- Sí profesora, ahora mismo salgo, me había quedado dormida. Voy a llamar a Malfoy, creo que está en… su habitación - dijo Hermione intentando no sonar agitada.

Se vistieron y peinaron como mejor pudieron en 30 segundos. Draco observaba a la chica de reojo, con una mezcla entre soberbia y ternura. Se reprendió por ello y continuó anundando su corbata como mejor le permitieron sus dedos temblorosos. Salieron de la torre separados por unos cuantos pasos, aparentando no ir juntos.

- Lo siento profesora - dijo Hermione sin mirarla.

McGonagall se había quedado observándolos. Había algo que se le escapaba. Draco Malfoy parecía diferente. Quizás... Parecía… feliz. Sus pupilas estaban dilatadas exageradamente y tenía un aspecto desarreglado. A decir verdad, ese chico nunca le había dado buena impresión.

-No… no pasa nada señorita Granger. Por esta vez no importa. Intenten que no vuelva a suceder. Señor Malfoy. Buenas noches – se dio la vuelta y se alejó por el pasillo.

Los jóvenes se quedaron en silencio hasta que dejaron de oír sus pasos y tras esto, la castaña se volvió hacia el chico.

- ¿Crees que…?

Pero Draco se encontraba a 10 metros de ella, alejándose a paso ligero, dispuesto a hacer una ronda separada.

Hermione suspiró. Como en los viejos tiempos.

La noticia de que Harry Potter y Ginny Weasley estaban saliendo no tardó en extenderse por el castillo.

El trío de oro de repente se había convertido en un cuarteto, pues Ginny pasaba la mayor parte del tiempo con ellos, ante las acusadoras miradas de su hermano.

Llegaban a ser 5 si se les sumaba Lavender, pero ante estas situaciones Hermione prefería dejar solas a las dos parejas. Además, no soportaba a la rubia.

Harry y Ginny, Ron y Lavender, Neville y Luna… todo el mundo a su alrededor parecía tener una relación y ningun problema para admitirlo.

Y mientras, ahí estaba ella. Luchando contra sus demonios, intentando inútilmente apartarse del rubio. La atracción entre ellos aumentaba y sus encuentros disminuían. No se había vuelto a producir una situación como la de después del partido de Quidditch – hace ya una semana - y ambos, aunque no lo admitieran, estaban ansiosos por ello.

Draco y Nott habían comenzado a aislarse del resto y éste último frecuentaba diariamente la torre de los Premios Anuales. En aquel momento, acababa de llegar a ella en busca de su rubio compañero.

- Hola Granger.

- Nott. Malfoy no ha llegado aún.

- ¿Sabes si va a venir pronto? – la chica supuso que traía noticias para el ojigris.

- No creo que tarde mucho. Estaba volando, pero hace ya 2 horas que se fue.

- Lo esperaré aquí – y sin aguardar la aprobación de la castaña, el ojiazul irrumpió en la Sala Común y ocupó uno de los sofás negros.

Hermione rodó los ojos.

- Tan educado como siempre – dijo mientras se sentaba en el sillón blanco.

- ¿Para qué hace falta la educación si se tiene belleza Granger?

- Y tan superficial como siempre – continuó la broma la castaña - ¿eso te sirve para algo?

- Para que cualquier chica en su sano juicio quiera…

- Está bien, lo entiendo – a veces, el Slytherin era bastante brusco. En realidad, lo era todo el tiempo.

- Granger, no niegues que tú eres una de esas chicas.

- ¿Hace falta que te de una respuesta?

- Prefiero imaginármela.

Hermione bufó y tras esto, un largo silencio se hizo en la sala. Al cabo de un rato, la Gryffindor decidió romperlo.

- Nott… ¿qué os traéis Malfoy y tú entre manos?

- Podría preguntar lo mismo, supongo.

- ¿Q… qué? –Hermione se ruborizó. ¿Qué sabía aquel chico?

Theo sonrió triunfalmente.

- Eso me hace creer que estoy en lo cierto. La marca de aquel día. Reconocería un chupetón de Draco en cualquier parte. Se los llevo viendo a Pansy durante 3 años.

Hermione se tensó ante la mención de la Slytherin. Por supuesto, sabía que su historia con Draco había acabado, pero la rubia no parecía advertirlo.

- ¿Celosa Granger?

- No sé de qué me estás hablando.

- Yo creo que sí.

- Nott, no…

En ese momento, Draco entró en la sala y se quedó observándolos. Muchas preguntas se arremolinaron en su mente.

¿Qué hacían juntos? ¿Por qué sonreía Nott de esa forma? ¿Por qué estaba la castaña tan turbada? ¿Acaso estaba… celoso? Intentó convencerse de lo contrario y de que lo que tuvieran ellos dos le traía sin cuidado. Aunque apuntó mentalmente hablar de ello más tarde con el moreno.

- Mira, aquí viene tu príncipe azul – susurró el moreno a la chica, se levantó e hizo una reverencia al recién llegado – majestad.

Draco lo miró y abrió los ojos.

- ¿Te pasa algo Nott?

- Nada en absoluto. Traigo noticias.

Ambos miraron a la chica y el ojigris señaló con un gesto su habitación. Acto seguido, los dos desaparecieron en ella.

Hermione suspiró. Si Nott había adivinado aquello… ¿acabarían por hacerlo sus amigos?

El fin de semana llegó y con él la primera excursión del año a Hogsmeade. Los alumnos de tercero estaban ansiosos por conocer la ciudad, mientras que los más mayores solo deseaban un descanso, una visita a Honeydukes y un par de cervezas de mantequilla.

Harry, Ron y Hermione se encontraron en el patio. Hacía una semana que no paraba de nevar y todo el suelo estaba cubierto de una capa de 10 cm de blanda nieve. A la chica le encantaba el invierno.

Ginny se quedaría estudiando y Lavender estaba dormida, cosa que todos agradecieron.

Hacía mucho tiempo que no estaban los tres a solas, así que ese rato les vendría bien.

- ¿No ha venido tu Lav-Lav? – rió Hermione.

Ron ignoró el apodo.

- Estará dormida supongo. Tengo que decir que es un alivio.

- Ron… hay algo que no logro comprender. Si no te gusta Lavender, ¿por qué no rompes con ella? – era una pregunta que Harry se hacía desde hace mucho tiempo.

-No es… que no me guste. Solo es un poco agobiante.

- MUY agobiante – remarcó la chica.

- No creo que le caigas muy bien, Hermione.

- Lo sé. Pero no me importa. Me pone nerviosa que se una a nosotros y nos corte las conversaciones.

- ¿Por qué nunca lo dices?

- ¿Estás de broma? Lo sabes perfectamente Ron. Y Harry piensa lo mismo.

- ¿Harry?

- Tiene razón, Ron. Ayer me desperté y la vi en el umbral de la puerta, esperando a que te levantaras para darte una sorpresa. Da un poco de miedo.

- Ya sabes, es muy sentimental… Además, Ginny también pasa mucho tiempo con nosotros y nadie dice nada – la acusación de Ron hacia Harry hizo que éste abriera los ojos.

- Ginny también estaba con nosotros antes de empezar a salir conmigo.

- Ella es diferente, Ron. Lavender es como un grano en el culo.

Los dos chicos rieron a carcajadas ante esa observación. Ron ni siquiera se molestó en negarlo. Suponía que la razón principal de que siguiera con ella era porque no sabía cómo cortar y además, disfrutaba íntimamente de la chica. Por eso… y para dar celos a la castaña, por supuesto. Sabía que era bastante rastrero, pero Lavender parecía feliz. Lo que él no podía saber era que su estrategia no estaba funcionando muy bien y que poco a poco, empujaba a la castaña a los brazos del rubio.

- Dejemos a Lavender aparte, da igual – dijo el moreno – Quería preguntarte hace unos días Hermione ¿qué hay de ti? Luna dijo que creía que estabas viéndote con alguien – el ojiazul se tensó ante esa información.

Hermione notó que le faltaba el aire. Luna… siempre tan observadora…

- Bueno, ya la conocéis. Será cosa suya. Tiene mucha imaginación, ¿no?

Pareció que los chicos se lo creían, o, por lo menos, Ron asintió convencido mientras Harry la miraba en silencio.

Pero sabía que si el rubio y ella seguían así, llegaría un momento en el que sus amigos tendrían que saberlo. Se enterarían. Ni siquiera era capaz de imaginarse como se lo tomarían. Puede que ni siquiera la creyeran. Lo que sí era obvio es que se enfadarían con ella y, sobre todo, con Draco.

Cambiaron de asunto y entre unas y otras, llegaron al pueblo.

- ¿Dónde vamos primero? – preguntó Ron.

- A las Tres Escobas. Estoy helada.

- Opino lo mismo – cerró la discusión el moreno, encaminándose hacia la taberna.

Un cálido ambiente los invadió en cuanto entraron en el establecimiento. En una mesa al fondo observaron a Hagrid – que los saludó efusivamente -, McGonagall y Dumbledore. A su derecha, varios Ravenclaws de cuarto y en una esquina, a Luna y Neville. Decidieron dejarlos solos.

- Yo voy a pedir. Vosotros buscad una mesa – dijo la chica.

- No te preocupes, yo iré. Ve con Harry – y se marchó antes de recibir una respuesta.

El ojiverde bufó y se volvió hacia la chica.

- Los encantos de Madame Rosmerta…

Hermione rió.

- Todos los años la misma escena. Anda, vamos a buscar un sitio.

Encontraron un lugar cerca de la pared oeste, entre una mesa en la que varias brujas jugaban a las cartas y otra en la que un puñado de Slytherins discutía acaloradamente. Hermione distinguió entre ellos al rubio y se situó en una silla desde la que podía observar sus movimientos.

Pronto llegó Ron, rojo como su cabello y portando precariamente tres cervezas de mantequilla.

- Se te ve azorado Ron – dijo Hermione mientras saboreaba su bebida.

- Lavender se pondría celosa si supiera lo de Madame Rosmerta.

- ¿Qué? Yo no… - sus amigos comenzaron a reírse – sois idiotas –estos rieron más fuerte – Vamos, dejad de reíros.

- Ay… lo siento – dijo la castaña mientras se secaba una lágrima – eres tan gracioso Ronald...

De pronto, un ruido sonó desde la mesa contigua y un torbellino rubio se levantó y abandonó el local apresuradamente.

Harry se inclinó sobre la mesa y susurró:

- Creo que Malfoy está tramando algo.

- ¿De qué hablas Harry? - preguntó la chica, quizás con un tono de voz demasiado agudo-

- Hermione, ¿Cuándo estéis en vuestra torre no podrías intentar ver su brazo?

- ¿No querrás decir que…?

- Estoy seguro de que lleva la Marca. Es un mortífago.

- No puedes hacer una acusación así… - el pelirrojo parecía haber olvidado la sed que tenía.

- Ron tiene razón. No es un tema fácil de tratar como el tiempo.

- Chicos, hacedme caso, estoy seguro.

La chica comenzó a sentirse mal. Ella sabía que su amigo tenía razón pero no lo diría. De ninguna manera traicionaría al rubio.

Harry comenzó un elaborado discurso sobre cómo había llegado a esa conclusión mientras Hermione seguía observando la puerta a la espera de la vuelta del Slytherin. Esto no ocurrió.

Estuvieron en el local unos 20 minutos, momento en el que, con sus bebidas ya terminadas, decidieron ir a visitar las diferentes tiendas.

- Vamos a Honeydukes.

- Primero pasemos por Zonko, tengo que llevarles una carta de Fred y George.

Zonko y Sortilegios Weasley eran las dos tiendas de artículos de broma mágicos más conocidas de Escocia, y solían hacer negocios entre ellas.

Iban andando por medio de la calle cuando Hermione divisó en un callejón una cabellera platino alejándose.

- Id vosotros si queréis. Yo tengo que ir a comprar comida para Crookshanks y alguna cosa para clase.

Una mentira simple pero creíble.

- Como quieras. ¿Nos encontramos aquí luego? – preguntó el pelirrojo.

- Sí… quizás me cueste un rato así que si en media hora no vengo volved al castillo.

- ¿Estás segura de que no quieres que te acompañemos? – preguntó Harry. Rara vez se separaban y le parecía extraño que su amiga quisiera hacerlo entonces.

- No, prefiero ir sola. Siempre que venís conmigo os aburrís y no quiero ir con prisa.

- Tienes razón Hermione. ¡Hasta luego! – el pelirrojo no había notado nada extraño, como de costumbre.

- Adiós chicos – vio como se alejaban y acto seguido, deshizo el camino hasta llegar al callejón en el que había vislumbrado al rubio.

Era una estrecha y mohosa callejuela, que parecía no tener fin. No había en ella ninguna tienda ni casa, simplemente duras y frías paredes de piedra que conferían al lugar un olor misterioso.

Se armó de valor y avanzó a través de él, mirando hacia el suelo para evitar tropezar con alguna de las descolocadas piedras. Para su sorpresa, el callejón desembocaba en una explanada que conocía muy bien. A 10 metros suya, una valla rodeaba un patio nevado, en cuyo centro una vieja casa se alzaba con aspecto tenebroso: la Casa de los Gritos.

Hermione recordaba a la perfección la experiencia que había vivido en su interior en tercer curso, cuando lograron salvar a Sirius. Pero en ese momento no pensaba en eso, sino en el chico que se encontraba apoyado en la cerca, de espaldas a ella. Se acercó con sigilo hasta situarse a su lado. El chico ni siquiera la miró, con lo que la castaña se dio cuenta de que éste ya había remarcado que le seguía.

El rubio miraba el paisaje aunque su mente se encontraba muy lejos de allí. Ambos recordaban la discusión que habían tenido años atrás en ese lugar. Se les antojaba tan lejano…

Era la primera vez que estaban juntos fuera de su torre. No creían que nadie pudiera verlos en ese lugar, pues la gente seguía temiendo acercarse a la Casa de los Gritos. Hermione agarró con lentitud la mano del muchacho, esperando ser rechazada en cualquier momento, pero para su sorpresa, el chico la asió y le dio un cálido apretón. El corazón de la Gryffindor latía con fuerza.

Esa semana separados se les había hecho eterna. Habían aumentado las ansias de cada uno de estar con el otro hasta tal punto que Draco casi se había lanzado sobre ella la noche anterior. Pero por suerte para su orgullo – y por desgracia para su corazón – se contuvo.

El rubio sintió como se relajaba ante la presencia de la chica. Pero le empezaba a gustar y sabía que acabaría haciéndole daño. Las cosas estaban a punto de cambiar en su vida y ella le importaba demasiado, aunque no quisiera admitirlo. El ojigris ya tenía asumido su futuro, pero no tenía porqué involucrar a la castaña en él. Era una vida oscura la que iba a echársele encima. Algo que ella no merecía. En ese momento, tomó una de las decisiones más duras de su vida. Tenía que terminar aquello, aunque fuera en contra de su voluntad. No quería arrastrarla en su caída.

Se miraron a los ojos y Hermione notó asustada como el chico desenlazaba sus manos, apartando la mirada.

- Draco… - había decidido comenzar a llamarlo por su nombre y al chico no se le escapó este detalle.

- Granger, esto tiene que acabar. Sea lo que sea. – evitó que su voz se cortara e intento sonar decidido.

La castaña notó una fuerte punzada en el pecho.

- ¿Qué…?

- Vamos, no me digas que estás enamorada ni nada de eso. Ha sido un royito… curioso, pero eso es todo. – Draco intentó poner una expresión indiferente aunque, por dentro, sentía que le faltaba el aire.

- No te creo.

- ¿Qué quieres decir con eso? - por supuesto que no le creía. Ni siquiera estaba convenciéndose a sí mismo.

- Mírame a los ojos y dime que no significo nada para ti.

El chico miró hacia aquel pozo miel.

- No quiero nada contigo. – le dolió más a él que a ella.

- Pero y…

Entonces se le ocurrió una idea para hacer a la chica alejarse de él definitivamente. Tomó aire y se dispuso a pronunciar una frase que en ese momento se le antojó tan complicada como un trabalenguas.

– Nunca podríamos estar juntos sangre sucia.

Y sin darle tiempo a decir nada más, el rubio se giró y comenzó a alejarse mientras la castaña notaba que le fallaban las fuerzas y una lágrima se deslizaba por su mejilla.


¡Y fin del capítulo!

Como ya habéis visto, Nott ha estado más despierto de lo que parece y no ha tardado en adivinar que algo se está tejiendo entre la Gryffindor y su amigo. Y esto tiene muy preocupada a la chica.

Cree que yendo a Hogsmeade alejará al rubio de su cabeza pero, obviamente, está equivocada. En cuanto tiene la ocasión, se disculpa ante sus amigos y sigue a Draco. Pero, desde luego, que el chico cortara con ella es lo último que se esperaba al parecer. Y al rubio tampoco le ha sido muy fácil.

¿Se reconciliarán en el siguiente capítulo? Habrá que esperar - pero no mucho XD - para verlo.

Espero que os haya gustado y no me voy a extender mucho más. Mandad vuestras opiniones y comentarios o, simplemente, comunicaros conmigo y yo os responderé en cuanto lo lea. Gracias por leerme y no olvidéis darle al Go.

¡Hasta el próximo capítulo!

- Daphnea