Capítulo 7: Amor, Odio, es lo mismo.

"Encontrarás la salida solo cuando hayas aprendido lo que has ido a aprender"

El caballero de la armadura oxidada.

Bella POV.

¿Cómo había podido irse así sin más luego de soltarme eso en la cara? ¿Cómo aguantaría toda la semana? Él había dicho que vendría entre semana a verme pero después de todo lo que le dije dudaba que lo hiciera, por lo menos no por unos cuantos días.

¡Jodido Edward y toda su mierda de amor!

¿Por qué no podía cerrar mi boca? No cabe duda que tenía que tratar con mi psiquiatra el amor-odio que sentía hacia Edward…

Me recosté sobre la cama y mirando al techo cerré los ojos rememorando las palabras que él me había dicho hace unas horas, después de que le lanzara en la cara tremenda atrocidad.

Él se acercó tanto que pude sentir su respiración en mi rostro.

Yo, malditamente te amo, ¿me oyes? Lo que tú has sido en este último tiempo me importa una mierda, es… es mi culpa y yo…

Edward…

No, seguiremos adelante, por decirme eso solo lograrás que mi decisión de estar a tu lado se fortalezca, no te volveré a dejar sola… Nunca más, mi amor…

Suspiré recordando cómo sus ojos brillaban al decir aquellas palabras y resoplé con pesar por sentirme tan abrumada. Estaba cansada y el seguir taladrándome la cabeza pensando en la conversación que habíamos tenido solo aumentaba mi agotamiento cerebral. Cerré los ojos diciéndome que mañana sería otro día que afrontar, que en la sesión me abriría definitivamente con los terapeutas para poder afrontar las dudas y los miedos que últimamente me apresaban.

Los días pasaban y la ansiedad iba en aumento. Solía levantarme antes que cualquiera en la clínica para hacer ejercicio físico, corría casi cinco kilómetros alrededor del campo que estaba detrás de clínica. Gastar esa energía calmaba la ansiedad que por momentos me atormentaba. Había días en los que recurría a "la herramienta", el dulce de membrillo, para que la glucosa calmara el vacío que recorría mis venas por necesidad de "sustancias". Los terapeutas me ayudaban en la parte emocional y en cada encuentro tratábamos temas que me hacían llegar a la misma conclusión: que cada uno debía hacerse responsables de sus actos y decisiones. Si, había factores que podían influenciar a la hora de tomar decisiones, pero nada debía pesar lo suficiente para dejarte llevar por las emociones transitorias. Si bien los últimos dos años de mi vida fueron tan horribles a tal punto de volverme adicta, había sido mi decisión transformar ese tiempo en dependiente de la droga.

La última parte de las sesiones la dedicábamos a hablar sobre la extraña relación o en lo que se había transformado lo que teníamos o no, con Edward. Comentaba la especie de amor-odio que sentía para con él y era algo que no me dejaba tranquila, me confundía y me desestabilizaba cuando venía a visitarme los fines de semana. Con sus flores y sus detalles para "hacerme más llevadera mi estancia en la clínica", por lo que mi psiquiatra junto con la psicóloga y la Dra. Denali decidieron que Edward dejara de visitarme por un tiempo. Ni toda la seguridad del establecimiento fue suficiente para lograr calmarlo cuando montó el escándalo del siglo al notificarlo de las nuevas formas de mi tratamiento; solo se tranquilizó cuando Jasper intercambió unas cuantas palabras con él. Quiso hablar conmigo pero me reúse. Era lo mejor para los dos y para mi principalmente. Finalmente cedió y comprendió después de hablar con Kate y dejar que los profesionales explicaran el porqué de la decisión.

Él se fue y no volvió a venir.

No podía negar que extrañaba sus detalles, pero principalmente lo extrañaba a él. Su presencia, su rostro, sus ojos, su boca cuando pronunciaba mi nombre con tanta delicadeza y dulzura. Él estaba intentando por todos los medios para que cediera y mis barreras habían estado completamente resquebrajadas, todo pendía de un hilo, pero así lo necesitábamos ambos.

Los días fueron pasando y mi progreso comenzaba a ser cada vez más considerable. Había cobrado algo de masa muscular gracias a la dieta que me habían preparado las nutricionistas de la clínica. Mi ejercicio era diario y casi notable, podía ver mi abdomen levemente marcado al igual que mis piernas, estas se habían torneado y, ¡mierda! Mi trasero. ¿Dónde diablos había estado eso? Podía jurar que estaba más firme y respingón. La escaladora había funcionado.

Todo parecía ir encausándose, era como estar viviendo en algún universo paralelo. Pero siempre había algo que me hacía golpear con la realidad. Todo aparentaba estar bien hasta que lo temblores se hacían presentes y prácticamente tenía que correr hacia la "herramienta", me hartaba hasta casi vomitar de dulce de membrillo y cuando ya no daba más me echaba a llorar.

Alec siempre era el que me encontraba en esos momentos. A él siempre le tenían asignado el horario de la tarde, por lo que siempre estaba presente cuando me daban los ataques. Él sabía cómo calmarme sin medicación y muchas veces corrió conmigo alrededor del campo donde generalmente me ejercitaba para quemar energías y olvidarme del porqué estaba en ese lugar. Y por supuesto, para olvidar el hecho de que no podía ver a Edward.

Con Alec habíamos formado una amistad a base de comentarios irónicos. Él era fanático de The Big Bang Theory, amaba esa serie y solo bastó una vez que me la enseñara en su tablet para que también me volviera seguidora. Muchas de nuestras conversaciones se basaban en la serie y cuando no, hablábamos de cosas banales. Hasta que una vez mi gran bocota no reprimió la pregunta y la soltó como si nada.

—Alec, ¿no tienes una novia a la que molestar? —él se atragantó con la bebida que estaba tomando de una lata de gaseosa. El líquido le salió hasta por la nariz.

— ¿Disculpa? —respondió con otra pregunta luego de recomponerse.

— ¿Que si no tienes novia?

—Eso no es de tu incumbencia, no se me está permitido hablar sobre mi vida personal con los pacientes —respondió, pero debió haber visto algo en mi rostro porque enseguida quiso arreglar el hecho que eso éramos, enfermero-paciente.

—Lo siento. Creo… creo que tienes razón.

—Bella, lo siento —Expresó afligido— No quise sonar tan rudo.

—Pensé que éramos amigos…

— ¡Lo somos! Somos amigo, es solo que… me has tomado con la guardia baja —me sonrió y picó con su dedo mi costado logrando que riera— Somos amigos, enserio, lo siento, no quise ser un idiota, somos más que enfermero-paciente.

—Está bien, ¿entonces? — me miró con ojos entrecerrados.

—No lo dejaras pasar, ¿verdad? —negué y froté mis manos con un gesto exagerado fingiendo que me contaría un buen chismerío. Suspiró y me miró— No, no tengo novia, pero si estoy enamorado de alguien. Ella… No podemos estar juntos y…

— ¿Y qué? ¿Me estás jodiendo? En que jodido siglo estamos, ya no hay nada prohibido si ambos están enamorados. ¿Por qué no estar juntos y ya?

—No es así de simple.

—Claro que lo es, a menos que ella no… no sienta lo mismo por ti —suspiró tirando la cabeza hacia atrás.

—Sí, ella está enamorada de mí, Dios… nos amamos, pero no es tan simple. Mi familia no querrá. Ella es mi hermanastra, se llama Jane. —mis ojos se abrieron al máximo, no esperaba eso. Aclaré mi garganta.

—Bueno, como dije, estamos en el siglo XXI y ustedes siguen sin ser hermanos carnales, no le veo el problema.

—Mi familia no lo tomaría bien nunca, prácticamente fuimos criados como hermanos. Mi padre volvió casarse con la madre de Jane cuando ella era una niña de diez años y yo un muchacho de trece, cuando la vi por primera vez lo supe, que nunca habría nadie más para mí. Todos me decían que actuaba como un hermano sobreprotector con ella, siempre la celaba y ella a mí. Y fue en su décimo sexto cumpleaños cuando perdí la cabeza, mi padre había prestado la casa para su fiesta de cumpleaños, ellos se irían a un viaje el fin de semana y yo estaría a cargo —él parecía haber viajado a ese momento por la expresión de su cara—. Había decido invitar a algunos compañeros de mi universidad por lo que mientras Jane y sus compañeros del instituto estaban en la sala de estar, nosotros estábamos en la cocina. Poco después de pasada la noche varios de mis compañeros se habían marchado pero los amigos de ella todavía bailaban y reían. En un momento de la noche escuché como algo de vidrio se rompía, cuando vi lo que era casi cometo un asesinato. Jane estaba en el piso llorando y alguien estaba encima suyo besado y tocando lo que sus manos podían alcanzar, solo su amiga intentaba quitárselo de encima, creo que fue por uno de mis compañeros que me hizo salir del shock que logré dejar de golpear a ese imbécil, eché a todo el mundo de la casa incluyendo a mi amigo y solo me centré en ella y en que parara de llorar y de pedirme perdón. Así que me olvidé de todo y la besé, y mierda si no lo hice. Esa noche le confesé lo estúpidamente enamorado que estaba de ella, me esperaba un insulto o algo por el estilo de su parte, pero lo que conseguí fue que ella quisiera ser mi novia, a escondidas por supuesto, y ese fue mi error. Jane quería que habláramos con nuestros padres pero yo no, tenía mucho miedo y es por eso que un día le dije que no podía con la presión de saber que ante los ojos de todos éramos hermanos mientras que en la intimidad yo la hacía mi mujer, por lo que creía que me había confundido y que no estaba seguro que si la amaba. —mis ojos se abrieron de la sorpresa— Sí, ella y yo… ambos tuvimos nuestra primera vez juntos.

—Edward y yo… también… ya sabes… —confesé enrojeciendo como un tomate ante esa declaración que había salido de mi boca.

—Oh…

— ¿Entonces?

—Entonces todos fue en picada, Jane desde ese día no ha dejado de hacerme la vida imposible. Ah salido con cuanto hombre se le presento en frente, y yo…

— ¡Y tú eres un cobarde de mierda! —Lo interrumpí y él me miró con el ceño fruncido—. No me mire así, idiota. Si yo fuera Jane me habría acostado con los tipos en tu puta cama y te lo habría refregado en las narices.

— ¿¡Pero qué dices!?

—Eso, que eres un maldito cobarde que no eres capaz de ir contra el mundo por la mujer que amas. —agachó su cabeza.

—No creo que ella me ame.

—Oh, vamos, ¿acaso no lo ves? Todo lo que esa chica hace es para dañarte porque tú lo has hecho con ella, la has herido al decirle que tú no sabías si la amabas y que creías estar confundido, ella debe amarte profundamente pero también odiarte. Yo lo haría.

— ¿Tú me amarías? —preguntó burlón. Me sonrojé por lo idiota que sonaba.

—Anda, Bella, dile si lo amas. —giramos nuestras cabezas al escuchar la frialdad con que Edward había pronunciado mi nombre.

¿Qué hacía aquí?

Miré hacia Alec y este recobró el juicio recordando que Edward no podía venir a verme. Se paró y se puso delante de mí.

—Sr. Cullen, si no mal lo recuerdo usted no puede ver a la Srta. Swan y…

—Bueno, ¿pero que acaba de pasar? —Su voz era burlona mientras nos dirigía mirada de reproche— ¿Hasta hace cinco segundo se tuteaban y hablaban de amor y ahora la tratas de Srta?

—Señor Cullen, Isabella es una amiga que aprecio y que respeto por sobre todas las cosas, respecto a lo que escuchó, solo fue un mal entendido y…

—No hace falta que le expliques nada, Alec —interrumpí y me paré de mi asiento, tomé una bocanada de aire para tranquilizarme antes de seguir y decir algo de lo que luego me arrepentiría —. Sólo estábamos bromeando, si tú no puedes ver eso, lo siento por ti. ¿A qué has venido?

—No eh venido a verte a ti si es lo que te preocupa, vine…

— ¡Edward! —fuimos interrumpidos por la voz agitada de doctora Kate que sonó tras su espalda, rodeé los ojos, esto era lo que malditamente me faltaba— Lamento hacerte esperar, la última consulta se hizo más larga que lo habitual —ella miró a todos los presentes y reparó en mi presencia, quise suponer que había sido idea mía el ver un leve sonrojo cuando se dio cuenta que estaba yo. Edward fue todo lo contrario. Su semblante se tornó preocupado al oír como había sonado esa última aclaración de Kate. Como si ellos…

—No es lo que piensas… —se apresuró a decir Edward sospechando por donde iban mis pensamientos.

—Yo no pienso nada —mentí descaradamente.

—Seguro.

—Piensa lo que quieras. —respondí tomando mi Ipad y yéndome a la mierda de ahí. No quería verlo como había estado deseando esos últimos días.

De eso hablábamos con mis terapeutas, ahí se podía ver claramente el amor-odio que sentía para con él.

Después de ese hecho pasaron dos semanas más antes de que volviera a verlo. Hoy era ese día y me sentía más ansiosa que de costumbre. Hoy también vendrían Jasper y Emmett a verme y eso me ponía locamente feliz pero algo insegura. Necesitaba la aprobación de ellos, en especial de Emmett.

Estaba recostada en mi cama cuando se escucharon unos golpes en la puerta para luego dejar ver a la cabeza de Alec.

— ¿Se puede?

—Pasa.

Él se apresuró a entrar trayendo consigo una bolsa de papel. Me miró con una sonrisa tras sentarse a los pies de mi cama. Suspiró de manera teatral y dejó la bolsa en mis piernas.

— ¿Qué es esto? —pregunté sonriendo. Me gustaban las sorpresas.

—Esto es un regalo de Jane. Yo… nosotros hablamos y este fin de semana tengo una cita con ella —llevé las manos hacia mi boca por la impresión, pero alegrándome por él.

— ¡Oh, felicidades, me alegra escuchar eso! ¿Cómo estás? —pregunté después de abrazarlo.

—Bien, muy nervioso pero bien, le dije que podíamos empezar yendo como amigos y que luego la noche nos diría como terminábamos.

—Me pone feliz por ti, enserio.

—Gracias… le conté de ti y que hoy recibirías a tu familia y que creí haberte escuchado decir que no tenías nada decente para ponerte, así que ella simplemente metió medio cuerpo en su closet y saco de allí esto… —apuntó la bolsa. La abrí con las manos temblorosas y saqué un vestido azul noche con pequeñas libélulas blancas. Era precioso— Dentro de la bolsa también están las bailarinas y… —él metió la mano y sacó también una bonita liga para el cabello decorada con perlas, lo miré alzando una ceja. El solo se encogió de hombros— Yo sólo hago lo que ella me dijo y cito: hazte una cola de caballo alta pero no muy ajustada y déjate unos mechoncitos de cabellos a tus costados, eso te dará un aire delicado y muy juvenil —me reí por la voz que Alec imitaba de su Jane.

— ¡Por Dios, ya no lo hagas! Y muchas gracias por esto, no tenía por qué, así que lo aprecio muchísimo y creo que me quedará bien. Muchas gracias, Alec —lo abracé y besé en la mejilla. Él se despidió para dejarme preparar y tan rápido como se fue me metí dentro del baño. Me di un largo baño en la ducha dejando que el agua tibia relajara mis músculos. Después de eso me relajé completamente tratando de meterme hasta por la nariz algo de dulces para calmar la ansiedad que me acometía.

Miré hacia la mesa de luz y vi que solo faltaban quince minutos para las visitas, así que me miré en el espejo que estaba detrás de la puerta y por primera vez en años sonreí al reconocer a aquella muchacha feliz y libre de contaminación en su cuerpo. Había hecho todo lo que la hermana de Alec me había mandado a hacer y no había quedado tan mal. Respiré varias veces antes de salir hacia la sala de juegos donde generalmente se esperaba por las visitas y allí me encontré con un Alec que estaba parado junto a dos enfermeros más. Le sonreí y él me levanto el pulgar en aprobación por cómo me veía.

Me senté en un sillón y esperé mirando hacia la puerta. Familiares de todos los pacientes iban llegando de apoco cuando una gran cabeza de risos oscuros sobresalió de entre todos.

— ¡Emmett! —grité corriendo a su encuentro. Él me buscó desesperado con los ojos cuando me escuchó y al encontrarme se abrió paso llegando a mi encuentro y tomándome en brazos para girar sobre sus pies— ¡Emmett! —repetí con llorando por la emoción de verlo— ¡Dios, cuanto te eh extrañado!

— ¡Bells… mi Billie Bells! —respondió emocionado.

— ¡Emmett, bájala no seas acaparador! —reprochó la contundente voz de Rosalie. Me solté de sus brazos y me acerqué a ella quien antes de saludarme tomo mi mano y me hizo que diera una vuelta sobre mis pies. Sus ojos se llenaron de lágrimas y me abrazó con fuerza— Estas hermosa, nena. Siempre lo has sido, pero… ahora estas realmente convertida en una mujer hermosa.

—Tú eres hermosa. —contradije con la voz quebrada. Ella me abrazó y dejó un beso en mi mejilla. Detrás de ella Jasper me miraba con cierto brillo en sus ojos. Él se podría decir que ocupaba el papel de un "padre". Desde que mi vida se había desbarrancado, su presencia siempre me había traído los pies a la tierra, lo necesitaba para vivir. Siempre había tratado de proteger amistad su porque él me hacía bien. Él se acercó y me abrazó dejando un beso en mi coronilla.

—Gracias por venir —sonrió.

—No tienes que dar las gracias, sabes que no podíamos dejar de venir a verte, eres nuestra familia, ¿lo sabes, verdad? —asentí. Miré alrededor y no vi a la persona que secretamente había estado ansiando ver. Jasper se dio cuenta e inmediatamente se puso algo rígido. Aclaró su garganta— Él tuvo un viaje de urgencia hace unos días, no sé… —negué inmediatamente. ¿Qué estaba esperando? Tenía todo lo que necesitaba para ser feliz en este momento. No lo esperaría. No volvería a caer como hacía dos años.

—No importa, me basta con que ustedes vinieran. Síganme, les quiero presentar a un amigo.

— ¿Un amigo, Bells? —la voz de Emmett sugería más que una amistad. Me di la vuelta y le enseñé mi dedo medio. Todos comenzaron a reír.

— ¡Ahí tienes por bocón! —contestó Rose mientras todos me seguían. Nos acercamos hacia donde Alec vigilaba a los demás pacientes. Aclaré mi garganta y sonriéndole por su expresión de sorpresa frente a mi familia, los presenté.

—Alec, quiero presentarte a mi familia. Ellos son Jasper, Emmett, Alice y Rosalie, chicos él es Alec, mi amigo y enfermero que me ayuda con mi progreso y el causante de hoy verme como una chica decente —expliqué señalando mi vestuario. Alec se sonrojó pero me frunció el ceño por llamarme de esa forma. Alice se adelantó y le plantó un beso en la mejilla.

—Cariño, déjame decirte que has hecho un gran trabajo eligiendo las prendas y…

— ¡Oh, no! Yo no eh sido, ha sido mi her… mi novia —explicó algo inseguro.

—Pues deberías saber que tienes una gran chica si sabe cómo vestirse, ha elegido las piezas perfectas para Bella —él sonrió con orgullo por el cumplido de Alice hacia Jane, me hubiese gustado conocerla.

—Muchas gracias. Chicos, no quiero ser descortés pero sé que Bella a estado esperando mucho tiempo por verlos, así que por que no salen al patio, hoy hace un día agradable y en un rato más se les servirá un refrigerio…

—Oh, pierde el cuidado, amigo, nosotros trajimos todo lo que a Bella le gusta, iré a buscar las cosas a los autos —respondió Emmett, yendo hacia el estacionamiento.

—Yo te acompaño. —se apresuró a decir Jasper y lo siguió.

—Muy bien, gracias por todo Alec, y por cuidar de nuestra Bella.

—Es un placer tenerla de amiga —le sonreí y nos dirigimos hacia los bancos que estaban en el exterior.

Alec tenía razón, el día estaba raramente soleado. Nos sentamos en los bancos de cemento y allí nos distendimos hablando de cómo estaban las cosas. Me contaron que Jasper estaba muy raro y que hacia un tiempo él estaba muy sospechoso. Emmett por otro lado seguía siendo un divertido oso que de nada se daba cuenta. Los chicos se nos unieron y trajeron consigo cestas repletas de todas las comidas que a mí me gustaban. Había pasteles y muffins de chocolate blanco y negro, tartas de arándanos, dulces, chocolates de todos los tipos, etcétera. Nos dispusimos a comer y me di el gusto de disfrutar de ese banquete con ganas, todos reíamos y hablábamos de todo. Jasper me comentó como iba el trabajo en el estudio de su padre y me recordó que mi trabajo seguía allí esperándome.

Las horas pasaron, les había dado un recorrido por el gimnasio y por la pista por donde corría por las mañanas. A Emmett le había fascinado el gimnasio, alegó que con razón me veía más torneada. Me reí por sus ocurrencias. Hacía mucho que no reía de esa forma tan relajada. Estaba tan agradecida con ellos. Alice había insistido en tomar muchas fotos de cada momento hasta que un Jasper cansado de posar le advirtió que le quitaría la cámara de fotos si lo seguía haciendo y ella le respondió sacándole la lengua.

Cuando llegó el momento de despedirse todos nos sentíamos algo ansiosos. Las familias de los pacientes se despedían entre lágrimas afirmando que pronto volverían. Los chicos tardaron más de lo previsto en decir adiós. Cada uno me abrazó y prometió volver la semana siguiente. Mi garganta estaba cerrada y necesitaba ir hacia la "herramienta" porque mis manos habían comenzado a temblar. Emmett se dio cuenta y me las tomó frotándolas en su pecho con fuerza para darles calor. Le sonreí por el gesto.

—Chicos, lamento interrumpirlos, pero la visita terminó hace quince minutos—expresó Alec con un gesto de disculpa. Todos me abrazaron en un gran abrazo grupal.

Lamentaba terrible y dolorosamente que Edward no haya venido, mierda, lo necesitaba tanto. Quería ver en sus ojos que no me había mentido, que él iba a estar conmigo en esto. Con lágrimas en los míos caminamos hacia las puertas. Iba abrazada a Emmett cuando su grito me hizo saltar.

— ¡Bella! —levanté la vista y allí estaba Edward. Parado frente a las puertas enfundado en un carísimo traje. Mis ojos soltaron las lágrimas que había estado conteniendo y llevé las manos hacia mi boca. Él comenzó a caminar y como si de dos imanes se tratara, yo hice mi camino hacia él apresurándome cada vez más hasta correr. Él fue a mi encuentro tomándome en brazos. Me apretó entre sus brazos y soltó un sollozo — ¡Mi amor! ¡Mi amor! —repetía acariciando mi rostro.

—Has venido, has venido, has venido. Yo pensé… Dios… estas aquí —no podía creer que finalmente había llegado. Volví a abrazarlo y apoyé mi cabeza sobre su pecho.

—Aquí estoy… te había prometido que no te dejaría sola, solo tuve un contratiempo pero nada en este maldito mundo me iba a impedir venir a verte —él tomó mi rostro entre sus manos y se acercó pidiéndome permiso para lo que sabía estaba pensado hacer.

—Pero la visita ya termino y… —me sonrió de lado y se acercó un poco más envolviendo mi cintura con su brazo.

—No viaje dieciocho horas sólo para que me digan que no voy a verte, cielo, aparte no vine solo.

— ¿No?

—No, me fueron a buscar al aeropuerto y de allí vinimos hacia aquí…

— ¿Con quién…? —no tuve oportunidad de terminar mi pregunta porque por la puerta entraba una apresurada Esme cargando una maleta rosa. Le sonreí.

—Ella estaba buscando lugar en el estacionamiento y sabía que llegaría algo atrasado por eso le pedí el favor de que llamara a Carmen y me diera un permiso especial. Tenemos dos hora —mis ojos se abrieron y volví a abrazarlo. Me acerque a su oído y susurre.

—Te eh extrañado —él me miró con esa mirada que claramente pedía que estuviéramos solos.

—Tú no sabes lo que yo te he extrañado, me has hecho tanta falta. —iba a besarme pero su madre se colocó a mi lado.

—Cielo, deja un rato a Bella, ya luego la saludaras como se merecen pero ahora deja que abra los regalitos que le has traído —interrumpió tendiéndome la maleta rosa. Lo miré dándole a entender que no estaba de acuerdo con esto. Se encogió de hombros.

—Solo quiero verte feliz. —negué con la cabeza.

—Que hayas venido a verme me hace feliz, las cosas materiales no compensan tu presencia.

—Entonces le puedo pedir a mi madre que se lleve la maleta si así lo prefieres — ¡Maldito! Hice una mueca mirando la maleta.

—Bueno, en realidad sería muy descortés si rechazara lo que me has traído, podría echarle un vistazo —soltó una sonrisa.

—Es todo lo que pido.

El saludo entre los chicos y Edward había sido respetuoso pero cortante, solo hubo asentimientos de cabeza y saludos de manos hacia Esme. Cuando los chicos se fueron, Alec se acercó con el rostro cansado y suspirando.

—Señores, lamento informarles que la hora de la visita ya terminó. Niña, ¿es que tú tienes un ejército de personas para que te visiten? —preguntó riéndose y cruzándose de brazos. Le saqué la lengua y Edward apretó mi costado con su brazo.

—Escucha enfermero, tengo un permiso especial por dos horas para visitar a mi nov… a Bella, que me lo otorgó Carmen, ¿si la conoces, verdad? ¡Es la que te paga tu maldito sueldo! —quité su brazo de mi cintura y me puse a la par de Alec quien lo miraba con burla. Edward me desafiaba con la mirada pero no me doblegaba.

—Pídele disculpas a Alec, él no tiene por qué saber del permiso, solo estaba haciendo su trabajo —frunció su ceño y resopló negándose a abrir la boca.

—Hijo, Bella tiene razón, estás actuando como un tonto, él muchacho solo está haciendo su trabajo —él levantó las manos en un gesto de exasperación.

— ¿Es que ahora lo estás defendiendo? ¡Él debería saber de primera mano ya quien está autorizado a permanecer por más tiempo! —iba a replicarle pero la mano de Alec en mi brazo me lo impidió.

—Señor Cullen, lamento que piense que no hago bien mi trabajo, pero los permisos especiales van por escrito, usted debe traer un certificado en el cual se especifica detalladamente la situación y…

— ¡Hola! —nos dimos la vuelta por la interrupción y Kate junto a Carmen caminaban hacia nosotros. Mis ojos fueron directamente hacia Edward quien no dejaba de mirarme — No sabía que finalmente vendrías, Edward, cuando hablamos pensé que no llegabas con el tiempo —lo vi tragar grueso y negar.

— ¿Cómo estás, Esme, querida? —ambas mujeres comenzaron a hablar en un costado pero yo no les estaba prestando atención, lejos de eso mi mente estaba situada en la única frase que había dicho mi psiquiatra. ¿Desde cuándo se hablan?

—Entonces Edward, finalmente has llegado. La señorita aquí presente seguramente que está contenta —la miré y su sonrisa se desdibujo nerviosa.

—Edward, estoy esperando —le recordé volviendo mis ojos hacia él. Refunfuñó y se cruzó de brazos. Asentí. —Muy bien, adiós —me despedí dándome la vuelta no sin antes sonreírle a modo de disculpas a Alec quien me guiñó el ojo. Caminé hacia la entrada de las residencias sintiéndome desconcertada y muy enojada con la actitud de Edward. Él no tenía el puto derecho de hacer sentir mal a nadie y mucho menos a una persona como Alec.

— ¡Bella, tu maleta! —gritó Edward, me di la vuelta.

— ¡Métetela en el culo! —le grité y todos los presentes se quedaron callados. Cerré los ojos por vergüenza y salí corriendo de allí para encerrarme en mi habitación.

Di un portazo y comencé a caminar en círculos, las manos me temblaban de rabia. Era un engreído de mierda. Mi respiración comenzó a temblar porque sabía lo que vendría. Un sollozo pugnó para salir pero me contuve. Me había preparado para él, para que me viera bonita, y él solo se dedicó a hacer sentir mal a Alec que sólo me quería ver bien para recibirlos a todos. ¿Él realmente había cambiado? ¿Había dejado de ser ese chico que salía en las revistas o en la TV?

Un golpe en la puerta hizo que me parara en seco. No abrí la boca pero me puse detrás de la puerta.

—Bella, perdóname… Soy un idiota, quiero hablar contigo, cielo, solo permíteme entrar —¡Oh, mierda! Él quería entrar en mi habitación —Puedo escucharte detrás de la puerta, pero no quiero forzarte a nada, ya no más. Sólo quiero verte. —cerré los ojos tragándome el nudo en la garganta. Y abrí la puerta unos centímetros— Perdóname, perdóname por amarte tanto —susurró. Suspiré tragando saliva. Y abrí completamente dejando que pasara. Él entró y sus manos comenzaron a frotarse en sus pantalones. Lucía muy nervioso y estaba más blanco que de costumbre.

— ¿Vas a hablar?

—No sé qué decirte, me siento el más completo idiota.

—Pues lo eres, has actuado como un imbécil con Alec, no se lo merecía —le di la espalda—. Odio que seas igual al que aparece en las revistas y solía salir en los programas de chismes —lo sentí acercarse y envolverme con su brazos.

— ¡No, nunca más! ¡Jamás volveré a ser así! Haré lo que quieras, le pediré disculpas al enfermero si así lo quieres —se apresuró a decir.

—Su nombre es Alec.

—Ok, me disculpare con Alec, pero por favor, dime que me perdonas. Quiero que hablemos, que me cuentes como has estado. Cómo te está yendo, si se te hace muy difícil el tratamiento. ¿Necesitas algo? Quiero saber todo. ¿Cuánto me has extrañado? —me di la vuelta entre su brazos y él me sonreía de lado.

—Tú realmente debes ser un gran empresario si con solo unas palabras puedes convencer hasta este punto. —le di una pequeña sonrisa.

Me separé un paso de él y le hice una seña para que nos sentáramos en la cama. Tomamos asiento y la postura de Edward era claramente nerviosa. Volteó su cuerpo hacia mí y tendió su mano para que yo la tomara, insegura lo hice y él apretó mi mano.

— ¿Me harías un favor? —asentí media insegura—. ¿Podrías pararte? —pidió con cautela.

— ¿Por qué?

—No me pasó desapercibido lo que llevas puesto —estaba serio. Pero ese brillo que titilaba en sus ojos me era conocido. Me paré con las piernas temblando, poniéndome frente a él. Tragué fuerte cuando sus ojos me recorrieron de arriba hacia abajo. Él suspiró y tragó pesado—. Estas hermosa, yo… estas tan cambiada —estiró su mano y tocó el borde del vestido. — Me tienes en la misma locura. Dios… —agachó la cabeza y suspiró— Me has hecho tanta falta, nena… —se veía tan apesadumbrado. Me acerqué y levanté la mano para acariciar su cabello. Él fue levantando la cabeza, sus ojos estaban cerrados y sin querer jalé de un tirón su cabello. De sus labios emitió un gemido que me tomó por sorpresa pero lo disfruté.

Una de sus manos se posó en la parte posterior de mi muslo y me atrajo hacia él colocándome entre sus piernas. Hizo que apoyara mis manos en sus hombros besando cada muñeca.

—Tú también me has hecho falta —sus caricias empezaron a ascender sin llegar a sobrepasar los límites. Cerré los ojos imaginándome que sus manos tomaban todo lo que querían. Imaginándome que se dejaba llevar como yo quería—. Edward…

—Dime que quieres y te lo daré, haré lo que me pidas —tragué saliva cuando su rostro se restregó en mi vientre oliendo y dejando besos. Él no podía hacer eso y esperar a que yo me quedara rígida sin hacer nada. Me senté a horcajadas en él y envolví mis brazos en su cuello.

—Eh estado soñando con este momento —besó mis labios con hambre y urgencia.

Edward puso sus manos en mi espalda baja y acarició ese lugar un momento para luego meterlas por debajo de la falda y, maldición, iba demasiado deprisa. Yo no quería esto para nosotros, no ahora, pero si en un futuro, aunque definitivamente no ahora. ¡Que me caiga un puto rayo! En este momento debía parar y detener esto, pero no podía. No, no podía.

Y sin más sus manos se fueron hacia mi parte delantera, emití un gemido que silenció con su boca. Dios, me estaba volviendo loca. ¿Qué mierda estaba haciendo? Jalé su cabello y eso lo volvió frenético. Un fuerte jadeo salió de su boca, como me gustaba besarlo. Comenzaba a sentir algo duro donde nos uníamos pero aun así no me moví, sin embargo, él presionó mis caderas aún más hacia su cuerpo haciéndome sentirlo a más no poder y dejándome soltar pequeños gemidos. Me estaba desesperando, siguió haciendo lo mismo hasta que empezó a levantar sus caderas hacia arriba buscando fricción, atacando mi cuello con besos.

Sus manos estaban en mi espalda por dentro de mi vestido y las sentía bajar cada vez más hasta que rodearon mi trasero haciendo leves presiones, mientras que yo me deleitaba besándolo y frotando su pecho con mis manos. Nos estábamos fajando de lo lindo y él lo estaba disfrutando. Hacía mucho que no me sentía de esta manera, tan deseada por un hombre, sin contar al hijo de puta de Jacob, que mi cuerpo me pedía mucho más, necesitaba una liberación. Empujé a Edward sobre la cama y encajé mi centro perfectamente sobre su erección. Él se quitó el saco y tiró de su corbata de forma apresurada. Me tomó firmemente del culo y me ayudó con los movimientos. Atrás y adelante, atrás y adelante. Ambos gemíamos en busca de algún tipo de liberación. Tiré mi cabeza hacia atrás y aprovechó a besar mi cuello. Apretó mis nalgas con fuerza presionándome hacia su erección.

— ¡Oh, Bella! —me abrazó por la espalda y levantó un par de veces sus caderas.

— ¡Dios, Edward! —respondí presionándome y sintiendo como mi orgasmo me quemaba por dentro.

Nuestra respiración estaba pesada pero Edward no se detenía con sus besos en mi rostro y cuello. Mis piernas estaban adormecidas y me costaba poder acomodarme. Reuní toda la fuerza que me quedaba y levante la cabeza dejándola apoyada sobre su pecho. Su rostro estaba sereno pero con una sonrisa.

—Te debo de estar pesando y…

—Shh… déjame sentir tu peso sobre mí, es agradable —me interrumpió. Apoyé mi mejilla sobre su pecho—. No tienes idea de lo que extrañaba volver a compartir estos momentos contigo. —Levantó su mano metiéndola entre nosotros, tanteando donde estábamos firmemente juntos— No recordaba cómo se sentía que me hagas acabar en mis pantalones —no lo esperaba pero inmediatamente me ruboricé. Algo increíble.

—Lo siento, deja que busque entre mis cosas, estoy segura que tengo algunas toallas húmedas —me levanté con dificultad y miré su entrepierna, efectivamente estaba húmeda. Mire la mía y mordí mi labio inferior, también necesitaba limpiar la evidencia. Saqué de un cajón de mi guardarropa un paquete de toallas húmedas y se las tendí. Él se acomodó en la cama y se limpió.

En ese momento sentimos como tocaban la puerta.

— ¡Un momento, por favor! —Miré con terror a Edward y este solo sonreía como si se hubiera ganado el premio mayor de navidad— ¡Apresúrate! Joder —se terminó de acomodar y lo acompañe a la puerta donde me sorprendió encontrar a Kate. Agaché la mirada sintiéndome en falta con la clínica por lo que habíamos hecho.

Ella nos miró de hito en hito y aclaró su garganta, claramente incomoda. Miré a Edward y este estaba con su saco y corbata en un brazo y su cabello parecía casi haber tenido la follada de su vida.

— ¿Está todo bien? —me miró. Asentí— Muy bien, necesitamos que estén presente en una de las salas, hay algunas cosas que queremos hablar contigo Bella y es necesario que Edward esté presente.

— ¡Claro! —respondió Edward más entusiasmado que de costumbre— Vamos, amor—él tomó mi mano y me dirigió hacia donde todos nos esperaban. El rostro de Edward irradiaba felicidad cuando entramos donde todos nos esperaban. Esme de inmediato se dio cuenta de lo que pasaba y saltó de su silla de la alegría. Apreté mi mano en la de Edward y él me miró— Voy a remediar todas las lágrimas que alguna vez soltaste, ya no más llanto. De ahora en más, solo tú y yo, bebé.

No respondí, pero me aseguré de hacerle saber que creía en él. Simplemente le sonreí.


muy bieeeen... vamos a ver que me dicen y que opinan de esto... que les parece Kate?

quiero saber sus opiniones...

nos vemos pronto.

***Gis Cullen***