—¿Y es verdad que estás casado? —pregunta bajándole los pantalones.
—Yes —se mueve un poco.
—¿Con quién? —pregunta menos angustiado.
—Con... —traga saliva porque Francia está pensando que es toda una fantasía suya y eso sería demasiado.
—Oui? —sonríe queriendo oírlo. No creas que él no se lo está imaginando
—Él —decide.
—¿Él?
—T-Tu hermano.
Frunce un poco el ceño.
—No es verdad.
—Sí lo es.
—¡Es mentira! Me has dicho muchas cosas que contradicen eso.
—W-What? ¡No es cierto!
—Oui! Dices que nos veríamos los fines de semana y que no tenemos sexo sólo de vernos histéricos. Tú y yo... ¡Estamos juntos en esa historia!
—Waaaaaaah —se esconde y Francia sonríe abrazándole y riendo porque nunca tiene el beneficio de tener una historia en la que oficialmente salga... Casi—. No es ciertoooo.
—Sí que lo eeees. Me gusta.
—¡No! ¡Devuélveme mi alianza!
—Sólo si me das una.
—What?
—Si vas a hacer una historia en la que TÚ tienes una alianza y yo la otra, ¡quiero tener una!
—No es una historia y no es para ti. ¡Tú estás con Switzerland!
—Yo estoy con... —parpadea Es que en serio... O sea, es como... Tengo diez años...—. Oui. Pero esto es otra cosa.
—No. No. La recibirás cuando toque. Devuélvemela y no seas crío —muy avanzado en edad él.
—Si la quieres, vas a tener que encontrarla —le saca la lengua, Inglaterra pone los ojos en blanco y Francia sonríe malicioso—. Está en algún lado entre acá... Y acá —se señala la cabeza y la punta de los pies. Inglaterra se le sube encima haciéndole tumbarse. Al galo le brillan los ojos.
—Ya la... ya la he buscado antes —susurra aun así avergonzado con su cara, pasándole las manos a los bolsillos.
—Búscala más...
—Eres peor que un crío —pero aun así empieza a buscarla.
Debe traerla así como... En el bolsillo de los pantalones. Lo que quiere es que le toques y está ENCANTADO. Y claro que le toca. Le toca como si le estuviera poniendo crema solar. El pensamiento hedonista de Francia en todo su esplendor. Entrecierra los ojos.
—Te dije que te hincarías... —susurra con voz suave.
—No estoy hincado.
Le sonríe.
—Estas parecido a estar hincado —debe notar, por cierto, que entonces Francia estaba más fuerte de lo que está ahora. No demasiado... Pero Inglaterra le conoce centímetro a centímetro y no creas que no es en parte eso lo que le gusta y hace que éste Francia sea más sexy. (Francia actual levanta una ceja).
— ¿¡A que te obligo a que me la chupes, cabrón!? —protesta sin pensar encontrando por fin la alianza.
—A qué ¿qué queeeeee? —se ríe
— ¿Que qué, que qué? —sonríe.
—Te la chupo si me la chupas —le cierra un ojo.
—Whaaaat? —sonrojo. Francia se humedece los labios incorporándose un poco y tomándole de la muñeca con todo y alianza con cierta fuerza.
—N-No... La cena... —es que además ya van dos veces y prometió que nada contigo.
— ¿Qué con ella? El mundo puede esperar —le empuja con la otra mano para que se caiga de espaldas junto a sus piernas. Y se deja caer, cómo no. Sonríe ESA sonrisa peligrosa—. Sí que quiereeees.
Inglaterra se SONROJA.
—Anda... Acuéstate bien y acomódate, yo me pondré arriba —se quita sus pantalones.
El inglés balbucea algo inteligible y Francia ya empezó a besarle las piernas y a montársele encima en posición de perfecto. Carraspea y se da un poco de marcha notando el asunto, porque sabe que no le gusta que se quede ahí como bobo y no empiece también. El galo sonríe un poco, sorprendido aún de este Inglaterra, tan hábil y bien entrenado. Entrecerrando los ojos y... Bueno. Creo que está de más decir "disfrutando el momento".
Lo que ocurre es que al ver que tardan tanto, Roma le pide a Suiza que le enseñe la puerta principal del palacio ya que le da curiosidad, porque antes no la ha encontrado.
¿La puerta principal? Pues... Ahí va Suiza a mostrársela protestando amargamente y diciendo que todo esto es estúpido, feo y completamente INNECESARIO.
—Nada más un cabrero falto de clase opinaría eso —oye decir a alguien. Por si no estabas bastante confundido, Suiza. Abre los ojos como platos y se sonroja.
— ¡No soy ningún cabrero falto de clase! —chilla igual y susurra sobre los malditos perros austríacos del infierno.
Y es que de hecho... ES Austria. En origen no iba a encontrarse hoy con él en su paseo, pero Suiza no iba a salir a la puerta hoy, de eso se llama alterar el continuo espacio tiempo. Y pues… le ladra que no es un cabrero.
Austria, con el pelo bajo su sombrero y su abrigo que nada más lo había dicho a modo random sin fijarse en quien protestaba, se queda paralizado.
Suiza frunce el ceño y fulmina al individuo dando un paso hacia él con agresividad aún sin notar quien es, claro. Pero el austriaco se asusta aún más al notar que encima se acerca, con el corazón en un puño sin saber si le ha reconocido o no.
—Qué derecho tiene de decirme que yo soy un... —se calla un poco al ver que es extrañamente familiar.
Austria traga saliva y Roma sí le reconoce, levantando las cejas.
—E-Eres... Tú... —balbucea parpadeando… En francés, claro está, notando quien es entre más cerca esta. Levanta las cejas.
Mientras el otro no hace nada más que quedarse ahí con las rodillas temblorosas. Suiza traga saliva y por un momento piensa en llamar a la guardia, toma aire incluso para hacerlo.
—Estas... —susurra con la boca seca, haciendo que el suizo se interrumpa de hablar y trague saliva, de nueeeevo, mirándole a la cara.
—¿Qué haces aquí?... —susurra en riña el instinto protector hacia el austriaco. ¿No que querías llamar a la guardia?
—¿Qué haces TÚ aquí?
—TÚ... ¡Si te ven van a matarte! —insiste en un susurro apretando los ojos y sonrojándose un poco porque está aquí CON Francia.
El austriaco aprieta los ojos y se da media vuelta siguiendo su camino. Suiza traga saliva y le parece importante...
—Estoy aquí con France.
Pero Austria no se gira, aunque si lo oye. Claro que le oye.
El helvético traga saliva y le mira caminar alejándose y volviendo a pensar en llamar a los guardias... O algo. Aunque la triste realidad le carcome un poco: no le importa. Ni que este con Francia ni que se haya tirado al… ¡se ha tirado a alguien hoy! Pudo haberlo visto y... Y nada. Misma respuesta.
—No soy un cabrero —se dice a si mismo con el corazón en un hilo apretando los puños y volviendo a mirarle irse por unos segundos más antes de darse la vuelta y empezar a caminar al lado contrario, maldiciendo.
Austria, es que nada más no puede creer que realmente Francia le haya arrastrado hasta aquí. ¡A él! Está viviendo en su palacio y con su... con Suiza. Tiene que hacer algo... TIENE que hacer algo. Antes de que además ese loco ruso lo haga.
Y Suiza... Es que ¡¿qué hacía aquí?! Es que iban a matarlo los guardias de Francia si se enteraban que estaba aquí ¡y su disfraz era un desastre! Y... Y... Es que NO DEBÍA estar aquí, ¡no había razón para estarlo! Si había perdido el palacio y... y...
Tres pasos más adelante se detiene y sí... Se ha olvidado de Roma, por cierto. Traga saliva y odiándose a sí mismo decide seguir al austriaco, porque aunque él no se acuerde y no le importe lo que pase, él no va a poder dormir con la consciencia tranquila sabiendo que podía hacer ALGO para que no muriera idiotamente y no lo hizo.
Austria sigue andando pensando exactamente qué hacer. Ahora Suiza va detrás, con sigilo. Se topa con Roma, claro está y levanta las cejas al recordarle. Se SONROJA.
—Quédate... No... ¡Quédate aquí! —le susurra y aunque parezca increíble, Roma sale de su camino decidiendo ir a dentro y hablar con los guardias mejor.
Austria anda por Viena bastante deprisa y más por lo que suele andar él de normal, con el cuello de la capa subido. Y Suiza va como chango, intentando no perderle, medio en la calle, ahora se sube al tejado, ahora corre por ahí. Francia lo va a regañar por la ropa empolvada y sucia... Quizás hasta termine por perderle.
Creo que Austria se mete por hoy en una casona grande que le parece muy pequeña, no tan céntrica. Suiza le espiiiiia un poco subiéndose al techo pero... Nada que hacer. Pues como no te metas en su casa... aunque en realidad ya vive en su casa, pero bueh, en la que duerme para que se entienda.
Pasa un rato y el austriaco no vuelve a salir, así que el helvético se ha ido de ahí, preocupado. Muy preocupado y confundido sin saber...que pensar. ¡¿Que hacia aquí?! Francia le había echado de su casa y debía estar en una montaña escondido. No... ¡Ahí! Aprieta los ojos pensando que ahora con mucha más razón quería irse a casa porque no había pensado en que estuviera TAN... Ahí.
Y para que te enteres Suiza, esto es Viena. Pero cierto, no siempre está tan ahí, pero a veces va a la ciudad de tanto en tanto, porque en el fondo aun es su ciudad y esto es nada más una invasión forzada.
En realidad Suiza le entiende. Él también querría ir más a la suya de lo que va. Y pues eso, regresa al palacio con un montón de sentimientos encontrados que en realidad apuntan más a la catástrofe que a la alegría. Detesta este sitio... ¿Cómo es que nunca pensó que podría encontrárselo? ¿Y como esperaba que fuera si se encontraban?... Claro que, además, ¿qué esperaba... si estaba viviendo en SU palacio con SUS cosas? Era más simple pasar sobre ellas sin pensar en él cuando sólo había llegado sin verle.
Pero el inconsciente le traiciona también al tranquilizarse un poco de darse cuenta que la herida de la pierna parecía haber mejorado lo bastante como para caminar bien y rápido. Y a pesar de toda la invasión no parecía estar maltrecho. Entra al palacio de nuevo.
xoOXOox
Inglaterra se separa un poco frustrado porque estaba intentando que esto no pasara de nuevo, pero tremendamente satisfecho con el resultado como siempre y sin poderse arrepentir ni un poquito.
El francés se gira un poco, sonriendo, aún con escalofríos, preguntándose desde cuando Inglaterra se ha vuelto tan hábil. Deberían hacer esto más a menudo. Se pasa una mano por el pelo revuelto.
—Tengo muchísima hambre...
—Y yo...
Suspira un poco y le acaricia suavemente un brazo.
—Deberíamos hacer esto así de vez en cuando.
—Por tu seguridad... será mejor que no lo intentes.
—¿Por mi seguridad? —se ríe—. Oh venga, Angleterre... Tú llegaste hasta aquí...
—Ya te he dicho que no voy a recordar nada... no estoy seguro de que no te la arranque con los dientes si me la metes en la boca.
Aprieta los ojos y se ríe.
—Nah, te gusta demasiado como para arrancármela.
Inglaterra se sonroja y lo que pasa es que también le da mucha rabia esa parte que hace que seas un cascos ligeros.
Francia se ríe un poco acercándosele y dándole un beso en la mejilla antes de levantarse en todo su esplendor. Digo, ya que le gusta, al menos que sea un buen show. Y el inglés parpadea y se emboba irremediablemente.
Contonea las caderas y le mira por encima del hombro. Le cierra un ojo y le manda un beso, para agregarle al movimiento patentado por Francia. Y sí. Te babea con cara de idiota, hay cosas que no cambian.
Sólo entonces sale de su estupor para cubrirse a sí mismo, sonrojarse de muerte y tratar de esconderse o parecer muy ocupado como si no le hubiera estado mirando. Francia se ríe de buena gana estirándose un poco y yendo a recoger su ropa, robándole a Inglaterra los calzoncillos rotos. Porque con todo y todo no es tan cochino como para ponerse los del soldado al que le robo la ropa.
Y es que deben ser los suyos, hechos con ropa y cosidos del siglo veinte, porque este es Inglaterra el que no tira nada. De hecho, creo que el único que compra calzoncillos en esta tierra es el niño. No sé cómo es que la industria del calzón no ha quebrado. Austria y Suiza... No. A Alemania seguro también se los remiendan y Francia no usa. Aunque los bálticos se cagan de miedo tan a menudo que compran por todos.
Bueno, Francia debe notarlos suaves y blanditos. Sí que los nota... Suavecitos y flipa un poco con el elástico en la cintura, de hecho, dándose un resortazo. Inglaterra lo nota mientras los busca.
—¿¡Qué haces!?
—Auu... Que es... ¿Qué clase de ropa interior es esta?
—¡La mía!
—¡Pero es extraña! —se acaricia el culo.
—¡Pues sí, pero es mía! ¡Devuélvemela!
—Non. Vístete que vamos a bajar a cenar. ¿Necesitas que te preste ropa?
—¡No puedes quedártela!
—¿Por qué no?
—Porque... —porque es DEMASIADO cínico de mi parte volver a casa sin calzoncillos.
—Olvídalo. Son mis calzoncillos ahora —sonríe.
—No!
—Oui —le hace una especie de bailecito con ellos moviendo las caderas. Inglaterra aprieta los ojos tapándose con las manos.
—France! ¡No puedo volver sin ellos! Son míos, del futuro. ¡No pueden quedarse aquí!
—Van a quedarse aquí... ¡De verdad no es pregunta! —sonríe más—. A menos que quieras perseguirme sin ellos por todo el palacio.
—France! —protesta empezando a ponerse los pantalones dispuesto a ir por él.
Francia sonríe un poco de lado caminando hacia la puerta, travieso. Inglaterra se los sube saltando y se va detrás.
—Noooon! —como de tres años, sí, sale por la puerta y empieza a correr por el pasillo.
Y ahí va Inglaterra detrás y van a correr por todo el castillo porque este Francia aguanta mucho más y es más rápido. No como el de ahora que esta gordo y fofo. Aunque… Inglaterra si está gordo y fofo también. De hecho, si... Francia debe notar que esa pancita... echa con tanto ecclair y cerveza.
Pues ahí está Francia el estirado poniendo el palacio de cabeza y... pareciéndose a su padre. Y nos preguntamos si no hay nadie deteniendo a Inglaterra además. Pero creo que al ver a Francia reír como degenerado están un poco más WTF? que otra cosa. Pero seguro sí que les pide que le detengan, así que ahora no tiene sólo que atrapar a uno, sino que no ser capturado por varios. Y lo logra más o menos, pegando y mordiendo a los guardias que no puede esquivar.
—FROOOOOOG! Hablo en seriooooo —protesta cuando le sostienen. El galo se gira riendo tontamente, mirándole idiotizado.
—Rosbiiiiif —le imita un poco acercándosele un poco y bajando el volumen de voz—. Como te sigas portando mal...
—¡No me porto mal! ¡TÚ lo haces! —protesta intentando que le suelten los cuatro guardias que ahora le sostienen. Francia se le acerca más para darle un beso en la mejilla.
—¿Quieres que me porte realmente mal con todos ellos aquí? — ¿en serio, Francia? Hace diez minutos...
—W-What? —se sonroja porque claro que sabe de lo que habla y es otra de las cosas que pasaban en esas épocas que odiaba y amaba con igual de intensidad... en serio, Inglaterra, estás enfermo.
—Todos van a ver claramente lo MUCHO que te gusta que me porte mal —sonrisa malévola mientras le toca la barbilla con el índice y de verdad Inglaterra agradece que sólo haga diez minutos porque... —Aunque podemos dejarlo a la suerte... Cara o cruz, ¿te parece bien? —sigue tan tranquilo.
—W-What? —claro que con un poco de inspiración manual... que igual tampoco sería mucha la necesaria. Aunque de no haber sido hace diez minutos todos ya podrían notar el punto de lo que dice Francia.
—Si sale cara... Seré yo quien te dará por culo aquí frente a todos... Si sale cruz quizás pueda invitar a alguien que lo haga mientras yo VEO.
—WHAT? —INDIGNACION. Así, en mayúsculas—. ¡Nadie me va a dar por culo! —unos segundos antes de notar las implicaciones de eso—. ¡Tú tampoco!
Se ríe.
—Bien, si tanto quieres que sea yo, podemos ahorrarnos el sacar una moneda y simplemente, por decreto... Saldrá cara. Quítenle los pantalones.
He de decir que los guardias están... Incomoditos. No que no hayan visto a Francia hacer estas cosas antes... Al menos no todos, pero... Es que... No deja de sonrojar a más de alguno.
—WHAAAAT? Nooo! ¡Querías cenar! Vamos a cenar ¡Hasdichoqueteniashambre! —histericolocoperdido.
—Hay cosas que pueden esperar —se ríe malignamente y se relame. Los guardias aún no se mueven—. ¿Quieres que te quite YO los pantalones? Sabes que voy a hacerlo si quiero.
—Franceeee —lloriquea intentando alejarse. Él le acaricia un poco el pelo y la mejilla porque ese tono de lloriqueo…
— ¿No quieres?
—Es que hace...
Se ríe, se le acerca un poco más y le da un beso en los labios. A Inglaterra se le cierran los ojos intentando no devolvérselo frente a todos pero es que... le besa con maaaaás profundidad, porque quiere que todos vean como le besa de vuelta. Y sin más se le va la olla del todo.
La noticia, buena o mala, es que sí tiene hambre y también para él hace diez minutos... Así que quizás te decepcione, Inglaterra, pero esta vez, por ahora, vas a salvarte.
Le acaricia la mejilla en el beso y él mismo siente maripositas en el estómago. Inglaterra intenta soltarse para abrazarle, pero no le dejan... Francia se separa sonriendo un poco.
—Vamos a vestirte — susurra con ensoñación.
El inglés parpadea aun sin saber del todo donde está. El galo le abraza y nota que están los guardias y que le incomodan. (¿Pueden dejar de actuar como descerebrados, por favor?) En cuanto Inglaterra nota a los guardias también, se sonroja y se le esconde.
—Déjennos solos —pide el francés abrazándole.
Y los guardias, es que... Francia no se decide, joder... Le miran un poco con cara de circunstancias sin estar seguros, porque además ya les toco regaño un rato antes.
—P-Pero monsieur... —balbucea uno.
—Nnnn —protesta Inglaterra apretando los ojos y la cara contra el cuello del francés porque no se van lo bastante rápido.
—Largooooo —protesta Francia encantado con Inglaterra en realidad que no reacciona como se supone... Pero reacciona bien. Y ahí sigue el pobre inglesito metido... puede que hasta le dé un besito secreto.
Los guardias renuentemente le sueltan... Pues ya que, con Francia tan insistente, sonríe bobamente con el besito.
En cuanto le sueltan Inglaterra se le arrapa como cuando duerme y Francia le acaricia un poco la espalda, apretando los ojos... Y se derrite un poco, habiendo necesitado esto un montonal por mucho tiempo.
El inglés no nota cuanto es que Francia lo necesitaba, sólo se espera a que se apacigüe el ruido de los guardias.
—Angleterre... —susurra con voz grave. Éste parpadea y se separa un poco para mirarle — ¿De verdad no vas a acordarte de esto? —pregunta suavecito. Aparta la cara y asiente. Francia traga saliva y aprieta los labios.
—¿Puedes hacer que yo también me olvide? —pregunta y se le llenan los ojos de lágrimas.
—¿Q-Quieres olvidarte?
Niega con la cabeza y se esconde ahora él.
—Pero es que... —susurra abrazándole con fuerza—, y si... y si... sólo me odias...
Le abraza más, acariciándole la espalda.
—Va a tomarme mucho, mucho tiempo olvidar esto que es como... Un sueño —confiesa lloriqueando. Siempre pasan por todas las etapas. Alegría. Draaaama. Llaaaaanto.
—Vamos a cenar —responde suspirando para cambiar de tema. Él se gira a mirarle y le da un beso en el cuello cerrando los ojos.
—Vamos.
—Pero no me voy a vestir con tus ropas feas. A mí me gustan las ropas elegantes —mismas protestas desde que era un crío. El francés se ríe limpiándose los ojos.
—Ropas feas las mías... Tú pareces pordiosero.
— ¡Yo no llevo barba de vagabundo!
—Yo tampoco —se ríe —. Venga... Vamos a vestirte.
—Pero no con ropa fea —protesta accediendo, soltándole un poco.
—Nunca con ropa fea, evidentemente —hace los ojos en blanco.
—Ja! Ya, claro... —sonríe un poco molestándole.
— ¡Pues claro que no! El de la ropa fea eres tú.
—Eso quisieras, yo soy el más elegante.
Y se muere de risa.
—Claro, claro... Ya quisieras. Tú, el de la capa verde...
—Y aun así. Ya veras, ¡la elegancia británica!
— ¿Cual eleganciaaaa? —hace los ojos en blanco—. Hasta Suisse se viste más elegante que tú, y mira que casi nunca se quiere vestir de otro color que no sea de negro.
—Tú no tienes ni idea.
—Tú NUNCA has tenido LA MÁS MÍNIMA idea, Mon amour.
— ¡Tú menos! —y con las discusiones deben llegar al cuarto. Cuarto que esta... Adaptado y... Creo que la diferencia no es tanta. Los hermanitooooos.
Debe tener flores nada más. Lo demás le ha parecido que se ve bien... Fuera de cambiar algunas cosas de lugar por no dejar de llevar la contra a Austria. O sea, los "cambios" que ha hecho son pequeños, sólo para que no se diga que no hay cambios. Aunque el vestidor…
El vestidor... Es otro asunto. Aunque está en guerra y Napoleón le respira en el cuello su vestidor es... bueno, menos abundante de lo que quisiera. En París, su vestidor es ENOOOORME, ¿Cómo sino siendo imperio? Pero considerando que este es un palacio satélite... Es por eso que él dice que tiene poquita ropa ( Ja! medio Schonbrunn).
Elige unas mallas blancas brillantes y un... Vestido para Inglaterra. Éste inclina la cabeza, impresionado con el vestidor unos instantes y luego asegura que en el futuro tiene uno más grande. Lo que es mentira.
—Oh! ¿De verdad? ¡No me extraña! ¡He pensado en construir un palacio sólo para mi ropa!
—What the hell!?
—Uno pequeño, en Versalles. Es la única manera de tener todo lo que quiero —y no me extraña. Esta es la tercera vez que se cambia la ropa en un rato.
—Eso no lo vas a tener.
—Bah, eso dices por envidioso.
—Eso lo digo porque lo sé.
—Claro, claro. Ponte esto —se ríe un poquito.
— ¡Esto es de mujer! Hagamos algo... —propone de repente—. Te cambio mis calzoncillos por tu MEJOR conjunto. Tu favorito.
— ¡No es de mujer! —protesta de vuelta y le mira levantando una ceja—. Dices que si te doy tus calzoncillos... ¿Te pondrás lo que YO quiera?
—Ehm... —vacila porque no había dicho eso exactamente, planeaba llevarle el traje a Francia como regalo.
— Non? Oh, me estas... Ah! ¡Me estás diciendo que me quede yo con ellos!
—Pero prefiero que me los devuelvas.
—Non. ¡Pensé que no era negociable! —sonriiiiie.
—What?
—Sueles ser muy, muy necio... —se ríe un poco—. Vale, si me los quedo a cambio de un traje... Te daré uno.
—No uno. El mejor. Tu favorito... y sabré si no lo es —lo sabré cuando ya sea tarde pero... lo sabré.
—Mi favorito... Lo dices como si soliera ponerme un traje dos veces —eh, bájale Francia, tampoco exageres. SI que tienes favoritos.
—Pues... uno que te guste mucho. Uno que te pondrías dos veces.
Le mira a los ojos y sonríe.
—Este es el peor negocio.
—También puedes devolverme los calzoncillos.
—Que he hecho en mi vida —asegura negando con la cabeza y busca, entonces... En sus trajes. Inglaterra mira lo que busca con curiosidad. Aunque su culo y sus piernas lo emboban un poco—. ¿Vas a usarlo tú? —pregunta sonriendo de lado imaginándose que, como siempre, va a usarlo cuando no le vea.
—Y-yes. Me lo pondré para cenar —porque no quiero decirte que es para regalártelo—. Pero no quiero el que más te gusta para mí, sino para ti.
—Para cenar... Mmmm... Quieres parecerte a miiiii —le acusa.
— ¡NO! —se sonroja porque siempre quiere aunque ahora no es por eso. Risitas... Elige uno de los trajes azuuuul con flores de lis.
— ¿Te gusta este? Es fantástico e imperial.
—Mmmmm...
Levanta una ceja.
—Non?
—Estoy seguro tienes algo mejor —en realidad no tiene ni idea, solo que la primera opción no le parece. Y nada tonto porque la primera opción no era la que más le gustaba al galo, efectivamente.
—Veamos... ¿Este? —saca uno con hilos de oro más ostentoso... Y más caro. Esto va a ir empeorando de manera exponencial hasta que se te caigan los ojos de lo recargado del atuendo.
— ¿Este es tu favorito?
—Es uno de mis favoritos... —asiente no del todo convencido.
—Quiero tu favorito.
—Mi favorito...
—Yes.
—¿Y te lo vas a llevar?
—Yes —e Inglaterra... Prepárate, porque vas a cenar con un traje hasta con capa de armiño.
—Mi mejor traje... —entrecierra los ojos pensando que sí, tiene muchas ganas de verle con uno de sus mejores trajes, no con el mejor porque ÉL va a llevar el mejor... Y que tiene de malo darle alguno que le quede sólo casi perfecto... Que tenga algún defectito. Claro que para engañarle tendrá que darle algo bueno. Aunque también está la opción de... Quitarle el traje antes de que se vaya—... y tus calzoncillos. Sí que crees que valen bastante, eh.
—¡Lo valen! ¡Nunca has visto unos igual!
—Pero están cortados... Y tienen semen —eso último hace que valgan el doble, Francia y lo sabes, so pervertido. El inglés se SONROJA.
—¡Pues eso no es mi culpa! —chilla sin pensar. Francia se ríe echando la cabeza atrás.
—Es mía, lo admito
—No te riaaaaas —protesta riéndose un poquito—. No, ¡tuya tampoco!
—Sí que lo es —se ríe un poco más—. Te lo pones en la cena y luego negociamos.
—Mmmm... —vacila y piensa que así seguro le dará uno mejor del que técnicamente le sepa mal desprenderse. El francés sonríe un poco pensando que es muy listo y no le va a dejar salir con su traje. Me encanta que cada uno piense que es el más listo.
—Es la oportunidad de demostrar que eres "más elegante que yo".
—SIEMPRE lo soy.
—Ni siquiera ahora mismo lo eres, mon amour.
Mueve los brazos para cubrirse el pecho de repente con ese comentario, sonrojándose un poco. El galo le sonríe.
— ¿Ves? Tú mismo lo sabes... —aunque me gustes así, piensa para sí, pero no se lo dice.
—Eres un tonto, es porque no me has dejado vestirme.
—Yo tampoco estoy vestido —le recuerda levantando la nariz.
—You're a bloody wanker.
Se ríe sinceramente. Inglaterra sonríe un poquito.
—Dime algo que no me hayas dicho antes... Empieza a hacerse viejo ese insulto.
Entrecierra los ojos sonriendo un poco. Francia se humedece los labios algo obscenamente haciéndole perder la concentración en buscar algo mordaz y agudo que decirle.
—W-What? —logra balbucear. El galo se ríe un poco porque lo ha conseguido.
—Veo que te haces viejo TÚ, rosbif. Viejo y tonto.
Cierra la boca y se sonroja.
— ¡No me hago viejo!
—Muy viejo. Y gordito, no creas que no lo he notado. ¿Has estado robando comida de mi cocina por varios días?
—NO! —se lleva las manos a la panza cubriéndose. Levanta una ceja y se ríe. Inglaterra se sonroja y refunfuña apartando la cara.
— ¡Nada cambia! —exclama extendiéndole un... Ropaje. O eso parece.
Él parpadea y toma las ropas inclinando un poco la cabeza y viéndolas. Son... RECARGADAS. De hecho... Seguramente son feas también, en especial para la actualidad. Porque además es mallitas, y aunque no es de la época de los luises... Bueno... Ya vieron a Napoleón.
—Esto es... ¿Este es tu favorito?
— ¡Es precioso! —sí que es uno de los que más le gustan.
—Eres un exagerado presumido ostentoso —suspira y ya se lo está poniendo.
Y Francia SONRÍE poniéndose otro y sí, es otra vez Francia de cinco años cuando su padre le llevaba a la tienda y le compraban algo a Inglaterra... Y luego conseguía que le obligaran de alguna manera a ponérselo.
Inglaterra se hace un poco de lío porque hace bastante que no se viste con ropa de esta época. Francia termina acercándose a él para ayudarle a vestir después de reírse un poco. O al menos eso intentara, piensa. Pero no, no… el inglés se deja, lo cual es bastante raro para estos tiempos, pero anda... ¿Que de lo que ha pasado hoy no es raro para estos tiempos?
Francia, que acostumbra que lo vistan, desde luego, le pide a Inglaterra que lo haga. Y le lanzan un beso mientras tararea algo sobre no ser amargado.
— ¿Que no sabes vestirte solo, Frog?
—Cómo puedes constatar tú mismo, no es tan fácil.
—Of course. Of course —le mira de brazos cruzados sonriendo de ladito.
—Y todos los días me viste alguien...
—Me pongo así —levanta las manos y le imita el acento en falsete—. Como un bebito para que me vistan.
—Pues no es como un bebito... Es mucho más simple y cómodo que alguien te vista, cher... No soy un simple campesino.
—Desde luego, más simple no es.
—Claro que si...
Niega y se acerca un poco a ayudarle. Él le sonríe levantando los brazos.
— ¿Ves? Quizás así aprendas un poco de moda después de vestirme. Podrías quedarte empleado aquí...
— ¿Yo empleado tuyo? Sigue soñando.
El galo se ríe.
—Es un trabajo demasiado importante para ti.
—Te obligaría a confiar en mí y esa es definitivamente una idea pésima.
Sonríe.
—Eso es verdad... Aunque bien dice monsieur Bonaparte que hay que tener cerca a los amigos, pero aún más a los enemigos.
—Tú... ve... haciendo esas cosas raras —gira la cara.
— ¿Esas cosas raras?
—Acercar a tus... a... eso.
Sonríe de nuevo.
—No te entiendo.
—A Acostarte con todos —susurra por fin. Francia suspira un poco.
—Pero hay de enemigos a enemigos... Y sin duda es a ti al que debo tener más cerca —le cierra un ojo.
Se sonroja apartando la cara. Francia le mira con cierta intensidad sabiendo que eso no va a rebatírselo. El inglés niega con la cabeza y se separa, sin sonreír.
—Aún tengo hambre.
—Pues bajemos a cenar... Habrán vuelto ya Suisse y...
Le mira de reojo habiéndose olvidado un poco de ellos... ya no tan contento. Francia si sonríe un poquito sin ver tanto el problema, mirándole de arriba abajo. Así que Inglaterra se dirige a la salida en silencio.
—Se te ve bien esa ropa elegante...
— ¿Ah? —se mira a sí mismo un poco desganado queriendo volver a casa.
—Hasta pareces decente —se ríe un poco poniéndole una mano en la cara.
Él la aparta sin sonreír y toma el anillo en su pecho apretándolo un poquito
—¿Qué pasa? —pregunta queriendo seguir jugando como hasta ahora, claro.
—Nothing... es hora de volver.
—¿Volver a dónde?
—A casa.
Francia traga saliva y le mira desconsolado, con la MISMA cara con que le ha mirado hoy al despedirse. Inglaterra aprieta su anillo en su mano.
—P-Pero tienes que cenar y... Pasar la noche —como le cueeeeeesta. El inglés niega.
—Cenar... pero no voy a pasar la noche.
—¿Qué prisa tienes?
—Mucha.
—¿Por quéee?
—Echo de menos a mi marido.
— ¡¿Cual marido?! —ojos en blanco.
—El mío —se sonroja apretando los ojos—. ¡Basta de preguntas!
—No tienes ningún marido, es... ¡Pura fantasía! —protesta y van a acabar peleandoooo.
—¡No lo es! Shut up!
—¡Eso es lo que planeabas desde el principio! ¡Irte así!
—No, but... I...
Se le acerca y le da un beso. Inglaterra se calla, claro, cerrando los ojos, qué más va a hacer... pero ahora es que ya ha recordado quien es y que hace con todos en esta época y por qué no es así con él todavía.
Y aun así, Francia le besa con angustia. Porque aun siendo quien es y sabiendo lo que hace, este Inglaterra es una breve mirada a algo que no se permite siquiera desear... Pero que en el fondo echa de menos un poco. Cuanta angustia.
Roma les encuentra en mitad de un pasillo y se ríe contento al ver que se besan. Francia aprieta un poco los ojos, toma aire y se separa del beso. Inglaterra parpadea y cuando nota a Roma gira la cara y se separa de Francia tanto como da el cuarto.
El romano levanta las cejas notando eso y se acerca a Francia al leer en su cara que algo no va bien INSTANTANEAMENTE. El galo da un pasito hacia el inglés... Y se detiene a sí mismo al ver a su "hermano" ahí. Traga saliva. Respira. Levanta la nariz y se gira hacia el recién aparecido, que le mira un poco desconsolado.
—Me temo que me ha salido un compromiso urgente.
—Nosotros nos vamos —declara Inglaterra a la vez. Francia se humedece los labios.
—Pero... muchachos —les mira Roma a uno y a otro—. ¿Qué ha pasado?
—¿Dónde has dejado a Suisse? —pregunta Francia con la voz más seca que puede tratando de ordenarse la cabeza.
—Ha ido a... dar una vuelta por la ciudad.
Le mira a los ojos tratando de leerle como si fuera España o los Italia, para descubrir si se ha acostado con él o no. Roma parpadea nada más aun intentando saber qué ha ido mal que le ha puesto tan agresivo.
—Mandaré por él de inmediato—murmura descartando el averiguarlo así, pensando que ya lo sabrá en su momento... El lío además en el que estará metido con él no va a ayudar en lo absoluto a nada de todo esto. Se pasa una mano por los labios—. Fue un gusto conocerte.
Roma le mira aún más desconsolado y se acerca a abrazarle. Oh... El abrazo. Es peligroso. Francia aprieta los ojos porque lo último que quiere ahora mismo es sentir.
—Sé fuerte, mi vida —susurra el romano en latín, sin soltarle.
Francia siendo atacado emocionalmente por todos los frentes. Su paaaadre... Esa voooooz.
—Te quiero mucho, muchísimo y me acuerdo de ti todos los días. Pronto todo irá mejor —le promete y Francia se queda sin aire con todo eso, tragando saliva y gimiendo un poco sin entender que es lo que está pasando.
—Yo pienso en ti todo el tiempo y te echo de menos —responde él en latín al... fantasma mental de su padre, en un susurrito.
—Lo sé, cariño mío, lo sé. Y yo estoy orgulloso de ti —beso en la frente—. Veo lo que haces desde el cielo y sonrío contigo.
Suelta un sollocito sin entender nada y ahora a ver quién le despega... Va a tener que ser con pinzas.
—Cuida de ti... y de tus hermanos, ellos son quienes estarán contigo cuando estés más necesitado.
—¿Cómo...? Es que... No te vayas... —pide en un susurro otra vez.
—Shhhh... No me necesitas aquí, lo estás haciendo muy, muy bien tú solo y tienes que seguir haciéndolo para saber que eres un digno hijo mío.
Tiembla un poquito con esto
—Si lo soy, papa... Si lo soy —ya está lloraaaando, peor ahora, está convencido de que es un sueño.
—Claro que lo eres —le acaricia la espalda acunándole. Mientras Inglaterra prepara el hechizo para volver... y vas a odiarle Francia, porque lo hará desaparecer de tu abrazo.
Si, va a odiarle. Y va a estar cada vez más convencido de que fue un sueño. Uno muy real en el que perdió un traje y gano unos calzoncillos. Y Suiza dice... Que claro, que cuando quieran. A él le encanta quedarse a recoger los platos rotos y a Francia que seguro estará instalado en el draaaaama. Lo siento, así había de ser. Gracias al cielo esa parte no la vamos a escribir.
Al final, esto era lo que tenía que pasar... ¿no crees? ¡No olvides agradecer a Holly su beteo y edición!
