-¿¡QUE DEMONIOS PASA AQUÍ!?

Cualquier matrimonio normal, o relación romántica entre dos personas en general, habría tenido un esquema pre-diseñado para una situación como esta. El hombre de la casa, el marido fornido, llegaría…y la mujer, descubierta con las manos en la masa… o simplemente con otro hombre, saltaría de su lugar, agitaría las manos, se le aceleraría el corazón y diría la frase típica de "no es lo que piensas" cuando lo que "piensa el hombre" es lo único que puede estar pasando.

Como si se dividiera en dos partes y tuviese otro significado… el "no es" significa si es. Y el "piensas" es… bueno, es exactamente lo mismo.

Aquella escena no ocurrió. La relación de Royce y Rosalie era muchas cosas; obligada, irracional, horrenda… pero "normal" no era uno de sus adjetivos.

El italiano provenía de una familia numerosa, que esperaba de Rosalie solo una fábrica portátil de bebes. Lo que por cierto, era uno de los tantos complejos que la rubia tenía para ser una "King". La simple idea de ver a Royce le causaba cierta rabia. Tomarle la mano era una mueca asquerosa, besarlo era desagradable y poco sincronizado. ¡No pensaba tener sexo con él! Y… a no ser que la cigüeña estuviera de acuerdo en pactar alguna clase de trato por el resto de la eternidad, ella veía difícil que los bebes llegaran tan… pronto, como su familia política esperaba.

Royce se quedó en la puerta, bufando como un toro a punto de embestir, en espera de una excusa decente por encontrar a su futura mujer con otro hombre. Pero aquello no era lo que lo tenía bufando. Por el contrario.

Rosalie sería su mujer… y los hombres italianos son muy coquetos. De cierto modo, no esperaba jamás encontrar a una dama con otro hombre, solo que no esperaba encontrar a SU dama con otro hombre.

La rubia era tan frívola, antipática, odiosa y sin sentimientos con él, que el italiano había perdido hasta las remotas esperanzas que la futura madre de sus hijos tuviera sentimientos.

Pero no, al parecer carecía de ellos solo cuando él se le acercaba. Porque se veía bastante feliz y sonrojada con el hombre a su lado.

-estoy esperando Rosalie-dijo el italiano, apretando la mandíbula.

Emmett miró al otro hombre en el cuarto… y sintió celos. Casi los perdió cuando recordó que al caminar por el departamento, mientras hacia el desayuno, no encontró ninguna foto de los dos… pero solo casi. Era una especie de guerra intrasensorial, porque no había ninguna palabra, solo miradas que tenían más filo que navajas de una guillotina.

La rubia miraba a Royce, el italiano miraba al extraño y desconocido visitante, y Emmett… él miraba el escote del pijama de Rosie.

-no tengo explicaciones que rendirte. Este es mi departamento- dijo Rosalie, enfatizando la propiedad del lugar- y no tienes derecho a entrar en el de la manera en que lo hiciste. Creo haberte dicho que cuando quisieras venir a verme, llamaras primero.

-ya no te necesitamos aquí. Puedes irte- le dijo Royce a Emmett.

El californiano comenzó a reír, pasando la mano despreocupadamente por su cabello, desordenándolo aun más de lo que ya estaba.

No era la mejor o más decente escena. Emmett estaba con pantalones de chándal, holgados y mañaneros. Una musculosa –que se había puesto solo por cortesía y respeto a su vecina- y el cabello con marcas de almohada. Rsalie, en contraste, parecía una princesa… pero una recién amanecida princesa.

-no eres nadie para sacar a alguien de mi casa. Él no se va- defendió la rubia. Transformándose de la gata enojada a una tigresa lista para saltar al ataque.

-¿nadie? Soy tu prometido Rosalie. ¿Se te olvida? Soy su prometido, ¿lo sabías?- dijo esta vez Royce dirigiéndose a Emmett.

-pues… no, no lo sabía. Emmett McCarty- dijo extendiendo el brazo, como hombre educado, con un formal saludo- aún no escuchaba de ti.

-Royce King. Prometido- recibió de respuesta. Pero su mano quedó extendida, puesto que Royce era demasiado altruista y presuntuoso para tomar una mano.

-los dejaré solos, preciosa- dijo el abogado, levantándose de la cama. Recibió la mirada seca y directa de "tú no te mueves de aquí"- solo estaré en la sala.

Pasó por la puerta… o por el espació que quedaba de ella, golpeándose con el hombro de Royce.

Fue como un golpe entre dos gigantescas rocas.

Royce era aficionado al físico, poseía grandes y tonificados músculos. Espalda ancha, piel morena, pelo oscuro y mirada fija en su objetivo. Era Goliat.

Emmett, el abogado más infantil y despreocupado de la historia, tenía esa mirada segura y confiada, producto de la experiencia forjada a lo largo de los años. Un físico proveniente de sus años universitarios jugando fútbol americano… lo evaluó con una sola mirada: inútil. Él no tenía una apariencia amenazante cuando miraba así… solo analizaba puntos de ataque y defensas bajas. Aquella mirada solo duro mientras Rosalie podía mirarlo. Porque una vez que estuvo fuera del cuarto, aquellos ojos cambiaron. Y se trasformó en una clase de King kong, pero más inteligente y con traje.

Se aproximó lentamente al ventanal, se sentó el comedor improvisado de Rosalie al aire libre y encontró la cámara que tantas veces había visto.

Sin pensarlo dos veces, la tomó, se apoyó en el barandal y enfocó a la esquina del perro y el niño. Emmett quiso cumplir la rutina de la rubia, quería saber que sentía ella para fotografiarlos día a día. Quiso entender por qué lo hacia.

Se decepcionó al enfocar bien y encontrar solo el plato vacío. Era demasiado tarde… la hora de desayuno canino había pasado.

Suspiró en voz alta y enfocó a la derecha. El mar y sus barcos se imponían en el paisaje. No se había dado cuenta de la maravillosa vista marítima que poseían.

Emmett, sin conocimientos fotográficos, levantó ambos brazos y enfocó a dos pequeños jugando en la orilla del mar, mientras las siluetas de los que seguramente eran sus padres los esperaban.

Sonrió una vez que tomó la foto. Había olvidado la última vez que compartió con sus padres así. La última vez que su padre lo miró como la pareja miraba a los niños.

Se volvió a sentar en la silla metálica y presionó un botón en la pantalla de la cámara para ver las fotos recientes. Pero paso su foto por alto, él quería ver al cachorro y al niño… esperaba ver fantásticas fotos, como las que estaban en el cuarto de rebelo.

Lo impresionante, es que Emmett no encontró las fotos que tanto esperaba. O mejor dicho, si lo hizo, solo que descubrió otras fotos más.

La foto del niño y el perro… y luego la de una sombra recargada en la pared.

La foto del niño y el perro… y la de dos manos apoyadas despreocupadamente sobre el metal.

La foto del niño y el perro… y un rostro que no miraba a la cámara. Su rostro.

Y esa última secuencia se repetía muchas veces… la última, la que estaba antes de su foto de la familia en la playa, era una mezcla de ambos estilos.

Estaba en niño alimentando al viejo perro… pero en la esquina izquierda se divisaba claramente el lado derecho de Dereck… como si la foto estuviera enfocada en el hombre mirando a los amigos en la esquina… y no al contrario.

-las buenas niñas se ven… no se oyen- fue lo que logró sacarlo de su espionaje.

Emmett dejó la cámara en su sitio, se recargó en la silla y escuchó lo mejor posible la pelea. Buscando los puntos blancos… aquellos que él nombraba "ataque".

-¡Oh por favor Rosalie! Es diferente- escuchó a Royce- yo soy hombre…

Hubo un silencio que Emmett asimiló a la respuesta de la rubia. Algo que él ya había experimentado… en las discusiones de sus clientes, eran los hombres los que solían perder los estribos y comenzar a gritar. Las mujeres controlaban su voz… no porque no deseara gritar, sino para que nadie los escuchara y se enterara.

-el resentimiento esta pasado de moda, mi amorcito. Sin mencionar que tú eres mujer.

-claro… ¡cómo no lo pensé antes!- gritó Rosalie por primera vez- tú tu acuestas con lo primero que se te cruce por delante, pero yo no puedo ni conversar con un hombre porque, claro, soy mujer.

-¡esa no fue la pregunta!- gritó Royce- es simple, responde.

Emmett miró hacia atrás. Deseando tener vista de rayos X. Ese idiota, fuese su prometido, su marido o el mismísimo rey del universo, debía considerarse muerto si llegaba a tocar un solo cabello de la rubia.

Lo que Emmett no sabía, era que el apuesto y coqueto italiano tenía a Hale firme del brazo. Aquello dejaría un moretón en la pálida piel de Rosalie, eso era seguro.

-¡No! No me he acostado con él, Royce. ¿Estás feliz ahora? Lárgate de mi casa- aquello no fue un gritó. Fue el susurró más amenazante que Rosalie Hale, crítica de arte, podía sacar en una situación así.

Él la soltó como un trapo viejo. Ella no supo si comenzar a llorar o dar gracias a los Dioses. Royce no la amaba… ellos no se amaban. Ambos hacían algo que no deseaban realmente. Se estaban condenando a una vida de infelicidad y descontrol. Pero ninguno tenía las agallas suficientes para hacer lo correcto. En el fondo de su alma, si es que seguía existiendo, Rosalie esperaba que Royce se encontrara alguna fulana que le hiciera compañía en las noches, que con el tiempo se enamorara de esa cualquiera y se pusiera los pantalones de una vez por todas… Por otra parte, había estado tanto tiempo acostumbrada a deslumbrar a quien se le acercase, que esta nueva etapa de "no atraigo a los hombres" estaba destruyendo el ego de la rubia. Incluso el italiano, conocedor de su alma congelada, su humor de perros y su carisma inexistente, admiraba su belleza. Pero a veces, una cara bonita no cubre un interior podrido.

-te recogeré en un hora. Margareth preparó una cena para la familia.

-tu no eres mi familia-le dijo la rubia, sentándose en la cama y mirando la pared.

-siento comunicártelo preciosa, pero pronto lo seremos.

Royce salió de la habitación a paso veloz. Pasó por la sala sin buscar al visitante, seguro en que si lo veía, las cosas no terminarían bien.

Emmett caminó a la pieza de la rubia y la encontró con la cabeza escondida entre las piernas.

Se arrodilló a su lado y acarició su cabello. Cuando ella se levantó, agradeció a los cielos no ver lágrimas. Él no sabía lidiar con el llanto.

-debo prepararme- le dijo para alejarse de su cuerpo.

Fue mas una excusa para controlar la sangre en sus mejillas, que para evitar el tema de su prometido. ¿Eso causaban los amigos? Vergüenza constante, era lo que se preguntaba Rosalie mientras se vestía.

Emett se tiró a lo largo de la cama, pensando en cuantas noches el otro había disfrutado y gozado de aquello que él jamás tendría. En mala hora se le ocurrió ofrecerle su amistad.

En su defensa, Emmett fue claro… tiró las cartas a la mesa. Solo que ella las recogió e identificó mal. Él no era el del error. ¡Era culpa de la chica bonita!

Por dos o tres minutos, pensó… ya que estaba en el plan "amigos". Él podría hacerse pasar por uno de esos gay's con gusto en la moda. Que ayudan a las chicas a vestirse para…

Y su mente se vio interrumpida por un ángel frente a sus ojos.

Emmett estaba en un ángulo donde la espalda desnuda de Rosie se reflejaba en un espejo dentro de su vestidor. Pronto cruzó los brazos sobre su pecho y se dio vuelta en la cama. Gritándose a si mismo que no daría buena impresión si saltaba sobre ella de la nada.

-perdón por hacerte esperar. ¿Qué tal luzco?- preguntó Rosalie, a las espaldas del californiano.

Emmett no hizo referencia al tiempo. No sería bueno en ellos. Cronos decidía que el tiempo pasara más rápido cuando Emmett pensaba en la rubia. Así que solo levantó su rostro de la cama y… babeo.

-te ves hermosa hoy…- dijo conteniendo el aliento

-¿Qué? ¿Solo hoy?- preguntó ella, luciendo su vestido con atractivas poses.

-pues…- No, Emmett no estaba acostumbrado a esa Rosalie. Él esperaba algo más parecido a: "yo siempre me veo hermosa. ¿Seguro no eres gay?"- no. Tú… tú…

La rubia comenzó a reír mientras tomaba un chal para cubrir sus hombros, lamentablemente, en el movimiento, su moretón quedó a la luz.

-voy a matar a ese imbécil- dijo Emmett, acercándose a su brazo y tomándolo con delicadeza.

La rubia sintió su cara arder y se retiró de su tacto

-¿Qué? Eso… ¡no es nada! mi piel es demasiado pálida. Yo… me hago moretones y para cuando los descubro ya no sé ni porque me los hice.

-pues te refrescare la memoria. El inútil de tu prometido es un cavernícola. Voy a matarlo, déjame darle una golpiza y no permitiré que lo defiendas.

-créeme Emmett- interrumpió la rubia, poniendo las manos sobre el extenso pecho del vecino- no necesito que alguien me cuide. Nunca nadie lo ha hecho y nunca nadie lo hará.

-mírame- dijo Emmett, poniendo sus manos sobre los hombros desnudos de Rosie- te daré lo que necesites y recibiré lo que desees darme. Pero no permitiré que ese imbécil ponga sus manos sobre ti. Quieras o no, que lo haga. Si te llega a tocar un pelo…- dijo en tono amenazante.

-serás el primero en saberlo, lo prometo. Ahora, debo ir a aguantar horas "familiares".- ella le sonrió- ¿estarás aquí cuando regrese? –se sintió un tomate mutante cuando la pregunta salió de su boca sin que su cerebro lo autorizara.

-claro que estaré aquí. Te esperare en la ventana para escuchar tu descargo… Solo si prometer traer comida decente.

Rosalie sonrió y se inclinó para besar la mejilla del californiano. Emmett… bueno, experimentó la sensación de transformarse en una estatua.

-gracias por ser mi amigo. Siempre quise uno.

-por... por… por nada. ¡Viva la Amistad!- exclamó levantando los brazos- ¡Yuju!- deseo que el sarcasmo no fuera tan obvio.

-te veo mas tarde- le dijo ella, cerrando la puerta, dejando a Emmett como un idiota en la sala de su casa- deja la ventana abierta- le ordenó ella tras la puerta.

-la amistad apesta como orina de zorrillo- susurró Emmett mientras pasaba por el balcón- pero por pasar tiempo con ella… incluso pensaría otra vez en la idea del amigo gay.