ADVERTENCIA: Lemon (Sexo gráfico), lenguaje vulgar, violencia, muerte, Universo Alterno, Humanizado.
DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen. Esta historia no tiene fines de lucro.
AVISO: Meteré también personajes de Madagascar, obviamente humanizados XD.
ADVERTENCIA 2: Abuso, violación, tortura. Si no te gusta, no leas.
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Capítulo 6: Amanecer muerta.
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— Private.
El aludido no se movió de su lugar. Se encontraba en su cama con su almohada cubriendo su cabeza. Aún podía oírlos, aún podía. Los desgarradores gritos de la castaña en su cabeza. No cesaban, no se detenían, así como el dolor de ella.
Sus manos temblaron.
— Private. Abre la puerta. — Tras una pausa, su líder prosiguió. — Es una orden, soldado.
El menor contuvo el aliento unos segundos. Sin pensárselo mucho, se levantó, dejó la almohada suavemente en el colchón para encaminarse a la entrada de su habitación. Abrió lentamente la puerta, encontrándose con el resto de sus compañeros de equipo. Se sintió un poco culpable de contemplar las consternadas expresiones de Kowalski y Rico. Estaba seguro que Skipper también lo estaba, aunque él sabía disimularlo mejor.
— No puedes hacerte esto, Private. — Comenzó lentamente el más alto, con voz queda. — No es fácil para ninguno.
— No hay que separase ahora, Private. — Rico asintió al lado de Skipper. — Necesitamos unir nuestras mentes para así encontrar a Marlene.
—…— Miró débilmente el rostro de cada uno.
Después de haber oído el regalo de Hans, Private se había escapado de la base, ya harto, asqueado y perturbado. Había vuelto al departamento para vomitar y después terminar en un desesperado llanto. No había salido desde entonces, hasta ahora.
Kowalski y Rico tenían los rojos hinchados y enrojecidos. El último mencionado tenía el cabello revuelto. Private bajó la mirada para ver los nudillos del joven vendados, no sabía si fue por haber roto la taza de Skipper, o tal vez haber destruido más cosas durante su ausencia.
Finalmente fijó sus ojos en su capitán.
A diferencia de los otros dos, Skipper se veía realmente calmado. Una máscara de hielo cubría sus facciones, mas sus ojos lo traicionaban. Sus orbes azules estaban oscuros, apagados, muertos, miserables.
—…— Se limpió el resto de lágrimas que quedaban en su rostro. — Perdón, Skipper. Lo siento, chicos. — Forzó una sonrisa. — Es solo que…-
Calló al sentir la mano de Skipper en su cabeza. Miró tímidamente al líder, él no le sonrió, solo le dirigió una suave mirada, dándole a entender que no eran necesarias las excusas. Todo estaba más que claro.
—…— Miró nuevamente el suelo.
—…— Apartó su mano de las hebras azabaches del menor. — Bien, los demás váyanse a descansar. — Ordenó, mirando a los otros dos.
—… Umm… Permiso para denegar, señor. — Intervino Kowalski.
Aunque el más alto se atragantó con su propia saliva al ver la peligrosa mirada que el líder le dirigió.
—… ¿Y eso por qué… Si es que se puede saber? — Cuestionó en un tono amenazante.
—… Pues… Señor, no ha descansado desde que… hace dos días. — Decidió ser más sutil. — Por lo que, le sugiero que sea yo quien deba desvelarse esta noche. Necesita descansar, como usted dice, no podemos funcionar sin energías. Usted la necesita.
Skipper se quedó contemplando los ojos azules de Kowalksi sin decir nada con una fría expresión, hasta que terminó por suspirar.
— Bien. Supongo que investigarás los nuevos datos que North Wind ha conseguido.
— Así es, señor. — Asintió. — Trataré de dar con los resultados lo más rápido posible.
— Que así sea. — Saludó. Los tres le imitaron. — Bien. Private, Rico. A descansar.
Kowalski vio como sus tres compañeros se dirigían a sus respectivas, aunque Private decidió irse con Skipper, quien pareció no importarle. A él tampoco le sorprendió, el menor siempre apreció a su líder como a una figura paterna.
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Marlene estaba más quieta que una fotografía. Estaba echa un ovillo en su cama, abrazándose a sí misma. No decía nada, estaba sumida en su propio mundo. Detestaba admitirlo, pero sus jeans ahora estaban mojados, pues estuvo sangrando un buen rato después de… Lo ocurrido.
Enterró sus uñas en su piel.
Si tan solo… Ella pudiese borrar todo lo que le habían hecho…
— Marlene…
La castaña ignoró olímpicamente a Gloria y a Gia, quienes se miraron con angustiadas expresiones. La muerta expresión de su amiga les aterraba y dolía. Cierto, ellas habían pasado lo mismo, pero ellas no habían perdido su virginidad en aquel infierno, gracias al Cielo.
Marlene no tuvo la misma suerte.
—… Bueno, de lo que me enseñó Melman…— Comenzó a decir Gloria, recordando las charlas médicas que había intercambiado con su pareja. — Puedo decir que se ha traumatizado o padece de una fuerte depresión. — Gia se revolvió el cabello, angustiada. — Como fue su primera vez, y probablemente no será la última…— Comentó con amargura. — Pienso que comenzará a tener pesadillas en las noches.
— No me sorprendería. — Gia susurró débilmente. De todos modos, algunas también habían sufrido lo mismo que Marlene y gritaban medio de sueños.
Era incapaz de imaginarse a Marlene de esa manera. La castaña siempre fue una joven de carácter fuerte, independiente, dulce y tierno.
Era una chica increíble. Supo cuidarse por su cuenta, superó obstáculos difíciles siendo huérfana.
Se valió por lo que era y por lo que tenía.
Tal vez por eso Skipper se había enamorado de ella.
Ni Gia ni Gloria eran estúpidas. Notaban las lejanas miradas que se dirigían, las sonrisas cómplices, o hasta un simple roce.
Por eso les dolía más que sus propias heridas lo que estaba pasando Marlene.
Porque ella era un pilar muy importante en todos. Si ella caía, todos lo harían.
Incluyendo al líder.
— Prepárense. — Doris entró a la habitación de las muchachas.
Gloria la miró con desprecio. Gia se levantó y le apuntó con el dedo.
— Tienes el descaro de dar la cara después de lo que dejaste que le hicieran a tu amiga. — Escupió con su acento italiano. La pelinegra miró el suelo con una triste expresión.
—… No tengo opción. — Susurró.
— Porque eres una cobarde. — Le insultó la rubia. — Marlene te quiso, como a una hermana.
Los ojos azules de Doris se llenaron de lágrimas. Apretó los puños.
—… No le entenderías.
— No. — Intervino Gloria. — Porque somos diferentes a ti. Estamos atrapadas, pero seguiremos apoyando a Marlene.
La joven mujer recobró su expresión, para enfriarla notoriamente.
— Vístanse, que ya tienen clientes. — Ordenó, más firme. — Marlene. — La llamó. La castaña parpadeó, la miró de reojo, para después volver a ovillarse en su cama. Doris tragó saliva. —… Marlene. — La llamó más fuerte, de manera amenazante.
La castaña pegó un brinco y se sentó abruptamente para mirar con una aterrada expresión a Doris.
"Obedece cuando te hablan."
"¡Tienes que hacerlo!"
"Si no lo haces… ¡Volverán a hacerte daño!"
"No quieres más dolor, ¿verdad?"
El cuerpo de Marlene temblaba violentamente. Sus orbes avellanas estaban bien abiertos, llenos de horror, temor a volver a sentir ese desgarrador sufrimiento.
—… Hoy no estarás de servicio, ya que eres nueva. — Prosiguió la pelinegra. — Debo enseñarte algunas cosas. Ven conmigo.
La castaña se levantó con las piernas temblorosas. Le dolía moverse. Se acercó lentamente hacia Doris, con un brazo abrazando su pecho y con el otro sus caderas.
Doris tuvo apartar sus ojos de ella para no echarse a llorar.
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—… Esto es…
— Bueno, al menos reduciremos la zona donde debemos buscar. — Comentó Eva con una seria expresión. Kowalski asintió.
—…— Sonrió con sinceridad por primera vez en cinco días. — Excelente. — Intercambió una suave mirada con su novia, quien posó una mano en su hombro.
— La encontraremos.
— Así es. — Se levantó con laptop en mano para salir del laboratorio, seguido de Eva. Siempre se encerraba allí para investigar. Al llegar al centro de la base secreto, se llevó una gran sorpresa que su grupo y North Wind no estaban solos.
Alex, Marty, Julien, Maurice y el pequeño Mort estaban presentes.
—… Umm… ¿De qué me perdí?
Skipper se giró para ver con irritación a su compañero.
— Intrusos en nuestra base. — Gruñó.
— Skipper. — Alex se levantó con una seria expresión. — Estamos preocupados por Marlene.
— El estar preocupados no la traerán de vuelta. — Le respondió molesto.
— Skipper, no te enfades, solo queríamos…— Trató de frenarlos Marty.
— ¡Progresen algo, entonces! ¡No hemos sabido nada de ella en días!
— Se está haciendo todo lo posible, hippie. Ahora cierra el hocico. — Se giró para prestarle atención a Kowalski, pero antes de que él pudiese hablar, el castaño siguió hablando.
— ¡Quieres que me calle porque no quieres saber la verdad! ¡No pudiste proteger a Marlene!
Todos soltaron un jadeo de sorpresa y horror. No esperaron que Alex fuese capaz de ser tan insensible ante ese comentario. Ni siquiera Julien hubiese dicho algo así.
— ¡Skipper! — Soltaron Marty y Private cuando el líder se giró abruptamente para aventar al castaño contra la pared, presionando violentamente su codo contra su cuello, cortándole la respiración.
— Señor…-— Iba a decir Kowalski.
— No necesitas recordarme eso, hippie. — Pronunció lentamente el capitán, ignorando a su soldado. Alex jadeó, buscando aire. Los ojos azules de Skipper se veían realmente mortales. — Toda falla de mis subordinados, es mi falla. — Le sonrió con cinismo. — Y tú, también fallaste. — Borró la curva de sus labios. — Te pedí algo simple. Te pedí que recogieras a Marlene. Pero no. — Gruñó. — Fuiste tan patético y débil que ni siquiera soportaste un simple golpe. — Finalmente lo soltó. Alex miró el suelo con una acongojada expresión, respirando fuerte.
Un largo silencio se hizo presente en la base. Classified negó con la cabeza. Ni Alex ni Skipper tenían razón en aquella discusión. Pero debía admitir que el castaño había tocado un punto sensible en la persona del capitán, por eso había reaccionado de esa manera.
—… Skipper. — Le llamó Kowalski. — No vale la pena causar más dolor del necesario. — Le reprendió amablemente. El líder no dijo nada, solo le siguió mirando. El más alto carraspeó. — Como sea… Señor, Eva y yo hemos encontrado algo sumamente interesante.
—… ¿Y eso es…?
— Observe. — Se sentó para abrir su ordenador. Los demás se acercaron para ver. Era un mapa, centrado en Sunset Park. Habían varios puntos rojos rodeando la calle, formando una figura extraña. Kowalski la señaló. — Eva y yo nos topamos con estos casos. Cada punto rojo corresponde a una muchacha reportada como desaparecida. Indican el último lugar donde fueron vistas. — Explicó. — Es un espiral concéntrico. — Dio a entender cuando la figura comenzó a centrarse en un sector en medio de los otros. — Que nos lleva a este punto.
—… ¿Short Fuse? — Preguntó Classified.
— Corporal y yo estuvimos investigando y encontramos varios prostíbulos por la zona. — Informó, confirmando lo peor. Private cerró los ojos con fuerza. — Las sexoservidoras nos dejaron investigar el sector, pero no encontramos a ninguna de las chicas que se reportaron como desaparecidas… Incluyendo a la señorita Marlene. Tampoco conocen a Blowhole, ni por su nombre Francis, tampoco a Hans, o a ese tal Antonio.
Classified y Skkiper intercambiaron miradas.
—… ¿De qué se trata entonces? — Se preguntaron al unísono.
Era un prostíbulo, sí… Pero no era visible.
¿Dónde podrían estar?
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Marlene contempló su figura en el espejo. Llevaba un babydoll violeta con diseños fucsias en la copa del corsé. Tenía un precioso collar de plata con gemas incrustadas del mismo color que sus ropas. Los aretes hacían juego.
Miró su rostro.
Tenía brillo en sus labios, sombra oscura en sus parpados levemente delineados y sus pestañas muy altivas y notorias gracias al rímel y el encrespador. Su cabello estaba pulcramente limpio, brillante, liso hasta terminar en suaves ondas en las puntas.
La voz de Doris hizo eco en su mente.
"Marlene, de ahora en adelante, serás una geisha."
Desvió su mirada para ver a su cliente. Le tiraba unos cincuenta años. Tenía muchísimas canas.
Sus manos temblaron, sintiendo unas enormes ganas de empujarlo y salir corriendo.
"Tienes que ser obediente… Complaciente… Servicial…"
Las manos arrugadas y ásperas del sujeto la agarraron firmemente de la cintura.
Aquí iba otra vez.
Contuvo el aliento cuando paseo sus toscas manos desde su cuello, bajando por sus senos, después se estómago y finalmente sus muslos.
— "Skipper."
El desconocido la abrazó con posesividad, frotándose lascivamente contra su cuerpo.
— "¡Skipper!"
"Si haces lo que yo te digo, llegará un cliente que se va a fijar en ti. No se quedará complacido solo con unas sesiones… Por lo que terminará pagando todo lo que vales… Y podrás salir de aquí."
Dudaba de las palabras de Doris. No podía confiar en ella. No quería confiar en ella.
Además…
Le dio la espalda al sujeto cuando sintió sus dedos rozar su entrepierna. La última vez que alguien la había tocado allí, había sido íntimamente doloroso.
No pudo contra él, no debía hacerlo de todos modos.
Una mano subió, acariciando su muslo y bajó sus bragas. Marlene cerró los ojos con fuerza.
— "Skipper…"
"Marlene, por favor… Esto es importante. Aquí, los que vienen a disfrutar son los clientes, NO tú."
Marlene se apoyó con ambas manos en el mueble alto al sentir que el hombre la penetró con tortuosa lentitud. Su interior ardió.
No.
No iba a llorar.
No iba a volver a caer de esa manera.
No iba a…
Jadeó sutilmente de dolor cuento el sujeto comenzó a embestirla con más violencia.
"Los que vienen a sentir, son ellos."
Soltó un casi inaudible sollozo. Sentía que se partiría en dos, la estaban desgarrando.
"Tu alma… Tu mente… Tu corazón. Esos guárdalos solo para ti."
Sus piernas perdieron fuerza.
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Marlene había terminado de ducharse. Esta vez, quiso hacerlo sola. No quería que las demás jóvenes volviesen a ver su cuerpo. Se sentía cohibida con simples miradas, asqueada con solo verse al espejo, asustada con solo roces…
De alguna manera, por más masoquista que sonase, se sentía bien sentir el agua helada en su piel, le hacía daño, pero le reconfortaba que estuviese limpiando su piel manchada por esos hombres.
Se secó lentamente sus piernas, después su torso.
— Desde que te vi me gustaste, Marlene.
La castaña dio un jadeo del susto al oír una voz masculina en las duchas. Miró hacia todos lados. Todo estaba oscuro.
¿Quién…?
— Yo quería ser tu primera vez, es una lástima… Una señorita tan linda, tan tierna y dulce como tú se mereció a un hombre… Mejor. — Una ronca carcajada se escuchó cerca de ella.
Marlene se giró abruptamente para encontrarse con unos ojos verdes que se la estaban comiendo con la mirada. La castaña retrocedió rápidamente para envolverse con la toalla, pero no pudo cuando Antonio tiró de ella, logrando que tirara la tela.
— ¡No! — Chilló, forcejeando.
— Vamos, no te hagas… Yo te gustaba días atrás…— Se rio cuando la lanzó al suelo.
Marlene trató de levantarse, pero una enorme punzada en su cabeza la detuvo. La herida aún seguía allí, mucho más sana que antes, pero seguía allí.
— ¡Mmmnn! — Trató de hablar, pero Antonio la amordazó. — ¡MNNNNNFFH! — Pataleó. Antonio se rio de sus ganas de escapar.
— ¡Por favor…!— Se carcajeo al comenzar a desvestirse. — No me digas que ese anciano te gusta más que yo.
Unas nauseas la sacudieron. ¿No podía ser suficiente con una sola vez?
Blowhole.
Ese desconocido.
Y ahora Antonio.
— ¡MMng…!— Gimió de dolor cuando el castaño rodeó sus muñecas con fuerza.
— Deja de pelear, nadie vendrá. ¿Para qué resistirse?
Le quitó la tela que bloqueaba su boca. Marlene tosió sonoramente. Su estómago estaba revuelto. Se incorporó un poco, pero se paralizó cuando el hombre la agarro del cabello por la nuca.
— Vamos a jugar, ¿te parece?
Marlene no entendió, hasta que Antonio tiró de su cabello. La joven ahogó un grito, pero al abrir la boca, el hombre aprovechó para meter su miembro viril en la cavidad de la castaña.
La reacción de la joven fue pésima.
Hizo una arcada, pero no pudo apartarse gracias al enganche de la mano de Antonio en sus cabellos. Cerró los ojos mientras tibias lágrimas escapaban de ellos. Siguió forcejeando para apartarse, no podía respirar. Escuchaba los gemidos llenos de gozo del hombre.
¡No podía hacer nada!
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Si no podía apartarse…
Mordió con fuerza el trozo de carne que tenía en su boca.
— ¡AGH!
Marlene lo empujó y Antonio se arrodilló, adolorido. La castaña no aguantó más y vomitó.
El asco, la humillación y el terror se enredaban en su corazón, estrujándolo con fuerza. Sentía que iría a explotar en cualquier momento.
— ¡ERES UNA PERRA!
Antonio volvió a cogerla del cabello para propinarle un puñetazo de lleno en el rostro. Marlene pudo jurar que había visto estrellas por un milisegundo mientras sentía punzada horrible en la comisura de sus labios.
— ¡¿Quién te crees que eres?! ¡ERES SOLO UNA PUTA! ¡ERES MENOS QUE UNA BASURA! — La azotó contra el suelo dos veces más.
La joven no podía reaccionar. Estaba demasiado aturdida y cansada para moverse.
— N-No…— Musitó cuando Antonio le abrió sin cuidado las piernas.
— ¡Ja! ¿No? — Se mofó. — Hubiera sido amable si no te hubieses puesto así… Pero no importa. A mí me gusta jugar sucio.
Acarició lujuriosamente los senos de la castaña, quien jadeó y trató de apartarlo, pero le fue inútil. Su cabeza daba vueltas y sus manos temblaban, incapaces de reunir fuerza. Gimió de dolor cuando Antonio pellizcó con fuerza uno de sus pezones. Él se rio de sus inútiles intentos por escapar. Escuchar sus lloriqueos le resultaba realmente erótico.
Marlene arqueó su espalda cuando el castaño succionó su sensible piel. Lágrimas escaparon de sus ojos avellanas.
— ¡AHHH! — Exclamó cuando Antonio entró en ella con rapidez. Echó la cabeza hacia atrás, adolorida. Antonio era más grande que los otros dos. — ¡NO-AH! — Gimió cuando él la agarró con fuerza de las caderas, haciéndole daño.
— Sigue así, Marlene…— Jadeó. — Me gusta.
— ¡Ugh! — Apretó los dientes, aguantando un sollozo.
Seguía doliendo, dolía…
Dolía… Tanto…
— "Skipper… Skipper… Skipper, por favor…"— Se lamentó mentalmente. — De…— Se mordió el labio.
No iba a suplicarle.
La dignidad que le quedaba era casi nula.
Pero no iba a ceder.
Escuchó un suspiro por parte de Antonio cuando se había corrido en su interior. Marlene apretó los labios, tragándose un quejido cuando él salió de su interior.
— Estuviste estupenda, Marlene…— Comentó, agitado. La castaña no le contestó. — Nos volveremos a ver aquí en el mismo lugar todas las noches, ¿está bien?
Marlene no le contestó. No podía moverse, sentía su cabeza zumbar y sus extremidades temblar. Partes de su cuerpo ardían donde Antonio había tocado. Su interior se sentía adolorido y…-
Cogió la toalla para cubrirse y ocultar la sangre que había brotado sutilmente. Alzó la vista al ver que el castaño había terminado de ajustarse los pantalones y se retiraba con la camisa en su hombro.
— ¿Marlene?
La castaña soltó un grito, pero se relajó un poco cuando notó que era Gia.
— Te demoraste mucho, así que vine por ti. ¿Qué ocurre?
Los ojos de Marlene se llenaron de lágrimas. La rubia se arrodilló y notó la sangre en el suelo.
—… ¿Marlene, qué…-?— Se enfureció. — ¡¿Qué demonios ocurrió?! — Exigió saber al ver la comisura de su labio hinchada. — ¡¿Acaso alguien vino?!
La castaña no le contestó. Miró el suelo y se envolvió con más insistencia con la toalla.
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Sentía su cabeza dar vueltas. De seguro lo habían drogado. Soltó un gruñido, ¿qué rayos…?
— Mira quién despertó…
Hans alzó la vista rápidamente al oír esa voz. ¿Qué rayos…? ¿Cómo…?
Estaba sentado en una silla, amarrado con fuerza. Sus tobillos apresados con las extremidades del asiento y sus brazos en sus espaldas, atados con gran fuerza. Apenas podía sentir sus dedos.
La luz lo descolocó un poco, pero después vio bien.
—… Mierda…— Se rio, aunque sabía que no debía estar riéndose.
Estaba en un cuarto oscuro, una simple lámpara alumbraba a los cuatro miembros.
Private le dirigía una fría mirada, mantenía los puños apretados.
Kowalski lo miró con indiferencia, sus manos ocultas en sus bolsillos.
Rico jugaba inocentemente con un par de cuchillos en sus manos.
Pero honestamente, Hans no temía de ninguno de los tres.
Sino del joven que estaba parado ante él.
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Skipper le sonrió con cinismo y malicia.
— Bienvenido, Hans. Tú y yo tenemos cuentas que saldar, ¿no, compadre?
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Continuará…
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