Los personajes de Mai Hime no me pertenecen...


Un futuro aceptable sin ti.

Desperté pasado el mediodía, al despertar, la vuelta a la realidad había sido más dura de lo esperado. Apenas había ingerido nada desde el día anterior, sumándole el hecho de que no pegué ojo en toda la noche y la serie de emociones vividas como si fuese aquello un carrusel de sentimientos a punto de descarrilar, sumando todo aquello explicaba a la perfección mi desfallecimiento.

Aquel viernes, poseía ciertos tintes oscuros. Al incorporarme levemente comprendí que no estaba en mi hogar, ni en la habitación de Natsuki en casa de Isey, ¿dónde diablos estaba? Recorrí la mirada por la estancia tan impersonal y fue cuando llegó a mi cual Epifanía, que se trataba de la habitación de invitados de Reito. Suspiré pesadamente dejando caer mi cuerpo hacia atrás, sobre la almohada.

Natsuki se va a casar. Repetí para mi misma. Había recobrado la cordura de nuevo. Tenía claro ese hecho, aunque me doliera. Me incorporé completamente sentada sobre la cama y abracé ambas rodillas a mi pecho. Si mi vida era un infierno hasta aquel instante, ¿mañana dejaría de vivir? No lo sabía, no podía adelantarme a los hechos. Me dirigí hacia la ducha, que ya conocía y me introduje en ella para lograr rearmar mi dignidad y algo de mi ser. El agua cálida despejaba la tristeza de mi piel, dejándola más rosácea de lo que era en realidad. Traté de retener el llanto que amenazaba con salir, pero no podía distinguir mis lágrimas del agua que descendía de la ducha y me dejé llevar. Después de cuarenta minutos claustrada en aquella ducha, salí envuelta en una amplia toalla y descubrí mi vestido sobre el sofá de la entrada. Aquel vestido burdeos, que había escogido en la boutique de Tokiha. ¿Qué raro? Antes no estaba ahí. No había nada ahí.

Al girarme sobre mis pasos e ir a recluirme a mi nueva habitación de los lamentos, descubrí a Saeko de frente.

"Reito me dijo que estarías aquí y me dio la llave de su apartamento." Asentí en silencio casi aliviada. "No te conviene andar por ahí, en la casa de un hombre soltero, al desnudo. La gente lo puede malinterpretar." Regañó mi madre en funciones.

"Soy lesbiana, Reito lo sabe y con eso me basta." Solté dirigiendo mis pasos hacia la habitación, debía vestirme con algo más cómodo para la ocasión. "Lo siento, Saeko. Siento que hayas tenido que oír la discusión con mi padre." Continué desde el otro lado de la puerta entreabierta. Mi voz sonaba demasiado sincera, no tenía ganas de fingir una fortaleza, que de por sí, sabía que no poseía.

"Se que has pasado la noche con mi hija." Al oír aquello guardé silencio y me mantuve quieta, como si fuese de mármol, ¿su madre habrá cerrado la puerta del camarote adrede? Imposible, no estaba en el barco. Me apresuré en ponerme unos pantalones y salí a su encuentro.

"No es como tú crees." La vi de pie al otro lado, su rostro parecía serio y cansado. "No pasó nada entre las dos." Volví a repetir.

"Lo sé." Susurró sentándose en el sofá de la sala, donde se encontraba expuesto el vestido. "Llegó esta mañana a casa afligida y confusa." Suspiré de nuevo aliviada. "Lo que no puedo entender es, ¿por qué no le has dicho nada?" Me miró extrañada, con esos amplios ojos pero sin el esmeralda de Natsuki.

"¿A qué te refieres? Ella lo sabe todo, no le oculté ningún detalle." Me senté frente a ella, al otro lado de la mesita del té de Reito.

"¿Entonces por qué no ha cancelado la boda todavía?" La miré confusa, no sabía realmente que quería decir con aquello. "No me malinterpretes, conozco vuestro pasado y sé lo mucho que te quiere pese a que lo intentó negar y disimular infinidad de veces, desde que llegaste." Continuó perpleja. "Por eso no entiendo por qué sigue hacia delante con esta farsa."

"Eso debiste preguntárselo a ella." Sentencié sincera, tratando de medir el tono, no quería que pensase que mi objetivo era desenlazar aquella relación. "Yo no he venido para separar a nadie, solo quería verla una última vez y hacer las paces con mi pasado." Volví a dejar claro, aunque aquella resolución me desintegraba por dentro.

"¿Vais a tirar vuestra historia por la borda?" Preguntó incrédula. Saeko se había implicado demasiado en aquella relación nuestra.

"No se trata de eso."intenté explicar. "La amo lo suficiente como para darme cuenta de que no tengo nada que ofrecerle ahora mismo y que será más feliz con Takeda." Alegué avergonzada, sinceramente regresaría a casa a empezar de cero, ahora mismo poco tenía que brindar.

"Me decepcionas, Shizuru. El amor está para defenderlo y luchar por él." La morena estaba desatada, odiaba ver a Natsuki con Takeda y quería que yo la ayudara para deshacerse de él. No guardaba las suficientes fuerzas como para aquellos reproches ahora.

"No puedo defender algo que ni siquiera me pertenece." Endurecí el tono.

"Te equivocas, siempre te ha pertenecido. La he visto más alegre en solo estos dos días, que durante estos últimos diez años. ¿Acaso no puedes ver más allá de ti?" Se incorporó furiosa, ¿qué más podía hacer yo? Sabía que Saeko era una madre amorosa que trataba de proteger a su hija, pese a que esta fuera lo suficientemente madura como para cometer sus propios errores.

"Sinceramente, no." Zanjé cansada. "Mi madre antes de morir me ha explicado algo bastante sencillo, si debes hacer a alguien escoger, mejor dejarlo estar. Para quien ama realmente la elección es muy clara." Continué suavizando el tono. "No la presionaré para romperle el corazón a alguien más. La decisión la debe tomar ella." Volví a repetir y lo haría hasta el cansancio.

"Ella es capaz de conformarse con Takeda y ser infeliz el resto de su vida, con tal de no partirle el corazón a nadie." El tono de voz de Saeko era demasiado maternal, la preocupación la hacia enloquecer y ser capaz de presentarse ahí, para manipular los sentimientos de su hija.

"Natsuki es muy noble." Sonreí ante la frase de la morena. "Pero ella sabrá escoger sabiamente."

"¿Y si no lo hace? ¿Y si te deja escapar? ¿Y si se acaba casando con el inútil de Masashi?" Arrancó Saeko más preocupada aún, hasta que me acerqué a ella y le sostuve ambas manos entre las mías.

"Me halagas, Saeko. No sabes cuánto, pero si se queda con Masashi, será su propia elección y merece ser ella quien lo decida para bien o para mal." Relaté arrodillada frente a ella. "Agradezco todo lo que has hecho por mi, incluso esto. No me debes nada, no tienes por qué cumplir la promesa que le hiciste a Natsuki hace diez años, aquello ya pasó. Ahora simplemente, déjala vivir a su manera, de la forma que ella elija." Susurré deshaciéndome de sus lágrimas también. Nunca creí que me encariñaría con aquella mujer, ni mucho menos que le guardara sentimientos de afecto.

"¿A dónde iras ahora?" Cuestionó aún inquieta y sonreí ante lo obvio.

"A mi hogar." Sonreí, aunque dos lágrimas surcaran mi mejilla. "Estaré bien."

Aquello era cierto, en unas horas regresaría a la ciudad que me vio nacer y crecer. Reharía mi vida de nuevo y trataría de dejar todo aquello atrás. Si pensaba en Nina, sufría levemente, pero en realidad no nos conocíamos, no habíamos tenido la oportunidad. Tal vez cuándo crezca y me busque, podamos tejer nuevos lazos entre nosotras. De momento, poner distancia y fabricar nuevos recuerdos era algo primordial.

Reito apareció pasadas las siete de la tarde, aquel viernes evidentemente, era día laboral y Kanzaki salía abatido de la oficina. Entre los dos preparamos la cena y charlamos de cosas banales, hasta que finalmente confesó ser el autor de la broma en la embarcación. Saeko le había pedido que nos encerrara en algún lugar de aquella fiesta, con el fin de aclarar el pasado. Ella sabía que de alguna forma íbamos a arreglar nuestras diferencias, si no teníamos más remedio que hablar entre nosotras, sin la ocasión de salir huyendo como siempre. Astucia y razón nunca le faltaron a Saeko. Le relaté la visita de la morena y este escuchó silencioso, me explicó que esa obsesión por separar a su hija de Masashi derivaba en que realmente Kuga no había escogido a Takeda por iniciativa propia, sino presionada en cierta medida por su padre. El señor Kuga la coaccionaba, le prometía un ascenso y propiedades si se unía a Takeda para consolidar su relación, los padres de ambos novios eran amigos de la infancia y no había dicha más grande para ellos, que unir a sus dos primogénitos.

La decisión que debía tomar Natsuki, acaba de adquirir tintes más oscuros y profundos. Aún así pensaba que no debía intervenir. Ahora entendía aún más la preocupación de Saeko.

Al día siguiente era el gran día. Todo eran nervios y estrés, sabía que poco podía hacer más que sonreír y tratar de aparentar felicidad y alegría. La boda se celebraría en el hotel Hilton de Odaiba tal y como advirtió Isey. Aquel era su regalo para con la morena, ya que el señor Kuga se había estirado tanto en comprar a su hija en el día más feliz de su vida, una propiedad, el viaje de novios a Hawai y organizar un futuro ascenso. Demasiadas molestias, se había tomado el señor Kuga, para mi gusto.

La recepción a la que tanto hizo referencia Isey, era una amplia terraza cedida por el hotel, con vistas hacia el mar y hacia el horizonte de Tokio. Ahí se realizaría la ceremonia, el convite iría en los amplios comedores del hotel y el disfrute de todos los invitados hasta altas horas de la noche se daría en la discoteca privada. También habían cedidas unas habitaciones, para aquellos familiares e invitados, que habían llegado desde tierras lejanas y necesitaban pasar la noche. La floristería se había encargado de decorar toda la terraza y hacer enormes centros de mesa coloridos y bien ornamentados. Todo aquello daba un resultado perfecto. Los asistentes, disfrutaban de todos los detalles, minuciosamente planeados por Saeko, que sonreía alegremente recibiendo a los visitantes.

Reito y yo llegamos un poco más tarde de la hora prevista. No quería correr el riesgo de toparme con mi padre. Nina al verme, corrió a mi encuentro alertando a Saeko de mi llegada, me dedicó una escueta mirada en la distancia y me dirigí hacia la famosa recepción. Todo estaba pensado hasta el mínimo detalle. Me acerqué a la barra y me pedí una copa de vino blanco, iba a necesitar todo el alcohol que pudiera tolerar mi mente sin llegar a arrastrar la lengua. Algunos asistentes ya daban buena cuenta de la barra libre. La boda daría comienzo a las siete de la tarde y ya llevaba quince minutos de retraso. Takeda esperaba paciente junto al oficiante de la boda, estaba bastante nervioso, pues iba de un lado hacia el otro. El traje de color azul marino, le sentaba como un guante.

"¿Por qué se retrasa tanto?" Se rumoreó al fondo de donde nos encontrábamos Reito y yo, ambos nos dirigimos una mirada de severa preocupación.

Mi padre no hacía más que darle conversación al oficiante para impedir que este se fijara en el reloj continuamente. El padre de Kuga plantado junto a los padres de Masashi, sonreían nerviosos sin saber realmente a qué se debía el retraso. Busqué a Saeko por todas partes sin éxito, tal vez se encontraba junto a la novia dando los últimos retoques. El murmullo de los presentes se hacía notar, pues todos se cuestionaban la ubicación de la novia. Cuando llevaba treinta minutos de retraso la ceremonia, los camareros se paseaban entre los presentes para ofrecerles algo de beber. Reito estaba a punto de desaparecer entre la multitud en busca de Natsuki, algo grave debía de estar pasando, hasta que se detuvo. Ambas morenas salían y se encaminaban hacia el oficiante y el novio, que respiró aliviado un segundo. Natsuki estaba hermosa en aquel vestido blanco, parecía el cisne salido del lago de Tchaikovski, pura y nívea se deslizó hasta quedar junto a su prometido que le extendió la mano, lleno de dicha. Su figura esbelta, sus curvas definidas y su belleza infinita, provocaron diferentes suspiros en todas las direcciones, con ello se ganó la disculpa por el retraso de todos los invitados incluido el oficiante, que sonreía embelesado por poder observar de primera mano, aquella belleza salvaje tan de cerca.

Por un momento supuse que no habría boda, que Natsuki me había escogido a mi. El universo no estaba de mi parte, ni la fortuna. Finalmente, todos fuimos testigos de aquella unión. En apenas quince minutos, habíamos presenciado un beso romántico que daba cierre a aquel rito del amor, recibiendo de los presentes alabanzas y felicitaciones.

El oficial los había declarado marido y mujer.

Sonreí rendida, Natsuki se había casado.

Takeda había ganado.

Y a mi me tocaba regresar en el tren de las diez a casa.

Después de la ceremonia, los novios permanecieron en la fiesta, inaugurando el baile de bodas. El señor Kuga estaba orgulloso de su hija, Saeko no pudo tolerar el llanto, aunque sonriera. Los presentes alegaban tratarse de lágrimas de felicidad. Solo ella y yo conocíamos la verdad. Y yo tenía intención de llevármela a la tumba. Busqué a Nina y la abracé como nunca antes lo había hecho y le sugerí que me visitara en cuanto tuviera edad para viajar sola. La pequeña Fujino era más astuta y comprendió que se trataba de una despedida. Saeko se fundió en un abrazo conmigo y dio rienda suelta a su sollozo, prometí volver a verla, aunque no fuera cierto y le deseé tantos nietos como pudiera malcriar para hacerla reír.

"Felicidades a la pareja del año." Mi voz era de pura alegría, sabía colocarme la máscara demasiado bien y maquillar mi peor momento con la mejor de las sonrisas. Takeda fue el primero en girarse.

"Muchas gracias, cuñada." Su alegría era pura y real, por un instante sentí envidia de él.

"Os deseo la mayor de las felicidades." Continué dedicándole dos besos a Masashi, que parecía sin seguir creyéndose su suerte. "Estás radiante." Aquel halago iba dirigido por entero a Natsuki, que me miraba asustada, sus orbes esmeraldas escondían una tristeza enorme que supo camuflar muy bien a todo el mundo.

"Tú también." Intentó sonreír y aquello se convirtió en mi sonrisa favorita.

"Que seáis muy felices." Solté antes de dar la vuelta y marcharme.

Reito insistió en acompañarme a la estación de tren, pero le detuve. No quería que en el día más importante de Natsuki, otro amigo desapareciera. Sabía a qué venía exactamente y aquella boda cumplió mis expectativas con creces. Una vez en mi asiento, respiré tranquila y dejé que la máscara se desvaneciera. Aquello parecía una maldición, siempre que subía a aquel tren lo hacía presa de una tristeza indescriptible. Durante las cuatro horas casi, que hubo de trayecto. Lloré en silencio. Por todo lo que dejé atrás, por Nina, por Natsuki, por aquella vida tan lejana que me parecía tener en Madrid. Había tocado fondo y según decía mi madre, tras tocar fondo solo nos queda ir en una única dirección, hacia arriba.

Tía Aomori me esperaba paciente en la estación de Kioto, sabía por la última información, que mi llegada sería definitiva. No volvería a viajar y me asentaría de una vez por todas para echar raíces junto a ella. Al verme, aún con el vestido de la ceremonia, me abrazó e impidió que mis piernas flaquearan ahora que había llegado a mi meta.

"Las mujeres Viola nunca hemos tenido suerte en el amor." Susurró poco después al llegar a casa.

Aquello era cierto, mi tía jamás se había casado. Todos sus pretendientes habían sido hombres casados que solo querían aprovecharse de ella y mi madre, murió sin saber qué era la felicidad, ¿por qué iba a ser yo la excepción? ¿por qué iba Natsuki a escogerme a mi?

"No pretendo encontrar la felicidad en el amor." Respondí a mi tía que mecía mi pelo, aquello era una actividad que siempre entusiasmaba a mi madre. Cada vez que me entristecía o enfermaba, llegaba a mi habitación y me acariciaba el pelo suavemente hasta inducirme a un sueño profundo. "Solo vivir en paz."

Solo vivir en paz, en aquello se resumía mi existencia.

Después de aquello dormí profundamente y en el fondo deseaba no despertar.

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tres meses después…

Lo primero que había hecho era deshacerme del apellido Fujino. No quería que mi futuro, se viera influenciado por el yugo paterno. Necesitaba demostrarme a mí misma que era capaz de ser completamente independiente. Eliminé todo rastro de mi padre y me otorgaron el apellido de soltera de mi madre. Oficialmente era Shizuru Viola tal y como deseé. No volví a pisar España, ni tenía previsto hacerlo. Busqué trabajo en una oficina de turismo en Osaka, debido al nivel alto en idiomas que poseía. Con mi sueldo podía permitirme vivir desahogadamente en Osaka, pero prefería tomar el transporte público diariamente hasta Kioto, junto a tía Aomori. Vivía envuelta en una sencillez que me producía mucha satisfacción. No poseía bienes materiales como antaño, aquello le daba más valor a todo lo que conseguía con mi esfuerzo y empeño. En la temporada baja de turismo, trabajaba por horas en la oficina de correo. Ahí conocí en poco tiempo a todos los vecinos de Kioto.

En Kioto, el tiempo era más lento, más pausado. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos ambas Viola a las puertas del siguiente año. El último día de diciembre, nadie en Kioto abría sus negocios, las oficinas gubernamentales permanecían cerradas hasta el cuatro de enero, eso se traducía en vacaciones. Disponía de seis días de descanso en los que no sabía realmente qué hacer pues eran los primeros en toda mi vida de empleada. Tomaba la cámara fotográfica que había comprado con los ahorros de ambos trabajos y salía a disparar momentos y capturarlos con mi lente, aquella era una de mis pasiones que nunca pude llevar a cabo. Ahora, tomando cada una de mis decisiones, encontré la felicidad que tanto anhelaba. En año nuevo, las calles de Gión se teñían de blanco, la nieve decoraba el paisaje otorgándole un misticismo único. Había echado en falta aquellas vistas, aquel sentimiento de protección que únicamente ofrece el hogar. El treinta y uno de diciembre, tía Aomori y yo preparamos una suculenta cena, eran días para celebrar en familia y dado que la nuestra era bastante pequeña, convidamos a algunos conocidos para celebrarla todos juntos. Después iríamos al templo Shinnyo-do, para oír las ciento ocho campanadas de los deseos mundanos.

Tía Aomori se dejó llevar junto a las conocidas del barrio con la celebración y pocas quisieron salir después de tan suculenta cena. De modo, que tomé la cámara fotográfica entre mis manos y salí dispuesta a disfrutar del final del año a solas. Conforme me acercaba al distrito de Gion, no dejaba de fotografiar ningún instante. Pese al frío invernal, la calle se encontraba repleta de transeúntes que circulaban en dirección hacia el santuario de Yasaka, paseé mi mirada por los puestos de comida y saludé a multitud de vecinos que disfrutaban de los minutos que le restaban a aquel año. Logré capturar con mi objetivo a niños y ancianos divertirse, feligreses caminando hacia el templo para tocar la campana de la fortuna y rezar a las deidades. La parte céntrica se mantuvo animada toda la noche, por lo que fue difícil sentirse a solas por más que fuera un solo instante.

En uno de los numerosos puestos, compré incienso y una ofrenda para el templo de Chionin, un templo budista al que solía acompañar a mi madre cuando esta aún vivía. Aquello atrajo desde el pasado infinidad de recuerdos. Había personas de las que me fue imposible olvidar, por cuantas veces decidiera arrancar desde cero mi existencia. Mi madre era una de ellos. En silencio, caminé cruzando el parque Maruyama sintiendo una mirada permanente sobre mi, como si estuviera siendo vigilada. Deseché aquella idea, ya que era imposible que alguien me acechara en mi entorno, aunque caminara solitaria, me cruzaba con amigos y vecinos que iban y venían haciendo de la última noche del año una enorme fiesta.

Al llegar al templo budista de Chionin, encendí el incienso y comencé con el ritual de purificación, di tres palmadas y recé una pequeña oración que me había enseñado mi progenitora. Finalmente me hice a un lado para que el resto de creyentes, purificaran su alma e hicieran tañer la campana de la fortuna tras de mi.

Mientras observaba distraída a unas adolescentes ir en grupo hacia el templo, sonreí rememorando el pasado. Desde que comencé mi nueva vida, no había dejado de pensar en Natsuki, en nuestro pasado juntas y en nuestra despedida. Por más que intentara odiarla por su elección, fui incapaz. Lo único que conseguía era tener más encendido aún su recuerdo en mi y si aquello era posible, amarla aún más de lo que lo hice en el pasado. ¿Era eso posible? Me decía, pero el tiempo lo único que me demostraba era que si, que amarla cada día más era posible. Suspiré y acerqué mi cámara hacia mi ojo izquierdo, haciendo a un lado mis recuerdos y sentimientos, tratando de capturar aquella inocente felicidad que irradiaban los adolescentes en el día de año nuevo.

"¿Sabes? Ha sido muy difícil dar contigo." Aquella voz me congeló en el acto, no daba crédito a lo que oía. Mi corazón comenzó a latir apresuradamente, hasta me olvidé de mi finalidad para con aquella fotografía. Lentamente fui despegando la cámara de mi rostro para girarme y comprobar por mi misma, que mis oídos no me engañaban, que aquella voz ronca y profunda era quien yo deseaba que fuese.

"¿Qué haces aquí?" Cuestioné al ver aquellos orbes esmeraldas mirarme como si no existiera nadie más en aquel templo salvo nosotras dos. Mis latidos iban desacompasados, como si no supieran si huir o continuar cerca de aquel inmenso sol atrayente.

"Debemos dejar de hacernos esa pregunta cada vez que nos vemos." Regañó la morena con una sonrisa burlona, seguía siendo tremendamente hermosa, tal y como la vi la última vez mientras se casaba con Takeda. Sonreí ante su reflexión y ella ensanchó aún más su sonrisa.

"Me alegro de verte." Susurré finalmente, aquello parecía más bien a un sueño, uno que llevaba anhelando desde hacía tres meses.

"Eso me gusta más." Soltó acercándose un poco más, hasta quedar junto a mi. "Yo también me alegro de verte." Respondió en un murmullo y logré ver toda la tristeza que el día de su boda, trataba de camuflar por todos los medios. "Te he buscado por todas partes." Comenzó intranquila. "Lo que te tengo que decir, lo he ensayado infinidad de veces, pero frente al espejo siempre es más fácil que en persona." Soltó una sonrisa nerviosa.

"Solo di lo que tengas que decir." Animé a la espera, sabía que no teníamos más que decirnos a aquellas alturas, que lo que fuese que tuviera en mente ya era agua pasada. Había cerrado esa puerta cuando aceptó el anillo frente al oficiante de boda. Un momento, ¿dónde estaba el anillo? La miré aterrada.

"Nadie me había preparado para ti, nadie me habló de todo esto y cuando te conocí…" Suspiró como si le costara arrancar todo aquello que la afligía. "No me creí la suerte que corría a tu lado, que alguien como tú viera algo especial en mi… y cuando te fuiste hace diez años…" Volvió a suspirar pesadamente, rebuscando en su interior, en su pasado. Yo me mantenía quieta, Natsuki estaba frente a mi en aquel instante y mi corazón no dejaba de bombear recordándome que todos mis sueños se cumplían con su sola presencia. "Cuando te fuiste, te llevaste contigo mi alma. No sabía qué hacer sin ti, cómo vivir después de ti… Durante estos últimos diez años, me he conformado con lo que me tocaba, era como una vida de alquiler y cuando apareciste de nuevo hace tres meses, ¡dios! No me lo podía creer, ahí estabas, tan perfecta, tan inalcanzable y yo me sentí tan miserable, por conformarme…" No daba crédito, Kuga desnudaba su mundo frente a mi, frente a mi pasado y mi futuro y solo podía mantenerme inmóvil, seguir respirando sin desfallecer. "Hace tres meses, creí no merecerte, no merecer ninguna felicidad junto a ti. No te había esperado. Así que decidí apostar por un futuro aceptable junto a…" No pudo pronunciar su nombre. "Pretendía mantener contento a mi padre y a todo el mundo, porque era lo que se esperaba de mi, pero ¿qué era un futuro aceptable sin ti?" Lanzó aquella pregunta con lágrimas en sus orbes verdes, aquella fue la primera vez que la veía llorar y algo en mi interior se rompió, se resquebrajó por completo. "No era nada aceptable. Te quiero Shizuru y no fuiste ninguna elección, porque de ser así siempre serás mi única opción." Continuó con su llanto y no pude tolerar más aquella imagen desolada de Natsuki.

La abracé en aquel templo, con numerosas cabezas rodeándonos. Ella inmediatamente me devolvió el abrazo y busqué sus labios en medio de sus lágrimas, solo deseaba besarla, era la única forma al alcance de mi mano, para que ella comprendiera lo mucho que me importaba, que la perdonaba. Quería explicarle que jamás la había odiado por aquello, que por el contrario cada día la amaba un poco más y que por incontables obstáculos que encontremos por nuestro camino, mi amor por ella siempre estará ahí, a la espera, en la meta y junto a ella. Todo a la vez. Porque, ¿qué sería un futuro aceptable sin ella?

Natsuki lo comprendió.

Con aquel beso, no había vuelta atrás, todo estaba olvidado.

Las ciento ocho campanadas de año nuevo, tañían sobre nosotras limpiando nuestros pecados, los pecados del año anterior para enfrentar aquel nuevo año, puras e inmaculadas. Mi corazón se serenó en los brazos de la morena, que continuaba sosteniéndome con fuerza, sabía que jamás me volvería a soltar, que no había lugar más maravilloso que aquel y que a partir de entonces, nosotras tejeríamos nuestro propio destino, sin que nadie más interviniera en él.

"Yo también te quiero." Susurré cuando el aire se hizo necesario y nuestros labios deshicieron el contacto. Me faltaba el aliento.

"Estupendo, porque Saeko me ha pedido que te recuerde, una promesa sobre unos nietos que malcriar." Soltó sonriendo, mientras me alzaba del suelo.

Nunca prometáis nada que luego no pudierais cumplir.

Fin


N/A: Muchísimas gracias por leer hasta aquí.

Siento mucho que no haya sido tan larga como deseasteis, realmente apenas tengo tiempo para escribir y menos en Diciembre que como todo el mundo sabe, son fechas señaladas en el calendario por toda la humanidad y aquí en España, se multiplica el trabajo.

Antes que nada agradeceros los comentarios. Han sido siempre una inspiración para mí. También quería pediros disculpas por no haberme sincerado desde un inicio con tod s vostr s, esta cuenta me la he creado porque he sufrido un pequeño incidente (mala suerte) y me he quedado sin mi cuenta de correo y ninguna cuenta en general. Resumiendo todo esto soy AsiDeSimple y lamento muchísimo que mis historias se hayan eliminado. Mi cuenta al completo en realidad. A estas alturas no se si volver a subir las historias antiguas o centrarme en escribir unas nuevas, no lo sé... porque algunas de mis antiguas historias, tomé la precaución de hacer una copia de seguridad y otras, no tanto... Así que, trabajo perdido.

Sin más, que me entretengo. Este es mi regreso, con un nuevo nombre. Y agradeceros que hayáis leído esta pequeña historia hasta aquí, la escribí con mucho sufrimiento que espero que hayáis percibido (digamos que hasta dónde pone lo de los tres meses después, se podría decir que es la verdadera continuación de dejarse llevar). Sí señor, la verdadera Shizuru de mi vida, se ha casado este Septiembre y me ha invitado a su boda y esta es la pequeña historia que ha surgido de todo esto.

Espero que la hayáis disfrutado. Un beso a tod s y que nos volvamos a leer.