Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.
Capitulo 7: Lágrimas calladas.
Casi no había podido pegar ojo durante toda la noche a diferencia de ella, quien al sentir su cálido abrazo no podía abandonar esa sonrisa ó eso era lo que él había visto durante la noche.
Se había mantenido en la misma posición durante varias horas con el fin de no perturbar su sueño, porque mientras más la veía mas se convencía de su cariño hacia Miho. Y mientras pensaba en ello, la de cabellos azulados se removió lentamente pues ya era hora de levantarse.
—Hola...—comento él mientras ella parpadeaba sus ojos aun adormilada. Sin poder evitarlo, ella le regalo una sonrisa preciosa que le hizo enternecerse.
—Hola cariño—murmuro Miho sonrojándose al instante— perdona, Seiya.
—No importa, es lindo escucharlo—respondió con ternura el castaño mientras le acariciaba la mejilla.
—Oye,¿ tienes algo importante que hacer hoy?—le preguntó emocionada.
—No que yo recuerde.
— ¿Porque no me acompañas hoy al orfanato? —cuestionó ella solazada mientras se intentaba incorporar apoyada en su pecho—será divertido hoy visitaremos el zoológico y vaya que necesitare ayuda sobretodo con Makoto.
—Por supuesto, solo debo volver a la mansión por algo de ropa y...—antes de que terminara la frase, el teléfono cerca de la cómoda de Miho sonó. Ella contestó, sin embargo tras unos segundos de escuchar la voz tras el teléfono, su mirada cambió y tapó la bocina del mismo.
—Seiya...—murmuró con pesadez Miho—te busca Saory, ¿le digo que estas aquí?
Aquellas palabras congelaron al santo mientras su corazón bombeaba sangre a mil por hora, pues no contemplaba esa situación. Pensó en negarse, sobretodo por todo lo que ese momento implicaba: él y Miho juntos toda la noche, ¿que pensaría Saory si sabía que estaba ahí?. Sabia que no tenia el porque dar explicaciones y mucho menos pensar en la diosa cuando le había rechazado de la manera mas vil, pero la duda del porque lo solicitaba se metió en su cabeza, así que con cierto nerviosismo, tomó la bocina de las manos de Miho sintiendo su mirada expectante.
—Saory...—murmuro al teléfono cerrando los ojos con fuerza al escuchar la respiración de la mujer. — ¿Necesitas algo, todo esta bien?
—Seiya...—titubeó Saory al contestar—no, no pensé encontrarte ahí, yo...—la de cabellos lilas flaqueó, aquella voz la hizo estremecer inundándose de una inexplicable y profunda tristeza.
—Dime, lo que sea.
—Yo te buscaba porque...—Saory no sabia la razón suficientemente fuerte que le hubiera hecho buscarle, así que dijo lo primero que vino a su mente—no importa, necesito verte para hablar varios asuntos sobre el Santuario, ¿puedes ahora?
Seiya intercambio una mirada fugaz con Miho y afirmó—Si es así de importante, voy ahora mismo.
Aquellas palabras inundaron de tristeza el corazón de Miho, que perdía su mirada en las cobijas. Maldecía haber contestado y tal solo unos segundos, el haber fantaseado un día entero a lado del Pegaso. Segundos más tarde, Seiya devolvió la bocina a Miho, quien colgó decepcionada, formando un silencio incómodo entre ambos.
—Perdóname Miho, pero no podre acompañarte hoy, debo ir a ver a Saory, se trata del Santuario.
Por dentro, Miho sentía un infierno de melancolía—Si es así de importante, ve.
—De verdad lo siento—exclamo el castaño mientras se acomodaba la chamarra para partir y segundos mas tarde, depositarle un beso en la frente—Gracias por entender bonita, te veo después.
Tras decir esto y cuando la puerta de la habitación se cerró, Miho suspiro hondo varias veces y cuando menos lo notó, dos lagrimitas traviesas se colaron en sus ojos. Lo había perdido otra vez.
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Cuando vio entrar al hombre de chaqueta oscura y del día anterior, su primera reacción fue bufar fastidiada y ponerle mas cafeína al vaso que servía a un cliente, sobretodo al verlo aproximarse hacia la barra. Con su aire de misterio, el de cabellos azulados se sentó en la barra y la observó durante unos minutos para llamar su atención, mas en el juego de dar y ceder, ella hizo caso omiso, irritando poco a poco al joven que respiraba fuerte para contener su carácter.
— ¡Hey!, también estoy aquí—espeto Ikki llamando al atención de Aitana.
— ¿Qué se te ofrece?, digo si no es un cuestionario sobre hombres, todo esta perfecto—agrego con sarcasmo Aitana. Ikki volvió a respirar hondo.
—Ya. Lo único a lo que vine es...—ahogo su aliento como si fuese a ahogarse— a disculparme...
—Ah ¿enserio, acaso conoces el significado de eso?—bromeó ella mientras él chasqueaba la lengua.
— ¿Porqué eres tan fastidiosa?—comento entrecerrando sus ojos—Ya se que no debí venirte a cuestionar sobre mi hermano y actuar así contigo, pero creí que seria una manera de poder ayudarle.
Ella le miró con curiosidad—Me preocupa, es por eso que me intereso, —oculto su mirada, susurrante—es mi hermano.
Aquellas palabras llamaron en seguida la atención de la dama, aquel hombre parecía que en el fondo todo ese misticismo y forma oscura de ser, era porque trataba de proteger lo que mas quería y a si mismo, y descubrirlo se comenzaba a hacer objetivo para la castaña, si descubrir al verdadero Ikki. — ¿Sabes?, ya termino mi turno, ¿te parece si salimos a dar un paseo y platicamos?
Ikki abrió sus ojos ante al sorpresa, y extrañado, consintió, después de todo no tenia nada que perder.
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Desde que había hecho aquella llamada, había permanecido en el mismo sitio, sentada en el escritorio del despacho de su abuelo, totalmente a la deriva de la razón. Su corazón se aceleraba alocado cuando recordaba la voz del Pegaso tras la bocina y su mente fantaseando sobre Miho y él, a solas, seguramente recordando aquel viejo amor e ilusión perdida que había escuchado alguna vez.
Porque ella sabia cuanto le amaba Miho, cuanto le había esperado y él, el le había prometido regresar algún día para estar a su lado, pues para Seiya no había mejor mujer que ella. Y si lo sabia, no entendía porque desde que Pegaso le había confesado que la amaba con devoción, algo se despertó en su interior, algo que ya sabia que existía pero que se negaba a dejar salir.
Y si, estaba celosa, llena de nervios que se reflejaban en aquellos papeles que estaban hechos trizas por su fuerza y que no podían dejarla apaciguarse. Incluso jamás se dio cuenta de las veces que Tatsumi había insistido en la puerta del despacho llamándole, hasta que el calvo se planto frente a ella, preocupado:
—Señorita, ¿le sucede algo?—Saory agito su cabeza y negó, sonriendole.
—Tatsumi, ¿esta listo lo que te pedí, los caballos en la casa del campo?.
Si, por extraño que pareciese, Saory había amanecido con ganas de montar, uno de sus tantos pasatiempos.
—Si mi señora, ya esta listo todo y su ropa de equitación en su recamara, así que cuando usted desee nos vamos al bosque, ya esta preparado el coche.
Detrás del el calvo, una mirada atrapó en seguida a la diosa, una presencia que estaba esperando ya hace tiempo.
— ¡Seiya!—exclamó apresurada la joven, levantándose deprisa del escritorio.
—Pero, ¿por qué entras así sin tocar?—le reprendió el calvo al sereno muchacho, que se aproximó lentamente a la diosa.
—Saory, me llamaste, dijiste que necesitabas hablar y aquí estoy.
Ella lo analizó de inmediato, su ropa arrugada, aspecto desfachatado, cuestión que la hizo entristecer, si bien repicaba era la misma de una noche anterior, recordándose que ese hombre no había pasado la noche solo.
—Tatsumi déjanos solos—exclamó ella evadiendo las preguntas del calvo, quien con su "¿Qué?" de sorpresa salió de la habitación resignado.
En silencio, la jovencita espero a que la puerta se cerrara y lentamente se allego al joven lo suficientemente cerca para poder hablarle mas íntimamente. Lo miro fijamente unos segundos solo guiada por las respiraciones de ambos y posó una mano en su rostro, dejando que sus ojos le mostraran una tristeza inaudible.
—Vamos a dar un paseo, ahí hablaremos—explicó ella casi como una orden avanzando repentinamente hacia la puerta. —te espero abajo para que puedas ir a cambiarte, que yo también lo hare.
Ante la sorpresa por el cambio tan repentino de actitud de Saory, a Seiya no le quedo de otra que acceder a lo que su diosa le pedía. Enseguida, salió del despacho y avanzó a su cuarto, observando sutilmente como la silueta de la diosa desaparecía por el corredor. Tardó unos minutos en una rápida ducha y cambio de ropa, bajando enseguida de terminar y aun con el cabello húmedo al coche que abordaba ya Saory. Ya abordó, el pregunto ante el misterio que toda esa situación mantenía, sobretodo por el vestuario de ella.
— ¿Y...a donde vamos?
—Vamos a montar un poco, tengo ganas de hacerlo—exclamó ella tomándole la mano involuntariamente mientras el miraba su acción extrañado—hace mucho que no lo hago.
— ¿Un caballo montando en otro, sin alas?—ironizo—si que será divertido.
—Iremos a un lugar donde no existe ni la justicia ni leyes ni nada, solo nuestro amor...—murmuro en forma de broma para el santo, aunque en el fondo ,eso era lo que tanto deseaba.
Al cabo de media hora de trayecto, santo y diosa llegaron a una exquisita residencia llena de tranquilidad y belleza con vastos montes calidos, cuestión que cautivo al caballero, quien se asombraba ante la imponencia del lugar.
Ella sonrió ante el gesto de asombró aniñado del santo que se le torno tierno— ¿te gusta?
—Si, si...—exclamó observando a todos lados tratando de tomar una fotografía mental de tan perfecto lugar. —a diferencia de la ciudad, este lugar es completamente diferente.
—Este terreno lo compró mi abuelo hace varios años y aquí me traía a montar cuando era pequeña, antes de bueno...te sabes de sobra la historia.
Fue entonces que mientras ambos jóvenes hablaban, dos hombres que parecían servir de años en aquel lugar acarreando dos bellos caballos, abordaron a la diosa. Saory tomó a uno blanco que ya parecía conocer y el cual Seiya escucho decir que era su favorito mientras le ofrecían un castaño al santo.
—Vamos Seiya, sube al caballo, te mostrare todo el lugar—insistió ella mientras abordaba al animal.
Y así lo hizo, el santo abordaba al otro y avanzo al paso que la diosa marcaba, despidiéndose de los demás. No supo cuanto tiempo se adentro entre aquellos arboles, pero cada centímetro le parecía mas hermoso que el anterior, siempre detrás de ella, que parecía dibujar una preciosa sonrisa al sentir la brisa golpear su rostro y cabellos esparcirse por el viento sobre el caballo.
Y tras mantenerse así unos segundos, ella se detuvo lentamente en un lugar que le parecía conocido. Bajó ella del caballo con cierto recelo, suspirando hondo como si fuera abatida por los recuerdos, olvidándose incluso del santo. El Pegaso le imitó, acercándose lentamente mientras descubría un pequeño lago rodeado de arbustos amarillentos de flores rojizas.
Seiya descendió del animal mientras continuaba atento a cada movimiento de la diosa, quien se mantenía de pie, quieta y silenciosa escuchando el sonido del agua al balancearse con el aire. Fue acercándose lentamente escuchando el crujido que sus pasos lograban en la hierba y sin pensarlo más, angustiado por tanto mutismo por parte de ella, la giró de sus hombros.
Aquellos ojos azulados y cristalinos como el mar estaban empañados de lágrimas, haciendo que algunos mechones se quedaran atrapados en su mejilla, así que el no dudo en tomar su rostro entre sus manso y limpiar con delicadeza y pulgares aquellas gotitas.
— ¿Qué sucede?—preguntó el con misterio.
—Este lugar...mi abuelo...—ella oculto su mirada tras su fleco, no podía evitarlo—él era lo único que tenia, lo mas cercano a una familia y se ha ido, se que han pasado tantos años pero...este lugar me recordó lo sola que estoy.
—No digas eso, aun tienes a los muchachos, a Tatsumi...—murmuro suave el santo—nunca digas eso frente a él o se matara y lo mejor...aun me tienes a mi.
Ella sonrió entre lágrimas y fue entonces que ella lo miró con esa devoción oculta, porque si, lo amaba, sus ojos marrones tan brillantes la quebrantaban y sus labios contrastantes con su piel tostada la tentaban como pecado mortal. Sabía que no era correcto, pero aun así, deseaba hacerlo.
—Seiya...—murmuro ella posando sus manos en las mejillas del otro. El lo intuyo de inmediato y ante el temor de no poder volver a tenerla así, apresó en un impulso sus labios contra los suyos, porque lo demás, lo demás ya no importaba más.
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Su malestar iba en ascenso. Había comenzado con un par de mareos, luego con una pequeña punzada a la altura de su estomago que había decidido dejar pasar, mas la insistencia de Hyoga le hizo llegar aquella mañana hasta el hospital de la fundación. Al principio y mientras la revisaban, creyó que no era nada grave, incluso sintió una emoción correr su piel al escuchar la palabra embarazo, mas todo cambio cuando las enfermeras comenzaron a ir y a venir y realizaron ciertos exámenes con su sangre. El rostro del médico al revisarlos se trastornó y el silencio se convirtió en su primer verdugo, haciéndole saber que sus presentimientos eran ciertos.
Su desesperación no pudo más y entonces Eris le suplico al médico que ya no callara más.
Todo estaba dicho: ella tenía un tumor en el estómago y si no comenzaba pronto con el tratamiento, la palabra desahuciado se añadiría a su lista de planes de vida.
Salió de la clínica con cierta parsimonia que incluso ella misma se sorprendió, quizá porque aun mantenía la esperanza que todo fuera una pesadilla de la cual pronto despertaría. Así había permanecido sentada varios minutos en la entrada del hospital esperando que Hyoga la recogiera.
Las lágrimas amenazaron con salir al volver a mirar el resultado de sus análisis escondidos en su bolsillo, pero sabía que Hyoga no tardaría en llegar y que su mirada sonrojada le traicionaría y terminaría por confesarle la verdad. ¿Y porqué no lo haría, porqué no decirle la verdad a quien mas amaba?, porque Eris creía que Hyoga no merecía encadenarse al mismo sufrimiento que ella padecía, no, apenas le había recuperado y ahora lo volvería a perder.
Fue entonces que escuchó los pasos presurosos a su lado izquierdo y con una bella rosa blanca en mano, el siberiano le pregunto:
—Eris, ¿cómo te fue?, —exclamo aun jadeante el rubio—trate de venir lo mas rápido que pude, pero me entretuve con Shun esta mañana, te tengo que contar lo que sucedió con él.
Ella sonrió ante la sonrisa divertida que le brindaba el rubio aunque por dentro moría por aventarse a sus brazos y llorar hasta que sus ojos se cansaran.—Si todo bien, es solo que comí algo en mal estado y me dieron medicamentos.
—Ah...—Hyoga bajo los ojos con cierta decepción pues en el fondo se permitió fantasear con la palabra "bebe". —Lo mejor es que estas bien—pasó su brazo sobre sus hombros— ven, vayamos a casa.
Eris iba callada y ausente todo el camino y aunque Hyoga trataba de platicar sobre cualquier cosa para animar a la joven, incluso le hacia algunas preguntas mas ella solo escuchaba el final de sus palabras, no podía olvidar tan dura noticia. A veces miraba de reojo a Hyoga y le parecía hermoso, siempre con su sonrisa y animo, uno que le contagiaba hasta el alma pero que no podía compartir ahora.
Ya habían llegado al departamento de Eris y para el rubio el trayecto se volvieron los treinta minutos más largos de su vida. Entraron sin mucho protocolo, aun en penumbras y cuando él se adelanto a prender las luces, ella no hizo otra cosa que maravillarse. La casa entera estaba repleta de globos de fantasía multicolor y un gran letrero con la leyenda"Eris, cariño, recupérate pronto".
—Eris...—el siberiano la tomo entre sus brazos y la miró de frente mientras ella temblaba aun absorta— ¿te ha gustado la sorpresa?
Las lágrimas cayeron lentamente de los azulados ojos de la diosa, quien oculto su mirada ante la interrogante de Hyoga, quien la tomó del rostro y la hizo enfrentarle:
— ¿Qué sucede Eris, no te ha gustado?—indago preocupado el cisne—dime que sucede.
—Hyoga...—murmuró ella comenzando a desgarrarse por dentro, pues su corazón le pedía a gritos que actuara ya ,que renunciara a los más preciado para no hacerle sufrir.
—Hyoga, tenemos que hablar, yo...ya no te quiero.
—¿Pero de que hablas, acaso es una broma?—pregunto ansioso el rubio mientras la sostenía con fuerza para que no le rehuyera la mirada.—Es una broma ,¿verdad?
—¡No Hyoga!—grito ella, arrebatando su abrazo del santo.—solo vete.
Continuara...
Lindos lectorcitos antes de que me de un paro cardiaco porque realmente me siento mal, les dejo este capi ,lamento si no incluí a Shuni pero lo verán mas en el siguiente capi, promesa de autora !Les mando un beso y gracias por sus palabras!
