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Disclaimer:

Prince Of Tennis no me pertenece.


El Contrato

Capítulo VII

- ¡Te ves divina! - señalo en un grito la modista que la observaba con una hermosa sonrisa además de que la maquillista sonreía feliz por su obra y ella solo quería salir corriendo porque se sentía demasiado incomoda con todo aquello, no entendía como es que de ser la normal Sakuno pasaba a ser la esposa del empresario más famoso e importante de toda Japón, dio un leve suspiro mientras caminaba hacía el espejo, el vestido era simplemente perfecto, de las mejores telas que cualquier mujer desearía pero destacaban la sada y el satín, sin duda alguna demasiado fino para su gusto.

De hecho no lo había elegido por aquello sino porque le gustaba el diseño, era un vestido strapless, en la parte superior se unían algunos bordados en hilo dorado que terminaba en una flor en su costado derecho dandole un aspecto tierno pero al mismo tiempo sofisticado, la parte inferior estaba abierta dejando ver algunos acabados con hilo azul zafiro que terminaba uniendose con el dorado creando una perfecta escena de una flor preciosa, la misma parte estaba agrandada debido al volumen de las telas, sin duda alguno hermoso.

Su cabello estaba peinado en un moño alzado que se unía con una tiara hecha de hebras doradas en hilo al igual que plateadas, el maquillaje era suave pero agresivo según su maquillista quien en esos momentos la miraba como su mejor obra de arte, le sonrió a la misma que alzo la mano en señal de aprobación, ella jamás se había imaginado de aquella manera pero allí estaba, hermosa o al menos eso quería creer, sus ojos no se veían hinchados después de haber llorado tanto en los brazos de su futuro esposo quien en esos momentos se encontraba en otra habitación de la iglesia.

Ella no tenía a nadie a su lado, Sanada le había dicho que su dama de honor era alguien conocida y ella sinceramente esperaba que no fuera Alexandra porque lo menos que necesitaba era ver como en vez de mirarla a ella el día de su boda miraba a la pelinegra, no debía sentir celos pero le era inevitable después de que esta lo besara, después de encontrarlos en su oficina en una posición por demás comprometedora, no deseaba por nada del mundo sentirse como se sentía, no deseaba sentirse como una tonta porque sabía que él nunca la iba a amar, Seiichi se lo había dicho después de todo.

- Es hora - asintió ante las palabras de la modista quien la tomo de la mano con suavidad mientras le sonreía tratando de transmitirle un poco de calma que en esos momentos por nada del mundo sentía y menos iba a sentir al estar en frente de personas de alta sociedad cuando ella no lo era, solo deseaba que todo aquello terminara sin ningún accidente por que a pesar de ser una boda falsa en verdad no deseaba para nada que esta fuera un fracaso... esperaba que todo saliera bien.


La marcha nupcial dio inicio, algunos periodistas estaban más allá grabando todo el evento, después de discutirlo con su asistente habían llegado a que lo mejor era dejarlos entrar a la ceremonia puesto que de esa manera no podrían decir que todo era una farsa que si lo era pero ellos no debían enterarse, los invitados se colocaron de pie y él miro a Seiichi que estaba con esa sonrisa tan suya, odiaba que en ese momento este estuviera tan calmado mientras él solo quería salir corriendo para no volver pero no podía hacer aquello así que lo mejor era matenerse calmado.

La vio aparecer y se quedo en blanco, estaba simplemente hermosa, parecía sacada de un cuento o de otro planeta, no entendía porque se escondía en aquella ropa que usaba cuando la conocio si su belleza podía abrirle las puertas a cualquier mundo, notaba que su figura era hermosa, sus pechos resaltaban por el escote del vestido, sus caderas anchas, no estaba demasiado alta pero tampoco pequeña, la estatura perfecta para alguien como él si a eso iban, la modista se había ofecido a ser quien la entregara y le estaría eternamente agradecido por aquello porque ella no tenía familia y su abuela no podía ni siquiera salir del asilo así que así estaba bien todo.

Miro a Alexandra que estaba al lado de su mejor amigo, ella se había ofrecido a ser la dama de honor así que todo estaba perfecto, Sakuno se sujeto de su antebrazo con una leve sonrisa y él la ayudo a incarse ante el padre para que la ceremonia diera inicio, miro a los invitados que tomaban asiento empezando con el inicio de todo, ladeo un poco la vista viendo que ella se mordía un poco el labio, entendía que estuviera nerviosa pero le había pedido que se comportara y así esperaba que lo hiciera.


Se tenso cuando el lazo de unión fue colocado sobre ambos, ahora venía el momento decisivo de la boda, el momento de las alianzas y el momento de sus votos, se sentía demasiado nerviosa y sabía que cualquier mujer lo estaría de hecho porque Sanada se veía demasiado elegante en esos momentos por no decir demasiado atractivo, el traje negro le quedaba de maravilla además de que su cabello pulcramente peinado le daba unos aires dignos de la realeza - Prometo serte fiel, amarte, respetar hasta que la muerte nos separe. Juro con mi vida que nunca te hare llorar, que te dare todo el amor que este en mí, que nunca te faltara nada en cuanto a material y mis sentimientos se desbordaran solamente hacía ti. Juro con mi vida que nunca te hare llorar y que siempre serás feliz a mi lado - Sanada tomo con cuidado su mano colocando el anillo en el dedo correspondiente y ella solo se mordio un poco el labio ante aquello.

Tomo aire, después de los votos vendría la pregunta definitiva del padre - P-Prometo amarte, serte fiel hasta la muerte, respetarte cada día de mi vida. Juro que sere la esposa que amarás cada día más, que nunca te faltara nada a mi lado, que serás feliz siempre a mi lado, prometo que a mi lado te sentirás libre y que nunca hare nada que pueda lastimarte. Prometo que siempre volverás a un hogar lleno de cálidez, amor y tranquilidad, desde este momento me comprometo a hacerte más feliz que a mi vida y amarte cada día más hasta que la vida nos separe - termino de recitar sus votos y Sanada solo desvío un poco la mirada, lo suficiente como para ver a la pelinegra... a la única mujer que amaba.

Trato de que su sonrisa no se desvaneciera por lo que solo se concento en colocar el anillo y en girarse hacía el padre que los miraba con una sonrisa enorme - Sanada Genichirou, ¿acepta por esposa a Riuzaky Sakuno?, para respetarla, amarla y serle fiel hasta que la muerte los separe - pregunto el padre y ella solo miro al pelinegro que asintió con la cabeza - Acepto - claro que aceptaba... hasta que el año terminara o mejor dicho hasta que su contrato terminara y pensar en eso la estaba matando por mucho que no quisiera darse cuenta.


Los pétalos de rosas blancas y rosas fueron lanzados por los invitados mientras él veía a Alexandra más allá con una mueca disgustada, si hubiera llegado antes seguro que le hubiera pedido a ella que fuera su esposa aunque estaba la desventaja de que ella tenía esposo, o al menos eso sabía, miro a Sakuno que estaba con una sonrisa ligera en sus labios mientras los periodistas tomban fotografías del momento, miro la limusina blanca decorada y la condujo a la misma ayudandola a subir con cuidado de no pisar el vestido, él subio y la puerta fue cerrada.

El auto emprendio la marcha y él solto el brazo de Sakuno que solo desvio la mirada hacía la ventana, dio un leve suspiro, estaba cansado y aún tenía que soportar la recepción donde estaría la misma gente, tomo su celular que estaba sonando y una sonrisa surco sus labios, su ex novia, su único amor le estaba llamando, contesto con una leve sonrisa - Alexandra, ¿sucede algo? - pregunto preocupado notando que ella solo reía un poco - Nada, solo quería decirte que estoy ansiosa por verte en la recepción, nos vemos después Gen-chan - aseguro ella colgando y él solo solto una suave risa.

Ella era la única mujer que había amado, por la cual había cometido locuras, miro a la cobriza que estaba con sus manos en el regazo mientras seguía con la vista perdida en las calles, quiza estaba siendo un poco cruel pero era lo mejor, Sakuno tenía que entender que entre ellos dos jamás iba a ver nada y esa era la mejor opción le gustara o no.


La silla fue movida para que puiera tomar asiento, Sanada estaba hablando más allá con la pelinegra que solo le sonreía encantadoramente, el estómago se le revolvía con solo esa imágen, Seiichi estaba a su lado sonriendole con naturalidad aunque fue llamado por lo que la dejo sola no sin antes decirle que volvería rápido, no le gustaba ver a su esposo con su ex novia pero no podía quejarse - ¿Así que la lavaplatos se convirtio en cisne? - alzo la mirada observando al tío de Sanada que la miraba con una sonrisa socarrona en sus labios, se mordio un poco el labio, si le contestaba llamaría la atención por lo que solo le sonrió un poco observando la irritación en el rostro del señor que solo la miraba con un odio palpable.

- Mira a mi sobrino, no esta contigo en este momento... estás sola niña - y antes de procesar algo más este tomo su copa de vino arrojandosela al rostro y al vestido mientras la fulminaba con la mirada, los gritos de los invitados se escucharon en todo el recinto al ver aquello - Tienes tres para largarte, ¡ahora! - esperaba que fuera Sanada pero era el ojilila quien junto con algunos de seguridad se llevaron al tío de su ahora esposo que en esos momentos estaba quien sabe donde, los periodistas tomaron fotos y ella solo quería morirse en ese preciso momento.

La modista se apresuro a limpiarle el rostro y ella trago duro para no llorar - ¿Qué sucedio? - y ahí estaba él al lado de su ex novia, respiro con calma, no tenía que llorar, no podía llorar - Tu tío le arrojo el vino, ¿dónde estabas? - la pregunta del millón la hizo el ojilila, ella solo tomo la servilleta y se alejo de ellos, necesitaba alejarse unos momentos, solo un poco - Sakuno - aunque no grito su voz fue clara porque todos los invitados estaban viendo la escena, ella solo siguio con su camino sin detenerse, entro a la casa que había sido preparada para algunas cosas, subio las escaleras hacía cualquier habitación.

Azoto la puerta tomando aire, necesitaba calmarse, no podía llorar, no debía, se lo repitio como un mantra hasta que las primeras lágrimas salieron sin poder detenerlas, la puerta se abrio y miro a la modista, ella solo lo necesitaba a él en esos momentos - Tranquila mi niña, ahora mismo arreglaremos esto - asintió ante aquellas palabras viendo que la maquillista entraba también con una sonrisa consoladora, era su boda y no parecía en lo absoluto, había sido humillada por el tío de Sanada, prácticamente por su familia y este ni siquiera estaba para defenderla... nada estaba bien.


Los invitados volvían a sus cosas y él solo miraba la puerta por donde ella había entrado, se había enterado por Seiichi lo que había sucedido, la cálida mano de Alexandra llamo su atención por lo que ladeo la cabeza viendo que ella le sonreía con una enorme sonrisa por lo que se la devolvio, algunos invitados estaban disfrutando del banquete mientras otros bailaban en la pista de baile por lo que sin dudarlo tomo la mano de la pelinegra que encantada lo siguio, por un momento quería olvidarse que había contraído matrimonio con alguien que no era ella.

La música resonó en sus oídos y se alejo de todo el mundo, tomo la cintura de Alexandra dejandose llevar por todo, no pensó en nada más que en ellos dos como en los viejos tiempos, podía sentir la mirada de muerte de su amigo pero le daba lo mismo, las finas manos de su ex novia se enredaron en su cuello y él disfruto de la cálida sensación, el climáx de la canción llegó y él solo atino a tomar el mentón de la pelinegra para inclinarse y rozar sus labios... gritos ahogados y entonces fue cuando se dio cuenta de lo que había hecho.

La prensa lo iba a aniquilar, el día de su boda y él besaba a alguien más, tenía que arreglarlo pronto pero antes de darse cuenta Alexandra fue apartada de su lado por alguien, abrio los ojos y miro a Sakuno furiosa, sus ojos estaban vidriosos, ¿porqué algo le decía qué eso no era actuación?, empujo aquella pregunta mientras veía como la cobriza abofeteaba a la pelinegra que quedo estupefacta porque no se esperaba aquello y mucho menos él, la prensa empezo a tomar más fotos y él solo quería salir de allí porque sabía que los periodistas no se iban a quedar callados sobre aquello.

- ¡Fuera de mi boda ahora! - le grito a su ex novia que solo lo miro con los ojos llorosos y salio de allí corriendo, reprimio el impulso de ir tras ella para recibir la bofetada de su ahora esposa que respiraba agitadamente, entre todo el alboroto logro escuchar a los periodistas "Al parecer no es una farsa... ella esta dolida", "No, no puede ser una farsa, ¡mira como esta la esposa!", un punto a su favor - ¡¿C-Cómo te atreves Sanada Genichirou?! ¡E-Eres un maldito, es el día de nuestra boda! ¡T-Te... - y no la dejo terminar al tomarla de ambas manos porque lo estaba golpeando con las mismas en el pecho.

El silencio se hizo sepulcral en todo el recinto - Sakuno, Sakuno, cálmate - le pidio pero la cobriza solo forcejeo el agarre mientras de sus ojos resbalaban algunas lágrimas, inesperadamente le dolio verla de esa manera, no quería verla llorar para nada, no lo deseaba en lo absoluto - ¡S-Suéltame! - le pidio ella cuando la tomo de las manos de nueva cuenta, Sakuno dio media vuelta alejandose de allí temblando y él solo corrio donde ella para tomarla de la cintura y darle la vuelta mientras tomaba su rostro entre sus manos.

- ¡Entiende que solo te amo a ti... fue un maldito desliz y prometo que nunca sucedera de nuevo! ¡Te amo solo a ti! - le grito viendo la sorpresa en sus ojos y antes de que le dijera algo la beso, la beso olvidandose que había más personas, se olvido que solo era un contrato, se olvido que aún amaba a Alexandra y se concentro en lo dulce de sus labios, en la miel de estos, en lo salado, se olvido de todo y la beso como si la vida se le fuera en ello, la tomo de la nuca mientras su otra mano viajaba a su cintura y adentro su lengua olvidandose que todo mundo los estaba viendo.

Escucho un suave gemido de parte de ella y este mando escalofríos a cada parte de su cuerpo por lo que de inmediato se separo para apegarla a su pecho acariciando su espalda con suavidad, los aplausos no se hicieron esperar y él sonrió internamente, después de todo lo sucedido todo estaba en su lugar porque los periodistas sonreían ante la escena... al parecer Sakuno si sabía hacer su trabajo porque solo era aquello, no había sentimientos de por medio, ¿verdad?.


El cuchillo paso por el pastel cortando la primera rebanada mientras la gente aplaudía por su boda, las manos de Sanada estaban en torno a su cintura y ella solo se sentía calmada con aquello, sintio el aroma de su colonia colarse por sus fosas nasales y respiro más tranquila, después de todo el alboroto la gente le sonreía con felicidad y con una mezcla de sentimientos por todo lo sucedido, las damas de sociedad la miraban como si fuera una gran mujer y ella solo les devolvía la sonrisa con el mismo sentimiento porque no era la única gran mujer y lo que había hecho no lo ameritaba en lo absoluto.

- ¿Estás bien? ¿Tienes frío? - pregunto él llamando su atención y ella negó con la cabeza, este la abrazo por la cintura pero fue llamado por algunas personas por lo que beso sus cabellos y se retiro con una sonrisa - Me equivoque al pensar que era una farsa - giro el cuerpo mirando al pianista Echizen Ryoma que le sonreía con una copa en la mano, se veía tan calmado pero esa sonrisa solo lograba colocarla nerviosa, le sonrió un poco mientras este se acercaba, se miraba increíblemente guapo con el traje negro pero lo mejor era dejar de pensar aquello sino quería problemas o mejor dicho más problemas en su boda.

- ¿P-Por qué pensaste que era una farsa? - pregunto y este solo se encogio de hombros pegandose un poco más a su cuerpo por lo que retrocedio hasta chocar con alguien, se asusto pero se calmo cuando sintio las manos de su esposo alrededor de su cintura en un gesto posesivo - ¿Algún asunto qué atender con mi eposa Echizen? - pregunto con un poco de furia el pelinegro y el peliverde solo sonrió levemente, esa sonrisa que parecía llena de burla - Sucede que quiero cortejarla, no todos los matrimonios duran para siempre, ¿sabes? - pregunto y ella se medio atragando ante aquello.

Debía ser una broma que dijera algo como eso, noto el estremecimiento en el cuerpo de su esposo que solo solto una ligera risa - Lo siento... Sakuno será la madre de mis hijos así que buscate a alguien más Ryoma - escucho los gritos de los periodistas mientras algunos comensales los veían con enorme sonrisas y ella solo quería desaparecer... estaba bromeando ¿no?.


N/A

Espero les haya gustado.

Gracias por leer.