2002.–
Beso.
Septiembre…. Y ya era oficial. Había conocido al chico de mis sueños.
Y no era Edward.
Era Jacob Black.
Del último año escolar. Guapo. Moreno. De ojos castaños. Dueño de un musculoso cuerpo. Alto. Cabello corto. Jugador del equipo de básquetbol del colegio.
Ahora entendía a lo que se referían Lauren y Jesica cuando hablaban de los chicos mayores. Ellos tenían de cierta forma más atención en las chicas. Se dedicaban a elogiarlas, se adelantaban para abrirles las puertas, o le movían la silla no para que se cayeran –como lo hacían mis compañeros hasta el día de hoy– sino para que se sentaran cómodas. No hablaban de los dibujos animados, ni de las cartas Pókemon o Yugioh, sino de lo que deseaban estudiar cuando mayores, de los planes del futuro, de lo lindo que sería tener a una chica tan linda como tú en aquellas idílicas suposiciones.
Nunca me había dado cuenta de la existencia de Jacob Black en el colegio. Sería porque no me interesaba el deporte, y decidía pasar el tiempo con mi pequeño grupo de amigos. El único deporte que veía en vivo y en directo era el fútbol, y solamente si Edward jugaba.
Bastó una invitación al museo de la ciudad, invitación que se les hizo a cinco personas por curso en el colegio, de las cuales yo fui una de las escogidas junto a Jacob, representando a su salón. Edward no asistió porque se enfermó y estuvo ausente esa semana, por lo que me sentaron al lado de Jacob en el trayecto que realizamos en el bus y conversamos toda la ida y toda la vuelta del paseo.
Su sonrisa, su timbre de voz más grave, las atenciones caballerosas, el no tener vergüenza por aquello, me cautivaron enormemente, y supuse que era tiempo de dejar de pensar en mi mejor amigo como el chico que me gustaba. Desde los seis años le veía de ese modo, ya teníamos once, y nunca nos habíamos besado o algo por el estilo. No valía la pena seguir con la misma rutina.
Supongo que mi decisión no fue tan difícil, porque desde principios de este año escolar, en marzo, Edward se mostró interesado por algunas de nuestras compañeras de curso. Un día llegó declarando a los cuatro vientos que le gustaba Jesica, y a pesar de que en aquel momento me dolió un poco, porque seguía queriéndolo de manera especial, con el tiempo me fui convirtiendo en su Cupido. Trataba de ayudarle en todo lo que me fuese posible.
Le ayudaba a escribir versos bonitos y que rimasen, y en más de alguna ocasión, me probaba algún anillo de fantasía, el cual sería obsequiado al otro día a una de mis compañeras de curso. Con la única persona que no le ayudé fue con Ángela, y era porque a ella le gustaba mucho Ben, y a él también ella. Pero ambos eran tan tímidos que ninguno se decidía a declararse. Yo pensé que así terminaríamos Edward y yo, hasta que él cambió nuevamente de actitud, y yo conocí a Jacob.
Tal vez las revistas de Lauren tengan razón, el destino nos tiene prevista una persona, y esa no debe de ser la primera que te guste, no puedes aferrarte a una sola persona, cuando tienes millones a tu alrededor, recitaba casi de memoria.
Un día de octubre, nos juntamos en mi casa a terminar un trabajo de a parejas que teníamos pendiente en la clase de Naturaleza. Era de suponer que terminaríamos trabajando juntos, e inconscientemente, ya no me sentía tan a gusto con su compañía.
Cada uno escribía una cantidad de respuestas frente al problema que nos presentaba la página cuarenta y cinco del libro de ciencias, todo era en silencio. Comprobábamos si nuestros conocimientos estaban adecuados a la pregunta, y ahí recién traspasábamos lo escrito al computador.
La musiquita de mi celular comenzó a sentirse en el living. Dejé de traspasar lo escrito por Edward y corrí a contestar, antes de que la comunicación se cortase. Edward me desaprobó con su mirada, cómo no iba a conocerlo…
–¿Diga? –ni siquiera me di el tiempo de ver en la pantalla quién llamaba.
–Hola Bella.
–¡Ah! Hola Jess. Dime, ¿qué deseas?
–Estoy junto a Lauren, estamos comunicándonos con las compañeras del curso.
–¿Y para qué sería?
–Hoy queremos juntarnos para jugar a La Botellita.
–¿Juntarse a jugar la botellita?
–¡Bella, tenemos que terminar el trabajo! –me retaba Edward desde el comedor de mi casa.
–Ya voy, Edward –le respondía enojada, tapando con mis manos el celular.
–¿Estás ahí, Bella?
–Si Jess, estoy aquí, ¿en dónde nos juntamos?
–En la placita que está cerca del colegio, a las seis. Invita a Ángela también. Nos vemos.
–Hasta luego Jess –llevé conmigo el celular, y lo dejé en la mesa. Edward ya estaba escribiendo mis respuestas en el computador–. Yo sigo –miré la hora en el reloj, eran las cuatro y media de la tarde.
–¿Terminaste de hacer vida social? –escuché como respuesta, él siguió mirando la hoja y las teclas del computador.
–Era solamente una llamada, no tienes por qué ponerte así.
–Deberías de preocuparte más por el trabajo de Naturaleza, después del intercambio de saliva con los chicos.
Abrí la boca para responderle algo, pero me enojó tanto la manera en que me habló, que todas mis ideas para contraatacarle se congelaron, y preferí rechinar los dientes, guardar las cosas que no estábamos ocupando en la mesa y suspirar con fastidio.
¿Qué clase de rabieta era la que le había dado a Edward Cullen? No podía entenderle, ¡chicos!
La media hora que faltaba para las cinco de la tarde se convirtió en los treinta minutos más aburridos de mi vida. Sentir a Edward bufar, y ver su mirada de fastidio a través del brillo de la pantalla no ayudó demasiado. Había dibujado una gran cantidad de garabatos en la hoja del cuaderno, cuando la bocina del automóvil de Edward atravesó el silencio sepulcral que teníamos los dos.
Caminé hacia la puerta y la abrí, encontrándome a Emmett que sonreía campante, como siempre. Le sonreí, aunque sin mostrarle mis dientes.
–Hola Bells, ¿todo bien?
–Hola Em, todo bien. Pasa, Edward y yo ya estamos terminando –me corrí un poco para que él pasase primero a mi casa, mas él movió su cabeza negativamente y a un modo de reverencia, bajó su cabeza, haciéndome entender que yo debía de pasar primero. Ahí estaba la diferencia entre Edward y Emmett, se notaba a leguas la madurez del primero. Otro punto a favor para los chicos mayores.
Jacob apareció en mi memoria nuevamente, y sonreí.
Ambos hermanos se fueron, y estaría casi segura que Emmett tenía intensiones de intervenir, como años anteriores en la relación que teníamos mi compañero de banco y yo, pero al parecer, él mismo desistió de su idea. El reloj ahora marcaba las cinco y veinte minutos. Corrí a mi habitación y tiré toda mi ropa a la cama. Buscaba la mejor combinación, pero encontraba que todo se veía mal, cuando me observaba en el espejo, nerviosa.
Recién ahora me entraba un escalofrío por mi cuerpo, sería la primera vez que jugaría a la botellita, y posiblemente, la primera vez que daría un beso a un chico. ¿Y si compañeros de curso jugaban? Sería realmente vergonzoso, a la mayoría de ellos los veo como hermanos. Peor aún, ¿y si Jacob también jugaba? Lauren y Jessica eran populares, a pesar de tener mi edad, y estaba segura que fácilmente podrían convencer a los chicos mayores a jugar con nosotras.
Por mucho tiempo creí que mi primer beso sería con Edward. Pasábamos tanto tiempo juntos, que en un momento de nuestras vidas nos molestaron con que éramos novios, cosa que nunca ocurrió. Y nuestros compañeros no eran los únicos, algunos profesores también se burlaban de nuestra cercanía.
Sacudí mi cabeza para sacar toda idea pasada. No me gusta más Edward, no me gusta más Edward, no me gusta más Edward, repetía, cambiándome de ropa.
Ángela me vino a buscar, y juntas llegamos a la placita. Había un grupo pequeño, no seríamos más de diez en el juego. Lauren nos saludó con un beso en la mejilla, y nos presentó a algunos compañeros de Jacob, él no vendría a jugar porque tenía práctica especial de básquetbol.
–Bella, Ángela, les presento a Embry, Quil, Seth, Sam, Jane y Alec –los iba nombrando. Todos ellos sonreían con alegría cuando escuchaban sus nombres, ya estaban sentados en el piso, formando un círculo. Nos hicieron espacio, al tiempo que Jessica nos explicaba que ningún otro compañero vendría a jugar, porque no habían terminado el trabajo de ciencias.
–Bueno chicos, todos saben las reglas, una persona hará girar la botellita, y la persona que sea apuntada con la boca de esta, tendrá que escoger qué es lo que quiere besar. Hay cinco opciones, la primera es un beso en la mano, la segunda, beso en la mejilla, la tercera, beso en la comisura de los labios, la cuarta, beso en la boca, y la quinta, beso en la boca y con lengua incluida –escuché la última opción. Era obvio que no la iba a escoger, nunca había besado, y no quería quedar en ridículo, no me importaba quedar como la aburrida del juego–. Si por algún motivo se da el hecho de que dos chicos o dos chicas tengan que hacer la prueba, la persona que fue escogida por la botella, debe de girarla, y así sucesivamente. ¿Están todos listos?
–¡Sí! –gritaron muy divertidos todos. Comencé a morderme el labio. Alec giró la botella, y esta dio muchas vueltas. Poco a poco se fue deteniendo, y apuntó a Jane. Ella sonrió abiertamente, y exigió automáticamente la última opción. Su beso fue tan dramático que mi pulso se aceleró, y supuse que estaba roja como un tomate, ya que Ángela tenía ese mismo tono en su rostro, y se abanicaba con su mano. Jane giró la botella, y esta escogió a Quil. Él pidió lo mismo que Jane, y estuvieron otro rato besándose.
–Supongo que ellos están acostumbrados a este juego, son mayores –me susurraba Ángela.
Fue el turno de Alec, y la botella se estacionó al frente de Embry. Todos nos reímos, pero como se había quedado establecido en las reglas, nada de lesbianismo u homosexualismo, Embry giró la botella y esta apuntó a mí.
¡A mí!
–Beso… en la mano –dije casi inaudiblemente. Jess y Lauren se aguantaron la risa, Ángela me acarició el hombro y Jane me observaba interesada. Embry se alzó de hombros y posó sus labios con total caballerosidad en mi mano. Su tacto se sintió bien.
Luego de una hora jugando, y atreviéndome a dar besos en la mejilla solamente, me tocó el turno de girar la botella otra vez, y la boquilla apuntó a Seth.
–Beso en los labios –pidió riendo.
–Tú puedes –me alentó Ángela. A la pobre le pidieron beso en la boca con lengua, y al no atreverse, besó alrededor de seis veces a Sam–, es un piquito, nada más –ella tampoco había besado, tan malo no sería, era un piquito.
Seth se fue acercando más y más, hasta que nuestras narices chocaron. Quise retroceder, pero el mismo nerviosismo me dejó quieta, y reaccioné cuando sentí los labios húmedos de Seth en los míos. Los presionó por un instante, parecía bastante concentrado. No tuve el tiempo siquiera de cerrar los ojos cuando él ya estaba separándose de mí.
Mi corazón latió con rapidez, sentía mis mejillas tibias, por la vergüenza, pero nada más allá de eso…
Otra media hora más de juego y era escogida para voltear la botella. Fue Sam el seleccionado. Este se mojó los labios con su lengua y dejó en claro que quería la última opción. Siempre pedía la misma, ya había besado a Ángela, Jess, Lauren y qué decir de Jane, con la cual prácticamente se revolcaba en el piso.
Me tensé otra vez cuando se fue acercando a mí. Ahora tendría un beso real. Con todo incluido. Mi corazón latió con más fuerza, la sonrisa de Sam cada vez era más cercana…
–¡Bella tu mamá! –gritó Ángela. Todos nos separamos producto del susto.
–No Ángela, no es mi madre –corroboré, al comprobar que la señora que se aparecía por aquel sitio, no era más que alguien de similitud física.
–Será mejor que dejemos el juego hasta aquí nomás, ya es algo tarde –propuso mi amiga.
–Pero si recién son las siete y media de la noche –se quejaba Quil, estirándose.
–Igual ustedes son mayores –reiteró Ángela.
–Tiene razón, otro día jugamos –me puse de pie, dispuesta a correr lo más antes posible de aquel lugar.
–Que no se te olvide Bella, tenemos algo pendiente –acotó Sam, moviendo sus cejas al mismo compás, cuando ya comenzábamos a caminar hacia nuestra casa.
La mitad del camino fue en silencio. Sentía a Ángela suspirar de vez en cuando, mas no tenía ganas de iniciar una conversación, hasta que ella habló.
–¿Bells?
–¿Si?
–¿Qué te pareció el juego?
–Hum… sí, estuvo bueno –ella se quedó callada–, pensé que no querrías jugar a esto de la botellita, ya que te gusta Ben y…
–Me gusta y mucho, y lo bonito fue que él me dio mi primer beso –respondió, feliz.
–¿Tú y él ya se besaron? ¿Por qué no me habías dicho? ¿Cuándo ocurrió? ¿Por qué jugaste entonces? –le abordé de preguntas.
–Nos besamos hace una semana atrás, no te lo había mencionado aun porque no se había dado la oportunidad, y como nos besamos y no me pidió que fuese su novia, supongo que no significo demasiado para él.
–No creo que Ben piense aquello. Se nota que tú le gustas. Yo no habría jugado en tu lugar.
–Yo pensé que tú no jugarías, Bella –concluyó cuando llegamos a la puerta de mi casa.
–¿Por qué no debería de haber jugado, según tú?
–Pues, porque a ti te gusta Edward, y no sé, tal vez ibas a esperar a que él te diera tu primer beso. Un primer beso, un beso real, cuando cierras los ojitos, y quieres levantar uno de tus pies, como lo hacen las princesas. Como me ocurrió a mí con Ben.
–Ángela, creo que no te has dado cuenta de cómo se comporta Edward en la sala de clases, prácticamente le han gustado todas las chicas del salón.
–Menos tú.
–Porque yo soy como su hermana.
–Pero no lo eres.
–Soy su mejor amiga.
–Pero eres chica.
–Adiós Ángela –me despedí de ella, adentrándome a mi casa.
–¡Espera, Bells! –me giré para verla.
–Yo sabía que la persona que hoy pasó mientras jugábamos no era tu madre. Lo dije para que todos se desconcentraran, y de cierta forma, parásemos el juego.
–¿Qué me estás tratando de decir entonces?
–Hasta mañana, Bells –respondió, marchando a su casa.
La melodía de mi celular se hacía insoportable, por lo que busqué el aparato entre las sábanas. Me avisaba que había un mensaje de texto sin leer, me rasqué los ojos para quitarme el sueño, al paso que veía la hora en el reloj del velador. Las once y media de la noche, buen momento para enviar mensajes. Ahora no podría volver a dormirme en horas.
–¿Podrías salir a la calle, un momento? –decía el mensaje. El remitente era Edward. Me asomé por la ventana y allí lo vi.
Pasé por el cuarto de mis padres, quienes dormían tranquilamente, por el cuarto de mi pequeña hermana Alice y bajé las escaleras con cuidado.
–¿Qué haces a estas horas de la noche aquí, solo? –le dije retándolo.
–No estoy solo, Emmett se encuentra estacionando el auto a una cuadra de aquí.
–Pero sigues sin responderme que qué haces aquí.
–Primero quería pedirte disculpas por haber estado enojado toda la tarde contigo.
–Pero habrías esperado a mañana, no me iba a morir si no hubieses venido, ya hemos estado disgustados por más tiempo.
–Ángela me llamó también…
–Ángela –murmuré, mientras mis manos se empuñaron–, ¿y qué te dijo?
–Que te besaste con un chico mayor.
–No fue un beso, fue solamente un piquito. Casi me beso con otro chico, pero fue ella misma la que interrumpió el juego.
–De todas formas, ese fue tu primer beso.
–Supongo –asentí, sin mucha convicción.
–¿Me dejas intentar algo? –preguntó luego de un silencio.
–Claro –Edward se fue acercando, y en aquel instante, comprendí sus intensiones.
Nuestros rostros estaban muy juntos, al punto de respirar el aire que exhalaba de su nariz. Inconscientemente mi lengua mojó un poco mis labios, entreabriéndolos, y cerré los ojos cuando sentí su boca unida a la mía.
No supe cuánto tiempo transcurrió. Solamente sabía que se sentía realmente bien, porque sus labios me hacían tener cosquillas por todas partes, y mi pierna derecha se elevaba tal cual princesa de Disney.
–Creo que este es mi primer beso, el beso verdadero… el verdadero.
–¿Qué dices, Bella?
–El verdadero…
–Deja de repetir eso, cariño, ya es hora de que te intentes desamarrar del nudo en que estás con las sábanas.
Abrí los ojos y la luz del sol que entraba por mi ventana, me hizo cerrarlos con fuerza. Estaba en mi cama, enrollada con las sábanas, chascona, con pijama.
Me senté con rapidez, y busqué mi celular entre mis almohadas.
No había ningún mensaje de Edward, todo había sido un sueño.
Al atrasarme en el baño, me fui con mi madre en el automóvil al colegio. Ángela me esperaba en la entrada de la escuela, con una cara que no supe interpretar.
–Hola Bells, ¿me acompañas al baño?
–Sí… vamos –era extraño, porque Ángela nunca iba al baño del colegio.
–¿Me acompañas a comprar algo en el negocio?
–¿No será muy temprano? Vamos al salón, ya pronto se iniciarán las clases.
–¡No! Aun no vayamos para allá. Acompáñame a la biblioteca a dejar el libro de cuentos grecolatinos.
–Pero si lo entregamos ayer, recuérdalo –objeté, dirigiéndome a la sala. Ella caminó a mi lado. Cuando entré, me di cuenta del por qué no quería que entrase tan pronto, Edward se estaba prácticamente 'comiendo' la boca de Victoria, mientras los demás compañeros alentaban con ruidos.
–¡Apuesto que no adivinas quienes son novios! –gritaba entretenida Jess.
–Supongo que ellos dos, felicidades –deseé, y me dirigí a mi puesto de siempre.
Ya había olvidado a Edward. Tenía tan solamente once años, y toda una vida por recorrer.
Ayer había dado mi primer beso, y no había sido con él. Él tenía novia, y no era yo. A mí me gustaba Jacob, que no era Edward, Edward estaba con Victoria, que no era yo.
¿Qué más pruebas necesitaba para darme cuenta que los dos no estábamos para que fuésemos algo más que amigos?
Las clases terminaron y Jacob estaba en la entrada del colegio dispuesto a marcharse. Me sonrió cuando me vio y me preguntó si le gustaría que nos fuésemos juntos caminando hacia nuestras casas. Acepté sintiéndome feliz. No había tenido una mañana agradable y no sabía el por qué.
Ni siquiera Edward compartió el banco conmigo…
Nota de la autora:
Es el primer capítulo creo, en donde no los hago resolver sus problemas.
¿Sorprendidas? Puede que hayan pensado por el título, que entre Edward y Bella sucedería algo… pero ya ven que salí con algo totalmente distinto. Las cosas entre ellos andarán ahora un poco más distantes, hay cambios hormonales en los chicos, que están en plena pubertad, y agréguenle el hecho de que en aquella edad, las mujeres son más maduras que los hombres. Tienen otras perspectivas de la vida, y se fijan en otro tipo de detalles.
¿Ustedes dieron su primer beso con la persona que querían? a veces no todo es como deseamos, y otras sí.
Gracias a quienes siempre esperan la actualización de esta historia y dejan su comentario ^^
