Sailor Moon © Naoko Takeuchi
[Siempre fuiste tu]
Este capitulo esta dedicado para mi amiga LESVAL, espero te guste niña :) Feliz San Valentin.
Mi teléfono celular sonaba imparable mientras algunos rayos de sol se colaban entre las persianas violetas entrando directamente en mis ojos. Tanteé el lugar en donde se encontraba el teléfono, lo tomé y entre bostezos contesté.
– ¿Si? –
– Minako –
– ¿Si? –
-Soy yo, Michiru. Necesito tu presencia aquí ¡ya! Todo el comité de dirección está aquí, al parecer habrá una auditoría interna sorpresa y como imaginarás no estamos listos.-
– Si…–. Contesté en un murmullo.
– ¡Mina! ¡Levántate y llega aquí lo antes posible o nos despedirán a ambas! –
Los gritos de Michiru fueron suficientes para hacerme salir de la cama.
–… ¡bien!… ya voy, ya voy –. Contesté sin ganas.
Corrí a tomar una ducha rápida, me vestí y maquillé. Más tarde me encontraba en mi coche rumbo a mi trabajo. La mañana era fría y nevaba, por lo que significaba que el tráfico estaría peor que siempre. Bajé solamente para comprar un café y me dispuse a pasar un buen rato tras el volante.
Cuando al fin llegué, desee no haberlo hecho nunca. El lugar era una locura. Gente caminando con pilas de papeles en sus manos, hablando por teléfono, gritando, tecleando en la computadora, todos, con la apuración en sus rostros.
– ¡¡Mina!! –
Volteé a verla. Estaba furiosa y desesperada. Pobrecita.
– Hola Michiru–. Sonreí
La peliazul me miró con ojos duros. – Cuando te dije que vinieras rápido, lo dije enserio Sra. Aino–. Me reprendió mientras tomaba mi brazo derecho y me dirigía hacia enfrente. – Vamos a la oficina–.
Sonreí de nuevo. Me esperaba un día pesado, sin embargo mi humor estaba excelente y disfrutaba de ver a Michiru estresada. Caminamos apresuradamente hacia mi oficina. Estaba oscura, con las persianas totalmente cerradas. Encendí la luz y quedé boquiabierta al mirar dentro.
Sobre mi escritorio se erguían dos docenas de hermosos y blancos alcatraces. Me acerqué y los acaricié. Solo él pudo haberlos mandado.
– ¡Ah sí!… Llegaron esta mañana. La tarjeta esta junto al teléfono –. Me dijo mi asistente en tono desinteresado.
No contesté. Me limité a acercarme al aparato y tomar la nota.
"Gracias por traerme de vuelta. Yaten"
– El alcatraz–. Pensé guardando la nota de nuevo en su sobre y recordando la planta que había dejado en sus manos aquella noche. –Qué exagerado– El galante Yaten. Nunca iba a cambiar, ni siquiera cuando acababa de salir de coma, caray. Sonreí y sentí como mis mejillas se encendían ¡Ah, que hombre! Le daría las gracias en cuanto lo volviera a ver. Miré a Michiru revisar con prisa algunos documentos. Era hora de trabajar.
– Y bien, ¿por dónde empezamos? –
***
El reloj marcaba las once con veintitrés minutos. Mi espalda y cuerpo entero estaba al borde del colapso. ¡Malditas auditorias sorpresa! Todos estuvimos esclavizados sin descanso por montañas de archivos sin actualizar y reportes sin levantar. ¡Y lo que faltaba! Pero yo renunciaba. Al menos por hoy había dado todo lo que podía dar. Tomé mi bolso y mi abrigo y partí a mi casa sin despedirme.
En cuanto llegué me deshice de mis tacones, mis pies estaban destruidos y corrí hasta la cocina. Mi té de manzana y canela era lo único que podía salvar mi vida del cansancio en ese momento. Mientras se calentaba, me aseé y me puse mis pijamas. Me recosté y, tomando sorbos de mi bebida caliente, recordé a Seiya. Lo había extrañado. No había estado ni un día sin saber de él desde que estábamos frecuentándonos. Pensé en llamarlo, y sólo en eso quedó, en un pensamiento, pues segundos después me encontraba profundamente dormida.
***
Los siguientes siete días fueron de trabajo intenso. Llegaba temprano al trabajo y salía a las diez si bien me iba. A veces Seiya me esperaba afuera de mi edificio y preparaba la cena para mí. Aunque muchas veces me quedaba dormida en el sofá antes de que él pudiera decir que la cena estaba lista. Y de Yaten no sabía nada, solo que estaba cada día mejor.
Seiya, por su lado aprovechó este tiempo para retomar su trabajo también. Y fue así como comenzamos a telefonearnos y mensajearnos como dos adolescentes. Me resultaba muy divertido, en verdad. ¡Me sorprendía como podía hablar tanto!
Y aunque los dos lo disfrutábamos, esperábamos con ansia el día en que nuestras horas de trabajo pasaran de inhumanas a decentes, y así tuviéramos un rato para estar juntos.
Y un buen viernes, eso pasó. Llegué temprano, trabajé sin parar y al dar las cuatro de la tarde, el trabajo estaba hecho. O bueno, más bien, mis subordinados podían seguir sin mí. Feliz tomé mis cosas y caminé hacia el elevador.
– Hola Mina. ¿Cansada? –. Retumbó su voz tras de mí.
– Bastante Darien. ¿Y a ti qué tal te va? –
– Igual –. Contestó clavando su mirada en mí. – ¿Con quién estas saliendo ahora Mina? –. Dijo intimidante mientras tomaba mi brazo. Rodé los ojos fastidiada, no tenia ánimos de lidiar con sus celillos absurdos.
– ¿Qué? No es de tu incumbencia. Suéltame –
Darien se relajó y me tomó de los hombros. Su mirada cambió.
– Lo siento. Solo quería saber quién es él. Como te trata, si te quiere, si lo quieres…–.
Suspiré cansadamente. Darien era un buen hombre, pero comenzaba a molestarme la forma en que se empeñaba en saber todo de mi vida. Yo desde el principio había dejado claro que lo de nosotros jamás pasaría de… bueno… lo que fue. Tomé su mano y lo miré.
– Gracias por preocuparte Darien. Todo está muy bien. Soy feliz–.
Darien asintió. – Que bueno. Adiós Minako –.
Zafó su mano de mi agarre, dio media vuelta y se marchó, dejándome inmóvil por unos segundos. Me daba pena, pero que podía hacer… en el corazón no se manda, ¿cierto?
Mientras subía a mi coche llamé a Seiya. Moría de ganas de verlo y abrazarlo y pasar buen tiempo de calidad a su lado. Tal vez una cena, una película, no importaba.
La verdad era que, en este tiempo, Seiya se había convertido en lo más especial que tenia. Estaba sintiendo nacer una ilusión en mi, y hoy, hoy se lo diría. Hoy, sin más miedos ni dudas le diría que lo quería. Me sentía emocionada por saber su reacción. Sonreí esperando la contestación de mi querido pelinegro.
– ¡Hola preciosa! –. Chilló animado.
– ¡Sei! ¿Cómo estás? ¿Qué haces? –
– Bien y nada –. Rió. – Oye linda, ¿crees que hoy puedas salir en la noche? Es decir si no puedes no, yo entiendo que mi preciosa ha estado trabajando muchísimo, pero bueno, Yaten sale hoy del hospital. Queremos ir a cenar para celebrarlo y nos ha pedido que vayas… –
Bien. No era mi idea de perfecta "cena romántica-en-la-que-le-confiesas-tu-amor-a-tu-chico", pero bueno. Estaría con Seiya, es lo que importaba. Yaten…. Me había olvidado por completo de su salida del hospital. Dentro de mí aun sentía algo de temor de encontrármelo. Es verdad que lo había visto ya. Pero no es lo mismo verlo ahí, inmóvil, que verlo totalmente reanimado. Volver a ver aquellas muecas arrogantes de su rostro, sus miradas penetrantes e insistentes y escuchar su sensual voz, me ponía a temblar. Pero de cualquier manera, trataba de no pensar en eso.
– Pues de hecho acabo de salir del trabajo–. Contesté intentando no sonar decepcionada por la ruina de mis planes. – Iré a arreglarme y ¿pasas por mí? –
– ¡Excelente! A las ocho estoy ahí por ti –
– Bien, entonces a las ocho te veo –
– Te quiero preciosa –
– Yo también Sei –. Silencio. – Sei…–. Dije dudosa.
– ¿Si? –
– Te extrañé –
– Yo también preciosa, muchísimo –. Confesó él.
Sonreí.
– Adiós Sei –
Conduje hasta mi hogar para prepararme para aquella cena que podría ser todo, menos aburrida.
***
– Ya la he llamado. Ella irá –.
Yaten sonrió victorioso. – Entonces tenemos que arreglarnos Seiya. ¿A qué hora pasaremos por ella? –.
– YO pasare por ella Yaten. No te preocupes –. Dije un poco posesivo enfatizando las primeras dos letras de mi frase. Yo ya conocía sus intenciones. Yaten estaba listo para poner en práctica su plan de reconquista, pero desconocía que tenía a su rival justo en frente. Y ésta vez, no dejaría que alejara a Mina de mi. Ahora que mi hermano estaba completamente sano y volvía a ser el cretino de siempre, no había nada que me impidiera luchar por ella.
Yaten me miró levantando la ceja pesadamente. – Vaya, vaya. Bueno, entonces la veré allá. Me ducharé–. Y se alejó con dirección al baño.
Habíamos decidido, o mejor dicho, Taiki había decidido que Yaten se quedara en mi apartamento para que conviviéramos más de nuevo y mientras se recuperaba del todo. Aunque a mi parecer el niño se veía bastante bien, como si nada. Me hacía sentir un poco culpable el hecho de que él tratara de acercarse a mí, ser unidos como antes, pero para mí resultaba muy difícil. Lo adoraba como mi hermano que era, pero como hombre, no podía evitar sentirme amenazado por él. Las inseguridades del pasado me estaban matando.
Salí a la terraza y me fumé un cigarrillo. Tenía más de nueve meses sin fumar. Respiré profundo y me relajé con cada bocanada que daba. El día estaba precioso. Frio, pero soleado. Cerré los ojos y dejé que los rayos de sol calentaran mi rostro.
Me sentí bien. Y de repente mi bella rubia apareció en mi mente. La imaginé sonriente, con el cabello revuelto y sin maquillar. Adoraba su cara sin maquillar, era preciosa. En mi mente ella se acercaba a mí, abrazándome, y pegándose a mi cuerpo firmemente, besando mi boca, mi cuello, mi pecho…
¡RIIINGGG!
¡Diablos!
Llamadas inoportunas… ¡tsss! Corrí hacia adentro, buscando el teléfono inalámbrico.
– ¿¡Sí!? –. Contesté casi a gritos.
– ¿Seiya? Soy yo, Taiki –
– Ah… ok, ¿qué pasa? –. Dije recuperando mi aliento.
– ¿Estás bien? –. Preguntó extrañado.
– ¡Claro que sí! Que quieres…–. Solté molesto.
– ¿Esta Yaten ahí? –
– No. Está en la ducha –
– Bien. Quiero hablar contigo, pero no quiero que Yaten escuche, ¿entendido? –
– Si… ¿Qué? –. Moría por colgarle y regresar a mi preciada terraza.
– ¿Qué pensaste de lo que hablamos aquel día? –
– ¿Qué? ¡Ahh! ¿Lo de Mina? Taiki, te contesté esa misma noche… ¿no lo recuerdas? –
– Te dije que lo pensaras Seiya, ¿aun sigues con tu terquedad? –
– Esa terquedad, Taiki, se llama amor, y si, planeo seguir con ella–. Exclamé enfadado.
– Seiya… Seiya, por favor. No pelees con Yaten por ella. No te humilles así…–
– No me estoy humillando Taiki. Además es algo que ya he decidido. Taiki, la amo. No hay nada que puedas hacer contra eso –.
– Seiya, yo se que la amas. Pero el amor es de dos, hermano. Ella verá a Yaten hoy, y tú estarás solo de nuevo y peleado con tu hermano. No ganarás nada, más que dolor –
– ¿Acabaste? Escucha, sé que apoyarás a Yaten sin importar nada. Entonces, DEJAME EN PAZ. ¿Ok? Te veo en la noche. Adiós –
– Seiy…–
Colgué.
Esta vez Taiki se había tomado demasiado en serio su papel de papá, pero de papá de Yaten. Como siempre buscando y abogando por sus deseos. De alguna manera lo entiendo, yo siempre fui más independiente, mientras que Yaten era un chiflado. Como sea, Taiki no tenía derecho de decirme a quien puedo o no amar.
Salí nuevamente a la terraza. Cerré la puerta corrediza y saqué un nuevo cigarrillo. Intenté regresar a mi estado de relajación pero de nuevo fui interrumpido por cierto hombrecito platinado.
– ¿Fumando? –
– Evidentemente –. Respondí con obviedad.
Yaten se acercó a mí, arrebatándome el cigarrillo.
– No deberías…– Advertí. Él me ignoró e inhaló el humo. – es malo para tu recuperación…–
– Seiya, estuve a punto de morir. No pienso quedarme con ganas de nada –
– Nos asustaste mucho –
– Lo sé. Pero estoy aquí–. Yaten me miró y sonrió – Seiya… se que tú llamaste a Mina y quería agradecert…–
– No lo hagas –
– Pero…–
– Me ducharé –
Entré rápidamente. No pude escucharlo agradecerme por traer a Mina de nuevo con él, cuando en realidad lo único que quería era alejarla de él y llevarla conmigo. Me sentí pésimo. Yaten se estaba esforzando por mejorar nuestra relación pero yo solo podía pensar en él tratando de quitarme a Mina. Me di cuenta de que Taiki estaba en lo correcto en algo: Mina me alejaba de Yaten. Sabía que mi actitud debía cambiar, de cualquier forma, Mina no era mía, aun. No podía portarme de esa manera con mi hermano. Hoy celebraríamos su recuperación y era momento de estar feliz por él.
Me dirigí hacia el baño y tomé una ducha caliente y rápida. Cuando salí Yaten estaba arreglándose ya para el gran momento. Él estaba feliz. Tarareaba canciones. ¡Sí! ¡¡Tarareaba canciones!!
Sonreí y al pasar junto a él le di una palmada en la espalda.
– No uses mi cepillo. Siempre odié que lo dejaras lleno de cabellos plateados–. Dije bromeando.
– ¡Muy tarde! –. Rió – Ya lo hice–.
Caminé riendo hacia mi closet. Usaría lo convencional, traje negro, camisa blanca, corbata roja. Bueno la verdad es que Mina me había dicho lo bien que me sentaba. No tarde mucho en vestirme y arreglarme un poco el cabello. Me perfumé y me dispuse a salir a recoger a Mina.
– Me voy. Taiki vendrá por ti –.
– Pero ya estoy listo, te acompaño–. Dijo Yaten despreocupado y dispuesto a salir tras de mi.
– No –. Dije tajante. Yaten me observó sorprendido.
– ¿Por? –. En ese momento supe, por su cara, que algo sospechaba.
– Mina me pidió que no fueras Yaten. Para ella aun es… complicado verte–
Yaten sonrió de lado, presuntuoso. –¿Aun se pone nerviosa? –
Lo miré. Sentí la temperatura de mi cuerpo subir y apreté los puños. Sin embargo me controlé y le di la sonrisa mas forzada de mi historia.
– Adiós Yaten –
Bajé furioso las escaleras y llamé a mi linda rubia. –Hola preciosa, ya voy para allá –
***
Después de mi obligada ducha me dirigí a la cocina por un té. Encendí el televisor y me dispuse a buscar el atuendo ideal para esta noche. Sin quererlo, estaba emocionada y totalmente atemorizada por hoy.
Yaten iba a verme. Seiya iba a verme. Definitivamente tenía que verme increíble.
Pasé más de tres cuartos de hora intentando encontrar el vestido perfecto. Me desesperé, lloré e hice un gran berrinche yo sola por no tener que ponerme. ¿Por qué me comportaba así? Reí para mis adentros. Seguí nadando entre mares de ropa hasta que lo vi. Aquel ceñido vestido rojo oscuro. Sencillo y elegante. Siempre pensé que el color rojo era lo mío, resaltaba mi color de piel y mi dorada cabellera, así que no dudé y me lo puse.
Y en efecto, me veía muy bien. Me maquillé y me puse accesorios discretos. Estuve lista mucho antes de la hora acordada. Raro. Comúnmente me hubiera tomado más tiempo del disponible llegar a los resultados evidentes. Tal vez era mi estado de humor que se reflejaba en mi imagen. Me sentía tan bien. Moría de ganas de ver a Seiya, lo había extrañado mucho y tenía la necesidad de sentirlo conmigo, abrazarlo y ser abrazada por él, tocar su cabello, sentir su respiración, su tacto…
Ok, alto. ¿Qué? Mi mente y mi cuerpo ya no se detenían. Estaban declarándome que aceptaban a Seiya abiertamente y mi corazón comenzaba a concordar con ellos. Sonreí y como tonta me sentí sonrojar yo sola.
Me recosté en la cama y me dispuse a esperar a Sei. Me quedé dormida. Media hora después Seiya me llamaba diciéndome que ya venía en camino. Retoqué mi maquillaje y lo esperé contenta.
***
Detuve el coche y bajé. En contraste con la hermosa tarde, la noche mostraba un panorama helado y húmedo. Corrí hasta la entrada del edificio hasta llegar al ascensor. Piso tres, departamento uno.
Me detuve al estar frente a su puerta. Algo dentro de mí me decía que esta noche seria crucial para el futuro. Hoy podría ver, gracias a su reacción, si tenía caso o no que yo siguiera tras ella. Y para ser honesto, me estaba muriendo de miedo. Pero no había marcha atrás, no iba a acobardarme ahora. Iba a luchar por ella. Toqué el timbre.
Y ella apareció. Sonriente como siempre, con sus rubios cabellos reunidos en largos rizos y enfundada en un vestido rojo, ajustado por todos lados, recalcando todas y cada una de sus sensuales curvas. La miré de arriba abajo y viceversa.
– Te ves… maravillosa –
Ella ensanchó su sonrisa y se acercó a mí para besarme en la mejilla. Me abrazó y correspondí envolviéndola en mis brazos. Se sentía tan pequeña y delicada. Quise cuidarla, protegerla. Y quise besarla. Pero me detuve. No iba a besarla ahora, antes de que ella enfrentara su pasado. Pensé en irme lento y ser paciente.
Pero ella, me abrazaba acariciando mi espalda, hundiendo su cara en mi pecho y pegándose a mi cuerpo insistentemente. Y viéndose así, sensual y hermosa. Me estaba matando. No podía resistir más y tuve que apartarme. Pero ella no me dejó. Se aferró aun más a mí y alzó su mirada a la mía. Me miró y sonrió. Me quedé inmóvil.
Ella subió sus manos hasta cruzarlas detrás de mi nuca. Acarició mi cabello y mi rostro, mirándome tiernamente. Yo la observaba sonreír, confundido.
– Te quiero –. Me susurró mientras situaba la punta de su nariz junto a la mía. Acercó sus labios a los míos y entonces…
¡RIIIIIIIING!
¡Maldita sea!
¡Juro que si es Taiki, voy a matarlo!
Ella se alejó inmediatamente y entró a su departamento. Y yo, qué más da, contesté el teléfono.
– Seiya, los estamos esperando –
Colgué sin decir palabra. ¡Ahh!
– ¿Nos vamos? – Me dijo la rubia. Tomó mi brazo y sonrientes, caminamos rumbo al coche.
***
¡Hola niñas!
¡Yaten ya apareció haha!
Feliz día del amor y la amistad
Feliz san Valentín
O como Uds. quieran llamarlo, vívanlo hoy y siempre. Las quiero chicas!
Gracias a todas por leer y por todo el apoyo, de verdad lo agradezco mucho (:
Espero les guste el capi. Trataré de actualizar pronto.
Les debo los reviews :(
Saludos
¡Tschuss!
mskou
