- ¡Akise Aru!

La mirada de Yuno se volvió filosa una vez que se encontrara con la figura del chico albino esperando frente a su hogar. ¿Qué es lo que quería de nuevo? ¿No había tenido suficiente con el intento de asesinato del otro día? Apretó los labios y lo observó con recelo, manteniendo la guardia en alto en todo momento.

Akise lucía realmente serio. La sonrisa que usualmente curvaba sus labios parecía haberse esfumado con el viento, y Yuno se preguntó porqué. Cuando él avanzó sus pasos en dirección hacia ella, Gasai retrocedió instintivamente, casi por costumbre, ya que el aura de Akise ciertamente parecía estar distante, como si él de verdad estuviera en un lugar diferente a ése. ¿Qué le habría pasado?

Abrió los ojos como platos tras descubrir que estaba preocupada por él, y desvió la mirada a un punto en el suelo, auto castigándose por pensar en su enemigo de aquella manera.

- Descuida, Gasai –como si adivinara los pensamientos de Yuno, la sonrisa de Akise regresó a su lugar, provocando un estremecimiento en la chica de cabellos rosa –, mis intenciones aquí son pacíficas… más pacíficas que el otro día. - Se descolgó la mochila del hombro, y buscó algo en ella.- Como he venido en metro, he llegado más rápidamente que tú, y hasta me sobró tiempo para ir a buscar esto – las manos de Akise sujetaban con cuidado a algo que parecía una bola de pelos blanca.

Los ojos de Yuno se abrieron con evidente sorpresa, y contempló al pequeño animalillo que movía suavemente los bigotes, manteniéndose quieto ante el trato que le brindaba el chico.

¡Era un conejo!

Yuno olvidó momentáneamente el odio que sentía hacia Akise, y se acercó a zancadas. Estiró el brazo y acarició la cabeza del animal con una sonrisa en los labios, una de esas que provocaban que el corazón de Aru se estremeciera y lo obligara a desviar la mirada.

- ¡Qué lindo! –exclamó dejando a un lado cualquier sentimiento belicoso que podría tener contra Akise, y rascó al conejo tras las orejas.

- Puedes tenerlo, lo he traído para ti –afirmó él tendiéndoselo-. Descuida, no lo veas como un regalo mío, puedes olvidar que fui yo quien te lo ha dado.

Yuno parpadeó y sus ojos se encontraron con los de Akise.

- Te sientes sola, ¿Verdad? Quizás tenerlo resulte algo de ayuda.

Ella, contemplándolo con desconfianza, tomó al pequeño animal sin ser capaz de mencionar ni siquiera un "gracias", pero no porque no quisiera, sino porque sentía un nudo en la garganta que le impedía formular palabra alguna. Akise ladeó un poco la cabeza, y volvió a colgarse la mochila del hombro, observando cómo el conejo se mantenía tranquilo, incluso en las manos de Yuno.

- Bien, entonces mi trabajo aquí ya ha terminado –informó sin borrar la sonrisa de su rostro, y dirigiéndose más bien a sí mismo-. Que tengas buena suerte, Gasai.

El chico le dio la espalda y guardó las manos en los bolsillos de su chaqueta, avanzando en dirección hacia su hogar, y dejando a Yuno sin decir absolutamente nada, ni siquiera luego de que ésta percatara de que el chico podría estar despidiéndose para siempre, dejándola con un enorme sentimiento de inquietud en el pecho.


Capítulo 7: La sombra de la rivalidad.


- Efectivamente, mis investigaciones concluyen que el chico, Akise Aru, tiene sentimientos hacia Gasai Yuno –informó Ai dejando una pila de papeles sobre la mesa, junto a la que se encontraban sentadas ella y Tsubaki, al tiempo que Orin se encargaba de servir un poco de té.

En los ojos de Ai brillaba la preocupación, porque le molestaba la idea de que su amiga no pudiera ser correspondida, sobretodo porque ella había lucido tan feliz el día que les confesó el amor que sentía hacia Akise Aru, el joven más inteligente del instituto, quien la había ayudado luego de caer de las escaleras.

Orin tendió una taza llena a Tsubaki, quien la tomó con cuidado y se la llevó a los labios, luciendo bastante tranquila a pesar de las palabras de Ai, como si estuviera segura de que ése sería el problema mínimo de todo.

- No te preocupes, Ai, me encuentro completamente bien con esto. No necesito que investigues a Akise Aru sólo por mi –afirmó ella posando la mirada sobre algún lugar hacia el frente.

- No es sólo preocupación porque tus sentimientos sean correspondidos –replicó Ai frunciendo el ceño- ¡Necesitaba saber si él era una buena persona para ti! Ya has sufrido suficiente para que venga alguien más y te lastime de nueva cuenta…

- Estoy bien- Tsubaki se acabó el contenido de la taza en un par de tragos y la dejó sobre la mesa-. Además, Gasai Yuno parece detestar a Akise, por lo que ella sería un problema menor. Lo único que tengo que hacer es desviar la atención de Akise hacia mí, y listo.

- Eso será fácil –intervino Orin- Después de todo, usted es una chica preciosa, señorita Tsubaki, más hermosa incluso que Gasai Yuno.

- No creo que sea tan fácil –mencionó Ai un tanto dudosa-, después de todo, Gasai no sólo es bonita e inteligente: También posee una familia prestigiosa, dueña de una importante cadena de bancos, y por supuesto, mucho dinero. No me sorprende que el joven Akise se haya enamorado de ella con todas esas cualidades.

- Pero hay algo que Gasai no tiene –replicó Orin-: El carisma de la señorita Tsubaki. Con ello, estoy segura de que Akise Aru no tardará en enamorarse de ella.

- Opino que esta charla no tiene ningún sentido–Tsubaki sonrió con suavidad-. Agradezco mucho que se preocupen por mí, chicas, pero estaré bien. Comprendo que temen que acabe sufriendo injustamente, pero debo admitir que estoy preparada para lo que se venga, y si sufriré, he de hacerlo, porque no puedo remediar este sentimiento.

Ella se incorporó con cuidado, y se introdujo a su habitación, la cual no quedaba lejos, así que no requería de ayuda para llegar hasta allí. Orin y Ai la observaron preocupadas, como si temieran que el cuerpo de Tsubaki acabara rompiéndose como el cristal. Orin hizo el ademán de levantarse para ir a ayudarla, pero permaneció quieta luego de recibir la mirada de Ai.

- ¿Crees que de verdad estará bien? –preguntó Ai frunciendo el ceño, una vez que la puerta de la habitación de Tsubaki se hubiera cerrado tras ella.

- Lo que creo es que nos estamos preocupando demasiado –dijo Orin comiéndose un pocky – Ella sólo está enamorada, no enferma.

- Ya, pero…-Ai suspiró con pesadez- Ella ya ha sufrido demasiado: sus padres están inmersos en una secta que les impide tomar contacto con su hija, y para el colmo, su visión no es buena. Ha sido la burla de los niños desde que tiene memoria, porque siempre tropezaba con algo y caía, lastimándose, y los demás jamás se atrevían a ayudarla. Sólo la señalaban y reían, y nunca estaban dispuestos a tenderle una mano amiga.

- Eso fue antes de conocernos –Orin sonrió, recordando.

- Exacto –Ai también sonrió-. Akise Aru no se ha reído de ella luego de que se cayera por las escaleras, y ha sido muy gentil. Eso, sumando también que es un chico muy atractivo, provocó que Tsubaki acabara enamorándose. Por eso es que quiero que ella sea feliz a su lado.

- ¿Y por eso lo sigues a escondidas? –Los ojos de Orin se posaron con curiosidad sobre la pila de papeles que Ai había dejado allí.

- Si Akise puede hacer feliz a Tsubaki, estoy dispuesta a realizar lo que sea para que él se fije en ella. ¡Es nuestra amiga, y debemos apoyarla!


Uryuu Minene lucía una peluca completamente nueva, y ropa que sólo una persona de mucho dinero podría conseguir, pero a Akise no parecía importarle en lo más mínimo, ya que se encontraba bebiendo la malteada que había ordenado, con la mirada perdida en algún punto dentro del vacío.

Minene parecía algo molesta porque el chico no había mencionado nada acerca del cambio radical que había hecho a su apariencia, pero recordar algo la hizo cambiar completamente de expresión, dibujando una sonrisa ladina cargada de burla.

- Nunca imaginé que un mocoso como tú se hubiera fijado en aquella chiquilla, aunque no sé porqué me sorprende: Los locos siempre estarán locos ¿Verdad?

Akise no pareció escucharla, ya que su rostro permaneció con la misma expresión perdida, provocando que la terrorista elaborara un puchero mientras el enfado regresaba. Detestaba que la ignoraran.

- ¡Oe! ¡Te estoy hablando! –agitó la mano para llamar su atención, y Akise apenas posó la mirada en ella, casi de mala gana. Minene apretó los dientes y se cruzó de brazos antes de chasquear la lengua.- ¿Y bien? ¿Para qué me has citado a este lugar?

Akise depositó el vaso de malteada sobre la mesa, sin sonreír como usualmente lo hacía, y se inclinó en busca de algo. Pocos momentos después, depositó sobre el escritorio una mochila nueva.

- Aquí está el resto de lo acordado. Gracias por tus servicios.

Minene abrió los ojos como platos, y sus dedos apresaron rápidamente la mochila, como si temiera que alguien más la tomara antes que ella lo hiciera. La abrió un poco, lo suficiente para que sus ojos se encontraran con una cantidad inmensa de dinero en ella, y luego la rodeó con los brazos, de una forma casi posesiva.

- Me sorprende que todavía quieras pagarme, a pesar de que no he hecho absolutamente nada por ti.-soltó observándolo dudosa.

- Has hecho suficiente, y además, siempre cumplo mis promesas –afirmó Akise con calma, regresando a su malteada.

Minene lo observó con recelo, recordando de pronto que ella misma había dejado completamente de lado la misión que se había propuesto en cumplir: Descubrir de dónde había sacado aquél niño todo el dinero con el que le había pagado, ya que, por lo que había visto, su familia tan sólo pertenecía a la clase media, por lo que semejante cantidad de dinero en manos de un crío como él era algo…

- ¿Algún día me dirás tu secreto? –preguntó Minene sonriendo de nueva cuenta. Akise arqueó las cejas, requiriendo una explicación para tal pregunta.- Es decir, ¿Cómo le haces para conseguir todo esto? –señaló con el dedo la mochila, indicando que se refería a la inmensa suma que había dentro.

- Ya lo he dicho: No estoy involucrado en actividades ilícitas, si es lo que crees.

- ¿Entonces cómo rayos lo haces? Por más que lo pienso, y pienso, no consigo descifrar…

- Te daré una pista –dijo Akise con calma-: Soy un detective, sólo cumplo con mi deber.

- ¿¡Cómo crees que esa clase de cosas me-!? –Minene calló de pronto, deteniéndose a pensar detenidamente, y sobresaltándose tras hallar la respuesta- ¡No me digas que tú…!

- Exacto –Akise finalmente sonrió, dejando su vaso ya vacío a un lado- Me dedico a brindar información esencial sobre criminales a la policía.

- ¡No bromees!-replicó Minene inmediatamente, señalándolo con un dedo acusador- ¡Es imposible que den semejante cantidad de dinero a un enano como tú!

- Lo que digo es verdad –Akise lucía tan calmado como siempre- Y por supuesto que me otorgan esa suma… O bueno, no precisamente a mí, sino a mis padres.

- ¿A tus padres? –La terrorista relajó su expresión, pero luego volvió a mostrarse escéptica.- Sí, por supuesto, estoy segura de que ellos estarían encantadísimos de recibir el dinero, ¿Pero cómo logras quedarte con él? Lo más seguro (y lo que cualquier padre normal haría) es que jamás permitirían que un enano de circo como tú guardara todos esos billetes, y aunque lo hicieran, ¿No estarían controlándote para saber en qué lo gastas? ¿Y qué sucedería si un día descubren que todo el dinero ganado en recompensas ha desaparecido así como si nada?

- Mis padres tienen la idea de que lo estoy ahorrando yo mismo para mi matrícula de la universidad –declaró Akise- Si descubren que no lo tengo en la habitación, simplemente les diré que lo oculto en algún rincón que sólo yo conozco por seguridad ya que es una suma descomunal, y que no puedo revelárselos porque resultaría peligroso, no sólo para mí mismo, sino para ellos.-cruzó los dedos con suficiencia y una sonrisa suave en el rostro- Pero si logran descubrir esa mentira, supongo que puedo darme por acabado.

- Y lo dices tan tranquilo –Minene no era capaz de asimilar que un chico como él tuviera la habilidad de descubrir criminales y delatarlos a la policía-. Si es verdad, entonces ¿No deberías estar preocupándote? Estoy segura de que los yakuza le habrán puesto un precio exorbitante a tu cabeza, y más teniendo en cuenta de que ellos tienen conexión directa con la policía.

Akise mantuvo intacta la sonrisa de su rostro, pero no mencionó nada al respecto. Estaba muy entretenido jugueteando con una servilleta de papel.

- Aún así, no me creo que un niño como tú sea capaz de hacer proezas como ésa.

- Por supuesto que no siempre consigo recabar información con éxito. He tenido más fallos que victorias- informó Akise- ¿Satisfecha?

Minene todavía se mostraba escéptica, pero no mencionó nada más. Simplemente se limitó a comer el pastelillo que había ordenado, y a verlo con recelo. Akise se mostraba tan distante, y tan perdido en sus pensamientos, que no podía evitar preocuparse por él, incluso a pesar de que siempre había sido un chico un tanto rarillo.

Ella se sobresaltó ligeramente al notar que al final había acabado tomándole cariño a aquél mocoso, y se llevó una mano a la cabeza, rascándose un poco ya que la peluca ciertamente molestaba.

- ¿Por qué tuviste que fijarte en esa chiquilla, de todas formas? –Soltó ella repentinamente entre dientes- Está loca, deberías olvidarla.

- Es lo que trato de hacer –mencionó Akise- Pero no puedo hacer otra cosa más que preocuparme por ella y su bienestar mental y emocional. –Apoyó el rostro sobre el dorso de la mano, con una mirada indiferente- Comprendo que lo mejor que puedo hacer es dejarla marcharse, ya que sus sentimientos hacia Yukiteru probablemente permanecerán hasta el final.

- E-Espera un momento: ¿A ella le gusta ese mocoso al que desaparecí del planeta? –saltó Minene, notando que eso no lo sabía.

- Los dos eran pareja. Luego de la muerte de Yukiteru, quedó tan devastada, que bloqueó algunas de sus memorias y actuó como si él todavía viviera.

- ¿Actuar como si él viviera? Me temo que no te entiendo.

- Enviaba mensajes a un número de celular inexistente, o más bien, al número que perteneciera, en vida, a Yukiteru. Actuaba como si él respondiera esos mensajes… y en ocasiones, hasta lo llamaba a pesar de que del otro lado no habría nada o no le respondería nadie. Si no me equivoco, también planea marcharse a Hokkaido, y se matriculará allí, a la misma secundaria donde, se supone, debe estar Yukiteru. Siendo sincero, no logro imaginarme con exactitud lo que haría una vez que esté allí, pero siempre y cuando mantenga mis notas en el primer lugar, supongo que no debo preocuparme mucho por eso.

Minene lo observó embobada, asimilando tan sólo una parte de lo que acababa de oír, pero no hizo más preguntas al respecto porque ella misma estaba tratando de unir algunos cuantos cabos sueltos con la información que acababa de recibir. Por alguna razón (y le sorprendía, en verdad), Akise estaba más dispuesto a brindar datos que de costumbre. ¿Era esa su manera de despedirse? Después de todo, él estaba cerrando el trato tras darle el resto de lo acordado al principio de todo.

- Bueno, desde el principio, ella me pareció un poco ida, pero admito que no sabía que más que ida, de verdad estaba demente –dijo Minene antes de terminar de devorarse el pastelillo-, por eso no me sorprende del todo.

Akise ladeó distraídamente la cabeza, dando a entender que la había escuchado a pesar de que su mirada se encontraba perdida.

- Oe, no pensaba decirte esto, pero me molesta la actitud que estás manteniendo. ¿Qué es lo que tramas?

- ¿Actitud? ¿Cómo cual?

- La que estás teniendo justo ahora, como si estuvieras desconectado de todo. ¿De verdad te encuentras bien?

- Descuida –Akise volvió a sonreír y se incorporó- Es sólo que estaba pensando en algunas cuantas cosas, nada de qué preocuparse.-Agitó la mano en un ademán que le restaba importancia, y suspiró.- Bien, hasta aquí hemos llegado. Ha sido un placer trabajar con usted, señorita.

El chico inclinó un poco la cabeza en una breve reverencia, y estuvo a punto de pasar por el lado de Minene, cuando ésta lo detuvo agarrando su chaqueta. Él detuvo el paso, dispuesto a escuchar sin necesidad de mirarla.

- Una cosa más: Ya no estaré aquí para protegerte, así que lo mejor será que tengas cuidado de esa chica, Gasai. No cometas una locura y hagas que te mate, ¿De acuerdo? –Lo soltó con cuidado, y sonrió.- Ha sido un placer trabajar para ti, chaval.


El salón estaba tan silencioso, que el sonido de los lápices al escribir sobre el papel, además de la respiración de los alumnos, era lo único audible. El examen más importante del año mantenía a todos los estudiantes tan concentrados en sus hojas, que el profesor ni siquiera se tomaba la molestia en ponerse a recorrer el salón en busca de aquellos que quisieran pasarse de listos copiando.

Yuno estaba sonriendo, notando que ella se sabía a la perfección las respuestas a todas las preguntas planteadas en el examen, y se sentía tan confiada, que no pudo evitar echar un vistazo a Akise, quien se encontraba a un par de mesas a la izquierda, con los ojos clavados sobre el examen, y con el lápiz sobre éste, posiblemente examinándolo. Gasai se mordió el labio inferior un poco inquieta, con ganas de incorporarse y acercarse a él para preguntar qué sucedía.

En los últimos días, desde el que el chico le hubiera dado aquél conejo, se había comportado muy distante, casi como si se tratara de otra persona. Por ejemplo, en el receso, él normalmente permanecía frente a la puerta del salón escribiendo cosas en la libreta que siempre llevaba consigo, y le sonreiría al verla pasar, pero en esos días, él no había hecho otra cosa más que subir a la azotea, y contemplar el patio desde allí. Tampoco sonreía mucho, y estaba más distraído que de costumbre.

Usualmente, tras sentir la mirada de Yuno sobre él, Akise le devolvería la mirada y le sonreiría de forma confiada, como siempre, provocando en ella un estremecimiento, y una oleada de enfado revolviéndole el estómago, pero ahora la atención del chico estaba centrada sobre aquél papel que reposaba sobre la superficie de la mesa.

Luego de que los exámenes hubieran dado término, los estudiantes tenían una hora de descanso para reponer sus fuerzas y liberarse de la presión de tan sólo momentos antes, para después regresar a sus salones y continuar con las clases correspondientes. Yuno pensó en aprovechar aquél tiempo para acercarse al albino, pero para su disgusto, no lo vio por ninguna parte.

Le sería imposible conversar con él sino hasta que las clases dieran término, y para empeorar su suerte, ese día le tocaba la limpieza del salón, sin embargo, una oportunidad brilló para ella luego de que el profesor solicitara la presencia de Akise en el salón de profesores en esa misma hora.

Yuno sonrió dispuesta a alcanzarlo entonces, pero luego notó algo: ¿Por qué estaba tan emocionada ante la idea de intercambiar palabras con Akise? Lo peor de todo es que se sentía frustrada porque él parecía estar ignorándola todos esos días. ¿Por qué esos sentimientos y esos deseos estaban surgiendo tan repentinamente en su pecho? ¿Qué le estaba ocurriendo?

¡Eso no era bueno!

Tras el fin de las clases, y luego de que la hora de la limpieza hubiera acabado, Yuno corrió por los pasillos esperando a que Akise continuara en el salón de profesores, maldiciéndose a sí misma por todo y por lo que estaría por hacer, pero algo la detuvo de pronto.

Las luces estaban apagadas, pero de igual manera, gracias a los rayos del atardecer que se colaban a través de las ventanas de vidrio, Yuno pudo ver a Akise y Tsubaki besándose.


Nota: ¡Hola! ¡Muchas gracias, mis queridos lectores, por su paciencia! Estoy feliz de saber que hay personas que me leen cada martes ¡Eso me motiva a continuar publicando los capítulos de este fanfic! (el que ya he terminado, pero no pienso darles detalles sobre qué sucederá: ¡tendrán que averiguarlo por ustedes mismos!).

Uuy, ahora la situación se ha puesto fea, al parecer. ¿Qué estará pasando por la cabeza de Akise? Yuno claramente está, finalmente, comenzando a sentir algo por él, ¿Pero qué ocurrirá ahora tras ver lo que acaba de aparecer frente a sus ojos? ¿Qué ocurrirá con Minene? ¿Y por qué Tsubaki y Akise estaban en esa situación?

Todo eso, y más, lo sabrán en el siguiente capítulo /o/

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