pero sentía que debía hablar de todas formas con él. Intentó ser distante cuando la cuestionó ese día, y ahora se arrepentía, el chico estaba confundido, pensó, después de todo era la única que lo trataba con amabilidad y le escuchaba, debía aclarar las cosas con su alumno.

Dejó el libro sobre la mesita cerca a su cama y se recostó nuevamente, iba a apagar la linterna cuando la puerta se abrió con suavidad. Ya no le echaba cerradura a la puerta, era absurdo seguir negándolo, ella quería eso tanto o más que el propio Lord. Sonrió intentando esconder su ansiedad, pero cuando vio su semblante serio y esquivo, como cuando lo conoció, su sonrisa se borró de sus labios. Vestía una bata, como siempre desde que la visitaba, pero su semblante le advertía que no estaba de humor, quizás ¿Venía a poner fin a sus noches de sexo? La idea le provocó pánico inicial, y fue allí que se dio cuenta que a pesar de no sentir nada por él, lo quería en su cama y no quería que eso terminara, no por ahora al menos.

― ¿Pasa algo? ―Se atrevió a preguntar cuando el hombre caminó hacia su cama. Sintió un escalofrío sacudir su cuerpo, como si consigo trajera una corriente de aire que la hizo estremecer, todo su cuerpo reaccionó y por un momento quiso cubrirse, como si fuera primera vez que él la viera con camisón, descartó la idea rápidamente.

― ¿Qué pasó con Goku esta tarde? ―Respondió, su voz se oyó grave y la joven lo miró con la boca entreabierta al oírlo.

― ¿Cómo sabe usted, que me vi con Goku hoy? ―Preguntó con una sonrisa coqueta en sus labios, era extraño porque con Tarble fue cuidadosa y a la vez tajante para contestar, pero con él no pudo evitar querer abordar el tema de otra forma.

―No me responda con otra pregunta―murmuró al mismo tiempo que se sentaba en el borde de la cama junto a ella―deje de jugar conmigo ¿Qué hizo con Goku hoy? ―A pesar de que sabía que no tenía obligación de responder, la joven lo hizo, quizás para evitar que se enojara y se fuera, pero en contra de todo pronóstico, quiso explicarse ante su patrón.

―Mi Lord―empezó diciendo, mirándolo a los ojos. Negro contra azul se enfrentaron en silencio, por al menos unos segundos, intentando descifrarse, como si con eso pudieran saber el motivo detrás de sus verdaderas intenciones―no estoy jugando con usted, y lo sabe. He sido bastante honesta, y aunque no le debo explicaciones, se las daré.

―Vegeta―corrigió el hombre, y la joven sintió sus mejillas sonrojarse al oírlo. Ya hace varias semanas que el señor le pidió que lo llamara por su nombre, al menos cuando estuvieran solos, y la idea no la podía asimilar. Era contradictorio que pudiera besarlo, tocarlo y montarse sobre sus caderas, pero que no pudiera nombrarlo porque le avergonzaba. ―por favor llámeme por mi nombre.

―No me pida eso…―se negó, escondiendo su mirada―con el señor Goku nos encontramos de forma inesperada hoy, a menudo en mis días libres me lo topo en el pueblo. Compartimos una taza de té y un paseo, solo eso.

― ¿No siente nada por él? ―Preguntó serio, ignorando lo adorable que lucía sonrojada, miró sus hombros desnudos, donde la tela de su camisola caía con elegancia por su piel, exhibiéndola con erotismo.

―No―negó sin mirarlo―y le rogaría que deje de interrogarme, por favor. ―Volteó hacia él al mismo tiempo que posaba sus dedos sobre el borde de su camisola y la tironeaba hacia abajo, quedando su torso desnudo y la tela apilándose en su cintura.

Lord Vegeta miró mudo su desnudez, la joven no mostraba nada de vergüenza por exhibirse, sentía que había despertado a una bestia lujuriosa y le gustaba la idea. La joven no se esmeraba por satisfacerlo, eso no lo notaba, tenía experiencia en el terreno y con cada mujer que se acostó, todas se preocuparon por darle placer para que volviera, pero su Bulma no era así, ella se preocupaba de su propia satisfacción, ella gozaba con su cuerpo, lo usaba. Él era una herramienta que la joven había descubierto que le servía para hacerla sentir bien, y no tenía problemas con serle de utilidad, pero quería ser el único.

Miró sus senos redondos y perfectos, había visto antes montes más grandes que los suyos, pero la belleza de los de la joven lo tenían completamente cautivado. Sus pezones estaban erizados, imaginó que por el frío y pensó en acercarse a probarlos, cobijarlos y hacerlos sentir mejor. La señorita se le adelantó, se acercó a él y desanudó la correa de tela que rodeaba su cintura, tuvo una panorámica tentadora al verla desnudarlo. Su erección fue inmediata, no necesitó que sus manos tocaran su abdomen para despertar y ella lo notó.

― ¿Esa explicación basta? ―Preguntó en un susurro, como si alguien más pudiera oírlos en ese sector de la mansión― ¿Sigue molesto o me tocará, mi Lord?

Vegeta tragó en seco, definitivamente había despertado a una bestia lujuriosa, de esas que salían en novelas o mitos literarios, que absorbían la energía de los hombres mediante el sexo, no estaba muy lejos de lo que le hacía sentir la joven. Ella estaba en la flor de su juventud, él ya tenía treinta años y empezaba a sentir el peso de los años encima, su Bulma tenía energía en la cama y a él le encantaba, se contagiaba de eso, pero a la mañana siguiente su cuerpo se lo recordaba como castigo, las primeras semanas sirvieron para acostumbrarse a su ritmo.

―Aunque estuviera furioso, la follaría igual―reconoció en un susurro, imitándola. Se inclinó hacia ella y la empujó con suavidad a la colchoneta. La joven cayó de espaldas a la cama y le sonrió coqueta, esperándolo. No tardó en darle el gusto y se subió sobre su cuerpo.

Se besaron intensamente, sus bocas se movían desesperadas, dejando salir el deseo que acumularon durante el día. Bulma fue la primera en introducir su lengua dentro de su boca, y él no tardó en seguirle el juego. La joven rodeó su cuello con sus brazos, acercándolo a su pecho, al sentir como sus cuerpos se tocaban, suspiró en su boca, necesitaba sentirlo pegado a su piel, sus ropas estorbaban y quiso hacérselo saber. Terminó con su tarea de desvestirlo sin soltar su boca, dejó su cuello y buscó el borde de sus pantalones para bajarlos, él se alejó un poco de su cuerpo para ayudarla.

Bulma relamió su labio inferior cuando vio su virilidad despierta y mientras el señor terminaba de quitarse su ropa, la joven tomó su camisola y la subió para sacársela por su cabeza, ambos quedaron desnudos al mismo tiempo. Fue ella quien se acercó a su cuerpo nuevamente y lo hizo sentarse, para subirse a su pelvis, lo besó en la boca un par de veces y luego siguió en su cuello. Él, cansado de ser dominado, dejó a sus manos actuar sobre el cuerpo femenino, lo primero que asaltó fueron sus senos, sus palmas ahuecaron su forma y las masajeó con entusiasmo, haciéndola gemir en su boca y a los minutos después, la joven comenzó a menearse sobre su erección.

―Tiene prisa―le murmuró su patrón. Bulma no respondió, claro que la tenía… debía controlarse durante el día para no ir a su estudio y pedirle que la tomara allí otra vez, su cuerpo varonil la excitaba, sentir su calor y tocar sus músculos le provocaba un cosquilleo en su intimidad que no podía obviar, había caído por completo en su juego y le gustaba. Tenía ya un poco más de experiencia y cada noche aprendía algo nuevo, el como provocarlo, qué hacer para que pudiera tomarla por lo menos unas dos veces por noche y casi siempre tenía suerte de tenerlo tres veces en su interior. Cuando no estaba con él, se encontraba extrañando su cuerpo, su masculinidad y había aprendido a tocarse, a satisfacerse a ella misma, en cada baño que se daba, se quedaba más minutos en la bañera, tocándose, conociéndose y luego lo aplicaba con él en su habitación. Había despertado en ella una especie de adicción, todo lo que conllevaba el dormir con él le gustaba, el verse a escondidas, tocarse, sentir su virilidad, cuando él esparramaba su semilla en su vientre, eran pequeños detalles que a la joven la tenían al borde del elixir. Sentía que tocaba un tesoro que para las mujeres estaba vetado y eso la motivaba aun más a abrirse de piernas para él.

Pronto sus gemidos fueron subiendo de decibeles, el meneo de su cadera sobre su erección le provocaba espasmos en su núcleo íntimo, con cada movimiento quería fusionarse con su piel, sentirlo tan cerca para intensificar su juego, él soltó sus senos y alejó su torso de su cuerpo para poder tener acceso a sus pezones y lamerlos. Se afirmó de su melena cuando la boca del señor succionó su botón derecho, aceleró el ritmo sobre su pelvis y ahogó un gemido cuando sintió su placer aproximarse, pero Lord Vegeta detuvo sus movimientos y se la quitó de encima, iba a quejarse. Tenía las mejillas sonrojadas, su cabello se pegaba a su espalda por el sudor y algunos mechones caían sobre su pecho, pero lo ignoró. Su patrón la empujó suavemente de espalda a la cama otra vez y se acomodó entre sus piernas, entonces no protestó, que la penetrara era mejor, pensó. Pero no eran los planes del señor.

Su rostro se acercó al de ella y la besó, una de sus manos bajó hasta su intimidad y la tanteó con movimientos certeros, su casi orgasmo estaba reciente, por lo que no tardó en encontrar el ritmo adecuado para hacerla sentir bien. Su carne estaba mojada, fue sencillo introducir su dedo medio y luego el índice, jugó con su intimidad un par de minutos hasta que la hizo gemir sin poder controlarse. La joven arqueó su espalda cuando el placer tocó sus puertas, sentía los dedos de su patrón entrar y salir, pero cuando la joven alcanzó su placer, detuvo el movimiento en el momento preciso, para extender su goce. Respiró agitada, su pecho subía y bajaba por el esfuerzo, los dedos de Lord Vegeta salieron de su intimidad, pero minutos después sintió como se acomodaba entre sus piernas, con una mano sujetaba su muslo derecho y con la otra, guiaba su miembro erguido a su intimidad, no protestó. Le parecía justo que fuera su turno, lo sintió entrar a su núcleo caliente y resentido por el reciente placer, su estocada fue intensa, estremeciéndola. Se reincorporó ligeramente y extendió sus brazos hacia sus hombros, al mismo tiempo que él empezaba a moverse sobre ella. Los gruñidos del hombre se hicieron oír a los segundos después de entrar y salir, Bulma relamió sus labios completamente extasiada, podía sentir como su interior palpitaba y no tardó en hacer presión en la erección que la invadía, haciendo que su patrón se desesperara.

Vegeta aceleró el ritmo, la presión de las paredes de la joven lo estaban volviendo loco, sentía su semilla venir y no podía evitar soltar pequeños gemidos que parecían gruñidos toscos, la joven acercó sus hombros hacia los de ella y él no tardó en seguirle el juego, sus perfiles se toparon de frente y él la besó con tal intensidad que le cortaba la respiración. La joven se quejaba entre besos por su pasión, pero no para que se alejara, la lujuria que estaba desbordándose entre ambos era sublime, cada caricia, beso, embestida, les provocaba una ola de sensaciones que eran difíciles de contener, la joven podía sentir como un nuevo clímax se aproximaba y no tardó en unírsele a sus movimientos para conseguirlo, soltó sus hombros y apoyó sus manos en sus caderas masculinas para afirmarse con más fuerza a su cuerpo e intensificar sus movimientos para ayudarse.

Ambos aceleraron el ritmo, la joven no tardó en sentir su placer cúlmine, y al hacerlo detuvo sus movimientos para prolongarlo, él entendió el mensaje y se quedó dentro por unos segundos, y luego continuó embistiéndola con más velocidad, Bulma respiraba agitada, él besó su cuello mientras sentía su liberación salir, al mismo tiempo tocaba uno de sus senos, la joven seguía sensible por lo que no tardó en gemir al sentir su boca y lengua acariciar la curva de su cuello, sentía como sus senos se sacudían por sus movimientos y sus pezones rozar su pecho duro, en cada embiste hacía chocar sus pelvis con intensidad y cuando sintió su semilla salir, entró con más fuerza y se quedó allí. Dejó su cuello y miró hacia el techo, captando cada sensación dentro de su cuerpo, sentía su erección palpitar y soltar toda su semilla en su núcleo húmedo y cálido. Ella tardó en reaccionar, se quedó unos segundos intentando descifrar aquella nueva sensación, sintió como su intimidad era llenada por un líquido espeso y caliente, que le gustó, pero al darse cuenta de lo que había pasado entró en pánico. Abrió los ojos de par en par e intentó quitarse de encima a Lord Vegeta, pero éste no se movió ni un poco cuando sintió sus manos en su pecho, dándole leves empujones.

Vegeta agachó la mirada hacia ella cuando su placer terminó, respiró agitado y vio su rostro pintado en la sorpresa, su ceño estaba fruncido pero sus ojos abiertos de par en par la delataban. No se salió de su interior, se inclinó hacia ella e intentó besarla, pero la joven lo esquivó y lo miró con rabia.

―Salga―exigió mirándolo molesta.

―Hace un momento querías que te follara ¿Qué cambió? ―preguntó sonriéndole con malicia. La joven tenía las mejillas sonrosadas, un tinte suave que siempre aparecía después de tener sexo, pero se intensificó a rojo cuando lo oyó.

―No es un juego―dijo, intentando hacerlo entender de la gravedad del asunto―dejó su… se…

―Eyaculé en tu interior―explicó él por ella, como si fuera lo más normal del mundo. La joven, a pesar de sentirse más libre que otras mujeres, seguía avergonzándose con detalles como decir de forma directa lo que pasaba entre ellos cuando tenían relaciones.

― ¡Salga! ―Repitió molesta, al no ver ningún indicio en prestarle atención, lo miró confundida― ¿Es que no entiende lo serio que es?

―Claro que lo entiendo―asintió, acercándose y sin previo aviso, la besó, sorprendiéndola―no fue un descuido.

― ¿Cómo dice? ―Preguntó angustiada cuando soltó sus labios. El señor le medio sonrió y se acomodó entre sus piernas, haciendo que su erección se moviera ligeramente, lo que la hizo estrechar sus ojos al sentirlo. Vegeta desplomó su cuerpo sobre el suyo con delicadeza y apoyó sus codos al costado de la joven, y mirándola directamente a los ojos, se explicó.

―Usted será mía―afirmó con tal seguridad que la dejó pasmada―no de Goku, ni de Tarble. Sólo mía. ―Intentó besarla nuevamente, aprovechando su sorpresa, pero la joven alcanzó a esquivarlo.

― ¿Me está marcando? ―Preguntó incrédula― ¿Cree que, dejando su semilla en mi interior, otros hombres lo olerán y no se acercarán? ―Lo último lo preguntó con rabia, su pecho subía y bajaba de puro intentar controlarse para no gritar.

―Si la ven preñada, estoy seguro que no se acercarán―y Bulma estalló. La bofetada que le dio golpeó su mejilla derecha, él no lo vio venir. El señor se quedó en silencio, esta vez él asombrado, la miró sin decir una palabra.

― ¿Esa es su estrategia? ¿Embarazarme para que esté con usted? ¿¡Cuánto más bajo puede caer!? ―Exclamó al mismo tiempo que intentó quitárselo de encima, pero el cuerpo fornido del Lord no se movió ni un centímetro. Bulma miró afligida a su patrón, creía que mientras más minutos pasaran con su semen dentro de ella, las posibilidades de embarazo aumentaban y el solo pensarlo se descompensaba. ― ¡Bájese!

―No―sentenció mirándola serio. La joven entreabrió la boca al oírlo, en ese momento se arrepintió de cada noche que le permitió entrar, empezaba a ver sus intenciones y entender por qué nunca le insistió, él tenía otros planes para convencerla―me quedaré bastante rato aquí.

―No sea absurdo, mi Lord―dijo al borde de la angustia, su corazón latía a toda prisa y creía que en cualquier momento se largaría a llorar en frente de él, pero no lo podía permitir, no se doblegaría ante él ni nadie― ¿Qué es lo que pretende?

―Poner mi hijo en su vientre, ya se lo dije. Y mientras hablamos, aumento las posibilidades―le sonrió y Bulma volvió a bofetearlo, él lo vio venir esta vez, pero se lo permitió. Sabía que estaba molesta, seguramente frustrada, sin embargo, no cedería, era la única forma de amarrarla a él. El sexo no había sido suficiente, pero un hijo si lo sería, ella no podría librarse de él si la preñaba y estaba dispuesto a ser padre, si era con ella.

―Y será la única ocasión que tenga―soltó entre dientes, con el ceño fruncido y sus mejillas sonrojadas por la rabia―no volverá a tocarme, mi Lord. Esto se termina.

―Ya veremos―soltó seguro de su desempeño―si dejo mi hijo en su interior, podré repetir esto las veces que quiera.

Bulma no respondió, desvió la mirada hacia su velador y se concentró en la llama de la lámpara. Se sentía avergonzada, había cedido a sus impulsos físicos y por consecuencia, había caído en su trampa, estaba asustada. Él tenía razón, si conseguía su objetivo, tendría que casarse con el señor y claro, él tendría derechos sobre ella y podría tomarla cuando quisiera, le entró pánico al pensar en el veto a su libertad, no en las veces que él pudiera tomarla, eso no le molestaba ¡Ahí estaba otra vez! Por el sexo había caído en aquella trampa y seguía pensando en revolcarse con él.

Su patrón resistió bastante sobre ella, la joven estaba entrando en pánico, él parecía no entender el significado de sus acciones y su seguridad le molestaba aún más. Sentirlo respirar plácidamente sobre su pecho le indignó, y cuando una de sus manos masajeó su seno izquierdo, perdió la paciencia. Se quitó la mano de encima con un movimiento brusco, el señor lo volvió a hacer y terminó rindiéndose. Se quedaron en silencio por el resto de su noche, que no duró demasiado, el señor se quedó sobre ella sin salir de su interior por aproximadamente treinta minutos, o quizás más, bastante resistente pensó. Cuando lo sintió reacomodarse y salir de su interior, lo ayudó empujándolo con rabia y se alejó con rapidez de aquel peligroso hombre.

Se puso de pie sin vestir y se encerró en el cuarto de baño, para limpiarse. Trató de sacar la mayor cantidad de su semilla, pero no estaba segura si lo había logrado, estaba asustada y no sabía lo que estaba haciendo. Si quedaba embarazada, no había vuelta atrás, una vez bastaba y su vida podría arruinarse. Sintió sus ojos escocerse, oyó la puerta abrirse y cerrarse y supuso que Lord Vegeta ya se había retirado. Respiró profundamente y cubrió su rostro con sus manos, debía pensar en qué hacer, no podía permitir que él se saliera con la suya.


(…)


Bajó rápidamente por las escaleras, había leído durante la noche sobre algunas hierbas que no se debían beber cuando se estaba embarazada, porque podrían provocar abortos espontáneos. En su caso, era preventivo, por lo que no dudó en buscar en la cocina las hierbas mencionadas, encontró dos de las que describía el libro y las bebió sin dudarlo, solo esperaba que le fuesen de ayuda.

Estaba muy molesta, tenía ganas de tomar sus cosas e irse, pero sabía que no podía hacerlo hasta que terminaran los estudios de Tarble, al que no le quedaban más de un mes de contenido, además, en el caso en que quedara embarazada… él debía responder, no cargaría con el estigma de madre soltera y que su hijo fuese un bastardo, al pensar en un "hijo" y no como en un problema a evitar, la joven se sintió asqueada.

A la hora de desayunar no tenía apetito, estaba preocupada y había bebido una taza de cada infusión de hierbas, pero se sentó junto a los presentes. Pasaron varios minutos y cuando vio a la señora Baba comer sin esperar al señor de la mansión, preguntó por él.

―Salió temprano―comentó la mujer de edad avanzada―esos viajes largos que hace. Dejó dicho que no se vaya hasta que vuelva, pues los estudios del joven Tarble están por terminar, ¿No es así? ―la joven asintió en respuesta y se concentró en su avena.

Él se había ido… se sintió sola de pronto y quiso golpearse para entrar en razón. Él le había faltado el respeto de la forma más horrible, la había comprometido a un posible embarazo y sin consultárselo, además, le había dicho que lo de ellos se había terminado ¿Por qué pensar en sus noches solitarias? Ya había tomado esa decisión antes de que él se fuera, no tenía sentido seguir dándole vueltas. Además, aunque no quedara embarazada, ya no volvería a dormir con él, no podía confiar en él ahora.

Después del desayuno, el joven Tarble y ella se dirigieron a su sala de estudio, el chico no la miraba, parecía incómodo y la joven supo que era el momento de hablar con él, no podían continuar su relación de maestra-alumno así. Llegaron al estudio y el chico fue a su escritorio, tomó sus libros y comenzó a leer sin preguntarle a la institutriz.

―Tarble―habló la joven―debemos hablar sobre ayer. ―El chico bajó el libro y lo dejó sobre la mesa, tenía sus mejillas sonrosadas y supuso que se debía a vergüenza.

―No es necesario―dijo sin mirarla―no debí preguntarte esas cosas y menos de esa forma, eres libre de hacer lo que quieras.

―Me alegra que lo entiendas―asintió en su dirección, caminó hasta él y se apoyó en el borde del mueble―no estoy molesta y quiero que las cosas sigan como antes―el joven asintió para sí mismo, y luego levantó la mirada hacia ella― ¿Estás bien con eso?

―Sí, gracias―asintió el joven. Bulma sonrió en respuesta y le entregó una guía que había preparado para él.


(…)


Había pasado un mes desde que Lord Vegeta se había marchado. Bulma se sentía miserable, no dejaba de extrañar sus noches junto a él y tocarse pensando en su patrón. La culpa después de autosatisfacerse era demasiada, se prometía no volver a hacerlo, y cuando la noche caía, se veía a sí misma llamándolo entre gemidos.

El estudio del joven Tarble había finalizado, debía irse del Tridente y buscar trabajo en otro lugar, pero no podía hacerlo hasta que llegara el señor, pues debía pagarle por sus servicios y, además, él había dado la orden de que lo esperara. Una parte de ella pensaba que se debía a su propuesta, que quería volver a intentarlo, rogarle que no se fuera y su ego crecía al pensarlo, era extraño para la joven pues ella no quería aceptarlo, pero pensar en que él siguiera insistiendo le gustaba. Quizás lo que sentía por él era más fuerte de lo que creía, y lo estaba disfrazando de deseo físico, por otra parte, creía que se debía a que correspondía que fuese él quien corroborara que Tarble estaba preparado y apto con sus enseñanzas y así finalizar el trabajo como correspondía.

Ahora que los estudios del joven habían terminado, se dedicaba a pasear por los alrededores. Ya no pasaba tanto tiempo con el adolescente, había decidido alejarse un poco de él, a pesar de haber conversado las cosas, ahora no era cómodo quedarse a solas. Podía sentirlo tenso todo el tiempo, que cuidaba demasiado lo que iba a decir, había perdido naturalidad.

Estaba dando un paseo por el bosque cuando sintió un galope aproximarse, su estómago se tensó al pensar en Lord Vegeta, pero cuando el caballo se dejó ver junto a su jinete, solo pudo sonreír falsamente, escondiendo la ilusión momentánea que había sentido. Debía borrar esos pensamientos, lo sabía, estaba confundiendo lo que sentía por el señor, no era nada más que deseo.

―Señor Goku―saludó cuando lo vio bajarse del caballo― ¿Qué lo trae por acá?

―Viene a saludar―se encogió de hombros y se acercó a ella―Tarble me decía que sus estudios ya terminaron ¿Qué hará a partir de ahora?

―Debo buscar un nuevo trabajo―respondió sonriéndole, frunció sus delgadas cejas cuando notó su semblante serio al oírlo.

―Quizás… pueda hacerlo desde mi casa―murmuró mirando las puntas de sus botas. Bulma relamió su labio inferior al oírlo, su pecho se comprimió, estaba casi segura de lo que vendría a continuación y no le gustaba.

― ¿Por qué haría algo así? ―Preguntó, mirándolo fijamente. El hombre alto levantó la mirada del suelo y la observó, en sus mejillas apareció un tono rosa suave y Bulma contuvo el suspiro.

―N-no lo sé―reconoció―para que esté cómoda buscando trabajo…―la joven no respondió, agachó la mirada y caminó de regreso hacia la mansión. Él la siguió, mientras tironeaba las riendas del caballo para que los acompañara. Iban caminando uno al lado del otro, en silencio. Bulma sabía lo que pasaría, pero no quiso ayudarle, pues si fuera por ella, preferiría ahorrarse aquello―señorita Bulma… yo quisiera decirle algo―la joven detuvo su paso y lo miró, y el amigo de su patrón se puso más nervioso al verla mirarlo con atención.

―Lo escucho―murmuró, una corriente de aire sacudió unos mechones sueltos, tuvo que dejarlos detrás de su oreja para que no le entorpeciera la visión.

―Yo…―el hombre sonrió nervioso―quisiera hacerla mi mujer. ―Reconoció, la joven sintió su pulso acelerarse, y a pesar de que ya sabía que eso pasaría, se sorprendió por su intuición y, sobre todo, por la actitud del joven alto.

―Agradezco su propuesta, pero debo declinar―soltó con voz suave, intentando sonar amable.

―Entiendo…―asintió el hombre. Bulma se esperó un interrogatorio o explicaciones, y se dio cuenta que solo Lord Vegeta era el insistente cuando oía un no como respuesta, la idea le incomodó, debía dejar de comparar a todos con el señor, pero no podía evitar admirar su persistencia.

Caminaron juntos hacia la mansión, el trayecto no fue incómodo e incluso conversaron de cosas triviales como el clima del día y una que otra anécdota, Bulma se despidió del joven en el pórtico de la mansión, antes de entrar notó a Tarble sentado afuera en una banca, mirándola, y sus ojos negros le recordaron a los del señor del Tridente, como si con solo esa mirada pudiese enterarse de todo lo que había pasado. La joven sacudió suavemente su cabeza, intentando borrar esas ideas, debía dejar de pensar en Lord Vegeta.


(…)


Fue al segundo mes que los carruajes y caballos se vieron a la distancia desde su ventana. Supo que se trataba de él y al saber que estaba tan cerca, su vientre se tensó. Sabía que se debía a los nervios nada más, pues su menstruación había llegado con regularidad, por lo que las intenciones del señor habían sido inútiles, ella no estaba esperando un hijo de él y podía irse apenas finalizara el contrato con Lord Vegeta.

Y la idea le aterraba. No quería irse, y le apenaba reconocerlo, no quería que esas noches de pasión terminaran, no quería que le quitaran esa libertad, no sabía si podía volver a tener o sentir algo así con alguien más, había rechazado a un hombre gentil y bueno, cada sujeto que veía lo comparaba con su déspota patrón, empezaba a pensar que estaba medio obsesionada con lo que él le hacía sentir.

Se arregló antes de bajar, su cabello lo peinó hacia atrás y se tomó unos mechones para sujetarlos con unas horquillas delicadas, y dejó suelto el resto. Miró su vestido y lo sacudió, acomodó sus pechos en él y respiró profundamente, para finalmente salir de la habitación. Bajó lentamente por las escaleras, intentando contener sus nervios, vio desde la altura como los criados se reunían en la entrada para recibir a su patrón, entre ellos estaba Tarble. Llegó a su lado en silencio, vio como el caballo que era del señor estaba atado al carruaje y supuso que él se encontraba allí. El capataz se acercó a la puerta de la carrosa cuando se detuvo, abrió la puerta y de ella, bajó un risueño Vegeta. Bulma sintió su corazón latirle con fuerza al verlo, y el señor fue a quien primero miró cuando vio al grupo de personas acumuladas en la entrada. Sus ojos se cruzaron, y no se despegaron por lo menos en los siguientes minutos, hasta que el señor se volteó hacia la carrosa y extendió su mano hacia dentro.

La joven sintió su pecho oprimirse cuando vio la mano femenina tomar la del señor, y como éste ayudaba a la mujer desconocida a bajar. Pero sus latidos se detuvieron cuando la vio, los cabellos rizados y rubios lucían brillantes aun cubiertos por el sombrero despampanante. Abrió su boca asombrada, y cuando la mujer miró hacia ella, le sonrió ampliamente y se acercó a pasos lentos, pues la tierra se les metía a las suelas de sus zapatos y le incomodaba.

― ¡Bulma! ―Saludó su madre y la joven se adelantó a su encuentro, muda y pálida. No entendía qué hacía su madre allí, levantó la mirada hacia el señor nuevamente y esta vez vio a su padre bajar de la carrosa y todo se derrumbó en su interior, sintió miedo. Su corazón latió deprisa― ¡Hija! Me alegro tanto de que por fin recapacitarás…

―Madre…―saludó confundida. Ambas mujeres se abrazaron, vio por encima del hombro de la mujer rubia al señor el Tridente, quien le sonreía burlesco desde la distancia. Su padre se acercó y apenas su madre la soltó, él la abrazó―padre…

―Al fin asentaste cabeza, hija―murmuró con voz avejentada―me alegro tanto que hayas encontrado a Lord Vegeta para que te desposara, es un hombre digno de ti―y la joven se congeló. Sintió que todo daba vueltas, que el aire de pronto escaseaba y antes de cerrar sus ojos y caer, vio la sonrisa de Lord Vegeta, una sonrisa victoriosa que la desmoronó.

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N/A: Lo lamento mucho u-u más de un año sin actualizar. Este es el penúltimo capítulo del fic. Es probable que lo suba la semana siguiente, espero.

En serio lamento la demora, para aquellos que siguieron esperando por este fic, muchas gracias por su apoyo y rw, en serio lo aprecio. Hace años que tengo el final del fic, pero no me animaba a publicarlo.

Vegeta usó dos cartas bajo la manga xD es como el típico niño que hace berrinches para salirse con la suya, pero ya veremos como le va. Espero que el cap haya sido de su agrado, la verdad es que lo traspasé hoy al pc, así que es probable que haya errores de redacción, ortografía, palabras sueltas o faltantes, perdón por eso.

Muchas gracias por acompañarme, y nos estamos leyendo con otra historia :D

PD: Estoy subiendo un fic nuevo a la plataforma Wattpad, se llama The good girl, es Vegebul, por si se animan a pasar, mi usuario es NyniaMinina, no sé si funcione el link si se los dejo, pero por si acaso.

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