Los personajes de esta historia no me pertenecen, la trama es completamente de mi autoría.
Capítulo bteado por Jo Beta Ffad, Betas FFAD
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ROXANNE'S POV
—¿Bailas, guapa? —La voz por sí misma, me dio asco, pero al levantar la vista y mirar al dueño de aquella asquerosa melodía, me dieron retortijones de estómago.
Tapé mi boca con una mano y deseé hacerme invisible en aquel mismo momento.
—No, gracias. Espero que mi novio salga del servicio.
El tipo comenzó a reir y recordé las películas donde el malo era muy malo y su risa erizaba los pelos de la nuca. Así es como me sentí yo en aquel momento. El individuo sabía que estaba sola, porque Bella y Edward no daban señales de vida por ningún lado.
—No te he quitado ojo en toda la noche, preciosa. Y sé que has venido con otra muchachita que no aparece… el tipo que se la comía con la mirada, tampoco lo hace. ¿Qué casualidad, no? Ahora, estás sola y desamparada.
—Te equivocas, te he dicho que mi novio está en el servicio y te advierto que es tremendamente celoso. Como me vea hablando contigo te va a saltar todos los dientes de una buena paliza.
Otra vez aquella risa y la bocanada de aliento pestilente que por pocas me tumba.
La Roxy que me acompañaba todos los días había huido en aquel momento y ahora quedaba algo parecido a una sombra que se escudaba en un hombre misterioso que ni siquiera existía.
¿Cómo pretendía salir de esta? Muy facil, la cosa era escabullirme entre toda aquella masa de gente y huir de alli como pudiese. A Bella la iba a matar y las criadillas de Edward me las iba a desayunar al día siguiente.
—Puedo ser muy insistente cuando me lo propongo y, ¿sabes? Suelo llevar muy mal las negativas. ¿Entiendes preciosa?
—Esfúmate, cadáver.
Elevé las cejas y cerré los ojos abriendo las aletas de mi nariz. Aquella fragancia la conocía y su voz, era la que me hacía mojar instantaneamente mis bragas. Giré levemente la cabeza y mi cuerpo se situó en situación de alerta, ya que durante el casi monólogo con el individuo pestilente, me había recargado con el trasero en el respaldo de un gran sofá, intentando parecer indiferente a la situación. Ahora todo era diferente. Era Ben….y estaba que quitaba el aliento.
No puedo imaginarme que hacía allí, si es que había seguido a su hermano, o bien a Bella, pero lo cierto es que me estaba sacando de aquel apuro.
¡Mierda!
Aquello afianzaba con mas fuerza mi visión sobre aquel pirata que tanto me recordaba a Ben. Suspiré con alivio y me abracé a su pecho rodeando totalmente éste y escondiendo mi cabeza en el hueco de su cuello. Aspiré hambrienta su olor, cerrando los ojos casi inmediatamente.
—Eh… tranquilo, pensaba que la chica estaba sola. —La voz del hombre dirigiéndose a Ben, me tranquilizó, había perdido toda la socarronería y parecía casi amedentrado.
— No, no está sola. Lárgate.
Podía notar cómo su cuello se ponía tenso y cómo su mandíbula crujía. Benjamin Thomas Cullen estaba enojado y aunque, cara a la galeria pareciese que era por culpa de un gilipollas que estaba flirteaba con chica… eso no era real.
Me tensé al comprender la situación y estamparme con fuerza sobre la realidad, separándome de él como si quemara y recomponiendo el gesto, sin perder parte de mi dignidad.
—Gracias.
Aquella fue la única palabra, antes de volverme y caminar hacia el guardarropa y pedir mi abrigo que casi no escondía nada de mis piernas.
La noche era fría y me sentía terriblemente sola.
Bella seguro que estaba disfrutando de las artes amatorias del Capitán y yo me sentía tan desdichada que comencé a llorar, sin saber muy bien porqué.
Mis tacones sonaban con fuerza en la acera y lo más rápido que pude me paré delante de mi coche antes de darle a la llave y desconectar la alarma, abrí la puerta, metiéndome en el asiento del piloto entre sollozos insostenibles. Interiormente me preguntaba qué era lo que estaba mal en mí, yo era fuerte y en aquellos momentos me recordaba demasiado a mi querida Bella.
—¡Abre! —despejé las manos de mi rostro y elevé los ojos hacia la voz… "su voz".
Como una autómata abrí la portezuela del copiloto y, sin pestañear, observé como se acomodaba en el asiento mientras yo lo miraba como poco, atónita. Sus ojos volaron hacia mí y sonrió ladeadamente.
—Vamos a algun sitio donde podamos hablar tranquilos.
Juro por Dios que pensé en arrancar y llevarlo a mi mazmorra, amordazarlo y cabalgarlo durante días, pero me contuve y la verdadera Roxy, aquella de la que Aro estaba tan orgulloso, surgió de mis adentros como una puta guerrera.
—Te agradezco lo de antes, pero estoy cansada y no tengo ganas de hablar tranquilamente con nadie y menos contigo.
Su risilla hipnótica me erizó los pezones y casi… casi mancha mis bragas, pero ¡ah!, me pellizqué los muslos para tranquilizar aquella maldita calentura.
—¿Menos conmigo? —Su cuerpo se arrastró hacia el mío y sus ojos oscuros violaron los míos sin consideracion—. ¿Nadie te ha dicho que es mejor aliarse con el enemigo, que luchar en contra de él? No me ha pasado por alto cómo me miras; te gusto, lo sé. Debe darte morbo el ex de tu amiguita, la nueva dueña de Cullen Ltda.
Clavé las uñas en mis manos, porque si las levantaba iba a borrarle a arañazos su bonita cara de cabrón.
—Eres patético.
Mi susurro casi lo aniquiló, pero fue por un instante, porque volvió a acomodarse en el asiento y miró hacia adelante con aquellos ojos fríos como dagas.
—Hágame caso. Tenemos que hablar, señorita Randall.
BELLA's POV
—Hincate de rodillas. —Su voz ronca, me hizo pasar la bola de saliva que se agolpaba en mi boca. Estaba esplendoroso de aquella guisa.
Le obedecí, sin saber muy bien lo que hacía, cerrando los ojos y sintiendo como pasaba algo sobre mi cabeza y lo ajustaba en mi cuello, los abrí: era la maldita corbata.
¿Qué? La corbata roja, engachada a mi cuello, con la fuerza sobrehumana de aquellos brazos atléticos que me llevaban hacia su rostro. Hacia su boca.
Lo miré a los ojos y ví algo en ellos que nunca había visto. ¿O sí? Edward Cullen estaba desesperado por tomarme, o bien, la fiebre de tenerme cabalgando sobre sus piernas le hacía tener una mirada tan caliente y sexy, que volví a sentirme terriblemente excitada por su causa.
Mmmm… el beso, como me llevó hacia su mandibula y yo —cómo cegada y sedienta de él— la mordí, haciendo que gimiera y sostuviera con más fuerza aquella maldita prenda con la que me tenía atada.
—Te destrozaría el vestido, ahora mismo—susurró jadeante—. Pero tenemos que salir de aquí y deseo que te encuentres lo más decente posible. Desde hace semanas tengo paparazzis en la puerta de mi casa. —Rió de manera sensual , alzando la mano y paseando dos de sus dedos por mis labios, hinchados a causa de sus besos y el roce de la barba incipiente que nacía ya, de su magnifica piel—. Mía… esta noche serás mía Isabella Swan.
Me pilló desprevenida aquel nuevo beso, delicado; desatando delicadamente el nudo de la corbata y acariciando mi cuello y mandíbula como si fuera una flor exquisita. Elevándome y subiéndome sobre él a horcajadas.
El vestido se había subido totalmente y sus manos ahora vagaban por mis muslos enfundados en aquellas medias a medio muslo. Sus dedos jugueteaban con los elásticos, mientras que su pelvis arrementía suaves embestidas en mi muy abierto y mojado coño, cubierto sobre unas braguitas de exquisito encaje, pudiendo sentir lo muy duro y majestuoso que se encontraba.
Dejó mi boca suavemente para trazar un delicado camino de besos sobre mi cuello, bajando hacia el canal de mis pechos y apartando con los dientes el tirante ancho de aquel sexual vestido rojo que lo había vuelto loco. Uno de mis pechos se descubrió haciéndolo gemir, mordiéndose los labios antes de atraparlo entre estos y amamantarlo con verdadera necesidad.
Escuchaba mis gemidos, pero muy por encima de éstos estaban los de él, que me excitaban mucho más de lo que podía imaginar. Yo estaba causando que aquel espécimen de hombre técnicamente perfecto, gimiera de placer chupando y lamiendo cada uno de mis pezones, hinchados y duros.
Apenas me dí cuenta de cómo la limousine iba estacionando en el edificio de apartamentos en los que una vez viví.
Edward carraspeó y elevó una ceja, despues de soltar uno de mis pezones de su boca.
—¿Bajamos cenicienta? —Su boca se ensanchó en una perfecta sonrisa y yo lo imité, contagiándome aquella repentina felicidad que parecía abordarle, subiendo los tirantes de mi vestido y acomodándome a su lado y bajando totalmente la parte baja del vestido.
El chofer tocó en la puerta y esperó unos instantes antes de abrir, saliendo Edward primero y dejándome completamente asombrada al ofrecerme su mano para salir. Una vez fuera del auto me apretó hacia sí, agarrándome de la cintura y subiendo las escaleras del gran edificio de apartamentos de lujo.
ROXANNE's POV
Me devanaba los sesos literalmente, mientras conducía mi porsche por aquella avenida, prácticamente desolada. Debían ser más de las dos de la madrugada y allí estaba yo, con el Dios de mis sueños, justo a mi lado. La cruel realidad era que parecía estar planeando la muerte de alguien por como miraba hacia la carretera, completamente inospita.
Y me devanaba los sesos porque no sabía si llevarmelo a mi mazmorra o a algún lugar íntimo en alguna parte de aquella ciudad.
La guía del ocio que había comprado días antes, me había servido para llevar a Bella a buen restaurante y a una sala de de baile. Pero ¿lugares íntimos donde se pudiese tomar una copa tranquilo? Aquello ni si quiera lo había mirado.
—Si sigues esta ruta sin sentido, saldremos a la montaña — "La voz" me hizo tragar en seco y, por unos instantes, lo miré con una ceja alzada.
—Pues dígnate tú a decirme dónde vamos, porque tengo que informarte que yo no conozco esta ciudad.
—Para en el arcén. —Una orden literal, que hizo que fuera aminorando velocidad y obedecer—. Baja y ocupa este asiento. Yo llevaré el coche.
Obecedí sin replicar lo más mínimo, y mientras caminaba y me cruzaba con él, rocé su mano con la mía sin querer, haciendo que nuestras miradas se encontrasen confundidadas durante un segundo. ¿Había sentido él lo mismo que yo?
Me acomodé en el asiento del copiloto y Ben, con una gracia que me atontó por unos momentos, agarró el volante del coche como si le perteneciera, sonriendo ladeadamente sin mirarme antes de pisar el pie en el acelerador, derrapando y dando la vuelta al auto.
—¿Se puede saber donde me llevas? —pregunté intentando parecer indiferente y cruzándome de brazos.
—A un sitio íntimo, donde podamos hablar sin que nadie nos interrumpa —pisó con más fuerza el acelerador y, por unos momentos, pensé que aquel hombre quería que colisionaramos en la carretera. —A mi casa.
Mi corazón se aceleró y quise bajar la cabeza avegonzada por los pensamientos que ahora paseaban vividos en mi mente, pero él no me dejó y elevó mi mentón, encontrándome con sus ojos negros y el ceño fruncido.
—Te ruborizas, igual que Bella…
Aquella frase incompleta, hizo que me apartara de su contacto y erguirme sobre el asiento del copiloto, hecha un manojo de nervios y rezando para no llorar cuando llegara a mi mazmorra.
BELLAS's POV
El brazo caliente de Edward sobre mi cintura, quemaba con un placer indescriptible. Saludar al Conserje y pasar hacia el elevador fue una verdadera tortura, ya que lo que más deseaba era colgarme de su cuello y abrir la boca, devorando la suya… pero el muy maldito no me dejó, apartándome y riendo como si estuviese jugando con una niña de teta.
—¿Estás caliente, Bella? —susurró en mi cuello, llevándome de nuevo hacia él y rodeándome con su brazo caliente, en el momento que el elevador abrió sus puertas.
—No te burles Edward, que yo también puedo jugar y no creo que te guste —amenacé, haciendo que me diera un tirón, parando en medio del inmenso pasillo que comunicaba con las imponentes puertas de los apartamentos.
—Juega. Me gusta jugar. —Su boca vocalizaba tan cerca de la mía que hiperventilé—. Pero una vez que traspases esa puerta —su mirada se desvió ligeramente hacia una de las puertas, hablándome terriblemente serio—, solo jugarás conmigo.
Sonreí como una niña malvada y me escapé de sus brazos haciendo que él me siguiera.
—No tengo ningún letrero en la frente que ponga "Propiedad Privada", Edward. —Sin querer solté una carcajada, su rostro estaba terriblemente serio y su mirada como el jade implacable.
Apoyé un hombro en la pared, esperando que abriera la puerta de su apartamento y una vez abierta, él agarró mi mano y me arrastró hacia dentro con fuerza. Pensé que me la iba a arrancar el muy bruto.
—Oye, Edward… conténte un poquito.
Su cuerpo se pegó al mío y su pelvis apretó la mía completamente adrede, quería que sintiera lo muy duro y magnífico que se encontraba.
—Estás loca si piensas que me voy a contener.
Se despegó de mi y me agarró con fuerza de los hombros, antes de mirarme a los ojos y sonreír de la manera más diabólica que había visto jamás.
Lo siguiente que oí fue como el vestido crujía y, aquella prenda glamourosa y sofisticada, se desprendía de mí, para acabar hecho jirones sobre el suelo enmoquetado de el salón de Edward.
ROXANNE's POV
—¿Qué quieres tomar? —intentaba parecer tranquila, pero era imposible. Todo el espacio donde él vivia, olía a aquel perfume exquisito de macho que inundaba mis sentidos. Apoyada sobre una gran columna que daba paso al barroco comedor, intentaba sostenerme como podía, ya que tenía los sentidos completamente abotargados por su causa.
—Bourbon estaría bien —contesté—. Con hielo por favor.
Haciéndome la desentendida, miraba los cuadros y los muebles como si fueran terriblementes interesentes, cualquier cosa antes de plantar mis ojos sobre los suyos y caer derrotada.
—Toma —su voz cerca de mí y su mano ofreciéndome el vaso de tubo con hielo y licor, me hizo mirarlo y aclararme la garganta. Tomé un trago largo y tuve que escuchar una risilla de burla de mi anfitrión.
—¿Se puede saber de que coño te ries? —Bien, esa era la Roxy que debía sobresalir, la que se ponía a la defensiva y luchaba, no la que me acompañaba aquella noche delante de Ben. Lo miré a lo ojos y paseé a su lado, rodeandolo. Buscando el sofá.
—Bella es una mala replica de ti —comenzó—. Quiere parecerse a ti, pero ella no lleva ese tipo de genes. ¿Has sido su maestra durante todo este tiempo?
Dejé caer mi culo, sobre el respaldo del sofá y lo miré retadora.
—Yo no soy maestra de nadie. Bella llegó a mi y yo la arropé. Punto. Si quieres saber algo mas debes preguntarle a ella. —Implacable, bravo Roxy.
Ben, que vestía una camisa negra con pantalón a juego, desató los tres primeros botones de ésta con despreocupación y sonrió elevando una ceja.
—Tendría que preguntarle muchas cosas, pero creo que será más divertido hacerte esas preguntas a ti.
—¿Y puedo preguntar por qué? —Mi voz sonó demasiado acusadora y eso hizo que sus ojos se convirtieran en dagas hirientes.
—Me gusta sentir el poder que ejerzo sobre ti. Apuesto a que se te mojaron las bragas cuando me abrazaste en la discoteca. Delante de aquel bastardo.
Curvé la boca asqueada, y tiré todo el contenido que quedaba en el tubo sobre la cara de aquel gilipollas, con hielo incluido. Caminé con fuerza hacia el pasillo, agarrando mi abrigo que se sostenía elegantemente sobre el perchero e hice intentos de abrir la puerta.
Era imposible, aquel cabrón había cerrado con llave.
Me giré para mirarlo y con una sonrisa de auténtico demonio, me enseñó las llaves mientras se amasaba el cabello mojado de su rostro.
BELLA's POV
—A partir de ahora, cuando traspases esa puerta, no quiero ver nada sobre tu cuerpo. Ya me encargaré yo de que solo mis manos te tapen, donde yo quiera en el momento que yo desee. ¿Entendido, Bella?
Aún estaba algo intimidada por la sonrisa de Edward y asentí mordiéndome el labio. Preocupada por lo que vendría a partir de ese momento.
—Bravo cenicienta. Ahora ven, quiero que te recuestes en ese sofá y veas como me desnudo para ti. ¿Quieres verme desnudo, Bella?
Mis ojos volaron hacia aquel trozo de carne expuesta sobre su cuello. La camisa abierta apenas dejaba entreveer un pedazo de su anatomia que era casi inocente, pero que para mis ojos, era una autentica locura.
—Sí —susurré—. Desnúdate, para mí.
Sonrió ladeado; genuino. Instándome a tomar asiento.
—Ábrete de piernas, Bella. Y tócate mientras miras como me desnudo. Juega con tu cuerpo mientras admiras el mío. Goza de él y aprende a darte placer, enséñame a darte placer sin límites.
Obecedí, casi desnuda, por no decir completamente. Las braguitas de encaje transparentes y tan diminutas, que apenas me tapaban al abrir mis piernas, me rozaron el clitoris haciéndome jadear. Edward comenzó a quitarse la camisa lentamente, mientras que sus ojos me devoraban con tanta ansiedad, que podía percibir cuán hambriento estaba.
Su pecho ancho, pese a que estaba más bien delgado, me hizo suspirar y rocé con uno de mis dedos el capullito hinchado de mi llaga que deseaba ser atendida por sus manos, por su boca, por aquella lanza dura y roma que se adivianba en el pantalon vaquero.
—Quitate las bragas, Bella. Quiero ver lo mojado y brillante que esta ese coñito.
Junté las piernas como un autómata y tiré de las bragas, ayudándome de los pies para soltarlas con despreocupación, tirándome de nuevo en el sofá y abriéndome totalmente de piernas. Arrastrando mis dedos por todo mi coño deseoso y gimiendo mientras no despegaba la mirada del cuerpo de Edward que, en aquellos momentos, se deshacía de los pantalones como un auténtico boy de night club; echando mano a sus bóxers y bajándolos lentamente, haciéndome babear, por la boca y por mi hinchado y empapado sexo. Mordí mi labio, para no saltar sobre él y comérmelo.
—Voy a machacarte como un mazo —se tiró de rodillas delante de mí y la palma de su mano masajeó mi brillante coño, haciéndome jadear y sin preambulos, arremetió dentro de mí con dos de sus dedos, moviéndolos de una manera enloquecedora. Cerré los ojos y mordí mi labio con fuerza; lo iba a hacer sangrar de puro placer—. Así, dentro de tu coño hondo y estrecho, Bella.Y no dejes de morderte ese labio, porque si no voy a ser yo mismo quien te lo muerda y te juro que lo voy a arrancar… porque quiero esa boca para follartela como una martillo percutor.
Continuará….
Lo sé… quedamos justo en lo mejor. En nombre de mis Sis, debo decir que está hasta más arriba de la tusa con el trabajo y además, hace poquito recuperándose de un dolor de amígdalas, que la ha jodido mucho.
Si mal no recuerdo, seguimos con el León.
