Advertencias: kinda angst, violencia (muy poco).

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Silencio

No dijo nada.

Ni cuando se conocieron, ni si escuadrones enteros caían en batalla, o si Kiske salía terriblemente herido. Jamás decía nada. Todo lo que hacía era dirigirte la mirada, y cualquier mueca de acuerdo a la ocasión. Para Ky, su inexpresividad era exasperante.

El silencio era tan escandaloso como la ausencia de éste. Era más fácil cuando peleaban. Estaba el sonido de sus respiraciones agitadas, el choque del metal contra metal, la tierra, su corazón palpitando con vida, el sonido de cada latido resonando en su cabeza y Sol, vivo, cambiante y tan libre—

Alguna vez, la quietud fue su amiga. El mutismo, la afonía. Le permitía pensar, planificar, tomar en cuenta todas las opciones, qué tanto ganaría con cada una y también –aunque no menos importante-, qué tanto se perdería. Kiske trataba de nunca perder nada, nadie.

Siempre fallaba.

Kliff le explicó que eso era parte del liderazgo. No siempre se podía salvar a todo el mundo, pero no por eso dejaría de intentar. Nunca tomar decisiones para su propio beneficio, pero por el de toda la humanidad. Ky nunca fue capaz de encontrar una solución al tabú del sacrificio, pero tampoco era necesaria que la encontrara. Saber que nunca debía acudir a ella era lo necesario. Siempre buscar otra solución, otra salida.

Esperanza.

Ahora, el silencio le asfixia. Ky tiene trece años y no sabe qué hacer con los cuerpos de aquellos seis hombres que dieron su vida por salvar la suya.

—Comandante.

No sabe qué decir. Podría decir tantas cosas, piensa, o no decir nada en lo absoluto. Rezar por sus almas tal vez, como acostumbra a hacer cada vez que se dan las bajas. Ky desea con todo su corazón poder hacerlo, pero el recuerdo es tan claro que le quema en las venas.

U-usted es nuestra última esperanza.

No, él jamás lo ha sido, no pueden—

Por favor, siga adelante. Seremos su escudo.

Tenemos fe en usted.

—Pero qué idiotas.

La voz lo exalta. Al mirar a su izquierda, todo lo que puede ver es la imponente figura de Badguy, ridículamente alto y fuerte. Demasiado inalcanzable para su edad. Ky se sorprende a sí mismo sin idea de qué decir porque discutir es inapropiado, pero negárselo no es más que mentirse a sí mismo.

Se sorprende aún más cuando se da cuenta de que al fin dice algo.

—Idiotas, creyendo que un mocoso como tu valía la pena. Honestamente, ¿pretendían que tú salvaras a la humanidad? No son más que—

No lo deja terminar. Sol podrá ser alto y fuerte, casi invencible por todas las batallas en que lo ha visto pelear, pero Ky desea valer la pena. Se niega a ver más cuerpos, más sangre, destrucción, tanta mierda en el mundo…

Así que no puede evitar sentir satisfacción al tomar la mano de Sol y descargar en ella toda la magia que pueda invocar. Es casi gratificante, poder saltarle encima y darle un puñetazo que más le duele a sí mismo que a él y cuando las lágrimas surcan sus mejillas, trata de creer que lo que hace es alucinar la mano de Sol en su cabello y luego la otra en su espalda atrayéndolo a su pecho; de pronto, nota que de hecho está siendo consolado y cuando se aferra cada vez más fuerte a su camisa, Sol regresa a ese estado de mutismo que lo caracteriza.

Estúpido silencio.

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