¡Buenas madrugadas! Sí, no son horas para estar en la computadora y menos actualizando, pero bueno, estaba motivada y como llegué tarde a casa, pues es lo que toca XD No me voy por las ramas más, así que disfruten y piensen en que existen personas con mala suerte y después están Gintoki, Sougo y Shinpachi lol

*I Love Okikagu.- Pues mira que lo que le pasará al sádico será casi tan malo como castrarlo XD Y sí, Nana no dejará que su hombre se acerque a otras jajajaja. Y sobre Kamui, bueno, todavía tendremos que esperar.

*Lu89.- Aquí tienes la continuación XD Aunque creo que te dejará un tanto impactada, especialmente por los nuevos críos que salen.

*Mitsuki.- ¿Qué puedo decir? Los Syx son amor y los mejores aliados para nuestras protagonistas que deben soportar a sus idiotas hombres. Créeme, los amarás más al término de este capítulo lol

*Jugem.- Ya sabes, los mega spoilers de Blood and Roses XD Sougo sin duda tendrá un castigo ejemplar. Y créeme que hasta el momento tengo mis dudas sobre lo celoso que puede ser Kamui, pero si extrapolamos lo obseso que es cuando encuentra una presa interesante a las relaciones sentimentales, pues sí, creo que podría ser el más celoso-posesivo de todos :D

Lección 7

Los niños son los mejores aliados de las mujeres

Esas pupilas carmesí le observaban con interés, como si fuera un bichejo en peligro de extinción del que solamente habían oído hablar a través de las revistas. Y de algún modo le hizo conmemorar a una persona en particular, a alguien que también le miró de ese mismo modo cuando lo conoció por primera vez. ¿Pero es que podrían tratarse de los hijos de esa persona? Porque de ser así, esas cabelleras castañas no congeniaban mucho con la descriptiva física de la muchacha que tenía en mente.

—¿Qué sucede?¿Por qué te has quedado completamente callado, Gin-san? —cuestionó Shinpachi a su mayor; uno que tenía un semblante entre serio y abrumado.

—De ninguna manera una mujer tan libertina como ella podría haber…terminado convirtiéndose en madre —ignoró por completo al de gafas y se centró en el dilema que únicamente comprendía él y nadie más.

—¿De quién demonios estás hablando? —hablaba Kagura con ganas de atestarle un buen golpe en la nuca al peli plateado.

—Es decir, mírenlos, son unos adorables gemelos que no lucen como si hubieran sido criados por un súcubo interestelar que solamente piensa en sí misma, que se la pasa creando armas de destrucción masiva y que ve a los hombres como simples juguetes s******* que ocupa y desecha como vil basura para satisfacer su voraz apetito —dijo Gintoki sin dejar de mirar a esos dos callados niños mientras parecía estarle reprochando a alguien por algo que todos solamente podían intentar imaginarse.

—En realidad son mellizos —le corrigió Nana.

—¿Quién habrá sido el pobre diablo que accedió a casarse con ella?¿Qué pobre alma es la que tiene que cargar con ella y estos niños que bien podrían ser de otro? —es que todos ya estaban desesperándose con la actitud de Sakata hasta el punto en que a la pelirroja no le importó mucho el enterrar al pobre hombre en el suelo como si fuera una patata.

—Kagura-chan, deja de destruir la casa que la casera va a asesinarnos en cuanto vea lo que ha pasado… Ni de coña va a creernos que un perro infernal vino desde el espacio exterior y decidió usar su casa como su patio de juegos —Shimura continuaba siendo, después de tantos años, el único responsable y moralista del grupo.

—Entonces, ¿de quién son esos dos? —Tsukuyo cuestionó a los únicos que sabrían darle la respuesta, porque su esposo continuaba.

—Son los hijos de Moka —la respuesta de Raiko creó conmoción en cada uno de los desinformados presentes; es que todos conocían a esa mujer y su particular personalidad y no podían relacionarla con esos dos niños.

—Ella y ser madre no pueden ir en la misma oración sin una negativa de por medio —murmuraba Kagura a la vez que parecía haber sido inmersa en un trauma severo del cual no escaparía fácilmente sin requerir de numerosas terapias con el psicólogo.

—¡¿De Moka-san?!¡¿En verdad alguien como ella se ha convertido en madre?!¡Pero si….! —y entonces una incógnita más trascendental asedió la cabeza de Shinpachi—. ¡¿Quién es el padre?!

—Sí, dígannos cuál es el nombre del pobre desgraciado que terminó cayendo en las garras de esa maldita bruja destruye hombres —el de la permanente todavía seguía cacaraqueando pese a su condición.

—Ciertamente no me imagino a esa zorra siendo una buena madre… Aunque si lleva a sus hijos por el sagrado camino del Bondange, tal vez no sea tan mala madre como todos pensamos —expresó Okita con una sonrisa sumamente maliciosa y en cierto modo miraba con perversión latente a Kagura, como si estuviera mandándole un mensaje muy directo y sucio.

—¡Maldita escoria, deja de pensar en obscenidades y esas enfermizas fantasías que tienes!¡Un maldito pervertido como tú no debe tener derecho a reproducirse nunca en esta vida! —lo peor es que se encontraba golpeando la hombría del castaño sin piedad; y tampoco es como si Sougo pudiera escapar, no después de que el Syx metiera en su hocico la mitad de su humanidad.

—…El padre de esos niños es Abuto…—la peli blanca fue la segunda persona en crear de nuevo un estado de pasmo colectivo. ¿Es que en algún momento dejarían de reaccionar tan ridículo?

—¡¿Qué…..?! —gritaron a los cuatro vientos.

—Bueno, en cierto modo nos sorprendió a todos…—expresaba el blondo para quienes se habían convertido en una versión barata de Am Anfang de Eckert Heiko—. Creíamos que esos niños correrían peligro con una madre como Moka, pero gracias a Abuto no serán malas semillas de esta sociedad. Hasta pensábamos en quitárselos cuando nacieron.

—¡Shinya, Rui! —al fin Kyohei había decidido dirigirse hacia ese par tras haber acariciado lo suficiente a su peludo amigo—. Vayamos a jugar al jardín. Midamos fuerzas como la vez anterior.

—No suena mala idea, Kyo. Después de todo seguimos empatados —el chico de revuelta cabellera y flequillo lateral le sonreía con la misma intensidad que el pelirrojo; ambos parecían haber sido cortados con las tijeras de la competitividad—. Te ganaré de una buena vez por todas —descendió de un salto y se dirigió a su amigo. En ese momento intercambiaron un apretón de manos acompañado de toda una faramalla de saludo que solamente a unos críos de su edad podría ocurrírseles.

—¿Y no hay problema con tu hermana? —cuestionó tras mirar a la callada infante de coletas cruzadas.

—Déjala, déjala, no le pasará nada. Ya es autosuficiente a su edad —exponía el chamaquillo sin preocupación alguna.

—¡¿Cómo que es autosuficiente?!¡Solamente eres un mocoso que apuradamente llega a los siete años de edad, así que no hables como si fueras un adulto más!¡¿Y cómo es que conoces una palabra tan sofisticada para tu edad? —los sermones de Shinpachi estaban para todos y para cualquier edad; no había límites para su moralidad absurda.

—¿Siempre es así de escandaloso tu amante? —el castaño pasó del chico de gafas y se enfocó en Nana—. Deberías educarlo mejor para que deje de comportarse como una nenita de siete años y actúe como un verdadero hombre. En verdad que no entiendo tus gustos, Nana…Pudiste haberte ligado a alguno de los subordinados de Raiko-san o Kamui-san.

—¡No cabe ni la más jodida duda de que es su hijo!¡Es su maldito y torcido retrato hecho hombre! —recriminaban Sakata y Shinpachi a la vez, señalando al pequeño demonio que había llegado a su hogar montado en una bestia apocalíptica—. ¡Será un peligro para el mundo y para las mujeres!¡Un maldito gigoló en potencia!

—Gintoki, no deberías hablar así de mal de un niño. Es joven y todavía no sabe sobre lo que es bueno y malo en esta vida —Tsukuyo reprobaba la conducta del samurái—. Todavía tiene un largo camino por adelante.

—Oh, usted debe ser Tsukuyo-sama. Es un placer al fin conocerla después de todas las cosas que mi madre me ha mencionado de usted —Shinya se dirigió a la rubia, hablándole con la formalidad correspondiente—. Es mucho más bonita de lo que mencionó que era —le sonrió cálidamente, con la candidez propia de un niño—. Debe ser difícil tener a un marido como él y espero que su paciencia sea bien recompensada.

—Eres bastante atento para ser tan joven…Si al menos "otros" aprendieran de ti este mundo sería un mejor lugar —reproches, reproches para todos lados.

—Ninguna de ustedes tiene la culpa de estar rodeada de samuráis incivilizados que solamente piensan en sí mismos y nada más. Que además de inútiles e incompetentes son medio retrasados… Mujeres como ustedes merecen mejores prospectos.

—¡Ey mocoso, se ve que los tienes bien puestos para venir a contarle esas cosas a nuestras mujeres!¡¿Por qué no vienes aquí a decírnoslos en nuestras caras si tantos pantaloncitos tienes?! —no solamente era Gintoki quien se apreciaba con un aura oscura y los ojos de ogro, sino también Okita y Shinpachi; al parecer no sobrellevaban bien las bromitas de cierto Yato—. ¿Qué les parece si lo re-educamos?¿Por qué no le enseñamos lo que estos "samuráis incivilizados" somos capaces de hacer?

—Tu madre estará sumamente agradecida con todos nosotros por encargarnos de tus malos hábitos y por limpiar esa sucia boca que tienes muchachito —el pelinegro ya tenía su bokken en su mano derecha mientras ajustaba sus gafas con la otra—. Si no duele, no sirve.

—Los niños engreídos como tú siempre terminan con la cabeza metida en el retrete a la vez que sus compañeros le toman fotografías a su trasero y las imprimen para decorar la escuela mientras inventan sinnúmero de apodos ofensivos…De modo que te prepararemos para que estés mentalmente apto cuando ese momento llegue —es que no se podía fiar de aquel sádico y mucho menos si tenía todas esas cuerdas en sus manos.

—Ey, idiotas, ¿pero qué creen que están pensando hacer? —Tsukuyo estaba pidiéndole a los altos cielos por paciencia o terminaría cometiendo asesinato triple en primer grado.

—Tsukki, no importa lo que les digas a esos bastardos…Se merecen ser ofendidos por un niño si caen tan fácilmente ante sus provocaciones…La verdad es que no sé por qué seguimos soportándolos.

—Casi siento lástima por ellos tres…En cuanto intenten ponerle una mano encima a Shinya, comprenderán que las apariencias son engañosas…Y que el que menos ladra, es el que peor muerde —Nana por su lado sonreía animosamente ante lo que presentía que ocurriría.

Aquel trío de samuráis se fueron encima del fastidioso crío con un objetivo claro y que cumplirían sin dilación alguna. Y debido a lo absortos que se encontraban en ello, no notaron el peligro real que les acechaba; ese mismo que les golpeó literal y metafóricamente sin compasión, con toda su potencia para dejarles un mensaje claro de advertencia.

Sakata era nuevamente uno mismo contra el suelo. Shinpachi comprendió lo contraproducente que pueden ser las puertas corredizas de madera al ser de tan fácil traspase cuando se es embestido con semejante potencia. Y Okita seguramente tenía una panorámica excelente del vecindario después de que fuera clavado en la pared de concreto que bordeaba la casa, dejándole con medio cuerpo dentro y fuera de la propiedad.

—Creo que es demasiado tarde para decirles que Rui se toma muy a pecho cuando insultan a su hermano —señalaba Raiko para quienes literalmente estaban conociendo una nueva versión de lo que era el miedo.

—No era necesario que hicieras nada, pudiste lastimarte —Shinya acariciaba la cabeza de su pequeña hermana; ella se limitaba a sonreírle alegremente, como si no hubiera literalmente apaleado a tres hombres ella sola, con ese cuerpo menudo que poseía.

—Pero ellos estaban planeando hacerte cosas malas —dijo la castaña con la mirada vidriosa—. No quería que nada malo te sucediera. Rui se preocupa por ti.

—Es una niña sin duda adorable —espetaba Tsukuyo, contemplando la proeza de la Yato.

—Debo felicitarla por esa espléndida patada baja que le propinó al maldito sádico ese…Ahora está justamente donde se merece y Masamune tiene el lugar perfecto para marcar su territorio —en efecto ese Syx estaba usando el trasero de Sougo como un poste de lujo que rosearía por largo tiempo.

—¿Pero no decían que la orina de esos perros era algo corrosiva? —cuestionaba la rubia con curiosidad.

—No en realidad. Solamente resulta terriblemente irritante para la piel, ocasionando comezón intensa que dura varios días —ilustraba Nana para esas dos mujeres—. Y creo que también provocaba que el p*** de los hombres se encogiera.

—Veo que ha decidido usar más de un poste —comentaba la rubia en cuanto vio que ahora el desafortunado que recibía la marca territorial de aquel perro era ni nada menos que su hombre.

—Creo que más bien está indicándoles a todos que son sus juguetes y que no se metan con ellos —la carmesí mirada ahora estaba puesta en Shinpachi, esa pobre alma que se llevó el diablo en cuanto fue empapado por ese líquido caliente y amarillento.

—¿Qué les parece si vamos todas a comer? —proponía alegremente Kagura para las dos—. La casa es un desastre y Masamune cuidará de ella en nuestra ausencia —o lo que quedaba de ella—. Llevémonos a los niños porque seguramente este trío de idiotas los perderán de vista.

—¿Vienes con nosotras Raiko, verdad? —preguntó Nana para el rubio que se limitó a asentir—. Conozco un excelente lugar donde podremos comer y divertirnos.

—¿Y podemos pasar a comprar algunas cosas? Esta semana llegaban mis aperitivos favoritos —hablaba con emoción Kagura.

—De regreso pasemos a saludar a Hinowa y Seita —mencionaba la oji violeta para todos—. ¿Y qué tal si al final vamos todos a esa nueva pastelería que acaban de inaugurar?

—¡Sí, vayamos! —exclamaron al unísono los cinco niños que ahora estaban a su cuidado.

—Hora de irnos —espetaron todos con el volumen suficiente para que ese grupo de marginados les escucharan claramente.

Sí, ninguna de sus mujeres se dignó siquiera a darles una mirada de despedida. Ellas solamente fingieron como si no existieran, como si nunca hubieran tenido la desdicha de tenerlos en sus vidas.