Se revela el plan maestro bajo una luna de sangre

La brisa marina revolvía los rizos dorados de Ladd. El olor a salitre y la humedad se impregnaban en su piel dejándola pegajosa. Por suerte, no tenía que lidiar con el hollín y el vapor que salían de las turbinas del ferry, ya que éste iba a toda máquina en dirección contraria al viento. Aun así, no le gustaba la sensación. Volvió a entrar a cubierta y se sentó en un poyete metálico.

Los hombres de su grupo parecían tranquilos, murmurando cosas o manoseando sus armas, pero sin armar alboroto. Todos esperaban con impaciencia la llegada a tierra y él el primero. Aunque pareciera tranquilo, no era más que una máscara que él mismo se ponía para que sus planes se realizasen sin contratiempos. Sin duda, él era el más sediento de sangre de todos ellos.

Volvió a mirar a sus socios y se fijó en Graham. El muy imbécil parecía estar embobado con él, endiosándolo como una adolescente hormonada. Cuando todo acabase, cuando consiguiera matar a todos los que tenía en su lista negra, se divertiría borrándole esa mirada soñadora. Le haría sufrir como nunca lo había hecho, y cuando terminase, cuando pensara que todo había acabado, lo mataría. Una ligera curva asomó por sus labios, pero desapareció cuando vio que se acercaba a él.

–Oh, Ladd... compañero. Tenía que comentarte unas cosas pero la situación en la que estábamos requería de mi atención por ser parte de tu fantástico plan para acabar con Huey. –Una mueca de desagrado oscureció el rostro de Ladd. –¿Algo te preocupa? No es que le vea fallos a tu plan. Es solo que me siento perdido, ciego ante la oportunidad que se nos presenta. Quiero ayudarte, amigo, vigilar a esta gente y hacerme cargo de que hagan su trabajo, pero no puedo hacerlo si no comprendo del todo tu plan. ¿Por qué dejaste a esos hombres en Manhattan?¿Qué parte nos toca hacer a nosotros? ¿Por qué si queremos matar a Huey o secuestrar a su hija estamos yendo a Liberty Island? –Calló un momento y se puso en pie, paseándose mientras continuaba. –Las preguntas bullen en mi interior, me molestan, me incomodan. También me excita no saber a qué me enfrento. Una contradicción, mis sentimientos se contradicen y me confunden. ¿Acaso todos los humanos somos así? Desgracia, es una desgracia con la que vivimos... Pero más importante que todo eso, me veo en la necesidad, en la obligación de comentarte una cosa. No podemos ser dueños de nuestro destino, no tenemos la capacidad de prever qué puede pasar, pero sí aprender de los errores, de esa forma triunfaremos donde una persona sin nuestra experiencia caería, como un gladiador en el coliseo. Lo más importante...

–¿Vas dejar esa mierda de palabrería de una vez y contarme qué cojones quieres? –le interrumpió Ladd con un timbre en la voz que susurraba muerte.

–Sí, es cierto, te pido perdón –se disculpó Specter escuetamente–. Lo que te quería comentar es que hace poco intentamos secuestrar a la pequeña de los Genoard para que nos dieran algo de pasta por ella, pero nos equivocamos y en su lugar secuestramos a la hija de Huey. Esa mujer era ardiente como el fuego, apasionada. Su forma de pelear era hipnótica, sí, me embelesó. Lo malo es que después vinieron sus amigos. Unos tipos que lideraba Jacuzzi Splot, el chico del tatuaje en la cara. No me habría importado acabar con ellos. Esos sólo necesitaban un poco de mano dura, un reajuste y un cambio de piezas, pero el problema real fue cuando vino el pelirrojo, el que te tiró del tren. Claire o Vino, de los Gandor.

–Sí, a ese hijo de puta también lo voy a matar. –Specter fue a continuar pero Ladd le acalló con un gesto. –Ya puedes callarte, sé por dónde van los tiros. Vamos a matar a Claire, y a Chane, y a Huey... Los vamos a matar a todos. Por eso aquí lo importante es el orden. Tenemos que seguir el plan para que no se nos escape ninguno. Ya que no vas a dejar de joderme hasta que te lo cuente, te voy a decir lo que haremos. El mayor problema aquí será ese pelirrojo. Si viene y nos ve con su putita vamos a estar jodidos, así que tenemos que hacerle llegar antes que a ella. Los tíos que he dejado en Manhattan son para eso. Uno de ellos dará la voz de que tenemos a Chane para que ese estúpido venga a salvarla. Cuando vea que no está se volverá a ir. Entonces, el resto seguirá y matará a Chane, y después la traerán aquí sin peligro de que Vino nos moleste.

–Porque si oye rumores creerá que son los falsos.

–Sí. El que sí lo sabrá es Huey Laforet, que tiene ojos en todas partes. Él vendrá aquí, y cuando vea que ya está muerta será demasiado tarde. Le quitaremos su estúpida inmortalidad a golpes.

–¿Huey vendrá a por ella?

Ladd se puso serio de pronto.

–Claro que sí. Chane no estaba con esos tipos del tren, y Huey seguramente los estaría utilizando, porque no parecía importarle una mierda lo que les pasara. Cuando venga a esta isla no tendrá a dónde escapar.

Graham asintió con fuerza varias veces.

–Para eso estamos en esta isla. Es como una ratonera, es la trampa en la que irán cayendo todos. Oh, amigo mío, qué bien conoces los secretos del engaño. Yo mismo me siento engañado en este momento. Todos éramos marionetas en tu plan, jugabas con nosotros como un niño lo hace con una hormiga. ¿Y Vino? ¿Qué haremos con él? Es fuerte.

El motor del ferry se detuvo, haciendo que el constante ruido que inundaba el interior cesara de golpe. Todos los hombres se pusieron en pie y continuaron hablando, pero más alto. La excitación empezaba a hacer estragos y ya había alguno que reía como un maniaco.

Mientras se ponía en pie, la sonrisa de Ladd se iba acentuando. Él también estaba como loco por empezar una carnicería. Reparó en que Graham todavía lo miraba.

–A Vino lo mataremos después, cuando su querida Chanecita esté muerta y vea que las cosas no pasan como quiere. Le enseñaremos lo que es la vida de verdad y que esas gilipolleces de que el mundo gira a su alrededor no son más que tonterías. –Después se acercó a uno de los hombres vestidos de blanco y éste le dio una recortada.

Ya armado y con una mirada peligrosa, se dirigió al resto de gente.

–¡Bien, compañeros! Hemos llegado a Liberty Island. En principio no debería de haber problemas porque nos cargamos la radio. –Algunos rieron, otros buscaron con la mirada al hombre corpulento que la había roto, ignorando que Ladd le había reventado la tripa de un disparo cuando se enteró de lo que había hecho. –Esto estará lleno de guardias así que no hace falta que os diga lo que tenéis que hacer. –Ahora ya sí, todos los hombres empezaron a reír a carcajada limpia. Ladd se sintió satisfecho con sus palabras y caminó hacia la escotilla de salida. Cuando llegó allí, un trabajador del puerto le ayudó a abrir la puerta.

–Oh, creía que el ferry ya no iba a volv...

No pudo terminar la frase, pues en cuanto Ladd bajó del barco, le disparó en la cabeza con la recortada, haciendo que explotara como una sandía.

–Hemos llegado... –canturreó mientras recargaba y disparaba a un par de hombres más.

El resto del grupo se fue apelotonando en la entrada. Parecían ansiosos por empezar a trabajar. Una gran luna redonda y roja adornaba cielo oscuro. La noche prometía.