Hola mis queridas seguidoras, tengan ustedes ¡otro capi de la historia! Espero les guste.

Andrómeda regala a sus lectoras, uniformes de porrista dorados ocre con azul, con un hipocampo en la pechera de la camisa y en uno de los pliegues de la falda, con pompones azul con dorado ocre ¡para que animen a Augusto!¡con todo su corazón!

Gracias a: liluz de géminis y a tsukiimeprincess, por ser las 2 mas fieles lectoras de esta historia ¡muchas gracias! Al resto ¡anímense! No como gente, solo comida.

¡Déjenme saber su parecer!¡con un buen REVIEW!

Saint seya, es propiedad de Masami Kurumada, yo solo, les regalo los frutos de mi bien cuidada imaginación.

Augusto y Leo, lucha de titanes.

Leo de Miseria caminaba contento, si había algo que pudiera alegrarle la existencia, eran los gritos de las víctimas y los de la bastarda que murió, eran satisfactorios, pero mas, lo eran los gritos de sus hijos, de esos malditos, que nunca debieron haber nacido.

FLASH BACK.

Cuando Leo, no servía a su señor Ares, adoraba pasear por las calles de París, una costumbre excelente, con su belleza encantadora y gran porte, podría conquistar a quien quisiera, en eso iba pensando, cuando tropezó.

-disculpe ¿acaso usted necesita un bastón señor? Le preguntó una pelinegra ojos verdeazulados –no, no señorita, disculpe, iba distraído. Dijo el joven.

-se le nota, parece que su ego lo dominaba señor. Dijo la joven de largo cabello negro hasta la cintura, algo rojizo destelló en uno de sus brazos, brazalete de orden, el lo conocía bien, tenía uno idéntico en tamaño, pero muy distinto, esa era una de las razones, por las cuales, utilizaba manga larga.

- ¿puedo invitarle un café señorita?... preguntó el –Odette, Odette Saint-Clair. Respondió ella –tiene un hermoso nombre señorita Odette y ¿que dice?¿me acepta? Ella miró por detrás de si, un hombre corría rápidamente hacia donde ellos estaban.

- ¡Odi!¡no te alejes así!¡el no llegará mas temprano porque tu lo hagas! Ella asintió.

-lo se Eric, me has hablado tanto de tu amigo Michel, no puedo esperar a conocerlo. Eric sonrió –vamos Odi, andando. Dijo, ella se despidió de el.

-ya será en otra ocasión señor… -Leo, Leo Aslan. Respondió Leo, porque negar que era sueco, un sueco muy guapo en su opinión, pero la mujer, no se veía deslumbrada, ni siquiera, atraída, eso lo enfureció, el no perdió tiempo y le dio un papelito con su número –si quiere hablar conmigo. Ella se detuvo, le dio otro papelito y tras despedirse, siguió con su camino.

FIN FLASH BACK.

Después de eso, se había dedicado a espiarla, que sorpresa, cuando descubrió que con quien se iba a reunir, era nada mas y nada menos con Michel de Acuario, que disgusto, cuando vio como ellos prácticamente encajaron como un par de piezas de rompecabezas, como si fueran 2 mitades de un maldito medallón de esos que hay que unir, horrible, cuando se dio cuenta, que la mujer era marina de Poseidón ¡la sirena para ser específico! Por Ares y su mala suerte, que eso no le podía pasar a el, siguió caminando, ya veía el pilar, recordó los meses de preparativos, cuando ellos se dedicaron a atacar ciudades, esperaba ver a Michel de Acuario, en el punto donde le tocaba, HadisAbeba, pero no, la vio a ella.

FLASH BACK.

Leo gustoso se dedicaba a destrozar una casa y a masacrar a sus miembros, cuando un rayo coralino lo detuvo –no te cansas general de Miseria, eres la peor calaña del universo. Leo se dio la vuelta, el corazón se le paralizó.

-Odette. Dijo, ella lo miraba, fría su expresión –no puedo creer que tu, seas el general de Miseria Leo. El rió.

-quien diría que serías la golfa de Poseidón, dime querida ¿ya te ha poseído espiritualmente? Ese es el trabajo de todas las sirenas, dejarse montar como potrillas indómitas por su dios. Odette dio un paso hacia adelante –mi dios será un promiscuo, un mujeriego, pero el, nos ha respetado a todas sus guardiana y sacerdotisas, la que acepta su toma espiritual, es por libre elección ¡burbujas de coral! Lanzó Odette, Leo esquivó.

- ¡esto no me asusta sirenita!¡vas a tener que hacer algo mejor! Exclamó…la pelea siguió, no podía creer que una mujer, le estuviera haciendo eso, Odette había roto su armadura, lo tenía donde quería, justo para dar el golpe de gracia.

- ¡explosión musical! Exclamó, el sonido mas hermoso, acompañado por un brillo tornasolado, comenzó a juntarse a su alrededor, mientras Leo aguantaba estoicamente el dolor, pues, no le daría el gusto de verlo gritar, una energía dorada se vio.

-Odi ¿estás bien? Preguntó un peli azul de armadura dorada, ojos azul zafiro, que en ese momento, parecían cielo líquido, ella sonrió y se acercó.

-si Mich, estoy bien. Respondió - ¿Por qué viniste? Le preguntó abrazándolo, regresándole el abrazo que el le había dado.

-Ricardo me dijo que te habían seleccionado, el acabó con la sombra de este infeliz, me dijo que acabarías tu con el real, temí perderte. Odette se cruzó de brazos, como le complació el gesto de ira en la mirada, el hombre había cometido un grave error.

- ¿supones que no podría deshacerme de el por ser mujer? Michel de Acuario negó.

-no, yo no quise decir eso, eres muy fuerte, te he visto entrenar. Ella alzó una ceja - ¿entonces? Preguntó, Michel suspiró y tomó aire.

-Odette de Sirena, se que no es el momento, pero si algo me pasa cuando enfrente a la Tortura, yo quisiera que sepas, que lo que siento por ti, es mas que una amistad, si, se que hemos estado saliendo como amigos solo 3 meses, pero en esos 3 meses siento que te conozco y me preguntaba si tu…¿quisieras llevar la relación al siguiente punto? Aunque no lo parezca y digan que el amor a primera vista son tonterías, me enamoré de ti en ese café de París. Te amo Odette, quiero pedir tu consentimiento para que seamos novios. Leo supo en ese momento que había perdido, la mirada de ella, no era desafiante, ni despreciativa, ni nada.

-no lo hiciste, por considerarme débil. Michel negó –cariño, derribaste a Simón de Tauro y a Policarpo en un amistoso ¿Quién te llamaría débil en su sano juicio? Le preguntó, el poder se intensificaba, Odette sonrió.

-si quiero Mich. Dijo acercándose nuevamente, el la abrazó y le levantó el mentón, al tiempo que un brillo tornasolado rodeaba a Leo de Miseria.

- ¡me vengaré!¡te mataré!¡por derrotarme!¡por despreciarme!¡por haberlo aceptado a el! Fueron las palabras que declamó al cielo y al infierno antes de desaparecer en un brillo tornasolado.

FIN FLASH BACK.

Leo llegó al pie del pilar del pacífico norte –sal de allí muchacho, no tengo tiempo para perder. Augusto se dejó ver - ¿usted mató a la señora Odi? Preguntó por fin, sabiendo ya, la respuesta.

-si, lo hice yo ¿Qué vas a hacer?¿vas a llorar como lloraron sus malditos mocosos? Augusto rió.

-no señor, voy a matarlo ¡aliento divino! Lanzó, Leo saltó intentando repeler el ataque, pero este lo alcanzó.

-eres fuerte mocoso, esto será divertido. Dijo riendo, se colocó en posición - ¡llanto de miseria! Un rayo rojo en forma de una lágrima interminable golpeó a Augusto, pero en realidad, no lo afectó.

- ¡como!¡como ha sido esto posible! Augusto sonrió –esta es la pared de viento, no puede ser atravesada con nada, eres torpe, mejor que ella te aplaste. Una masa transparentosa se movía hacia el como una burbuja gigante, Leo no pudo escapar y fue aplastado por la presión, Augusto lo miraba indiferente, casi aburrido.

-eres soberbio, ese es tu peor defecto, morirás por ello. Extendió la palma de su mano y la pared de aire, lo pegó al suelo, pero Leo de Miseria, no se dejó amilanar tan pronto.

- ¡percepción de la miseria! Lanzó a Augusto, rompiendo la pared de aire, el joven alzó una ceja sorprendido.

-vaya, no está tan mal ¡aliento divino! Lanzó hacia el general de Miseria, quien comenzó a dar vueltas, como ropa en lavadora, Augusto suspiró.

-regresa al infierno, maldito infeliz, sufre en el ¡por haber matado a la señora Odi! Leo cayó sangrando, Augusto se acercó y lo comprobó.

-no tardará mucho en morir. Dijo mientras suspiraba.

Arles, había pedido que lo dejaran solo en el santuario, meditaría, por una semana, para conseguir paz en las pequeñas revueltas organizadas por Mu de Aries y Ricardo de Escorpión, los ex caballeros, estaban comenzando a darle muchos dolores de cabeza, desde la muerte de Michel, Ricardo había tenido sospechas de su identidad, de seguir así, debería deshacerse de el, en ceremonia pública, para que nadie olvidara lo que le pasaba a los traidores, que divertido sería torturar a Saga quien estaba maniatado, indefenso dentro de su propia mente, no porque fuera débil mentalmente ni hipnóticamente, una afortunada casualidad de la vida, había permitido que el se hiciera con el control del gemelo mayor sin casi mover los dedos, después de tanta resistencia a invasión, destrucción y control mental, le sorprendía que ese momento…hubiera sido el idóneo para apoderarse de Saga y una vez, hecho eso, con hechos que le dolían al muchacho, fue minando su resistencia, aunque fueras fuerte a la hipnosis y a los ataques mentales como deben ser los guardianes, si hay suficientes hechos dolorosos en la vida de alguien pierde las barreras, y puede ser tan susceptible al control mental como lo fue su querida Afrodita o su querida Artemisa, pensaba en esas cosas, cuando sintió el cosmos de Leo de Miseria empequeñecer.

-así que los bufones de Poseidón, están dándole batalla a mis guerreros, no esperaba menos de ellos. Ares encendió su cosmos, rojo como la sangre y con fuertes palabras, levantó a su guerrero.

Augusto, miraba el cadáver –eres despreciable maldito, los espectros tienen mas honor, del que tu, tendrás jamás. Dijo por fin, repentinamente, sintió el cosmos de un dios envolver al rubio, abrió mucho los ojos, al mirar a Leo de Miseria como si nada hubiera pasado.

-vaya, terminó el medio tiempo. Dijo Augusto –así parece. Dijo Leo enfadado, Agusto le sonrió con socarronería.

-vamos rubiecito, dame tu mejor golpe. Incitó el general de hipocampo - ¡deserción de la miseria! Augusto se vio repentinamente, en un campo desolado –vaya, que horror. Dijo mirando el lugar, vio el rayo rojo, pero no lo pudo esquivar, lo desgarró, bastante, al abrir los ojos, estaba en el suelo del área de su pilar.

-ya no te ves tan feliz, niño bonito. Dijo Leo divertido, Augusto se levantó.

-mas feliz que tu, maldita rata, desde luego ¡vientos huracanados! Lanzó, eso hirió a Leo nuevamente.

- ¡despellejo de la esperanza! El rayo impactó a Augusto, algo verdoso salió de el - ¿Qué pasa? Preguntó –esa es tu esperanza, la voy a ir destruyendo poco a poco, sin ella ¡no eres nada! Augusto lo miró.

-no te dejaré hacerlo ¡estela de burbujas marinas! Una estela azul con bordes dorado ocre, golpeó a Leo quien cayó, con esto, la esperanza de Augusto regresó dentro de si, ambos hombres, comenzaron a darse puños y patadas, golpes y mas golpes, buscando acabar con el otro, sus puños y sus pies, eran recubiertos de energía, una dorado ocre y la otra, roja verdaderamente, eran de armas tomar, se leían los movimientos como un libro para niños, se repelían, atacaban y se defendían, eran realmente buenos en su arte.

-estás perdido niño ¡tifón de miseria! Un tifón hecho de energía roja, con cuchillos, impactó a Augusto y tras hacerle un daño grave, lo dejó sangrando en el suelo.

Anfitrite, se acercó a su dios, quien la miró –llámalo querida, no pierdas tiempo, la mujer asintió, cerró los ojos y se concentró.

-Augusto, mi niño despierta. Augusto abrió los ojos.

-abuelita Barbie. Dijo –se que el es fuerte, pero no es mas fuerte que tu, demuestra la justicia del mar Augusto, no te dejes vencer por un hombre que tiene por moral causar el mayor dolor posible en vez de la mayor felicidad, vamos mi niño, desde aquí te apoyamos. El se levantó flotando.

-lo haré, abuelita, lo haré señorita Anfitrite. Dijo despertando, al abrir los ojos, vio a Leo con un mazo de pinchos rojos.

-es, espera. Llamó - ¿he? Niño, creí haberte matado. Augusto negó.

-aún no te deshaces de mi, maldito engendro ¡escondite del caballo! Unos trozos de coral, aparecieron y aplastaron a Leo, pero este, rápidamente se libertó de ellos.

- ¡quebranto de la esperanza! Ese otro rayo, como un trueno partido por la mitad, le pegó a Augusto, quien se acurrucó.

-se ha ido. Dijo, Leo rió –todos sucumben ante ese poder, a Odette, la liberó el alma de su maridito, pero tu, no tienes quien lo haga. Augusto seguía ahobillado, Leo se acercó con su mano alzada, una centella roja - ¡desgarro de la miseria! Cuando el poder tocó a Augusto, este dio un salto, el poder de Leo rebotó contra si.

- ¡como!¡que has hecho! Espetó el general de miseria –he usado tu propio poder para liberarme, sabes, en mi eso no tiene efecto, aunque el dolor es fuerte, no lo niego, no he perdido mi esperanza, no puedes hacerme daño ¡no estoy desgarrado por el dolor! Leo abrió mucho los ojos.

- ¡que clase de monstruo eres! Preguntó en una exclamación –uno mas benigno que tu, al parecer ¡embarazo del caballo marino! Leo gritó, al verse atrapado en un saco amniótico, gritó.

-no tiene caso que lo intentes, estás demasiado débil, ha llegado tu fin Leo de Miseria, regresa al infierno del que saliste. Leo gritaba dentro del saco, Augusto sonrió.

-bien, todo está pasando a mi, su poder, su fuerza, de verdad es un tipo asqueroso, que vida tan asquerosa la suya, en fin, que es lo peor que he visto. Cuando el conjuro terminó, desapareció el saco, abriéndose como una flor, allí, estaba el rostro de Leo de Miseria, engarzado en un hipocampo hecho de coral.

-eras tonto, demasiado sanguinario y sin honor, de lo peor. Dijo por fin, se acercó a el -te colocaré en mi jardín de los vencidos, no vale la pena que manches con tu presencia, el lugar que es santuario de mi señor. Al haber dejado a la ahora estatua de coral en el sitio que le correspondía suspiró.

-no es que su muerte no me haya dolido señora Odi, debí hacer un esfuerzo y dejarlo al margen por un momento, ojalá se reencuentre con el señor Mich en el cielo. Dijo elevando su mirada, al cielo marino, en paz, por haberse desecho de una de las ratas, fue a ver, a Antoin, quizás, estuviera en el cementerio.