Capítulo 7


Now and then I think of all the times you screwed me over
But had me believing it was always something that I'd done
But I don't wanna live that way, reading into every word you say
You said that you could let it go
And I wouldn't catch you hung up on somebody that you used to know

Somebody that I used to know ― Gotye feat. Kimbra


Ya había pasado casi dos semanas desde que Edward cayó encima de mí haciendo que me quedara un horrible moratón en la espalda y al fin podía ir al instituto. Habían sido unas de las peores semanas de mi vida. Es decir, yo era una chica activa que odiaba quedarse todo el día tirada en la cama sin hacer nada (Sí, soy de ese tipo de chicas) y además, ¡me había perdido muchas clases irrecuperables! No me gustaba no ir al instituto porque lo que hubiera explicado el profesor no lo repetiría expresamente para mí. Al menos Angela, Alice e incluso Edward me habían dado sus apuntes para que los copiara y así tomara más o menos el rumbo de las clases. La mayoría las tenía con alguno de los tres, pero había algunas que no. La verdad es que esos apuntes me ayudaron mucho. No, bastante. Sobre todo los de cierta persona. No, no es Angela y tampoco Alice. Joder, sí. Edward tenía unos apuntes demasiado buenos para ser verdad.

Charlie y Renée se habían hecho alguna especie de alianza o algo, porque no hubo peleas (Claro que estas se terminaron en cuanto firmaron el divorcio) y si Renée se tenía que ir, dejaba a cargo a Charlie para hacerme compañía; o al revés, que era lo que había sucedido la mayor parte del tiempo. Me gustaba estar con Charlie en los pocos ratos que estaba en casa, pero mi padre tenía que echar bastantes horas extras para que la comida entrara en la casa. En definitiva, prefería estar con Charlie antes que con Renée.

Mi madre siempre hace las típicas preguntas que hacen que te sientas incómoda, aún si es queriendo o no; el caso es que lo hace y es algo que odio completamente. Casi todo el rato, cuando no estaba hablando de Phil, de su nueva casa en Jacksonville o intentando que me fuera con ella a Phoenix, parloteaba sobre cosas sin sentido. Hacía preguntas que no venían al caso, como «Bella, ¿estás tomando precauciones?» ¡Para hacer eso se necesita un chico y yo definitivamente no tenía uno! ¿Dónde tiene mi madre la cabeza? De todas formas, ella rio cuando vio mi cara colorada y siguió con «Phil y yo lo hacemos a todas horas. ¡Queremos tener un bebé cuanto antes» Y por si no estaba totalmente traumada, esa había sido la gota que derramó el vaso. Y mi cara parecía que iba a explotar de tantos tonos de rojos que tenía en ella.

Exactamente por eso me gustaba más Charlie. Mirarlo a él es como si me viera reflejada a mí misma. Somos totalmente iguales; callados, tímidos, no nos gusta hablar de nuestros sentimientos, odiamos sentirnos incómodos, evadimos los temas personales, intentábamos no hablar de, mmm, las cosas de las que hablaba Renée a todas horas sin tapujos algunos. Qué bochorno, por favor. Mi padre, más que hablar conmigo mientras me hacía compañía y había visitas, conversaba animadamente con Emmett, Jasper (con el cual hizo muy buenas migas) y con Edward. Oh, por Dios; eso fue duro de ver. Mi padre, Charlie, el gran Jefe de Policía de Forks, hablando con el chico que había insultado a su propia hija sin haber cruzado media palabra con ella. Parecía que se le había olvidado totalmente.

De todas formas, ni Alice ni Rosalie dejaron de visitarme; solo en los dos fines de semana que habían pasado, pues decían que no querían molestar mucho. Realmente, en mi fuero interno, aceptaba que tanto Alice como Rosalie se preocuparan por mí. Vamos, ¿desde cuándo, aparte de Angela, mis padres y Phil, se han preocupado por mí? Nunca. Y que ellas lo hicieran me hizo sentir… protegida. Y quise darles una oportunidad, de verdad que sí. Pero la parte insegura ganaba por momentos a la parte sensiblera de mi cerebro.

El fin de semana había pasado mucho más rápido de lo que habían pasado las dos últimas semanas y sin explicación ninguna, el domingo por la noche no pude conciliar el sueño debido a las tormentas y truenos que había. Eso fue algo raro, ya que en Forks cuando no hay fenómenos naturales no es Forks y todas las noches llovía.

El despertador sonó, y sonó y sonó y volvió a sonar. Y todas esas veces mi mano fue a parar en el interruptor para apagarlo, pero que sonara cada dos minutos. Y sonó de nuevo. Y mi mano tocó el botón que no debía. El sonido cesó. Volví a quedarme completamente dormida.

Levanté la cabeza de golpe y enfoqué mi vista, porque para mí solo habían pasado unos pocos minutos desde cuando había apagado definitivamente el despertador. Pero resultó que no. Habían pasado cuarenta minutos. Me rasqué la cabeza con pereza y vi lo que marcaba el reloj. Las 07:54. ¡Mierda! Se supone que a esta hora ya debería estar en camino al instituto. ¡Joder, la llevaba clara!

Abrí el armario a toda prisa y cogí lo primero que pillé: una camiseta amarilla de tirantas y unos pantalones vaqueros cortos que, cuando me los puse, me di cuenta de que me quedaban grandes. Pero no tenía tiempo de cambiarme. Bajé corriendo, milagrosamente sin tropezar ni caer, y abrí la alacena. Con varias barritas energéticas de muesli en el bolsillo del pantalón, salí de mi casa sin cerrar con llave. Si se enteraba Charlie me mataría. Eché a andar con paso rápido y apenas registré la mirada de regocijo que tenía la vecina de al lado. ¿Pero qué les pasa a los vecinos de hoy en día? Joder, iba tarde.

Una vez puestos mis audífonos, caí en la cuenta de que no me había peinado. Saqué mi estuche sin parar de andar (casi se me cae todo de la mochila) y cogí la gomilla para el pelo que siempre llevaba en él. De repente, se puso a llover. Entonces supe que si mi día iba a ser malo, iba a ser incluso peor.

La lluvia no comenzó a caer poco a poco, si no que la gotas de agua era goterones y caían con gran velocidad contra mí, poniéndome completamente mojada; y qué decir de las cosas de mi mochila. Todo lo que llevaba en ella quedó empapado; los libros, mi archivador, una libreta, el estuche, la agenda, la funda de las gafas, los aerosoles… ¡todo! Resoplé a la vez que rebuscaba, como podía, el maldito paraguas que siempre tenía la precaución de llevar en la mochila. Pero no estaba por ninguna parte. Cerré la mochila empapada y eché de nuevo a andar, y fue ahí cuando me di cuenta de que llevaba una camiseta muy fina para el tiempo que hacía. Tirité, miré la hora en el móvil y en vez de andar, corrí como pude hacia el instituto. Ya iba tarde. MUY TARDE. Eran las 8:13. Quedaban dos minutos para que comenzasen las clases. Y por mucho que yo quisiera, no podía hacer nada para remediarlo: aún me quedaban casi diez minutos para llegar al instituto.

De todas formas, corrí y no paré hasta que vi el instituto frente a mí. Me había tirado todo el camino jadeando, pero no podía parar. Para cuando llegué estaba absolutamente mojada, de pies a cabeza, y jadeando en busca de aire. No sabía qué hora era, pero por el aparcamiento había algunos alumnos dando vueltas entre los coches. Me ardían los pulmones, así que me paré en mitad del carril por donde pasaban los coches. Me agaché e intenté tomar aire con todas mis fuerzas; pero mis bronquios estaban cerrados, imposibilitando la entrada del oxígeno.

Un coche tocó el claxon, alertándome y haciendo que levantase la cabeza de golpe. La puerta del copiloto se abrió primero a toda prisa y de ella salió un paraguas y vi como el objeto y la persona se acercaban a mí. Después se abrió la puerta del piloto y también avanzó hacia mí. Hice el intento de andar, pero todo lo que conseguí fue caerme al suelo. La primera persona que salió del coche se apresuró para llegar a mí y la que conducía hizo lo mismo. Llevé mis manos a la mochila para quitármela de los hombros, pero estaba agotada y parecía que ninguna parte de mí reaccionase.

―¡¿Bella?! ―Me llamó una voz cantarina. Entonces la reconocí, era Alice―. ¡¿Te encuentras bien?!

―Ay, Dios, Bella ―La otra persona me llamó bastante la atención, pues no esperaba que se, mmm, preocupase más por mí.

―H-hola ―Logré articular―. E-estoy b-bien.

―No estás para nada bien, Bella. Vamos a la enfermería ―Dijo Alice.

―N-No hace falta ―Contesté.

―O vas por ti misma o te llevamos a rastras. ¡Es obvio que no estás para nada bien! ―Dijo Jasper.

―N-no quiero. De verdad. D-dejadme sola ―Pedí.

―No te vamos a dejar sola estando como estás ―Argumentó Alice.

Un móvil comenzó a sonar y Jasper se sacó su teléfono de su bolsillo.

―Oh, lo que faltaba. Es Rosalie y me pregunta donde estoy.

―Vete, Jasper. Yo me quedo con Bella todo lo que ella quiera; no te preocupes ―Le dijo.

―¡Pero mira como está! ―Se puso nervioso, lo cual me puso igual de nerviosa que él―. Apenas puede mantenerse en pie. ¿Cómo la vas a llevar a la enfermería si es necesario?

―Ya me las apañaré. Vete o llegarás más tarde de lo recomendable y entonces no te dejarán entrar. Vete, Jasper ―Añadió al ver que no se iba.

―Después os veo ―Y se fue con un trote suave.

No pude mirar a Alice a la cara. Ya no llegaba a la primera clase del día y encima había hecho que Alice tampoco fuera a su respectiva clase.

Ella se agachó a mi lado y me pasó un brazo por los hombros con bastante lentitud, probando cuánto iba a dejarle que pusiera su brazo ahí. La dejé y también le permití que me diera un abrazo. Un abrazo de verdad; no de esos que me dio cuando se despedía de mí. Pude notar que Alice estaba tensa y mucho más preocupada de lo que había estado en las dos últimas semanas. La sentí como a una amiga, una verdadera amiga. Me tranquilicé mucho y eso sirvió que no jadeara tanto. Pero aún así necesitaba mis aerosoles.

―Gracias ―Le dije, separándome un poco de ella.

―De nada, Bella ―Se puso de pie y vi que ella estaba seca. Entonces me di cuenta de que había parado de llover; aunque yo seguía igual de mojada que cuando empezó a llover―. ¿Qué te parece si esperas allí mientras que aparco mi coche? ―Dirigí mi mirada hacia donde su dedo apuntaba: un Porshe amarillo canario. Caminó hacia él, se subió y aparcó rápidamente en uno de los aparcamientos que había libre cerca de donde nos encontrábamos. Quería y tenía la intención de ponerme los aerosoles allí mismo, pero al final Alice no se fue tan lejos como para que no me viera mientras que lo hacía. Como estaba empapada, tenía la escusa perfecta para ir al baño. Cuando Alice volvió y notó el estado en el que me encontraba, dio un grito ahogado―. ¡Tienes que cambiarte de ropa o cogerás una pulmonía!

Lo que me faltaba; otra enfermedad más añadida.

No, gracias.

―No tengo ropa de recambio ―Le contesté. La ropa que me tenía que poner para hacer Educación Física estaba en mi casa porque ese día no haría ejercicio por la espalda; ya no me dolía, pero si hacía algún movimiento brusco o algo me molestaba.

―¿Y la de Educación Física? ―Preguntó con el ceño fruncido.

―En mi casa. Hoy no haré ejercicio ―Le expliqué.

―¿Qué podemos hacer? Mi ropa será pequeña para que te la pongas tú ―Puso un mohín y después de estar pensando durante un rato más, se le iluminó la cara y sonrió con su característica sonrisa de duendecillo―. ¡Lo tengo! Angela tampoco te la podría dar porque ella utilizaría la suya; pero sé que Rosalie, al igual que yo, tiene una muda en su taquilla para casos de emergencia. Y este es uno de ellos.

Claro. Sí. Rosalie Hale. Sí, esa chica que es altísima, tiene curvas donde hay que tenerlas y que tiene un pecho que la mayoría de las chicas de su edad anhelan. ¡Sí! Alice quería darme la ropa de esa chica a mí, bajita, sin curvas y plana como una tabla.

―Creo que es una mala idea ―Apunté.

―¿Por qué? ―Preguntó mientras hacía un puchero.

―Porque Rosalie es Rosalie y Bella es Bella. No creo que sea una buena combinación mezclarlas.

―¡No seas tonta! Rosalie es exuberante. Tú también eres bonita, solo que una belleza que pasa más desapercibida. Sin embargo, no te preocupes por la ropa. ¡Yo me encargo!

Me dijo que la esperara en el cuarto de baño de las chicas de la primera planta y que me fuera secando con lo que pillase mientras que ella iba a la taquilla de Rosalie a por la ropa. Era obvio que eran tan amigas que se sabían las combinaciones de sus taquitas inversamente. Angela también sabía la mía y yo la de ella. Era como un pacto o algo así. Alice llegó minutos después de que yo cerrase la mochila después de haber metido los aerosoles ahí dentro. Muy contenta, con el móvil en la mano escribiendo algo sobre la pantalla táctil, sonrió feliz y se lo guardó en el bolsillo de su pantalón.

―Rosalie me ha dicho que no pasa nada. Comprende que una emergencia es una emergencia ―Dijo conforme me empujaba a mí y a la ropa de Rosalie hasta el pequeño cubículo del baño―. Tanto ella como yo pensamos que su ropa te quedará magnifica, aunque tal vez tenga algo que hacer con el bajo de los pantalones, ya que Rosalie es un poco más alta que tú.

―¿Sólo un poco más alta que yo? ―Le pregunté retóricamente mientras que observaba atentamente la ropa: una camiseta de encaje y unos pantalones vaqueros que tenían pinta de ser ajustados.

―Oh, vamos, Bella. Calla y vístete de una vez ―Rio Alice con su risa cantarina.

Me desvestí y me sequé como pude, aunque prácticamente no fue posible porque había agua por todas partes. Me puse primero el pantalón, el cual, me quedaba un poco largo, aunque no era nada que no se pudiese arreglar; incluso me gustó el tipo de pantalón, ya que no era ni muy holgado ni demasiado apretado, como algunas lo llevan que parece que van a explotar. La camiseta también me gustó cuando la vi, pero no tanto cuando me la puse. Es decir, era bonita; pero se me veía toda la piel y, para mejorarlo todo, llevaba un sujetador de color oscuro, haciendo que se me notase la piel incluso más.

―Alice ―La llamé―, ¿te puedo decir una cosa?

―Por supuesto.

―Soy tímida. Demasiado para mi bien.

―¿Y eso a qué viene ahora? ¡Tenemos que darnos prisa! ―Exclamó.

―Pues esta camiseta. Enseña demasiado para mi bien mental. ¿A caso no sabes que el 99'9 % de los alumnos de Forks son unos pervertidos? Y, aunque no reparen en mí usualmente, con esto lo harán. Créeme.

―¡Y todavía no he terminado contigo! ―¿Qué demonios quería decir con eso?―. Tengo que dejarte es-pec-ta-cu-lar.

―¿Se puede saber para qué? ―Pregunté, rayando la histeria.

―Sal y te lo explico.

Hice lo que me dijo e inmediatamente hizo que me sentase sobre el brillante suelo del cuarto de baño; se puso frente a mí y escarbó durante unos minutos en su mochila hasta que sacó un pequeño neceser. Entré en pánico. ¿Iba a hacer lo que creía que iba a hacer? ¡Oh, Dios, no! Me explicó que debía verme maravillosa para sorprender a algunos chicos del instituto, que al final acabaría sintiéndome guapa y eso conllevaría a una satisfacción inigualable y cosas por el estilo; aunque seguramente iría con segundas intenciones. Quise negarme, de verdad que sí, pero no sirvió de nada para cuando Alice puso esa carita de chucho apaleado. Siempre me he sentido débil frente a esos tipos de expresiones.

Eso sí, le rogué que no hiciera con mi cara nada ostentoso.

Y aunque parezca un milagro, lo hizo; solo aplicó un poco de lápiz de ojos, rímel y un poco de sombras para mis párpados. Según Alice, me veía genial y me preguntó por la supuesta satisfacción.

―¿Sinceramente? Me siento igual que antes ―Me encogí de hombros.

Alice rodó los ojos y me preguntó por mi siguiente clase; resultó que coincidíamos en esa, así que iríamos juntas hacia el aula. Pero me entró la timidez y me paré súbitamente frente a la puerta del baño. No, no podía hacerlo, para nada. No podría soportar que todos los babosos me miraran fijamente y que las chicas hicieran algo en consecuencia por robarle las miradas de sus novios o chicos que le gusta. No, seguramente hablarían sobre mí y sobre lo patética que parezco o algo así. Aquí la gente es muy cruel.

―Alice, no puedo.

―Claro que puedes, campeona.

―La gente…

―Escúchame bien con las orejas, Isabella Swan. ¡¿Desde cuándo te ha importado que hablen de ti?! Llevo años observándote de lejos y sé que eres muy fuerte, tan fuerte como para replicar o para enfrentarte contra la persona que se mete contigo. Así que ahora no me vengas con eso de que la gente te va a criticar. ¡Por Dios! ¿Tú? ¿Preocupándote por nimiedades como esas? Ni de coña. Así que vas a salir fuera ahora mismo con la cabeza bien alta a mi lado y con orgullo. ¿Te ha quedado claro?

―Como el agua ―Le sonreí como agradecimiento. Alice es la típica chica que siempre, siempre te anima; diga lo que diga y haga lo que haga.

Sonó el timbre, alertándonos.

Abrió la puerta del cuarto de baño y nos dirigimos hacia nuestra próxima clase. Hablamos de cosas normales, y noté como nuestro vínculo se hacía un poco más fuerte. No es que ya la considerase como una amiga porque ese término es demasiado falso, trivial y trillado como para colocársela a una persona con la que recién estás comenzando a conocerla. Tampoco es que no quisiera que Alice no fuera mi amiga, pero sí una conocida; pero tenía miedo. Porque me había llevado muchos palos en la vida y en esos momentos no estaba mentalmente preparada para otro golpe.

Conversamos de nosotras, pero sin profundizar, y también de lo patético y sin gracia que era el color de las paredes de los pasillos del instituto. Le agradecí internamente que no tocase el tema de lo ocurrido por la mañana, porque no tenía ganas de evadir las preguntas o incluso de, en un hipotético caso, de contestar la verdad. Nuestra relación había ido un paso adelante por lo ocurrido; sin embargo, no me apetecía contarle el por qué. Intuía que Alice era algo cotilla ―en plan sin ser entrometida, de estas que te sacan hasta cuántas veces haces pipí―, sino más bien de las que ansían conocer a las personas, estaba llena y rebosante de curiosidad. O al menos eso era lo que transmitían sus acciones y la emoción de su voz.

En el pasillo, la gran mayoría de estudiantes nos estaban mirando; pero no sabía si se fijaban en Alice, en mi ropa o en que Alice y yo hablábamos y caminábamos juntas a nuestra próxima clase. Lo ignoraba, la verdad. El que me mirasen como lo hacían me ponía nerviosa y de mal humor; es decir, no es que yo era egocéntrica o algo parecido, pero si algo son los alumnos de Forks, son bastante descarados. No les importa para nada quedarse con la boca abierta de impresión o repasarte con los ojos de arriba abajo sin ningún miramiento. Eso era lo que me ponía nerviosa; que todos los babosos me miraran así. Era demasiado asqueroso para la salud física y mental.

A mitad del camino, nos encontramos con Rosalie, que iba en dirección contraria a su respectiva clase.

―¡Hey, Bella! Te ves genial ―Saludó.

―Lo dudo ―Le contesté con franqueza.

―No seas tonta. Mi ropa te queda como si la hubiesen hecho expresamente para ti ―Rio con alegría. Esperaba que lo hiciera con ironía, en plan para dejarme claro que me la dejaba porque Alice la había puesto en un compromiso y que me quedaba horrorosamente mal. Pero no, fue todo lo contrario. Me sorprendió.

―Da igual lo que digas, no se lo va a creer. Es terca como una mula ―Dijo Alice antes de que yo pudiera abrir la boca―. ¡Créeme, ya lo he intentado!

―Debes de tener más autoestima en ti misma ―Respondió Rosalie con una sonrisa algo tímida.

―No seamos tontas, Rosalie. Mírate a ti y luego mírame a mí ―Rodé los ojos.

―¡De eso nada! No voy a permitir que pienses así ―Exclamaron las dos a la vez.

―Vale, vale ―Levanté mis dos manos al pecho intentado excusarme.

Nos despedimos de ella y continuamos con nuestro camino.

La clase anterior la daba con Angela y la siguiente también, así que estaría extrañada por no haberme visto en la hora anterior, ya que esa noche la había llamado para decirle que reanudaría las clases. Por lo que cuando llegué con Alice y nos dirigimos juntas hacia donde ella se encontraba, noté que su mirada pasaba de la preocupación al alivio, y después a la sorpresa. Sí, Angela podía ser como un libro abierto cuando hablamos de sus emociones.

―Bells, ¿qué te ha pasado en la hora anterior? Creía que te había pasado algo malo ―Me saludó y cuando se dio cuenta de que Alice estaba a mi lado añadió―. Hola, Alice.

―¿Qué tal, Angela?

Me dirigió una mirada de impaciencia.

―Es una historia bastante larga como para contártela ahora ―Suspiré.

―Está bien.

Alice se fue a su sitio alegando que tenía que hablar con su compañero sobre una cosa; no le di importancia, así que miré a Angela e intenté relatarle por qué había llegado tarde a clase, pero el profesor nos mandó a todos a sentarnos en nuestros sitios y que nos callásemos. Antes de nada, abrí la mochila, saqué la agenda ―que seguía mojada― y cogí uno de los papeles que había en su interior. Me fui hacia la mesa del profesor cuando me nombró y le entregué la justificación de mis ausencias.

―Vaya, Isabella, has estado faltando mucho ―Me dijo el profesor.

―Lo sé ―Me limité a contestar.

―Debes saber que por un simple hematoma en la espalda no tienes por qué faltar a clase…

¿Pero este hombre de qué iba? ¡¿Un simple moratón?! Un simple… ¡Venga ya!

―Usted no ha tenido lo que yo he tenido ―Le contesté con algo de irritación.

―¿Le estás replicando al profesor? ―Todos los alumnos se callaron de sopetón y uno comenzó a decir algo como «uhhhh», para que luego alguien chistara; no sé si fue porque el chico era un estúpido o porque el que lo había hecho se quería enterar de la conversación.

Antes de que pudiese contestar, el profesor añadió:

―El silencio otorga, señorita Swan. Quiero que para mañana me traigas una redacción de 500 palabras sobre el respeto.

―Pero…

―Disculpe, profesor ―Dijo, sorprendentemente, la voz de Alice.

―Nosotros estábamos allí y vimos lo que pasó. También lo que ha tenido en la espalda y le podemos asegurar que a Bella le ha sido imposible salir de la cama ―Espera, ¿ese que acababa de defenderme era Edward Cullen? Sí, claro y yo vivo en Londres.

Los miré a los dos sin entender nada. Lo peor era que, conociendo a este profesor, también les pusiera un castigo como consecuencia.

―Vaya. Mis tres mejores alumnos se han confabulado… ―Fijó la mirada en cada uno de nosotros, intentando intimidarnos―. Quedaros después de clase, por favor.

Puf. Cuando un profesor pronuncia esas palabras solo puede significar algo malo. Y el castigo se iba a convertir de una redacción a algo mucho peor.

Nos sentamos en nuestras sillas y el profesor comenzó con la lección del día. Mientras tanto, yo pensaba en lo que habían hecho dos de los Cullen. No sabía si Edward lo había hecho porque Alice lo había obligado o algo así, pero había algo en Edward que no me convencía; él estaba con Tanya Denali, ¿se necesita algo más para que un chico te caiga mal? Yo creo que esa justificación, ese nombre, es suficiente para no poder tragar a Edward. ¿A caso el chico este no se daba cuenta de lo cruel que era su novia? Eso sería algo que nunca podría ni llegaría a entender.

La clase se pasó muy lenta, pero al fin se terminó y el profesor pondría nuestra «condena». Dios quisiera que no fuera nada ni muy grande ni muy raro de hacer. Porque conociendo a los profesores te pueden mandar a hacer cualquier cosa rara que jamás hayas hecho.

―Bien ―Se aclaró la garganta y empezó con su discurso―. Quiero que los tres juntos me hagáis un trabajo sobre el respeto.

―¿Respeto?

―Perdón, me he expresado mal. Quiero una redacción de 500 palabras sobre el respeto individualmente y después quiero que trabajéis juntos y me hagáis un pequeño trabajillo sobre la asignatura.

Empezó a ponernos todo tipo de reglas y de condiciones; todo lo que teníamos que poner y todo lo que no hacía falta; sobre cuántas hojas había que hacerlo, con índice, portada y con la página de internet donde cogimos la información. Total, un trabajo como Dios manda sobre toda la Literatura que habíamos dado durante el año escolar, desde septiembre hasta la fecha.

Simplemente maravilloso.

―Agradezco lo que habéis intentado hacer, pero mirad lo que habéis conseguido. Si no os hubieseis metido solo tendría que hacer una redacción ―Musité.

―No te preocupes, Bella. Lo haremos con gusto, ¿verdad, Edward? ―Le dio un codazo a su hermano, el cual tecleaba algo en su móvil.

―Sí, Bella. Es algo así como una disculpa por todo lo pasado ―¿Esa frase llevaba doble significado o yo me estaba volviendo loca y veía cosas donde no las había?

―¿Me estás volviendo a pedir perdón? ―Fruncí el ceño y me volví hacia él.

―¿Quién? ¿Yo? ―Se señaló a sí mismo con las cejas alzadas.

Rodé los ojos y le pregunté a Alice:

―¿Cuándo podéis quedar para hacer el trabajo? ―Quería quitármelo de encima lo antes posible, ya que era para el lunes que viene. Al menos había sido considerado con la fecha de entrega.

―Estoy disponible el fin de semana ―Dijo Alice.

―Yo he quedado con Tanya… ―¿Por qué no me sorprende esa respuesta?

―Le dices que no puedes y se acabó. ¿O también vas a dejar plantada a Bella con el trabajo?

―No sabes cómo se pone cuando le cancelo algún plan…

―¡Pues la mandas a la mierda y todos felices! ―Las miradas de los alumnos del pasillo se volvieron hacia ella, pues no había sido un gritito de nada, no había sido bastante alto. Me sonrojé y le dirigí una mirada furibunda a Edward.

―¿Y ahora qué te hecho yo a ti, Bella? ―Preguntó a la vez que suspiraba.

―No sabes lo que le estás haciendo. A mí no me importa que no quieras hacer esto, pero ten algo de consideración por tu hermana ―Avancé unos pasos, pero me volví y entrecerré los ojos―. Y has hecho algo malo: has devuelto toda la atención de nuevo sobre mí.

La siguiente hora pasó rápida, sin nada que mencionar. Me senté al lado de Angela, como siempre, pero no tuve ocasión para contarle todo lo que había sucedido debido a la constante cháchara del profesor. Así que nada más que sonó el timbre del final de la clase, se giró hacia mí y casi me suplicó que se lo contase. Anduvimos juntas hasta la cafetería y mientras tanto yo le relataba desde cuando me había quedado dormida hasta cuando Alice y Edward me habían defendido en clase.

Cuando acabé, Angela no podía evitar que la sorpresa se plasmara en su rostro.

―Dios, Bella…

―No digas nada. Estoy de un humor de perros ―La previne antes de que dijera todas sus tontería sobre los Cullen y todas esas cosas.

―Eres muy afortunada, Bella.

―¿Yo? ¿Afortunada? ¿Qué has desayunado esta mañana que te ha sentado mal, Angela? ―Le pregunté mientras ponía mi mano en su frente.

―¡Quita, tonta! ―Rio y me apartó la mano de la frente―. Deberías haberme llamado y yo hubiera ido en un periquete a recogerte.

―Sí, claro ―Rodé los ojos―. Lo pintas todo muy bonito últimamente. ¿Por qué será? ―Intenté desviar el tema de mi persona hasta su relación con Ben, pero Angela era experta en saber cuando yo cambiaba de tema; no tenía nada que hacer contra ella, por lo que suspiré―. ¿Por un chico llamado Ben Cheney?

―Puede ser, no te lo voy a negar ―Admitió―. En serio, Bella. Mírate. Todas las chicas te están envidiando con esa ropa y por la amistad que hay entre tú y los Cullen. Todos sabemos que los Cullen son algo así como inalcanzables para simples personas como nosotras.

―Ang, no seas tonta…

Iba a añadir un comentario más, pero de repente una presión cayó sobre mis hombros, alarmándome. Pude notar cómo Angela también se tensaba y me di cuenta de que ella también tenía el otro brazo del chico en sus hombros. Me giré y vi al culpable. Emmett.

―Hey, Emmett —Saludé.

―¿Qué tal estáis, chicas? Venía para hablar con vosotras ―Admitió después de que Angela le saludara tímidamente.

―¿Para qué? ―Le pregunté con el ceño fruncido.

―Los chicos estaban hablando sobre invitaros a comer a nuestra mesa ―Sobra decir que Angela abrió los ojos desmesuradamente. ¿Tan raro era comer con unos supuestos amigos? ¡Oh, Dios! Me olvidaba que estoy hablando de los Cullen y Hale (nótese el sarcasmo)―, pero como todos son tan cobardes diciendo que ninguna de las dos aceptaría porque Bella es como una muñequita tan frágil y cariñosa… ―Entramos a la cafetería y no pude evitar reír ante el comentario de Emmett.

―¿Lo estás diciendo en serio? ¿Decían eso de mí? ¿Lo de muñequita frágil y cariñosa? ―Volví a reír con ganas. Dios, hacía tiempo que no lo hacía.

―Bueeeeeno, puede que lo exagerara un poco, pero básicamente sí, lo estaban diciendo ―Se unió a mí con sus risas―. Así que, ¿qué decís?

―Agradezco mucho vuestra invitación ―Comentó Angela―, pero voy a comer con mi novio.

No sabía si era verdad o no, porque Angela es como una veleta: o está con Ben o está conmigo, no hay más. Así que supuse que solo lo hacía para que yo pasara más tiempo con ellos. ¿Pero qué se traía esta niña entre manos?

―Hay que disfrutar cada segundo con tu pareja; di que sí, Angela ―Le guiñó un ojo, haciendo que se sonrojara. Rio con fuerza―. ¿Qué me dices de ti, chati?

―¿Qué me has llamado? ―Le pregunté, con la risa a punto de salir de la garganta.

―Chati ―Se encogió de hombros y nos dirigimos hacia la mesa donde estaban todos sentados. Menos Edward, claro, que estaba con su magnífica Tanya. Estará muy entretenido con ella, porque no había venido a molestarme ni una sola vez en las tres horas y pico que llevaba en el instituto; todo un récord―. Por cierto, te ves muy bien con esa ropa.

―Es de Rosalie. Esta mañana me ha pillado la tormenta y no he cogido un paraguas. Así que te puedes hacer una idea de lo que me ha pasado ―Le conté―. Si no fuera por Alice, estaría aún con mi ropa. ¡Echo de menos mi sudadera!

Emmett rio alegre.

―Hola ―saludé en cuanto llegué a la mesa.

―¡Hola! ―Contestaron a la vez.

―¿Qué estabas diciendo a Bella para que se riera tanto, Emmett? ―Cuestionó Alice, con una ceja alzada.

―¡Le he puesto un mote! ―Dijo feliz, como un niño en la mañana de Navidad.

―¿Y cuál es? ―Preguntó Jasper con algo de miedo.

―¡Chati! Es genial ―Rosalie se atragantó con su bebida y las carcajadas de los presentes no se hicieron esperar; eran contagiosas, no pude evitar unirme a ellos. Se sentía… bien; aunque no lo quisiera admitir.

―¡Hey! ¿De qué os reís tanto? ―La voz de Edward me sobresaltó y dejé de respirar casi al instante. Jadeé un poco y todos me miraron con prudencia―. Mmm…

―Emmett le ha puesto un mote a Bella. ¿Adivinas?

―Conociendo a Emmett, será una burrada de las suyas.

―¡Chati! ―Y las risas no se hicieron esperar. Me reí con timidez esta vez, porque ya me estaba empezando a incomodar. Parecía que era algún chiste privado de los cinco. Ahora me sentía fuera de lugar.

¿Yo? ¿Cambios de humor? Tss.

―Creo que mejor me voy —Murmuré y antes de que se dieran cuenta cogí mi mochila, la cual había dejado en el suelo, y salí escopetada por la puerta. Escuché como me llamaban, pero los ignoré a todos y continué mi camino hacia los cuartos de baños.

Pero la odiosa de Tanya Denali hizo acto de presencia.

―Vaya, vaya. Mira a quién tenemos aquí ―Dijo con desprecio―. ¿No te cansas de ser tan rata?

―¿No sabes decir otra cosa que no sea «rata» o «friki» o «nerd»? ¿No sabes que hay que leer para tener más vocabulario? ―Me defendí.

―¿Quién te crees que eres, rarita? Por mucho que me insultes no lograrás ser como yo. Aunque lo desees con todas tus fuerzas ―Se acercó hacia mí y me cogió la muñeca; apretó fuertemente y supe que, conociendo mi piel, más tarde me saldría un moratón.

―¿Ser como tú? Ni en sueños.

―Ya sé por dónde vas, idiota. Quieres hacerte la dulce y tierna chica delante de mi chico para ganártelo, ¿no es así? No eres más que una infantil, sin nadie que te quiera. Quieres llamar la atención porque tu padre está demasiado ocupado en la comisaría trabajando tanto para verte lo menos posible. Eres una malnacida, fuiste un error y ni tu propia madre te quiere. ―Sin poder remediarlo y dándole toda la satisfacción que podía conseguir de mí, empecé a llorar―. Así que intentas ganarte a Eddie haciéndote la mártir. ¡Pequeña puta! ¿No ves que está rendido por mí y hace todo lo que yo quiero, sin preguntas? ¡Nunca se fijará en ti, mierda! ¡Eres una mierda! ―Gritó e intentó cogerme de los pelos, pero una voz detrás de nosotras la congeló. Y ¿qué puedo decir? A mí también.

―¡Tanya! ¿Qué mierda estás haciendo? ―Gritó Edward. Creo que el pobre estaba entrando en pánico.

―¡Eddie! No es lo que parece. ¡Ella empezó a agredirme! ―Argumentó inútilmente. La mirada fría de Edward podría congelar a cualquiera―. ¡Te lo he estado diciendo todo este tiempo! ¡Ella es una hija de puta! ¡Me acosa y no me deja en paz durante los cambios de clase!

Vi como Edward cambiaba su expresión, de una fría e inexpresiva a una de reconocimiento y calidez. Entendí que todo se había ido por la borda y que estaba de lado de Tanya.

Pero lo que dijo a continuación me dejó anonadada.

―No te atrevas a llamarla así ―Gruñó.

―¿Qué pasa, Eddie? ―Soltó lágrimas de cocodrilo―. ¡Te has dejado embaucar por esta zorra!

―¡Tanya, te lo digo en serio! ¡Para ya de una puta vez! ―Siseó. Edward me rodeó la cintura con uno de sus brazos y nos dirigió a otro sitio en el que no estuviera Tanya Denali.

―Pero…

―¡Ya está todo dicho, Tanya! ―Rugió en mitad del pasillo.

Aún estaba en shock, las lágrimas habían cesado y seguía sin creérmelo. ¿Edward, el manipulado por su novia, me había defendido ante ella? Ay, Dios. La que había liado. Por favor, que no rompan, rogué en silencio. Porque si rompía, había una cosa era segura: todas las culpas irían hacia mí, sin yo haber hecho nada. ¿Había alguien para confirmarlo? Tanya no cuenta y de mi boca no saldría nada; sería su palabra contra la mía. Y ganaría ella, por supuesto. ¿En qué me había metido?

Edward paró y abrió las puertas del gimnasio. ¿Por qué siempre acaba aquí, quisiera o no? Este lugar se estaba convirtiendo en algo raro, un lugar de peregrinación; de esos en los que tienes que pasar sí o sí al menos una vez en tu vida. Sabía que mis pensamientos no tenían nada que ver con lo que quería verdaderamente expresar, pero lo ocurrido me había embutido el cerebro, imposibilitando que pensara con claridad.

Sin hablar todavía, Edward soltó mi cintura solo para coger mi mano. ¿Qué le pasaba a este? A veces no entendía el comportamiento de los humanos.

Nos sentamos en las gradas en un silencio incómodo. Edward apoyó los codos en sus rodillas, se cogió la cabeza y, si era posible, se despeinó aún más su pelo. Algún día pasaría mi mano por él.

¿Pero qué demonios estás pensando, Bella?

Seguimos en silencio, cuando Edward lo rompió.

―Lo siento ―Su voz sonaba ahogada, como si estuviera a punto de llorar. Lo que me faltaba.

Sin embargo, no sabía por qué se disculpaba esta vez. ¿Sería por lo de la primera vez, por lo del mensaje? ¿Por llamar a mi casa? ¿Por hacer que me cabreara con todo el mundo? ¿Por caerse encima de mí? Había muchos porqués.

―¿Por qué? ―Pregunté con curiosidad. Una cosa es que no aceptara sus disculpas y otra cosa muy diferente era no escuchar porqué pedía perdón.

―Por todo ―Suspiró―. Sé que no te caigo precisamente bien, pero te debo al menos una disculpa por todo lo que… te he hecho. De verdad, Bella, que aquella vez en el parque no quería decir lo que dije.

Me entró pena y todo al ver su fachada de tristeza. Pero era por Tanya, seguro. Sorbí mi nariz y me restregué debajo de los ojos para quitar los posibles restos de maquillaje.

―Supongamos que creo, ¿vale? Quiero saber por qué lo hiciste.

―No lo sé, pero no quería herirte. Te lo juro por mi colección de discos clásicos ―Ouch. Esto iba en serio; yo no juraba por mis libros más sagrados por una simple tontería―. Supongo que me dejé llevar por Tanya, o algo así. Pero te aseguro que no pienso que seas nada de esas cosas.

―¿De verdad? ―Pregunté con escepticismo, cuando en realidad habría querido decir «que te den».

―En serio ―Suspiró de nuevo y se frotó los ojos con desesperación―. Intenté disculparme con todos, contigo, con Alice y con Rosalie, e incluso con Emmett. Pero nadie quería hablar conmigo, excepto Jasper. Así que decidí que podría vivir con el rechazo de mis hermanos, pero no con el de una chica que no conocía de nada. Yo no soy así.

―Alice intentó excusarte, ¿lo sabes?

―Alice es muy buena, aunque muy dura. Pero sí, lo supuse, porque yo habría hecho por ella lo mismo ―Sonrió débilmente―. Intenté hablar contigo llamando a tu casa, pero ya se lo habías contado a tu padre, el cual es otro hueso duro de roer… Y entonces cogiste el teléfono y me diste un corte impresionante. Me quedé en shock y con el teléfono en la mano durante un rato.

No pude evitar reír un poco. Se lo merecía. Digo, que le colgase, no mi risa.

―¿Qué explicación tienes para la famosa caída? Nos ha traído muchos problemas ―Le comenté.

―Se me desanudó el cordón del zapato, lo pisé y allí estabas tú, en el momento y en el lugar equivocado. Por eso también me disculpo ―Se sonrojó un poco―. ¿Te puedo preguntar una cosa?

Iba a contestarle el típico «ya lo estás haciendo, pero pregunta», cuando noté una vibración en el bolsillo del pantalón.

―Espera un momento, mi madre me está llamando ―Fruncí el ceño por décimo octava vez en el día y presioné el botón de aceptar llamada―. ¿Hola? ¿Mamá? ¿Pasa algo malo? Nunca llamas cuando estoy en el instituto ―Comencé a bajar las escaleras y me paré cuando llegué a la pista de baloncesto.

¡Ay, cariño! ¡Es algo tan importante que me daba igual si te pillaba en una clase! ¡Me acabo de enterar y eres la primera a la que se lo voy a contar! ¡Es algo tan… impresionante que aún no me lo creo! ―Renée casi chillaba por el altavoz. Su entusiasmo era tanto que terminó por pegárseme.

―¡Seguro que es alguna de tus estupideces! Te he dicho que no me llames para contarme cotilleos de la clase de yoga, mamá ―Rodé los ojos y sonreí―. Va, en serio. ¿Te has comprado algo nuevo de Michael Jackson? Sabes que me encanta, pero tampoco está la cosa como para comprar nada de colección. Y, quiero que sepas que si lo has comprado, me pertenece a mí, señora Dwyer ―Bromeé.

¡Eso se sabe más que sobra, cariño! Pero no, ¡es algo muchísimo más importante!

―Sabes que no se me dan bien las adivinanzas, mamá. ¡Dímelo de una vez por todas! ¡Vaaaamoooos! ―Gimoteé, pues mi madre estaba respirando profundamente.

¡Isabella Marie Swan, estoy embarazada!


¡Hola!

¡Chán, chán, chán! ¿Qué tal os ha parecido este capítulo? Las cosas van avanzando poquito a poco, no me gusta adelantar mucho las cosas y que todo quede ahí, agolpado y sin coherencia. Debo decir que este capítulo ha salido de la nada, prácticamente: porque pasé de no tener NADA de inspiración a casi escribir dos capítulos de esta historia :) Tengo varias ideas ya en mente, pero todavía vais a tener que esperar. Tengo escrito el 8, pero hasta que no tenga el 9 casi o entero, no publico. ¡Y ya sé lo que va a pasar en el nueve! jojojo

Por cierto, os tengo que decir que, según mis cálculos, no va a tener más de 16-17 capítulos, quiero que sea cortita :3

El siguiente cap. está muy emocionante (a mi parecer) y seguramente el 9 será muy asadsfdgadfdhk (por lo menos para mí xD) Tendréis que esperar.

¡Muchas gracias por todos los reviews que me habéis dejado! ¿Creéis que será posible alcanzar los 55? jajaja Lo aprecio un montón *-*

Os dejo, y espero que tengais noticias de mí próximamente. El otro día actualicé Hold my Hand, ¡que ya iba siendo hora!

Sandy.

PD: Twitter SandyPattz y Tumblr sandypattz . tumblr . com ! :D