Advertencia: La primera escena marcada con el nombre de Pansy contiene escenas moderadamente explícitas de sexo, si eso no te va o simplemente quieres saltártelo evita la primera sección de nuestra protagonista.

Avisados están.


Neville:

Estaba a punto de entrar al castillo sin mirar atrás cuando pasó lo inesperado. Algo en ella se rompió al ver que sí necesitaba esa mano amiga y la estaba dejando ir; que este era el salvavidas que había estado esperando, que era hora de dejar de cerrar los ojos y esperar a que bajara la marea─. Ya no puedo. No puedo Neville. ─sollozó, la voz cada vez más aguda y los ojos cada vez más húmedos.

Neville la abrazó como acto reflejo, dejó que empapara su túnica de lágrimas y mocos y que dijera todo lo que tuviera que decir, sobre sus padres, sobre el régimen, sobre el vómito de los niños en su ropa y sobre las ganas que tenía que contener todas las noches de subirse a una cornisa y no bajar por las escaleras.

─Todo está de cabeza ¿eh? ─le dijo Neville acariciando su cabello una vez calmada─. Cada noche más rara que la anterior ─susurró en su oído, contándole a su vez todo lo que le había pasado a él, incluso la carta de Dumbledore. Los sonidos del castillo se perdían en el viento.

Entonces terminó de hablar y llegó el silencio. Estuvieron así mucho tiempo, sin moverse, sin decir nada.

Y ella lo besó. Lo besó sin ninguna advertencia, sin ninguna de las señales previas de las que tanto le habían contado Dean y Seamus, lo besó con una dulzura que le desconocía y una fragilidad que lo desconcertó.

»Estás muy emocional ─balbuceó al terminar el beso─. Quizás no sea buena idea que...

─Tú estás muy emocional ─dijo con una sonrisa y lo besó de nuevo, con la misma paciencia y la misma curiosidad de antes. No como alguien que no puede contenerse y tiene que saciar sus emociones con lo que tenga enfrente, sino como alguien que disfruta lo que está encontrando en el lugar que nunca había buscado.

Pansy:

¿Es esto el inicio de algo más?

Casi no podía respirar, tenía que luchar por cada bocanada de aire y aún así se sentía cómoda. El peso de Neville sobre ella y el calor de su cuerpo no le bastaban, con sus manos acariciaba su espalda una y otra vez intentando pegarle más a ella a pesar de que fuera imposible.

Ahogó un grito en su hombro, quizás mordiendo más de lo necesario pero a él pareció no importarle. Continuó besándola como si nada, a veces en la boca, a veces la frente, a veces el cuello erizando la piel allá donde sus labios la tocaban. Todo era húmedo, todo era suave, todo era intenso y abrumador. Pansy quería gritar y arañar y si era necesario rogarle que nunca parara de amarla.

¿Qué estoy haciendo?

El ritmo se aceleró y tuvo que enterrar la cabeza en su pecho para evitar mirarle porque cada vez que lo hacía le entraba la risa. Y no era una risa burlona, ni una risa incómoda. Era una gutural risa de felicidad que la hacía sentir aún más boba que él. Lo peor era que Neville se la devolvía junto con un beso apasionado que moría en un gemido delicado.

Cada tanto, recorría sus piernas con sus manos y le hacía cosquillas en la cintura, los muslos y las rodillas que la desarmaban por completo. Recordó como minutos antes había besado sus piernas subiendo poco a poco y le había dicho que era hermosa. La más hermosa.

Pansy se derretía en sus manos, por cómo le hablaba, por cómo la miraba, por el hecho de que se había preocupado lo suficiente para poner música y desvestirla con galantería recordándole cada segundo lo mucho que le gustaba, su cuerpo, su personalidad, sus gritos.

¿Cómo llegamos aquí?

La presión comenzó a hacerse inaguantable y se encontró moviendo la cadera sin pensar en nada más. Quería decirle algo antes de terminar, antes de que la adrenalina escapara del cuarto y tuviera que cambiarse avergonzada y salir corriendo. Antes de que volviera a atacarla la ansiedad de saber que lo que estaban haciendo era engañarse a sí mismos, antes de dudar.

─Neville ─susurró en su oído─. Gracias.

Él gruñó cómo respuesta, parecía no saber por qué le estaban agradeciendo pero complacido de todos modos le sonrió y le tomó la cara con ambas manos para seguirla besando. En unos segundos todo su cuerpo se tensó y desde los dedos de los pies hasta las arrugas de su nariz se curvaron en un espasmo de placer.

¿Qué me está pasando?

Neville:

Estaba llegando a su fin la mejor semana de su vida. No sólo había podido descansar sin que nadie le reprochara nada, sino que Pansy había descansado con él. Claro que no era algo fácil de llevar con la señora Pomfrey y Hannah cuidándolos como aves de rapiña pero habían logrado escaparse casi todas las noches.

No se habían vuelto a besar desde aquella primera vez en el balcón hasta esta tarde.

Todavía se sonrojaba al recordar lo que había pasado hacia unas horas. Su piel suave y caliente, sus gemidos y su inusitada dulzura que había ido encontrando poco a poco bajo toda la hostilidad, de inmediato se apenó al ver que su cuerpo respondía a los recuerdos y se apartó un poco de la bella durmiente a su lado. Aún no se acostumbraba a estar en aquella habitación bajo el lago, con su brillo verdoso y la poca iluminación en la que a penas si podía distinguir la cama de Milicent a su lado con las cortinas corridas. Se volvió a sonrojar furiosamente esperando que no los hubiera escuchado. Una cosa era ser una de las dos personas que sabían de lo suyo -la otra era Seamus- y otra muy diferente tener que soportarles sus escenitas.

Ciertamente aún había cosas de Pansy que le ponían los pelos de punta y le exasperaban demasiado, cosas que quería pedirle que cambiara pero que no se sentía cómodo haciendo, después de todo no eran una pareja de verdad y ella no dejaba de recordarle que eran dos niños traumatizados que querían un poco de amor en medio de todo el drama.

Él no estaba de acuerdo, pero siempre había sido un idealista. Su abuela solía decir que el día que se enamorara no habría fuerza en el mundo que lo separara de la chica, que tenía demasiado amor en su corazón y necesitaba soltar un poco.

Entró al baño intentando hacer el menor ruido posible y se lavó la cara con agua fría, esperando que eso le regresara la sangre a su lugar. Y entonces sintió algo en su pantalón, algo caliente que no había sentido desde hacía una semana.

Una sensación de temor le subió por la espalda sin saber por qué, la mano le tembló al levantar su galeón del ED. Era un mensaje privado de Abeforth así que tuvo que sacar su varita -prestada porque Pansy aún no le devolvía la suya- y golpearlo tres veces. Los ojos se salieron de sus órbitas, el corazón le dio un vuelco y en ese preciso momento tuvo que juntar todo el coraje del que fue capaz para salir de la habitación y de la sala común de Slytherin tomando un sorbo de poción multijugos que había quedado hace unas horas.

Corrió con el corazón en la garganta y el perfume de Pansy en la piel, la vista nublada por las lágrimas que llegaban inevitablemente al sentir que cada paso que daba hacia el bar de Abeforth lo alejaba de Pansy. Era hora. Había vuelto.

Harry Potter aquí. Ven.


Nota de la autora:

Sí, eso es todo, no hay más que leer aquí.

Muajajajajá.

Gracias a todos por sus comentarios, siempre son bienvenidos.